Nueve meses para atrás

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En estos nueve meses de gobierno de Mauricio Macri se nos inscribieron algunas certezas, algunas intuiciones y algunas perspectivas a futuro referidas a cómo gobierna el Presidente, eje central en la dinámica política de un país como la Argentina.

Si intentáramos resumir estas ideas, podrían plantearse de esta forma:

Lo que sabemos:

  1. “¿Nueva derecha?”:  El gobierno de Mauricio Macri se compone y se mueve como un gobierno de derecha clásico en la Argentina. Lo “corto” de su rango de políticas públicas aceptables o aun pensables, el concepto que tiene del Estado y de la historia nacional y, simplificando, el acento en el habla de sus principales funcionarios -correspondiente a no más de tres barrios de la Ciudad de Buenos Aires- completa el resto del panorama. Tomando una idea de Guillermo O’Donnell de la década del 70, podría decirse que la clave para comprender esta realidad no está en si el PRO plantea un Estado más grande o más chico, sino que ese Estado -tenga el tamaño que tenga- buscará sostener, alentar y expresar los intereses de las grandes empresas -locales y extranjeras-. En la “salud” de esos sectores, se reflejará la “salud” del país. No hay novedad en esa derecha. No le demos vueltas, porque siempre encontraremos lo mismo..

2. Modelo económico de exclusión, políticas sociales que no compensan. En estos primeros nueve meses se observa que las principales medidas tomadas en el plano económico y productivo estuvieron destinadas y tuvieron como consecuencia incrementar los beneficios empresariales, especialmente los de sus fracciones más concentradas del capital agropecuario y financiero así como las grandes empresas que fabrican y venden productos de consumo masivo (desde La Serenísima, hasta las cadenas de supermercados). Es un gobierno de CEOs y para CEOs, que concibe que la función económica del Estado debe ser, centralmente, la de instaurar óptimas condiciones para promover la tan anunciada -y hasta ahora postergada- lluvia de inversiones. La prioridad es llenar el bolsillo de los poderosos, luego ellos se encargarán de “derramar” sus beneficios en ayuda social. ¿Les suena? Nada nuevo bajo el sol. En ese marco, son prácticamente inexistentes las políticas económicas que buscan ampliar al colectivo de “beneficiarios” y la política social destinada a los sectores más vulnerables resulta insuficiente, al ser incapaz de revertir las consecuencias nocivas de un modelo económico excluyente y con un claro signo regresivo en materia de distribución del ingreso.

3. No son republicanos, ni institucionalistas: Las oposiciones que se enfrentan y se enfrentaron a los gobiernos del “giro a la izquierda” registrado en Sudamérica en la primera década de este siglo, no han sido “portadoras de institucionalidad” en la mayoría de los países. Y el macrismo no es una excepción. En un país en el que las reglas no se aplican tal como lo marca la norma escrita, o la norma misma es permanentemente modificada, aquella oposición ahora en el gobierno es otra expresión de esa realidad. Repasemos: Jueces de la Corte a los que se intenta nombrar por decreto; DNUs varios para modificar leyes profundamente discutidas; temas “tabú” para los “viejos” partidos políticos como meter mano en los datos de la ANSES con fines electorales; el impulso al mayor cambio en la manera de votar en cien años; prisión por motivos políticos a la dirigente indígena Milagro Sala; el incremento de la autonomía de las Fuerzas Armadas a través de la derogación de un decreto de Raúl Alfonsín; la utilización de la ley conocida como “antiterrorista” para apresar a un twittero que hizo un chiste; un protocolo para la actuación de las fuerzas de seguridad que limita el derecho a la protesta dando prioridad al llamado “derecho a circular”; intervención sobre áreas en las que el Gobierno central históricamente respetó la autonomía garantizada por ley, como el Conicet. Ejemplos que no hablan de un gobierno con apego a las instituciones, sean estas cuales sean, y que desde una mirada estrictamente institucionalista podrían considerarse como mecanismos para “inclinar la cancha” a favor del oficialismo. Es decir, lejos de iniciar un camino a una institucionalidad previsible, seguimos en la misma lógica que este gobierno cuando era oposición criticaba de forma sistemática. Ni republicanos, ni institucionalistas.

