Cuando el 27 de agosto empezó esta aventura, lo primero que a uno invadÃa era la incertidumbre. Aún con el entusiasmo que el envÃo del proyecto de ley de medios a debate significaba, por el solo hecho de que iba a ocupar agenda un tema largamente escondido de la misma. La falta de certezas aludida giraba en torno al conteo matemático de voluntades que se estimaba, a priori, pudieran o no acompañar la sanción de la ley.
Pero pasados los dÃas, las discusiones, los textos que se suscitaban para tratar el tema, la sensación cambió. Y fue reemplazada por otra, más frÃa y analÃtica, que hizo entender que, más allá de que pudiere ser aprobada o no la ley, todo lo hecho era ya demasiado, medido en términos de lo que relativamente se habÃa podido al respecto durante 26 años. 26 años durante los cuales, no sólo se pudo juzgar y condenar -para después liberar- genocidas; no sólo fue posible desregular –y luego re regular- las leyes laborales; no sólo se remató el patrimonio nacional –para más tarde iniciar, de modo desprolijo, el camino de recuperación-; sino que, mucho más importante, hubo la posibilidad de oÃr loas y reproches para todos los gustos y de todo calibre, respecto de cualquiera de dichas medidas, en sus marchas y contramarchas. Lo único que no habÃa recibido objeción alguna era la propiedad de los medios y el fabuloso esquema de concentración a que se habÃa visto sometido el mapa comunicacional, tras 26 años de desvarÃos legislativos en la materia. Directamente, no se tocaba el tema. Y eso, algo quiere decir. Hasta la iglesia se comió, en ese lapso, piñas y puteadas, lo cual ya es decir mucho. Entonces, que al parlamento hubiera arribado el tema generando –como bien apuntó, por ejemplo, el diputado Raimundi- la bajada a la sociedad de discusiones tales como monopolios, construcción de realidad, imposición de agendas y demás, constituÃa una victoria. Claro que luego uno se entusiasmaba con la posibilidad de obtener la sanción del proyecto. Pero si asà no hubiese sido, en un futuro los que sentÃamos la necesidad profunda de dar esta discusión, recordarÃamos estos dÃas como un antecedente de mucho peso. Porque nada serÃa igual. A dios gracias, en la madrugada del sábado, y ante la presencia de muchos que aguardaban expectantes y enfiestados un voto positivo (muchos más que los que dÃas atrás se congregaron por el No), la ley salió.
agradecimientos a lanata???…oia…pero ustedes no lo habian excomulgado hace rato???????
q bueno jorge…q volviste a la senda del buen pastor…
y con respecto al diario critica…mmmmmm leyeron la tapa de hoy???…VOLVIO LA REALIDAD…(oops ¡¡¡)
a ver si apuramos lo de papel prensa muchachos…q esto no puede volver a ocurrir ehhhhh…
en fin…es lo q hay…