La autonomía estatal Kirchnerista vs. el poder de Moyano

¿Es el kirchnerismo la cristalización de un proceso político de autonomía estatal inédita en nuestro país? Dicha autonomía estatal como estrategia de poder ¿es la táctica en la que se guarece el kirchnerismo para los próximos años? ¿La autonomía estatal como construcción de poder, permite un sostenimiento político acorde a los tiempos de crisis? Mediante esta tipo de construcción ¿se ensancha la coalición de apoyos o se resta aliados?

Este post no pretende dar respuestas cerradas en torno a estos interrogantes, pero sí procura entender la estrategia de poder del kirchnerismo, para la etapa que se avecina. Como se escribió hace poquito tiempo aquí, estas notas le dan continuidad al análisis en clave de autonomía estatal- incertidumbre- factor de poder, esquema por el cual intentaré entender las razones por la que el gobierno termina de divorciarse de uno de los aliados naturales durante gran parte de las administraciones kirchneristas, como es Hugo Moyano.

Sin aspirar a un detallado examen de las razones personales que habitan en los vínculos políticos y que pueden convertirse en factores explicativos del divorcio Gobierno- Moyano  (que muchos análisis periodísticos le dan categoría de verosímil) aquí exploraremos una respuesta basada en razones políticas y formuladas en clave de pregunta. Es decir, los avatares personales de la relación CFK- Moyano, carecen, por sí solas, de la fuerza explicativa para poder explicitar el divorcio de los otrora aliados.

La autonomía esgrimida por el gobierno a lo largo de estos 9 años (y más claramente palpable en los últimos cuatro) resulta el factor explicativo más importante para comprender su relacionamiento con el resto de los actores sociales y políticos, incluido por supuesto el sindical. El kirchnerismo ha pretendido convertirse en un factor de poder inédito para la historia política del país desde la restauración democrática, a partir de un proceso de emancipación que generó importantes grados de incertidumbre para el resto de los actores.  Como se dijo, esta incertidumbre produce mayores temores en lo más alto de la pirámide social, ya que en su mayoría, son los empresarios y los grupos de poder más importantes quienes vieron durante décadas asegurados sus negocios al amparo de un estado dócil y poco renuente a la transformación de las reglas del juego y hoy se muestran escandalizados ante la “avanzada K”. Esta incertidumbre puede entenderse a partir de que dichos grupos sufren la pérdida de la iniciativa propia sin intromisiones oficiales y  deben contar con la presencia de un Estado con juego propio y con capacidad de dominio sobre el entramado social.

El kirchnerismo, en ese sentido, ha pateado el tablero político a partir de una estrategia de avanzada, basada en hacer del Estado un agente de poder con capacidad de disciplinar al resto de los actores. Desde allí que no sólo los empresarios sientan el desamparo oficial  sino que también hoy pasen por el mismo desfile los dirigentes sindicales, en especial, su líder. Es decir, el disciplinamiento oficial se dirige hacia los actores con poder de veto sin distinción de credenciales y aquí el poder de Hugo Moyano emerge como uno de los desafíos a los que se enfrenta (ba) el gobierno.

En ese sentido, el gobierno se mueve suelto de cuerpo frente a las corporaciones y haciendo sentir fuertemente su presencia en la arena de la toma de decisiones. Sin embargo, es justo aclarar que el planeo aéreo sobre los intereses en pugna puede resultar una eficaz estrategia en sociedades donde priman los negocios corporativos que ahogan el accionar el estatal (aquellos hijos de la “conciliación de clases” atada al estado de Bienestar, tipo europeo), pero ¿es una jugada eficaz en países en donde el poder real de dichos actores es desigual como en el nuestro y en general, en los sudamericanos?.  ¿Es lógico tratar por igual a las cámaras empresariales que a las sindicales?¿No colisiona esta táctica frente a la postulada por la presidenta de “no neutralidad” en el conflicto social?

Hoy el kirchnerismo ha decidido dejar en el camino a una de sus espadas de antaño, sin tener, al menos a simple vista, a su reemplazante en el trono de Azopardo. El “aguante de Hugo”, en las buenas y en las malas, durante la etapa kirchnerista no puede cuestionarse y fue palpable en los últimos años. Es cierto que el modelo económico que primó le permitió al sindicalismo gozar de una importante porción de poder y obtener para sus asociados jugosos dividendos (aunque, como es evidente, no se trate del mejor de los mundos) para poder legitimarse. Con seguridad, la táctica gremial de demandar lugares en las listas, su reclamo histórico de aumento del mínimo no imponible, el amago de parar el país luego del exhorto suizo, entre otros, fungieron como elementos que sumados dan como ecuación un proceso de desgaste frente a un gobierno poco proclive a verse corrido de su estrategia de “control social”.

En ese marco, la pregunta a responder es ¿al debilitar la posición de Moyano al frente de la CGT, no se está resintiendo al sindicalismo? Al atacar al líder camionero, ¿no le estamos sacando los argumentos históricos a los sectores antisindicales? Conviene recordar que la derecha durante años denostó el comportamiento de Moyano, no sólo por ser un estrecho  aliado del kirchnerismo, sino también por que su accionar colisionaba con la histórica docilidad gremial de los tiempos del neoliberalismo. Por lo tanto, ¿Qué utilidades obtiene el gobierno, salvo la de desalojar del trono a un actor con pretensiones de poder?  En pos de mantener indemne la autonomía estatal ¿es conveniente dejar al sindicalismo flaco de poderes? ¿Es Moyano un actor con capacidad de dañar al gobierno?

Se torna innegable aclarar que la estrategia de autonomía de los actores económicos sociales por parte del Estado en esta década le permitió al kirchnerismo producir un proceso de  transformaciones vitales para dejar atrás las consecuencias nefastas del neoliberalismo militar- menemistas de los últimos treinta años. Lo que se plantea en este post es si esta exitosa estrategia de poder puede convertirse en un fin en sí misma (la estrategia para ayer, hoy y siempre) o sí ya esta variante de poder estatal necesita de “otras dependencias” para avanzar hacia una mayor transformación económica y social.

¿Habrá llegado la hora de una autonomía con sintonía fina? ¿Se puede profundizar el modelo desde esta estrategia y cercando a los aliados naturales? ¿Se fortalece a los aliados restándole poder a sus líderes? Como siempre la realidad se encargará de responder estos ansiosos interrogantes.

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)