Alejandro Giuffrida

Kicillof, las corbatas y la historia argentina

El diputado nacional y ex ministro de economía (re) presentó su libro “Diálogos sin corbata” en la Feria del Libro el pasado 5 de mayo. Los organizadores lo subestimaron: Primero le dieron una sala para 200 personas. Cuando se desbordó, pasaron a otra para 500. Mientras Kicillof se demoraba en el tránsito tuvieron que colocar otro racimo extenso de butacas.

Diálogos sin corbata

No es la primera vez que la simbología de la corbata ingresa de lleno en el drama argentino. En el caso de este nuevo libro, la ausencia proclamada de ese elemento arcaico de vestimenta, que tiene 400 años encima, es un código de lectura: para que la economía tenga un arraigo popular es necesario que se instrumente sin la corbata, que se ejecute rompiendo las tradiciones del vestidor financiero.

Algo del componente traidor que conlleva una corbata ayudó a instalarlo Augusto Timoteo Vandor. Poco después de que Onganía se autoproclamara presidente, el líder metalúrgico estrechaba su mano en la casa de gobierno dando cierre a un nuevo convenio sectorial que terminó siendo un garrotazo a la capacidad de compra de los salarios de la UOM. Ese día, Vandor vestía una corbata idéntica a la que llevaba Rosendo García cuando fue asesinado por la espalda en La Real de Avellaneda por el mismo Vandor.

Eran dos corbatas gemelas que Norberto Imbelloni les había regalado, una a cada uno. La de García desapareció del hospital la misma noche que entró baleado y no pudo ser siquiera aportada como elemento de prueba. Vandor la lució, en cambio, junto a Onganía, rindiendo un cruel homenaje a quien lo secundaba en la conducción del gremio antes de que un proyectil le atravesara el abdomen.

Hay otro punto en esta línea de tiempo que también sitúa a las corbatas en el centro de la curva dramática. Se trata de una serie de noches frías de julio del 77 en las que la boca hambrienta del Estado militar se devoró la vida de una decena de personas. El caso quedó grabado como “la noche de las corbatas”, porque siete de los secuestrados eran abogados laboralistas de la zona de Mar del Plata, que tenían en su haber una trayectoria de militancia en el campo popular y que habían asumido la responsabilidad de las presentaciones de hábeas corpus de los trabajadores que ya estaban desaparecidos.

Los abogados fueron secuestrados en algunos casos junto a sus esposas y fueron llevados a “La Cueva”, uno de los centros clandestinos más grandes de la región, a un poco más de 10 kilómetros de Mar del Plata. Algunos de ellos lograron sobrevivir a las torturas y pudieron luego testimoniar en los juicios por la verdad.

Es un caso antagónico, claro. Las corbatas secuestradas por traicionar su estirpe, por defender al sector trabajador. Pero queda en la historia justamente como “la noche de las corbatas” porque el dato significativo es que se la jugara un rubro que habitualmente usa corbatas. Hubo muchos otros abogados desaparecidos durante la última dictadura; más de 120. Pero de todas formas es la simbología de la corbata lo que contrasta allí.

Este libro “Diálogos sin corbata”, que  retoma el programa “Economía sin corbata” y recoge algunas de las entrevistas allí realizadas a Axel Kicillof (sumadas a otras como las de Dolina o la de Verbitsky), había sido presentado en octubre de 2015 en la Biblioteca Nacional y ya entonces el espacio destinado había quedado chico. Ahora fue nuevamente lanzado en una charla entre Kicillof y Paenza, en la que se habló más de política que de economía: Es que solo con una corbata bien atada al cuello puede construirse la fantasía de que es posible hablar de economía sin mencionar a la política.

#PanamaPapers: La ruta es Grindetti (Segunda parte)

La filtración de un poder otorgado a Grindetti por una empresa fantasma para operar en el Credit Suisse podría tomar una dimensión más riesgosa para el ex Ministro de Hacienda de la Ciudad: Por esa misma fecha, fue denunciado judicialmente por pagar 8 veces más las comisiones por la colocación de un bono porteño. Los beneficiarios de esa supuesta irregularidad fueron, casualmente, el Credit Suisse y un aportante a la campaña de Macri.

Grindetti

En la primera parte de esta investigación para Artepolítica se señaló que la ruta del dinero oscuro que había quedado en parte descubierto con la filtración del Panamá Papers debía centrarse en Néstor Grindetti, que fue apoderado de una cuenta de una filial del Credit Suisse perteneciente a una firma fantasma domiciliada en Panamá desde el 19 de mayo de 2010.

Los principales puntos dudosos hasta entonces eran:

  1. Los directores de la empresa parecían ocupar el cargo para tapar a otros directivos reales, dado que también cumplían esa función en otras miles de compañías, donde posiblemente estén alquilando su nombre.
  2. La empresa Mercier se creó a fines de mayo de 2010 y a menos de dos meses de su funcionamiento le otorgó un poder al por entonces Ministro de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires para administrar la cuenta bancaria en una rama del Credit Suisse: el Clariden Leu AG, un operador de private banking.
  3. La tramitación de la empresa se realizó a través del Estudio Chadicov; una firma uruguaya que se encarga de crear “sociedades de Zona Franca y jurisdicciones Off Shore” para clientes reservados y que ofrece la “tercerización de la administración de la sociedad, incluyendo domicilio fiscal” y la “representación de los Accionistas y/o Directores de la sociedad”.
  4. El poder bancario para Grindetti se extendió hasta junio de 2013; y un par de semanas antes de que venza, el ahora intendente de Lanús viajó con Mauricio Macri y Rogelio Frigerio a Panamá por dos días y medio.

Toda esta recapitulación –algo tediosa para quien ya leyó la primera parte- es necesaria para relacionar lo que podría ser una hipótesis seria de investigación en torno a Grindetti y su función al frente del Ministerio de Hacienda porteño.

A comienzos de abril de 2010, el funcionario quedó envuelto en una denuncia judicial, que orilló la difusión mediática, por el acuerdo económico que había concretado para lanzar una serie de bonos de la Ciudad, denominados “Tango 08”. Esos papeles salieron al mercado con una tasa aparentemente bastante más alta de lo que se podría haber conseguido, pero además pagando comisiones a los intermediarios supuestamente excesivas.

En concreto, la operación de Grindetti implicó el pago de comisiones por 9,56 millones de dólares, lo que equivale al 2% de la colocación total; mientras que otros oferentes habían propuesto cobrar un 0,25%, es decir 8 veces menos. La cosa llegó pronto a la Justicia y ahí se estancó.

Pero, ¿quiénes cobraron la comisión por la colocación del bono “Tango 08”?: El Credit Suisse y KBR Corporate Finance.

Grindetti fue denunciado por los presuntos delitos de defraudación por administración fraudulenta, incumplimiento de los deberes de funcionario público, malversación de caudales públicos y negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. Básicamente, se lo acusaba de haber beneficiado la oferta del Credit Suisse por sobre la de otros bancos, que ofrecían tasas más bajas y comisiones menores.

Todo esto sucedió a fines de marzo de 2010 y el 29 de ese mes salió a rodar el bono. Luego, unos dos meses más tarde, se creará en Panamá la firma Mercier International SA que dará a Grindetti el poder para operar una cuenta en el Crédit Suisse.

La otra pata de esta denuncia la compone KBR Corporate Finance Ltd, una financiera internacional, que opera en la Argentina representada (en ese momento, al menos) por Edgardo Srodek, quien en 2005 había oficiado de jefe de campaña de PRO en la provincia de Buenos Aires. Luego, en 2007, Srodek fue también aportante de la campaña de Macri.

Lo llamativo del caso es que KBR Corporate Finance abre también una representación por esa fecha en Delaware (uno de los paraísos fiscales más importantes del mundo, ubicado en Estados Unidos) y en New York.

Es decir que a pocos días de cerrar el negocio con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, KBR compone una firma en un paraíso fiscal que prácticamente coincide con la fecha de apertura de Mercier en Panamá.

En bono Tango 08, una colocación de U$S 475 millones, buscó financiar a la Ciudad para realizar obras de infraestructura principalmente para las líneas A, B y H del subterráneo (se esperaba inaugurar en los siguientes dos años siete estaciones nuevas).

La denuncia contra Grindetti la presentó la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y también incluyó al director general de Crédito Público, Abel Fernández Semhan. Ellos afirman, todavía, que se pagó “ocho veces más caro” el gasto de intermediación de la emisión del título público Tango 8. Posiblemente, la filtración del Panamá Papers ahora dote a la Justicia de más elementos para profundizar la investigación.

 

#PanamaPapers: La ruta es Grindetti

El ex Ministro de Hacienda porteño manejaba una firma que sigue vigente y con directores fantasmas. Mercier International SA se creó a través de una triangulación con un estudio financiero uruguayo y Mauricio Macri y Néstor Grindetti viajaron juntos a Panamá apenas unas semanas antes de que se venza el poder para operar en el Credit Suisse.

 

La estrategia comunicativa del macrismo frente al #PanamaPapers consistió en centrar su defensa sobre la figura del presidente Mauricio Macri, reduciendo la denuncia al caso de la firma en la que figuró como director hasta 2008, en un tándem familiar. Sin embargo, por el peso de la información y por la función que cumplió, todo parece indicar que una investigación seria al respecto debería comenzar por Néstor Grindetti y su lugar dentro de esta empresa que vincula Uruguay, Panamá y Suiza: tres paraísos, sin dudas.

Grindetti, actual intendente de Lanús, fue uno de los nombres que salió a la luz con la filtración del caso PanamaPapers. Se desempeñó como apoderado de Mercier International SA, una firma creada el 19 de mayo de 2010 y que a menos de dos meses de su funcionamiento le otorgó un poder al por entonces Ministro de Hacienda de la Ciudad de Buenos Aires para operar en su cuenta bancaria en una filial del Credit Suisse.

Entre los documentos dados a conocer este domingo por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) se revela que ese poder se extendió o permaneció vigente hasta junio de 2013, lo cual podría llegar a resignificar un viaje que Grindetti realizó junto a Mauricio Macri y Rogelio Frigerio a Panamá a mediados de marzo de ese año, es decir apenas unas semanas antes de su vencimiento.

El viaje fue, según se anunció en ese momento, para cerrar un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar obras de vialidad en la Ciudad. La comitiva estuvo reservada a solo ellos tres y se extendió por dos días y medio.

El poder para Grindetti estuvo firmado por dos de los directores de la empresa: José Jaime Melendez y Jaqueline Alexander. Melendez es, además, director de otras 802 compañías. Alexander, de 8.627. O se trata de los directivos más productivos del mundo o, en verdad, son nombres que tapan otros nombres.

Esa línea de investigación se reafirma con la otra pista que se reveló tras la filtración de Panamá: La tramitación de Mercier International SA se realizó a través del Estudio Chadicov; un empresa uruguaya que se encarga de crear “sociedades de Zona Franca y jurisdicciones Off Shore” para clientes reservados.

Entre sus servicios más destacados figura la “tercerización de la administración de la sociedad, incluyendo domicilio fiscal” y la “representación de los Accionistas y/o Directores de la sociedad”.

Otro dato importante es que la firma continúa actualmente vigente. Es decir que, si los directores son representaciones ficticias, quien haya decidido crear esta empresa también tomó la decisión de que continúe vigente, aunque se desconoce su actividad concreta.

El poder que le fue asignado al ex Ministro de Hacienda fue para administrar una o más cuentas en el banco suizo Clariden Leu AG, un operador de private banking del Credit Suisse. Como es sabido, Suiza y sus laberínticas entidades financieras encabezan el destino donde se ocultan miles de millones de dólares no declarados de ciudadanos de todo el mundo.

Ese documento lleva la firma de los dos directivos mencionados, pero los registros de Panamá muestran que hay otros tres nombres ocupando ese espacio también: “Yenny Martínez”, “Hercibelle González”, “Verna de Nelson”, todos ellos directivos a su vez de otras tantas firmas de composición fantasmagórica.

Costos y deudas a la licuadora: Los primeros ganadores de la devaluación

Como caso testigo, una petrolera canadiense con actividad en la Patagonia emitió una comunicación a sus inversores en la que celebró el nuevo esquema cambiario argentino. “En un día, nuestra deuda cayó un 30%”, destacan.

La reciente devaluación del peso, más allá de las consecuencias macroeconómicas futuras, generó ganadores inmediatos en el ámbito empresarial. El primer efecto se tradujo en una caída de sus costos de operación y una merma en el peso de sus deudas. El caso testigo lo ofreció Crown Point Energy, una compañía canadiense de petróleo y gas, que difundió recientemente un balance para sus accionistas e inversores, detallando los beneficios que la medida económica representa para el universo privado internacional.

El pasado 21 de diciembre, la firma reveló que “la devaluación del peso argentino reduce los costos y los gastos de capital”, dado que “el 100 por ciento de la financiación e impuestos, el 80% de los gastos generales y administrativos y el 70% de los costos de operación” están atados a la moneda local.

En contraposición, la totalidad de sus ingresos por petróleo y el 85% de sus ingresos por gas natural están valuados y facturados en dólares, pese a que fueron establecidos en pesos al momento de recibir sus concesiones, según destaca este documento.

Así como se licuaron los costos de producción, también se alivió el peso de sus deudas: “El 16  de diciembre de 2015, antes de la eliminación de los controles de divisas, la deuda de la compañía (por líneas de financiamiento locales) era de 3,2 millones de dólares aproximadamente. El 17 de diciembre, después de la eliminación de los controles, el importe de deuda estimado pasó a ser 2,3 millones”.

Es decir, según destaca la propia firma, que su saldo pendiente de pago se redujo de un día para el otro en un 30 por ciento.

Este balance empresarial contradice la argumentación del macrismo, que durante las elecciones alegaban que la devaluación ya estaba hecha, dada la cotización ilegal del dólar. La comunicación de Crown Point confirma que sus deudas, cálculos de costos e ingresos estaban calculados sobre la base de un peso oficial que rondaba los 10 pesos, y no sobre el valor residual del blue.

Pero, además, la firma recibió a modo de incentivo bonos del Programa Petróleo Plus que “están protegidos del riesgo de devaluación”, porque están nominados en dólares, pero se establecieron en pesos al momento de la venta. Es decir que también se incrementaron sus activos por este costado.

Crown Point Energy es una empresa canadiense, con un directorio conformado por algunos ex Repsol, que mantiene actividades en Mendoza, Neuquén y Tierra del Fuego. Su caso es sintomático para comprender los beneficios inmediatos que una devaluación representa para las firmas internacionales que tienen actividad en el país.

En resumen: mejor cotización para sus bonos, menos deuda en pesos, descensos en los costos impositivos, laborales y de operación es el coctel positivo que la devaluación dejó a este tipo de firmas.

Por la banquina del macrismo

¿Qué sectores político-ideológicos de la Argentina crecerán en la banquina del macrismo?

Por los bordes del Estado circulan -siempre- determinados actores sociales que son los que interactúan con él de diversas maneras. No los contratistas o empresitas que se hacen ricas por licitaciones públicas. No.

Quiero decir, por ejemplo: Qué intelectuales encontrarán ahora más fácilmente publicar sus ideas; qué universidades privadas podrán ahora entablar contratos o convenios con áreas públicas; qué cámaras empresariales estarán ahora habilitadas a abrir una oficina de servicio público en su sede para ver crecer su caudal de asociados; qué consultoras serán contratadas para estudiar impactos sociales de políticas públicas; qué centros de estudios aportarán cargos poco visibles (como subsecretarías o direcciones); qué bancos manejarán la deuda argentina; en qué iglesia se hará el tedeum; qué empresario proveerá de seguridad privada a los funcionarios; qué cuentos premiarán los concursos literarios; qué celebraciones históricas recibirán énfasis. Qué cara tendrá el billete de 500 pesos.

Todos estos elementos, casi invisibles, son claves. Determinarán qué sectores ideológicos, empresariales, comunicacionales, educativos, crecerán en la sociedad argentina en los próximos años. Son los que manejarán fondos, los que tendrán vínculo con el poder, los que se ensancharán en su capacidad de acción dentro de la sociedad. Podría decirse que una derecha inteligente no se expresa ideológicamente (únicamente) en sus celebraciones públicas, sino que lo hace a través de los anillos que la envuelven y crecen con ella.

La agenda del desarrollo del FPV, ¿con qué minería sueña?

Conceptualmente, una de las columnas de la campaña presidencial de la fórmula del Frente para la Victoria radica en la promesa de impulsar una “agenda del desarrollo” que continúe el ciclo político iniciado en 2003, pero que ofrezca un paso superador a los techos que el modelo parece haber encontrado tras 12 años en el poder.

Ese significante agenda del desarrollo puede funcionar bastante bien como dispositivo de campaña, porque permite ser completado por casi cualquier aspiración electoral, individual o colectiva. Sin embargo, el concepto “desarrollo” ya implica un marco en sí, una tradición política argentina que de alguna manera lo limita, pero sobre todo lo encuadra. El desarrollismo, como vertiente económico/política, podría ser un cauce intuitivo del término desarrollo, tan frecuentemente utilizado por Scioli. No tanto por su materialización en Frondizi/Frigerio, sino como hipótesis de gobierno post-peronismo del `55, donde los debates no era tan distantes de los actuales: Al momento del golpe, la industria liviana había alcanzado y colmado ya su capacidad instalada, con una demanda interna sostenida que impulsaba los precios, una caída de los commodities internacionales, déficit comercial, limitación de divisas, sequías agrarias, dificultades para importar bienes de capital e insumos para garantizar una expansión de la industria pesada, y un sector privado que reclamaba más productividad como condición para hablar de nuevos repartos de la torta.

