Escenarios

Por Nicolás Tereschuk y Abelardo Vitale

¿Y entonces, qué pasó?

  • El modelo económico del partido “liberal” que en esta etapa gobierna, un modelo económico muy conocido en sus características, ha entrado en una crisis cambiaria.
  • Los sectores a los que representa el presidente Mauricio Macri impulsan un programa de “modernización” del país que entiende la “normalización” de la economía argentina como la concibe un sector de las grandes empresas más dinámicas que actúan en el país (la mayoría ellas vinculadas al sector financiero y de capital extranjero). Es “normal” entonces una apertura de la cuenta capital, tasa de de interés real positiva, alguna dosis de atraso cambiario, creación de instrumentos financieros que atraigan a los capitales extranjeros -en general dando opciones de ganancias de cortísimo plazo-, crecimiento de las importaciones, endeudamiento y fuga de divisas. A esto se adiciona la posibilidad de que las empresas más dinámicas de la cúpula empresaria también se endeuden en el exterior sobre todo para participar de el esquema financiero antes mencionado. Las actividades que se ven beneficiadas son las financieras por sobre las productivas. Al mismo tiempo, se ofrecen algunas oportunidades de negocios en sectores muy específicos y fuertemente dependientes de ciertas regulaciones gubernamentales (obra pública, construcción, energía, agro, minería). Una especie de “nueva” patria contratista, que actúa en tándem con la financiera.
  • Como enseña Guillermo O’Donnell, al analizar otra versión de este liberalismo, los extranjeros que deben poner los dólares en este tipo de modelos siempre esperan para ver. “El saqueo se detiene” pero nunca inician la lluvia de inversiones hasta no asegurarse que sus amigos, que ahora están en puestos clave del área económica, no sólo puedan manejar la situación actual, sino que están en condiciones de derrotar en el mediano plazo a todos los perdedores del modelo que se les opondrán de maneras más menos intensas. “La ortodoxia se demuestra andando”, sobre todo políticamente.
  • En ese contexto, durante el intento de “normalización” de cara a la “modernización”, los sectores perjudicados son la industria, las economías regionales, las empresas dedicadas al consumo masivo, los pequeños comercios, las pymes, los sindicatos y sus afiliados. También los trabajadores informales, a quienes se les ofrecen planes sociales, los cuales en el contexto antes descrito cumplen una función algo diferente al que se les otorga ante una economía que prioriza el consumo y el mercado interno. Es algo similar a lo que ocurre con sindicatos que pasan de reclamar por el Impuesto a las Ganancias a preocuparse por los puestos de trabajo de sus afiliados.
  • Para ese programa de “normalización”, el dinero se acabó. En un contexto de cambio del escenario internacional (un cambio muy esperado y anunciado durante años, por lo que la suba de tasas de Estados Unidos no es un “cisne negro”) los más de 100 mil millones de dólares de endeudamiento de estos últimos dos años no están más y tenemos una crisis cambiaria.
  • Así las cosas es que el Gobierno anunció negociaciones con el FMI por un préstamo que se irá desembolsando en partes, previo revisiones de metas que el organismo internacional planteará. Desde hace 40 años, cuando se desencadenó la crisis de la deuda latinoamericana, que casi hace quebrar a los bancos norteamericanos, el FMI se dedica a salvar a los acreedores. Y eso hará también esta vez. Buscando aportar dólares para aceitar la forma en que esos acreedores internacionales registren la menor cantidad de pérdidas posibles. El Fondo -si se alcanza el acuerdo- buscará evitar, claro, que los dólares que aporte, sean fugados por los siempre voraces actores locales, como Gianfranco Macri o tantos tantos que luego esperan los periódicos blanqueos para emprolijar lo que ya tienen depositado en algún banco extranjero.

¿Y entonces qué puede pasar?

