Postales del peronismo, el sindicalismo y la conducción política

Postal N° 1: 1945- 1947

El primer secretario general de la CGT bajo el gobierno de Perón fue Luis Gay, proveniente de la Federación de obreros y empleados telefónicos. Gay, junto a Cipriano Reyes y muchos otros dirigentes sindicales (los que Juan Carlos Torre denominó la “Vieja Guardia Sindical”) que apoyaron la obra de Perón al frente de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social, fueron partícipes necesarios del 17 de octubre de 1945 y del triunfo electoral del 24 de febrero de 1946 creándole al entonces Coronel la herramienta partidaria constituida en torno al Partido Laborista. Una vez iniciado el primer gobierno peronista, la estrategia sindical del líder cegetista comenzó a tomar una dirección distinta a la anhelada por Perón. La autonomía del gobierno proclamada por Gay colisionaba de frente con la estrategia presidencial de construir una central obrera fuertemente asociada al gobierno y pilar de la transformación económico y social que se avecinaba.  En ese sentido, las estrategias del poder ejecutivo y del líder sindical se encontraban en abierto antagonismo y el resultado de este enfrentamiento fue el triunfo de Perón y la expulsión de Gay al frente de la CGT. A su vez, Perón disolvió el Partido Laborista y unificó sus apoyos en torno al Partido Único de la Revolución, lo que a la postre sería el Partido Justicialista.

Postal N° 2: 1952

El segundo secretario general de la CGT, luego de la caída en desgracia de Gay, fue José Espejo, de la Federación Obrera de la Alimentación. Durante los 5 años que Espejo condujo la central de trabajadores construyó una excelente relación personal con Eva Perón la cual tuvo dos hechos que lo grafican de manera notable: el Cabildo Abierto del 22 de agosto de 1951 propuesto y organizado por la CGT para ungir la candidatura de Eva a la vicepresidencia, que luego la “abanderada de los humildes” rechazó,  y  las armas encargadas por la esposa del General desde Holanda para defender al gobierno popular y custodiadas por la CGT, que más tarde Perón bochó.

Luego de la muerte de Evita, la suerte de muchos de sus aliados naufragaron al compás de la creciente “burocratización” de la administración peronista. En el día de la lealtad de 1952, Espejo fue abucheado por la multitud de trabajadores (en un trabajo de pinzas, según Galasso, por parte del ministro de educación y sus aliados sindicales de aquél entonces, en el cual no estaba involucrado Perón) y se vio obligado a dimitir. En este caso, a diferencia del “caso Gay” no se trató de proyectos diferentes, sino de la pérdida de legitimidad del líder sindical que frente a una colmada Plaza de Mayo se vio cuestionado por sus propias bases.

Postal N°3: 1966

Luego del golpe militar a Perón de septiembre del 55, la CGT pasó por varios momentos que transitaron desde la ilegalización, la normalización, la intervención y la recuperación. Luego de años de lucha y persecución, Augusto Timoteo Vandor se erigió como líder del sindicalismo y fue, aún sin ostentar el título, el principal dirigente gremial de los años sesenta. Su hábil estrategia política le permitió maniobrar en esos años en las que el país alternó la semilegalidad democrática con la clausura del ciclo electoral de los años 1955 y 1966, y convertirse en un virtual sucesor de Perón al frente del Movimiento. Durante aquellos años, el líder exiliado dejó jugar las fichas autónomas del dirigente de la UOM en el plano sindical, e inclusive político, para oponer  la mayor resistencia cuando Vandor planteó de manera abierta el proyecto del “peronismo sin Perón”. En el momento en que el ex presidente  vio cuestionado su lugar al frente del Movimiento (la primera vez en la historia en que esto sucedía) reaccionó de manera directa frente a tamaña indisciplina en dos espacios: creando “las 62 Organizaciones de pié junto a Perón” (dividiendo el espacio sindical) y enviando a su esposa Isabel Martínez con expresas directivas de acabar con la insubordinación (en el plano político). Se trató del segundo momento en que Perón incursionó de lleno en la interna sindical, con el mismo resultado.