El escenario hoy no es tan lejano, aunque sí mucho menos asfixiante: regulación del mercado de divisas, caída de los precios internacionales, derrumbes de las economías compradoras de las exportaciones argentinas, alta demanda del mercado interno, inflación, dificultades para importar, y un sector privado que reclama más productividad como condición para hablar de nuevos repartos de la torta. Es, decíamos, menos complejo desde lo económico (comparado con el `55), pero también es mucho más armonioso desde lo político, eso es innegable.

Como sea, es evidente que –aún dentro de ese marco histórico- esta “agenda del desarrollo” propuesta por el Frente para la Victoria (y, particularmente, por Scioli) para la etapa que está llegando, puede tener muchas derivaciones y desenlaces. Pero a este artículo le interesa preguntarse específicamente sobre la compatibilidad o no de la actividad minera con la idea de un desarrollo superador y, en todo caso, explorar qué tipo de explotación del suelo sería más acorde.

 

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La minería es actualmente el tercer rubro exportador de la Argentina, después del agro y los alimentos. Sus ventas al exterior superan los 10.000 millones de dólares anuales (con proyecciones para fines de 2020 en torno a los 16.000 M), mientras que en 2003 apenas si superaba los 2.000 M.

Se conoce que la intención del equipo económico que acompaña a Scioli es dotar de más impulso a este sector, con la aspiración (con los ojos puestos en Chile) de que pueda ser fuente de más divisas, para aliviar el verde cuello de botella característico de los renovados ciclos de stop&go.

Es cierto que en la Argentina el sector ha crecido a tasas superiores a las del promedio de la economía en esta última década, pero no es menos real que ese crecimiento fue principalmente en términos extractivos y de exportación en crudo, apenas si diferenciándose los minerales para su clasificación y venta al exterior.

De hecho, en muchos casos, el desarrollo o pavimentación de las nuevas vías de comunicación terrestre con Chile estuvieron impulsadas por la necesidad de exportar por puertos más cercanos a los centros de explotación. Por ejemplo, el Paso de Jama, que conecta Jujuy con la Antofagasta chilena, y que sumado el tránsito de automóviles y de ómnibus no alcanza siquiera al 50 o 60% de todo el movimiento de camiones comerciales que anualmente lo atraviesan.

El sector minero ha sido clave para el ingreso de divisas vía exportaciones y también a través de inversión directa, pero una planificación más acabada o una proyección consensuada con los actores intervinientes puede ser todavía más provechosa y acorde con un plan de desarrollo superior.

A lo que vamos es que se ha avanzado sobre explotaciones de gran escala, con un impacto ambiental profundo, pudiendo generarse similares resultados si se planificara con más inteligencia qué minerales y qué sectores pueden dinamizar la economía local. Después de una serie de crecimiento sostenido y a escalas muy pronunciadas (impulsado por el precio internacional de los minerales, sobre todo hasta 2012/2013), con un PIB del sector a precios corrientes de 18.300 millones de pesos en 2011, existen registradas apenas unas 6.000 empresas locales –Pymes- que proveen a las multinacionales mineras de insumos y servicios.

De nuevo: tan solo 6.000 Pymes proveedoras registradas, de las cuales muchas de ellas, incluso, están destinadas a otros sectores y, colateralmente, también pueden ofrecer su producción a las mineras.

Si se considera que en la Argentina hay unos 600 proyectos extractivos activos (con escalas muy diferentes, claro), el cálculo daría un promedio de 10 empresas pymes locales proveedoras por cada emprendimiento: eso incluye desde las compañías que administran los comedores internos de las plantas, hasta las siderúrgicas que proveen los insumos pesados.

El beneficio para el entramado de pequeñas y medianas empresas, como se verá, no ha sido tan promisorio como los números del sector podrían dejar ver. Sobre todo si en la ecuación se suma la afectación del suelo argentino que la actividad demanda: Sólo en 2011, un año fuerte para la minería en la Argentina y en el mundo, los niveles de perforación del suelo se encontraban un 660% por sobre los acusado 10 años atrás. Tan solo en ese año, las empresas mineras perforaron 1.031.600 de metros sumando exploración y explotación (principalmente en la cordillera andina).

 

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Como en todo rubro de la economía, hay subsectores o subexplotaciones más estratégicas que otras. Desde no hace muchos años, en el norte del país comenzó a extraerse litio de las salinas, con un tipo de producción que funciona por piletas de agua y que casi no demanda riesgo para el suelo.

Es un mineral estratégico porque es el elemento determinante en las baterías de dispositivos de tecnología móvil y de los autos eléctricos, que las principales automotrices del mundo se comprometieron a comenzar a fabricar antes del 2020, como atenuante a las emisiones de carbono generadas por los combustibles fósiles. Desde entonces, el precio del litio aumentó considerablemente, con una demanda internacional proyectada (sólo para producir baterías de autos) en 74.000 millones de dólares para esa fecha límite.

El norte argentino integra el triángulo de reserva de litio más importante del mundo, compartido por las salinas que se expanden por el sur boliviano y por el desierto chileno. Entre nuestros tres países, se encuentra el 85 % de todo el litio detectado en el planeta.

Las primeras explotaciones en el país estuvieron autorizadas a una firma canadiense, que se asoció con una automotriz japonesa. Desde hace poco tiempo comenzaron ya a extraer litio, sumado también a un proyecto local de potasio. El objetivo es, otra vez, exportar el mineral para su industrialización en el exterior.

Sobre el total de una batería de un automóvil, que puede valer en mercado cerca de 20 mil dólares, el costo del litio es de apenas el 3%. Si las proyecciones se cumplen, la demanda de baterías de litio tiene un horizonte de crecimiento promedio de 21% anual. Esa batería de Li-Ion podrá hacer rendir a un automóvil unos 480 kilómetros y se recargará en aproximadamente cuatro horas, por lo que se apuesta a tener más de una, para intercambiar cuando se termina la autonomía.

La Argentina tiene, además del mineral, la trayectoria, capacidad técnica e infraestructura de una industria automotriz que se desarrolló fuertemente desde la década del sesenta y que es determinante en el intercambio comercial del país. Es simplemente cuestión de unir voluntades para que un mineral estratégico extraído del suelo argentino se industrialice localmente y se exporte con un valor agregado sustancialmente mayor.

El uso de automóviles a baterías de litio-ion es un compromiso que apunta a contrarrestar las emisiones de CO2 causadas, en primer lugar, por los transportes que usan como combustible derivados del petróleo, superando las emisiones industriales. En el mundo, hoy, ya hay 1.000 millones de automóviles transitando por carreteras y ciudades conformando un doble problema: la contaminación ambiental y el incremento exponencial del consumo de ese tipo de combustibles no renovables.

La industria automotriz local puede ser determinante si se decide emprender este desafío: La Argentina cuenta con 11 terminales productoras; empresas multinacionales, entre ellas Ford, General Motors, Fiat, Mercedes Benz, Peugeot-Citroën, Renault, Toyota, Volkswagen, Honda e Iveco. Si el objetivo es poner a trabajar a estas empresas en un proyecto ambicioso como el desarrollo de baterías de litio-ion para automóviles eléctricos, es necesario una política de estado que regule y determine esa dirección (diríamos, una agenda de desarrollo), porque estas empresas son naturalmente eslabones de un funcionamiento global y responden a sus casas matrices.

Es parte de una negociación política entre el Estado y estas firmas que hoy es indispensable, no sólo por proyectos ambiciosos como el de la industrialización del litio, sino para garantizar mayor integración de piezas locales y limitar las importaciones de las automotrices que generan actualmente un fuerte déficit comercial de 9.000 millones de dólares anuales. Y no se trata de componentes demasiado complejos (o no todos, al menos), sino que se compran al exterior cables, caños, cinta aisladora, conectores plásticos, relés y espumas insonorizantes, entre otros productos que naturalmente se pueden abastecer con producción local. Eso sucede cuando se impone una política comercial de una firma multinacional que envía direcciones desde una casa matriz, al margen de los objetivos de desarrollo de un país. Es entendible que así suceda, pero el Estado tiene que intervenir en ese armado para intentar lograr un mejor resultado para su matriz productiva.

De hecho, una de las empresas que está extrayendo litio de Jujuy es la japonesa Toyota, que también opera como terminal productora en el país, pero que no tiene entre su planificación la industrialización local de este mineral, sino que lo extrae en asociación con una minera australiana que se llama Orocobre y que se lo llevan luego al exterior. Es decir, tranquilamente podría pedírsele a Toyota que genere las baterías en el país, ya que para este proyecto minero invirtió la suma de 1.250 millones de pesos argentinos, con una producción que ellos estiman en 18.000 toneladas de carbonato de litio.

 

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Como sea que este desarrollo se planifique hay que tener presente que cualquier decisión que afecte el medioambiente y entorno de la vida de determina población, pero principalmente las intervenciones asociadas a proyectos mineros que modifican de una manera tan rotunda y brusca la geografía, tiene y debe ser compartida con la comunidad hasta lograr un consenso que habilite esa actividad. No es parte de un programa de responsabilidad social empresaria, es un derecho de todos los ciudadanos amparado en la Constitución y los tratados internacionales.

El pico de los precios mundiales de los minerales despertó en estos años una oleada de protestas y resistencias en los pueblos de las provincias mineras, que fue luego lentamente menguando, apaciguada por la merma en los precios, que congeló algunos proyectos, y también por un cambio de estrategia empresarial, que rindió sus frutos para ellos. Se escucharon oposiciones inteligentes, advertencias severas, pero también se pudieron ver posiciones necias, extremas, que sólo pueden explicarse por una mala conducción del fenómeno y por la escasa o nula información oficial. Ese secretismo por parte de la Secretaría de Minería de la Nación fue más contraproducente que cualquier otra estrategia.

 

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Me acuerdo que en 2009 o 2010 estaba recorriendo la zona de la puna jujeña, y después de reunirme con referentes en Tilcara y en Humahuaca de las organizaciones locales anti mineras, me dieron el dato de una situación particular en la localidad de Juella, un poblado muy chiquito, a siete kilómetros de Tilcara, de tan sólo 149 habitantes (en ese entonces). Viajé en colectivo unos minutos y el chofer mi indicó que me bajara en un paraje de la ruta 9, a la altura del pueblo, que está unos dos kilómetros para adentro. Cuando llegué, golpeé en una de las pocas puertas y me atendió Antonio Gaspar Ramos, un laburante minero de toda la vida y con herencia minera, porque su padre también lo había sido y había fallecido en un socavón. Y me contó con detalles algo que voy a intentar resumir lo más fielmente:

Allá por junio de 2008 empezaron a notar con asombro que por las mañana atravesaban la única calle transitable de Juella unas cuantas camionetas 4×4 que recién regresaban entrada la tarde. La localidad no figura en ningún mapa turístico y como está alejado de la ruta, el transito ajeno a su población es más bien escaso. Entonces, dos artesanos del pueblo se pararon en el medio del camino y se quedaron esperando hasta que llegaron esas camionetas, que naturalmente tuvieron que frenar porque no había por dónde pasar. Al principio no querían siquiera abrir las ventanillas, pero finalmente apenas si bajaron el vidrio del lado del conductor de una de ellas y les entregaron unas tarjetas personales que decían: “Uranio del Sur S.A. – Lic. Juan Guillermo Orozco”.

Yo tuve esa tarjeta en mis manos; me la mostró el propio Ramos. Esa fue la forma cómo se enteraron los habitantes de la Quebrada de Humahuaca que se estaban haciendo exploraciones de uranio por parte de una empresa suizo-canadiense, con una filial en la Argentina. Efectivamente, existió un sitio web de esa firma, que hoy es inhallable, donde aseguraban a sus inversores que ya tenían concesionados no sé cuántos kilómetros jujeños y que con seguridad iban a poder extraer uranio de allí. Después, misteriosamente, por lo menos para mí, la cosa se enfrió, ese sitio desapareció, y con los meses Tilcara consiguió sancionar una ordenanza que prohíbe “la radicación de explotaciones mineras metalíferas a cielo abierto”.

Pero el punto es que nadie puede esperar que una comunidad que pasó por una experiencia extrema de imaginar que a pocos kilómetros de su casa iban a estar explotando rocas gigantes, tratando minerales con químicos, consumiendo el agua (que siempre es escasa) y transportando uranio, que luego apoyen o convaliden proyectos mineros estratégicos, hechos a conciencia y con marcos regulatorios que funcionen.

 

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Y específicamente el tema del uranio es un mineral clave para comprender este proceso. La Argentina tiene hoy un consumo relativamente chico de uranio (unas 200 toneladas anuales), para abastecer principalmente a sus centrales nucleares. Y aunque podría extraerlo de su propio suelo, porque el mineral está presente en muchas provincias, y en abundancia, se termina importando mayormente de Kazajistán, que es el principal productor a nivel mundial.

¿Por qué? La extracción de uranio está lejos de obtener hoy una licencia social que la habilite, por el desastroso resultado de dejó el último ciclo extractivo. El país fue pionero a nivel mundial en la explotación del uranio, arrancando por iniciativa de Juan Perón en su primer gobierno; pero la actividad minera estuvo mal manejada y dejó un resabio de casi 5 millones de toneladas de residuos, muchos de ellos contaminantes. Un “pasivo ambiental” del que recién se tomó dimensión en la década del noventa, cuando la actividad cayó en una depresión terminal y quedaron sólo los desechos dispersos por Mendoza, Córdoba, La Rioja, Salta y San Luis. Hay un plan de remediación, que nunca se termina del todo y que avanzó principalmente en las tareas de Malargüe. Pero el punto es que el consumo actual de uranio que las centrales nucleares demandan son dólares que todos los meses tienen que cancelar compras al exterior, cuando podrían ser parte de un mismo proyecto que incluyera el ciclo completo de abastecimiento energético, desde la extracción del mineral, hasta su generación y almacenamiento.

Hoy no representa tanto, porque el país tiene en funcionamiento tres centrales que generan unos 1.755 megavatios. Pero proyectado en el tiempo la ecuación cambia: el plan ya anunciado es la construcción de tres nuevas centrales nucleoeléctricas, hasta lograr una generación de 4.500 megavatios. Ahora, este tipo de energía aporta algo menos del 10% sobre el Balance Energético Nacional, mientras que una década atrás estaba en un 5%.

La energía nuclear sigue siendo de todas formas un remanente: el grueso de la producción está asociado al gas natural y al petróleo, es decir los recursos fósiles. Lo deseable sería que una planificación a 10 o 15 años aspire a diversificar la matriz energética, disminuir la incidencia de los hidrocarburos y apostar a un autoabastecimiento. En cierto sentido, el camino parece conducir hacia ese horizonte; la Argentina lo logró hace algunas décadas, tras el descubrimiento del yacimiento Loma La Lata en 1975. Hoy, Vaca Muerta aparentemente podría garantizar un escenario de autoabastecimiento, con un cambio profundo en los niveles de producción, y por lo tanto en la dependencia externa y el déficit comercial que presenta la ecuación actual.

Papel Prensa: Algunos datos nuevos a lo que ya se conoce

Subsidios, alianzas de antaño con la Sociedad Rural, el ahogo a los otros medios y el agite de Escribano

Es mucho –saludablemente- lo que ya se ha dicho sobre Papel Prensa. Con mayor o menor efectividad en los procesos judiciales, hoy es fácil encontrar información sobre el origen y proceder de la firma compartida entre La Nación, Clarín y el Estado argentino. No hace muchos años atrás, cuando yo cursaba la carrera de periodismo en Lomas de Zamora, Daniel Casal nos hablaba casi susurrando del pasado de esta desconocida firma (para el común de los mortales) llamada Papel Prensa. Nos contaba cómo habían liquidado a sus competidores escatimándoles el insumo básico y cómo se habían devorado a los antiguos accionistas. Nosotros nos creíamos conocedores de un secreto de la profesión –quizás, de uno de los primeros secretos de la profesión al que accedíamos-, y en cierto sentido lo éramos.

Hoy, la cosa es distinta. Pero vamos a intentar sumar algunos datos extras a lo ya conocido, para seguir construyendo esta “historia conjetural de Papel Prensa”, como bien podría llamarla Horacio González.

Papel Prensa - Denuncia El Día

#1M: Argumentos que movilizan

Salvo una revelación de último momento, no pareciera haber hoy dirigente en la Argentina que pueda sostener una pieza oratoria del calibre y con el nivel de argumentación política como la que CFK despachó durante casi cuatro horas en la apertura de las Sesiones Ordinarias.

Foto Marcha

Afuera, se vivió como una suerte de cátedra abierta a cielo abierto. La gente escuchaba el discurso en silencio, y se disparaban cada tanto oleadas de aplausos cuando la cuestión se ponía picante. Los bombos sonaban apenas unos segundos, porque cuando Cristina retomaba el hilo, la Plaza volvía su silenciosa atención a las pantallas gigantes. En algunos párrafos sensibles, como los referidos a la AMIA o Malvinas, la emoción afuera pasaba los 99 grados y no pocos hacían pasar por lluvia lo que en verdad eran lágrimas.

