Construcción política, conducción y sentido

Cuando a fines del año pasado comenzaba a esbozarse el escenario electoral de este año el concepto que rápidamente ganó centralidad, tanto en los propios políticos como en los analistas, campañólogos y etcéteras satelitales varios, fue el binomio cambio-continuidad. Alrededor de ese eje circuló y circula buena parte -la amplia mayoría, para enfatizar- de lo producido analíticamente en lo que va del 2015.

La potencia explicativa de esta tensión podrá ser más o menos valiosa para entender climas sociales, pero no necesariamente es traspolable a la impronta política de los candidatos presidenciales que tenemos.

Vamos a especular aquí con los probables modos de “construcción” de cada candidato. Que, por cierto, no debemos confundir con los modos de “conducción”. Porque mientras la primera podemos entenderla como las formas de acumular apoyos y tejer una red de soporte, la segunda será el modo en que esa construcción es administrada.

Veamos: una de las características que podemos adjudicarle al kirchnerismo -quizás por necesidades propias ante su llegada al poder, quizás por convicción ideológica, no es el caso discutirlo aquí- fue la decisión de “construir” nuevos sujetos políticos. Si bien en los inicios hubo algunos tibios intentos por caminos partidarios (“la transversalidad”), la propia dinámica de su accionar fue configurando un esquema de incorporación y re-incorporación al debate de ciudadanos que hasta ese momento no participaban de la misma activamente. Hay dos grupos que se destacan claramente en este sentido: los jóvenes kirchneristas y un sector de la clase media que se fue homogeneizando en contra del gobierno y sus políticas y otro sector de esa misma clase media que, por el contrario, adhirió con énfasis.  En este sentido, podemos decir que el kirchnerismo politizó “verticalmente” a determinados sectores sociales al atraerlos (insisto, ya sea a su favor o en su contra, pero “con toma de posición”) al campo de la lucha política.

Para reforzar: la llamamos “vertical” porque es una operación de construcción de sentido desde la política hacia afuera de ella, y por lo tanto constructora de nuevos sujetos.

¿Scioli ofrece una “continuidad” de esta dinámica de construcción? En principio, ya sea por su trayectoria y/o por el contenido de su cuerpo discursivo, muy difícilmente esté en su adn pretender o anhelar tal cosa. Bien por el contrario, todas las señales parecen indicar que su estrategia de conformación de apoyo político es más tradicional. Y a ese modo lo llamamos aquí “horizontal”. Es decir, denominamos “horizontal” al armado de relaciones, negociaciones, acuerdos y desacuerdos con “semejantes ajenos”: otros políticos, otros partidos, otros factores de poder, pero que no constituyen “nuevos” sujetos políticos, aunque sí pueden conformar nuevas alianzas intra-poder . Ejemplo claro de esta arquitectura es el paciente entramado que ha tejido con los gobernadores del peronismo y que ahora lo coloca mucho más cerca de ser un “primus inter-pares” que un “conductor” a la tradicional usanza del propio peronismo.

(Por supuesto, esta es una foto de hoy. Y nada, absolutamente nada, garantiza que seguirá siendo así en caso de que Scioli acceda a la presidencia. Es más: seguramente tratará de dejar de ser un primus inter pares, porque eso hace a su propia supervivencia política, pero lo que sostenemos en estas líneas es que no elegirá hacerlo verticalmente).

Ahora bien, creemos que el caso de Mauricio Macri es cualitativamente diferente y, en el sentido que venimos postulando, está mucho más cercano a ser una “continuidad” que un cambio con respecto al modo vertical de construcción kirchnerista. Y en el caso de Macri es, claramente, una necesidad. Porque el Pro no posee un despliegue territorial y una tradición que le permita asentarse sobre ella para aglutinar poder. Y porque además no le alcanzaría con el aporte de sus socios radicales en Cambiemos.

Y porque, y quizás aquí la hipótesis más atrevida de este escrito, hay una vacancia social de representación que Macri tiene el potencial de llegar a encarnar. Como dijimos hace unos meses aquí, y como de algún modo ejemplificó Tereschuk aquí, asistimos a la emergencia de un nuevo sujeto social -con relativa comodidad económica y sobre todo determinados consumos culturales y simbólicos- que carecen aún de expresión política. Y el macrismo puede perfectamente ser el vehículo para que esos sectores peguen un salto cualitativo: de ser votantes del macrismo a ser su base de sustentación política (Y así es que los chicos de las ongs -que tan bien reflejan Vommaro, Morresi y Bellotti  en “Mundo Pro”- podrían considerarse como una incómoda vanguardia de esto). Claro que para lograrlo, Macri deberá construir “verticalmente”, interpelándolos sin intermediarios de ningún tipo. Como hizo el kirchnerismo, reiteramos, claro que con otros.

Muy brevemente, una oración al respecto acerca de Massa. Por su juventud, por su pasado en el PJ y por su propia impronta, Sergio Massa alberga en sí la potencialidad de ambos ejemplos. De construir tanto vertical como horizontalmente. Pero para ello debiera contar con la fortuna de un peronismo derrotado este año que abriera las puertas a una “renovación”. En caso de que Scioli triunfara, su futuro político -que aún lo tendrá, por supuesto- será cuesta arriba.  

Para concluir: que ni Scioli es toda la continuidad, ni Macri todo el cambio. Porque, como siempre, todo depende. 

La única verdad es la contingencia, el resto vemos.

 

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.