Para una seguridad popular: civiles en las comisarías

Torturas y desapariciones. La Policía Bonaerense es el brazo armado de la ley en uno de los territorios más complejos de la Argentina. Décadas de policialización de la seguridad ciudadana (esto es, el abandono de la cuestión a la fuerza policial con su consecuente desgobierno político) nos han llevado a un punto donde está en cuestión la obediencia de una porción de la burocracia a la autoridad política. Los burócratas con pistola se han autonomizado al punto de producir, en ejercicio de sus funciones públicas y con el uso de infraestructura y elementos de propiedad pública, delitos gravísimos.

Hay que empezar a terminar con la autarquía de las fuerzas de seguridad. Poner civiles a trabajar en las comisarías es una manera inmediata y eficaz de evitar que sean usadas para la comisión de actos delictivos por parte del personal policial. Y si lo que hay no es un descontrol institucional sino “manzanas podridas” pues que se pudran afuera (hasta que sean juzgadas y condenadas) y no usen al Estado como base de operaciones para delitos aberrantes.

Faltan cuadros para conducir civilmente la seguridad. Tal vez la mejor manera de empezar a formarlos sea un buen programa de trabajo remunerado para estudiantes universitarios de grado que los ponga a trabajar las 24 hs en las comisarías de cada provincia. Si en cada una hay personal que no dependa de la jerarquía policial sino directamente de la autoridad civil, seguramente van a disminuir fuertemente los casos de apremios. Y si no, habremos ganado la formación de graduados en uno de los temas que más preocupan a los ciudadanos.

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