Por Callao se habían estirado las vallas para dejar vacía la avenida por donde se iría luego Cristina. Es decir que para aquellos que quisimos llegar a la Plaza desde –digamos- el norte del Congreso, lo único que nos quedó fue caminar hasta Corrientes, esquivar el vallado, y retomar para el Congreso. Obviamente, muchos decidieron quedarse de aquel lado, evitar la larga caminata, aunque el sonido de los parlantes llegara en un bloque algo indescifrable.

Justamente de aquel otro lado de la valla, donde la gente se agolpaba en negocios que tuvieran la televisión prendida, se dio una escena interesante de analizar: Detrás de la barra de una pizzería, un mozo sostenía con el brazo estirado un plato con dos porciones que, a su vez, estaba también agarrado desde la otra punta por una mano de uñas rojas. El plato firme en el aire, apuntalado por estas dos manos. Él y ella, el mozo y la clienta, se había congelado mirando la televisión y escuchando el discurso de CFK, que por ese tramo atravesaba los destinos de Aerolíneas Argentinas. Cuando llegaron los aplausos, bajaron el plato a la barra que los separaba, cada cual celebró a su modo, y recién entonces retomaron la escena comercial: La mujer estiró el dinero, el mozo entregó de nuevo el plato y ella se lo llevó hasta una de las mesas del local.

El poder de una buena argumentación quedó plasmado en esta especie de fotografía. El flaco laburante de domingo y la mujer de camisa clara y uñas rojas atraídos por un mismo mensaje e interpelados por la complejidad de un discurso presidencial destinado (al menos en la letra constitucional) al cuerpo de legisladores. Anida ahí toda una definición: La argumentación, que en el fondo es la más loable de las herramientas de la política, puede atravesar un cuerpo social y torcer los rumbos de una nación intempestivamente.

Se me cruza la imagen de Walsh, sentado solitario frente a su máquina, eslabonando argumentos, causas, hipótesis, convencido que la potencia de un texto perfecto podía erosionar con mucha más efectividad las columnas de un régimen de facto que las fallidas tácticas de guerra.

El discurso de Cristina ante el Congreso dotó a la discusión política de nuevas dimensiones de análisis, reorientando debates: por ejemplo el de la AMIA; ¿por qué acaso nadie habla de la Embajada?; o el de los acuerdos económicos, planteando la necesidad de imaginar un nuevo escenario geopolítico para los próximos cinco años; o el de la prensa, al estrechar lazos con elementos de la Justicia que parecían inconexos; etc. Se trató de un discurso articulado en diferentes planos de la simbología de un lenguaje, lo que contrasta con la sequía argumentativa que suele prescribir el recetario del marketing político: Frases simples, temas palpables, cercanos a la cotidianeidad, golpes de efectos y otras hierbas.

Hay entre esa complejidad discursiva y la masiva concurrencia que escuchaba atenta desde la Plaza, un vínculo que es difícil de cuantificar en encuestas, que descansa más sobre el reconocimiento de un pueblo por sentir que no lo subestiman, por encontrar placer en descifrar entre esas palabras de Cristina los oscuros vericuetos que esconde la política argentina; en resumen, por sentirse parte de un proceso.

Y ese sentirse parte es lo que explica que después de tantos años al frente del Gobierno, el oficialismo aún tenga esa capacidad de convocatoria masiva.

Algunos celosos cronistas (que vomitan en twitter lo que las formas no le permiten en los diarios) prefirieron ningunear la movilización mostrando las fotos de una asamblea de micros estacionados. Es una pavada, pero vamos a responder: ¿Acaso esperan que 30 tipos que militan juntos en –pongamos- Berazategui vayan separados a la marcha y se encuentren en la esquina del Molino a las 11.30 para juntar las banderas de su agrupación que cada uno llevó por su parte? ¿Realmente creen que se puede movilizar 200 o 300 mil personas aparateadas por las unidades básicas de Lanús, La Matanza y Morón? Es necio pensar que la única forma leal y genuina de manifestarse es esta ficción de la autoconvocatoria, a la que todos llegan casi de casualidad, sin banderas políticas. Quizás los atormenta que un municipio pague el costo de los micros… ¿Quién se piensan que financia los congresos anuales de las cámaras empresariales, o los viajes de los expositores internacionales para asistir a esos paneles que arman las fundaciones de la política pop? Amigos periodistas, cuando asisten a esas jornadas en hoteles luminosos, con catering excesivo, organizadas por alguna mesa de empresarios, ¿nunca intuyeron que los organizadores también fueron a golpear las puertas de una oficina pública para pedir parte del financiamiento de ese evento, ya sea a un ministerio, una secretaría, una universidad, etc.?

¿Lo que molesta son los micros o la organización popular?

Desacreditar a los manifestantes del 1M sería igual de erróneo que desacreditar a los manifestantes del 18F. Los primeros se enfrentaron a una pieza discursiva compleja, cargada de dimensiones que interpelan a la política nacional e incomoda por la densidad de las argumentaciones. Los segundos asistieron a una marcha motorizada por el silencio, confirmando una vez más que los dos modelos de país también pueden sintetizarse en dos modelos contrapuestos de lenguaje.

 

El periodismo gráfico argentino: Entre la argumentación y el ultraje

Quino Opinión pública

 

Un análisis de las principales firmas del periodismo gráfico argentino. Sus puntos de contacto en las estructuras argumentativas y las posibles formas de la injuria. 

 

Esta investigación propone la lectura de un conjunto de artículos periodísticos en clave histórica y, a la vez, social y política. Para ello, se trabajó con una recopilación de textos que salieron publicados en páginas editoriales, en columnas de opinión o en notas centrales de algunos de los principales medios gráficos de la Argentina durante aproximadamente unos cuatro meses, entre fines de 2013 y comienzos de 2014.

La hipótesis principal es que más allá del editorialista o del medio gráfico específico, existen ciertas líneas argumentativas que engloban estos discursos, y que siempre tienen como denominador común un determinado tipo de registro injuriante o forma del ultraje.

Para avanzar en esa línea de análisis, en rigor, lo que esta investigación hace es tomar ese discurso periodístico y sacarlo de la inmediatez de su entorno para ponerlo en diálogo con otros textos y otros paradigmas. Es decir, quitarle esa particularidad efímera o de corto alcance temporal que los diarios traen en sí mismos y hacer jugar esas líneas argumentativas con visiones más paradigmáticas sobre cuestiones sociales, políticas o económicas de la Argentina.

La investigación se encuadra en un proyecto de trabajo interdisciplinario mucho más amplio, que conduce el profesor y antropólogo Eduardo Urbano en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, en búsqueda de construcciones identitarias e imaginarios sociales en la Argentina del Bicentenario. Un trabajo que lleva ya unos cuantos años de desarrollo y que vincula estudios de la comunicación y periodismo (como es éste) con trabajos antropológicos, investigaciones en el área de la educación, de la literatura, etcétera.

Este encuadre académico determinó cierta aspiración en esta investigación por distinguir la gravitación que tienen estos discursos producidos y difundidos por las empresas de comunicación masiva dentro del imaginario colectivo que una comunidad construye sobre sí misma. En otras palabras; ¿hasta qué punto los sedimentos que el caudal del río informativo va dejando moldean las representaciones que una sociedad tiene sobre sí misma?

Se trata de una pregunta bastante compleja, porque habría que analizar primero la validez de las herramientas que disponemos para evaluar el peso que tienen los discursos masivos en una representación colectiva; pero incluso sobrepasando esta digresión, cualquier estudio de opinión lleva en sí una fecha de vencimiento corta en el tiempo, dado que las representaciones no dejan de ser un campo compuesto por millones de átomos en constante tensión y disputa.

Sin embargo, sí es posible en cambio estudiar los vectores discursivos que potencialmente podrían llegar a atravesar esa representación que una comunidad tiene de sí misma; y, en rigor, como se dijo al comienzo, ese es el objeto del presente trabajo.

En cierta forma, esta investigación retoma una línea de análisis propuesta por el sociólogo Horacio González, aunque difuminada en ese océano suyo de textos orales y escritos, que siempre tienen a la palabra, al lenguaje, como obsesión analítica, y que se constituye (esta posible línea de análisis) en dos libros de relativa reciente publicación: Historia conjetural del periodismo[1]y Lengua del ultraje[2]. Los estilos periodísticos, dice González, son “germinativos”, producen efectos concretos, son “poderes que pueden modelar una época”[3], sostiene. Una conceptualización de similitud evidente con la clásica categorización del poder que expresó a su tiempo Michel Foucault[4]: “[el poder] no pesa solamente como una fuerza que dice que no, sino que de hecho va más allá, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos”.

A esa primera tesis de González –del poder germinativo del periodismo y sus estilos- se le debe sumar su trabajo con las formas del ultraje a lo largo de la historia: un recorrido del pasado que el autor construye siempre con vinculaciones al universo periodístico o a los debates intelectuales reflejados en las revistas de la época.

No obstante, y aquí es donde entra a jugar esta investigación, el catálogo de ultrajes que apunta González está principalmente protagonizado por debates personales, viejas disputas epistolarias o, incluso, por una prolongada relación de textos que Borges se cruza con un interlocutor peronista imaginario, como si fuera una especie de fuerza pulsional -¿con Perón, quizás?- a la que nunca accedió a llamar peronismo.

Y es justamente a Borges quien retoma González para elaborar los pensamientos sobre el ultraje que aquí se analizan. Fue el legendario escritor argentino quien, en Arte de injuriar[5], distinguió cierta capacidad artística, cierta belleza retórica, en la injuria, en el ultraje, -al igual que González- focalizado en relaciones no masivamente mediatizadas. Un arte que trae en su interior, agregará luego el sociólogo, “toda la potencia de una confusión de límites entre el argumento y la injuria”[6], un arte que presenta como argumento lo que en realidad es una “ofensa”.

La presente investigación busca retomar este encuadre teórico y pasar a una pregunta posterior: ¿Cómo sería entonces la mediatización[7] de ese ultraje? ¿Cómo funcionaría la potencia de una confusión de límites entre el argumento y la injuria plasmada en la página de un diario? No el entrecruzamiento de columnas en un matutino entre dos posiciones contrarias, sino el acto concreto de injuriar escondido detrás del denso manto de la argumentación noticiosa. ¿Cómo funcionaría? Si Borges obtuvo el lustre artístico de la injuria detectado en obras literarias, y si González alcanzó luego a identificar ese lustre en las polémicas historiográficas del país, comenzando por Pedro De Angelis y Esteban Echeverría y continuando por Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi; ¿es posible imaginar un tercer juego del ultraje, que contenga elementos propios y característicos de la mediatización del agravio? Y, en tal caso… ¿qué efectos puede tener ese agravio sobre las representaciones colectivas que un pueblo desarrolla sobre sí mismo?

En esta investigación se analizan distintos tipos de agravios que aparecen siempre dentro de un formato periodístico. En parte, es lógico que así sea, principalmente porque se trabaja aquí mayormente con columnas de opinión, y podría argumentarse que eso es lo que se le pide a una opinión: que opine, que argumente, y tal vez hasta que agravie. La investigación, en concreto, intenta enmarcar esa injuria, encontrarle una lógica, una operación, una metodología[8].

Para ello, se reunió un cuerpo de artículos periodísticos publicados en cuatro de los principales matutinos argentinos: La Nación, Clarín, Perfil y Cronista Comercial, que suman cerca de 50 notas que vieron la luz entre diciembre de 2013 y abril de 2014. En su totalidad refieren a temáticas del momento, ya sea como coberturas de una noticia central o como opinión o editorialización sobre una problemática específica[9]. Se intentó luego discriminar conceptos, categorías generales, a partir de un análisis en el que confluyera lo semántico, lo comunicacional y lo político al mismo tiempo: Como resultado, aquellas frases, párrafos o simplemente oraciones que entraran dentro de esa posible categorización pasaron a engrosar un conjunto de fragmentos, dotándose a sí mismos de nuevos sentidos en su diálogo con los otros textos.

En verdad, son muchas las objeciones que se le puede hacer a este corpus analítico: En primer lugar, por qué éstos y no otros artículos, o por qué estos diarios y no otros, o por qué esas fechas: las elecciones arbitrarias. Luego, las categorizaciones en que se pretendió encuadrar, encasillar los enunciados publicados: de nuevo, por qué esas categorías y no otras. Y en tercer lugar, qué nivel de representatividad tienen estos periodistas como para traerlos aquí como abanderados de un discurso masivo que atravesaría determinados estamentos de la comunidad y de su representación sobre sí misma. Serían objeciones válidas. Lo son, de hecho. Mas también es válido preguntarse cómo se salvarían estos agujeros; cuántos meses/años serían suficientes, qué otros cronistas o editorialistas, de qué medios o bajo qué soportes.

Se persiguió en la selección de autores no utilizar columnistas ocasionales de los medios, sino trabajar con periodistas/editorialistas que suelen tener una firma considerada dentro de ese periódico, que por su trayectoria o vinculación política son habitualmente los más representativos de la voz de un medio o de la postura de cierto sector social, que en muchos casos tienen programas televisivos o radiales donde replican la línea con la que se expresan en sus columnas gráficas; en suma, se intentó con la mayor honestidad intelectual, trabajar con esos apellidos que en cierto sentido marcan una agenda dentro de los grandes matutinos o, incluso, en el sistema general de medios masivos de comunicación en la Argentina. Se incluyeron además algunas notas editoriales del diario La Nación.

 

Las categorías: una aclaración metodológica

Sería ingenuo desconocer que esta investigación esconde cierta ficción académica, que imagina un posible desenlace al estilo del formalismo ruso, enumerando histórica y cientificistamente todos los casos (los metadiscursos) que pueden registrarse en determinado género o en determinada práctica cultural, acumularlos en denominadores comunes y encasillar allí los discursos sociales, uno por uno. Esa misión es ahistórica, pero por sobre todo, es irreal. Claro que siempre será posible generar nuevas categorizaciones, volver a encontrar sentidos a partir de vincular un texto con otro, combinaciones inexploradas.

Para el análisis del corpus de artículos esta investigación procedió a distinguir en primer lugar las líneas argumentativas y las posibles formas del ultraje que se repetían en diferentes diarios y bajo diferentes firmas periodísticas. Luego, se las buscó agrupar en una misma categoría, poniéndolas en diálogo entre sí, para distinguir más claramente sobre qué versaban. Y, finalmente, se fijó un nombre a esa categorización.

Naturalmente, la nominación es subjetiva y, como se verá, direcciona bastante la interpretación posible sobre ese conjunto de textos. No obstante, es importante aclarar que se intentó al momento de poner un nombre que englobe las selecciones, que se desprenda lo más honestamente posible de esos textos, de esas palabras, de esos párrafos que integran ese encuadre. Desde ya que esta aclaración no niega que la mera operación de poner ese término como categoría, y sacarlo del párrafo original, construye un texto en sí mismo.

Como sea, más allá de la nominación de la categoría, la idea es encontrar denominadores comunes en esas líneas argumentativas y el nombre debería poder pasar a un segundo plano de análisis. Lo central es comprobar si efectivamente esos denominadores comunes lo son, y cuál es la concepción predominante en esas líneas argumentativas o injuriantes.

 

1. El aislamiento internacional. Rasgos paternalistas en la relación entre la Argentina y las potencias económicamente hegemónicas

Tal como se define en su título, en esta primera categoría se intentó agrupar artículos que funcionan bajo la lógica de un esquema discursivo paternalista, según el cual las políticas argentinas o las decisiones de sus gobernantes están bajo el análisis, la tutela o incluso reprobación de una fuerza mayor. Una fuerza que, en verdad, está directamente emplazada en las naciones o actores sociales que hegemonizan el poder político y económico a nivel global.

Así, por ejemplo, en diciembre de 2013, frente a una sostenida baja del nivel de reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), “los funcionarios del gobierno de Obama”, que “con preocupación” seguían de cerca la situación, oscilaban entre dos posibilidades: “tender otra mano al país para que pueda reabrirse el crédito” o “esperar a ver señales concretas antes de brindar cualquier apoyo”[10]. Es interesante la idea de las “señales concretas”, porque integra un tipo discursivo muy propio de los organismos de crédito internacional, que en el fondo parece esconder un eufemismo: Las señales concretas terminarían siendo la aplicación de las políticas que estos organismos juzgan convenientes[11]. En esa misma nota del diario La Nación, párrafos más adelante la oscilación parece ya haberse resuelto: Washington “aún considera que la Argentina debe dar otros pasos para recuperar el voto de Estados Unidos en los bancos multilaterales de crédito”.

Washington, la ciudad y el peso del nombre, condensa en muchos de estos artículos todo un cúmulo de voces económicas y políticas que estarían evaluando el comportamiento argentino permanentemente, a través de estudios, fundaciones y congresos. En otra nota del mismo matutino, titulada “La Argentina, reprobada en libertad económica”[12], se cita un estudio de la Heritage Foundation, un think tank del conservadurismo estadounidense, según el cual “en medio de duras críticas a la “corrupción, el intervencionismo del Gobierno y la pérdida de independencia judicial”, la Argentina cayó hasta los últimos 15 lugares de entre 178 países relevados”. Se trata, de acuerdo a la nota de La Nación, de “uno de los índices de libertad económica más reconocidos de esta ciudad”.

