Un sistema político desconcertado

 

 

Predecir el futuro no es nuestro negocio. Sin embargo, cuando falta menos de un año para las elecciones nacionales, la inútil tentación por ordenar lo que vendrá reaparece. Voy a tratar de delinear algunas ideas sobre lo que ocurre ahora de cara a las elecciones del año próximo:

  • Los presidentes que se lanzaron a la reelección (incluyo el particular traspaso de Néstor a Cristina Kirchner) han ganado. Creo que esta es la premisa que ordena las probabilidades de aquí a un año. Por historia, por peso, por centralidad, es el presidente Mauricio Macri quien tiene las más altas posibilidades de ser electo el año próximo, si es que pone su voluntad y sus estrategias con proa a ese objetivo.

Dicho esto:

  • Ningún presidente que haya sido reelecto registró antes de esa ratificación tres años económicamente tan pobres como los que Macri va a cumplir el 10 de diciembre próximo. Para precisar un poco más: el desempeño de la gestión de Cambiemos en este tercer año de mandato es tan malo -puede verse en distintos indicadores- que produce una situación que se da no ya cada diez sino cada 15 o 20 años en la Argentina.
  • Esta situación se desplegó de manera relativamente rápida y brusca. Hace sólo doce meses, en noviembre de 2017, el presidente Macri estaba en la cúspide de poder de su mandato, luego de unas elecciones legislativas con un desempeño de los mejores que puede tener un oficialismo. En marzo de este año, la asamblea nacional del PRO se reunió en Parque Norte y lanzó la reelección de Macri, confirmando que también buscarán revalidar sus mandatos Horacio Roríguez Larreta en la Capital y María Eugenia Vidal en la Ciudad de Buenos Aires. Allí se dio a conocer el Plan de Acción 2019 del partido. Fue poco antes del inicio de la corrida cambiaria que comenzó el 25 de abril, hace menos de siete meses.
  • De la mano de estas situaciones viene un descenso en la consideración pública de Macri muy pronunciada desde el pico de octubre de 2017 hasta niveles que lo ubican en torno a su “base” de apoyos. Macri ya no es más uno de los presidentes latinoamericanos mejor evaluados por la ciudadanía, como solía decir el jefe de Gabinete, Marcos Peña.
  • Esta situación hace que haya condiciones para que se dé una competencia electoral de final abierto el año próximo y esto es muy desconcertante para todo el sistema político que no sabe bien cómo procesar esta situación. Aunque comienza, de a poco, a hacerlo.

Sumemos elementos. En su paper de este año “Encerrados desde adentro: persistencia de gobiernos del mismo signo político en Argentina entre 1995 y 2015”, el politólogo Marcos Falcone nos ofrece una herramienta interesante. Un “modelo predictivo del voto en Argentina no basado en encuestas de intención de voto y aplicable antes de una elección presidencial”.

¿Cómo funciona el modelo de Falcone? Pues bien, en primer lugar, a partir de la idea de un ciudadano en el que prima el “voto económico” que sea “retrospectivo y sociotrópico”. Es decir, que evalúe el estado de la economía hacia atrás en el tiempo, pero en un movimiento en el que el votante no mira sólo su situación personal (voto egotrópico) sino la situación general del electorado.

El supuesto de Falcone es que “para identificar las situaciones en las que un partido (o coalición de partidos) gana las elecciones presidenciales en Argentina más de una vez de manera consecutiva, basta con observar indicadores relacionados a su desempeño en el gobierno”. De esta manera, “si la mayor parte de los resultados de una serie de indicadores empeoran, el partido que ganó los comicios presidenciales previos no vuelve a ganarlos”. Para Falcone, más que un “premio” por gobernar “bien”, se trata de que “sucesivas administraciones no empeoren la situación del país para volver a ser electas”.

Así, el autor construye un cuestionario con 7 preguntas con las que, sobre todo, busca determinar si empeoró o no la situación en cuanto a recesión, inflación, desempleo, pobreza, criminalidad y la percepción de corrupción durante el mandato bajo análisis. Se agrega un elemento adicional: si el oficialismo presenta un candidato nuevo. Las preguntas se concentran en saber si existe un cambio de tendencia en un mismo indicador entre el primer año de gestión y el año anterior a la elección. Se deja afuera el año en el que se realizan los comicios, en los que suele echarse mano al gasto público y a algunas otras herramientas para mejorar la situación.

Según Falcone, si en cuatro de los siete indicadores hay un empeoramiento de la situación, la oposición encuentra la llave para ganarle al partido que ocupa la Casa Rosada. Las derrotas de la UCR en 1989 y del PJ en 1999 y en 2015 aparecen confirmadas por estos indicadores. Con un empeoramiento en términos de producto, inflación, desempleo y pobreza, suponiendo que el macrismo mejore la situación de la criminalidad y la percepción de corrupción, estarían dadas las condiciones para que deba dejar la Casa Rosada en diciembre del año próximo. Si se agrega que coloca un candidato que no sea Mauricio Macri, suma un quinto “sí”, que lo pone más cerca de perder, en términos de Falcone. Que al día de hoy el presidente Macri no sea el dirigente más popular de su coalición le agrega jugo y sex appeal a la teoría.

En este contexto, vemos qué ocurre en la oposición, compuesta principalmente por dirigentes peronistas. Los opositores hablan ahora “el mismo idioma”, utilizan palabras similares para referirse a la situación actual del país y reducen sus “epítetos” o “vetos” entre dirigentes. Esto pudo observarse, por ejemplo, en el tratamiento del presupuesto 2019, que fue aprobado por un margen más estrecho que en 2017 y 2018, a lo que se suman desgajamientos de bloques peronistas y mayor coordinación legislativa en forma de “interbloques”. El acuerdo para arrebatarle al oficialismo asientos en el Consejo de la Magistratura es otro episodio de esta coordinación.

A esto se suma, por ejemplo, la Mesa de Acción Política del PJ, que ahora incluye a dirigentes que hasta hace poco no se hablaban entre sí, reuniendo también a la enorme mayoría de los sectores del sindicalismo, incluido el radical Sergio Palazzo (Asociación Bancaria). Podrían sumarse muchas más escenas y declaraciones, que se multiplican.

La situación no sorprende. Sabemos que en un país como la Argentina cuando el Presidente fortalece su posición, la oposición tiende a dividirse y debilitarse. Y que lo contrario ocurre cuando la dinámica es de debilitamiento del jefe de Estado.

Sin embargo, en el peronismo faltan muchas definiciones. Es la hora de la política. Como dicen los psicólogos: “dejamos acá”.

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