  • Los argentinos contemporáneos estamos acostumbrados a pensar la idea de “crisis” como la crisis de 2001, es decir una crisis sistémica. Que es cambiaria, como la que vemos hasta aquí, pero también monetaria y bancaria, social y política, con salida anticipada del Presidente.
  • Este es uno de los escenarios posibles, pero cabe desear que no sea el más factible.Que el presidente Macri no logre estabilizar las variables económicas en un punto, que no logre ni siquiera una coordinación entre los sectores que lo ayudaron hasta aquí aún cuando quieran -quizás- ayudarlo a que continúe y evitar que su situación se vuelva insostenible.
  • Pero no es el único escenario posible. Los presidentes argentinos han enfrentado otras crisis de balanza de pagos y cambiarias en la historia argentina desde la caída de Hipólito Yrigoyen en 1930 hasta la crisis de 2001.
  • Es interesante ver que algunos capearon esas crisis en el cargo y otros, aunque fueran crisis más “livianas” que la de 2001, también se tuvieron que ir antes de tiempo.
  • Mencionemos por ejemplo dos casos de crisis que enfrentaron programas “liberales”: en 1980, José Martínez de Hoz experimentó la crisis bancaria que puso fin al período de la “plata dulce”. Entonces quebró el Banco de Intercambio Regional (BIR) y 37 entidades financieras más, lo que generó una fuerte crisis económica. En marzo de 1981 asumió el dictador Roberto Viola en lugar de Jorge Videla y también finalizó la gestión de Martínez de Hoz. Pero la dictadura, como sabemos, continuó un par de años más.
  • A fines de 1994 estalló la crisis del Tequila en México. Durante 1995, año de la reelección de Carlos Menem, en el sistema financiero argentino hubo una fuga de unos 8 mil millones de dólares, el endeudamiento aumentó, el PBI se contrajo y la desocupación se triplicó. Una treintena de bancos quebraron o fueron absorbidos  por otras entidades. Aún así Menem fue reelecto, la economía creció en 1996 y 1997 y aquel presidente peronista finalizó su mandato.
  • ¿Qué queremos decir? Que otro escenario posible es que el presidente Macri estabilice las variables económicas en un punto, se respalde en su base de votantes más “duros” (24% que optó por su boleta en agosto de 2015 o 30% que eligió Cambiemos en esa oportunidad), reorganice su base de apoyos y “aguante” desde ahí, usando toda la batería de “fierros” (los literales y los metafóricos) que posee para buscar que su coalición continúe a partir del año próximo por un nuevo mandato.
  • Debe quedar clara una cosa: cuando estos gobiernos neoliberales tienen problemas -al igual que como cuando no los tienen- piensan las salidas perjudicando más a los sectores populares. Esto no es parte de un “plan”, es simplemente lo único que saben hacer.

 

¿Y entonces qué significa esto para la oposición?

  • Como siempre postulamos, en los regímenes presidencialistas como el de Argentina la carga de la responsabilidad y, por ende, de la conformación del “escenario político”, recae en el Presidente. Lo cual no quita que la oposición tenga que también adaptar sus estrategias a la nueva situación.
  • Descartemos aquí toda especulación de cómo debiera obrar esta oposición en el hipotético caso de que la hasta ahora crisis cambiaria se convierta en una crisis sistémica. Insistimos: esto no es 2001 aunque sea la Argentina. Partimos de la base entonces de que Macri estabiliza la situación en un nivel “más bajo” de apoyos.
  • Primera cuestión: la oposición no es “una oposición” sino “las oposiciones”. Y el reciente voto en conjunto en la Cámara de Diputados es mucho más una reacción ante las errores y la ceguera del oficialismo que una clara intención unitaria de esos sectores todavía desperdigados del kirchnerismo, el Frente Renovador y el bloque del Justicialismo Federal. Sin embargo no hay que ser demasiado perspicaz para intuir que, ante las más que probables medidas recesivas que impulsará el FMI, esa coincidencia táctica tenderá a repetirse. La razón es tan obvia que hasta avergüenza anotarla: ¿por qué debiera cualquier sector de la oposición compartir los costos del desmanejo y la ineficacia del oficialismo? “FMI” es una bandera rechazada por grandes mayorías. Y no es la oposición la que la ha izado.
  • Sin embargo, cabe anotar que la actual crisis económica y política sí encarna un riesgo para estas oposiciones: que alguna de ellas, o incluso más de una, considere que así “les alcanza” para tornarse competitivas e ir sola a las próximas elecciones, abandonando antes de empezar el intento de construcción de una oposición más robusta, plural y competitiva.  
  • No se trata de decir “unidad, unidad”. Se trata de encontrar mecanismos que hagan que se produzca una alternancia en la Argentina: que el próximo presidente sea opositor. Desde estas páginas diremos: que el próximo presidente sea peronista.
  • Una última consideración acerca de la importancia de lo que aquí consideramos “una oposición verdaderamente responsable”: si el actual oficialismo continúa en este sendero de fracaso, la existencia de una oposición articulada, consecuente en su oposición, generadora de nuevas expectativas y, sobre todo, electoralmente competitiva es una responsabilidad institucional indelegable. Porque la política, los mercados y, sobre todo, la sociedad, no merecen ni soportan al vacío.  

 

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