Sin libertad económica, con una administración esencialmente corrompida y un intervencionismo creciente, se configura una imagen muy típica de esta primera categoría: “Una década de aislamiento internacional”, según resume con estilo y precisión un editorial del mismo matutino[13]. El aislamiento internacional pareciera ser el corolario de las políticas públicas que contradicen las señales reclamadas en el exterior. El aislamiento se presenta así como síntoma de un capricho político, que en esta tónica de corte paternalista, es propio de actitudes inmaduras, berrinches o ensañamientos inentendibles. ¿Quién pudiera tener confianza en un país así?, pareciera preguntarse este encadenamiento racional. O, como lo expresa también La Nación mediante otro de sus editoriales, “el hecho de que la Argentina haya perdido tantos lugares se vincula con una percepción internacional en la que sobresale la desconfianza hacia nuestro país. El intervencionismo es el principal impulsor del riesgo país y el destructor de la confianza”[14].

La figura retórica que en este caso se esconde detrás de la palabra Washington, además de representar una fuerza externa, difusa, de incalculable dimensión concreta, también permite llevar al papel del diario análisis y posibilidades que posiblemente sería impropio poner en boca de un dirigente político nacional o de un empresario argentino. Así, por ejemplo, se lee que luego de la devaluación de la moneda nacional que el Gobierno argentino llevó adelante en verano de 2014, en “un seminario específico sobre la Argentina que montó la Asociación de Inversores en Mercados Emergentes”, naturalmente en Estados Unidos, se escucharon preguntas “sobre las posibilidades de que “haya una nueva crisis como las que nos tiene acostumbrados la Argentina” o que la presidenta Cristina Kirchner “termine o no su mandato””[15]. Aparentemente, esta pregunta anónima esconde dos conceptos: El primero argumenta que la Argentina ya tiene a todos acostumbrados y, posiblemente, agotados, con sus recurrentes crisis económicas. El segundo, que la presidente Cristina Fernández posiblemente podría no alcanzar a terminar su mandato constitucional. Sin dudas, un párrafo (que en la nota es un segundo párrafo), que para volver a parafrasear a Horacio González, tiene “toda la potencia de una confusión de límites entre el argumento y la injuria”.

Y esta idea de agotamiento, de hastío, que producen los ciclos económicos argentinos en los inversores internacionales se linda con otra cita, en este caso de Carlos Pagni, destacado en el ámbito del “sarcasmo elegante e hiriente”, según lo define González[16], que es la siguiente: “Mientras la diplomacia internacional se puso al borde del abismo, ella estará hablando de la deuda con el Club de París, el conflicto con los holdouts y el reencuentro con el Fondo. Problemas con los que la Argentina viene aburriendo desde hace 13 años”. La diplomacia estaría por ese entonces, en marzo de 2014, según el columnista de La Nación, ocupada por el conflicto desatado en Crimea, mientras que la primera mandataria argentina volvería a los foros internacionales –con su visita a Roma y París- para insistir con los aburridos problemas con los que la Argentina suele fatigar[17].

Hay muchos otros ejemplos dentro de este limitado corpus de artículos que continúan en esta misma línea, donde la Argentina aparece como un ente inmaduro, poco coherente y desconfiable, mientras que una figura tutelar, paterna, la observa casi con clemencia y examina sus ciclos, ya cansada de las recurrentes crisis locales o de sus insistentes planteos de soberanía y desendeudamiento.

El conflicto con los fondos buitres también maximizó este círculo argumentativo (¿se podría decir injurioso?), citando por ejemplo una encuesta que no se explicita a quién se realizó, a cuántas personas, ni siquiera queda claro quién la hizo, según la cual “la mayoría de los argentinos” estaba de acuerdo en que era necesario “pagar a los acreedores -entre ellos, los holdouts”, porque de acuerdo a este “estudio”, el no hacerlo “sólo empeora la imagen de la Argentina en el exterior y la vuelve dudosa para atraer inversiones”[18]. De nuevo, parecen utilizarse figuras difusas, desancladas de nombres concretos, para llevar al diario posiciones difíciles de sostener sin pagar un costo político alto.

Para terminar con esta categoría, se agrega aquí otra de estas figuras que habitualmente se usan como representantes de intereses múltiples, pero que nunca terminan de corporizarse: Wall Street.

Dentro de este conjunto de artículos hay cinco donde Wall Street aparece como un actor social y económico determinante para explicar los devenires argentinos. Hay dos de ellos, comparables entre sí, de los que se puede desprender una lectura interesante. En el primero, se cita a unos cinco o seis “analistas” de la Bolsa de Nueva York que a partir de sus declaraciones permiten al matutino La Nación titular la nota “En Wall Street elogian los anuncios, pero los consideran insuficientes”[19]. Los anuncios que elogiaban eran la reciente devaluación del peso y el levantamiento “parcial” del cepo cambiario. Según se indica, se trató de medidas que mejoraban la confianza en los posibles inversores, pero inevitablemente insuficientes, dado que los hombres del mercado financiero habían lanzado “tajantes sugerencias”, de acuerdo al periodista, para que estas decisiones económicas sean acompañadas por un sostenimiento en la suba de las tasas de interés bancarias y “un recorte importante en los subsidios”.

Las declaraciones recién citadas refieren a un artículo publicado un 26 de enero por el matutino La Nación; mientras que un día antes, el 25, el diario Clarín publicaba una nota que en su primer párrafo sostenía: “En medio de la gran incertidumbre generada por la devaluación y la flexibilización del cepo cambiario anunciada por el gobierno argentino ayer, Wall Street tiene una sola certeza: “Este es el final del Modelo K””[20].

Los anuncios son los mismos, flexibilización en la comercialización de dólares en el mercado local y devaluación del peso argentino. Las interpretaciones de los analistas financieros dan lugar a dos lecturas: En la primera, las medidas serán positivas cuando se cumpla con este otro pliego de condiciones o requerimientos, tan típicos de los centros financieros. En la segunda, Clarín prefiere vaticinar el fin del modelo K.

 

2. La irresponsable inmadurez. La predominancia de rasgos de un desorden infantil, poco instruido, improvisado y hasta ridículo

En esta segunda categoría se buscó agrupar artículos en los que se pusiera en evidencia cierto tipo de relación entre el gobierno nacional y otros actores políticos, económicos y sociales que gravitan en la órbita de las tensiones y debates argentinos. Como se verá, hay aparentemente un continuo discursivo en el que los referentes de la fuerza gobernante son asociados a actitudes inmaduras, infantiles, poco meditadas, mientras que los representantes de las otras fuerzas políticas o sociales son presentados como la posición seria, madura, que permite el resguardo de la estabilidad y el sostén de la gobernabilidad en el país.

Así, por ejemplo, un artículo en el Cronista de diciembre de 2013, comienza preguntándose si “¿habrá peligro de saqueos y corridas, como sucedió durante otros fines de año?”, y unos párrafos más adelante se inclina por desestimar esa posibilidad dado que según constató con sus fuentes Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri (las tres figuras presidenciables nacionales más gravitantes en la política nacional por esos días) “trabajan para que los dos años que le quedan a Cristina Fernández como presidenta transcurran con un mínimo de normalidad”[21]. Evidentemente, la “normalidad” no sería ya posible, pero sí por lo menos un mínimo…, lo justo y necesario como para que no retornen las escenas de saqueos a las pantallas televisivas de fin de año. El gobierno no podría lograrlo por su cuenta; sino que necesitará del esfuerzo conjunto de las otras figuras políticas del país para que “los dos años que le quedan” no terminen en un colapso.

La idea se repite en un artículo de Perfil de un mes más tarde, en el que las figuras del Gabinete nacional vuelven a aparecer infantilizadas: “Este ridículo casi diario a los que se expone Capitanich, demostrando muy poco aprecio por sí mismo, resume el momento de desconcierto que se vive en el Gobierno”[22]. El poco aprecio quedaría en aparente evidencia cada mañana cuando el Jefe de Gabinete brinda sus conferencias de prensa desde la Casa de Gobierno, en tanto que el desconcierto oficial según esta lógica queda al descubierto por el ridículo del funcionario.

El papeloneo o las declaraciones vacilantes cierran filas con otro concepto, que también podría ingresar en esta categoría, que puede resumirse en la ignorancia o la falta de coherencia al momento de gestionar. La Nación publicaba por esos meses un Editorial que decidió titular “Educando a Sbattella”[23], que básicamente resume distintas oportunidades en las que el director de la Unidad de Información Financiera (UIF), José Sbattella, había sido “educado por los jueces”, a partir de disposiciones adversas.

Y luego está la idea del relato que los integrantes del kirchnerismo parecen levantar como apilando naipes, y que finalmente terminan creyéndolo, como un niño que accede a un juego imaginario para terminar cayendo en su lógica y confundiendo la realidad con su imaginación.

“Es mucho más que un relato de ocasión o un discurso para la tribuna. Axel Kicillof y unos cuantos de los jóvenes que desparramó por el área económica, están íntimamente convencidos de que libran una batalla ideológica a fondo contra “las corporaciones, los monopolios, los factores de poder y los medios hegemónicos””[24], sostiene el columnista de Clarín en una nota de febrero de 2014. En rigor, se trata de la cabeza de la nota, que básicamente continúa con esta misma línea argumentativa, advirtiendo sobre un posible choque contra la realidad (“También entra la posibilidad de golpearse contra la realidad, como está pasando, y el peligro de capotar en medio del intento”). Sin dudas esconde en sí un estilo punzante muy cuidado desde lo discursivo. Axel Kicillof y unos cuantos de los jóvenes que desparramó; en pocas palabras, dos heridas abiertas: una luz roja se enciende por la inexperiencia que el término “jóvenes” esconde; mientras que el verbo desparramar trae consigo la imagen de cuerpos inanimados, sin razones u objeciones, que se mueven de aquí para allá, que se desparraman sobre un tablero, siguiendo los caprichos políticos del momento. Y esos jóvenes desparramados, como no podía ser de otra manera, están convencidos en sus fueros íntimos (¿quién los convenció?) de que son quijotes rastrillando los campos en busca de molinos; inmaduros, otra vez la imagen del niño en su juego personal se impone. Con un agregado interesante: Los molinos de esta fiebre juvenil son “las corporaciones, los monopolios, los factores de poder y los medios hegemónicos”. Al relativizar, e incluso ridiculizar, la posición ideológica del armado de funcionarios que rodea al Ministro de Economía, también parecer terminar por difuminarse la existencia de esas corporaciones y factores de poder, como si fueran parte de una alucinación más, producida por la fiebre juvenil.

En esta misma línea argumentativa y a la vez injuriante, se publica en marzo de 2014 un artículo en La Nación que hace referencia al supuesto relato que gobierna a la juventud del partido gobernante que sostiene lo siguiente: “El discurso político de Máximo (Kirchner) parece naif y sigue la línea narrativa del clásico revolucionario de café, donde Néstor, Cristina y “los pibes” son presentados como los descendientes lúcidos de Ernesto Che Guevara, quienes vinieron a erigirse como “el último dique de contención” para evitar el avance de “los poderes””[25]. De nuevo los “poderes”… y otra vez ridiculizando las posiciones ideológicas, relativizando la existencia de esas corporaciones o fuerzas no del todo visibles. Y cabe preguntarse; ¿revolucionario de café no es acaso el recurso por excelencia de la injuria política?

Dentro de esta categoría titulada irresponsable inmadurez, podría discriminarse una subcategoría directamente relacionada a la figura del Papa Francisco y las interpretaciones periodísticas sobre la relación con Cristina Fernández, dada la cantidad de veces en que aparece mencionado. Estas son algunas de esas menciones en las que se aborda este vínculo:

La operación consiste en dotar a Jorge Bergoglio, por su poder al frente de la cúpula de la Iglesia católica, con la capacidad de sostener la estabilidad del país, a partir de su influencia y su cuidado de la Presidente argentina. Sin su bendición, sin su acompañamiento, sus rezos, qué destino le quedaría al país. En el fondo sobrevive esta idea de que por sí mismo, el Gobierno no puede mantener a la nación en un sendero estable, sino que necesita del rol tutelar de un otro, que tenga la madurez suficiente para pasar por alto los caprichos o delirios juveniles del kirchnerismo, en pos de una Argentina con un mínimo de normalidad.

 

3. El debilitamiento institucional. El conjunto de instituciones del país está en riesgo constante

La tercera categoría es una continuación en términos argumentativos del punto anterior. Ningún régimen inmaduro o irresponsable puede asegurar la estabilidad de sus instituciones. Por el contrario, sus políticas parecieran atentar permanentemente contra los pilares de la nación. Se trata de un silogismo que primero eslabona los caprichos de los gobernantes, luego su inmadurez y ceguera a la hora de reconocer la ayuda de las otras fuerzas políticas y sociales, y finalmente el embate contra las instituciones, que parecían hasta entonces erigidas con entereza y que ahora tiemblan como enfermas de Parkinson.

La moneda nacional, uno de los fundamentos que hizo a la consolidación de los países como un todo, y por lo tanto conceptualmente una de las instituciones de una nación, es motivo constante de análisis y debate en las columnas periodísticas. “El que apuesta al peso pierde”, titulaba por ejemplo La Nación al cierre de 2013[29]; o en un editorial de un mes más tarde despachaba: “No hace falta ser economista para comprender que el Gobierno ha destruido nuestra moneda nacional”[30]. Incluso, se dio por esos meses la contradicción de encontrar artículos alentando o celebrando el proceso devaluatorio, que convivían con notas que incluían estas declaraciones citadas. El mismo matutino, a comienzos de febrero, en voz de uno de sus más destacados columnistas, afirmaría: “Solo hay una certeza entre tantas incertidumbres: la crisis no demorará en devorarse a la política o al equipo de la Presidenta. Una de las dos cosas, o las dos, deberá entregar antes de que el Banco Central se quede exhausto y de que la inflación haya terminado con la paciencia de los argentinos”[31]. La estabilidad institucional pende en este párrafo de un delgado hilo, que puede cortarse en cualquier momento, dado que nunca se sabe cuándo se terminará la paciencia de los argentinos o a partir de qué piso se considerará exhausto al Banco Central.

El mismo día, y también en voz de uno de sus principales columnistas, el diario Clarín titulaba “El horizonte de la política económica es pasar el verano”[32]. Allí, en la cabeza de la nota, el periodista aseguraba que “apostar a que el valor del dólar luego de la devaluación resistirá es una actitud voluntarista más que una certeza. Pero como el Gobierno desafía hasta las leyes de gravedad, se ha planteado tratar de contener la inflación creciente con un acuerdo de “precios cuidados””.

Y no sólo desafía principios básicos como la gravedad, sino que también practica el arte de la improvisación de acuerdo a esta misma lógica: “El intervencionismo es aún más dañino cuando responde a un mero populismo, con improvisación permanente y sin ninguna planificación ni programa. Todas estas cualidades son las que ha expuesto el modelo kirchnerista”[33].

Así las cosas, este podría ser un resumen bastante acertado de los artículos hasta ahora analizados, a la hora de describir la situación de las instituciones argentinas en ese álgido verano de 2014: “Ahí van los intrépidos del Gobierno jugando con plata ajena. Ojalá que entre tanta marcha y contramarcha huérfanas de plan pero abundantes en verbo inflamado, la Presidenta y sus ministros acierten la puerta de salida al dilema del dólar, la inflación y las reservas, y eviten chocar de frente contra la pared”[34].

La esperanza, como no podía ser de otro modo, está en el país poskirchnerista, de acuerdo a un columnista del diario La Nación, que promediando marzo proclamó: “La empresa de refundar ahora, en pocos meses, casi desde la nada, un nuevo sistema se presenta como un desafío que debería comprometer los mejores esfuerzos de todos los argentinos”[35]. Refundación parece un vocablo aceptable; de acuerdo al diccionario de la lengua española, significa “Acción y efecto de transformar radicalmente los principios ideológicos de una sociedad o de una institución para adaptarlos a los nuevos tiempos, o a otros fines”. Sí, parece justo para esta situación que a criterio del columnista del centenario matutino debe levantarse casi desde la nada. Las instituciones ya fueron prácticamente arrasadas. Pero, “¿estaremos a la altura de esta gran convocatoria?”, se pregunta posteriormente, porque teme, conoce el pasado, y teme, dado que “en contadas oportunidades, hubo generaciones de argentinos que supieron cumplir con su deber patriótico en horas tan intensas y peligrosas como la de hoy”.

Mientras tanto, estaremos solos; “solos ante la impunidad”[36], como tituló Clarín también en ese duro marzo. Y encabezó ese artículo –que denunciaba un ultraje, una violencia, un abandono del Estado- con estas palabras: “Hace años que lo normal es la anormalidad, que las calles se cortan por cualquier motivo y que la Policía, en vez de evitar los cortes como debería según manda la ley, desvía el tránsito para cuidar a los piqueteros”.

 

4. La perversión como motor. Un Estado enfermo, persecutorio y vengativo, manejado por una ambición desmedida

En este último segmento se agruparon aquellos artículos que mantienen un enfoque similar respecto de la naturaleza de las decisiones políticas aplicadas por el gobierno nacional o las acciones desarrolladas por movimientos sociales. Atraviesa estos textos la idea de una constante perversidad que se esconde detrás de las medidas tomadas: la política como un pulpo que coopta los espacios y los envilece con sus lógicas, con el sólo objetivo de perpetuarse en el poder. Esta perversidad también conlleva, naturalmente, una ofensa a las instituciones (como se describió en la categoría anterior), pero en este caso no es la inmadurez la que hace tambalear los cimientos, sino los instintos más oscuros de una sociedad.

