El mamporro mediático aplicado el martes pasado por Beatriz Sarlo a Gabriela Michetti en La Nación ha alcanzado trascendencia no solo por bien escrito, sino por la identidad de su destinataria.
Decir que Michetti está poco acostumbrada a estos trances que para cualquier polÃtico kirchnerista forma parte de la vida cotidiana, es decir poco.
En realidad la sonrosada epidermis de Gaby era virgen al castigo, y al primer chirlo se puso violeta. Ello es un efecto secundario, pero inevitable, de la coraza mediática que protege a todos y cada una de las «esperanzas blancas» de los medios hegemónicos, que solo reciben asentimientos acrÃticos de sus entrevistadores desde hace años, con la sola condición de mostrarse ferozmente adversos al proyecto que hoy encarna Cristina Kirchner.
Es previsible entonces que cuando una pluma como la de Sarlo se acuerda de revolear un sopapo para ese lado, cunda el pánico. Son, los polÃticos opositores, como aquella tararira del cuento de Jauretche que se ahogó cuando se cayó en el agua, desacostumbrada a su elemento natural de tanto vivir en una realidad ajena a su mundo. El elemento natural del dirigente polÃtico deberÃa ser el debate, la polémica, el intercambio de ideas, partiendo de la aceptación de una sociedad inserta en una realidad polifacética y que no admite lecturas únicas. Pero tanto fantasear con la polÃtica cool, de una sociedad sin conflictos genuinos, con diferencias fogoneadas por perversos que «quieren dividirnos» termina generando figuras tan gelatinosas como la de la niña mimada PRO.
¿Y como reacciona entonces esa dirigencia ante una crÃtica? Pues en el caso de Michetti con la furia propia de la vÃctima del «fuego amigo», que en una amable tenida en su hogar, en el cálido entorno de periodistas amigos, aclaró que las autoridades de La Nación ya la llamaron para disculparse. ¿Perdón? Si, para disculparse, dando al episodio la connotación del «sorry» que la señora del country da a su invitada porque la mucama la manchó al servirle el sorbet con frutos rojos.
¿De que diablos deberÃa disculparse un medio de prensa por publicar una crÃtica a un polÃtico? ¿AlcanzarÃa el Muro de los Lamentos si Cristina y la dirigencia oficialista requiriera disculpas cada vez que la bombardean con acusaciones que exceden frecuentemente no solo la crÃtica polÃtica, sino también el buen gusto y la decencia? ¿Qué escándalo se armarÃa si un dirigente kirchnerista no ya obtuviera, sino siquiera pidiera una explicación por una nota crÃtica? ¿No serÃa visto ello como un nuevo ataque K a la libertad de expresión? Pero como lo dijo Gaby, no pasa nada.
Tanto ha desnaturalizado la vida polÃtica argentina el pacto entre los dueños de Papel Prensa y la derecha nativa que bastó que por una vez la veterana comentadora a sueldo de los descendientes de Mitre se acordara de que tiene dos manos para que le pidan explicaciones (y conste que no la acusó de ningún delito, apenas de ser inepta).
No debemos temer por Sarlo, cuyo recreo terminó, y volverá a su lugar entre los coreutas del desastre.
Si en cambio por el destino de este paÃs si cayera en manos de quienes pretenden solucionar las crÃticas que les formulan por la misma vÃa que usó Menem con el Grupo ClarÃn cuando lo molestaron algunos comentarios de Liliana López Foresi: arreglando con los dueños del medio el despido al cuestionador.
Todo ello ante el amable silencio de ADEPA y todo el empresariado periodÃstico siempre dispuesto a entender la libertad de prensa como su libertad de empresa.
Miceli en Canal 7, remember.
Como autor del post, y habiendo participado de la comunidad por mucho tiempo, tengo que llegar a la triste conclusión de que ArtepolÃtica me toma el pelo. Esto lo escribà en julio y me lo publican dos meses después, cuando el tema, de coyuntura, está completamente desactualizado. Si para moderar necesitan dos meses, vayan pensando en otra cosa.
no lo haga,CARPEDIEMporque sobran los que escriben enveneneados,y Ud.no es de esos.