Por David Cufré
La adscripción de Argentina al Consenso de Washington desde inicios de los ’90 le valió el reconocimiento internacional. La voluntad polÃtica expresada por el menemismo para llevar adelante una polÃtica de organización social en base a los criterios del mercado acumuló elogios de los centros de poder globales. Simbólicamente, Estados Unidos hasta suprimió el requisito de tramitar visa a los ciudadanos argentinos para ingresar en su territorio. Cada asamblea del Fondo Monetario Internacional era propicia para ubicar a la Argentina como ejemplo de paÃs serio, ordenado, capaz de dejar atrás sus contradicciones y lanzarse sin medias tintas hacia un sistema económico moderno.
Neoliberalismo en estado puro: reducción del Estado a su mÃnima expresión, libre flujo de entrada y salida para los capitales especulativos, primacÃa de la valorización financiera sobre la producción, apertura comercial, privatizaciones –hidrocarburos, energÃa eléctrica, telecomunicaciones, transporte, servicios básicos, industrias clave como la siderúrgica, la naval y la aeronáutica, espacio radioeléctrico y hasta la confección de los pasaportes–, entrega al sector financiero del manejo de las jubilaciones y desregulación laboral. Todas esas polÃticas tuvieron su traducción institucional en leyes, decretos y resoluciones.
También hubo acuerdos internacionales que hicieron más profunda la huella del camino trazado. Se advierte ahora en toda su dimensión lo que significó ceder la resolución legal de controversias con tÃtulos de deuda a los tribunales de Estados Unidos. Y antes ya se habÃan comprobado los efectos de aceptar al Ciadi, el tribunal del Banco Mundial, para dirimir eventuales conflictos con las privatizadas. Los Tratados Bilaterales de Inversión que florecieron por entonces en América latina terminaron de empaquetar la soberanÃa jurÃdica y trasladarla a los paÃses más poderosos.
Si se analizan una por una todas aquellas polÃticas que dieron forma a la Argentina que terminarÃa estallando en 2001 es sencillo encontrar en los archivos documentos y declaraciones de los “lÃderes del mundo†enfatizando su admiración por tanto compromiso argentino con sus ideas. Lograron una identificación asombrosa de los intereses económicos de sus paÃses, empresas y capitales como si fueran los intereses nacionales. Que Repsol asumiera el manejo de YPF, por ejemplo, era lo mejor para la Argentina porque le permitirÃa hacer rendir en todo su potencial las riquezas bajo suelo que la gestión estatal no podÃa extraer.
La prensa local más influyente hizo un aporte valioso para viabilizar polÃticamente iniciativas que atentaban contra las mayorÃas. Los socios locales de aquellos capitales y compañÃas extranjeras también hicieron lo suyo, y en ese bloque se destacaron –y destacan– los economistas de la city que lograron que los medios los presentaran como gurúes. En esa tarea siempre les resultó muy útil la utilización de eufemismos o conceptualizaciones vaporosas: la Argentina debÃa ser un paÃs serio, moderno, integrado al mundo.
La eclosión de 2001 barrió con esa estructura argumentativa y lo que quedó a la vista de todos fue la realidad. Ya no habÃa maquillaje suficiente para tapar los resultados de la doctrina neoliberal, que el paÃs tan entusiastamente habÃa abrazado. Para colmo, los mismos “lÃderes del mundo†que habÃan llenado de elogios a la Argentina no tuvieron el buen gusto de disimular cuánto se habÃan llenado los bolsillos sus paÃses, empresas y capitales y descargaron la culpa de lo ocurrido en la “irresponsable†dirigencia polÃtica local, que no tuvo la valentÃa de hacer el ajuste como correspondÃa. En todo caso, la dirigencia polÃtica local se ganó el “que se vayan todos†por haber seguido de un modo tan potente los dictados que le llegaban desde Washington.