4. En pocos meses generaron -por acción u omisión- retrocesos en cuestiones que algunos creían saldadas, como la política de derechos humanos: resulta ser que, al contrario de lo que muchos postulaban, los juicios sobre la dictadura sí tienen ateos; el “revisionismo” de un proyecto fuertemente ideológico ha llegado a querer discutir la política de Derechos Humanos, la política migratoria, la política de derechos del trabajo -entre otras- que se habían construido no en doce sino en treinta años. Hablamos aquí de las políticas sobre las que no hubo grandes polémicas durante la campaña electoral ni en años anteriores. Sin embargo, se trata no casualmente de tres temas que la derecha argentina ha cuestionado por décadas. En esto también el gobierno se parece mucho más a una derecha clásica que a una derecha moderna.

5. El Gobierno tiene problemas manejando su ala dura empresaria: El macrismo ha generado, en lo que va de su primer año, más éxitos en el terreno “político” que en el “económico”. En la Argentina del PRO han aportado más a la “gobernabilidad” el peronismo y los gremios -actores centrales de la oposición- que los empresarios -actores centrales del oficialismo-. Hasta hoy, y a contramano de una lectura simplista, vuelve a ser el peronismo en la oposición el garante de gobernabilidad, tanto en el Congreso como en el ámbito gremial tradicional. Esto genera una serie de problemas en la dinámica política del gobierno, porque una gestión en la Casa Rosada puede ser de derecha o de izquierda en la Argentina, pero ante todo, tiene que funcionar. Es decir, debe poder presentar una serie de resultados tangibles y con perspectivas de proveer rédito político. Debe hacer goles.

6. No hay “halcones” y “palomas”. Hay “alópatas” y “homeópatas”: En un gobierno que es “duro”, “intenso” y bastante homogéneo en lo ideológico, la disputa principal no es entre “halcones” y “palomas” o “políticos” y “técnicos”. En el contexto de un gobierno de derecha, hay un sector más vinculado a “cómo-se-hacen-las cosas-habitualmente” -más amigo de relacionarse de una cierta manera con los medios, la Justicia, los Gobernadores, los Intendentes, los Gremios, la Ley, los Usos y las Costumbres-. Sector este al que llamaremos “alópatas”, más amantes de la “medicina tradicional”. Y otro más vinculado a una cierta idea liviana de “innovación”, de “no escuchar al ‘círculo rojo’” -ni a nadie-, de “uso de las nuevas tecnologías” y ruptura de ciertos canales de flujo de información y bienes materiales. A este último lo llamaremos “homeópatas”. El nombramiento de jueces de la Corte por decreto, la forma y la intensidad del fallido aumento de tarifas, el uso juguetón de la tecnología, el denominado “timbreo”, el uso liviano de las palabras, forman parte de esta lógica, donde también entran la dinámica CEO y empresarial para abordar temas de Estado. En un gobierno ideológicamente intenso se trata de dos formas de aplicar la misma receta.

7. ¿Endeudamiento o ajuste? Una falsa dicotomía. El gobierno ha insistido públicamente en que su estrategia económica es el gradualismo. Según el diagnóstico oficial, el bajo nivel de endeudamiento heredado ofrece al país la posibilidad de salir a tomar deuda y con ello evitar severas políticas de ajuste (la “buena herencia” del kirchnerismo a decir de uno de los conspicuos lobbystas de la derecha argentina). En función de ello, en estos meses aumentaron significativamente los niveles de deuda no solo del Estado nacional sino también de muchas administraciones provinciales. Sin embargo, en paralelo, asistimos a una pronunciada caída del salario real (del orden de los 12 puntos, según CIFRA) junto con un aumento en los niveles de desempleo. La conclusión que se deriva de esta situación debe ser aleccionadora para el futuro inmediato: el endeudamiento viene acompañado con políticas de ajuste. Así lo atestigua nuestra propia historia. Ello explica también la voluntad del gobierno, cada vez más explícita y manifiesta, de reducir los costos salariales como forma de dar sustentabilidad a su modelo económico. Otra vez las huellas de la derecha tradicional marcan el camino a recorrer.  

