Un análisis de las principales firmas del periodismo gráfico argentino. Sus puntos de contacto en las estructuras argumentativas y las posibles formas de la injuria.Â
Esta investigación propone la lectura de un conjunto de artÃculos periodÃsticos en clave histórica y, a la vez, social y polÃtica. Para ello, se trabajó con una recopilación de textos que salieron publicados en páginas editoriales, en columnas de opinión o en notas centrales de algunos de los principales medios gráficos de la Argentina durante aproximadamente unos cuatro meses, entre fines de 2013 y comienzos de 2014.
La hipótesis principal es que más allá del editorialista o del medio gráfico especÃfico, existen ciertas lÃneas argumentativas que engloban estos discursos, y que siempre tienen como denominador común un determinado tipo de registro injuriante o forma del ultraje.
Para avanzar en esa lÃnea de análisis, en rigor, lo que esta investigación hace es tomar ese discurso periodÃstico y sacarlo de la inmediatez de su entorno para ponerlo en diálogo con otros textos y otros paradigmas. Es decir, quitarle esa particularidad efÃmera o de corto alcance temporal que los diarios traen en sà mismos y hacer jugar esas lÃneas argumentativas con visiones más paradigmáticas sobre cuestiones sociales, polÃticas o económicas de la Argentina.
La investigación se encuadra en un proyecto de trabajo interdisciplinario mucho más amplio, que conduce el profesor y antropólogo Eduardo Urbano en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, en búsqueda de construcciones identitarias e imaginarios sociales en la Argentina del Bicentenario. Un trabajo que lleva ya unos cuantos años de desarrollo y que vincula estudios de la comunicación y periodismo (como es éste) con trabajos antropológicos, investigaciones en el área de la educación, de la literatura, etcétera.
Este encuadre académico determinó cierta aspiración en esta investigación por distinguir la gravitación que tienen estos discursos producidos y difundidos por las empresas de comunicación masiva dentro del imaginario colectivo que una comunidad construye sobre sà misma. En otras palabras; ¿hasta qué punto los sedimentos que el caudal del rÃo informativo va dejando moldean las representaciones que una sociedad tiene sobre sà misma?
Se trata de una pregunta bastante compleja, porque habrÃa que analizar primero la validez de las herramientas que disponemos para evaluar el peso que tienen los discursos masivos en una representación colectiva; pero incluso sobrepasando esta digresión, cualquier estudio de opinión lleva en sà una fecha de vencimiento corta en el tiempo, dado que las representaciones no dejan de ser un campo compuesto por millones de átomos en constante tensión y disputa.
Sin embargo, sà es posible en cambio estudiar los vectores discursivos que potencialmente podrÃan llegar a atravesar esa representación que una comunidad tiene de sà misma; y, en rigor, como se dijo al comienzo, ese es el objeto del presente trabajo.
En cierta forma, esta investigación retoma una lÃnea de análisis propuesta por el sociólogo Horacio González, aunque difuminada en ese océano suyo de textos orales y escritos, que siempre tienen a la palabra, al lenguaje, como obsesión analÃtica, y que se constituye (esta posible lÃnea de análisis) en dos libros de relativa reciente publicación: Historia conjetural del periodismo[1]y Lengua del ultraje[2]. Los estilos periodÃsticos, dice González, son “germinativosâ€, producen efectos concretos, son “poderes que pueden modelar una épocaâ€[3], sostiene. Una conceptualización de similitud evidente con la clásica categorización del poder que expresó a su tiempo Michel Foucault[4]: “[el poder] no pesa solamente como una fuerza que dice que no, sino que de hecho va más allá, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursosâ€.
A esa primera tesis de González –del poder germinativo del periodismo y sus estilos- se le debe sumar su trabajo con las formas del ultraje a lo largo de la historia: un recorrido del pasado que el autor construye siempre con vinculaciones al universo periodÃstico o a los debates intelectuales reflejados en las revistas de la época.
No obstante, y aquà es donde entra a jugar esta investigación, el catálogo de ultrajes que apunta González está principalmente protagonizado por debates personales, viejas disputas epistolarias o, incluso, por una prolongada relación de textos que Borges se cruza con un interlocutor peronista imaginario, como si fuera una especie de fuerza pulsional -¿con Perón, quizás?- a la que nunca accedió a llamar peronismo.
Y es justamente a Borges quien retoma González para elaborar los pensamientos sobre el ultraje que aquà se analizan. Fue el legendario escritor argentino quien, en Arte de injuriar[5], distinguió cierta capacidad artÃstica, cierta belleza retórica, en la injuria, en el ultraje, -al igual que González- focalizado en relaciones no masivamente mediatizadas. Un arte que trae en su interior, agregará luego el sociólogo, “toda la potencia de una confusión de lÃmites entre el argumento y la injuriaâ€[6], un arte que presenta como argumento lo que en realidad es una “ofensaâ€.
La presente investigación busca retomar este encuadre teórico y pasar a una pregunta posterior: ¿Cómo serÃa entonces la mediatización[7] de ese ultraje? ¿Cómo funcionarÃa la potencia de una confusión de lÃmites entre el argumento y la injuria plasmada en la página de un diario? No el entrecruzamiento de columnas en un matutino entre dos posiciones contrarias, sino el acto concreto de injuriar escondido detrás del denso manto de la argumentación noticiosa. ¿Cómo funcionarÃa? Si Borges obtuvo el lustre artÃstico de la injuria detectado en obras literarias, y si González alcanzó luego a identificar ese lustre en las polémicas historiográficas del paÃs, comenzando por Pedro De Angelis y Esteban EcheverrÃa y continuando por Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi; ¿es posible imaginar un tercer juego del ultraje, que contenga elementos propios y caracterÃsticos de la mediatización del agravio? Y, en tal caso… ¿qué efectos puede tener ese agravio sobre las representaciones colectivas que un pueblo desarrolla sobre sà mismo?
En esta investigación se analizan distintos tipos de agravios que aparecen siempre dentro de un formato periodÃstico. En parte, es lógico que asà sea, principalmente porque se trabaja aquà mayormente con columnas de opinión, y podrÃa argumentarse que eso es lo que se le pide a una opinión: que opine, que argumente, y tal vez hasta que agravie. La investigación, en concreto, intenta enmarcar esa injuria, encontrarle una lógica, una operación, una metodologÃa[8].