La primera cita corresponde a un editorial de La Nación ya mencionado, que se titula “Educando a Sbattella”, y que en su primera oración sentencia: “La perversidad kirchnerista no tiene límites”. La UIF –como se dijo, el organismo que conduce José Sbattella- para el diario de Mitre “no sería un organismo técnico, tal como ingenuamente imaginó el GAFI, sino un organismo cooptado e integrado por amigos, parientes y activistas, destinado a hacer política en función de los objetivos inmediatos del partido gobernante”. De la idea casi inocentona de órgano publico propuesta por el Grupo de Acción Financiera Internacional, la perversidad local lo transformó en un círculo turbio, de manejos siempre dudosos y que requiere que la Justicia lo “eduque”.

Luego, en otro editorial también ya citado en este trabajo (“Una década de aislamiento internacional”), se consigna lo siguiente: “El estilo de la diplomacia argentina no es demasiado diferente de lo que ocurre en el ámbito interno, con los gobernantes y funcionarios kirchneristas: agresivo, arrogante, dispuesto siempre a crear conflictos, con la indignación y la petulancia como componentes centrales y permanentes de un extraño y nada atractivo modo de ser, que ha desembocado en un deplorable cambio de actitud ante el mundo entero”.

Y esta política, que aparentemente se aplicaría al interior y en las relaciones con el exterior del país, habría terminado por fragmentar la sociedad, creando dos bandos que el periodismo televisivo bautizó como “la grieta”, siguiendo ese origen entre circense y cinematográfico del formato TV. Pasado al periodismo gráfico, produjo títulos como este de La Nación: “A la grieta la instalaron Néstor y Cristina”, y que en su interior contiene este tipo de conceptos: “la grieta que todavía está aquí, entre nosotros, fue impulsada, agitada y financiada por el Gobierno más poderoso de la Argentina de los últimos 30 años”. Se trató, dice el columnista, de “una decisión fría, calculada, política y estratégica, diseñada y preparada por Kirchner para matar varios pájaros de un tiro”[37].

También aquí parece presentarse como argumento lo que en realidad es una injuria, una personificación del mal en las formas políticas, en los dirigentes políticos. Anula la posibilidad de analizar las medidas políticas por su objetivo declamado, dado que siempre estaría detrás un afán enfermo, totalizador. Anula la ideología, de hecho; si lo que motiva es el odio y la persecución, allí no hay ideas, doctrinas o utopías. He aquí otro ejemplo, en este caso del diario Clarín: “La primavera de Capitanich no soportó la primera tormenta y quedó claro que si tiene que elegir entre la gente y vengarse de adversarios, elige vengarse de adversarios”[38].

Pero no se trata únicamente de los círculos gobernantes, sino que la perversidad es un virus que se expande, provocando que una porción concreta de la sociedad esté enferma por esta lógica. Así describe una columna también de Clarín al “empleado público K”: “Se llena la boca con la década ganada pero para él ese período fue, en realidad, la década obsequiada, un regalo del cielo. Regurgita con método lo del crecimiento con inclusión social porque así le ocurrió en el terreno particular: sus ingresos crecieron con ímpetu y se encuentra incluido en un proyecto político que lo mantiene a prudente distancia de toda angustia económica sin demandarle como contraprestación sudores extremos. Es el empleado público militante, que se apoltronó en su oficina refrigerada de la mano del kirchnerismo por su adhesión más que incondicional al Relato, y cuya principal función consiste en mantenerlo vivo al menos en su ámbito de trabajo”[39].

Veamos otras construcciones casi literarias del personaje kirchnerista:

Los ejemplos que integran esta categoría podrían continuar alistándose uno detrás del otro largamente. La construcción de una perversión social llamada kirchnerismo atraviesa transversalmente columnas de opinión, artículos noticiosos y editoriales. Esta es, posiblemente, la más injuriante de todas las estrategias discursivas que aquí se describen.

Se podría distinguir además un apartado que estudie la descripción de lo que supuestamente sucede en la sociedad a partir de este comportamiento macabro de la política nacional. La lógica parecería obvia: cuando una manzana está podrida en el cajón, las demás pronto lo estarán:

Cumple aquí el periodista un doble rol: Primero, se posiciona como capaz de descifrar el humor de “la gente” o “la sociedad”; y luego, articular explicaciones a ese supuesto humor. Encadena los razonamientos y cierra sus conclusiones en dos o tres factores: la inseguridad, la anomia, la corrupción.

Hay una hipótesis de sociedad; hay causas, consecuencias, y ni siquiera son necesarios estudios sociológicos para comprobar lo que evidentemente cae de maduro, cae por peso propio, parece hasta natural esta lectura. La sociedad está “enferma” ha decretado este periodismo, recurriendo a las siempre efectivas metáforas sanitarias, con sus diagnósticos lapidarios, sus estudios clínicos, sus virus detectados y sus recetas.

 

Conclusión

En un reciente artículo publicado en Página12[48], Jorge Halperín se pregunta, luego de analizar el odio y la violencia que domina los comentarios de lectores publicados en los sitios web de estos diarios, si no es posible hallar una “continuidad” entre esa virulencia de los comentaristas y los textos periodísticos propiamente dichos, considerando “el grado de violencia que se ejerce en ellos valiéndose de una prosa elegante e informada en la que abundan los prejuicios ideológicos, de clase y de género, los juicios lapidarios en los cuales se habla del presunto desequilibrio de la Presidenta, y todo tipo de descalificaciones”.

En cierto sentido, esa prosa elegante e informada que oculta una violencia podría encajar con esta búsqueda planteada en la investigación de determinadas formas del ultraje que sean características de los discursos emitidos por las empresas de medios de comunicación masiva. De hecho, Halperín concluye en su artículo que es necesario “preguntarnos cuánta violencia podemos esconder los periodistas bajo la retórica del oficio”.

Esta investigación se inició con dos preguntas paralelas: Primero, si es posible identificar un juego del ultraje o un estilo injuriante propio de determinadas formas del periodismo aquí analizadas. En segundo lugar, se preguntó cuáles serían los efectos que puede tener ese agravio sobre las representaciones colectivas que una sociedad genera sobre sí misma. Es decir, sobre la materia identidad.

Como se dijo al comienzo, las consecuencias sociales de los discursos de los principales medios masivos de comunicación no iban a ser abordadas de manera directa por este trabajo, dado que demandaría una cantidad de recursos y una metodología que lo exceden por mucho. Esto no quiere decir que no puedan ser estudiados académicamente esos posibles efectos, pero sí es necesario al momento de su abordaje calcular con precisión con qué instrumentos se los va a medir, bajo qué metodología y enmarcado dentro de qué proyecto de investigación.

El primero de los interrogantes, en cambio, sí fue estudiado a lo largo de estas páginas, a partir de la distinción de denominadores comunes, mediante los cuales se realizó una suerte de tipología de las argumentaciones presentadas en las notas periodísticas seleccionadas, y se intentó ir encontrando una lógica dentro de estas categorizaciones, para identificar la existencia o no de rasgos propios de una forma agraviante.

Como se señaló al comienzo, se trabajó a partir de un marco de análisis propuesto por Horacio González en algunas de sus publicaciones, que básicamente intenta distinguir formas específicas del ultraje en determinados registros narrativos, que puedan soportar una historización y un cambio en los protagonistas de las polémicas.

En esta investigación, se buscó extender este procedimiento a un registro periodístico, a un discurso masivo, donde lo principal no son los autores de esas notas, sino las argumentaciones esgrimidas. O, como quedó en evidencia en muchos momentos de este trabajo, las injurias o agravios que son presentados como argumentaciones dentro de la lógica interna de la noticia o columna de opinión. Claro que no se trata de una polémica entre dos figuras concretas de la historia nacional, como las que trabaja González, sino que en este caso hay solo una voz presente, que es la del periodista, y un actor aparentemente pasivo, que es la del sujeto (político o social) en análisis. Este rasgo, en cierto sentido, posibilita que se construya una cadena de argumentación/agravio casi sin interrupciones; y esto queda en evidencia cuando un mismo circuito de razonamiento aparece en diferentes diarios, con diferentes firmas y extendido en el tiempo. Incluso, hay nociones muy fuertes o de mucha regularidad que requieren de una acumulación de denuncias periodísticas para que tengan el efecto deseado. Por ejemplo, características patológicas como la perversidad o la inmadurez, no son rasgos aquí atribuidos a acciones específicas, sino presentados como elementos de la esencia propia de los sujetos o actores analizados en las notas periodísticas, y eso exige una casuística, una acumulación.

Naturalmente, hay que relativizar esa noción de “actor aparentemente pasivo”, dado que en la mayoría de los casos las notas se refieren a sujetos políticos que protagonizan acciones concretas, con efectos profundos en la sociedad. El término “pasivo” intenta definir a un sujeto en esta polémica que, por lo general, no tiene interlocución con las acusaciones o agravios que se le endilgan; frente a una voz activa, que es la del periodista, que construye estas fórmulas retóricas a partir de una combinación entre argumentos, información, citas, ironías, metáforas y preguntas abiertas. Todo un registro narrativo, propio del periodismo, pero que en su interior esconde giros agraviantes que son presentados como un dato más del magma informativo.

Ese terreno difuso entre las armas periodísticas y el acto de injuriar, le otorga una “potencia” al estilo noticioso, al cuerpo del texto, que es difícil de calcular, pero que se intuye de gran efectividad.

 

(Este paper integra el ciclo de investigaciones sobre Identidad que conduce el Prof. Eduardo Urbano y se publicó originalmente en https://idaes.academia.edu/AlejandroGiuffrida)

 

[1] González, Horacio. Historia conjetural del periodismo, Colihue, Buenos Aires, 2013.

[2] González, Horacio. Lengua del ultraje, Colihue, Buenos Aires, 2012

[3] González, H. Historia conjetural…., P.73.

[4] Foucault, Michel. Microfísica del poder, Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1979.

[5] El texto integra el libro Historia de la eternidad (1936).

[6] González, H. Lengua…, P.12.

[7] Por “mediatización” entenderemos aquí el atravesamiento de los discursos generados por los grandes medios masivos de comunicación sobre un cuerpo social determinado. Véase Verón, Eliseo, Esquema para el análisis de la mediatización, revista Diálogos de la comunicación, Buenos Aires, 1997.

[8] Siempre es deseable que existan en los medios cuantas opiniones existen en la sociedad (aunque esto sea una ficción en sí mismo), y ninguna forma de censura o linchamiento a determinada posición política debe ser celebrada o avalada; es uno de los múltiples aspectos que condensa el concepto libertad de prensa. No obstante lo cual, eso no tiene porqué implicar la imposibilidad de analizar determinado discurso político que hegemoniza el sistema masivo de medios de comunicación.

[9] No es un aspecto más esta distinción entre crónica y opinión, sino que requiere de un análisis simultáneo, en el que se estudie la fusión de estos géneros y las repercusiones que puede tener en la formación de opinión pública, en las representaciones identitarias y en los contratos de lectura.

[10] La Nación (TAPA), 2/12/13, Preocupa a EE.UU. la caída en las reservas argentinas, por Martín Kanenguiser.

[11] El distanciamiento que el kirchnerismo propuso de los círculos financieros de alguna manera congeló en el tiempo ese discurso tan propio del mundo de los organismos internacionales, que para la Argentina fue muy habitual durante largas décadas. En su libro Bases para una economía productiva (Miño y Dávila, Buenos Aires, 2012), Jorge Remes Lenicov pone letra concreta a los eufemismo que el Fondo Monetario Internacional supo instalar durante la crisis económica argentina de 2001/2. Desde su papel al frente del Ministerio de Economía en el primer trimestre de 2002, Lenicov recuerda el reclamo de “señales concretas” por parte de los funcionarios del Fondo, que en cuanto comenzaron las negociaciones con el nuevo gobierno presidido por Duhalde lo primero que hicieron fue acercar un pliego con las denominadas “acciones previas” que debían ser “cumplimentadas para comenzar la negociación” del default. Entre ellas, figuraba por ejemplo descongelar las tarifas de los servicios públicos (que estaban privatizados); eliminar los planes de competitividad y los créditos impositivos; prohibir a los gobiernos provinciales pagar salarios con cuasi-monedas; y arancelar las universidades públicas; entre otras (P.241).

[12] La Nación 15/1/14, La Argentina, reprobada en libertad económica, por Silvia Pisani.

[13] La Nación (Editorial), 2/1/14, Una década de aislamiento internacional.

[14] La Nación (Editorial), 18/3/14, De la desconfianza al desaliento a la inversión.

[15] La Nación, 24/1/14, La situación disparó dudas en Washington, por Silvia Pisani.

[16] Horacio González, Legalidad y bellotas, Página12, 15 de noviembre de 2014.

[17] La Nación, 17/3/14, Los milagros que busca Cristina en Roma y París, por Carlos Pagni.

[18] La Nación, 24/1/14, recuadro de La situación disparó dudas en Washington, por Silvia Pisani.

[19] La Nación, 26/1/14, En Wall Street elogian los anuncios, pero los consideran insuficientes, por Martín Kanenguiser.

[20] Clarín, 25/1/14, Wall Street y Stiglitz coinciden: hace falta un cambio de rumbo, por Ana Barón.

[21] El Cronista Comercial, 2/12/13, ¿Estado de alerta antes de las fiestas?, por Luis Majul.

[22] Peril, 12/1/14, Kontradicciones, por Nelson Castro.

[23] La Nación (Editorial), 3/12/13, Educando a Sbattella.

[24] Clarín, 2/2/14, La ideología, en el tembladeral económico, por Alcadio Oña.

[25] La Nación, 6/3/14, Cristina y Máximo, una misma contradicción, por Luis Majul.

[26] Clarín, 23/12/13, El Papa, preocupado por la salud de Cristina y la transición hacia 2015, por Sergio Rubín.

[27] El Cronista Comercial, 23/12/13, Feliz Navidad para todos y todas, por Luis Majul.

[28] Clarín, 24/1/14, Por suerte, a Cristina todavía le queda el Papa, por Julio Blanck.

[29] La Nación, 4/12/13, El que apuesta al peso pierde, por Jorge Oviedo.

[30] La Nación (Editorial), 25/1/14, La destrucción de nuestra moneda.

[31] La Nación, 2/2/14, En vísperas de otro cambio de rumbo, por Joaquín Morales Solá.

[32] Clarín, 2/2/14, El horizonte de la política económica es pasar el verano, por Ricardo Kirschbaum.

[33] La Nación (Editorial), 18/3/14, De la desconfianza al desaliento a la inversión.

[34] Clarín, 26/1/14, Otra vez la confusión está clarísima, por Julio Blanck.

[35] La Nación, 20/3/14, Una pretensión de eternidad que va llegando a su fin, por Mariano Grondona.

[36] Clarín, 14/3/14, Tan solos ante la impunidad, por Ricardo Roa.

[37] La Nación, 5/12/13, A la grieta la instalaron Néstor y Cristina, por Luis Majul.

[38] Clarín, 5/12/13, Se supo: Abal Medina nunca se fue, por Ricardo Roa.

[39] Clarín, 26/1/14, El empleado público K se pinta para la guerra, por Marcelo Moreno.

[40] Clarín, 30/1/14, Impericia, prepotencia, improvisación y negocios, por Luis Majul.

[41] La Nación (Editorial), 29/1/14, La lógica de preferir La Habana antes que Davos.

[42] La Nación, 6/3/14, La pretensión del verticalismo catastrófico, por Mariano Grondona.

[43] Clarín, 30/3/14, Un Gobierno poco serio y mentiroso, por Eduardo Van Der Kooy.

[44] La Nación, 5/12/13, Una sociedad abandonada a su suerte, por Joaquín Morales Solá.

[45] Ibíd.

[46] La Nación, 14/4/14, op. cit.

[47] La Nación, 14/4/14, Una sociedad en grave estado, por Daniel Muchnik.

[48] Jorge Halperín, El insulto como editorial, Página12, 16 de noviembre de 2014.

“Derrotar al Nazi-Peronismo”. O cómo armar una campaña en seis meses

Los tiempos políticos aceleran el calendario. Mayo del 45; los Aliados pisan con la soberbia de la victoria el territorio hasta ayer dominado por el nazismo, el ejército alemán sucumbe a una rendición impensada pocos años atrás, mientras los jerarcas –como farsas- intentan escabullirse de la telaraña que armaron y caen presos como moscas pegajosas.

En la Argentina, el final de la guerra europea se celebra con manifestaciones en las principales ciudades del país, que pronto adquirirán un premonitorio gusto antigubernamental. “Votos sí, botas no”. El gobierno de facto encabezado por el general Edelmiro J. Farrell acusa ya un desgaste interno que se acentúa por el visceral rechazo que genera su vicepresidente Juan Perón, que también conducía el Ministerio de Guerra y la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Envalentonados por estas manifestaciones urbanas (principalmente de los sectores estudiantiles, intelectuales y de cierta burguesía), los partidos políticos comienzan el agitado proceso de lograr una coalición de fuerzas, que desembocará finalmente en la Unión Democrática. De ahí en adelante, la campaña política de cara a las elecciones presidenciales de 1946 asumirá un constante perfil de denuncia por parte de esta nueva unión de partidos contra la presencia de elementos nazifascistas en el gobierno de facto, específicamente anclados en Perón. El creciente protagonismo del componente nazismo en la carrera electoral se verá inflado aún más por la participación determinante que asume la Embajada norteamericana en la Argentina, y más concretamente su representante, Spruille Braden.