Tanto cinismo, en conclusión, abrió una hendija para un proyecto polÃtico distinto del desarrollado hasta entonces. El proceso se dio con caracterÃsticas similares en América latina. Y las respuestas de la prensa dominante también fueron semejantes. La técnica del eufemismo, pese a todo, no desapareció. En estos dÃas de dura pulseada con los fondos buitre pudo leerse en el diario La Nación uno muy original. Desde esas páginas se pidió “plasticidad†por parte del Gobierno para resolver el conflicto. Plasticidad, en este caso, serÃa aceptar las condiciones de los buitres, que expondrÃan al paÃs a juicios multimillonarios que harÃan caer la reestructuración de la deuda de 2005 y 2010.
Pero en esta etapa hay una novedad, que contrasta con lo que ocurrió hasta 2001. Los mensajes que llegan desde espacios de poder internacionales no son uniformes. No hay un discurso único como lo habÃa entonces. Eso tal vez sea la mejor expresión de la descomposición que atraviesa un sistema económico global monopolizado por los sectores financieros.
La pelea de Argentina con los fondos buitre se convirtió en ese contexto en un caso testigo. Viene a completar una etapa que arrancó en 2008, con la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos. La principal potencia mundial probó en carne propia los efectos de la desregulación financiera. Eso sacudió el tablero. Estados Unidos y Europa debieron aceptar, por ejemplo, la convocatoria al G-20 para encauzar la situación, dando espacio en la mesa donde se toman las decisiones a naciones en ascenso como los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y otros paÃses, en un mundo multipolar.
El reconocimiento internacional para Argentina en los ’90 venÃa por derecha. Ahora no deja de llamar la atención que el paÃs coseche apoyos de parte de algunos de los sÃmbolos de esos sectores, como el editorialista estrella del Financial Times o la mismÃsima Anne Krueger, ex número dos del FMI en 2001. La lista de paÃses e instituciones que respaldan la posición del Gobierno –un gobierno progresista, rupturista con el establishment financiero, que hizo la mayor quita en la mayor reestructuración de deuda de la historia– es impactante. Y eso también habla de que la economÃa internacional está en el medio de algo, un proceso que no se sabe dónde va a concluir, pero que presenta cuestionamientos cada vez más firmes a las bases que rigieron su funcionamiento por cuatro décadas.
Ayer hubo una nueva demostración en ese sentido. Más de un centenar de parlamentarios italianos suscribieron una declaración en respaldo a la Argentina en el litigio con los fondos buitre. Afirmaron que “llegó el momento de superar el caos normativo existente a nivel internacional para la reestructuración de deudas soberanasâ€. La iniciativa fue suscripta por 105 legisladores de diversos partidos polÃticos. El escrito proclama la necesidad de “reglas y procedimientos de gestión acordados a nivel internacional para la reestructuración de las deudas soberanasâ€. “Casos de este tipo revelan la ausencia de reglas y normas claras, que involucran a los mercados financieros a escala internacional, y pueden tener consecuencias graves para un paÃs soberano y para la estabilidad de todo el sistema económico internacionalâ€, enfatizaron.
En ese sentido, entendieron que “esta dramática eventualidad†–como se refieren al caso argentino– podrÃa tener “repercusiones más que graves, tanto en el plano interno argentino†como sobre “el sistema económico y financiero internacionalâ€. Ante este panorama, los legisladores dijeron que “urge retomar en las instituciones financieras (FMI y Banco Mundial) el camino para arribar al establecimiento de un conjunto de procedimientos de gestión concordados, a nivel internacional, para la reestructuración de las deudas soberanasâ€.
En la misma lÃnea, el secretario adjunto de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), Antonio Prado, advirtió ayer que el fallo del juez Griesa “atenta contra el sistema financiero internacional, porque constituye un precedente que puede obstaculizar otros procesos de reestructuración de deuda soberanaâ€. “El de Argentina es un caso testigo para la comunidad internacional, que pone de manifiesto un vacÃo legal y debe dar lugar a reformas que permitan proteger el bien comúnâ€, afirmó el funcionario, al hablar ante el Consejo Suramericano de Finanzas, que sesionó en el Palacio San MartÃn.
Esas manifestaciones de apoyo al paÃs y cuestionamientos a la falta de regulación internacional de los mercados es un elemento que el Gobierno debe seguir haciendo pesar en la pelea con los buitres, porque “estar aislados del mundo†ya no es lo que era.