Para ello, se reunió un cuerpo de artÃculos periodÃsticos publicados en cuatro de los principales matutinos argentinos: La Nación, ClarÃn, Perfil y Cronista Comercial, que suman cerca de 50 notas que vieron la luz entre diciembre de 2013 y abril de 2014. En su totalidad refieren a temáticas del momento, ya sea como coberturas de una noticia central o como opinión o editorialización sobre una problemática especÃfica[9]. Se intentó luego discriminar conceptos, categorÃas generales, a partir de un análisis en el que confluyera lo semántico, lo comunicacional y lo polÃtico al mismo tiempo: Como resultado, aquellas frases, párrafos o simplemente oraciones que entraran dentro de esa posible categorización pasaron a engrosar un conjunto de fragmentos, dotándose a sà mismos de nuevos sentidos en su diálogo con los otros textos.
En verdad, son muchas las objeciones que se le puede hacer a este corpus analÃtico: En primer lugar, por qué éstos y no otros artÃculos, o por qué estos diarios y no otros, o por qué esas fechas: las elecciones arbitrarias. Luego, las categorizaciones en que se pretendió encuadrar, encasillar los enunciados publicados: de nuevo, por qué esas categorÃas y no otras. Y en tercer lugar, qué nivel de representatividad tienen estos periodistas como para traerlos aquà como abanderados de un discurso masivo que atravesarÃa determinados estamentos de la comunidad y de su representación sobre sà misma. SerÃan objeciones válidas. Lo son, de hecho. Mas también es válido preguntarse cómo se salvarÃan estos agujeros; cuántos meses/años serÃan suficientes, qué otros cronistas o editorialistas, de qué medios o bajo qué soportes.
Se persiguió en la selección de autores no utilizar columnistas ocasionales de los medios, sino trabajar con periodistas/editorialistas que suelen tener una firma considerada dentro de ese periódico, que por su trayectoria o vinculación polÃtica son habitualmente los más representativos de la voz de un medio o de la postura de cierto sector social, que en muchos casos tienen programas televisivos o radiales donde replican la lÃnea con la que se expresan en sus columnas gráficas; en suma, se intentó con la mayor honestidad intelectual, trabajar con esos apellidos que en cierto sentido marcan una agenda dentro de los grandes matutinos o, incluso, en el sistema general de medios masivos de comunicación en la Argentina. Se incluyeron además algunas notas editoriales del diario La Nación.
Las categorÃas: una aclaración metodológica
SerÃa ingenuo desconocer que esta investigación esconde cierta ficción académica, que imagina un posible desenlace al estilo del formalismo ruso, enumerando histórica y cientificistamente todos los casos (los metadiscursos) que pueden registrarse en determinado género o en determinada práctica cultural, acumularlos en denominadores comunes y encasillar allà los discursos sociales, uno por uno. Esa misión es ahistórica, pero por sobre todo, es irreal. Claro que siempre será posible generar nuevas categorizaciones, volver a encontrar sentidos a partir de vincular un texto con otro, combinaciones inexploradas.
Para el análisis del corpus de artÃculos esta investigación procedió a distinguir en primer lugar las lÃneas argumentativas y las posibles formas del ultraje que se repetÃan en diferentes diarios y bajo diferentes firmas periodÃsticas. Luego, se las buscó agrupar en una misma categorÃa, poniéndolas en diálogo entre sÃ, para distinguir más claramente sobre qué versaban. Y, finalmente, se fijó un nombre a esa categorización.
Naturalmente, la nominación es subjetiva y, como se verá, direcciona bastante la interpretación posible sobre ese conjunto de textos. No obstante, es importante aclarar que se intentó al momento de poner un nombre que englobe las selecciones, que se desprenda lo más honestamente posible de esos textos, de esas palabras, de esos párrafos que integran ese encuadre. Desde ya que esta aclaración no niega que la mera operación de poner ese término como categorÃa, y sacarlo del párrafo original, construye un texto en sà mismo.
Como sea, más allá de la nominación de la categorÃa, la idea es encontrar denominadores comunes en esas lÃneas argumentativas y el nombre deberÃa poder pasar a un segundo plano de análisis. Lo central es comprobar si efectivamente esos denominadores comunes lo son, y cuál es la concepción predominante en esas lÃneas argumentativas o injuriantes.
1. El aislamiento internacional. Rasgos paternalistas en la relación entre la Argentina y las potencias económicamente hegemónicas
Tal como se define en su tÃtulo, en esta primera categorÃa se intentó agrupar artÃculos que funcionan bajo la lógica de un esquema discursivo paternalista, según el cual las polÃticas argentinas o las decisiones de sus gobernantes están bajo el análisis, la tutela o incluso reprobación de una fuerza mayor. Una fuerza que, en verdad, está directamente emplazada en las naciones o actores sociales que hegemonizan el poder polÃtico y económico a nivel global.
AsÃ, por ejemplo, en diciembre de 2013, frente a una sostenida baja del nivel de reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), “los funcionarios del gobierno de Obamaâ€, que “con preocupación†seguÃan de cerca la situación, oscilaban entre dos posibilidades: “tender otra mano al paÃs para que pueda reabrirse el crédito†o “esperar a ver señales concretas antes de brindar cualquier apoyoâ€[10]. Es interesante la idea de las “señales concretasâ€, porque integra un tipo discursivo muy propio de los organismos de crédito internacional, que en el fondo parece esconder un eufemismo: Las señales concretas terminarÃan siendo la aplicación de las polÃticas que estos organismos juzgan convenientes[11]. En esa misma nota del diario La Nación, párrafos más adelante la oscilación parece ya haberse resuelto: Washington “aún considera que la Argentina debe dar otros pasos para recuperar el voto de Estados Unidos en los bancos multilaterales de créditoâ€.
Washington, la ciudad y el peso del nombre, condensa en muchos de estos artÃculos todo un cúmulo de voces económicas y polÃticas que estarÃan evaluando el comportamiento argentino permanentemente, a través de estudios, fundaciones y congresos. En otra nota del mismo matutino, titulada “La Argentina, reprobada en libertad económicaâ€[12], se cita un estudio de la Heritage Foundation, un think tank del conservadurismo estadounidense, según el cual “en medio de duras crÃticas a la “corrupción, el intervencionismo del Gobierno y la pérdida de independencia judicialâ€, la Argentina cayó hasta los últimos 15 lugares de entre 178 paÃses relevadosâ€. Se trata, de acuerdo a la nota de La Nación, de “uno de los Ãndices de libertad económica más reconocidos de esta ciudadâ€.
