Creced y multiplicaos

Escribimos Nicolás Tereschuk y Abelardo Vitale

La oposición ingresa a la segunda mitad de 2018, como todo el país, en un nuevo escenario político, naturalmente, aún incierto. Resulta oportuno recordar e insistir que, en los regímenes presidencialistas como el de la Argentina , siempre es el Presidente el mayor responsable -sea por acción u omisión- en la configuración final del futuro escenario electoral.

Sin embargo, que el Presidente sea el principal responsable no quiere decir que los otros no “jueguen”. Y así es que también estamos ante algunos movimientos al interior de la oposición, de los cuales el “silencio activo” de la expresidenta Cristina Kirchner es el hecho más estruendoso. De hecho, probablemente sea este hasta aquí uno de los principales episodios políticos del año y, tal vez, el más novedoso.

Apenas (o nada menos) interrumpido por su tuit del 28 de mayo -”Tratar de loca a una mujer. Típico de machirulo”-, las restantes intervenciones públicas de la exmandataria durante 2018 han sido de muy baja intensidad política.

En el contexto de la crisis cambiaria y económica que se vive desde fin de marzo, los movimientos políticos de la expresidenta toman, entonces, un plus de sentido. Cristina se llamó a silencio tras la derrota que sufrió en la provincia de Buenos Aires, luego de encabezar una campaña electoral con un mensaje muy prolijo y claro, que probablemente se adelantó un año en el tiempo cuando se analizan casi todos los indicadores socioeconómicos.

Luego de los comicios, el electorado pareció pasar de pantalla y dejar “solo” en el centro del ring al presidente Macri. Envalentonado y con una agenda de contornos neoliberales aún más claros, fue entonces, en noviembre pasado, que comenzaron los problemas políticos serios para el Gobierno (Paréntesis: la mayoría de los analistas políticos eligen la conflictiva reforma previsional del mes de diciembre como punto de inflexión. En cambio, para nosotros, ese momento debe situarse en el discurso que Macri pronunciara ante todos sus funcionarios en el CCK en el mes de noviembre: allí, y no en otro lado, está la hoja de ruta que marca un quiebre en la construcción discursiva, y por ende política, del oficialismo).

Volviendo: el silencio de Cristina, a su vez, puede ser interpretado de muchas maneras. Una de ellas muestra una forma que los seres humanos tenemos internalizada desde hace milenios. Es la que el historiador Arnold Toynbee identifica como el movimiento de “retiro y retorno” (“withdrawal and return”).

“El retiro permite a la personalidad dar realidad dentro de sí a poderes que podrían haber quedado dormidos si ella no hubiera estado libre durante algún tiempo de sus afanes y dificultades sociales. Tal retiro puede ser una acción voluntaria por su parte o puede serle impuesto por circunstancias que están más allá de su control; en uno y otro caso, el retiro es una oportunidad, y quizás una condición necesaria para la transfiguración del anacoreta; en el original griego ‘anacoreta’ significa literalmente ‘el que se aparta’; pero una transfiguración en la soledad no puede tener propósito, y quizá ni aún sentido sino como preludio al retorno de la personalidad transfigurada al medio social del que originariamente procede: un contorno nativo del cual el ánimo social humano no puede extrañarse permanentemente sin repudiar su humanidad y convertirse, según la frase de Aristóteles, ‘en una bestia o en un dios’. El retorno es la esencia del movimiento entero, así como su causa final”.

(…)

“Este movimiento de retiro-y-retorno no es una peculiaridad de la vida humana que sólo puede observarse en las relaciones de los seres humanos con sus compañeros. Es algo característico de la vida en general, y se hace manifiesto al hombre en la vida de las plantas tan pronto como al emprender la agricultura, se ha convertido en preocupación suya esta vida de las plantas, fenómeno este que ha llevado a la imaginación humana a expresar esperanzas y temores humanos en términos agrícolas”.