8. Empeoraron todos los indicadores sociales, sea cual sea la línea de base que se tome: Todo lo que había que mejorar está peor, no nos vamos a extender en esto. Cuando aparezcan los “brotes verdes” sociales con respecto a 2015, en diciembre por ejemplo, charlamos.

9. El núcleo de su agenda es menos poder al trabajador: Los ojos inescrutables de los trabajadores que escuchan al Presidente detrás de él en la mayoría de sus presentaciones públicas no dejan de llamar la atención. Uno puede preguntarse para qué insistir con estas escenografías en donde trabajadores y trabajadoras, aparentemente incómodos, deben escuchar, mansos, que se hable mal de ellos, de sus actitudes, de regulaciones que los protegen. No es una imagen que transmita alegría o apoyo. Pero tal vez esa imagen es lo que se busca transmitir. Hoy por hoy esa es la relación de fuerza: un gobierno que avisa a los trabajadores cuál es el lugar “que les correponde”. La imagen dice más que mil políticas. Eso sí, no deja de sorprender que el presidente en ningún momento desde que asumió, al menos en relación con los laburantes, se pudo sacar la camiseta de empresario.

10. Chiquititas políticas: A la hora de dirigirse al conjunto de la sociedad, las políticas públicas del macrismo son chiquitas y lentas. Preciocistas, detallistas, pululan los “programitas”, pequeñas acciones donde hay muchos powerpoints y banners y consultoras y ONGs pero pocos efectos. Los medicamentos fuertes suelen tener efectos adversos pero también efectos positivos. Se ven muchas políticas públicas destinadas a los que no pueden esperar, a los que se aborda como si pudieran hacerlo. Cheques por e-mail, “ley de góndolas”, devolución del IVA por posnets, una página de Precios Claros en donde una persona puede confirmar que paga 10 pesos más por su manteca que en Formosa o averiguar que la leche en polvo más barata está en Córdoba, páginas web con información de cuántas empresas se crearon, leyes de “emprendorismo” en medio de una recesión: todo esto suena a que la conexión con las demandas sociales que el macrismo planteaba en la campaña electoral no parece estar en sus mejores niveles. El gobierno todos los días anuncia la realización de “cosas” cuyo impacto es mínimo. Este modo de hacer política genera dos situaciones: por una parte seguimos sin conocer por boca de quienes conducen el Estado cuál es el puerto hacia donde nos quieren llevar, en qué modelo de país estamos pensando (recordemos aquello de lo imperioso de las “políticas de Estado”). Segundo, queda por verse si de la acumulación de “cosas” resulta una política pública para mejorar la vida de las mayorías.

Opiniones:

  1. No tienen el “acceso privilegiado” que afirman tener a gobiernos ni inversores extranjeros. Sólo el normal en un gobierno de liberal de derecha. Las inversiones no llegan y es normal. Sus acciones son evaluadas y reevaluadas por los inversores que dicen fijarse en los gestos pero sobre todo se fijan en los números. Así es que se registraron más inversiones en los buenos años del kirchnerismo que en la totalidad de los años del menemismo. No es magia. Son ciclos. Sumado a ello, quienes invierten lo hace con años de antelación y miden sobre todo dos puntos: el conflicto social existente y el consumo probable. Dos elementos que hoy el macrismo le cuesta mantener ordenados.

2. No tienen una estrategia de inserción internacional. Imaginan un mundo unipolar y monocorde que ya no existe. Plantean una “vuelta al mundo” en un planeta hostil y cambiante, lleno de trampas por todos lados, en el que casi nadie tiene una hoja de ruta clara. Mal tiempo para ser ideológico en un mundo de pragmáticos.  Por ejemplo, al asumir el gobierno tomó una postura de confrontación con Rusia y China, la cual tuvo que revisar rápidamente. El gobierno argentino impulsa el libre comercio cuando el proteccionismo parece regresar al Zeitgeist político en EEUU y varios países europeos, inclusive Gran Bretaña. Su política hacia el Pacífico ya no está en la línea de las propuestas de los dos candidatos presidenciales estadounidenses: es casi seguro que el Trans Pacific Partnership no sea aprobado por el Congreso Norteamericano ni tampoco impulsado con demasiada fuerza por quien sea electo presidente.

