Ya se ha dicho -y ahora se confirma- que a pesar de las limitaciones del gobierno -falta de un equipo de peso, gestión relativamente modesta, profundización del endeudamiento heredado-, no se veÃa en la provincia la situación de crisis que justificara un giro de 180 grados.
No se trata solamente de que el electorado neuquino sea conservador. Tampoco es que Sapag le vaya bien porque es simpático, deja vivir y, a diferencia de quien lo precedió, evita confrontar. Inclusive no es simplemente porque el gobernador se beneficie, como de hecho lo hace, del viento de cola que le proporciona su pragmática proximidad con un gobierno nacional.
Se trata también de la astucia de un partido que no por nada acaba de cumplir medio siglo y, a pesar del retroceso que experimenta en la consideración colectiva -expresado en la pérdida de muchas ciudades y en la progresiva disminución del voto propio- parece aplicar muy bien el ‘divide et impera’ para conseguir esa porción del respaldo que no logra obtener por sà mismo.
La oposición no sumó tanto y el MPN supo dividir Leer más