Otra materia pendiente: acceso a la vivienda propia

Hablar de lo que le falta a un gobierno que uno apoya, me parece un sano ejercicio. Así, resultó muy interesante el post y los comentarios sobre los subsidios al gas. En este apunto a algo que me parece fundamental. Hasta hace pocos meses pensaba que era imprescindible un plan como el de la asignación universal que implementó el gobierno. Cumplida con éxito esa materia, en este momento creo que lo esencial es un buen plan para lograr el acceso a la vivienda propia.

Una de las frases más razonables y que más veces escuché en defensa del menemismo es: “digan lo que digan, con el turco me compré la casita”. La nula inflación, que fomentaba el crédito, favoreció efectivamente a mucha gente que consiguió acceder a su vivienda propia. Conocemos perfectamente las dificultades de aquel modelo, pero así como la tendencia a la recesión, en la convertibilidad, generó excluidos, déficit de enorme gravedad, cabe preguntarse hasta qué punto, uno de los defectos estructurales de un modelo relativamente inflacionario como el actual, es la dificultad para generar crédito en un rubro que implica un monto de dinero importante (comprarse un depto no es lo mismo que un lavarropas) y que a la vez no es una inversión laboral que busca beneficios en alguna rama de la producción.

Además de las evidentes ventajas para el progreso de la sociedad implicado en que una cantidad importante de personas accedieran a su vivienda propia, creo que apuntaría al punto neurálgico en el que es posible conseguir un mayor caudal electoral. Este tipo de beneficio apunta a sectores medios bajos y medios medios. A mi criterio los sectores medios altos en su mayoría no van a apoyar este proyecto bajo ningún punto de vista. Pero en los medios bajos, por ejemplo, habitan muchos votantes que sí podrían recuperarse (o ganarse por primera vez), si vieran mejoras en un rubro tan esencial. Además, un plan de este tipo también apuntaría a los jóvenes, que eventualmente, si se favoreciera para ellos un lugar en donde imaginar un futuro mejor de modo concreto, estoy seguro lo priorizarían por sobre la gracia que puede hacerles “alica-alicate”. Ahora, si “todos los políticos son iguales” (en lo que a sus vivencias se refiere), entonces  no sorprende que elijan “al más divertido”, más allá de que luego descubrieran en un gobierno de ese signo, lo equivocados que estaban. Pero la idea es que no tengan que darse ese golpe para aprenderlo.

El gobierno ya hizo planes de este tenor, pero muy deficitarios. No tengo los medios para evaluar el grado de dificultad de algo así, pero sí puedo plantear la siguiente disyuntiva: si es posible, hay que hacerlo porque es fundamental. Si no es posible, probablemente este sea uno de los límites más graves del modelo actual, por lo que implica el tema dentro de la sociedad.

Por supuesto de ninguna manera alcanzaría para impugnar un modelo que mostró tantos aspectos positivos como este, pero sí implicaría una fuerte limitación, porque estaría dejando afuera un sector de la sociedad muy amplio de potenciales votantes.