Sin libertad económica, con una administración esencialmente corrompida y un intervencionismo creciente, se configura una imagen muy tÃpica de esta primera categorÃa: “Una década de aislamiento internacionalâ€, según resume con estilo y precisión un editorial del mismo matutino[13]. El aislamiento internacional pareciera ser el corolario de las polÃticas públicas que contradicen las señales reclamadas en el exterior. El aislamiento se presenta asà como sÃntoma de un capricho polÃtico, que en esta tónica de corte paternalista, es propio de actitudes inmaduras, berrinches o ensañamientos inentendibles. ¿Quién pudiera tener confianza en un paÃs asÃ?, pareciera preguntarse este encadenamiento racional. O, como lo expresa también La Nación mediante otro de sus editoriales, “el hecho de que la Argentina haya perdido tantos lugares se vincula con una percepción internacional en la que sobresale la desconfianza hacia nuestro paÃs. El intervencionismo es el principal impulsor del riesgo paÃs y el destructor de la confianzaâ€[14].
La figura retórica que en este caso se esconde detrás de la palabra Washington, además de representar una fuerza externa, difusa, de incalculable dimensión concreta, también permite llevar al papel del diario análisis y posibilidades que posiblemente serÃa impropio poner en boca de un dirigente polÃtico nacional o de un empresario argentino. AsÃ, por ejemplo, se lee que luego de la devaluación de la moneda nacional que el Gobierno argentino llevó adelante en verano de 2014, en “un seminario especÃfico sobre la Argentina que montó la Asociación de Inversores en Mercados Emergentesâ€, naturalmente en Estados Unidos, se escucharon preguntas “sobre las posibilidades de que “haya una nueva crisis como las que nos tiene acostumbrados la Argentina†o que la presidenta Cristina Kirchner “termine o no su mandatoâ€â€[15]. Aparentemente, esta pregunta anónima esconde dos conceptos: El primero argumenta que la Argentina ya tiene a todos acostumbrados y, posiblemente, agotados, con sus recurrentes crisis económicas. El segundo, que la presidente Cristina Fernández posiblemente podrÃa no alcanzar a terminar su mandato constitucional. Sin dudas, un párrafo (que en la nota es un segundo párrafo), que para volver a parafrasear a Horacio González, tiene “toda la potencia de una confusión de lÃmites entre el argumento y la injuriaâ€.
Y esta idea de agotamiento, de hastÃo, que producen los ciclos económicos argentinos en los inversores internacionales se linda con otra cita, en este caso de Carlos Pagni, destacado en el ámbito del “sarcasmo elegante e hirienteâ€, según lo define González[16], que es la siguiente: “Mientras la diplomacia internacional se puso al borde del abismo, ella estará hablando de la deuda con el Club de ParÃs, el conflicto con los holdouts y el reencuentro con el Fondo. Problemas con los que la Argentina viene aburriendo desde hace 13 añosâ€. La diplomacia estarÃa por ese entonces, en marzo de 2014, según el columnista de La Nación, ocupada por el conflicto desatado en Crimea, mientras que la primera mandataria argentina volverÃa a los foros internacionales –con su visita a Roma y ParÃs- para insistir con los aburridos problemas con los que la Argentina suele fatigar[17].
Hay muchos otros ejemplos dentro de este limitado corpus de artÃculos que continúan en esta misma lÃnea, donde la Argentina aparece como un ente inmaduro, poco coherente y desconfiable, mientras que una figura tutelar, paterna, la observa casi con clemencia y examina sus ciclos, ya cansada de las recurrentes crisis locales o de sus insistentes planteos de soberanÃa y desendeudamiento.
El conflicto con los fondos buitres también maximizó este cÃrculo argumentativo (¿se podrÃa decir injurioso?), citando por ejemplo una encuesta que no se explicita a quién se realizó, a cuántas personas, ni siquiera queda claro quién la hizo, según la cual “la mayorÃa de los argentinos†estaba de acuerdo en que era necesario “pagar a los acreedores -entre ellos, los holdoutsâ€, porque de acuerdo a este “estudioâ€, el no hacerlo “sólo empeora la imagen de la Argentina en el exterior y la vuelve dudosa para atraer inversionesâ€[18]. De nuevo, parecen utilizarse figuras difusas, desancladas de nombres concretos, para llevar al diario posiciones difÃciles de sostener sin pagar un costo polÃtico alto.
Para terminar con esta categorÃa, se agrega aquà otra de estas figuras que habitualmente se usan como representantes de intereses múltiples, pero que nunca terminan de corporizarse: Wall Street.
Dentro de este conjunto de artÃculos hay cinco donde Wall Street aparece como un actor social y económico determinante para explicar los devenires argentinos. Hay dos de ellos, comparables entre sÃ, de los que se puede desprender una lectura interesante. En el primero, se cita a unos cinco o seis “analistas†de la Bolsa de Nueva York que a partir de sus declaraciones permiten al matutino La Nación titular la nota “En Wall Street elogian los anuncios, pero los consideran insuficientesâ€[19]. Los anuncios que elogiaban eran la reciente devaluación del peso y el levantamiento “parcial†del cepo cambiario. Según se indica, se trató de medidas que mejoraban la confianza en los posibles inversores, pero inevitablemente insuficientes, dado que los hombres del mercado financiero habÃan lanzado “tajantes sugerenciasâ€, de acuerdo al periodista, para que estas decisiones económicas sean acompañadas por un sostenimiento en la suba de las tasas de interés bancarias y “un recorte importante en los subsidiosâ€.
Las declaraciones recién citadas refieren a un artÃculo publicado un 26 de enero por el matutino La Nación; mientras que un dÃa antes, el 25, el diario ClarÃn publicaba una nota que en su primer párrafo sostenÃa: “En medio de la gran incertidumbre generada por la devaluación y la flexibilización del cepo cambiario anunciada por el gobierno argentino ayer, Wall Street tiene una sola certeza: “Este es el final del Modelo Kâ€â€[20].
Los anuncios son los mismos, flexibilización en la comercialización de dólares en el mercado local y devaluación del peso argentino. Las interpretaciones de los analistas financieros dan lugar a dos lecturas: En la primera, las medidas serán positivas cuando se cumpla con este otro pliego de condiciones o requerimientos, tan tÃpicos de los centros financieros. En la segunda, ClarÃn prefiere vaticinar el fin del modelo K.