 

Primer acto: la Unión Democrática

La autoproclamada Unión Democrática es una coalición de fuerzas políticas que encuentra en su génesis la intención de abroquelarse frente a una fuerza mayor, de rasgos aparentemente tan contrarios que permitirían unificar criterios y diluir diferencias. Al margen de que existieran factores concretos en la realidad que lo pudieran comprobar, para la segunda mitad de 1945 aquellos rasgos tan contrarios se condensan todos en un único concepto: nazifascismo. Este eje logra articular las posiciones políticas más diversas: Del conservadurismo al comunismo, pasando por el radicalismo y el socialismo.

Y es justamente el Partido Socialista el que da el primer paso partidario: El martes 28 de agosto toda su cúpula dirigente convoca a un gran mitin en el cine Cóndor para de una vez por todas terminar de reafirmar en público su voluntad de integrar una fuerza política conjunta que según ellos debe dirigirse “en pos de la democracia”. En aquella jornada, uno de los principales oradores, el escritor y abogado Julio V. González sostiene que Perón había logrado “la unidad de todos los argentinos, con la única diferencia que en lugar de unirlos a su alrededor, los había reunido en su contra”.

Rápida de reflejos, al día siguiente la Unión Cívica Radical agarra el guante y aprovechando que pocas horas antes se había levantado el estado de sitio, monta en la Plaza del Congreso un multitudinario encuentro que tiene a José Pascual Tamborini como su principal referente.

Sin lugar a dudas, el derrumbe del III Reich generó un estado de euforia en la sociedad en general que les permite a las fuentes políticas partidarias asociarlo con un humor anti-gubernamental, transformándolo en consignas, banderas y programas de gobierno.

Si el 17 de octubre fue para el peronismo una fecha fundante e identitaria, para la Unión Democrática tuvo que haberlo sido aquel miércoles 19 de septiembre. Una inmensa, pero sobre todo inesperada convocatoria, se nuclea esa tarde bajo la consigna nada metafórica de “Marcha de la Constitución y de la Libertad”. La movilización se reúne primero frente al Congreso y marcha luego por callao, hacia el norte, rumbo a Plaza Francia. Desde los balcones, las mujeres tiran sus flores y saludan con sus pañuelos blancos.

La Nación, 20 de septiembre de 1945

La Nación, 20 de septiembre de 1945

La Nación, 20 de septiembre de 1945

La Nación, 20 de septiembre de 1945

La movilización fue convocada en conjunto por la UCR, el Partido Demócrata Nacional, el Partido Socialista, el Comunista y el Partido Popular de tendencia católica. Adhirieron universidades, grupos de profesores y estudiantes y la Sociedad Argentina de Escritores.

Es claro que la intelectualidad porteña se puso ya de acuerdo contra Perón y sus pancartas así lo demuestran: “El nazi de ayer no puede ser el demócrata de hoy” – “Lucharemos contra el fraude, el nazismo y el colaboracionismo” – “Mitre sí, Rosas no”.

“Nunca se odio tanto en el país como en aquel año; nunca los argentinos vivieron de una manera tan físicamente palpable el odio de los unos contra los otros”, escribirá tiempo después Feliz Luna.

Perón es el nazismo y su voluntad es instaurar en la Argentina un modelo totalizador al estilo europeo para hacer resurgir las fuerzas derrotadas en mayo y extenderlas –cuanto menos- por Sudamérica. Esta es la lectura generalizada en los núcleos opositores y con ese prisma leen la realidad.

 

Segundo acto: La respuesta política de Perón

A diferencia del discurso político de la Unión Democrática, que estuvo casi absolutamente dominado por la batalla contra el nazifascismo desde su fundación, la estrategia electoral de Juan Perón irá variando conforme pasan las semanas. Su decisión de centrar casi con exclusividad en Braden el foco opositor no fue automática, sino que hay un claro proceso antes de desembocar en aquella táctica.

En un comienzo, Perón apunta a postularse como el continuador de la aventura de la Revolución de Junio. Esta tarea tiene dos lecturas posibles y complementarias: Primero, se trataría de seguir adelante con los cambios en materia laboral y de entramado productivo que se venían evidenciando desde 1943. Pero, además, también sería la materialización democrática (con elecciones seguras y garantizadas) de que el fraude de la década del treinta había quedado atrás para siempre y que eso era un logro que la sociedad debía a los militares del gobierno de Farrell.

Afiche callejero. Recogido en Comicios Ejemplares, un cuadernillo que el gobierno peronista publicó tras la victoria de febrero del 46.

Afiche callejero. Recogido en Comicios Ejemplares, un cuadernillo que el gobierno peronista publicó tras la victoria de febrero del 46.

El primer acto que la CGT organiza en apoyo a Perón fue el 12 de julio de 1945. En ese entonces ya existen acaloradas negociaciones para terminar de sellar un acuerdo interpartidario que conformara la Unión Democrática, pero resta un mes y medio para que se consolidara con actos públicos. Sin embargo, la consigna que determina al acto de la CGT da la pauta de que las acusaciones de nazi contra todo aquel que apoyara al vicepresidente ya son moneda corriente en la política argentina: “¡Ni nazis ni fascistas: Peronistas!” (Las décadas y los cambios en las correlaciones de fuerzas transformarán esa consigna en otra todavía más conocida: “Ni yanquis ni marxistas: Peronistas”).

Luego, meses más adelante y con el juego todavía más claro, aquel histórico 17 de octubre las columnas de trabajadores que se ensimisman en Plaza de Mayo cantarán con la música de La mar estaba serena: “Perón no es comunista / Perón no es dictador / Perón es hijo del pueblo / y el pueblo está con Perón”.

El componente de nazifascismo es todo un desafío para Perón y, en buena medida, para las fuerzas laborales que se suman a la política de su mano. Sin dudas, se requiere mucho ingenio popular para desarticular un discurso que contaba con todo el apoyo de las fuerzas partidarias, de la Embajada norteamericana y de los medios de comunicación más consumidos. Recuerda por ejemplo Felix Luna que en las paredes solían pintar “Perón Nazi” por las noches y al otro día los peronistas ya se habían encargado de transformar la frase en palabra: “Peronazo”.

Perón había hablado respecto de las acusaciones de nazifascista elípticamente en muchas ocasiones, pero es quizás su intervención del 1 de enero de 1946 en la Plaza Belgrano de Santa Fe cuando decide abordar de lleno los cargos que le achacan.

“Nuestro movimiento no es comunista ni es nazi, como se lo ha calumniado”, enuncia Perón, y deja correr una pausa para que las columnas de trabajadores la llenen de consignas. Y luego, a los pocos minutos, lanza: “Nuestro movimiento es exclusivamente argentino y brega por una patria mejor”.

Es posible que su discurso se haya modificado en sólo cuestión de horas, tras haber oído las palabras de Tamborini por radio la noche anterior:Lejos de programas o propuestas, el candidato de la fórmula opositora recién oficializada sólo alcanzó a repetir que la Argentina se encontraba aprisionada “por el esquema Democracia contra el nazifascismo”.

Aunque el grueso de los medios de comunicación estaban en contra de Perón (como lo recordará una década más tarde, todavía con cierto dejo de gracia popular), la principal línea defensiva para hacer frente a las acusaciones de nazi se imprime en el periódico La Epoca, un diario claramente perteneciente a los círculos cercanos a Perón, que  llegó a tener un nivel relativamente alto de lectura y durante varios meses fue el único medio que cumplió este objetivo. El periódico había vuelto a salir a mediados de septiembre, unos días antes de la Marcha de la Constitución y la Libertad. Hacía más de una década que estaba fuera de circulación: Su primera edición fue en 1915 y se consolidó en ventas en los veinte, siempre muy cercano a Yrigoyen, pero el golpe de 1930 lo hundió y dejó repentinamente de aparecer en los quioscos de diarios y revistas.

Diario La Epoca, 21 de febrero de 1946

Diario La Epoca, 21 de febrero de 1946

Esta caricatura que aparece en La Época apenas tres días antes de las elecciones presidenciales tiene un concepto que es difícil saber si fue generalizado en ese momento, pero que de todas formas es interesante en tanto demuestra una línea de pensamiento existente: En la parte superior del cuadro, Hitler en 1937 advierte al mundo que Polonia lo está poniendo peligro, como antesala de la invasión que despertará dos años más tarde la Segunda Guerra Mundial y la expansión del nazismo por el continente. En la parte inferior del dibujo, Spruille Braden advierte al mundo que la Argentina pone en peligro la paz, dando claramente a entender que el próximo paso será la invasión norteamericana sobre las tierras de la nación, emulando la estrategia nazi.

Es decir que, en este caso, el peronismo invierte la acusación y hace uso del nazismo para cargarles a sus contrincantes las categorías de imperialistas y totalizadores. La comparación hasta ahora siempre había sido en referencia a Perón con Hitler, por parte de la oposición y demás fuerzas. Pero en esta publicación, al menos, es el peronismo el que compara a Braden (y con él a la Unión Democrática por extensión) con el nazismo.

Sin dudas, la (¿nueva?) estrategia del peronismo se ve de alguna manera exacerbada por la reciente publicación del Libro Azul que había terminado de modificar todo el tablero político –esta vez sí, de manera definitiva- antes de las elecciones.

En la siguiente imagen se ve lo que parece ser la tapa del diario Democracia del día previo a las elecciones.

Democracia, 23 de febrero de 1946

Democracia, 23 de febrero de 1946

Como se distingue, la publicación del peronismo tiene la particularidad de enumerar detalladamente un grupo de actores sociales contra los que supuestamente se opone, pero no incluye en la lista a ningún referente o partido político, ni siquiera a la conjunción de la Unión Democrática.

Es decir que al menos en los últimos días de campaña, la decisión fue ningunear a los dirigentes opositores y centrar la batalla política en Braden o Perón, que de acuerdo a esta publicación era una pelea que escondía la lucha contra mucho más que el representante de Estados Unidos en la Argentina. Enfrentar a Braden simbolizaba enfrentar al capital concentrado de la Argentina, enfrentar a los patrones (en el campo y en la industria), enfrentar a la prensa y hasta el Gran Capitalismo. Una batalla épica y retórica, que al día siguiente la mayoría de los votantes decidió acompañar.

 

Tercer acto: El peso específico de Braden

En coincidencia con el fin de la guerra, Braden llega a comienzos de mayo del 45 a la Argentina como embajador de los Estados Unidos.

El funcionario extranjero rápidamente se transforma en la figura codiciada por los centros económicos de poder del país. Como si fuera un candidato más de una carrera que ni siquiera se había lanzado aún, Braden sale el 21 de julio a un recorrido por el interior del país, comenzando por Santa Fe. Allí lo esperan en el Jockey Club y en la Universidad del Litoral con carteles que decían: “Democracia sí, nazis no”.

Al igual que la marcha de la CGT, 9 días antes, los carteles de recepción del embajador también corroboran que la dicotomía Nazis vs Democracia ya estaba instalada en el país.

A los pocos días, cuando regresa de su viaje por el litoral, Braden arriba a Retiro y se encuentra con una multitud que lo aguarda, que lo agasaja y ovaciona; mientras entremezclados los periodistas recogen textuales que serán tapa al día siguiente.

El siguiente gran suceso en su trayectoria por el país se da la noche del martes 28 de agosto. Suregreso a Washington estaba programado para unas semanas después, pero el instituto cultural argentino-americano se adelanta a la partida y le ofrece una cena de despedida en el HotelPlaza, al que irán cerca de 800 personas, entre ellos representantes de países latinoamericanos, rectores de universidades nacionales, dirigentes empresariales y apellidos tradicionales de Buenos Aires.

Braden había sido designado para trabajar en el área de Asuntos Latinoamericanos desde Washington, pero a último momento se congela su traslado para que permanezca en la embajada en Argentina hasta que cambiara el gobierno. Finalmente, termina partiendo a mediados de septiembre. Mientras tanto, casi día por medio se realiza un acto en su honor u homenaje. De todas formas, los nombramientos se congelan en la Embajada y él continúa siendo el hombre determinante de Estados Unidos en el país.

Como sea, en aquella cena del Hotel Plaza elípticamente el funcionario hace una comparación entre los regímenes fascistas que se desmoronan tras la guerra y el gobierno argentino. De acuerdo a la crónica de La Nación, el pasaje que recibirá mayor “ovación” y que le valdrá que el público se ponga “de pie para aclamarlo” fue: “Que nadie imagine que mi traslado a Washington significará el abandono de la pelea que estoy desempeñando. La voz de la libertad se hace oír en esta tierra, y no creo que nadie consiga ahogarla. La oiré yo desde Washington con la misma claridad con que la oigo aquí, en Buenos Aires”.

En su titular del día siguiente, The New York Times encabezará “Braden denuncia a los gobernantes argentinos”, en un artículo en el que celebra que el diplomático “pronunció el más hiriente ataque contra el actual gobierno argentino que hasta ahora haya dicho cualquier hombre en su condición oficial, dentro o fuera de la Argentina”. El periódico norteamericano reafirma que, aunque no hubo mención específica al gobierno local, “sus referencias eran tan claras y habló en tono tan sarcástico que en ningún momento hubo la menor duda respecto al verdadero destino de sus comentarios”. Como era de esperarse, la crónica deThe New York Times sale al día siguiente replicada quirúrgicamente y con gran despliegue en el diario La Nación.

Este inmenso capital político termina de consolidarse cuando la oposición decide tomarlo como una referencia constante y articular su campaña electoral dentro de la cancha que marca la embajada. En aquel entonces, con un Estados Unidos victorioso de la guerra y el nazismo derrotado, es posible que los dirigentes de la Unión Democrática hayan considerado que lo mejor era seguir al poder triunfante y plegarse a esa euforia para que se traslade en el terreno local la victoria extrajera. Es probable también que Perón haya logrado tomar distancia por un segundo de la efervescencia de esos días para notar lo chocante que podía resultar que una fuerza imperialista extranjera se metiera en los asuntos políticos del país, atribuyéndose potestades casi imperiales frente a la burlada soberanía.

Como sea, la figura de Braden ya había eclipsado al universo político de la época cuando, en los primeros días de febrero, la Embajada norteamericana difunde a diplomáticos primero y luego a la prensa el Libro Azul, que es claramente el corolario de esta estrategia de asociación del peronismo con el nazismo.

Como era de esperarse, la Unión Democrática hace suyas las acusaciones de Estados Unidos. Los partidos que integran la fórmula sacan velozmente un comunicado pidiendo explicaciones a Farrell y denunciando que Perón no podría jamás ser presidente porque “se encuentra en absoluta inhabilitación legal y es el representante más típico del nazifascismo en América”, por lo que “significaría un permanente factor de perturbación interna, una bandera de desafío y un peligro de guerra en el continente”.

La efusividad con que los opositores se pliegan al guión del Libro Azul (que no dejaba de ser una clara intervención extranjera en las decisiones internas de una nación) terminará jugándoles en contra. En verdad, la estrategia de centrar la campaña en acusaciones contra el representante más típico del nazifascismo resultó poderosamente acertada para lograr una unidad que hiciera frente a un polo opositor, pero paralelamente terminó dotando a Perón de un volumen y una centralidad en la política local que se les dará vuelta.

Incluso, previo a aparecer el Libro Azul –a mediados de enero- el encargado de negocios de la Embajada norteamericana había convocado a la prensa local para distribuirle telegramas que supuestamente habrían intercambiado durante la guerra la embajada del Reich en Buenos Aires y diversos servicios del gobierno de Hitler.

Ya para entonces la Embajada filtraba asiduamente versiones que indicaban que el Departamento de Estado tenía “documentos irrefutables” que demostraban el vínculo entre el gobierno de Farrel y el nazismo.

Es decir que cuando finalmente llega el libro azul, cerca del 12 de febrero, el terreno ya estaba todo preparado. Y la Unión Democrática abraza el discurso casi al pie de la letra.

 

Cuarto acto: Fin

Es imposible –e inútil- adivinar qué hubiera pasado si la Unión Democrática se hubiese centrado en otro objeto proselitista o si Spruille Braden hubiese marchado a Estados Unidos y a su reemplazo en la Embajada no se le habría dado por meterse en la política local. Lo concreto es lo que sucedió: La caída del III Reich simbolizó para buena parte de la intelectualidad argentina una oleada fresca y renovada que le permitió ganar volumen y enfrentar en igualdad de condiciones a Juan Perón, el representante más típico del nazifascismo, como lo tildaría la Unión Democrática.

Para Perón, en tanto, esa campaña simbolizó evidentemente una ejercitación política que lo marcaría para siempre en su impronta de conducción. En primera instancia, porque fue entonces cuando los obreros en masa salieron a reclamar su retorno, obligándolo a poner a esa masa en un primer lugar de ahora y para siempre en su armado de sociedad. Y, en segundo lugar, porque debió haber requerido de un ingenio y dedicación inédita para poder responder la batería de acusaciones e ignominias que contra él se lanzaron en esos apenas seis meses.