(…)

“Así el mismo ‘motif’ del retiro y la transfiguración que conduce a un retorno en gloria y poder puede percibirse en la experiencia espiritual del misticismo y en la vida física del mundo vegetal y en las especulaciones humanas sobre la muerte y la inmortalidad y en la creación de una especie superior originada en una especie inferior. Este es evidentemente un tema de alcance cósmico; y ha proporcionado una de las imágenes primordiales de la mitología, que es una forma intuitiva de aprehender y expresar verdades universales”.

 

Jesús, en su periplo en el desierto o cuando se retira a la “alta montaña apartada” que es escena de su transfiguración, es uno de los ejemplos que analiza Toynbee en su “Estudio de la Historia”. Le suma los casos de San Pablo, San Benito, San Gregorio Magno, Buda, Mahoma, Maquiavelo y Dante para explicar el conocido y reconocible drama del “retiro-y-retorno”.

La digresión, y por supuesto, salvadas todas las enormes distancias, nos permite introducirnos en la pregunta que se hace hoy toda la política. ¿Qué va a hacer Cristina? La pregunta, como nos ayuda a iluminar Toynbee, no viene “desde afuera” nuestro. Está en nuestro ADN, la tenemos internalizada. Y lo más interesante es que no solo es imposible responderla. Lo que creemos más crucial es que no vale la pena hacerlo.

Lo concreto es que con su “retiro”, Cristina abrió un espacio en la oposición. El clima se aireó. Comenzaron diálogos más transversales entre las distintas “tribus” y reuniones. Y más tarde se recortaron algunas precandidaturas: las de Felipe Solá, Agustín Rossi y Alberto Rodríguez Saá. Solá y Rossi, probablemente también junto con Axel Kicillof, sean hasta el momento los que han entendido mejor que en política hay que hablar pero también hacer, hay que recorrer, hay que caminar, hay que “performar” un “por qué” debería votarse otra cosa. Hay que transmitir “querer ser”. Y hay que tener el coraje de expresarlo.

Aquí un punto que, modestamente entendemos, debe ofrecer cualquier candidatura a cualquier cargo político, pero sobre todo aquellas que persiguen la Presidencia desde el campo opositor: la construcción de una narrativa de futuro. Los pilares en la construcción de un discurso electoral seguramente no pueden prescindir de una severa crítica de la situación actual, quizás tampoco las referencias a un pasado mitólogico perdido de “cuando estábamos mejor”, pero nada de eso es suficiente si, además, un liderazgo no nos dice cuál es el rumbo, el ideal, la “tierra prometida” que nos ofrece con tal de subirnos a su barco. No se trata de un programa, así como el horizonte no es la carta de navegación.

Regresando a los actuales pre-candidatos: cada uno lo hace como puede, con aciertos y errores, con fortalezas y debilidades. La Historia no ha sido generosa con estos “adelantados”. El peronismo en la oposición siempre regresó al poder de la mano de un gobernador de la periferia, del que son más las incógnitas que las certezas y con una presencia, un discurso y unas compañías que -prejuiciosamente- no son “lindas de ver” aquí en la Capital.

No sabemos cómo podrá ser en esta oportunidad. Lo que nos queda claro es que esperando a ver si Cristina “retorna” o no de su “retiro” -más allá de lo que ocurra en definitiva al final de su historia-, comentando más que haciendo, siguiendo una encuesta antes que mostrando un horizonte o alardeando de un inasible “tiempismo” que se parece más a cobardía, no habrá empuje para una oposición que lo necesita cada día más.

O para decirlo de otra forma: en tiempos de identidades lábiles, de partidos sólo formalmente existentes, una estrategia de construcción que se asiente sobre una necesaria sumatoria de dirigentes puede ser condición necesaria. Pero para ganar, lo que se dice ganar, los votos se buscan de a uno en ese inmenso océano revuelto que gustamos de llamar sociedad.

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