Di una cosa di sinistra

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Una relectura a cielo abierto de “La Oposición”, del politólogo italiano Gianfranco Pasquino, quizás aporte algunas claves sobre una serie de debates que se dan en la Argentina actual.

Pasquino escribió este breve libro en el verano de 1994, pocos meses después de la victoria de “Forza Italia”, la coalición liderada por Silvio Berlusconi. Las mismas elecciones en las que Nanni Moretti le grita al televisor “D’Alema, di una cosa di sinistra !”, escena que seguramente ha de repetirse ahora cada tanto, palabras más, palabras menos, en algunos empoderados hogares de la Argentina.

Tener en claro que se trata de un texto muy “fechado” y que tiene como ámbito cierto debate en la Italia de la década del 90 entonces, es importante. Más allá de eso, el librito nos ofrece herramientas para entender la realidad que nos rodea.

Una cuestión que plantea el libro es el poco nivel de análisis que ha tenido históricamente la oposición en las democracias. Y también el hecho de que la oposición democrática es un fenómeno relativamente nuevo. Si se cuentan en Europa las oposiciones en democracias “consociacionales”, donde aquellas más bien buscan participar del gobierno antes que reemplazarlo, tendremos un panorama donde hay bastante poco que decir sobre el tema que nos convoca.

En ese contexto, Pasquino plantea una serie de cuestiones que nos sirven para enriquecer el debate. Reunimos aquí unos fragmentos algo desconectados, reunidos debajo de unas preguntas clave

 

¿Por qué oponerse?

“Ninguna oposición puede renunciar a su propia piel ni a su cometido dejando, sin más, gobernar al gobierno. Todo lo contrario, la oposición debe impedir que el gobierno malgobierne”.

 

“El funcionamiento de todos los regímenes políticos se explica eficazmente sólo en la medida en que se explican las relaciones entre la oposición y el gobierno”.

 

“Entre sus características fundamentales, la democracia cuenta con la de ser el sistema político que permite la máxima expresión del conflicto, y su función innovadora es capaz de garantizar el máximo de autocorrección. Pero estos dos resultados extraordinarios no podrían alcanzarse en modo alguno si no existieran actores capaces de buscarlos: si no se organizase, si no actuara una oposición. Siendo así las cosas, se puede afirmar que la calidad de una democracia no depende sólo de la virtud de su gobierno o de la interacción del gobierno con la oposición, sino, de modo muy especial, de la capacidad de esta última. Una oposición bien pertrechada mejora la calidad de la democracia, incluso cuando no consigue llegar al gobierno persiste en optar a él a través de su actividad de control y de dirección, de propuesta y de crítica”.

¿Oposiciones duras o blandas?

“Las oposiciones han de contender con el gobierno en materia de reglas y en materia de política. Serán absolutamente intransigentes cuando el gobierno se proponga establecer reglas que destruyan la posibilidad misma de la alternancia. En cuanto a las políticas, las oposiciones serán críticas de los contenidos que propone el gobierno y propositivas de contenidos distintos, pero también conciliadoras cuando existan espacios de intervención, mediación, colaboración y mejoras recíprocas. En definitiva, la buena oposición es la que sabe usar, según la enseñanza de Maquiavelo, ‘del zorro y del león’, de la astucia político-parlamentaria y de su esfuerzo político social”.

 

“La oposición resulta eficaz y se convierte en alternativa concreta allí donde consigue una presencia social, una difusión cultural y un papel político-parlamentario”.

 

“En este caso no se plantea siquiera el problema de si es conciliadora o intransigente, se limita, sencillamente, a cumplir su cometido. que consiste en representar y proteger, individual y colectivamente a los electores que le han dado su voto; en defender las reglas del juego político-institucional, pero también en reformarlas con el objetivo de mantener abierta la competición política y promover los intereses de los grupos a los que se dirige para transformarse en mayoría, es decir, para ganar las elecciones”.

 

“Ninguna oposición parlamentaria puede ni debe ser jamás antagónica por completo, es decir, al cien por cien adversary. En la práctica, ninguna oposición democrática lo es del todo”.

“Ninguna oposición democrática vota contra el gobierno en el cien por cien de los casos, ni siquiera en el cincuenta por ciento de ellos. Los porcentajes varían entre el 40 y el 20 por ciento de noes contra los proyectos de leyes aprobadas en el Parlamento”.

“Dicho esto, la distancia que separa los comportamientos antagónicos de los consociacionales es muy grande”.

 

“Adquirir recursos puede constituir un imperativo categórico para toda oposición consciente de que sus oportunidades de conquistar el gobierno a medio plazo son prácticamente nulas”.

 

¿Cómo y cuándo ser alternativa de gobierno?

“Ningún gobierno debe pedir a la oposición que le deje gobernar, sino demostrar que sabe hacerlo. Del mismo modo, ninguna oposición debe pedir al gobierno que le deje ejercer como tal. La oposición tiene el deber de contender con el gobierno demostrando ser un gobierno alternativo”.

 

Es tarea de la oposición “imponer tiempos y ritmos de cambio y convertir la restauración en innovación, lo cual, en definitiva y en todo lugar, es el cometido de las oposiciones democráticas que se transforman en gobierno”.

 

“Uno de los comportamientos posibles de la oposición consiste en actuar conscientemente para permanecer como tal, es decir, para no verse envuelta en la acción de gobierno, ni súbitamente proyectada por sí misma al escenario gubernamental”.

 

“Una oposición conservadora en tiempos de cambio o, en cualquier caso en tiempos en que el poder del gobierno se inclina al exceso, se arriesga a reducir su fuerza y, por eso mismo, su propia representatividad”.

 

“Sólo una oposición que se arriesgue a salir a mar abierto podrá, aun antes de ganar las elecciones, parecer y ser representativa y representante de muchos de aquellos grupos cuyos intereses se agreden, cuyos ideales se olvidan y cuyos valores se pisotean. Sólo una oposición dinámica puede permanecer a la altura de las circunstancias en los períodos de cambio político, social, cultural y económicos”.
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: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).