Andres el Viejo

“Ni a irse ni a quedarse…”

La forma en que se resolvió la cuestión sobre si Kirchner tenía que ir o no al programa de Tinelli es una pieza de orfebrería.
Me recordó los versos de Gelman. “Ni a irse ni a quedarse, a resistir”.
Ir era exponerse al peligro de que la edición manipulara la intervención de manera que quedara en ridículo. No ir era desperdiciar una aparición ante la audiencia televisiva más grande que hay en la actualidad.
De los laberintos se sale por arriba. Y por arriba fue la salida en este caso. No fue. Tampoco dejó de ir. Se negó a grabar la aparición en el programa, que incluía el riesgo de la edición. Mantuvo un suspenso que agotó las energías de Tinelli y del imitador. Finalmente, estuvo, pero por teléfono y pudo manejar el tiempo en sus propios términos.
Magistral.

Grata sorpresa

Cuando, hace unas semanas, alguien le habló a Andrés el Viejo de la posible candidatura de Nacha Guevara, se agarró la cabeza y dijo “¡Oh, no!”. El discurso de anoche de la candidata en el acto de lanzamiento de la campaña (en La Plata) le hizo cambiar de idea.
Fue un discurso sencillo, pero no simple. Reivindicó su condición de no política profesional sin caer en el facilismo de la antipolítica. Recuperó de su extensa carrera artística la combinación de soñar y hacer, y propuso incorporar a la política ese doble carácter: soñar para que el hacer tenga un sentido y hacer para que el sueño no quede en la pura ilusión.
A la ofensiva, frente al chiquitaje mental, declaró su edad (68 años) y su nombre de nacimiento (Clotilde Acosta). Así pierde gracia la chicana de blogueros colegas que se solazan llamándola Clotilde Acosta con el impotente deseo de rebajarla. Se acabó el chiste, pongan un poco de imaginación de ahora en adelante.

Ni su aspecto ni sus palabras ni su entonación jugaron con la evocación de Evita. No fue la actriz Nacha Guevara representando un papel, sino la ciudadana Nacha Guevara dirigiéndose a los que, junto con ella, constituimos el pueblo argentino. Así, sin nombrarlo (tal vez sin siquiera acordarse de él) sepultó las insolentes palabras del grotesco presidente de la Sociedad Rural.

Así son las mujeres de la tierra de los argentinos.
Lo dicho. Una grata sorpresa. Ladren, cuzquitos.
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Y dale con el Fondo

Amables blogueros de Quienpaga han honrado nuestros carritos depositando en ellos resmas de papel con sanas críticas a Mariano por su entrada sobre el Fondo Monetario Internacional. No es necesario defender a Mariano, que bien se arregla solo. Pero a uno le dan ganas de meterse en la pelea, como si estuviera disputando una bolsa especialmente prometedora.

 

Los amables colegas cuestionan el pago íntegro de la deuda con el FMI, al que ven como una suerte de capricho de Kirchner y que, irónicamente, bautizan como “pagar para gritar”.

 

Veamos si es posible aclarar algunas cuestiones.

 

1) El préstamo del FMI ascendía a 9.500 millones de dólares, a diciembre de 2005, cuando se tomó la decisión de la cancelación íntegra e inmediata. Ese préstamo debía vencer en tres cuotas, en 2006, 2007 y 2008. Es decir, al día de hoy, de todas maneras se hubiera pagado todo. Con una diferencia apreciable: cada año sumaba intereses, que también debían pagarse en cada vencimiento. Algunos calculan que esos intereses totalizaban 600 millones, otros dicen que 900. Poco importa: a estas alturas hubiéramos pagado de más. Parece que “pagar para gritar” no es tan mal negocio, si permite ahorrarse algunos cientos de millones de dólares.

 

2) Rusia, Brasil y Uruguay también recurrieron al pago íntegro y anticipado al FMI. ¿Lo hicieron para cumplir el capricho de Kirchner? No parece, porque Rusia y Brasil tomaron la decisión antes que la Argentina. Entonces, ¿Uruguay actuó por órdenes del Tirano de Río Gallegos? Tampoco parece, porque ya entonces, estaba en auge el conflicto por Botnia y el gobierno uruguayo estaba furioso con Kirchner. Parece que la idea de cancelar íntegra y anticipadamente los créditos del FMI tuvo un carácter más general y respondió a consideraciones menos vinculadas a un supuesto capricho.

 

3) A partir del pago íntegro, se terminaron las misiones trimestrales que venían a meter las narices en las cuentas del Estado argentino y a romper las guindas con sus exigencias de condiciones, obligando a los funcionarios del Ministerio de Economía a perder tiempo diciéndoles que no cuatro veces al año. Con el agravante de que ya esas misiones no contaban con las bellas piernas de Teresa Ter Minassian, que de por sí hubieran justificado tener más paciencia y, en lugar de gritar, emitir dulces susurros.

 

Los amables blogueros también nos han ilustrado con la novedad de que sería conveniente volver a pedir plata al Fondo, porque éste cambió, “entendió” sus errores pasados y hoy no impone condicionamientos. Sobre esto último, convendría consultar a Letonia, reciente “beneficiaria” de un crédito del FMI y sometida por ello a duros condicionamientos. “Caramba, no me diga usted que el Fondo no ha entendido ni cambiado”. Permítame que se lo diga.

 

Porque el Fondo, mis queridos colegas y amables visitantes, puede cambiar de lenguaje y de modales, pero lo que no puede cambiar es su esencia (lectura recomendada: G.W.F. Hegel, Ciencia de la Lógica, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1968, págs. 345ss). El Fondo no es un niño ingenuo que aprende de la experiencia; es un curtido organismo que responde, en primer lugar, a los intereses de sus principales accionistas, en especial los EE.UU., y a los del capital financiero internacional. Los funcionarios del Fondo provienen de los grandes bancos y fondos de inversión y allí es adonde vuelven a trabajar cuando dejan de hacerlo en el FMI. No se les cruza por las cabecitas enfrentarse a los intereses de sus pasados y futuros patrones. Las experiencias del Fondo pasan, los intereses que defiende permanecen.

 

Ahora, es posible que los amables blogueros visitantes digan que no había que pagarle al Fondo ni antes ni cuando se vencían los plazos. Que no habría que haberle pagado nunca, así como a los acreedores privados y que, ahora, a los holdouts hay que señalarles higiénicamente la conveniencia de ir a lavarse su parte posterior. Si eso es lo que quieren decir, en mí encontrarán un oyente receptivo. Para conversar de eso, espero ansiosamente que fijen día, hora y lugar de encuentro.

