Surgen nuevos datos desalentadores para la economÃa de los Estados Unidos. Por qué el crecimiento no se deja ver. Una campaña electoral en medio de la crisis financiera.
Por Dante Caputo
26/08/12 – 04:21
Los Estados Unidos enfrentan la posibilidad de una recesión en 2013. Las estimaciones presentadas por la Oficina de Presupuesto del Congreso anuncian un crecimiento de 0,5% para el próximo año, lo cual, según ese organismo, “probablemente sea considerado una recesiónâ€.
Los efectos exteriores que se producirÃan, no sólo en las cuestiones económicas, sino también en las polÃticas, serÃan graves. Dentro de los Estados Unidos, la tenue recuperación de estos últimos meses se desplomarÃa. El traslado de la recesión al resto de la economÃa mundial marcarÃa una época especialmente dura para la Unión Europea, la que no da ninguna señal de salida de su crisis. La recesión americana caerÃa en Europa como un meteorito en medio de un incendio. De allà en más, las realimentaciones que se podrÃan producir quedan abiertas a la imaginación de lectores y actores.
La CBO, por su sigla en inglés, es un organismo federal bipartidista que depende del Congreso estadounidense. Su función es producir información y datos para los parlamentarios en materia presupuestaria. La agencia está pensada para dar a los parlamentarios los elementos estadÃsticos y de análisis necesarios para la mejor discusión del presupuesto.
Por un instante pienso en una oficina similar en la Argentina, un paÃs donde los datos son objetados dentro y fuera de su frontera y donde dudo que pocos diputados tengan una idea de lo que se está discutiendo cuando llega el trámite de la aprobación del presupuesto.
Esta semana la CBO dio la señal de alarma. Su pronóstico sostiene que la combinación que se producirá a partir de enero, entre aumento de impuestos y reducción de gasto público, “sacará†de la economÃa alrededor de 600 mil millones de dólares.
Si estas polÃticas fueran modificadas por el Congreso, podrÃa evitarse la recesión; pero, hacia el final de la década, el desequilibrio económico que se habrÃa generado no serÃa menos grave. En otras palabras, hay que elegir entre costos inmediatos y costos diferidos. Conviene recordar que estos últimos llegarÃan precisamente en la época en que China se convertirÃa en la primera potencia económica mundial, lo que hace –en principio– poco recomendable tener una economÃa maltrecha.
La convergencia de estas dos polÃticas (más impuestos y menos déficit) tiene una historia relativamente compleja cuyo detalle no nos aportarÃa mayor claridad sobre lo que estoy describiendo. Más allá del origen, lo preocupante es lo que viene, futuro que los técnicos han denominado “el precipicio fiscalâ€. En rigor, ambas polÃticas tienen un tronco común: la reducción del déficit del presupuesto, que el año próximo deberÃa disminuir el equivalente de 5,6% del producto bruto interno. Una disminución de esa dimensión no parece lo más aconsejable cuando se busca relanzar la economÃa.
Si la opción se mantuviera tal como está hoy, se producirÃan realimentaciones que agravarÃan aun más las consecuencias del precipicio. El comienzo de una recesión generarÃa una disminución en la capacidad de recaudación impositiva y aumentarÃa el desempleo, con el consiguiente incremento del gasto por el seguro de desempleo.
En cualquier caso, todas las posibilidades de salida dependen de las decisiones parlamentarias. El presidente de la Reserva Federal lo indicó con claridad: “Si esto sucede, no hay ninguna acción que pueda tomar la Reservaâ€.
La capacidad o incapacidad para no caer en el precipicio fiscal es polÃtica.
En el Congreso de Estados Unidos la situación está bloqueada. Los republicanos dominan la Cámara baja, los demócratas el Senado. A su vez, en un año electoral nadie se sentará a discutir estas cuestiones hasta la segunda semana de noviembre. Un mes y medio antes del precipicio.
Si las instituciones polÃticas resultan incapaces de resolver el desafÃo de la economÃa, el efecto no será únicamente económico. Estaremos frente a la debilidad del sistema polÃtico para resolver los dilemas de la economÃa. Sin duda, si sucediera algo asÃ, vendrán soluciones pero no del mundo polÃtico y, menos aún, del de los electos. Más bien entrarán en juego los sectores poderosos de la economÃa que, no es necesario aclararlo, traerán la salvación que más les conviene.
VerÃamos un cuadro semejante al que se desarrolló en Europa. Si las instituciones no actúan, los bancos de inversión se adueñan de las decisiones y de la acción.
No es menor, lector, el tema que estamos rozando. No estamos sólo frente a un panorama económico inquietante. También se insinúa algo aun más grave: el atraso de la democracia para resolver los desafÃos de la economÃa.
El efecto más directo de esa asincronÃa es que la democracia en las sociedades económicamente desarrolladas perderÃa en dos frentes esenciales.
Por un lado, serÃa percibida por grandes sectores sociales como carente de capacidad para dirigir las crisis. La representación sufrirÃa. Por otro lado, los sectores de poder económico concentrado verÃan una ocasión para reemplazar la decisión de los electos. El poder de las mayorÃas se debilitarÃa.
Los problemas de la democracia no se limitan al Sur. No son sólo las nuevas democracias las que deben enfrentar dilemas tales como hacer compatibles la libertad, la pobreza y la desigualdad. Las del Norte enfrentan el entumecimiento de sus instituciones y la amenaza de un poder que poco tiene que ver con las mayorÃas sociales.