2. La irresponsable inmadurez. La predominancia de rasgos de un desorden infantil, poco instruido, improvisado y hasta ridÃculo
En esta segunda categorÃa se buscó agrupar artÃculos en los que se pusiera en evidencia cierto tipo de relación entre el gobierno nacional y otros actores polÃticos, económicos y sociales que gravitan en la órbita de las tensiones y debates argentinos. Como se verá, hay aparentemente un continuo discursivo en el que los referentes de la fuerza gobernante son asociados a actitudes inmaduras, infantiles, poco meditadas, mientras que los representantes de las otras fuerzas polÃticas o sociales son presentados como la posición seria, madura, que permite el resguardo de la estabilidad y el sostén de la gobernabilidad en el paÃs.
AsÃ, por ejemplo, un artÃculo en el Cronista de diciembre de 2013, comienza preguntándose si “¿habrá peligro de saqueos y corridas, como sucedió durante otros fines de año?â€, y unos párrafos más adelante se inclina por desestimar esa posibilidad dado que según constató con sus fuentes Sergio Massa, Daniel Scioli y Mauricio Macri (las tres figuras presidenciables nacionales más gravitantes en la polÃtica nacional por esos dÃas) “trabajan para que los dos años que le quedan a Cristina Fernández como presidenta transcurran con un mÃnimo de normalidadâ€[21]. Evidentemente, la “normalidad†no serÃa ya posible, pero sà por lo menos un mÃnimo…, lo justo y necesario como para que no retornen las escenas de saqueos a las pantallas televisivas de fin de año. El gobierno no podrÃa lograrlo por su cuenta; sino que necesitará del esfuerzo conjunto de las otras figuras polÃticas del paÃs para que “los dos años que le quedan†no terminen en un colapso.
La idea se repite en un artÃculo de Perfil de un mes más tarde, en el que las figuras del Gabinete nacional vuelven a aparecer infantilizadas: “Este ridÃculo casi diario a los que se expone Capitanich, demostrando muy poco aprecio por sà mismo, resume el momento de desconcierto que se vive en el Gobiernoâ€[22]. El poco aprecio quedarÃa en aparente evidencia cada mañana cuando el Jefe de Gabinete brinda sus conferencias de prensa desde la Casa de Gobierno, en tanto que el desconcierto oficial según esta lógica queda al descubierto por el ridÃculo del funcionario.
El papeloneo o las declaraciones vacilantes cierran filas con otro concepto, que también podrÃa ingresar en esta categorÃa, que puede resumirse en la ignorancia o la falta de coherencia al momento de gestionar. La Nación publicaba por esos meses un Editorial que decidió titular “Educando a Sbattellaâ€[23], que básicamente resume distintas oportunidades en las que el director de la Unidad de Información Financiera (UIF), José Sbattella, habÃa sido “educado por los juecesâ€, a partir de disposiciones adversas.
Y luego está la idea del relato que los integrantes del kirchnerismo parecen levantar como apilando naipes, y que finalmente terminan creyéndolo, como un niño que accede a un juego imaginario para terminar cayendo en su lógica y confundiendo la realidad con su imaginación.
“Es mucho más que un relato de ocasión o un discurso para la tribuna. Axel Kicillof y unos cuantos de los jóvenes que desparramó por el área económica, están Ãntimamente convencidos de que libran una batalla ideológica a fondo contra “las corporaciones, los monopolios, los factores de poder y los medios hegemónicosâ€â€[24], sostiene el columnista de ClarÃn en una nota de febrero de 2014. En rigor, se trata de la cabeza de la nota, que básicamente continúa con esta misma lÃnea argumentativa, advirtiendo sobre un posible choque contra la realidad (“También entra la posibilidad de golpearse contra la realidad, como está pasando, y el peligro de capotar en medio del intentoâ€). Sin dudas esconde en sà un estilo punzante muy cuidado desde lo discursivo. Axel Kicillof y unos cuantos de los jóvenes que desparramó; en pocas palabras, dos heridas abiertas: una luz roja se enciende por la inexperiencia que el término “jóvenes†esconde; mientras que el verbo desparramar trae consigo la imagen de cuerpos inanimados, sin razones u objeciones, que se mueven de aquà para allá, que se desparraman sobre un tablero, siguiendo los caprichos polÃticos del momento. Y esos jóvenes desparramados, como no podÃa ser de otra manera, están convencidos en sus fueros Ãntimos (¿quién los convenció?) de que son quijotes rastrillando los campos en busca de molinos; inmaduros, otra vez la imagen del niño en su juego personal se impone. Con un agregado interesante: Los molinos de esta fiebre juvenil son “las corporaciones, los monopolios, los factores de poder y los medios hegemónicosâ€. Al relativizar, e incluso ridiculizar, la posición ideológica del armado de funcionarios que rodea al Ministro de EconomÃa, también parecer terminar por difuminarse la existencia de esas corporaciones y factores de poder, como si fueran parte de una alucinación más, producida por la fiebre juvenil.
En esta misma lÃnea argumentativa y a la vez injuriante, se publica en marzo de 2014 un artÃculo en La Nación que hace referencia al supuesto relato que gobierna a la juventud del partido gobernante que sostiene lo siguiente: “El discurso polÃtico de Máximo (Kirchner) parece naif y sigue la lÃnea narrativa del clásico revolucionario de café, donde Néstor, Cristina y “los pibes†son presentados como los descendientes lúcidos de Ernesto Che Guevara, quienes vinieron a erigirse como “el último dique de contención†para evitar el avance de “los poderesâ€â€[25]. De nuevo los “poderesâ€â€¦ y otra vez ridiculizando las posiciones ideológicas, relativizando la existencia de esas corporaciones o fuerzas no del todo visibles. Y cabe preguntarse; ¿revolucionario de café no es acaso el recurso por excelencia de la injuria polÃtica?
Dentro de esta categorÃa titulada irresponsable inmadurez, podrÃa discriminarse una subcategorÃa directamente relacionada a la figura del Papa Francisco y las interpretaciones periodÃsticas sobre la relación con Cristina Fernández, dada la cantidad de veces en que aparece mencionado. Estas son algunas de esas menciones en las que se aborda este vÃnculo:
- “Algún dÃa el kirchnerismo deberá reconocerle a Jorge Bergoglio su grandeza†(…) “hoy, el Papa Francisco -según todos los indicios-, es un puntal anÃmico y polÃtico de Cristina. Quiere que concluya su segundo perÃodo, y que lo haga con un paÃs en las mejores condiciones posibles. Porque –aseguran sus allegados– siempre temió un final conflictivo de la gestión kirchnerista.[26].
