Por un peronismo verde

Por Mauro Accurso

Derechos laborales, justicia social, soberanía política o industrialización, pueden ser algunos de los conceptos iniciales que se nos vengan a la mente cuando pensamos en el peronismo. Pero hay otro tema donde Juan Domingo Perón fue un líder político pionero y nunca su partido lo tomó como propio, ni siquiera de forma liviana como parte del imaginario del movimiento. Ese tema es la protección del medio ambiente y de los recursos naturales.

Durante su exilio en Madrid, el 21 de febrero de 1972, Perón difunde el “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” con pasajes como el siguiente:

“Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología, y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional…”

Realmente vale la pena leer el mensaje completo, ya que Perón ahonda en conceptos como el despilfarro masivo en las sociedades de consumo, el espejismo de la tecnología, la extinción de especies, la contaminación del aire en las ciudades, el despilfarro de agua, la producción de alimentos, el crecimiento poblacional, la creciente urbanización y hasta el cambio climático (varias décadas antes que el Acuerdo de París).

Hasta tuvo el coraje de hablar sobre política demográfica, un tema tabú para muchos ambientalistas: “mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales en los centros altamente industrializados donde rige la economía del mercado, o aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo”.

La semilla ambientalista en la cabeza de Perón se plantó gracias a su contacto con “uno de los dirigentes diplomáticos” que participó de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano (CNUMAH), mejor conocida como Conferencia de Estocolmo, que se llevó a cabo en dicha ciudad sueca del 5 al 16 de junio de 1972. Y también mucho tuvo que ver el mayor tiempo libre con el que pudo contar gracias a su exilio: “…el haber estado tantos años lejos del país me ha permitido conocer muchas cosas que aquí, con el tráfico gallináceo de firmar decretos de todos los días en la Casa de Gobierno, no se pueden conocer”.

Pero este usualmente desconocido Perón ambientalista, no se quedó solo con lo discursivo: ni bien volvió al poder creó la Secretaría de Estado de Recursos Naturales y Ambiente Humano (parte del Ministerio de Economía). Es importante destacar que la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos se había creado apenas un par de años antes. Sin duda una decisión política de avanzada tanto para la región como para el mundo.

A cargo de la Secretaría, Perón nombró a la química Yolanda Ortiz. “Me interesaban mucho las condiciones de trabajo de los obreros, porque no había nadie que controlara eso, siempre ganaba la patronal. Decidí ocuparme de eso porque pensaba que podía hacer algo, siempre por la búsqueda de la justicia social, y de que realmente los trabajadores tuvieran un ambiente digno de trabajo[…]Perón decide que se haga una cuarta secretaría, que fuera la de Ambiente Humano y que estuviera por encima de las otras. Esa fue una jugada muy fuerte, los secretarios no le perdonaron haber sido desplazados por una mujer. Perón quería que fuera una mujer, porque Evita le había transmitido todo lo que puede una mujer. Él tuvo una visión como ningún estadista, vio muy claro que el tema del ambiente no era un problema más, sino ‘el’ problema”, asegura Ortiz en una entrevista a Página 12.

Entre las primeras medidas de la flamante secretaria fue prohibir la habilitación de una empresa que no declare como trataba a sus desechos y sus efluentes. Y, como era de prever, Ortiz no ganó demasiados amigos a nivel interno: “Ya la gente de Economía, de donde dependíamos nosotros, estaba muy enojada con Medioambiente porque decía que frenábamos el desarrollo. Desde el principio hubo problemas en reconocer la incorporación de lo ambiental en la administración del gobierno”.

“En ese momento, el tema fue calificado como esotérico en nuestro país. Para algunos reflejaba la senilidad del fundador del justicialismo, en tanto que otros lo calificaron de genial precursor. En cualquier caso, el [Mensaje Ambiental a los Pueblos] fue el preludio de la creación de organismos nacionales, provinciales y municipales de medio ambiente. Sin embargo, a pesar de la insistencia de Perón de asumir la dimensión municipal del ambiente, la gestión se mantuvo casi exclusivamente en los niveles nacionales, sin proyectarse sobre lo local”, explica Antonio Elio Brailovsk en su artículo “Perón, el general ecologista”.

La batalla política contra el cambio climático y por la protección medio ambiental en Argentina y en América Latina no puede darse el lujo de no contar entre sus filas al peronismo (o al menos a alguna de tantas corrientes). Los verdaderos peronistas deben entender que el ambientalismo es una cuestión de justicia social. “Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con la justicia social, el de la soberanía política y la independencia económica del Tercer Mundo, y la distensión y la cooperación internacional”, aseguró Perón en su mensaje ambiental. Las poblaciones más vulnerables son las que más sufren la contaminación, la escasez de recursos naturales y las catástrofes naturales debidas al cambio climático. Si les cuesta entender este concepto, tan solo hace falta reflexionar sobre las miles de familias que viven en la Cuenca Matanza – Riachuelo o los innumerables conflictos por el acceso al agua.

“No debe considerarse al Mensaje a los Pueblos como un evento aislado sino como una pieza central de por lo menos una decena de mensajes escritos o pronunciados por Perón entre 1968 y 1974. En todos ellos, Perón aboga, como epicentro de sus preocupaciones internacionales y geopolíticas, por la urgencia de frenar la “destrucción de la Tierra”. En su modo de entender el problema, la “destrucción de la Tierra” está íntimamente vinculada con la cuestión de la justicia social, con la necesidad de revertir un modelo de desarrollo centrado en la “superindustrialización”, el lucro y el consumo creciente y con la tendencia (tan imperiosa como irreversible) hacia una “universalización” de las relaciones entre los pueblos y los gobiernos”, detalla Ricardo A. Gutiérrez, académico de la Escuela de Política y Gobierno de la UNSAM en su paper “La Tierra como problema político (o el lado ignorado de Perón estadista)”.

Necesitamos que el peronismo incorpore la cuestión ambiental y el cambio climático en su agenda. Está claro que es una idea complicada de vender a sus líderes más enfocados en cuestiones urgentes como el desempleo o la pobreza, pero los enlaces ambientales con esas agendas tradicionales son más que claros. En el mundo ya se están creando una cantidad enorme de trabajos en energías renovables y la industrialización baja en carbono viene tomando impulso hace tiempo. También la cuestión de contaminación y del cambio climático potenciando enfermedades en todo mundo se puede conectar con la agenda política en materia de salud. Y el factor soberanía alimentaria es clave.  Ni qué hablar de la necesidad de mejorar la respuesta ante desastres naturales que están aumentando su intensidad y frecuencia debido al aumento de temperaturas. Estar en la primera línea de respuesta sin duda trae réditos políticos pero se necesita una visión integral de la problemática y liderar en la preparación y adaptación al nuevo contexto climático.

 

Fuente de la imagen.

3 Comments on “Por un peronismo verde”

    1. Al contrario, la agenda británica busca respetar al ambiente puertas adentro, y explotar al máximo los recursos de los países periféricos, a costa de quienes vivimos en ellos. Creo que proteger nuestros RRNN es una forma más ejercer soberanía.

  1. Habría que revisar críticamente, a la luz del Mensaje ambiental, el modelo de agronegocios desarrollado durante la fase menemista-kirchnerista.

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