La résistance

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¿Cuán presente es el “Estado presente” montado por el kirchnerismo? ¿De qué manera y a qué velocidad lo desmonta el macrismo? ¿Cuán “irreversible” era lo que era y es lo que queda? ¿Qué dinámicas se dan cuando la marea de la presencia del Estado baja y cuáles son los mecanismos que se utilizan para hacerla bajar? ¿Cuán gradualista desea ser el gradualismo y con cuánto shock sueñan los CEOs en las cocinas de sus casas? ¿Qué continuidades y qué cambios plantea la mesa de arena y la realidad liderada por Mauricio Macri?

Algunas de estas preguntas han dado forma a debates y planteos que los lectores de este blog seguramente ya conocen. Para ilustrar un poco más de qué hablamos cuando hablamos de retracción del Estado, vamos a repasar un clásico de estas temáticas para el caso de los países centrales, como una forma de evaluar si es que hay algún elemento que nos pueda iluminar nuestros desvelos locales.

Se trata del paper de Paul Pierson de 1996 “The New Politics of the Welfare State”, un trabajo en el que, como lo señala el título, el autor trata de meterse en la dinámica que ha tenido en concreto no ya la construcción sino de la retracción del Estado de Bienestar en los países desarrollados.

¿Cómo se desarrolla la estrategia política y la dinámica de desmontar un Estado de Bienestar, en el caso de los países centrales, podríamos llamarle “más extendido y presente” en el caso sudamericano, argentino? Veamos. Nos dice Pierson: “Hay una profunda diferencia entre extender beneficios a un gran número de personas y quitar esos beneficios”. Algunos fragmentos que explican esta idea:

“La política de la retracción es típicamente traicionera porque impone pérdidas tangibles a grupos concentrados de votantes a cambio de ganancias difusas e inciertas. La retracción involucra un delicado esfuerzo o bien para transformar el cambio programático en una propuesta electoralmente atractiva o, al menos, para minimizar los costos políticos inherentes. Los militantes de la retracción deben persuadir a sus vacilantes partidarios de que el precio de las reformas es manejable -una tarea que las quejas públicas sustanciales hacen casi imposible”.

“La retracción es generalmente un ejercicio de evitar la responsabilidad antes de obtener el crédito, primariamente porque sus costos están concentrados (y a menudo son inmediatos), mientras que los beneficios no lo son”.

“Esta nueva política, marcada por presiones para evitar la responsabilidad por políticas impopulares dicta nuevas estrategias políticas. Los impulsores de la retracción buscarán hacer jugar a un grupo de beneficiario contra otros y desarrollar reformas que compensen a grupos políticamente cruciales por los beneficios perdidos. Los que estén a favor de los recortes buscarán reducir la visibilidad de las reformas o bien haciendo que sea más difícil para los votantes rastrear la responsabilidad por esos efectos hacia funcionarios particulares. Cuando sea posible, los funcionarios buscarán amplios consensos sobre las reformas de manera de esparcir la responsabilidad”.

 

¿Suena? Bien, vamos a los casos concretos. Pierson toma cuatro casos de los países centrales, los de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Suecia. Las conclusiones generales son las siguientes:

  1. Hay poca evidencia sobre cuánto influye el tamaño del Estado y los recursos que manejan los sectores de izquierda en los resultados del proceso de retracción
  2. La impopularidad de la retracción hace que los grandes recortes sean poco probables excepto bajo crisis presupuestarias y aún así las reestructuraciones radiales son difíciles de concretar.
  3. Por la misma razón, generalmente los gobiernos buscan negociar paquetes de consenso antes que imponer reformas unilateralmente, lo cual a su vez disminuye el potencial de una reforma radical.
  4. Lejos de crear una dinámica que se refuerza, los recortes tienden a reponer el apoyo por el Estado de Bienestar.

El autor analiza el gasto en seguridad social y el total de desembolsos del gobierno como porcentaje del PIB. En los cuatro casos se mantienen relativamente sin cambios nada menos que entre 1974 y 1990 (recordemos, durante buena parte de esos períodos gobernaron Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Helmut Kohl. En ese contexto, el estudio de Pierson señala que pocas áreas sufrieron fuertes recortes: entre ellas se destacan las políticas de vivienda en Gran Bretaña y las jubilaciones alemanas.

Al parecer, el “gradualismo” corre incluso para los gobiernos ultras que tienen la mayoría de los resortes político-institucionales en las manos, si se tiene en cuenta el caso de Thatcher: terminada la experiencia conservadora, el Estado benefactor británico permanece, aunque algo “abollado”, mayormente “intacto”.

“En términos generales, los conservadores británicos se encontraron con que el Estado de Bienestar era un campo minado político, siendo que el apoyo popular por el gasto social permanecía fuerte. De hecho, la opinión pública británica referida a la política social revela el mismo patrón que en todos los otros casos: una modesta declinación en el apoyo al Estado de Bienestar precedió a la llegada del gobierno de Thatcher, pero luego rebotó ante la primera señal de recortes serios. La opinión pública británica se ha mostrado fuerte y crecientemente a favor de mantener o incluso hacer crecer la provisión social”.

“Mientras que el gobierno logró algunos recortes incrementales no triviales en una serie de programas, los esfuerzos por una retracción radical del Estado de bienestar fallaron, frecuentemente con un costo político alto”.

Cuando Pierson analiza el caso norteamericano, incluso con sindicatos más débiles, “salvo en el primer año de Reagan” la cosa luce similar. “El asalto reaganista al Estado de bienestar se petrificó en 1982, cuando mayores recortes presupuestarios fueron rechazados”. La intención de Reagan de traspasar la seguridad social a los Estados murió en el Congreso sin que un solo legislador la auspiciara. Y en ese contexto los programas a favor de la clase media “también aguantaron la tormenta”.

“Aunque generalmente se argumenta que la naturaleza residual del Estado de Bienestar en Estados Unidos crea una base política angosta (para su defensa), la reacción inicial en su contra fue de corta duración. La declinación del apoyo a los programas sociales precedió a la llegada de Reagan.  Desde 1982 en adelante -es decir, inmediatamente después de la primera ronda de recortes presupuestarios- las encuestas revelaron un creciente apoyo al Estado de Bienestar”. Y luego “Reagan se volvió mucho más dubitativo a medida que el apoyo popular por la retracción del Estado de Bienestar decaía”.

Podría seguir traduciendo el paper. A mí ya me dejó bastante para pensar. ¿A ustedes no?

Foto.

: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).