- “El Papa Francisco, en primer lugar, y los presidenciables, en segundo lugar, pero muy cerquita, están haciendo cuentas todos los dÃas y rezando, de paso, para que todo termine bien, y en los tiempos que marca la Constituciónâ€[27].
- “Ella nunca estuvo para cargar con los costos. Por eso, ahora que la carga se está haciendo más pesada, la influencia del Papa es una bendición. De algún modo el Papa la cuida a ella, y asà nos cuida a todosâ€[28].
La operación consiste en dotar a Jorge Bergoglio, por su poder al frente de la cúpula de la Iglesia católica, con la capacidad de sostener la estabilidad del paÃs, a partir de su influencia y su cuidado de la Presidente argentina. Sin su bendición, sin su acompañamiento, sus rezos, qué destino le quedarÃa al paÃs. En el fondo sobrevive esta idea de que por sà mismo, el Gobierno no puede mantener a la nación en un sendero estable, sino que necesita del rol tutelar de un otro, que tenga la madurez suficiente para pasar por alto los caprichos o delirios juveniles del kirchnerismo, en pos de una Argentina con un mÃnimo de normalidad.
3. El debilitamiento institucional. El conjunto de instituciones del paÃs está en riesgo constante
La tercera categorÃa es una continuación en términos argumentativos del punto anterior. Ningún régimen inmaduro o irresponsable puede asegurar la estabilidad de sus instituciones. Por el contrario, sus polÃticas parecieran atentar permanentemente contra los pilares de la nación. Se trata de un silogismo que primero eslabona los caprichos de los gobernantes, luego su inmadurez y ceguera a la hora de reconocer la ayuda de las otras fuerzas polÃticas y sociales, y finalmente el embate contra las instituciones, que parecÃan hasta entonces erigidas con entereza y que ahora tiemblan como enfermas de Parkinson.
La moneda nacional, uno de los fundamentos que hizo a la consolidación de los paÃses como un todo, y por lo tanto conceptualmente una de las instituciones de una nación, es motivo constante de análisis y debate en las columnas periodÃsticas. “El que apuesta al peso pierdeâ€, titulaba por ejemplo La Nación al cierre de 2013[29]; o en un editorial de un mes más tarde despachaba: “No hace falta ser economista para comprender que el Gobierno ha destruido nuestra moneda nacionalâ€[30]. Incluso, se dio por esos meses la contradicción de encontrar artÃculos alentando o celebrando el proceso devaluatorio, que convivÃan con notas que incluÃan estas declaraciones citadas. El mismo matutino, a comienzos de febrero, en voz de uno de sus más destacados columnistas, afirmarÃa: “Solo hay una certeza entre tantas incertidumbres: la crisis no demorará en devorarse a la polÃtica o al equipo de la Presidenta. Una de las dos cosas, o las dos, deberá entregar antes de que el Banco Central se quede exhausto y de que la inflación haya terminado con la paciencia de los argentinosâ€[31]. La estabilidad institucional pende en este párrafo de un delgado hilo, que puede cortarse en cualquier momento, dado que nunca se sabe cuándo se terminará la paciencia de los argentinos o a partir de qué piso se considerará exhausto al Banco Central.
El mismo dÃa, y también en voz de uno de sus principales columnistas, el diario ClarÃn titulaba “El horizonte de la polÃtica económica es pasar el veranoâ€[32]. AllÃ, en la cabeza de la nota, el periodista aseguraba que “apostar a que el valor del dólar luego de la devaluación resistirá es una actitud voluntarista más que una certeza. Pero como el Gobierno desafÃa hasta las leyes de gravedad, se ha planteado tratar de contener la inflación creciente con un acuerdo de “precios cuidadosâ€â€.
Y no sólo desafÃa principios básicos como la gravedad, sino que también practica el arte de la improvisación de acuerdo a esta misma lógica: “El intervencionismo es aún más dañino cuando responde a un mero populismo, con improvisación permanente y sin ninguna planificación ni programa. Todas estas cualidades son las que ha expuesto el modelo kirchneristaâ€[33].
Asà las cosas, este podrÃa ser un resumen bastante acertado de los artÃculos hasta ahora analizados, a la hora de describir la situación de las instituciones argentinas en ese álgido verano de 2014: “Ahà van los intrépidos del Gobierno jugando con plata ajena. Ojalá que entre tanta marcha y contramarcha huérfanas de plan pero abundantes en verbo inflamado, la Presidenta y sus ministros acierten la puerta de salida al dilema del dólar, la inflación y las reservas, y eviten chocar de frente contra la paredâ€[34].
La esperanza, como no podÃa ser de otro modo, está en el paÃs poskirchnerista, de acuerdo a un columnista del diario La Nación, que promediando marzo proclamó: “La empresa de refundar ahora, en pocos meses, casi desde la nada, un nuevo sistema se presenta como un desafÃo que deberÃa comprometer los mejores esfuerzos de todos los argentinosâ€[35]. Refundación parece un vocablo aceptable; de acuerdo al diccionario de la lengua española, significa “Acción y efecto de transformar radicalmente los principios ideológicos de una sociedad o de una institución para adaptarlos a los nuevos tiempos, o a otros finesâ€. SÃ, parece justo para esta situación que a criterio del columnista del centenario matutino debe levantarse casi desde la nada. Las instituciones ya fueron prácticamente arrasadas. Pero, “¿estaremos a la altura de esta gran convocatoria?â€, se pregunta posteriormente, porque teme, conoce el pasado, y teme, dado que “en contadas oportunidades, hubo generaciones de argentinos que supieron cumplir con su deber patriótico en horas tan intensas y peligrosas como la de hoyâ€.
Mientras tanto, estaremos solos; “solos ante la impunidadâ€[36], como tituló ClarÃn también en ese duro marzo. Y encabezó ese artÃculo –que denunciaba un ultraje, una violencia, un abandono del Estado- con estas palabras: “Hace años que lo normal es la anormalidad, que las calles se cortan por cualquier motivo y que la PolicÃa, en vez de evitar los cortes como deberÃa según manda la ley, desvÃa el tránsito para cuidar a los piqueterosâ€.
4. La perversión como motor. Un Estado enfermo, persecutorio y vengativo, manejado por una ambición desmedida
En este último segmento se agruparon aquellos artÃculos que mantienen un enfoque similar respecto de la naturaleza de las decisiones polÃticas aplicadas por el gobierno nacional o las acciones desarrolladas por movimientos sociales. Atraviesa estos textos la idea de una constante perversidad que se esconde detrás de las medidas tomadas: la polÃtica como un pulpo que coopta los espacios y los envilece con sus lógicas, con el sólo objetivo de perpetuarse en el poder. Esta perversidad también conlleva, naturalmente, una ofensa a las instituciones (como se describió en la categorÃa anterior), pero en este caso no es la inmadurez la que hace tambalear los cimientos, sino los instintos más oscuros de una sociedad.
La primera cita corresponde a un editorial de La Nación ya mencionado, que se titula “Educando a Sbattellaâ€, y que en su primera oración sentencia: “La perversidad kirchnerista no tiene lÃmitesâ€. La UIF –como se dijo, el organismo que conduce José Sbattella- para el diario de Mitre “no serÃa un organismo técnico, tal como ingenuamente imaginó el GAFI, sino un organismo cooptado e integrado por amigos, parientes y activistas, destinado a hacer polÃtica en función de los objetivos inmediatos del partido gobernanteâ€. De la idea casi inocentona de órgano publico propuesta por el Grupo de Acción Financiera Internacional, la perversidad local lo transformó en un cÃrculo turbio, de manejos siempre dudosos y que requiere que la Justicia lo “eduqueâ€.
Luego, en otro editorial también ya citado en este trabajo (“Una década de aislamiento internacionalâ€), se consigna lo siguiente: “El estilo de la diplomacia argentina no es demasiado diferente de lo que ocurre en el ámbito interno, con los gobernantes y funcionarios kirchneristas: agresivo, arrogante, dispuesto siempre a crear conflictos, con la indignación y la petulancia como componentes centrales y permanentes de un extraño y nada atractivo modo de ser, que ha desembocado en un deplorable cambio de actitud ante el mundo enteroâ€.
Y esta polÃtica, que aparentemente se aplicarÃa al interior y en las relaciones con el exterior del paÃs, habrÃa terminado por fragmentar la sociedad, creando dos bandos que el periodismo televisivo bautizó como “la grietaâ€, siguiendo ese origen entre circense y cinematográfico del formato TV. Pasado al periodismo gráfico, produjo tÃtulos como este de La Nación: “A la grieta la instalaron Néstor y Cristinaâ€, y que en su interior contiene este tipo de conceptos: “la grieta que todavÃa está aquÃ, entre nosotros, fue impulsada, agitada y financiada por el Gobierno más poderoso de la Argentina de los últimos 30 añosâ€. Se trató, dice el columnista, de “una decisión frÃa, calculada, polÃtica y estratégica, diseñada y preparada por Kirchner para matar varios pájaros de un tiroâ€[37].
También aquà parece presentarse como argumento lo que en realidad es una injuria, una personificación del mal en las formas polÃticas, en los dirigentes polÃticos. Anula la posibilidad de analizar las medidas polÃticas por su objetivo declamado, dado que siempre estarÃa detrás un afán enfermo, totalizador. Anula la ideologÃa, de hecho; si lo que motiva es el odio y la persecución, allà no hay ideas, doctrinas o utopÃas. He aquà otro ejemplo, en este caso del diario ClarÃn: “La primavera de Capitanich no soportó la primera tormenta y quedó claro que si tiene que elegir entre la gente y vengarse de adversarios, elige vengarse de adversariosâ€[38].
Pero no se trata únicamente de los cÃrculos gobernantes, sino que la perversidad es un virus que se expande, provocando que una porción concreta de la sociedad esté enferma por esta lógica. Asà describe una columna también de ClarÃn al “empleado público Kâ€: “Se llena la boca con la década ganada pero para él ese perÃodo fue, en realidad, la década obsequiada, un regalo del cielo. Regurgita con método lo del crecimiento con inclusión social porque asà le ocurrió en el terreno particular: sus ingresos crecieron con Ãmpetu y se encuentra incluido en un proyecto polÃtico que lo mantiene a prudente distancia de toda angustia económica sin demandarle como contraprestación sudores extremos. Es el empleado público militante, que se apoltronó en su oficina refrigerada de la mano del kirchnerismo por su adhesión más que incondicional al Relato, y cuya principal función consiste en mantenerlo vivo al menos en su ámbito de trabajoâ€[39].
Veamos otras construcciones casi literarias del personaje kirchnerista:
- “Impericia. Prepotencia. Improvisación. Negación de la realidad. Búsqueda de fantasmagóricas conspiraciones. Maniobras dialécticas para no asumir los errores que saltan a la vista. Todo eso es lo que muestran el ministro de EconomÃa, Axel Kicillof, y el jefe de Gabinete, Jorge Capitanichâ€[40].
- “Porque no busca diálogos, sino monólogos; porque no acepta crÃticas, sino aplausos, Cristina Kirchner se encierra en su pequeño mundo afÃnâ€[41].
- “La ambición del poder de los Kirchner no es, decididamente, “republicanaâ€. No sólo es monárquica. Además, es “dinásticaâ€, ya que no se aloja en una sola generaciónâ€[42].
- “Un Gobierno poco serio y mentiroso. El kirchnerismo ha hecho de la Argentina en una década –sobre todo desde el 2007– un paÃs asimilable a la ficciónâ€[43].
Los ejemplos que integran esta categorÃa podrÃan continuar alistándose uno detrás del otro largamente. La construcción de una perversión social llamada kirchnerismo atraviesa transversalmente columnas de opinión, artÃculos noticiosos y editoriales. Esta es, posiblemente, la más injuriante de todas las estrategias discursivas que aquà se describen.
Se podrÃa distinguir además un apartado que estudie la descripción de lo que supuestamente sucede en la sociedad a partir de este comportamiento macabro de la polÃtica nacional. La lógica parecerÃa obvia: cuando una manzana está podrida en el cajón, las demás pronto lo estarán:
- “Una sociedad nacional abandonada a su suerte durante más de diez años. Un paÃs donde el Estado creció para manejar los negocios públicos y privados, pero no para cumplir su rol de garante del orden público, de referente de la educación social y de responsable último de la salud de los argentinosâ€[44].
- “Vastos sectores sociales que no reconocen la hegemonÃa de la leyâ€[45].
