¿Todo está perdido en Latinoamérica?

El reciente triunfo electoral de Jair Bolsonaro en Brasil unificó los discursos y análisis políticos en torno a una pretendida certeza científica: “el giro a la izquierda iniciado por Hugo Chávez en 1999 llegó a su fin”. La continuidad de los gobiernos neoliberales en Colombia y Paraguay, ratificados electoralmente este año, sumado a los triunfos de Mauricio Macri y Sebastián Piñera de los años anteriores, dibujan una cartografía ideológica afín al espectro de derecha en Latinoamérica. Sin embargo, este análisis superficial y cuantitativo, pasa por alto que durante estos últimos tres años, el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, el de Evo Morales en Bolivia, el del frente amplio en Uruguay y los gobiernos salvadoreños, costarricenses y nicaragüenses lograron retener el poder político ante amenazas electorales y no electorales por parte de la oposición. Asimismo, el triunfo contundente de López Obrador en México, una tradicional comarca del neoliberalismo regional, refleja con claridad que la “avalancha” neoliberal en el continente es más un deseo de acabar con el populismo que una realidad fáctica. Las fuerzas del giro a la izquierda han realizado importantes elecciones que le han permito (y le permiten a futuro) transformarse en opciones de recambio en el interior del sistema político de la región.

La tendencia a “homogeneizar” los cambios políticos y las transformaciones económicas en Latinoamérica lleva varias décadas de vida. Las dictaduras militares en la región durante los sesenta y setenta (a excepción de Venezuela, Colombia y Costa Rica), el retorno a la democracia durante los ochenta (hasta las tardías Paraguay y Chile), las reformas neoliberales en la década del noventa (en la totalidad del continente, salvo obvio Cuba) y el giro a la izquierda en los inicios del siglo (no contando México, Perú y Colombia) son las fases con las que tradicionalmente los científicos sociales intentaron comprender los avatares latinoamericanos.  Sin embargo a pesar de los procesos convergentes en la mayoría de los países, las velocidades y alcances de las mismas se caracterizaron por sus diferencias. Sin negar que los ciclos políticos y económicos se desplieguen en simultáneo en el continente, las formas que adoptan y los resultados que obtienen, difieren de país a país. Desde allí que durante los años que predominaron las dictaduras es innegables las diferencias (en cuanto a perdurabilidad y “éxito”) entre la argentina y la chilena, o los neoliberalismos de Carlos Menem y Carlos Andrés Pérez, o dentro del giro a la izquierda la que se desarrolló entre Hugo Chávez y Fernando Lugo.

En la actualidad, sin embargo, nos encontramos, ante un momento único: el retorno del neoliberalismo se despliega por momentos “indetenible” en simultáneo con un giro a la izquierda que se niega a convertirse en pasado. Es decir, el neoliberalismo logra triunfar en Brasil y Argentina, pero el giro a  la izquierda vence en México y se consolida en Venezuela, para ilustrar con cuatro ejemplos. A pesar del predominio, en cuanto a cantidad de países en vías hacia el retorno de las ideas y prácticas neoconservadoras, la izquierda en sus diferentes versiones (moderada y extremo) aún continúa dominando países importantes del continente.

Un cuadro de las últimas elecciones en la región (desde 2015 a la fecha), tal vez ayude en la comprensión de este nuevo fenómeno.

País Año Ganador Orientación ideológica
Argentina 2015 Mauricio Macri Neoliberal
Peru 2016 Pedro Pablo Kuczynski Neoliberal
Nicaragua 2016 Daniel Ortega Izquierda
Ecuador 2017 Lenin Moreno Izquierda (1)
Honduras 2017 Juan Orlando Hernández Neoliberal (2)
Chile 2017 Sebastián Piñera Neoliberal
Costa Rica 2018 Carlos Alvarado Quesada Izquierda (3)
Paraguay 2018 Mario Abdo Benítez Neoliberal
Venezuela 2018 Nicolás Maduro Izquierda (4)
Colombia 2018 Iván Duque Neoliberal
México 2018 Andrés López Obrador Izquierda
Brasil 2018 Jair Bolsonaro Neoliberal

Fuente propia: (1) Lo denomino izquierda, más allá que desde el gobierno realizó un giro ideológico, y sobretodo anticorreista, ya que ganó las elecciones con la bandera de la oficialista Alianza PAIS. (2) Sobre esas elecciones pesaron innumerables denuncias de fraude y la oposición se autoproclamó ganadora luego de que se oficializó su triunfo electoral que luego de una semana mutó en victoria oficialista. (3) El Partido PAC debe aclararse que se trata de un espacio partidario progresista, muy lejano a las posturas de la izquierda radical línea chavista.  (4) La oposición partidaria más importante, la nucleada en la MUD no presentó candidatos y jugó a la abstención.

 

De las 12 últimas elecciones presidenciales  realizadas en los últimos cuatro años 7 (58%) fueron ganadas por candidatos neoliberales y 5 (42%) por exponentes de la izquierda. Esto evidencia que no se trata de un predominio electoral de las fuerzas de la derecha, sino que el neoliberalismo, como mencionamos en forma precedente, recupera países de peso como Brasil y Argentina, pero pierde México. Asimismo, en los países en donde las fuerzas ideológicas conservadoras triunfan o ratifican su predominio, la izquierda logra resultados electorales promisorios, ya sea manteniendo competitividad electoral a pesar de dejar el gobierno o mejorando en forma notable guarismos anteriores siendo oposición. Observemos con mayor detalle esto último a partir del siguiente cuadro.

Aquí vamos a visualizar las fuerzas y los porcentajes de votos de los candidatos de izquierda y/o progresistas en las diferentes elecciones de los últimos tres años.

 

País Año Ganador/a Fuerzas progresistas y de izquierda
Argentina 2015 Mauricio Macri Frente para la Victoria 38,1% en primera vuelta 48,6% en segunda
Perú 2016 Pedro Pablo Kuczynski Frente Amplio

18,7% en primera vuelta

Honduras 2017 Juan Orlando Hernández Alianza de Oposición contra la Dictadura

41,4% Única vuelta

Chile 2017 Sebastián Piñera Fuerza de la Mayoría y Frente Amplio

45,4% se segunda vuelta

Paraguay 2018 Mario Abdo Benítez Gran Alianza nacional Renovadora

43,2 Única vuelta

Colombia 2018 Iván Duque Colombia Humana

25% en primera vuelta y

41,7 en segunda

Brasil 2018 Jair Bolsonaro Partido de los Trabajadores 29,2% en primera vuelta y

44,8 en segunda

Fuente: Datos obtenidos en base a fuentes oficiales de cada país.

El primer punto a resaltar es que, salvo en el caso peruano, las fuerzas de izquierda o progresistas logran conquistar el segundo lugar, ya sea con el sistema de Mayoría electoral Simple (gana el que tiene más) o Absoluta (se requiere más del 50%). Debemos diferenciar, eso sí, que de las siete elecciones con triunfo neoliberal sólo en dos (Argentina y Chile) gobernaban las fuerzas progresistas. En los cinco restantes (tal vez a excepción de Brasil que resulta una transición entre uno y otro, a pesar de que Temer llevó adelante un programa neoliberal) lo hacían las fuerzas de la derecha ideológica. Aclarado esto, avancemos más allá de la foto del cuadro 2 y observemos con más detalle la significación real de esos guarismos electorales.

Como dijimos los casos de Argentina y Chile son representativos de retrocesos electorales si los comparamos con las elecciones presidenciales precedentes (Argentina 54% del 2011 al 48% del 2015, y Chile del 62% de 2913 al 45% de 2017), lo cual es la expresión más evidente de la derrota electoral. Sin embargo, en el resto de las elecciones, las fuerzas de izquierda y progresista han realizado elecciones promisorias, y en algunos casos, históricas. En Honduras, las fuerzas del zelayismo pasaron del 29% de 2013 a superar el 40% del año pasado, mientras que el lugismo en Paraguay, en alianza con los liberales casi triplicó la cosecha de cinco años atrás. En Colombia, la candidatura del ex guerrillero del M 19 Gustavo Petro superó el 40% de los sufragios lo que significó la mejor elección de la historia de la izquierda en ese país y la primera vez que el progresismo llega a disputar el gobierno en una segunda vuelta. En Brasil, con su líder detenido (e imposibilitado de presentarse a la elección que lo tenía como favorito) el PT logró con un candidato que sólo tuvo un mes de campaña el 45% de las voluntades del país más importante de Latinoamérica, en donde los partidos de la derecha tradicional se hicieron trizas. Esta “película” nos aclara algo más que la simple suma aritmética, y los avances alcanzados por las fuerzas progresistas nos muestra que la restauración conservadora no ha logrado desterrar del mapa electoral a los gobiernos del giro a la izquierda, hoy en la oposición.

Un elemento adicional que ha sido marcado acá y acá es lo complejo que está resultando para los oficialismos revalidar mandatos. La inestabilidad prima como factor explicativo de esta escasa eficacia de los gobiernos de turno, experiencia que hoy puede extenderse, sin lugar a dudas, a los países centrales. Sin obviar en este análisis la importancia capital de la guerra comercial entre EEUU y China, y su correlato directo sobre los intereses políticos y económicos del primero sobre la región, las fuerzas del giro a la izquierda aún continúan siendo competitivas. Lejos de avizorarse una restauración conservadora que se extienda a lo largo y ancho del continente, cual mala copia de los noventa, el neoliberalismo se encuentra con serias dificultades para consolidarse. A pesar de encontrarse en un contexto local, y sobre todo internacional, sumamente complicado, las fuerzas progresistas aún se mantienen competitivas.

En el año entrante habrá cuatro elecciones presidenciales en la región. Para febrero será el turno de El Salvador y en octubre se votará en Argentina, Bolivia y Uruguay. Sin desmerecer las del país centroamericano y la del más pequeño de Sudamérica, las elecciones argentinas y bolivianas serán las más importantes del año. Ahí se jugará el destino de Macri y de Evo Morales. Los resultados de ambas elecciones tendrán grandes ramificaciones hacia el resto de los países sudamericanos. Un nuevo triunfo de Macri y una derrota de Morales inclinarán la balanza hacia el neoliberalismo; mientras que una derrota del PRO y una nueva reelección de Evo alimentarán las posibilidades de fortalecer el polo progresista. Sin embargo, como observamos con más detalle arriba, se viven épocas novedosas y plagadas de incertezas en nuestra región. El juego sigue abierto y la disputa electoral por el destino de nuestra Latinoamérica también.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *