De la renta sojera

El 22 de marzo pasado, a 11 días de iniciado “el conflicto”, escribí :

“El proceso de concentración de la tierra y centrifugación social que está produciendo el “ciclo de la soja” permite avizorar un futuro pleno de esperanzas para las fabulosas ganancias que están realizando los beneficiarios del modelo, y campos desertificados para los angurrientos propietarios que se limitan a vivir de la renta que le proporciona el alquiler de sus campos a los “pools de siembra”. El capitalismo agrario argentino, en ese sentido, opera según la lógica histórica del capital, en la incesante búsqueda de mejores condiciones para contrarrestar la ley de hierro del rendimiento decreciente de la tasa de ganancia, tan bien descripta, por otra parte en…bueno, en un libro del viejo Carlitos que ya me voy a acordar el nombre. Alguien de seguro lo conocerá… En resumen, la “protesta del campo” tiene toda las características de conflicto intraburgués, distintas fracciones de la burguesía se disputan la renta diferencial que los excepcionales precios internacionales permiten ingresar al país. Apasionante novela, en la que los personajes principales son el gran capital agrario, por una parte y el gran capital industrial y de servicios por otra. ¿Como? ¿A este personaje no lo conocían? Ah ! es que lleva puesta la careta del gobierno, que vela por su interés de mantener controlado el costo de reproducción de la mano de obra.

En esta saga, frotándose las manos, aparece el capital multinacional en las dos puntas del negocio: en el monopolio de la semilla transgénica, sus agroquímicos específicos y cobrando regalías por el uso del grano destinado a semilla. En el otro extremo las exportadoras de cereal y las aceiteras, pagándole IVA a empresas truchas y subfacturando exportación.

Por último la comparsa del gran capital, los pequeños propietarios de la pampa gringa, que no han podido – por razones de economía de escala – sostener la competencia con el gran capital y disfrutan de la renta de sus campos, como generalmente perciben el arriendo en quintales de cereal u oleaginosas no ven con mucho agrado lo que ellos denominan la política confiscatoria del gobierno.”

Hubo quién quiso ver en estas líneas un activismo “pro-k”. Bueno…
Así las cosas este escriba, a quién en algún blog calificaron de “marxista rococó” (ver en: http://homo-economicus.blogspot.com/2008/06/ir-la-plaza.html) sigue sosteniendo que el camino hacia lo “mejor” desde lo “malo” difícilmente pase por lo “pésimo”.

Sólo agregaría, desde el punto de vista económico, no político, que el papel de las retenciones móviles – de nuevo: más allá de la corrupción y connivencia del gobierno con las exportadoras – va mucho más allá de sus aportes a las arcas del fisco (insaciables, por definición).

Y aquí, posiblemente, aparezca mi costado populista, con perdón. Sostuve, y seguiré sosteniendo, por que en ningún texto leído en los últimos tres meses ha aparecido argumento alguno que me haga cambiar de opinión, que más allá de las intenciones maquiavélicas (en su peor acepción) que se le puedan – con justicia – aplicar al gobierno con relación a su alianza con el capital multinacional y el capital industrial (cerealeras, agroindustria, automotrices, ¡petróleo!) la política de subsidiar el alimento y expandir el universo de trabajadores (por la vía de bajar los salarios) ha permitido a varios millones de argentinos acceder a un ingreso que “arrima” a una canasta alimentaria.

De no existir las retenciones, que deprimen el precio de los productos alimentarios básicos, “bienes salario”, el costo de la mano de obra – crítico para una formación económico-social con bajos niveles de reinversión, valorización financiera, sin una escala de mercado que permita la introducción de tecnología de punta y baja productividad – impediría la mayor parte de las actividades económicas industriales.
Contrariamente a lo que sostienen aquellos que no diferencian quién “empuña el látigo con el que me azotan”, postulo que el capital industrial promueve de forma más eficiente el “desarrollo de las fuerzas productivas” y genera – aún a su pesar – el “germen de su propia destrucción”.
Dentro de este marco teórico, al que muchos adscriben…teóricamente, el desarrollo y complejización de las fuerzas productivas adquiere un status axial al permitir no sólo la creación de riqueza sino su distribución en un universo mucho más amplio. Veamos unos datos:

* Comparación entre aportes al sistema de previsión social, como se ve a continuación el salario promedio de la industria triplica al que se paga en la producción agrícola. :

Todo tiene que ver con todo

La recesión en EEUU, negada durante el 2007, y asumida como inevitable luego de la caída de las “hipotecas basura”, es el corolario de más de 12 semestres consecutivos de emisión salvaje por parte de la reserva federal para financiar las acciones tendientes a mantener el control sobre los flujos internacionales de petróleo, actividad que algunos economistas calificaron de “neo-keynesianismo de guerra”.
Tamaña superpoblación de dólares fue regulada por el atesoramiento que de ellos hicieron los bancos centrales de aquellos países que exportan a EEUU; China, Japón y los “tigres asiáticos”, sobre todo luego de las crisis de pagos del sudeste asiático y rusa del fines de los ’90, están sentados sobre una masa incalculable de dólares (bah, sí es mensurable), atrapados en el dilema de lanzarlos al mercado y depreciar aún más la divisa estadounidense, o seguir conservándolos, financiando de este modo el consumo y despilfarro – sobre todo energético – de los yanquis, a cambio de poder mantenes sus flujos de intercambio comercial superavitario con ellos. La primera opción, atractiva políticamente y que remite a aquella visionaria definición de EEUU como un “tigre de papel”, empujaría probablemente a la ya muy cercana “Operación Irán”, por parte del gobierno de Bush, que demasiadas pruebas ha dado de su vocación de “huir hacia adelante”. ¿A qué precio se dispararía el barril de petróleo en este caso? La segunda opción, aplicada hasta el momento, y articulada con la compra de bonos usamericanos, tiene la ventaja de mantener el nivel de ocupación de la mano de obra, en China sobre todo, muy atareada ensamblando pelotudeces electrónicas y plásticos inyectados.
Pero el capitalismo no se detiene, mis estimados, y el vertiginoso crecimiento de las fuerzas productivas en China conspira contra las condiciones que posibilitaron su propia existencia. Años de acumulación y diversificación han llevado a la emergencia de una burguesía – sí que férreamente regulada por el PC chino – que de exportar juguetitos ha comenzado a fabricar máquinas herramienta, por ejemplo, para lo cual ha debido desarrollar y capacitar un proletariado cualitativamente distinto al que arma calculadoras atado a la pata de la mesa y comiendo un plato de arroz.
Este proletariado, insidioso germen dentro del organismo burgués, impulsa una demanda interna que comienza – ¡Ay, amigos , lo que puede el egoísmo ! – por aquellos productos que posibilitan la recuperación de las energías utilizadas en la generación de plusvalor, conocidos genéricamente por el nombre de alimentos.
Recapitulando: devaluación de la moneda-patrón, escalada en el precio del oro, devaluación de los productos industriales frente a los minerales y productos agropecuarios básicos…Hummm ¿No suena conocido?
Pues, claro, venimos hablando de la cara de la moneda hace tres meses, y a nadie se le ocurrió mirar la cruz (o la ceca). A la tan comentada suba de los precios internacionales de los alimentos le corresponde la devaluación de los precios de los productos industriales, o – lo que es lo mismo – una típica crisis de sobreproducción.
Frente a estas condiciones una de las salidas tradicionales a esta condición inherente al capitalismo suele ser la destrucción de stocks. La guerra, sin ir más lejos.
Este método de intervención en la libertad de los mercados se viene practicando a escala globlal por parte de la “casa central” del capitalismo mundial, los EEUU.
Es decir, vuelta la burra al trigo, que el aumento de los precios de los alimentos en detrimento de los industriales vendría a ser algo así como una “Recomposición de los términos de intercambio”. ¿Se acuerdan cuando se hablaba del “deterioro” de esos mentados términos?
Así pues, los productos que le vendemos al mundo valen cada vez más, y los que le compramos, menos. La conclusión lógica sería: ¡A plantar soja que chocan los planetas! Y eso propone la patria sojera, por supuesto, su “house organ”: Clarín Rural, y toda la superestructura político-sojeril y ganadera, incluida su “izquierda sensible”, la que gobierna Santa Fe. De los oligofrénicos que pululan en el trotzkysmo y maoísmo vernáculos ni vale la pena hablar, su papel al lado de la “carpa verde” viendo “sujetos revolucionarios” vestidos de Cardón es suficientemente explícito.
Este “modelo de país” tiene un inconveniente: le sobran entre 10 y 15 millones de argentinos.
Retomando el hilo, si los productos industriales que el mundo nos vende son más baratos, la lógica – Ah, esa señora – indicaría que no conviene fabricarlos aquí. Argumento que sostiene, debe reconocérsele constancia en eso, la Sociedad Rural hace más de 100 años, cuando reprocha a los gobiernos, ojo: no a todos, lo gravoso que resulta para la patria, es decir: ellos, sostener “industrias artificiales”. Estas últimas vendrían a ser casi todas, o por lo menos aquellas que no utilicen materias primas de origen agropecuario y nacional.
Da lo mismo producir acero que caramelos ¿Se acuerdan?
Como habrán apreciado, mis pacientes y escasos lectores, hasta ahora no se han introducido en este modesto análisis categorías muy alambicadas. Sólo se propondrá, a modo de hipótesis, que ante la puja intra-burguesa por la apropiación de la renta diferencial de la tierra el interés de los trabajadores es generar su propia política. Claro que a este desiderátum bien puede achacársele una escasa dosis de realismo político, en función de la relación de fuerzas existente entre clase dominante y clases subordinadas. Aceptando una relativa debilidad de las clases subordinadas frente al bloque de la burguesía, agropecuaria, industrial, comercial, financiera, habrá entonces que pensar tácticas para aprovechar la coyuntura de temporario enfrentamiento entre fracciones de la burguesía.
Ante tamaña disyuntiva cabría considerar si los intereses inmediatos de los trabajadores no pasan por una reflexiva y condicionada oposición a las propuestas que impliquen bucólicos paraisos campestres, con ganancias para muy pocos y trabajo (mal) remunerado para…pocos también.
¿Cuál es, entonces, la importancia, para el colectivo de los asalariados, de la existencia o no de “derechos de exportación”?
La cacareada declamatoria del gobierno respecto a su preocupación por la “mesa de los argentinos” debe entenderse como la necesidad de mantener acotado el costo de la mano de obra para que el capital industrial pueda competir en la producción de bienes transables, cuyos precios – ya vimos – bajan constantemente.
Para los asalariados, que miden su ingreso no en unidades de “moneda dura”, sino en kg y litros de alimentos, principalmente, sostener deprimidos el precio de estos es una cuestión estratégica.

: http://udi414.blogspot.com