- “La gente está harta. La inseguridad no sólo produce miedo. También provoca un furor de venganza desmedidaâ€[46].
- “Sin duda, la sociedad argentina está enferma. De impunidad, de soberbia ejercida desde el poder polÃtico, de corrupción y de maldadâ€[47].
Cumple aquà el periodista un doble rol: Primero, se posiciona como capaz de descifrar el humor de “la gente†o “la sociedadâ€; y luego, articular explicaciones a ese supuesto humor. Encadena los razonamientos y cierra sus conclusiones en dos o tres factores: la inseguridad, la anomia, la corrupción.
Hay una hipótesis de sociedad; hay causas, consecuencias, y ni siquiera son necesarios estudios sociológicos para comprobar lo que evidentemente cae de maduro, cae por peso propio, parece hasta natural esta lectura. La sociedad está “enferma†ha decretado este periodismo, recurriendo a las siempre efectivas metáforas sanitarias, con sus diagnósticos lapidarios, sus estudios clÃnicos, sus virus detectados y sus recetas.
Conclusión
En un reciente artÃculo publicado en Página12[48], Jorge HalperÃn se pregunta, luego de analizar el odio y la violencia que domina los comentarios de lectores publicados en los sitios web de estos diarios, si no es posible hallar una “continuidad†entre esa virulencia de los comentaristas y los textos periodÃsticos propiamente dichos, considerando “el grado de violencia que se ejerce en ellos valiéndose de una prosa elegante e informada en la que abundan los prejuicios ideológicos, de clase y de género, los juicios lapidarios en los cuales se habla del presunto desequilibrio de la Presidenta, y todo tipo de descalificacionesâ€.
En cierto sentido, esa prosa elegante e informada que oculta una violencia podrÃa encajar con esta búsqueda planteada en la investigación de determinadas formas del ultraje que sean caracterÃsticas de los discursos emitidos por las empresas de medios de comunicación masiva. De hecho, HalperÃn concluye en su artÃculo que es necesario “preguntarnos cuánta violencia podemos esconder los periodistas bajo la retórica del oficioâ€.
Esta investigación se inició con dos preguntas paralelas: Primero, si es posible identificar un juego del ultraje o un estilo injuriante propio de determinadas formas del periodismo aquà analizadas. En segundo lugar, se preguntó cuáles serÃan los efectos que puede tener ese agravio sobre las representaciones colectivas que una sociedad genera sobre sà misma. Es decir, sobre la materia identidad.
Como se dijo al comienzo, las consecuencias sociales de los discursos de los principales medios masivos de comunicación no iban a ser abordadas de manera directa por este trabajo, dado que demandarÃa una cantidad de recursos y una metodologÃa que lo exceden por mucho. Esto no quiere decir que no puedan ser estudiados académicamente esos posibles efectos, pero sà es necesario al momento de su abordaje calcular con precisión con qué instrumentos se los va a medir, bajo qué metodologÃa y enmarcado dentro de qué proyecto de investigación.
El primero de los interrogantes, en cambio, sà fue estudiado a lo largo de estas páginas, a partir de la distinción de denominadores comunes, mediante los cuales se realizó una suerte de tipologÃa de las argumentaciones presentadas en las notas periodÃsticas seleccionadas, y se intentó ir encontrando una lógica dentro de estas categorizaciones, para identificar la existencia o no de rasgos propios de una forma agraviante.
Como se señaló al comienzo, se trabajó a partir de un marco de análisis propuesto por Horacio González en algunas de sus publicaciones, que básicamente intenta distinguir formas especÃficas del ultraje en determinados registros narrativos, que puedan soportar una historización y un cambio en los protagonistas de las polémicas.
En esta investigación, se buscó extender este procedimiento a un registro periodÃstico, a un discurso masivo, donde lo principal no son los autores de esas notas, sino las argumentaciones esgrimidas. O, como quedó en evidencia en muchos momentos de este trabajo, las injurias o agravios que son presentados como argumentaciones dentro de la lógica interna de la noticia o columna de opinión. Claro que no se trata de una polémica entre dos figuras concretas de la historia nacional, como las que trabaja González, sino que en este caso hay solo una voz presente, que es la del periodista, y un actor aparentemente pasivo, que es la del sujeto (polÃtico o social) en análisis. Este rasgo, en cierto sentido, posibilita que se construya una cadena de argumentación/agravio casi sin interrupciones; y esto queda en evidencia cuando un mismo circuito de razonamiento aparece en diferentes diarios, con diferentes firmas y extendido en el tiempo. Incluso, hay nociones muy fuertes o de mucha regularidad que requieren de una acumulación de denuncias periodÃsticas para que tengan el efecto deseado. Por ejemplo, caracterÃsticas patológicas como la perversidad o la inmadurez, no son rasgos aquà atribuidos a acciones especÃficas, sino presentados como elementos de la esencia propia de los sujetos o actores analizados en las notas periodÃsticas, y eso exige una casuÃstica, una acumulación.
Naturalmente, hay que relativizar esa noción de “actor aparentemente pasivoâ€, dado que en la mayorÃa de los casos las notas se refieren a sujetos polÃticos que protagonizan acciones concretas, con efectos profundos en la sociedad. El término “pasivo†intenta definir a un sujeto en esta polémica que, por lo general, no tiene interlocución con las acusaciones o agravios que se le endilgan; frente a una voz activa, que es la del periodista, que construye estas fórmulas retóricas a partir de una combinación entre argumentos, información, citas, ironÃas, metáforas y preguntas abiertas. Todo un registro narrativo, propio del periodismo, pero que en su interior esconde giros agraviantes que son presentados como un dato más del magma informativo.
Ese terreno difuso entre las armas periodÃsticas y el acto de injuriar, le otorga una “potencia†al estilo noticioso, al cuerpo del texto, que es difÃcil de calcular, pero que se intuye de gran efectividad.
(Este paper integra el ciclo de investigaciones sobre Identidad que conduce el Prof. Eduardo Urbano y se publicó originalmente en https://idaes.academia.edu/AlejandroGiuffrida)
[1] González, Horacio. Historia conjetural del periodismo, Colihue, Buenos Aires, 2013.
[2] González, Horacio. Lengua del ultraje, Colihue, Buenos Aires, 2012
[3] González, H. Historia conjetural…., P.73.
[4] Foucault, Michel. MicrofÃsica del poder, Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1979.