 

Postal N° 4: 1973

Desde el año 1970, José Ignacio Rucci había sido elegido secretario general de la CGT.  Eran los tiempos en los que la guerrilla, en el dispositivo estratégico de Perón, jaqueaba al régimen militar y lo obligaba, en la retirada, a negociar con él. En esos instantes Perón hablaba de “la juventud maravillosa y esclarecida” y de “los viejos que no están en la evolución” para traducir el tiempo histórico convulsionado de los años setenta. La CGT mientras tanto, esperaba su momento y jugaba a que el líder exiliado ungiera alguno de sus candidatos (en especial Cafiero) en la fórmula presidencial de las elecciones que se avecinaban en marzo de 1973. Sin embargo, Perón, lejos de escuchar los anhelos cegetistas, jugó la “carta” de la lealtad absoluta con Cámpora- Solano Lima.

Enterados del desaire, Rucci y otros dirigentes sindicales sacaron boleto a Paraguay para protestarle en la cara a Perón por la selección del binomio presidencial que los dejaba sin representación. Todavía resuena la queja del líder cegetista “podía poner una escoba, que nosotros por lealtad la votábamos, pero esto…”.  La historia continuó y “el aguante con quejas” de la CGT tuvo su premio en los años posteriores. A pesar de las puteadas, Perón mantuvo a su secretario general y luego de la vuelta a la institucionalidad en mayo de 1973, el sindicalismo se convirtió en una pata central del Pacto Social.

Postal N° 5 (y última): 1989

Luego de los 14 paros durante el gobierno de Alfonsín, la figura del cervecero Saúl Ubaldini, rankeaba bien arriba en el interior del peronismo. El cascoteo a la administración alfonsinista se convirtió en uno de los arietes del desgaste del radicalismo en el gobierno (los otros fueron las torpezas de Alfonsín y el juego sucio de los empresarios que lo querían todo para sus arcas, como siempre). El ascenso de Carlos Menem a la presidencia a mediados de 1989 marcó el fin de la estrella ubaldinista. El proyecto privatizador neoliberal del ex gobernador de La Rioja necesitaba, como garantía de triunfo, de una CGT disciplinada detrás de su figura y haciéndole el aguante al modelo de exclusión en desarrollo. Para ello era necesario dejar afuera a los principales dirigentes “duros” y “resistentes” al modelo y dividir (para hacerla más débil y por ende con menor capacidad de resistencia) a la CGT. El objetivo menemista se cumplió con creces y un sindicalismo dividido (del 89 al 92) y endeble (con dirigentes gremiales sin peso propio y adherentes sin fisuras al proyecto menemista) fue la consecuencia de la estrategia de líder peronista.

Las 5 postales de la relación entre un gobierno peronista y el sindicalismo nos muestran diversas estrategias (y resultados) por parte de la conducción política. En el caso de Perón, su incursión en el campo de la conducción gremial  se dio en dos ocasiones (1946- 47 y 1965- 66) en las que vio desafiada su autoridad y en donde el status quo de la relación la movió el conjunto sindical. En el caso de Menem, fue evidente que su decisión de descabezar la dirigencia sindical dura iba de la mano de la implementación de un modelo económico excluyente.

Luego de este repaso veloz, volvamos al 2012: ¿Dónde encuadrar, si se puede hacerlo, el conflicto entre Cristina y Moyano a partir de esta evidencia histórica?¿Tiene aristas comunes con alguna de las mencionadas?¿Se trata de una nueva forma de relación entre gobierno y sindicatos?. Para entrar más de lleno en los interrogantes: ¿las relaciones entre el peronismo en el gobierno y la CGT deben ser siempre armónicas o hay lugar para la tensión dentro de ellas? O como siempre se pregunta el Escriba: ¿las tensiones que se plantean entre el gobierno y la CGT son “políticas” o “sindicales”?. Por último, ¿es funcional una CGT dividida para avanzar en la profundización del modelo nacional y popular?¿Por qué motivos Cristina movió el status quo de la relación?

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Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)