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Día de Venezuela en la Feria del Libro

Ayer, 1º de Mayo, se celebró el Día de Venezuela en la Feria del Libro, con una actividad cultural en la sala José Hernández, organizada por la Embajada de la República Bolivariana.

Después de un saludo del presidente de la Fundación El Libro, abrió el acto el embajador Arévalo Méndez, que brevemente anunció a las personalidades venezolanas que harían uso de la palabra. La historiadora Carmen Bohórquez se refirió a la importancia del libro como instrumento liberador y destacó que en los últimos diez años (los del gobierno de Chávez) la cantidad de analfabetos en Venezuela se redujo de dos millones a cero. Luego, el escritor y editor Carlos Noguera leyó un fragmento de su novela ambientada en los días del golpe contra Chávez en abril de 2002. El poeta William Osuna leyó algunos de sus poemas.

Bohórquez, en un amable y divertido tira y afloja con la locutora, anunció que se aprovechaba el acto para presentar el libro El lado oscuro del imperio, una investigación sobre la violación de los derechos humanos por parte de los Estados Unidos´. Invitó a los autores, los argentinos Atilio Boron y Andrea Vlahusic a incorporarse al panel. Boron y Vlahusic explicaron sucintamente el contenido del trabajo.

Finalmente, el conjunto musical venezolano Ensamble TierraSur  interpretó varias piezas de música popular de su país.

Entre la numerosa concurrencia, se pudo ver al revolucionario peruano Ricardo Napurí, quien fue colaborador del Che en los primeros años de la Revolución Cubana.

Esta información es en exclusiva para Artepolítica, en vano se la buscará en los diarios de hoy.

La estrategia del miedo o quién te ha visto y quién te ve

Algunos sacan la basura fuera de horario. Secreto del oficio: eso pasa sobre todo en oficinas y locales políticos, así que casi todo el contenido es papel. Eso sí, hay que andar ligerito, antes de que empiecen a revolver las bolsas los inspectores del Gobierno de la Ciudad. Estos papeles y unos recortes de Clarín aparecieron en una bolsa, en la esquina de Humberto Primo y Tacuarí.

 

Si le vamos a creer al Gran Diario Argentino (¡cómo no va a ser grande con tantos clasificados!), el país vive un milagro económico que reíte del “milagro alemán” de la posguerra. Hasta la semana pasada, todo se encaminaba al peor de los desastres: el agro destruido, la industria en llamas, el comercio hundido en los pesares, las finanzas del Estado desfondadas, crisis por doquier, colapso inminente. La calamitosa administración de la Presidenta era responsable de los males presentes y de los peores futuros. Y, copyright del amigo Lucas, “nadie hace nada, Susana”.

 

Hoy, jueves 30 de abril, las cosas no son tan así, la situación no es tan mala y nada hay que no pueda arreglarse con cierta dosis de los dos remedios que no deben faltar en todos los botiquines: Diálogo Plus y Consenso Forte. Uno de los principales editores y columnista económico del Gran Diario concurre ahora a tranquilizarnos. Y, simultáneamente, toda la oposición sale a coro en el mismo sentido.

 

Milagro similar ocurre en la política. Hasta la semana pasada, un triunfo electoral ajustado del Gobierno (y, con más razón, una derrota) significaba su derrumbe. Hoy, un diputado más o un diputado menos no es cosa tan grave (nos dicen el Gran Diario y los opositores). Después de todo, en el mundo entero los gobiernos pierden elecciones y siguen tan campantes.

 

¿Qué ocurrió en el medio? ¿Qué operó estos milagros? Que la Presidenta y el titular del Partido Justicialista advirtieron públicamente que una mala elección de los candidatos del Gobierno amenazaba gravemente los logros de los últimos años y ponía en riesgo a la economía y a la estabilidad.

 

Esta insolencia inaceptable ha sido bautizada “estrategia del miedo”. Pero, me pregunto yo: ¿No era estrategia del miedo la que nos pintaba un presente oscuro y un futuro más oscuro todavía? Pregunto yo: ¿es legítimo advertir calamidades para ganar una elección, cuando lo hacen unos y es casi fraudulento cuando lo hacen otros?

 

La Pitonisa de Barrio Norte, el solemne presidente de la UCR, el casi olvidado López Murphy, el “centroizquierda” (así clasifica el Gran Diario a Macaluse, ¡Adrián Pérez! y Lozano) y hasta CARBAP dirigen las mangueras contra el fuego encendido desde el oficialismo perverso. CARBAP indica que hablar de desestabilización es “contrario a la democracia”. Las palabras CARBAP y democracia son difíciles de juntar en una sola frase, pero la responsabilidad es de los autores del comunicado.

 

Es muy interesante esta incursión de los empresarios agrícolas. Deberían preguntarle a su socio Hugo Biolcatti, presidente de la Sociedad Rural, qué opina de la desestabilización. Ese dirigente agrario estuvo el domingo en el programa del golpista reincidente Mariano Grondona. Ambos se regocijaron, risitas cómplices de por medio, con la perspectiva de que la Presidenta no pueda cumplir su mandato hasta 2011. ¿Por qué? Porque en el medio “hay un 28 y un 29 de junio” y evocaron la figura del vicepresidente Cobos, como obvio reemplazante. Pregunto yo: ¿eso no es desestabilizante, por lo menos en las intenciones? Parece, por lo tanto, que los temores contenidos en la “estrategia del miedo” no son imaginarios.

 

¿Qué te pasa, Clarín? ¿Qué te pasa, oposición?

Los blogs son medios de comunicación

Hasta donde este cronista sabe, ayer fue la primera oportunidad en que representantes de blogs fueron acreditados para la cobertura de una actividad. Esto sucedió ayer, en el Pasaje Dardo Rocha, de La Plata, donde se firmaron convenios entre los gobiernos nacional, provincial y de los municipios de La Plata y su zona metropolitana, para poner en marcha un plan de seguridad ciudadana.

Los acreditados en esta ocasión fueron el Ingeniero, Manolo, Omix y Andrés el Viejo.  Se trata de un hecho de la mayor importancia, más allá del acontecimiento en sí y de los que coyunturalmente fuimos acreditados. Es un reconocimiento explícito de los blogs como medios y de quienes en ellos escribimos como periodistas. Esto puede sonar banal en países donde ya existen precedentes, pero no lo es en la Argentina.