[5] El texto integra el libro Historia de la eternidad (1936).
[6] González, H. Lengua…, P.12.
[7] Por “mediatización†entenderemos aquà el atravesamiento de los discursos generados por los grandes medios masivos de comunicación sobre un cuerpo social determinado. Véase Verón, Eliseo, Esquema para el análisis de la mediatización, revista Diálogos de la comunicación, Buenos Aires, 1997.
[8] Siempre es deseable que existan en los medios cuantas opiniones existen en la sociedad (aunque esto sea una ficción en sà mismo), y ninguna forma de censura o linchamiento a determinada posición polÃtica debe ser celebrada o avalada; es uno de los múltiples aspectos que condensa el concepto libertad de prensa. No obstante lo cual, eso no tiene porqué implicar la imposibilidad de analizar determinado discurso polÃtico que hegemoniza el sistema masivo de medios de comunicación.
[9] No es un aspecto más esta distinción entre crónica y opinión, sino que requiere de un análisis simultáneo, en el que se estudie la fusión de estos géneros y las repercusiones que puede tener en la formación de opinión pública, en las representaciones identitarias y en los contratos de lectura.
[10] La Nación (TAPA), 2/12/13, Preocupa a EE.UU. la caÃda en las reservas argentinas, por MartÃn Kanenguiser.
[11] El distanciamiento que el kirchnerismo propuso de los cÃrculos financieros de alguna manera congeló en el tiempo ese discurso tan propio del mundo de los organismos internacionales, que para la Argentina fue muy habitual durante largas décadas. En su libro Bases para una economÃa productiva (Miño y Dávila, Buenos Aires, 2012), Jorge Remes Lenicov pone letra concreta a los eufemismo que el Fondo Monetario Internacional supo instalar durante la crisis económica argentina de 2001/2. Desde su papel al frente del Ministerio de EconomÃa en el primer trimestre de 2002, Lenicov recuerda el reclamo de “señales concretas†por parte de los funcionarios del Fondo, que en cuanto comenzaron las negociaciones con el nuevo gobierno presidido por Duhalde lo primero que hicieron fue acercar un pliego con las denominadas “acciones previas†que debÃan ser “cumplimentadas para comenzar la negociación†del default. Entre ellas, figuraba por ejemplo descongelar las tarifas de los servicios públicos (que estaban privatizados); eliminar los planes de competitividad y los créditos impositivos; prohibir a los gobiernos provinciales pagar salarios con cuasi-monedas; y arancelar las universidades públicas; entre otras (P.241).
[12] La Nación 15/1/14, La Argentina, reprobada en libertad económica, por Silvia Pisani.
[13] La Nación (Editorial), 2/1/14, Una década de aislamiento internacional.
[14] La Nación (Editorial), 18/3/14, De la desconfianza al desaliento a la inversión.
[15] La Nación, 24/1/14, La situación disparó dudas en Washington, por Silvia Pisani.
[16] Horacio González, Legalidad y bellotas, Página12, 15 de noviembre de 2014.
[17] La Nación, 17/3/14, Los milagros que busca Cristina en Roma y ParÃs, por Carlos Pagni.
[18] La Nación, 24/1/14, recuadro de La situación disparó dudas en Washington, por Silvia Pisani.
[19] La Nación, 26/1/14, En Wall Street elogian los anuncios, pero los consideran insuficientes, por MartÃn Kanenguiser.
[20] ClarÃn, 25/1/14, Wall Street y Stiglitz coinciden: hace falta un cambio de rumbo, por Ana Barón.
[21] El Cronista Comercial, 2/12/13, ¿Estado de alerta antes de las fiestas?, por Luis Majul.
[22] Peril, 12/1/14, Kontradicciones, por Nelson Castro.
[23] La Nación (Editorial), 3/12/13, Educando a Sbattella.
[24] ClarÃn, 2/2/14, La ideologÃa, en el tembladeral económico, por Alcadio Oña.
[25] La Nación, 6/3/14, Cristina y Máximo, una misma contradicción, por Luis Majul.
[26] ClarÃn, 23/12/13, El Papa, preocupado por la salud de Cristina y la transición hacia 2015, por Sergio RubÃn.
[27] El Cronista Comercial, 23/12/13, Feliz Navidad para todos y todas, por Luis Majul.
[28] ClarÃn, 24/1/14, Por suerte, a Cristina todavÃa le queda el Papa, por Julio Blanck.
[29] La Nación, 4/12/13, El que apuesta al peso pierde, por Jorge Oviedo.
[30] La Nación (Editorial), 25/1/14, La destrucción de nuestra moneda.
[31] La Nación, 2/2/14, En vÃsperas de otro cambio de rumbo, por JoaquÃn Morales Solá.
[32] ClarÃn, 2/2/14, El horizonte de la polÃtica económica es pasar el verano, por Ricardo Kirschbaum.
[33] La Nación (Editorial), 18/3/14, De la desconfianza al desaliento a la inversión.
[34] ClarÃn, 26/1/14, Otra vez la confusión está clarÃsima, por Julio Blanck.
[35] La Nación, 20/3/14, Una pretensión de eternidad que va llegando a su fin, por Mariano Grondona.
[36] ClarÃn, 14/3/14, Tan solos ante la impunidad, por Ricardo Roa.
[37] La Nación, 5/12/13, A la grieta la instalaron Néstor y Cristina, por Luis Majul.
[38] ClarÃn, 5/12/13, Se supo: Abal Medina nunca se fue, por Ricardo Roa.
[39] ClarÃn, 26/1/14, El empleado público K se pinta para la guerra, por Marcelo Moreno.
[40] ClarÃn, 30/1/14, Impericia, prepotencia, improvisación y negocios, por Luis Majul.
[41] La Nación (Editorial), 29/1/14, La lógica de preferir La Habana antes que Davos.
[42] La Nación, 6/3/14, La pretensión del verticalismo catastrófico, por Mariano Grondona.
[43] ClarÃn, 30/3/14, Un Gobierno poco serio y mentiroso, por Eduardo Van Der Kooy.
[44] La Nación, 5/12/13, Una sociedad abandonada a su suerte, por JoaquÃn Morales Solá.
[45] IbÃd.
[46] La Nación, 14/4/14, op. cit.
[47] La Nación, 14/4/14, Una sociedad en grave estado, por Daniel Muchnik.
[48] Jorge HalperÃn, El insulto como editorial, Página12, 16 de noviembre de 2014.

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