La dimensión conocida

Por María Esperanza Casullo, Nicolás Tereschuk, Sergio De Piero y Abelardo Vitale

 

Pocos meses antes de comenzar el último mandato de Cristina Kirchner, se leía en este blog:

Una gran frase de un gran filósofo dice, “sobre lo que no se puede hablar, es necesario callar.” Y sobre lo que va a suceder en los próximos años en la política argentina poco podemos decir hoy, porque no sabemos qué sucederá.

Y no sabemos lo que sucederá porque, como un navío medieval estamos entrando en un Mare In Cognito, en un océano desconocido. Por lo tanto, todo puede suceder.

Por momento pareciera que no hay conciencia sobre lo novedoso del momento político actual, y sobre lo inútil que es tratar de analizarlo con categorías inactuales.

El tercer mandato kirchnerista, con la reelección por amplio margen de una presidenta sin posibilidades de continuar en el cargo al término del mandato, auguraba un escenario desconocido en varios aspectos para la actual generación. Las tensiones que se registraron durante esa última gestión y el acceso al poder del líder del PRO, Mauricio Macri, no hicieron más que confirmar esa sensación de “terra incógnita”.

Buena parte de quienes gustamos de debatir sobre la actualidad de nuestro país, nos arrojamos en los últimos dos años y medio a interesantes y quizás necesarios debates en torno a la caracterización del macrismo. En ese contexto, no sólo los observadores sino también los dirigentes políticos se reconocieron en varios momentos extrañados, desorientados, a la expectativa, reflexivos. Incluso aquellos que podían sentirse más seguros de estar comprendiendo la realidad se dedicaron a buscar la forma de explicarla, describirla, tocar sus contornos, mostrar sus elementos esenciales.

Es decir, que de una forma u otra los últimos siete u ocho años han estado marcados por un cierto extrañamiento. Puntualmente para amplios sectores de la oposición y especialmente en el peronismo, no han sido pocos los pronósticos que han fallado en uno u otro momento en el período.

Sin embargo, desde poco antes de diciembre pasado, hay una sensación que es la contraria. Que es la de encontrar un orden de los acontecimientos, la capacidad de prever, incluso como quien está viendo una película por segunda, tercera o cuarta vez. El drama que se despliega ante nuestros ojos tiene un guión conocido, una estructura narrativa que percibimos como familiar.

El recorte a los jubilados, la movilización ciudadana, la aceleración de la inflación, la corrida cambiaria, el “shock” externo a partir de las vulnerabilidades determinadas por las actuales políticas, la reentré del  Fondo Monetario, las fisuras en la cúpula empresaria con respecto a las políticas oficiales. Son movimientos reconocibles para más de una generación.

El contexto y el devenir del gobierno de Cambiemos se convierte en un multiplicador de preguntas acerca del presente y en particular del futuro. Pero algunos interrogantes comienzan a contestarse: ya tenemos un diagnóstico más general sobre lo que es y lo que no es Cambiemos y en particular el macrismo. El tipo de crisis (centrada en el sector financiero) y el modo de resolverla, nos presentó una imagen algo más nítida de las capacidades y los límites de esta nueva alianza política. Sobre todo, el tipo de crisis que quedó de manifiesto en estas semanas nos sonó conocida: endeudamiento externo que funcionó a pleno durante dos años sin que éste motorizara ni la inversión ni el crecimiento económico pleno, desmantelamiento de los mecanismos de protección financiera vernácula, un evento X que invita a los capitales extranjeros a retirarse, fuga hacia el dólar, devaluación. Esta secuencia ya la hemos visto antes.

Frente a esto, y también por primera vez, se notó una mayor, no sabemos si coordinación, pero sí una fisonomía común en la respuesta del peronismo opositor. No se sabe cuánto grado de articulación existió en esta reacción, pero los diversos espacios que componen ese mundo desplegaron una estrategia casi monocolor en torno de la crisis financiera: “no aportaremos ingobernabilidad; resuelvan la crisis que ustedes generaron”. Casi no existió dirigente o línea interna que en el espacio público desplegara una lectura distinta frente a lo que estaba sucediendo. ¿Fue mérito del peronismo esa réplica? Estamos tentados a creer que las acciones del macrismo en el poder obligaron a todo el mundo peronista a abandonar sus posiciones -hasta aquí más preocupadas en su mundo interno que en la galaxia política- y a obrar en consecuencia. Lejos está la unidad de cara a un proceso electoral, del cual también nos separa un buen lapso de tiempo, pero como decíamos al principio, la lectura de octubre era contraria a estas acciones, plagada de derrotismo. Si hasta hace un par de meses la lectura era “necesitamos alguien que vaya a perder como Massaccessi”, el discurso ahora es … esperar y ver. Y acotar que no es el peronismo el que está yendo a pedir ayuda al FMI.