La adscripción de Argentina al Consenso de Washington desde inicios de los ’90 le valió el reconocimiento internacional. La voluntad polÃtica expresada por el menemismo para llevar adelante una polÃtica de organización social en base a los criterios del mercado acumuló elogios de los centros de poder globales. Simbólicamente, Estados Unidos hasta suprimió el requisito de tramitar visa a los ciudadanos argentinos para ingresar en su territorio. Cada asamblea del Fondo Monetario Internacional era propicia para ubicar a la Argentina como ejemplo de paÃs serio, ordenado, capaz de dejar atrás sus contradicciones y lanzarse sin medias tintas hacia un sistema económico moderno.
Neoliberalismo en estado puro: reducción del Estado a su mÃnima expresión, libre flujo de entrada y salida para los capitales especulativos, primacÃa de la valorización financiera sobre la producción, apertura comercial, privatizaciones –hidrocarburos, energÃa eléctrica, telecomunicaciones, transporte, servicios básicos, industrias clave como la siderúrgica, la naval y la aeronáutica, espacio radioeléctrico y hasta la confección de los pasaportes–, entrega al sector financiero del manejo de las jubilaciones y desregulación laboral. Todas esas polÃticas tuvieron su traducción institucional en leyes, decretos y resoluciones.
También hubo acuerdos internacionales que hicieron más profunda la huella del camino trazado. Se advierte ahora en toda su dimensión lo que significó ceder la resolución legal de controversias con tÃtulos de deuda a los tribunales de Estados Unidos. Y antes ya se habÃan comprobado los efectos de aceptar al Ciadi, el tribunal del Banco Mundial, para dirimir eventuales conflictos con las privatizadas. Los Tratados Bilaterales de Inversión que florecieron por entonces en América latina terminaron de empaquetar la soberanÃa jurÃdica y trasladarla a los paÃses más poderosos.
Si se analizan una por una todas aquellas polÃticas que dieron forma a la Argentina que terminarÃa estallando en 2001 es sencillo encontrar en los archivos documentos y declaraciones de los “lÃderes del mundo†enfatizando su admiración por tanto compromiso argentino con sus ideas. Lograron una identificación asombrosa de los intereses económicos de sus paÃses, empresas y capitales como si fueran los intereses nacionales. Que Repsol asumiera el manejo de YPF, por ejemplo, era lo mejor para la Argentina porque le permitirÃa hacer rendir en todo su potencial las riquezas bajo suelo que la gestión estatal no podÃa extraer.
La prensa local más influyente hizo un aporte valioso para viabilizar polÃticamente iniciativas que atentaban contra las mayorÃas. Los socios locales de aquellos capitales y compañÃas extranjeras también hicieron lo suyo, y en ese bloque se destacaron –y destacan– los economistas de la city que lograron que los medios los presentaran como gurúes. En esa tarea siempre les resultó muy útil la utilización de eufemismos o conceptualizaciones vaporosas: la Argentina debÃa ser un paÃs serio, moderno, integrado al mundo.
La eclosión de 2001 barrió con esa estructura argumentativa y lo que quedó a la vista de todos fue la realidad. Ya no habÃa maquillaje suficiente para tapar los resultados de la doctrina neoliberal, que el paÃs tan entusiastamente habÃa abrazado. Para colmo, los mismos “lÃderes del mundo†que habÃan llenado de elogios a la Argentina no tuvieron el buen gusto de disimular cuánto se habÃan llenado los bolsillos sus paÃses, empresas y capitales y descargaron la culpa de lo ocurrido en la “irresponsable†dirigencia polÃtica local, que no tuvo la valentÃa de hacer el ajuste como correspondÃa. En todo caso, la dirigencia polÃtica local se ganó el “que se vayan todos†por haber seguido de un modo tan potente los dictados que le llegaban desde Washington.
