Inicio
Argentina
Editorial
Mundo
Policiales
Sociedad
Deportes
Cultura
Espectáculos
Investigación
Suplementos
Eco
Cultura
Cocina
Turismo
Verano
Autos
Especiales
Medios
INFOnews
CN23
Veintitres
Sur
Radio América
Newsweek
Diagonales
7DÃas
Asterisco
24con
Inicio > Editorial
17.01.2013 |OPINIÓN
Mucho se ha hablado en estos dÃas –a raÃz de la clara y transparente respuesta que dio la presidenta de la Nación ante un comentario del actor Ricardo DarÃn–, acerca de la existencia de una supuesta corriente de odio e intolerancia que, promovida por el kirchnerismo, estarÃa dividiendo a la sociedad.
Por:
Julio De Vido
Desde esa perspectiva, el intercambio entre la presidenta y un actor –que solicitó a través de un reportaje periodÃstico una explicación y la obtuvo– no serÃa más que un nuevo capÃtulo que ratificarÃa ese presunto clima de «confrontación». Como si no asistiera a la presidenta el derecho de replicar un comentario que consideró injusto e inexacto, máxime cuando se aludÃa a una persona –en relación a Néstor Kirchner– que obviamente no puede defenderse.
En una columna publicada el martes en el diario La Nación, con el amenazante tÃtulo «No agitemos los fantasmas del ’55», el escritor Ãlvaro Abós supera el lÃmite del paroxismo y lleva el argumento a extremos absurdos cuando alerta sobre los «peligros de fracturar los ánimos de la sociedad», y advierte que el odio a Perón llevó a los bombardeos de Plaza de Mayo.
En primer lugar, es lamentable que se banalice asà una de las mayores tragedias que se produjeron en nuestro paÃs durante el siglo XX y se la compare con una simple carta de la presidenta a un actor. Los bombardeos sobre la Plaza de Mayo por parte de la aviación de la Marina de guerra, de los que también participaron civiles, constituyen uno de los capÃtulos más nefastos de la historia de la violencia en la Argentina y del uso de la fuerza para obtener lo que no se puede lograr por medios democráticos: en ese caso, derrocar a un gobierno popular. Y tampoco repararon en la filiación polÃtica de sus vÃctimas cuando lanzaron las bombas.
Ese brutal ataque fue producto del odio y el primer capÃtulo de un plan que culminó con el Plan Cóndor en 1976, que sembraron y promovieron los que siempre se oponen a los procesos de transformación y cambio, no sólo porque pierden sus privilegios sino porque les resulta intolerable que los sectores populares puedan acceder a sus mismos beneficios.
Al igual que el peronismo de 1946 expresaba «la sublevación del subsuelo de la Patria», el kirchnerismo, que sin dudas es la etapa actual del peronismo, es producto del hartazgo y la desesperanza a los que nos llevaron las polÃticas neoliberales, con 60% de pobreza, 25% de desocupación en una sociedad acostumbrada a la movilidad social ascendente. Para explicarlo más sencillamente: una sociedad donde los nietos tuvieran más posibilidades que sus abuelos.
Por eso no es casual que mientras muchos pronostican, más como expresión de deseo que como análisis objetivo, el fin del kirchnerismo, Abós entrevea similitudes entre este momento y el odio salvaje que tuvo su punto más alto con los bombardeos a la Plaza, porque ese odio reaparece nuevamente producto de las transformaciones iniciadas el 25 de mayo de 2003. ¿O acaso alguien recuerda que se haya odiado tanto cuando el paÃs estaba alineado a los grandes intereses transnacionales y seguÃa al pie de la letra los designios de los organismos multilaterales de créditos que nos llevaron a un endeudamiento estructural, sojuzgando nuestra soberanÃa un poco más cada dÃa? Las mayorÃas silenciadas veÃan como todos los dÃas se sepultaban uno a uno los sueños que el peronismo les habÃa mostrado que podÃan ser realidad.