Tenemos, entonces, nuevas lecturas: la victoria del macrismo en 2019 está lejos de ser un axioma, su propia vida política se ha tornado mucho más embarrada que lo que podía observarse hace tan solo un par de meses. El peronismo, aun con su sesgo natural hacia la vida del invertebrado, lee este escenario, y cambia su mirada, sin fijar aún una estrategia unificada.

Pero ojo, que hayamos entrado a una “fase dos” en el gobierno de Cambiemos, en la cual el gobierno pasó del país venturoso de la lluvia de inversiones a pretender vender a la sociedad un maxiajuste, y el peronismo pasó del desconcierto al “no somos esto”, no significa que lo que venga no tenga también tonos novedosos. En ese cambio de escenario, es dable pensar que no van repetirse las opciones del pasado. (Y por esto hacen tanto ruido la idea de “buscar un Kirchner” como la de “buscar un Massaccessi.”) Reducir las opciones del peronismo a “kirchnerismo – no kirchnerismo” es desconocer la multiplicidad de actores (que pueden cruzar, o entrar y salir de esa mirada binaria) y a la vez no percibir que la política desplegada por el macrismo también produce efectos en la oposición. ¿Ese lapso que demandó construir un diagnóstico sobre Cambiemos pudo haber sido en vano? Difícil. Pareciera que todos y todas, comienzan a percibir los alcances de la nueva criatura política; sus efectos en el país todo y en sus propias vidas políticas.

¿Por qué no pensar, entonces, que el peronismo puede darse otras alternativas, algunas innovaciones? ¿Cuál sería el modelo a diseñar para la definición de un candidato que haga que la ecuación sea exitosa? Al mirar hacia atrás, desde la muerte del general Perón, lo modos de resolver esa cuestión no han sido uniformes. Es más, repasemos: Menem, triunfó en la hasta ahora única interna; Duhalde controlaba el mayor distrito del país y una alianza con los gobernadores; Kirchner, alianza múltiple y un sistema electoral ad hoc; Cristina Fernández el apoyo del presidente saliente y luego su propia gestión; Scioli, vuelven las alianzas múltiples más la imagen.

¿Cuál sería aquí la variable independiente? ¿A qué podríamos calificar como “aquello que el peronismo ha hecho siempre”? La innovación de cara al 2019 no sólo es necesaria, sino que es lo que el peronismo siempre ha hecho en los momentos de cambio de ciclo histórico. Algunos de los que ya han inscripto su nombre para una posible candidatura, han apoyado la realización de una PASO; otros piensan en alianzas y acuerdos sin necesidad de compulsa. Se dice que CFK no se presentará ¿podría actuar ella como la garante de un proceso electoral interno que avale un desarrollo productivo y exitoso? ¿Cuáles podrían ser esas otras innovaciones que peronismo debería gestarse?

Una última nota al pie, más atenta a los devenires de la opinión pública, y sobre todo publicada, que al lento pero persistente discurrir de los movimientos tectónicos (aquellos que rara vez se ven, pero que existen e incluso a veces se sienten) del clima político y social: se ha puesto de moda en estas semanas remarcar que todo aquello que pierde el oficialismo de apoyo y de imagen positiva “no lo capitaliza nadie de la oposición”. Esto, que puede ser como parte de la foto del presente una aseveración correcta, no tiene la menor importancia de cara al futuro electoral de la Argentina. Y no la tiene por una sencilla razón: la primera condición para una alternancia política es la disposición de una mayoría a cambiar. Para que esa disposición exista es menester, previamente, que aquellos que confiaban o tenían expectativas en el actual oficialismo dejen de tenerlas. Y eso es lo que está sucediendo.

De cómo transformar esta decepción en alternativa, o al menos preguntarse de cómo hacerlo, trata gran parte de este post. Lo único que podemos aseverar sin temor a equivocarnos es que al entrar al cuarto oscuro, el año próximo, candidato o candidata opositora habrá.

 

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