3. Declamaciones abstractas: lucha contra el narcotráfico, pobreza cero y unir a los argentinos son la contracara del vacío de objetivos concretos y transparentes sobre las políticas públicas que se aplican. ¿Qué se está haciendo en función de esos tres ítems? Misterio…

4. Imagen de descontrol de las policías y los órganos de inteligencia: en pocos meses intrusaron la casa de la vicepresidenta; la oficina de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires; la casa de su ministro de Gobierno y uno de sus cuadros políticos más importantes, Federico Salvai; la casa de la ex presidenta de la Nación; la casa del ex ministro de Comercio; el diario Tiempo Argentino, etc. Hay incursiones “misteriosas” que nunca son explicadas con posterioridad y que están acompañadas, en general, por incrementos en la cantidad de secuestros en la Provincia.

Perspectivas:

  1. Políticamente, la principal esperanza del gobierno de cara al año próximo es la división de la oposición y el voto electrónico: dos, tres, muchos peronismos en la provincia de Buenos Aires. Dividir a “carpeteados”, “moderados” y “ultras”. Dividir y reinar, por un lado. El gobierno sabedor que lucha por ⅓ del padrón, intenta dividir esos ⅔ restante en múltiples opciones electorales (peronistas).  Por el otro, emprender la mayor reforma en la manera de votar en 100 años. Dividir el mayor municipio (peronista) del país. Estrategias esperables de un partido que gobierna por primera vez, pero que no quiere hacerlo por última. A medida que se agrave la crisis económica, la política se alineará como siempre lo hace. Desde allí el apuro en aprobar la “partición” de La Matanza y el voto electrónico a pesar de todas las debilidades que ha mostrado a nivel internacional dicho modo de elegir entre los candidatos.

2. La “importación” de agendas como el terrorismo y el narcotráfico organizado no responde a prioridades nacionales: conectarse a 200 kilómetros por hora con agencias estadounidenses como la CIA, la DEA, el FBI y el Departamento de Homeland Security; replicar desde la Cancillería los comunicados del Departamento de Estado sobre ensayos misilísticos en Corea del Norte y bombazos varios en Medio Oriente, así como denunciar que la droga que sale de aquí pasa por el “cuerno de África” para alimentar a grupos terroristas en Yemen, bueno… ¿qué tiene que ver eso con cualquier agenda de “políticas de Estado” que quieran tener la mayoría de los ciudadanos argentinos?

3. La crítica al pasado sirve para llegar. Para gobernar sirve la economía y un relato de futuro: sin logros tangibles en el terreno de los bolsillos familiares “el relato” del Gobierno será más escarpado. Si hasta puede llegar a serlo la amable mesa de Mirtha Legrand o la sonrisa buena onda de Buzzfeed. Si el objetivo de máxima en este terreno es “meter presa a CFK”, recordemos que el gobierno de la Alianza anterior hizo lo propio con Menem y meses después se aferró a la cola del helicóptero que partió de la Casa Rosada. La crítica al pasado te ayuda a llegar, desde allí que se agote a medida que pasan los meses y las respuestas en el plano económico no lleguen.

4. El kirchnerismo enfrentó a los medios concentrados y perdió. ¿Ellos se encaminan a “hacer perder” a los medios concentrados por apoyarlos?: Los medios nunca pierden. Sépanlo, compañeros del PRO. No olvidemos tampoco que siempre se corren a tiempo. Nunca caen con el gobierno de turno. Del menemismo lo hicieron unos años antes de la salida en el 99 y a De la Rúa lo acompañaron mucho más, aunque a mediados de diciembre de 2001 le dijeron “hasta acá llegamos Fernando”.

Doscientos setenta y tres días. Seis mil quinientas cincuenta y dos horas. Trescientos noventa y tres mil ciento veinte minutos. En nueve meses, esto es lo que hay.

 

 

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