Como sea, el devenir de los hechos terminó por demostrar que cuando las posiciones se extreman de tal forma, sólo queda lugar para una de las opciones, dado que de algunas decisiones, aparentemente, no hay retorno posible.

Las elecciones presidenciales fueron el 24 de febrero de 1946. La fórmula que se impuso fue la del Partido Laborista, que postulaba a Juan Domingo Perón y Hortensio Quijano para la conducción del país. El partido había sido creado poco después del 17 de octubre por los mismos sindicatos que apoyaban a Perón y que no creyeron que él fuese un agente nazi encubierto que buscaba desplegar por América las fuerzas extinguidas en Europa.

Tras un lento conteo de las urnas (en un proceso que nadie dudó de su legalidad), el laborismo se impuso con el 52,84% de los votos, mientras que la fórmula Tamborini-Mosca (Tambo, Orín y Mosca: La fórmula de la bosta, como decían los peronistas) obtuvo el 42,87%.

El stop and go, las divisas que faltan y la fuga de capitales: una novela en capítulos

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En su última participación en la comisión de economía de Carta Abierta, Mario Rapoport deslizó que cansado ya de oír teorías sobre los recurrentes ciclos de stop & go en la Argentina, una interesante forma de analizar la escasez de divisas que aletarga el crecimiento económico podría ser estudiar la plata que se fue, en lugar de la plata que es necesario ingresar.

Y la que se fue, ciertamente es mucha: El último stock de capitales fugados del que se tiene estimación corresponde a 2012 y alcanza los 374 mil millones de dólares. Lo que equivale a un 62% del PIB, pero que está fuera del sistema.

Si la ecuación fuera correcta, la Argentina al margen de su economía regular, tendría por fuera de su sistema el equivalente a toda la economía de Colombia.

Las aproximaciones surgen de cálculos relativamente moderados, que presentaron el año pasado en un informe los investigadores del Cefid-Ar Jorge Gaggero y Magdalena Rua, junto al investigador del IDAES-UNSAM Alejandro Gaggero.

 

Como un cuento

Los famosos ciclos de stop & go entonces podrían tener dos grandes vertientes desde donde analizarlos: Los causantes de la escasez de divisas (provocada por ejemplo por baja de precios internacionales, malas cosechas o déficits energéticos) y la necesidad de divisas (es decir, cuántos dólares necesita la economía para no detenerse y cómo puede conseguirlos).

Claro que el problema es mucho más complejo, pero permítaseme simplificarlo así: el crecimiento industrial es dependiente de las divisas necesarias para importar insumos, que son aportadas por el sector agroexportador a partir de su comercio con el exterior. Cuando esas divisas no alcanzan (porque se usan para otra cosa o porque el agro se desinfla), el proceso de industrialización se detiene.

Volvamos a la fuga

La Argentina es hoy la cuarta nación (después de Trinidad y Tobago, Venezuela y Panamá) en el ranking regional de fuga de capitales de América Latina y el Caribe. “La relación riqueza offshore/PIB de Argentina, algo superior al 62%, resulta dos veces y media superior a la de Brasil (24%) y duplica largamente la de México (40% aproximadamente)”, asegura este estudio de Gaggero.

Naturalmente, además de los depósitos y giros al exterior, otra modalidad que asume la fuga de capitales es la tenencia de divisas por fuera del sistema financiero, pero dentro del país, ya sea en cajas de seguridad o atesorado en casas particulares.

Como sea, la cauta suma para 2012 dio específicamente 373.912 millones de dólares; total al que arribaron utilizando un método residual de balanza de pagos para determinar la salida anual de capitales, incorporando su rendimiento financiero acumulado a lo largo de los años, “mediante criterios sumamente conservadores”.

 

Cruzar datos. Hacer preguntas

¿Cuántas divisas en concreto fueron las faltantes que generaron los distintos ciclos de desaceleración o recesión por detenimiento de la industria?

¿Cuánta riqueza generada en los períodos de expansión se fugó ilícitamente o se fugó lícitamente en repatriación de utilidades?

Dentro de este marco de análisis, el dinero que se fuga genera dos perjuicios. Primero, es plata que no se vuelca a profundizar el proceso de industrialización. Segundo, son divisas que financian las arcas del país, limitando el posible uso de esas mismas divisas para financiar importaciones de maquinarias o insumos necesarios para el sector industrial.

Imagínese usted si esta hipótesis tuviese cierto grado de veracidad: La fuga ilegal de capitales y la repatriación de divisas a casas matrices o filiales extranjeras representó para la industria igual o más perjuicio que la limitación de divisas generada por la caída de los precios internacionales del agro o por los déficits específicos de algunas cuentas, como por ejemplo la energética.

¿Acaso es tan difícil de comprobarlo? ¿Qué deberíamos hacer entonces, si fuese correcta la hipótesis?

 

Las islas del tesoro

Sería injusto adjudicar este fenómeno de la fuga a una realidad local, a un gen argentino, porque es parte de un sistema definitivamente globalizado.

El periodista Nicholas Shaxson publicó en 2011 el libro “Las islas del tesoro. Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo”, que este año reedito el Fondo de Cultura Económica en una edición en español. Se trata de una de las investigaciones más detalladas y minuciosas al respecto, en la que concluye que más de la mitad del comercio internacional pasa por los paraísos fiscales.

Y aunque son muchos los canales para fugar dinero, Shaxson describe extensamente una “triquiñuela común en el mundo extraterritorial”, como lo es la manipulación de los precios de referencia.

“Acomodando los precios de la transferencia interna, las multinacionales pueden trasladar las ganancias a un paraíso fiscal con bajos impuestos y los costos a los países con altos impuestos, donde los gastos pueden deducirse de la suma por la que corresponde tributar”, indica en Las islas del tesoro.

También para el caso local los investigadores Jorge y Alejandro Gaggero y Magdalena Rua advierten respecto de esta operatoria como una de las más utilizadas para sacar dinero del sistema argentino: “la sobrevaloración de las importaciones y el manejo de los precios de transferencia siguen el orden jerárquico de las maniobras usuales”.

Previamente, el estudio había detallado que “las vías de evasión y elusión de mayor importancia parecen ser las ligadas a la exportación de commodities, a saber: el ´contrabando exportador´; el fraude en la declaración acerca de la composición de las exportaciones a granel (cerealeras y mineras); la subfacturación de las exportaciones; y la “triangulación” de las operaciones a través de paraísos fiscales”.

 

Las bananas de oro

El libro de Shaxson goza de una capacidad didáctica que por momentos espanta de tan obvia.

Entre sus casi 500 páginas de investigación, el periodista cuela un ejemplo (entre muchos otros) que vale aquí reproducir textual:

 

Consideremos el ejemplo de las bananas.

Cada racimo de bananas toma por dos rutas hasta llegar a nuestra frutera. La primera ruta involucra a un trabajador hondureño, empleado por una multinacional, que recoge las bananas a ser empacadas y enviadas a Gran Bretaña. La multinacional vende las frutas a una gran cadena de supermercados, que a su vez nos la vende a nosotros.

La segunda ruta –los registros documentales de contaduría- es más indirecta. Cuando se vende una banana hondureña en Gran Bretaña, ¿Dónde se generan las ganancias finales desde el punto de vista impositivo? ¿En Honduras? ¿En el supermercado británico? ¿En la sede estadounidense de la multinacional? ¿Cuánto aportan las competencias de gestión, la marca o el seguro a las ganancias y los costos? Nadie puede decirlo con certeza, así que los contadores pueden más o menos inventarlo. Por ejemplo, podrían aconsejar a la empresa bananera que maneje su red de ventas desde las Islas Caimán y sus servicios financieros desde Luxemburgo. La multinacional podría localizar su marca empresarial en Irlanda, su brazo transportista en la Isla de Man, sus competencias de gestión en Jersey y su filial de seguros en Bermudas.

Supongamos ahora que la filial financiera de Luxemburgo le presta dinero a la filial hondureña con un interés de 20 millones anuales. La filial hondureña deduce esa suma de sus beneficios locales, y así los reduce o los elimina por completo (junto con los correspondientes impuestos). Por su parte, los 20 millones de ingresos adicionales que obtiene la filial de Luxemburgo sólo son gravados según la exigua tasa impositiva de Luxemburgo, propia de los paraísos fiscales. Con un toque de su varita mágica, el contador ha hecho desaparecer una abultada cuota tributaria y el capital se ha fugado al mundo extraterritorial.

Foto.

Kirschbaum, Van der Kooy, Blanck y la Conferencia de Cavallo

El rol de Clarín durante la primera etapa del plan económico del menemismo. Y, de paso, un intento por repensar la función de las conferencias de prensa y la relación del kirchnerismo con los medios. 

Unas pocas semanas atrás llegó a mis manos el libro “Comunicación gubernamental”, una compilación de artículos de corte liberal y más bien derechosos (salvo un honroso pero aburrido texto de Damián Loreti) que Paidós publicó en 2001.

Entre estos textos, figura un capítulo escrito por Guillermo Gasió y Belén Amadeo titulado: “Notas sobre una experiencia de comunicación gubernamental: el Ministerio de Economía argentino, 1991-1996”, en el que los autores presentan tres entrevistas realizadas en 1997 a funcionarios claves de la gestión en Economía de Domingo Cavallo: Horacio Liendo, Ricardo Gutiérrez y José Luis Tagliaferri.

A aquellos que nos interesa por igual el periodismo, la política y la historia (Decir por igual es mentir) este pequeño artículo nos está poniendo sobre la mano la punta de un hilo que se ovilla a los pocos centímetros en una maraña de nudos.

Llamalo a Clarín

José Luis Tagliaferri, subsecretario de relaciones institucionales y jefe del Gabinete de Asesores de Cavallo hasta 1996, cuenta en esta entrevista cómo se construyó la relación con los medios de comunicación y el papel que se le asignaba a la prensa gráfica, a los programas políticos de la televisión y a las radios.

“Quienes nos ocupábamos de la comunicación en Economía llegamos a establecer una relación muy franca con Kirschbaum, Van der Kooy, y después con Julio Blanck”, dice Tagliaferri, en referencia a los primeros años de la gestión de Cavallo y, específicamente, a la estrategia de comunicación del Plan de Convertibilidad.

Clarín, el diario “que mejor cobertura daba a la situación”, según su fresco análisis, porque esto lo cuenta a pocos meses de alejarse del Ministerio. Clarín “era y es el gran diario”, agrega a su descripción, sumándose (¿o inaugurando?) la máxima marketinera que el Grupo impondrá como sello distintivo.

“Nosotros tratábamos de tener una buena relación con el periodismo, más que con el dueño del diario. Cavallo, en cambio, hacía primar la relación con el propietario del diario y relegaba al periodista, que es, en definitiva, quien hace el diario”, confiesa Tagliaferri, evidentemente sin demasiados reparos.

El 20 de marzo de 1991, el Ejecutivo envía al Congreso el proyecto de reforma monetaria para tender la convertibilidad entre el austral y el dólar (todavía no se había transformado en peso).

El 21 de marzo, Clarín lleva esto a su tapa:

Dolarizan

El domingo 24 de marzo. Sí, el domingo 24 de marzo. El domingo 24 de marzo el matutino lleva a su tapa una entrevista íntima y exclusiva que le realizan al ministro Cavallo en su propia casa, en la que adelanta que el Austral pasará a llamarse “Peso” y que adelgazará unos cuatro ceros.

Clarin 24 de marzo de 1991

Clarin 24 de marzo de 1991 - Cavallo

La Conferencia de Cavallo

“La conferencia de prensa no sale en ningún lado”. Tagliaferri estructuró toda la política de comunicación sobre esta máxima.

“La construcción de la relación con los medios, y en particular con los periodistas, pasa por entender que un periodista profesional se prestigia si tiene una primicia”, dice el ex funcionario.

Y remata: “Por esta razón no era eficaz organizar conferencias de prensa. (…) la conferencia de prensa no sale en ningún lado. ¿Por qué? Porque si es noticia para todos, no es noticia para nadie”.

La realidad le da la razón: Capitanich todas las mañana se despacha durante largo tiempo y al día siguiente es apenas un recuadro de Página. O alcanza para calentar motores en los primeros turnos de los portales. La contracara es un desgaste absoluto, que erosionó su figura al punto que hoy las consultoras ya ni lo miden para 2015.

¿Será por eso que Clarín quería preguntar? Los periodistas que tienen más de 10 años saben que la conferencia desgasta el poder y licuan la información. Kirchner también lo sabía.

En este artículo de Gasió y Amadeo también se entrevistó a Horacio Liendo, secretario de Coordinación Legal, Técnica y Administrativa. Allí, los autores preguntan:

–          Para el lanzamiento del Plan de Convertibilidad, ¿se trabajó con el personal de planta del ministerio o con consultoras?

–          (…) no trabajamos con personal de planta ni se operó con consultoras. Cuando se trataba de lanzamientos de medidas importantes, el ministro Cavallo utilizaba un método de difusión muy interesante. Consistía en ir anticipando la información a diferentes grupos de interlocutores durante el transcurso de una jornada. Por ejemplo, se hacían reuniones con los economistas profesionales más destacados en las que el ministro o alguno de sus colaboradores exponía sobre las medidas a adoptar y sus efectos.

(…) El solo hecho de que se viera que economistas influyentes, legisladores nacionales, empresarios importantes y demás entraban y salían del Ministerio generaba, de por sí, mucha atención del periodismo. Este, por su parte, transmitía a la población que algo importante estaba ocurriendo. Por otro lado, el hecho de que los sectores citados conociesen bien los motivos, los detalles y los objetivos de las medidas del equipo económico, facilitaba mucho la campaña de difusión posterior. (…) el mensaje gubernamental penetraba mediante los que no eran funcionarios sino operadores económicos.

Si quisiéramos extender la lógica expuesta por Liendo… ¿Hoy, por dónde penetra el mensaje gubernamental, si las conferencias no salen en ningún lado?

WASHINGTON

Regresaron los tiempos en que las precondiciones para ser presidenciable incluyen una gira por Estados Unidos. La política argentina lentamente está volviendo a buscar su validez y legitimidad en reuniones con organismos extranjeros y funcionarios de la administración norteamericana. Puede ser sólo un amague, una señal inconclusa de giro o, directamente, una nueva temporada en el infierno.

Una simpática manera de identificar este proceso es chequear con cuánta más frecuencia “WASHINGTON” encabeza la apertura de las principales crónicas de política local del diario La Nación.

WASHINGTON

 

Frente a este escenario, deberíamos interrogarnos con mayor rigurosidad cuáles son los actuales intereses y planes norteamericanos para la región y de qué manera pueden determinar el curso de las políticas públicas, variando en su capacidad de influencia posible.

El último gran programa que los organismos de crédito, Estados Unidos y algunas naciones del G-7 intentaron impulsar en la Argentina fue en 2001/2002. Efectivamente existieron luego influencias, propuestas, intromisiones (llámelo como usted quiera); pero aquí nos referimos a un plan de gobierno específico, con capacidad efectiva de ser ejecutado y con financiamiento concreto para costear ese armado (por fuera y por dentro). No estamos hablando de operaciones o de acercamientos bilaterales, sino de programas de gobierno.

Naturalmente, las condiciones políticas de 2001 eran diametralmente opuestas a las actuales, por lo que la posibilidad de que prenda un plan armado por el FMI seguramente haya sido sustancialmente más alta en aquel entonces. Sin embargo, esta presunción no nos quitará el gusto de recordar de qué se trató…

El 1 de enero de 2002, Paul Krugman escribió un durísimo artículo en New York Times en el que sentenciaba: “Most people here may think that this is just another run-of-the-mill Latin American crisis, but in the eyes of much of the world, Argentina’s economic policies had ”made in WASHINGTON” stamped all over them. The catastrophic failure of those policies is first and foremost a disaster for Argentines, but it is also a disaster for U.S. foreign policy.”

Parecía entonces que el FMI y Estados Unidos habían soltado a la Argentina y la habían largado a la deriva, tras el fracaso de los programas neoliberales promovidos. Acentuaba esa sensación la decisión arbitraria de anular el último desembolso que el Fondo tenía programado para el país; unos 1.260 millones de dólares, que debían girarse en noviembre. El anterior desembolso de 2001 fue en agosto, bajo la estricta condición de que se redujeran los salarios de los empleados públicos y se trabajara para lograr el “déficit cero”. Y ahora, casi a fin de año, cuando la necesidad de ese crédito había adquirido ya un obvio carácter vital, pues no, no hay más dinero para la Argentina. Resultaba ya demasiado claro que el organismo en dupla con la administración de G.W. Bush habían considerado que era tiempo de dejar caer al país, por lo que trabaron el giro de dinero (que, para ser rigurosos, se trataba más bien de un asiento contable) y aceleraron el desenlace.

¿Pero fue aquella una retirada de la escena política nacional?

Nada más lejos.

Casualidad o no, el 20 de diciembre de 2001, cuando en la Argentina estallaba una feroz represión en las calles y la situación se tornaba ya incontenible, el influyente Cato Institute, unos de los principales think tank neoliberales de WASHINGTON, publicó un extenso informe titulado “How to dollarize in Argentina now”. Allí, sus economistas estrellas recomendaban con carácter de urgente reemplazar el peso por el dólar al tipo de cambio 1 a 1 y eliminar el Banco Central y transferir sus activos a otros órganos. Sí, eliminar el Banco Central. Además, consideraban que se debía permitir a los bancos privados emitir billetes (como “traveler’s checks” [sic]), en tanto que el Gobierno debía quitar todo tipo de control de cambio.  

“Yo no sé qué pasa. Hago todo lo que me dicen los economistas y todo me sale mal”, recuerda Jorge Remes Lenicov que Fernando De la Rúa le comentó en privado, tras una reunión que los representantes del Banco Mundial habían mantenido con él en Olivos.

Para ese entonces, los principales ahorristas, bancos y las grandes empresas habían sacado del país hasta el último centavo. En el Informe final de la Comisión Especial Investigadora sobre Fuga de Divisas de la Cámara de Diputados (2003) se advierte que en 2001, 8 de cada 10 dólares fugados corresponden a las empresas. Que 5 de cada 10 dólares fugados por empresas estaban concentrados en apenas 20 compañías. Que 9 de cada 10 dólares fugados lo hicieron a través de la banca privada. Que 7 de cada 10 dólares fugados lo hicieron a los Estados Unidos.

En el BCRA, las reservas ese año cayeron un 63%, arrojando un saldo disponible de 9.319 millones de dólares. Se habían fugado unos 16.000 millones en apenas meses. Con las arcas vacías y con una pobreza que desbordaba el 35%, desde un amplio sector interno del FMI, en conjunto con la banca internacional que operaba en la Argentina, lanzaron una poderosa operación para abrir el camino a la dolarización.

Hay, incluso, un decreto del 1 de diciembre de 2001 que puede leerse como un primer paso en esa dirección. Impulsado claramente por Cavallo, el Gobierno sacó el Decreto 1570 (que tiene además grandes firmas, como la de Hernán Lombardi) que en su artículo 1 sostenía: “a) No podrán realizar operaciones activas denominadas en Pesos, ni intervenir en el mercado de futuros u opciones de monedas extranjeras, ni arbitrar directa o indirectamente con activos a plazo en Pesos. Las operaciones vigentes podrán convertirse a Dólares Estadounidenses a la relación prevista en la Ley de Convertibilidad. b) No podrán ofrecer tasas de interés superiores por los depósitos denominados en Pesos, respecto a las que ofrezcan por los depósitos denominados en Dólares Estadounidenses. Las operaciones vigentes podrán convertirse a moneda extranjera”.

En su autorreferencial libro sobre su breve gestión al frente del Ministerio de Economía entre enero y abril de 2002, titulado “Bases para una economía productiva”, Remes Lenicov cuenta que la segunda semana de febrero viajó junto a su equipo a WASHINGTON para reunirse con Horst Kölher y Anne Krueger y así reanudar las negociaciones con el Fondo. En aquella reunión, el organismo les reclamó a los funcionarios argentinos que se aplique un pliego de recomendaciones que llamaron “acciones previas” entre las que incluían el arancelamiento universitario, la reducción del empleo público provincial (“llegaron a hablar del despido de 500.000 empleados”), la prohibición del uso de cuasi monedas para el pago de salarios, la eliminación de los planes de convertibilidad y los créditos impositivos, el descongelamiento de las tarifas de los servicios públicos, entre otras grandes ideas.

No es menor recordar que cuando la crisis estalló, el sector público tenía una deuda en dólares equivalente al 113% del PIB (unos 174.243 millones) y el 20% de lo que se recaudaba en impuesto iba directo al pago de intereses (casi la mitad del valor de las exportaciones).

Pero los pliegos no terminaban ahí: Pocas semanas más tarde, a comienzos de marzo, el FMI nombró a Anoop Singh a cargo de las negociaciones con Argentina. En el primer viaje al país, el organismo llegó con nuevas exigencias, entre las que figuraba limitar la capacidad de política cambiaria mediante la no intervención en el mercado de cambios, derogar la modificación a la Ley de Quiebras que se había sancionado un mes atrás y bajar el déficit en un 60%.

Las negociaciones, obviamente, permanecieron trabadas alrededor de estos puntos que –es innegable- hubieran sido inaplicables por cualquier gobierno de cualquier color en aquel contexto. Sin embargo, recuerda Remes Lenicov, “entre el 8 y el 15 de abril se produjo la segunda visita de Singh a nuestro país”, en la que el Fondo “volvió a ampliar la agenda y propuso las fechas precisas de su cumplimiento, insistiendo sobre reformas, pretendiendo discutir leyes concretas y volviendo sobre el tema de las provincias. Cuando le informamos que el Parlamento ya había aprobado el Pacto Nación-Provincias, no tuvo mejor idea que exigir la ratificación legislativa por todas las provincias incluso con la pretensión de poner fechas”.

Cuando la misión del FMI se retiró de la Argentina dejó un cronograma con las acciones que debían cumplirse en los siguientes dos meses que contenía una serie de puntos, como por ejemplo:

Capítulo aparte, se podría hacer una interesante lista de los economistas locales que intentaron generar el consenso para que estos planes sean realidad o de los medios que operaron como voceros internacionales.

Pero lo cierto es que el objetivo de este artículo es repasar el último gran plan que el mundo integrado tuvo para nosotros y dejar abierto el interrogante sobre qué planes podrán recoger ahora nuestros futuros candidatos en sus rondas de diálogo con WASHINGTON.

La historia no se repite, pero los problemas sí

Promediando la década de los convulsionados cincuenta, la economía argentina ofrecía un cuadro de situación en algunos aspectos bastante similar al que el país atraviesa en estos últimos años: Una profunda escasez de divisas que ahogaba la balanza de pagos y limitaba la capacidad de importar bienes, un creciente rojo en la balanza energética, cierto estancamiento de los precios de los commodities agrarios internacionales, un proceso inflacionario que llevaba ya una década y el deseo casi unánime de atraer inversión extranjera (aunque con fines y formas no tan unánimes).

La historia no se repite nunca de manera lineal y tampoco puede transformarse en magistra vitae como pretendía Cicerón hace dos mil años. Sin embargo, las opciones analizadas y las salidas elegidas ante escenarios similares sí pueden enriquecer los debates del presente y, de paso, sincerar algunas posturas que hoy no se muestran tan claras como ayer.

El debate de fines de los cincuenta estuvo en buena medida propiciado por el plan de gobierno que se propuso implementar Arturo Frondizi a partir de mayo de 1958, aunque en rigor el primer paso ya lo había dado Raúl Prebisch al frente de la CEPAL mediante un trabajo titulado “El desarrollo económico de la Argentina” que había presentado pocos meses antes.

En voz del desarrollismo, su principal difusor fue Rogelio Frigerio; en tanto que la postura del peronismo de esos años podría emplazarse en Arturo Jauretche y toda su serie de artículos publicados en el diario Democracia; y en cuanto al ala liberal podríamos reservársela a Federico Pinedo que en ese período dio un buen número de conferencias y editó algunas libros con ese material.

rogelio-frigerio

En líneas generales, las cuatro ópticas coinciden en que para finales de la década del cincuenta, la limitación de divisas complicaba profundamente el panorama industrial, por la dificultad para concretar importaciones indispensables en el proceso productivo. El creciente déficit de la balanza energética había empeorado el panorama, en conjunción con una crisis agraria reciente que se combinó con una merma en los precios internacionales de los productos primarios que el país exportaba.

“O se avanza en la sustitución de importaciones y se consiguen los dólares para aquellos bienes insustituibles, o el crecimiento del país se va a ver comprometido”, sentenció Prebisch en aquel informe que realizó durante todo un año de investigación.

El economista de la CEPAL recomendaba para aumentar el ritmo económico corregir “las dos graves fallas” que lo habían interrumpido: a) La insuficiencia de capital y b) la escasez de productos intermedios que ocasionaba el estrangulamiento exterior de la economía. ¿Cómo se podía aumentar la disponibilidad de estos bienes? A partir del esfuerzo de tres campos: La industrialización, el petróleo y la tecnificación agraria.

Entre 1954 y 1957, la balanza comercial llevaba acumulado un déficit de 1.000 millones de dólares. El propio Frigerio reconoció que en el primer año del gobierno de Frondizi “lo más urgente era evitar la cesación de pagos”. Frente a este escenario, al igual que en el segundo mandato del gobierno de Cristina Fernández, las importaciones estaban limitadas y su administración era quirúrgica.

El desarrollismo de 1958 (que no tendrá mucho que ver con el desarrollismo de los siguientes años) había distinguido seis sectores como determinantes para el fortalecimiento económico: energía, siderurgia, petroquímica, minería, maquinarias y vehículos. Tampoco en este punto hay tanta disonancia con el presente.

La CEPAL recomendaba concentrar rápidamente los recursos invertibles en estos sectores para elevar con más celeridad el producto global: “El país ya no es seriamente vulnerable desde el punto de vista de la demanda: lo es en cuanto al abastecimiento de bienes esenciales, sin los cuales no puede seguir creciendo, o, lo que es peor, se ve constreñido a restringir su actividad económica. Esta nueva forma de vulnerabilidad no puede corregirse ya con simples medidas anticíclicas, sino con transformaciones estructurales introducidas previsoramente en su economía”.

 

Un empujón a los precios

Los acuerdos de precios y controles estatales eran habituales a mediados del siglo XX, impulsados originariamente por Juan Perón. De acuerdo a los datos del INDEC, en 1954 la Argentina cerró el año con una variación en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de apenas el 3,8%. Desde entonces, el índice no bajará de los dos dígitos, e incluso tocará los tres, dentro de este período en análisis.

IPC – GBA

Año

Variación porcentual

1954

3,8

1955

12,3

1956

13,4

1957

24,7

1958

31,6

1959

113,7

1960

26,6

1961

13,7

1962

26,1

1963

26,0

Fte. INDEC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A Jauretche le gustaba decir que la inflación anterior al 55 “se la había impulsado deliberadamente”, pero que nunca se había “escapado al control de los mecanismos de gobierno”. Pinedo en cambio se valía de un paper del FMI que censuraba cualquier tipo de inflación y la vinculaba con “la disminución de la capacidad de exportar de algunos países productores de artículos primarios”.

Tal como se destaca en el cuadro, el pico de la inflación se registró en 1959, con un alza del 113%. Frigerio había renunciado a su cargo de Secretario de Relaciones Económico-Sociales el 9 de noviembre de 1958, y pocas semanas más tarde, el 29 de diciembre, Frondizi informó que el peso moneda nacional pasaría a partir del 1 de enero de 1959 a cotizarse “totalmente libre y fluctuante dependiendo del juego de la oferta y demanda”, lo que implicó de hecho una devaluación severa.

 

Clarin dic58

 

 

El Gobierno eliminó además todo tipo de subsidios y de precios máximos, aumentó los impuestos, vació los fondos destinados a empresas estatales y lanzó un recargo a las importaciones que llegó hasta el 300%. Como contraparte, Frondizi logró la automática concesión de un crédito del FMI.

Al igual que buena parte del arco opositor del siglo XXI, el frondizismo se convenció de que el aumento de precios tenía dos causas técnicas: Los déficits de las empresas del Estado, que se habían ido pronunciando a comienzos de los cincuenta, y el “exceso” de burocracia. La solución: Privatizar lo que arrojara balances en rojo y eliminar la emisión monetaria.

 

Plata fresca

La cláusula mágica que el Gobierno de Frondizi introdujo para torcer rotundamente la política del peronismo en relación con la inversión extranjera y conseguir que un tumultuoso número de capitales arribara al país fue la libre disponibilidad para que los inversores foráneos transfieran utilidades. Más de cinco décadas después, el acuerdo YPF-Chevron recurrió a una cláusula mágica casi idéntica.

Para mediados de los cincuenta, la inversión extranjera directa había venido bajando sostenidamente desde comienzos de siglo, más que por los avatares locales, por las crisis europeas y sus dos grandes guerras.

 

Argentina: Inversión pública y privada, nacional y extranjera en porciento del Producto Bruto. Fte CEPAL

Período (promedios anuales)

Total

Pública

Privada

Nacional

Extranjera

1900-04

25,9

3,1

22,8

14,1

11,8

1905-09

48,2

6,5

41,7

30,2

18,0

1910-14

42,2

5,7

36,5

21,4

20,8

1915-19

13,0

1,4

11,6

9,6

3,4

1920-24

26,4

1,9

24,5

22,8

3,6

1925-29

33,3

3,7

29,8

28,5

4,8

1930-34

22,2

3,7

18,5

19,0

3,2

1935-39

23,7

6,0

17,7

21,2

2,5

1940-44

18,2

4,6

13,6

16,7

1,5

1945-49

24,4

8,7

15,7

24,3

0,1

1950-54

22,5

7,9

14,6

21,8

0,7

1955

22,4

5,9

16,5

22,1

0,3

Federico Pinedo escribía entonces: “Toda industria que aquí se establezca (…) tiene que ser considerada, en cuanto a sus derechos y en cuanto al miramiento que merece, en condiciones de igualdad con la industria argentina ya establecida”. Y reafirmaba una clásica postura del liberalismo: “lo que importa es que se produzca y no quien lo produce”.

 

El déficit energético y la apuesta petrolera

Promediando los cincuenta, la creciente necesidad de divisas para importar combustibles otorgó un protagonismo singular al debate sobre la explotación de los recursos petroleros, que ya había comenzado a darse con el intento de Perón de negociar contratos con empresas internacionales, pero que terminó de consolidarse durante el frondizismo, por los acuerdos logrados y por el estrangulamiento del sector externo.

ypf

A cuatro meses de asumir, Frondizi viajaba ya con regularidad a Estados Unidos, hasta lograr firmar los primeros acuerdos con compañías norteamericanas y alemanas para explotar el petróleo argentino en convenio con YPF.

En este caso, incluso hasta los países coinciden en términos históricos, dado que el primer acuerdo que firmó la gestión Galuccio fue con la petrolera estadounidense Chevron y ahora se suma la alemana Wintershall.

Entre 1954 y 1957, la Argentina había destinado 1.020 millones de dólares a la importación de combustibles, al punto tal que casi un 25% de las compras al exterior eran de crudo. De acuerdo a los cálculos del desarrollismo, para 1962, reactivado el sector con las inversiones externas, la Argentina debía producir 24 millones de metros cúbicos, de los cuales iba a estar en condiciones de exportar unos tres millones. En verdad, para 1962 la producción fue de 15,6 millones, es decir que la proyección no llegó a concretarse plenamente, pero lo cierto es que la importación de crudo a apenas el 3% de las importaciones totales.

 

¿Industria mata campo?

Salvo en el caso de Federico Pinedo; Prebisch, Frigerio y Jauretche coincidían en la necesidad de agregar valor a la producción agraria, industrializar el sector primario y lograr mejores rindes. Pinedo no decía expresamente que la Argentina debía ser un país productor de materias primas con exclusividad, pero sí alentaba a maximizar la exportación de productos agrícolas ganaderos sin necesidad de agregar valor en origen, sino incluso como solución posible al incremento de precios internos.

“Mientras había tierra disponible en la región pampeana no tenía importancia decisiva que hubiera tierras deficientemente cultivadas. Pero ahora que el problema fundamental es el incremento del rendimiento, esa deficiencia significaría un desperdicio de potencia productiva que debilita la fuerza expansiva de la economía”, advertía la CEPAL.

Aunque con los años la frontera agrícola efectivamente se fue ampliando, empujada por los avances tecnológicos en siembra y cultivos; lo cierto es que la Argentina hoy no tiene tanto más margen para seguir corriéndola. En verdad, la solución que en los cincuenta se proponía fue la que se aplicó entonces y la que seguramente se aplique ahora aún más: “tecnificación agraria”.

Aunque se escape un poco a este período en análisis, es bueno recordar que tampoco en la lucha contra el monocultivo somos originales. Alfredo Palacios ya en 1942 advertía en su trabajo “Pueblos abandonados” respecto del avance de la agricultura cerealera más allá de los límites de la Pampa Húmeda.

 

¿Cuántos inviernos pasarán?

Estos debates puntuales delimitados (escasez de divisas, crisis energética, inflación, inversión extranjera, agro) coinciden en muchos aspectos con los debates de 2014, pero no pueden de ninguna manera transportarse en un túnel del tiempo, como si las situaciones fuesen comparables.

La Argentina de hoy no es ni de cerca la Argentina de ayer.

En aquella, la fuerza política más convocante estaba proscripta, los generales hacían cola para golpear en la Rosada y sí existía una grieta sangrienta en la sociedad (no como este invento posmoderno de grieta por twitter que explotó Jorge Lanata).

De todas formas, es interesante analizar las posturas entonces planteadas (esta nota, aunque extensa, es un ínfimo resumen de toda la producción teórica de aquellos años) y evaluar los resultados que arrojaron posteriormente.

Sin dudas, el ajuste y la devaluación de enero de 1959 no fue para nada favorable para el sector trabajador. Aquel fue el invierno que, según Alsogaray, había “que pasar”. La economía ingresó en un estancamiento sostenido (lo que se llama el ciclo de stop & go) y recién a partir de 1962 volverá a revertirse este proceso.

Para el frondizismo, esta decisión económica implicó un vaciamiento del sustento social que podía cosechar un año atrás y, por lo tanto, un debilitamiento frente al capital privado, tanto interno como foráneo. Si de la crisis se sale por derecha, además del sector trabajador, el costo también lo paga la fuerza gobernante.

Invierno del 59