El odio del que habla Abós está presente sin duda en los cacerolazos que él tanto reivindica como expresiones democráticas de la ciudadanÃa, que como no están de acuerdo con el rumbo elegido por el voto popular recurren a la descalificación, al insulto e incluso desean la muerte de la persona que conduce los destinos de la Patria. O se alegran por la muerte del ex presidente Kirchner, su compañero, o recuerdan con nostalgia el bombardeo a Plaza de Mayo o, lo que es peor aun, lo esgrimen como un correctivo a los que se animan a desafiar los intereses que ellos representan -o que simplemente defienden como empleados-.
En consecuencia, no es que se agiten fantasmas sino que reaparecen por la intolerancia de un sector o elite para la que es inconcebible que el Estado se proponga redistribuir mejor la riqueza, para que no existan pocos que tengan mucho y muchos que no tengan nada o casi nada. Por ello, el tÃtulo suena a amenaza: ¿Espera o desea algún nuevo bombardeo? ¿Especula con que tal vez los derrotados en las urnas recurran a la violencia para imponer su proyecto de hambre y exclusión?
Por otra parte, no es cierto que Perón rompió el diálogo, como erróneamente recuerda Abós. Fue Perón quien convocó al diálogo luego de los criminales bombardeos. Fue la oposición -la misma que se habÃa aglutinado en la vergonzosa Unión Democrática- la que llevada por el odio apoyó los bombardeos y luego, ignorando al diálogo convocado por el presidente constitucional de la República, no vaciló en hacer caer un gobierno democrático que contaba con el apoyo de vastos sectores sociales, fundamentalmente los que por primera vez sentÃan que eran parte de esa Patria de la que tanto les habÃan hablado y que tan poco lugar les habÃa dado.
El odio, la envidia y el rencor son sentimientos muy negativos para quienes los profesan, porque anulan en el ser humano la capacidad de abstraer, que es lo que nos diferencia de los animales, coartando la posibilidad de crear y de amar al semejante. Es cierto que Perón volvió, después de 18 años de exilio, abierto al diálogo, tal cual lo hizo luego de los criminales bombardeos con que nos alerta o amenaza la nota, reemplazando argentino por peronista en uno de los axiomas de nuestro movimiento, pero no por eso felicitó a quienes asesinaron a cientos de inocentes que iban a trabajar. Nunca nadie fue condenado por esos crÃmenes, ni siquiera se oyó que alguien pidiera perdón. Lamentablemente tampoco lo hace Abós en su nota, más bien los justifica. Será porque, como señala con absoluta claridad Rodolfo Walsh en uno de los epÃlogos de su monumental Operación Masacre, existe una oligarquÃa «temperamentalmente inclinada al asesinato» o a la desaparición fÃsica de los que defienden los intereses populares.
Es por ello que no se trata de cortar la espiral de «supuesta violencia», como propone Abós, sino de que por una vez respeten la expresión de las mayorÃas. ¿O acaso creerá que hay que desandar este camino de transformaciones? ¿Volver a privatizar YPF, las AFJP o el Correo o el Agua, o tal vez devolver el control del espacio radioeléctrico a Thales? ¿Habrá que derogar la Ley de Medios? ¿O deberÃa eliminarse la Asignación Universal por Hijo o suprimir las millones de pensiones y jubilaciones que los gobiernos de Néstor y Cristina dieron a aquellos que hicieron aportes, y sus patrones no las depositaron durante su vida laboral? La memoria popular tiene grabados los padecimientos de 40 años de proscripciones, persecuciones y desapariciones, la dictadura militar y el pensamiento único y excluyente de los ‘90. Sabe que siempre vienen por sus conquistas, con los profetas del odio al frente, sólo que esta vez el pueblo argentino no los dejará avanzar por que ha consolidado como nunca, con su presidenta como garantÃa, los valores de Memoria, Verdad y Justicia.
COMENTARIOS0Escribir un comentario:
Tiempo en Facebook:
Argentina
Editorial
Mundo
Policiales
Sociedad
Deportes
Cultura
Espectáculos
Investigación
Suplementos
Eco
Cultura
Cocina
Turismo
Verano
Autos
Especiales
Medios
INFOnews
CN23
Veintitres
Sur
Radio América
Newsweek
Diagonales
7DÃas
Asterisco
24con
Inicio > Editorial
17.01.2013 |OPINIÓN
Mucho se ha hablado en estos dÃas –a raÃz de la clara y transparente respuesta que dio la presidenta de la Nación ante un comentario del actor Ricardo DarÃn–, acerca de la existencia de una supuesta corriente de odio e intolerancia que, promovida por el kirchnerismo, estarÃa dividiendo a la sociedad.
Por:
Julio De Vido
Desde esa perspectiva, el intercambio entre la presidenta y un actor –que solicitó a través de un reportaje periodÃstico una explicación y la obtuvo– no serÃa más que un nuevo capÃtulo que ratificarÃa ese presunto clima de «confrontación». Como si no asistiera a la presidenta el derecho de replicar un comentario que consideró injusto e inexacto, máxime cuando se aludÃa a una persona –en relación a Néstor Kirchner– que obviamente no puede defenderse.
En una columna publicada el martes en el diario La Nación, con el amenazante tÃtulo «No agitemos los fantasmas del ’55», el escritor Ãlvaro Abós supera el lÃmite del paroxismo y lleva el argumento a extremos absurdos cuando alerta sobre los «peligros de fracturar los ánimos de la sociedad», y advierte que el odio a Perón llevó a los bombardeos de Plaza de Mayo.
En primer lugar, es lamentable que se banalice asà una de las mayores tragedias que se produjeron en nuestro paÃs durante el siglo XX y se la compare con una simple carta de la presidenta a un actor. Los bombardeos sobre la Plaza de Mayo por parte de la aviación de la Marina de guerra, de los que también participaron civiles, constituyen uno de los capÃtulos más nefastos de la historia de la violencia en la Argentina y del uso de la fuerza para obtener lo que no se puede lograr por medios democráticos: en ese caso, derrocar a un gobierno popular. Y tampoco repararon en la filiación polÃtica de sus vÃctimas cuando lanzaron las bombas.
Ese brutal ataque fue producto del odio y el primer capÃtulo de un plan que culminó con el Plan Cóndor en 1976, que sembraron y promovieron los que siempre se oponen a los procesos de transformación y cambio, no sólo porque pierden sus privilegios sino porque les resulta intolerable que los sectores populares puedan acceder a sus mismos beneficios.
Al igual que el peronismo de 1946 expresaba «la sublevación del subsuelo de la Patria», el kirchnerismo, que sin dudas es la etapa actual del peronismo, es producto del hartazgo y la desesperanza a los que nos llevaron las polÃticas neoliberales, con 60% de pobreza, 25% de desocupación en una sociedad acostumbrada a la movilidad social ascendente. Para explicarlo más sencillamente: una sociedad donde los nietos tuvieran más posibilidades que sus abuelos.
Por eso no es casual que mientras muchos pronostican, más como expresión de deseo que como análisis objetivo, el fin del kirchnerismo, Abós entrevea similitudes entre este momento y el odio salvaje que tuvo su punto más alto con los bombardeos a la Plaza, porque ese odio reaparece nuevamente producto de las transformaciones iniciadas el 25 de mayo de 2003. ¿O acaso alguien recuerda que se haya odiado tanto cuando el paÃs estaba alineado a los grandes intereses transnacionales y seguÃa al pie de la letra los designios de los organismos multilaterales de créditos que nos llevaron a un endeudamiento estructural, sojuzgando nuestra soberanÃa un poco más cada dÃa? Las mayorÃas silenciadas veÃan como todos los dÃas se sepultaban uno a uno los sueños que el peronismo les habÃa mostrado que podÃan ser realidad.
El odio del que habla Abós está presente sin duda en los cacerolazos que él tanto reivindica como expresiones democráticas de la ciudadanÃa, que como no están de acuerdo con el rumbo elegido por el voto popular recurren a la descalificación, al insulto e incluso desean la muerte de la persona que conduce los destinos de la Patria. O se alegran por la muerte del ex presidente Kirchner, su compañero, o recuerdan con nostalgia el bombardeo a Plaza de Mayo o, lo que es peor aun, lo esgrimen como un correctivo a los que se animan a desafiar los intereses que ellos representan -o que simplemente defienden como empleados-.
En consecuencia, no es que se agiten fantasmas sino que reaparecen por la intolerancia de un sector o elite para la que es inconcebible que el Estado se proponga redistribuir mejor la riqueza, para que no existan pocos que tengan mucho y muchos que no tengan nada o casi nada. Por ello, el tÃtulo suena a amenaza: ¿Espera o desea algún nuevo bombardeo? ¿Especula con que tal vez los derrotados en las urnas recurran a la violencia para imponer su proyecto de hambre y exclusión?
Por otra parte, no es cierto que Perón rompió el diálogo, como erróneamente recuerda Abós. Fue Perón quien convocó al diálogo luego de los criminales bombardeos. Fue la oposición -la misma que se habÃa aglutinado en la vergonzosa Unión Democrática- la que llevada por el odio apoyó los bombardeos y luego, ignorando al diálogo convocado por el presidente constitucional de la República, no vaciló en hacer caer un gobierno democrático que contaba con el apoyo de vastos sectores sociales, fundamentalmente los que por primera vez sentÃan que eran parte de esa Patria de la que tanto les habÃan hablado y que tan poco lugar les habÃa dado.
El odio, la envidia y el rencor son sentimientos muy negativos para quienes los profesan, porque anulan en el ser humano la capacidad de abstraer, que es lo que nos diferencia de los animales, coartando la posibilidad de crear y de amar al semejante. Es cierto que Perón volvió, después de 18 años de exilio, abierto al diálogo, tal cual lo hizo luego de los criminales bombardeos con que nos alerta o amenaza la nota, reemplazando argentino por peronista en uno de los axiomas de nuestro movimiento, pero no por eso felicitó a quienes asesinaron a cientos de inocentes que iban a trabajar. Nunca nadie fue condenado por esos crÃmenes, ni siquiera se oyó que alguien pidiera perdón. Lamentablemente tampoco lo hace Abós en su nota, más bien los justifica. Será porque, como señala con absoluta claridad Rodolfo Walsh en uno de los epÃlogos de su monumental Operación Masacre, existe una oligarquÃa «temperamentalmente inclinada al asesinato» o a la desaparición fÃsica de los que defienden los intereses populares.
Es por ello que no se trata de cortar la espiral de «supuesta violencia», como propone Abós, sino de que por una vez respeten la expresión de las mayorÃas. ¿O acaso creerá que hay que desandar este camino de transformaciones? ¿Volver a privatizar YPF, las AFJP o el Correo o el Agua, o tal vez devolver el control del espacio radioeléctrico a Thales? ¿Habrá que derogar la Ley de Medios? ¿O deberÃa eliminarse la Asignación Universal por Hijo o suprimir las millones de pensiones y jubilaciones que los gobiernos de Néstor y Cristina dieron a aquellos que hicieron aportes, y sus patrones no las depositaron durante su vida laboral? La memoria popular tiene grabados los padecimientos de 40 años de proscripciones, persecuciones y desapariciones, la dictadura militar y el pensamiento único y excluyente de los ‘90. Sabe que siempre vienen por sus conquistas, con los profetas del odio al frente, sólo que esta vez el pueblo argentino no los dejará avanzar por que ha consolidado como nunca, con su presidenta como garantÃa, los valores de Memoria, Verdad y Justicia.
COMENTARIOS0Escribir un comentario:
Tiempo en Facebook: