Tucumán todavía duele, pero más aún porque no dolió

Todavía duele.

Luego de que una semana transcurriera desde aquellas jornadas trágicas de extorsión policial, saqueos y muertes, San Miguel de Tucumán recuperó cierta normalidad pero persisten broncas, algo de temor y muchos debates acerca de la significación de aquellos días, lunes, martes y miércoles inclusive, en que un naturalismo darwiniano pusiera en jaque la rutina, el poco o mucho patrimonio que uno tuviera y también, más importante aún, la propia integridad física.

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El miércoles pasado, luego de dos días cargados de tensión en los que muchos tucumanos no durmieron hasta llegado el amanecer, sentía que el cansancio transformaba el dolor por todo lo ocurrido en una especie de tristeza vaga. Ese sentimiento se ligaba también a la decepción de haber presenciado los festejos en Plaza de Mayo mientras Tucumán era violencia y miedo. El mundo parece algo lejano cuando uno es confrontado por lo real. Dicen los que saben que lo real es lo imposible de significar. Queda bien citarlo, pero esas eran las sensaciones la noche del martes cuando el sueño me vencía en la vigilia junto a mis vecinos, cerca de las 6 am. En todo el Tucumán periférico –me contaron– se multiplicaba lo que ocurría en mi cuadra: barricadas sitiando cuadras, barrios enteros, fuego, palos, fierros, armas. Molotovs. En mi vida había visto una molotov. Una ambulancia tuvo que hacer malabares para atravesar las barricadas en busca de un herido: no lo consiguió. La derrota del poder público frente a la extorsión de la policía. Por suerte no ocurrió esa noche lo que la del lunes, cuando decenas de chicos, adultos y señoras, en moto, en carros tirados por caballos, en autos, en camionetas, en combis, saquearon la pollería en la que compro siempre dejando sólo las baldosas y las paredes intactas. Por suerte digo, porque el martes los esperaban preparados. No hubo que lamentar, entonces, hechos de sangre. Mucho temor, angustia y seriedad en quienes hacíamos una especie de guardia civil, que recién se fueron despejando hacia las 3 o 4 de la madrugada, cuando parecía que los rumores que llegaban no se materializarían. Recién entonces algunas bromas, pero pocos se retiraron antes de las primeras luces de la mañana. La decisión de ganar la calle, de proponer resistencia para amedrentar a los saqueadores, no resultó sencilla.

El martes los saqueos se multiplicaron (la planta de Sancor, supermercados, los comercios barriales fueron el blanco preferido) hasta la firma del acuerdo entre el gobierno provincial y la policía que, en un acto demencial, reprimió a manifestantes frente a Casa de Gobierno como retorno a la actividad. Fue Gendarmería quien debió interponerse para evitar males mayores. El miércoles a las 20 hs. se congregó en Plaza Independencia una multitud como hacía mucho no se veía, para protestar contra la policía y el gobernador Alperovich. Mientras, en mi cuadra debatíamos si armar o no una barricada para esa noche y criticábamos la actitud de los manifestantes. Comprensible bronca, claro, pero los policías que debían custodiar la ciudad estarían afectados a la manifestación. Así, los temores a los saqueos persistieron. En la Plaza, la multitud reunida pronto derivó en turba violenta y se dirigió en parte a vandalizar una concesionaria de autos propiedad del gobernador y otra parte para hacer lo propio en una comisaría céntrica, en la que se intentó prender fuego.

Los días siguientes las manifestaciones de repudio a la policía continuaron (el nuevo Jefe, Dante Bustamente, reconoció sentir vergüenza por ello) y los manifestantes se trasladaron frente a la casa del gobernador provincial. Sumaron cinco los decesos. Las pérdidas materiales son millonarias. Los tucumanos se vieron desafiados a transcurrir algunos días bajo el imperio de algo parecido a la ley de la selva.

¿Duele? Algunas consideraciones.

1. La derrota del poder público, que debió negociar con las policías, no admite otra lectura: el poder político y la conducción civil deben ser recompuestas. El papel del poder judicial en la posterior investigación será fundamental, pero no suficiente: se impone acumular masa crítica en la opinión pública pero –más importante– entre los actores políticos de todos los sectores, para encarar una reforma de las FFSS que impida en el futuro que se transformen nuevamente en fuerzas extorsivas, utilizando a la sociedad como rehén y moneda de negociación. Sindicalización con limitaciones. Policías municipales. Mecanismos de mayor control sobre las FFSS. Alguna instancia judicial, controlada por el Congreso y en estrecho vínculo con ministerios de Seguridad, que deba obligatoriamente actuar de oficio. Ley de Seguridad interior. Más y mejor formación, porque más policías no implican, necesariamente, mayor seguridad.

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2. Las Policías provinciales están en el ojo del huracán, sindicadas correctamente como las mayores responsables. La sospecha de que no sólo permitieron sino que promovieron los saqueos está también arraigada. No será fácil que la ciudadanía lo olvide –y sobre eso debe montarse lo expresado en el párrafo anterior– pero puede amnistiar más rápido de lo que podríamos imaginar si la situación es encauzada.

3. Cierta porción del kirchnerismo emocional –a falta de mejor definición– no alcanzó a comprender la gravedad del asunto, preocupada antes por deslindar responsabilidades del gobierno nacional que por comprender lo ocurrido y las condiciones que lo habilitaron. En primer lugar, la existencia de sectores que, si bien están mejor que en 2001, no participan como desearían del consumo. El “roban LCDs y no comida” trasunta un principio de exclusión. Desconoce la desigualdad como motor de resentimientos sociales y caldo de cultivo. No sólo de proteínas vive el hombre, nuestros deseos nos humanizan. Si decimos que en una sociedad consumista sólo aquellos –nosotros– con un buen pasar económico tienen –tenemos– derecho al deseo de consumo perdimos el norte de la igualdad. En segundo lugar, fueron extraviados el norte de la fraternidad, el de la solidaridad y el de la sensibilidad cuando se decidió continuar con la celebración por los 30 años de Democracia el 10 de diciembre. El lunes anterior expresé las razones para señalar la inconveniencia política del festejo, y las reacciones de los tucumanos luego (apoyaran o no al oficialismo nacional) no dejan margen para la duda: todos sintieron como un cachetazo el festejo, la música y el baile. Se de primera mano de reacciones similares en Jujuy y en Chaco. Por si fuera poco, la farandulización: tiene poco que hacer Moria Casán en una celebración de la democracia y poco que ver con los DD.HH. o la Justicia Social. Provoca pena. En tercer y último lugar –y referido también a todo lo anterior– debemos entender que el consignismo ansiolítico que ha mellado en cierto sector del kirchnerismo es algo profundamente perjudicial. El análisis del discurso mediático opositor impidió analizar lo concreto y comprender los hechos de violencia que asolaron al país de norte a sur, con origen en su zona centro, la pasada semana.

Más allá del dolor.

En términos económicos no habrá consecuencias que no sean lamentables. Las provincias ahogadas ven desafiado su presupuesto 2014 aún antes de comenzar su ejercicio. Lo mismo puede decirse del gobierno nacional, que deberá auxiliar a las provincias. Pronto se sumarán reclamos de estatales, maestros, personal de salud y las pérdidas materiales derivadas de los saqueos. No será poca la presión que los saqueos a comercios y supermercados agregarán a la remarcación de precios ya característica de la época.

Quien suponga que de ahora hasta fin de año la situación será de relativa paz social se equivoca. Sortear la última semana de diciembre será fundamental y para ello, más que nunca, será imprescindible la información para la prevención. Cuestiones estas puestas fuertemente en entredicho desde que la situación comenzó a gestarse en la Córdoba de José Manuel De la Sota. No son pocos los datos que permiten sospechar causalidades y organización por parte de las policías en los reclamos y saqueos, pero no adhiero de todos modos a teorías de manos negras todopoderosas. Son más terrenales las razones que explican el desarrollo de la sedición/extorsión policial, los encadenados saqueos y Córdoba sentó el precedente.

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La sedición policial y los actos delictivos generarán consecuencias varias que ya pudieron observarse. Por un lado, la ruptura en jirones del tejido social que desafió la vida de quienes sufrieron la liberación de sus ciudades al rapiñaje. “No los negros de piel, sino los de alma”, “no discrimino, porque tuve compañeros morochos en el Liceo”, “miralo al negro Mandela, en cambio, lo que hizo”. Textuales escuchadas y leídas de quienes reconocen que los saqueos sacaron lo peor de ellos. Se fortalecieron los lazos intragrupo, mientras que se ensanchó la grieta que separa a los distintos grupos entre sí. Recomponer los entramados de una sociedad ya de por sí bastante guettizada no será sencillo. Vale reconocer que podría haber sido peor: no ocurrió en el NOA como en Córdoba, cuando vecinos se organizaban para “cazar” saqueadores. Aun así cabe esperar otra consecuencia, muy relacionada: el mayor espacio que el discurso derechista y xenófobo ocupará en nuestra sociedad. Abundarán las menciones al tema armas y sociedad civil (y qué difícil será ahora desarmar a la sociedad, cuando las armerías hicieron su agosto en diciembre NOTA GACETA), al servicio militar, a la participación de las FFAA en tareas policiales y a la pena de muerte. Esto configurará, junto al desafío ganado al poder político, uno de los triunfos que las jornadas de violencia entregarán (antes que un intento por menoscabar la democracia, su celebración o intentar imponer un sistema distinto). El kirchnerismo (y el temor que evidentemente también embargó, en un primero momento y como reflejo de clase, al resto de los actores políticos de la sociedad –partidos, grupos económicos y medios–) es un dique de contención por ahora para ello. En 2015, sin embargo, habrá mayor masa crítica para colar estos tópicos en el debate. Y formarán parte, cómo no, de las posibilidades que los espacios políticos opositores tendrán merced a los recientes acontecimientos.

Fotos: propia, @karinaponce2, Marrritoc.
: De Ricardo se dice: Es un sufrido hincha de River que nació en Tucumán. Le gustan los Bitles y el Yorc Jarrison. Estudia medicina. Está casado. Políticamente es un idealista pragmático que se ubica a la izquierda del arco político pero no le da el cuero para ser revolucionario y se conforma con que la gente viva un poco mejor cada día. Para que lo denosten sus amigos se reivindica no como kirchnerista sino como Nestorista de la primera hora.