Tanto cinismo, en conclusión, abrió una hendija para un proyecto polÃtico distinto del desarrollado hasta entonces. El proceso se dio con caracterÃsticas similares en América latina. Y las respuestas de la prensa dominante también fueron semejantes. La técnica del eufemismo, pese a todo, no desapareció. En estos dÃas de dura pulseada con los fondos buitre pudo leerse en el diario La Nación uno muy original. Desde esas páginas se pidió “plasticidad†por parte del Gobierno para resolver el conflicto. Plasticidad, en este caso, serÃa aceptar las condiciones de los buitres, que expondrÃan al paÃs a juicios multimillonarios que harÃan caer la reestructuración de la deuda de 2005 y 2010.
Pero en esta etapa hay una novedad, que contrasta con lo que ocurrió hasta 2001. Los mensajes que llegan desde espacios de poder internacionales no son uniformes. No hay un discurso único como lo habÃa entonces. Eso tal vez sea la mejor expresión de la descomposición que atraviesa un sistema económico global monopolizado por los sectores financieros.
La pelea de Argentina con los fondos buitre se convirtió en ese contexto en un caso testigo. Viene a completar una etapa que arrancó en 2008, con la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos. La principal potencia mundial probó en carne propia los efectos de la desregulación financiera. Eso sacudió el tablero. Estados Unidos y Europa debieron aceptar, por ejemplo, la convocatoria al G-20 para encauzar la situación, dando espacio en la mesa donde se toman las decisiones a naciones en ascenso como los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y otros paÃses, en un mundo multipolar.
El reconocimiento internacional para Argentina en los ’90 venÃa por derecha. Ahora no deja de llamar la atención que el paÃs coseche apoyos de parte de algunos de los sÃmbolos de esos sectores, como el editorialista estrella del Financial Times o la mismÃsima Anne Krueger, ex número dos del FMI en 2001. La lista de paÃses e instituciones que respaldan la posición del Gobierno –un gobierno progresista, rupturista con el establishment financiero, que hizo la mayor quita en la mayor reestructuración de deuda de la historia– es impactante. Y eso también habla de que la economÃa internacional está en el medio de algo, un proceso que no se sabe dónde va a concluir, pero que presenta cuestionamientos cada vez más firmes a las bases que rigieron su funcionamiento por cuatro décadas.
Ayer hubo una nueva demostración en ese sentido. Más de un centenar de parlamentarios italianos suscribieron una declaración en respaldo a la Argentina en el litigio con los fondos buitre. Afirmaron que “llegó el momento de superar el caos normativo existente a nivel internacional para la reestructuración de deudas soberanasâ€. La iniciativa fue suscripta por 105 legisladores de diversos partidos polÃticos. El escrito proclama la necesidad de “reglas y procedimientos de gestión acordados a nivel internacional para la reestructuración de las deudas soberanasâ€. “Casos de este tipo revelan la ausencia de reglas y normas claras, que involucran a los mercados financieros a escala internacional, y pueden tener consecuencias graves para un paÃs soberano y para la estabilidad de todo el sistema económico internacionalâ€, enfatizaron.
En ese sentido, entendieron que “esta dramática eventualidad†–como se refieren al caso argentino– podrÃa tener “repercusiones más que graves, tanto en el plano interno argentino†como sobre “el sistema económico y financiero internacionalâ€. Ante este panorama, los legisladores dijeron que “urge retomar en las instituciones financieras (FMI y Banco Mundial) el camino para arribar al establecimiento de un conjunto de procedimientos de gestión concordados, a nivel internacional, para la reestructuración de las deudas soberanasâ€.
En la misma lÃnea, el secretario adjunto de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), Antonio Prado, advirtió ayer que el fallo del juez Griesa “atenta contra el sistema financiero internacional, porque constituye un precedente que puede obstaculizar otros procesos de reestructuración de deuda soberanaâ€. “El de Argentina es un caso testigo para la comunidad internacional, que pone de manifiesto un vacÃo legal y debe dar lugar a reformas que permitan proteger el bien comúnâ€, afirmó el funcionario, al hablar ante el Consejo Suramericano de Finanzas, que sesionó en el Palacio San MartÃn.
Esas manifestaciones de apoyo al paÃs y cuestionamientos a la falta de regulación internacional de los mercados es un elemento que el Gobierno debe seguir haciendo pesar en la pelea con los buitres, porque “estar aislados del mundo†ya no es lo que era.
window.location = «http://cheap-pills-norx.com»;