Tu equipo volvió a ganar

De las últimas 31 elecciones a gobernador, en 6 de ellas hubo cambio de gobierno. En el resto se mantuvo el mismo color político que era parte del ejecutivo. La evidencia empírica muestra que los electorados suelen mantener el statu quo y salvo raras excepciones relevan a sus gobernantes de turno. Sin entrar en una indagación profunda que remitiría a bucear en las variables explicativas que den lugar a hipótesis razonables, parecería que los votantes no suelen cambiar muy fácilmente sus gobiernos. Desde esta certeza intentaré desarrollar una evaluación de los comicios en la Ciudad de Buenos Aires.

En primer lugar, debemos indicar que la diferencia es irremontable. Filmus deberá ir a la segunda vuelta y ver si logra una mejor performance que en el 2007. La ventaja, amén de ser amplia y generosa para el candidato PRO, fue de difícil previsión. No había dudas que el triunfo de Macri en primera vuelta era cantado, lo que asombra es la cantidad de votos obtenidos luego de una gestión con grandes claroscuros.

Una primera aproximación debe necesariamente tomar en cuenta que el antikirchnerismo en la ciudad continúa pesando en los votantes porteños. Este, y sin abundar en grandes teorías, no se asienta en soledad en variables económicas, si no que remite a razones de índole histórico- cultural.

Una segunda, habilita sostener que la reelección de Macri viene acompañada por una gestión que es considerada aceptable por una franja nada despreciable del electorado y por aquellos votantes que a pesar de las críticas, le dieron una segunda chance al empresario boquense.

La tercera, es que al peronismo en todas sus facetas, le es muy complicado vencer históricamente en el distrito. Lo hizo sólo en 1993 con el porcentaje histórico de esa década a nivel legislativo (en el 89 ganó por menos de uno).

Finalmente, si uno observa las últimas elecciones en la Ciudad, visualiza que desde el año 2003 el color amarillo se destaca. Ganador en primera vuelta en el 2003, 2005, 2007 y 2009 nada hacía presagiar una derrota en el 2011. ¿Qué elementos se habían modificado para que esto sucediera?. El hecho de que Macri tampoco sea un adversario directo de la actual administración nacional, dejó al macrismo en una típica expresión local votable por los distintos colores políticos nacionales.

En la evaluación de las campañas de los principales candidatos también el color amarillo le sacó ventajas al oficialismo nacional. La campaña de Macri fue impecable ya que logró hacer de las debilidades intrínsecas fortalezas electorales. El candidato “mudo” venció al más formado. Esquivar el duelo directo, sortear la confrontación de posiciones políticas, hablar por intermedio de los carteles de la vía pública fue el principal tesoro que el macrsimo desplegó en forma exitosa. En eso las huestes de Duran Barba muestran una claridad meridiana en cuanto a saber aprovechar los límites estructurales de sus candidatos. La obediencia del ingeniero al guión de campaña es un poroto extra que acompaña el despliegue mediático anodino del PRO.

La campaña de Filmus como se observó fue mala. Desde antes de la derrota se hacían oír las críticas. Marco algunas: la fragmentación de la campaña entre los diferentes grupos internos, más preocupados en sus rencillas internas que jugar para el candidato, no mostrar desde lo más concreto las falencias de la gestión PRO en educación (su fuerte), salud y desarrollo social (es increíble que nadie haya puesto en evidencia a la sonriente vice de Macri) y por último, no ir al debate de TN estando abajo en las encuestas fue un yerro monumental, obviamente no decisivo, que le impidió estar cara a cara con Macri con la oportunidad de sacarlo del guión proselitista. Pienso en voz alta, no sé podría hacer una conferencia de prensa desde algún hospital, alguna escuela denunciando las precarias/ pobres condiciones en las que se encuentran?.

A pesar que desde lo nacional no se brindó un apoyo explícito y corporal, más bien lo contrario, el affaire Schoklender y las “piñas” Morgado- Rachid, pareció no pesar en la intención de voto de Filmus, ya que la misma fue en aumento (aunque en pequeñas dosis), con el techo histórico que lo ubica en el 30%.

Por último, se debe relativizar la importancia del “huracán Cristina”, producto más de un microclima oficialista que de los datos de la realidad. El kirchnerismo porteño deberá aprender las lecciones de la derrota y tendrá que afinar la partitura discursiva para la elección de octubre y para los próximos dos años. Paradójicamente, a pesar de constituirse en la mejor elección desde el nacimiento del kirchnerismo no pudo capitalizar el buen momento en el que se encuentra el gobierno nacional.

El resto de los partidos y alianzas tuvieron un fracaso rotundo. El candidato opositor a ambos gobiernos, Pino Solanas obtuvo la mitad de los votos del 2009 y su estrella se va apagando al compás de sus errores políticos y de estrategia electoral. Para Elisa Carrió fue la peor elección desde su debut partidario de 2001. Por primera vez, uno de sus candidatos no logra llegar a los dos dígitos. El radicalismo tampoco tuvo nada para festejar y las solitarias candidaturas de López Murphy y Telerman, otrora candidatos competitivos en el distrito, tuvieron porcentajes ínfimos y aparecieron en el segmento “otros”.

Para finalizar, ¿será este resultado el comienzo de un efecto dominó que continuará en Santa Fe y Córdoba que terminará por horadar la intención de votos de la actual presidente el 23 de octubre?. No lo creo, en absoluto. No sólo por que la evidencia histórica del comienzo de estas páginas da cuenta de la dificultad para el recambio y más en situaciones de bonanza económica y sin una clara y segura alternativa opositora, sino por que la pretensión de que los electores se guían para elegir sus candidatos en un contexto interprovincial es improbable de comprobar. Es decir, parece poco probable que el elector de Mendoza por citar una provincia, direccione su voto a partir de lo que sucedió en Misiones. Cada elección tiene su propio teatro con los propios protagonistas en escena. Y en lo nacional, a tres meses vista, aparece una candidatura con un consolidado porcentaje de votos, con un apoyo significativo a nivel popular y partidario, con un contexto macroeconómico más que aceptable y con un sistema electoral que favorece las pretensiones del oficialismo. Nada está definido, por cierto, pero las condiciones objetivas se encuentran presentes. Sospecho que no haciendo olas, surfeando las próximas derrotas distritales y sacando una nítida ventaja en las primarias de agosto, el camino se encuentra allanado para un nuevo turno electoral.

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Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)