El día después de mañana

O del lunes 10 de diciembre, que viene siendo lo mismo.

Porque hace meses que la discusión política está centrada en una especie de presente perpetuo en donde pareciera que lo único existente sobre la faz de esta tierra es la pelea por la aplicación plena o no de la Ley de Medios.

Entonces, que ésta es la preocupación central de Clarín no hay dudas y se entiende: se juega parte -leasé de nuevo: parte- de su negocio. Que a su vez Clarín haya logrado encolumnar detrás de esta pelea al resto de la oposición política y mediática nos viene a decir algunas cosas, más no sea ex-post facto: la enorme carencia de alternativas políticas opositoras capaces de articular una propuesta alternativa, superadora, diferente, o como querramos llamarle, al gobierno nacional. ¿quién si no Clarín sigue instalando una agenda opositora en nuestro país? ¿quiénes, si no la articulación entre distintos medios masivos de comunicación son la vanguardia a la hora de esmerilar el accionar oficialista?

Visto así, la estrategia oficial de concentrar todo su accionar en esta disputa, pareciera correcta. Aquí hay un acuerdo tácito entre el kirchenrismo y el clarinismo: es la madre de todas las batallas, nos necesitamos.

Ahora bien: ¿es realmente así? ¿hasta cuándo el gobierno nacional puede seguir dedicando todas sus energías a este conflicto? Porque después del 8D, o del 10D, hay, indefectiblemente, un 11D. Esa es la cagada del tiempo amigos: no deja de pasar ¿Y qué pasará el 11D? No demasiado, o al menos, nada definitorio, nada que cambie de un día para otro la correlación de fuerzas políticas y sociales que-nunca está de más recordarlo en estos tiempos de supuestos absolutismos- no se altera nunca por ruptura si no por la persistente continuidad de tendencias sutiles y, muchas veces, hasta casi imperceptibles. Para decirlo redondamente: no hay aquí revolución alguna (y, dicho sea, sigo con mi cruzada “haciendo amigos ultras”, ni siquiera una revolución triunfante altera per se las correlaciones de fuerzas en una sociedad. Por supuesto que modificará el control estatal y, por ende, los resortes institucionales del mismo, pero aún con la llegada al “poder” lejos estará de que eso se refleje en un apoyo mayoritario en lo social y aún menos en lo cultural) y el martes 11 de diciembre, y quién sabe por cuánto tiempo, seguirá abierta esta pelea con parte de los grandes medios de comunicación.

Dicho esto, y palpitando que en el mediano plazo el oficialismo logrará -institucionalmente, legalmente y políticamente- doblarle el brazo al Grupo Clarín y este se verá obligado a respetar la Ley de SCA, no está de más compartir lo que constituye una preocupación que excede a quien esto escribe, y que se observa con facilidad si uno es capaz de escapar al cada vez más asfixiante microclima “mediático” (por si no queda claro: este microclima mediático es compartido por sectores del kirchnerismo y la oposición, por compañeros y adversarios, por tirios y troyanos): el kirchnerismo, tanto en su faz gubernamental, como en su faz política, pero sobre todo en su activo militante, debe pasar de pantalla. Porque si no lo hace, corre el severo riesgo de terminar logrando una victoria pírrica contra Clarín.

Porque afuera de la tele, afuera de los diarios, afuera de facebook y de tuiter y de los blogs (muy afuera de acá, por cierto) y afuera de los despachos, pasan cosas.

Nos vemos en la Plaza el domingo, porque una cosa no quita la otra.

Foto.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.