Pero esta distinción implica una responsabilidad: la de informar. El acto tuvo dos partes: en la primera se entregaron motos nuevas para el policía de la ciudad de La Plata. La segunda fue la de la firma de los convenios, con discursos del intendente de La Plata, Pablo Bruera, del jefe de Gabinete de la Nación, Sergio Massa, y del gobernador bonaerense, Daniel Scioli.

En los tres discursos se puso el acento en la importancia de la cuestión de la seguridad y en una política de prevención antes que de represión. Uno de los mecanismos que forman parte del plan presentado, por ejemplo, es el de la instalación de GPS en los patrulleros y su control desde el centro de operaciones municipal, de manera de asegurarse que los patrullajes se realizan como está programado y que se responde adecuadamente a las denuncias. Massa puso un acento especial en alertar sobre las responsabilidades de jueces y fiscales y de controlar su desempeño.

Scioli agregó un elemento importante cuando habló de cuidar el empleo y de la educación técnica. Aunque la relación pobreza-delito está lejos de la linealidad automática que se le suele atribuir, la exclusión del trabajo es un caldo de cultivo de enorme peligrosidad. Hubiera sido deseable que este aspecto de la política de seguridad hubiera tenido un mayor desarrollo, porque es allí donde están las raíces mismas del problema.

El kirchenismo es perfecto (según un antikirchnerista)

En la edición del sábado del findesemanario de Jorge Fontevecchia, el “escritor y periodista” (así es presentado) Quintín realiza un análisis de la faena de otros periodistas cuando se trata de examinar al kirchnerismo.

Buen observador (cualidad necesaria a un crítico de cine), presenta una gama de actitudes, identificando a los personajes analizados con letras del abecedario: A, B, C, …

Un aparte especial le merece la llamada “objetividad” y se solaza indagando cómo un periodista abiertamente opositor considera necesario equilibrar las cosas mechando alguna crítica a la oposición. O, por el contrario, cómo un oficialista aparece cuestionando tal o cual acción del Gobierno.

Aquí está lo interesante. A Quintín no se le ocurre (pese a que los interesados suelen esmerarse en dejarlo claro) que el periodista opositor critique a la oposición, no por prurito de objetividad, sino simplemente porque advierte una falencia a corregir, para mejor desempeño de la causa común (o, tal vez, porque percibe algo inconducente a los intereses del medio para el que trabaja). También descree que un oficialista cuestione tal o cual política sólo porque la considera contradictoria, inconveniente o perjudicial para la marcha general de las políticas del Gobierno.

No, señor, Quintín, tal vez influido por repetida exposición a aquellas maravillosas películas en blanco y negro, no se deja atrapar por los grises. Su universo es blanco y negro, sin matices.

Como en los antiguos mazdeístas, hay el Bien y el Mal en estado puro, perfectos. Ahriman es el Mal en toda su perfección, sin mezcla alguna de Bien.

Por eso, termina su texto dedicándolo a Q (transparente avatar de sí mismo), se califica de coherente y se enorgullece de que nunca se le escuchará decir una palabra en favor del kirchnerismo. ¿Nunca nada bueno? ¿Nada, lo que se dice nada? ¿Nunca un mísero detalle? Claro, el kirchnerismo es perfecto, la perfección absoluta del Mal.

Para volver al título, el kirchnerismo es perfecto (según un antikirchnerista).

Clarín, la soja y la “voracidad” fiscal

Con la firma de Matías Longoni, Clarín publicó ayer (12 de abril) una nota que informa que los arrendatarios de la Pampa Húmeda van a negociar con los propietarios una rebaja de los arrendamientos, en vista de que no lograron la rebaja de las retenciones y que los rindes se han visto afectados por la sequía. Incluso, según la nota, hay arrendatarios que querrían fijar los arrendamientos como porcentaje de la producción, algo similar al régimen de aparecerías.

Merece apoyo la decisión de los arrendatarios y llama poderosamente la atención que no reclamen una ley que limite los arrendamientos, tal como existió en las décadas de 1940, 50 y 60.

La información se acompaña con una infografía que pretende demostrar las pérdidas del empresario sojero. Sin hacerme responsable de la veracidad de las cifras proporcionadas por Clarín, sí me parece interesante determinar con mayor precisión que el gran diario argentino quienes se quedan con la parte del león de la plata de la soja.

La infografía representa tres grandes rubros para el reparto de los ingresos:

Lo que “se queda el Estado”,

El “costo de producción” y

La “pérdida del productor arrendatario”.

Empezamos mal. En abierto desafío a cualquier idea normal de la economía, el diario engloba a lo que se paga al dueño del campo como un costo de producción. No, señor, el arrendamiento no es un costo de producción, sino una participación del propietario en el resultado de la explotación, valido de su situación de monopolio (la tierra arable es limitada y quien la posee tiene un monopolio sobre ella, que le permite recibir una tajada de una producción en la que no interviene).

Esto no es un prurito teórico, sino una cuestión central. Porque, según la misma información que ofrece Clarín, el propietario se queda con 411 dólares por cada 1.000 vendidos, mientras que el “voraz” Estado sólo recibe 350. Con la diferencia de que, mientras el “voraz” Estado tiene que esperar a que el producto o sus subproductos se carguen en un barco rumbo al exterior, el propietario del campo cobra su parte por adelantado y sin que le importe si se concretó la exportación o no. Otra diferencia es que el “voraz” Estado tiene su parte sujeta a las variaciones del precio internacional, asunto que al propietario del campo lo tiene sin cuidado.

Sigamos. Los contratistas, que ponen maquinaria y trabajo, perciben apenas 111 dólares.

La compra de semillas, fertilizantes y agroquímicos requieren 166 dólares. Pregunta: ¿todos los arrendatarios iniciaron su actividad en este momento? Porque si no es así se supone que tienen su propia semilla para sembrar (la soja RR no es híbrida y Monsanto fracasó en su intento de obligar a los agricultores a pagar por el uso de su propia semilla). Paso por alto ese enojoso detalle y me planteo otra cuestión: por lo menos una parte de lo que se le paga a las transnacionales que venden esos insumos es un precio impuesto por posición dominante en el mercado, por encima de su verdadero costo. Es decir que una parte de esos 166 dólares también constituyen una ganancia monopólica. Y se va la segunda.

La cadena de comercialización se queda con 98 dólares. Nuevamente, en este caso, tenemos un puñado de transnacionales acopiadoras-exportadoras con posición dominante (hace algunas décadas se llamó a esas compañías “las hermanas”). También aquí una parte de esos 98 dólares constituyen una ganancia monopólica. Y se va la tercera.

Para resumir: de los 1.000 dólares del ejemplo, el “voraz” Estado percibe 350; los sectores monopólicos 411 más una parte no determinada de otros 264. ¿Quién esquilma al empresario agrícola?

Los sojeros arrendatarios tienen ahí una lucha pendiente por una fracción de la producción mucho mayor que la que le pelean al Estado. Es curioso que ni ellos ni sus dirigentes se hayan dado cuenta.

Reunión bloguera y después

El 4 de abril, alrededor de cien blogueros, comentaristas y lectores nos reunimos en el auditorio de la Asociación Bancaria, solidariamente cedido para ese fin. En varios blogs se ha reflejado el clima de alegría y franco intercambio de ideas que fue el rasgo distintivo de la reunión.

Contribuyó a fijar un temario de discusión un documento, que la mayoría de los presentes recibió previamente y que fue leído al comienzo. Pero, como era previsible y resultó muy productivo, el debate excedió ampliamente a ese texto preliminar. El documento fue el resultado del trabajo de un grupo, tres de cuyos integrantes se responsabilizaron, no diría de la conducción, sino de la administración de la reunión. La concurrencia convino en designar a esos tres compañeros con el mote de Los Canosos, por razones francamente misteriosas.

En el documento previo se explicitó claramente que el objetivo central del encuentro era el de coordinar una acción común en defensa de las políticas del Gobierno, para asegurar su triunfo sobre las diversas expresiones políticas y corporativas de la reacción, empeñada en retroceder las agujas del reloj hacia los años del neoliberalismo.

Esta cuestión central y las formas de llevarla a la práctica fueron los temas principales del debate. Pero también surgieron otras de mucha importancia, esencialmente tres:

1) el repudio a las interferencias (reales y no como las denunciadas por el Grupo Clarín) que han sufrido y sufren algunos blogs, especialmente el de Artemio López y las maneras de neutralizarlas;

2) cuestiones que hacen al manejo de la tecnología bloguera;

3) el tema de la comunicación en general, sobre todo en relación con los grandes medios, que dirigen su artillería contra las políticas del Gobierno.

Son todas cuestiones que merecen, y sin duda tendrán, un mayor desarrollo en las discusiones posteriores a la reunión y en próximos encuentros.

Por el momento, me limito a algunas reflexiones estrictamente personales sobre la actitud en la actual campaña electoral y a la heterogeneidad de los que nos reunimos.

Aclarado casi desde el mismo comienzo que los presentes coincidíamos en la necesidad de que el Gobierno obtenga el triunfo el 28 de junio, se debatieron las formas de lograrlo. Todas las propuestas fueron valiosas, yendo desde la publicación de textos comunes hasta la participación organizada en los actos de campaña, así como otros que puedan presentarse por conflictos puntuales orquestados por las corporaciones y la oposición que las representa. Estrechamente ligado se planteó la cuestión de alguna forma de organización de los blogueros presentes y los que, compartiendo los objetivos, no pudieron estar. Predominó la idea de una coordinación laxa, en la que los fines comunes pudieran realizarse de la manera en que cada uno y cada una pueda y quiera implementar. Sin duda, este paso prudente no llena las aspiraciones de quienes preferirían una organización más estructurada desde el inicio. Fue reiteradamente recordado algo que Manolo siempre cita: un texto de Perón en la época de la Resistencia, en el que expone los objetivos y agrega “cumpla estas instrucciones cuándo, dónde y cómo pueda”. Yo agrego ahora una vieja enseñanza del Che Guevara: la que dice que la velocidad de una columna es la de su integrante más lento. Perder esto de vista arriesga dejar gente en el camino.

Otro tema importante fue el de la diversidad de enfoques y motivaciones de los que nos reunimos. Esa diversidad no supone dejar de lado la lucha en común. Por el contrario, permite sumar más voluntades, de modo que la diversidad no sea un obstáculo para actuar en conjunto, sino una forma de acumular fuerzas dispares en una acción única. Quienes nos unimos a la pelea por el triunfo electoral sobre la reacción no debemos renunciar a nuestros puntos de vista particulares ni a las críticas (distintas en cada caso) a tal o cual aspecto de la acción del Gobierno. Todo lo contrario. Las experiencias de luchas nacionales y populares, en el país y en el mundo, indican que aunar diversidades en la acción en pos de una meta compartida fortalece las perspectivas de triunfo.

Nada une más y mejor que un enemigo común. En nuestro caso, las corporaciones y la oposición reaccionaria que las representa.

El poder, siempre se trata del poder

El lanzamiento del nuevo lockout agrario de siete días nos retrotrae a las jornadas del conflicto del año pasado. ¿Nos retrotrae? Esta es la gran pregunta.

El conflicto de 2008 estuvo jalonado por errores, tanto por parte del Gobierno, como de los dirigentes del empresariado agrícola. A estas alturas, esos errores son leche derramada y no vale la pena llorar sobre ellos. Constituyen el basamento sobre el que se levanta la situación actual.

En 2008, ambas partes lucharon por capturar lo que en definitiva resultó ser un espejismo: el aumento desmesurado de los precios internacionales de las commodities agrarias. La desaparición del espejismo afecta de manera distinta al Gobierno y a los empresarios rurales.

Aclaración: cuando la Mesa de Enlace y sus intelectuales orgánicos hablan de derrumbe de los precios sufren otro espejismo inverso o mienten con fría deliberación. Los precios apenas si han vuelto a los ya altos niveles anteriores a la segunda mitad de 2007, cuando capitales especulativos ahuyentados por la crisis financiera mundial se dirigieron por un tiempo a los mercados de commodities. Hicieron allí sus acostumbradas ganancias y emigraron con dichas ganancias en sus bolsillos. Los precios no se derrumbaron; simplemente volvieron a sus (repito: ya altos) niveles previos.

Para el Gobierno, la desaparición del espejismo significa sin duda un problema: no puede contar con la plétora de dólares que se preveían, ya que las exportaciones caen por volúmenes y precios. Sin embargo, sus objetivos no tienen por qué variar: mantener las retenciones, aún si resultan menos rendidoras que antes, contribuye a contener los precios de los alimentos en el mercado interno y a sostener la recaudación y la balanza de pagos.

Para los empresarios rurales, en cambio, la desaparición del espejismo equivale a una catástrofe, si no material, al menos psíquica. La voluntad de lucha y la unidad de 2008 se asentaban en la expectativa de meter mano a la llamada “oportunidad” que brindaba la levantada abrupta de los precios. El hambre de la humanidad iba a llenar los bolsillos de los hombres de campo argentinos. Albricias. Hoy, esa “brillante” perspectiva ya no existe. De lo que se trata, para muchos, es de mantener sus niveles de ganancia; para otros muchos, de evitar las penurias derivadas de la sequía y de sus propias decisiones de siembra o de manejo de rodeos, inspiradas por el odio a las políticas oficiales.

Lo que hace un año era la fortaleza del mal llamado “campo” hoy ha devenido en su debilidad.

Pero el largo y amargo conflicto de 2008 ha dejado secuelas políticas y sociales que exceden el mero cálculo económico.

Aquel enfrentamiento ha dejado, tanto al Gobierno como a los ruralistas en una situación de difícil, cuando no imposible retorno. El historiador holandés J. W. Smit ha dicho que la ley que rige a todas las instituciones es: “el poder o se extiende o se pierde”. Valiosa observación, que debería ser la guía de quien pretenda analizar la sociedad, la economía o la política. Sobre todo, la política (en la extraña suposición de que se pudiera analizar la sociedad y la economía prescindiendo de la política).

El Gobierno estuvo a punto de perder el poder en julio de 2008. Recurrió desde entonces a lo que le restaba de autoridad y a una innegable capacidad de leer la realidad y actuar sobre ella. Atacó frentes que resultaban más accesibles que el agrario (jubilaciones privadas, Aerolíneas, por citar sólo dos). Y así logró reconstruir, si no todo, gran parte del poder diluido frente a la revuelta de los empresarios agrícolas. No ignoró las necesidades reales de parte de la producción agropecuaria y arrimó, por diversas vías, ayudas muy necesarias para las víctimas de la sequía y para sectores productivos en situación precaria. Pero, en todos los casos, lo hizo dejando en claro que actuaba en ejercicio de su autoridad, atendiendo a las necesidades y no cediendo a las extorsiones.

Enfrente, la Mesa de Enlace (y sus fieles seguidores, los políticos de la oposición) no pudo o no supo extender la cuota de poder que había arrebatado a lo largo de cuatro meses de violencia en las rutas. Al no poder conseguir la rendición incondicional del Gobierno, su objetivo confesado, se ilegitimizaron ante su propio sector para negociar mejoras parciales. Habían prometido el cielo y ya no podían pagar la promesa con la obtención de subsidios, de mejoras o de diferimientos impositivos. “En la vida todos queremos llegar al cielo”, dice la canción. Pero no podemos llegar al cielo y asumirlo evita graves decepciones.

¿Por qué la Mesa de Enlace hoy no muestra la férrea unidad de hace un año? ¿Por qué no puede negociar con manos más libres y queda prisionera de una pequeña minoría rabiosa que se lanza ansiosamente a las rutas?

Tal vez, esa pequeña minoría no es mucho menor de la que ocupaba las rutas el año pasado. Pero, sin duda, le falta la retaguardia que era entonces su base de apoyo: 1) una parte del empresariado agrícola prefiere hoy las tal vez modestas, pero reales, soluciones del Gobierno antes que las grandiosas, pero ilusorias, de la Mesa de Enlace; 2) otra parte, aunque siga rezongando por la “insensibilidad” y “voracidad” estatal, ya no persigue la zanahoria de los precios desmesurados e inalcanzables; 3) las clases medias urbanas están demasiado preocupadas por las repercusiones actuales y futuras de la crisis mundial y, por lo tanto, poco deseosas de conflictos que agraven dichas consecuencias.

La Mesa de Enlace se encuentra en una disyuntiva poco envidiable: si negocia y, por lo tanto, acepta que no puede obtener todo, los rabiosos de las rutas los carnean y los asan; si insisten en reclamar todo, se internan en un conflicto sin perspectivas de éxito. Sin perspectivas de éxito, porque aunque lograran derrotar al Gobierno y provocar su derrumbe, no lograrían lo que han prometido a sus “bases”. En cualquier caso, la ira de los rabiosos muerde los talones de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Al no haber logrado extender el poder conquistado, están perdiéndolo. Ha llegado a esa incómoda posición en que se pierde incluso si se gana.

La oposición política, afectada de impotencia, no encuentra el viagra que la cure. Apostó y apuesta todo a la rabieta ruralista. Allí tiene su mejor expectativa de éxito electoral y allí tiene también su peor riesgo de derrota electoral. O, lo que quizá debiera temer más que cualquier otra cosa, el enorme riesgo de que un éxito electoral derive en un callejón sin salida y un fracaso político (¿alguien recuerda a un tal De la Rúa?).

¿Habrá colas en el consulado argentino en Nueva York?

Parece que norteamericanos espantados por la magnitud de la crisis buscan refugio en la Argentina. No se han enterado de que, como nos dicen a diario, este es el peor país del mundo, con el peor gobierno y con la crisis más feroz.

http://www.clarin.com/diario/2009/03/21/um/m-01881483.htm

El grito sagrado

El texto siguiente fue publicado el 29/08/04, en pleno auge del blumberguismo. Aunque muy devaluada en números, la actual campaña por la “inseguridad” justifica la reiteración.

El jueves a la noche, en el acto convocado por el señor Blumberg y antes de la alocución del adalid de la seguridad, tres oficiantes de distintas religiones dirigieron sus edificantes palabras a la concurrencia. El hecho no merecería más que la distraída atención que le brindaron las crónicas periodísticas, si no fuera por la ocurrencia de uno de los predicadores.

Correspondió al rabino (su nombre pasó piadosamente desapercibido) ofrecer la propuesta más original del acto. Postuló un cambio en la letra del Himno Nacional: donde Vicente López y Planes escribió ‘Oíd, mortales, el grito sagrado, libertad, libertad, libertad’, el orador sagrado propuso cantar desde ahora ‘Oíd, mortales, el grito sagrado, seguridad, seguridad, seguridad’.

Sin duda influido por los desatinos que perpetraba el Coro Kennedy en ese mismo tiempo y lugar, el buen hombre no advirtió que su propuesta de letra no se ajusta a la música. Este dislate poético-musical no es, sin embargo, lo peor de su formulación.

Cuando la sabiduría popular dictaminó que los niños y los locos dicen la verdad, anticipaba el descubrimiento el inconsciente. Cuando éste, harto de inhibiciones, sale a la superficie, el hablante (cual un niño o un loco) revela la verdad profunda que lleva adentro. En este caso, el proponente plantó en la tribuna lo que piensan muchos de los concurrentes al acto, gente mayoritariamente de edad mediana para arriba y de condición socioeconómica ídem. La libertad es incompatible con la seguridad; sacrifiquemos la primera para gozar de la segunda. Por supuesto, se trata de la seguridad de ellos, la de quienes tienen asegurado el techo, la comida de hoy y de mañana y algunas otras comodidades de la vida.

Cambiar la libertad por la seguridad guarda una llamativa consonancia con la furia que expresó el señor Blumberg, unos minutos después, contra ‘los derechos humanos’, furia ruidosamente festejada por el público.

Se discute si el señor Blumberg es de derecha. El mismo se ha definido como ‘de centro, tirando a la izquierda’ (clara demostración de cómo se ha devaluado la palabra ‘izquierda’ después de frepasos, aris y otros experimentos por el estilo). Algunos apologistas de Blumberg lo definen como ajeno a la política. Lo que, en realidad, quiere decir que es un representante de ese ‘sentido común’ que, desde Gramsci, sabemos que es la simple expresión de la ideología de la clase dominante.

Por eso, en el movimiento que encabeza el señor Blumberg, lo peor no es él, ni siquiera algunos ultraderechistas asumidos que lo utilizan como mascarón de proa. Lo peor son los seguidores, los que se arremolinan frente a su tribuna y festejan con alborozo al que, como hombre cualquiera, los expresa en sus miedos y odios, los expresa en su sentido común. Lo peor es la ‘gente decente’, que bien gustaría de retirar del Himno las jacobinas invocaciones a la libertad y la igualdad, para cantar la gloria de la seguridad de las panzas llenas.

¿De qué se habla cuando se habla de delincuencia?

El texto siguiente fue publicado el 21/05/04, en pleno auge del blumberguismo. Aunque muy devaluada en números, la actual campaña por la “inseguridad” justifica la reiteración.

La palabra delincuencia no es inocente. Su empleo supone una operación ideológica compleja, que por lo general está más allá de la conciencia de quienes la usan. Menos peligrosos, en realidad, son quienes recurren a ella con plena conciencia y definidos propósitos. Como sus objetivos suelen quedar a la vista, es más fácil distinguir la mistificación que cuando el hablante habla de delincuencia y delincuentes desde el mero sentido común. Esa misma ‘ingenuidad’ (ingenuidad individual, pero no colectiva) proporciona un sentido de convicción plenamente compartible por la generalidad de los receptores del mensaje.

Nada arroja mayor claridad sobre el carácter no-inocente de la expresión que aquellos casos en que se omite. Si uno se guía por el Diccionario de la Real Academia, ‘delincuente’ es aquel que comete delitos. Pero, significativamente, hay una gran cantidad de personas que cometen delitos y a quienes no se llama delincuentes (salvo que se haga con el deliberado propósito de denigrarlos). Un empresario que viola las leyes que regulan el comercio exterior comete el delito de contrabando; sin embargo, en ningún medio de difusión lo llamarán ‘el delincuente’. Lo mismo ocurre con un banquero estafador, con un policía o funcionario corruptos. La familia de María Marta García Belsunce está fuertemente sospechada de participación en el asesinato de la infortunada mujer y, por lo menos, está acreditado que tomaron parte en un conjunto de maniobras que han impedido esclarecer el hecho durante más de un año y medio. Pero nadie los llama delincuentes, incluidos aquellos que los consideran culpables de participación en el asesinato. Los policías responsables de hechos de gatillo fácil o de torturas infringen varios artículos del Código Penal. Pero no se los llama delincuentes, salvo cuando se quiere deliberadamente individualizar las culpas y desviar la atención de una amplia vinculación entre fuerzas policiales y delitos. Un juez fue condenado por la muerte de su hija y a nadie se le ocurrió, antes, durante y después del juicio, llamarlo delincuente. Ni siquiera la práctica reiterada de delitos es objeto de tal calificación, como lo muestran los casos de empresarios contrabandistas, funcionarios corruptos o banqueros estafadores.

Diga lo que diga el Diccionario, en el lenguaje habitual de los medios y de la calle no se llama delincuente a cualquiera que cometa delitos. La expresión se vuelve así difusa pero, paradójicamente, no presenta dudas a quien la emite ni a quien la escucha. Situación más que confusa: nadie podría definir qué o quién es un delincuente, pero a la vez no duda en qué o quién lo es.

Ya Foucault ha señalado el carácter y el propósito de la construcción social del concepto de ‘delincuente’ y el papel que la cárcel desempeña en esa construcción. La función de la cárcel, advierte el pensador francés, no es ‘regenerar’ al que ha cometido un delito, sino cristalizarlo como ‘delincuente’, para que su ejemplo negativo induzca a la sumisión (es decir, respeto a la propiedad y a la jerarquía social que ella establece) a los obreros que, naturalmente, no quieren convertirse en ‘delincuentes’.

Delincuente es así la contracara de la ‘gente decente’ (expresión anticuada que ha reverdecido en boca del señor Blumberg) o ‘gente honesta’, Resulta tan indispensable para el ‘buen funcionamiento’ de la sociedad burguesa, dentro de ciertos límites, como molesta cuando los traspasa.

Agrofinanzas: del mito gauchesco a la vida real

Recientemente, se abrió una polémica a partir de dos textos posteados por Artemio López en Ramble Tamble. El tema que levantó ronchas fue si corresponde hablar de agrofinanzas.

Olivera, el Abuelo Económico y Mariano T. se alzaron contra ese concepto, con argumentos diferentes.

Olivera, por su parte, tocó un aspecto muy importante, aunque tangencial a la cuestión de la relación agro-finanzas. Sin olvidar que el punto central de toda discusión ha de ser el de atacar al Gobierno, Olivera sostiene que los bancos ganan como nunca. Para el caso, poco importa si ganan mucho o poco, ya que lo decisivo es que los bancos tienen hoy un papel global en la economía muy inferior que el que tenían hasta 2001. Es significativo que recién desde 2005 hayan presentado balances positivos y, entonces, sólo por la natural ampliación de su actividad como parte de la actividad económica en su conjunto. Pero lo decisivo es que los bancos, si bien parte importante, son sólo una parte del capital financiero. El sector financiero privado, como un todo, se ha reducido por efecto de políticas bien definidas: quita de la deuda, reestatización de las AFJP, para dar sólo dos ejemplos. La Bolsa, esa catedral del negocio financiero, muestra a las claras la contracción del mismo.

Por lo demás, la argumentación de Olivera sobre agrofinanzas no difiere mayormente de la del Abuelo y Mariano T. Básicamente, la idea es que todas las actividades económicas requieren del crédito, es decir, del recurso al capital financiero. Por lo tanto, es tan poco pertinente hablar de agrofinanzas como de “industriofinanzas” o “construcciofinanzas”. Su segundo argumento es que la especulación financiera sobre los mercados de commodities agrícolas (que se dio con especial intensidad entre julio de 2007 y julio de 2008, ante el colapso del mercado hipotecario de los Estados Unidos y de los fondos de colocaciones y de pensiones) no constituye agrofinanzas, ya que los especuladores viajan eternamente de unos a otros mercados, en busca de su libra de carne “cortada lo más cerca del corazón”. 

Olivera, el Abuelo y Mariano T. tienen razón. Si el verdulero que está a media cuadra de donde yo vivo cambia su vetusta camioneta por otra que paga en cuotas, obviamente estará usando crédito cuando traslada los cajones de frutas y verduras, pero eso no autoriza a hablar de “verdulerifinanzas”. Pero esa cuota de razón que hay que reconocerles oculta una trampa enorme. Si la intervención del capital financiero se limitara al otorgamiento de crédito o a la especulación sobre mercancías ya producidas, sería indiferente que su actividad se realizara sobre la producción agrícola, industrial, de la construcción, del comercio o del transporte.

Agrego, de paso, que también es cierto que el ciclo de circulación del capital (desde la contratación de la mano de obra y adquisición de máquinas e insumos hasta la venta de las mercancías producidas) atraviesa momentos en que es necesario recurrir a dinero prestado que, finalmente, recibirá en la forma de intereses una parte de la ganancia de la empresa.

Pero los financistas (banqueros o no) no se autolimitan a ese papel. Es un fenómeno estudiado desde el último cuarto del siglo XIX que los banqueros comenzaron a operar como aglutinadores y directores de sectores enteros de la producción. Un siglo más tarde, toda suerte de empresas financieras (incluidos los bancos y, en especial, la banca de inversión) pasaron a actuar de esa misma manera, pero en escala mucho mayor y extendida al conjunto de la economía mundial.

Será entonces legítimo considerar como parte de las finanzas a aquellos emprendimientos en que los financistas toman parte, no exclusivamente como prestadores ocasionales de dinero, sino como aglutinadores y directores de los factores que participan en el proceso de producción, transporte y distribución de los productos.

Tomemos un ejemplo sencillo, ajeno al agro. Un banco, un fondo o un conjunto de poseedores de dinero compran terrenos, contratan estudios de arquitectura y de ingeniería, empresas constructoras e inmobiliarias y levantan un barrio privado de lujo, con instalaciones para supermercado, cines, centro de compras. La venta de las propiedades (viviendas y comerciales) queda en manos de los que pusieron el dinero original, descontados los pagos a las empresas contratadas. En este caso, la construcción está subordinada al negocio financiero.

Un pool de siembra funciona con una lógica semejante. Cualquiera que sean las ilusiones que se hagan los propietarios de tierras, los empresarios rurales y los contratistas sobre su propia independencia, su papel es de auxiliares necesarios para la realización del negocio financiero de los dueños del capital-dinero. Podrá decirse que Grobocopatel, por ejemplo, prescinde mayormente del empresario rural: Esto significa simplemente que asume el doble papel de financista y empresario, siendo el primero la fuente fundamental de su poder y de sus ganancias. Los financistas de los pools pueden ir desde entidades financieras hasta un grupo de comerciantes y profesionales locales. Basta que tengan la plata para poner en marcha el negocio.

Primer mito gauchesco: el productor que trabaja el campo con su familia, imagen bucólica alejada de lo que es el grueso del negocio agrario de estos días, particularmente el de los granos. La ampliación de la frontera agrícola no se hace con familias Ingalls.

Otra imbricación del negocio agrario con el financiero es el de lo que en otros tiempos se llamaban acopiadores y ahora usan el nombre más sonoro de exportadores. Por volumen de operaciones se destacan las multinacionales (Bunge, Dreyfus, ADM, Nidera, etc.) que cuentan con la estructura, el dinero y las conexiones internacionales para hacerse cargo de contratar el transporte y concretar las ventas. Su negocio es básicamente financiero, aunque también sea comercial y puedan tener agroindustrias como rama subordinada. (Hay una organización de cooperativas que también opera en exportaciones, pero ocupa un lugar decididamente secundario respecto de las multinacionales.)

Segundo mito gauchesco: los productores pagan retenciones. Falso. Los productores no pagan retenciones. Toda la producción que va al mercado interno está exenta de retenciones, que se aplican sólo sobre lo exportado. Los que pagan las retenciones son las exportadoras. Ellas son las que descuentan las retenciones a los empresarios agrícolas, con la doble ventaja de descargar sus costos y de desviar el descontento del “campo” hacia la “voracidad estatal”.

El control de las exportaciones implica el predominio del capital financiero sobre la producción agrícola. Cuando el Gobierno presentó una denuncia judicial contra las exportadoras por evasión de retenciones por 1.700 millones de dólares, no hubo protestas de los empresarios agrícolas ante el hecho de que las multinacionales se habían embolsado las retenciones que les descontaban a ellos. Un signo claro de su subordinación, económica, política e ideológica al capital financiero del comercio internacional de granos.

No se ve, por lo tanto, que agrofinanzas sea una expresión desacertada, como claman sus críticos.

 

Es poco, pero va por ahí…

La Nación, en su edición electrónica, publica hoy la información siguiente:

BERLIN.- En su encendida lucha para paliar los efectos de la crisis financiera global en ese país, el gobierno alemán aprobó hoy una ley que le permitirá nacionalizar temporalmente los bancos en problemas para evitar su quiebra.

El proyecto, que fue hecho a medida para ajustarse a la grave situación en la que se encuentra el banco inmobiliario Hypo Real Estate (HRE), el cuarto más importante, que quedó al borde de la quiebra por la crisis financiera internacional y tuvo que recibir millonarias ayudas estatales, permitirá expropiaciones hasta junio próximo.

“La posibilidad de lanzar procesos de expropiación expira el 30 de junio de 2009. La nacionalización es un último recurso”, dice el texto adoptado por la mañana en el consejo de ministros del gobierno de la canciller Angela Merkel.

Pese a todo resulta incierto si el Estado acabará nacionalizando el HRE, ya que el proyecto de ley establece que antes se deberán agotar todas las vías contempladas por el derecho accionario.

En ese sentido, la asociación para la defensa de los derechos de los accionistas DSW reaccionó inmediatamente y ha amenazado con presentar una demanda ante el Tribunal Constitucional si se los llega a expropiar.

En el proyecto de ley se subraya que la expropiación de los accionistas es el último recurso para salvar los bancos en dificultades. Antes de tomar esa decisión, el Estado deberá agotar el resto de las opciones para asumir “la mayoría del control” de una entidad financiera.

En declaraciones radiales, el presidente de la DSW, Klaus Nieding, subrayó que la Constitución protege la propiedad privada y comentó que el Estado puede asumir la dirección del HRE mediante un aumento de su capital para evitar la expropiación.

Agencias AFP, AP y DPA

Es poco, es tímido, es insuficiente, no va hasta el fondo. Pero, por lo menos, va en la dirección adecuada. Ni una moneda de origen estatal debe servir para que los banqueros tapen sus agujeros y los accionistas de los bancos escapen a la quiebra que merecen. Es lo contrario del estímulo de Obama y, por eso mismo, tiene mayores posibilidades de éxito.

Chantas, más que chantas

Leemos en La Nación On Line de hoy (a las 17:46): “El Indice de Precios Implícitos del PBI reconoció que el alza de 2008 fue de 18%, aunque el instituto había informado incrementos de menos de la mitad en los índices de precios minorista y mayorista; el producto creció 7% en el año, pero en el último trimestre registró su menor alza desde 2002; fuerte caída de la inversión”.

Se accede: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1099586&pid=5836746&toi=6258

Vamos a ver. Desde el desdichado error de meter mano en el IPC, chantas de todo tipo y color se han dedicado a poner en duda cualquier estadística que provenga del INDEC. Una de ellas es precisamente la medición del PBI. Se sostenía que el PBI resultaba inflado porque se subestimaba la inflación. Pero ahora nos enteramos, por un medio furiosamente opositor, que en realidad el deflactor que usa el INDEC para el cálculo del PBI no es su propia medición del aumento de precios con el IPC o con el IPM, sino un tercer indicador que supera de lejos a los cuestionados índices.

O sea, gritemos todos contra la manipulación del IPC y de cualquier estadística. Pero no macaneemos, no inventemos cuentos. Y le dicen chanta a Polémico Moreno.

Crisis global (para Tux, No Entender y Luisk)

Hace unos días, Tux publicó un post en el que planteaba algunas difíciles pero oportunas preguntas sobre la crisis mundial. No Entender y Luisk hicieron valiosos aportes con sus respuestas. Por distintas razones, no pude sumarme al interesante debate y lo hago ahora con mis propios intentos de respuesta.

1. La quiebra del neoliberalismo como justificación ideológica de las políticas económicas aplicadas durante los últimos treinta años es hoy completa, pero tiene antecedentes nacidos de sus propias filas. Hay que recordar al megaespeculador Soros, clamando a fines de los 90 por regulaciones más estrictas sobre los movimientos financieros o al Premio Nobel Stiglitz repudiando las concepciones que inspiraban la acción del Banco Mundial, del que había sido un alto funcionario. Pero esta bancarrota ideológica no ha destruido (por lo menos, no ha destruido aún) las bases materiales del neoliberalismo. Este consistió en la estrecha interrelación de dos fenómenos: el predominio de la valorización financiera sobre la productiva y una redoblada explotación del trabajo, mediante el desempleo masivo, la tendencia a la igualación hacia abajo de los salarios, la precarización y flexibilización de la mano de obra, etc. La estructura económica forjada a través de estos mecanismos está dañada, pero sigue en pie, e incluso la aplicación de políticas económicas diferentes no la puede desmontar de un día para otro. Si esto es un obstáculo económico formidable, no lo es menos el que se encuentra en el plano social: alrededor de la valorización financiera se ha consolidado una franja superior de la burguesía que tiene allí su fuente principal o exclusiva de ingresos, a lo que hay que añadir lo que algunos autores llaman “compromiso neoliberal” (por analogía con el compromiso keynesiano): la participación de un sector superior de las clases medias, que también, aunque en medida más modesta, han encontrado en las finanzas una fuente de ingresos extra y de magnitud no despreciable. El sector de la población que logra altos ingresos y se despega de la mayoría por una redistribución regresiva ofrece y ofrecerá una resistencia con la que se debe contar. La cuestión clave es si esa resistencia debe ser objeto de un compromiso o si debe ser doblegada. No creo necesario decir cuál es mi opinión al respecto.

Esto explica que ninguno de los planes en curso ataque las bases mismas de la crisis. La ayuda masiva a los bancos no hace sino prolongarla y, lejos de aceitar el crédito, sirve para mantener y alimentar a la burbuja de bonos, acciones, títulos, derivativos y derivativos de derivativos que pesa como una montaña sobre un capital fijo productivo cada vez menor en relación con esa masa de capital ficticio. El buen consejo de Roubini (tirar deuda por la borda) no está siendo seguido y no lo será, a menos que la duración y profundidad de la crisis lo imponga como un hecho, más que como una decisión. A principios de los 90, dos países se encontraron con burbujas de deuda de gran magnitud y reaccionaron de manera diferente. Suecia nacionalizó los bancos que necesitaban salvataje y logró una recuperación relativamente rápida. Japón inyectó a través de los años el equivalente del 12% del PIB como salvataje para los bancos y cosechó una década entera de estancamiento. El estímulo obamista no funciona porque se parece más a la receta japonesa que a la sueca.

2. Seguramente que algunos conceptos e instrumentos keynesianos podrían ser utilizados con provecho. Pero las circunstancias actuales son diferentes de las de los años 30, especialmente por esa masa de capital puramente ilusorio (pero que exige su parte de las ganancias) que hoy tiene magnitudes que eran impensables en la época de Keynes.  Elemaco ha reproducido en su blog un interesante trabajo del diario brasileño O Estado de São Paulo: allí se presenta un panorama de medidas ante la crisis, país por país. Llama la atención que, con las diferencias que marca la realidad de cada uno y con independencia de preferencias neoliberales o keynesiana, las medidas sean muy parecidas, en su factura y en su escasa efectividad. Lo que predomina es el desconcierto y, si no me creen, pregúntenle a Obama. Conviene tener claro esto: no hay un paradigma que dé respuestas a la crisis y, si aparece, no nacerá con su armadura y armas completas, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Se irá haciendo. Vale la pena recordar un comentario de Prebisch sobre sus años de gerente general del recién creado Banco Central en los 30: “Hicimos keynesianismo sin conocer a Keynes”. Lo que equivale a decir: hicimos lo que pudimos, inventando respuestas parciales a problemas parciales. Es posible que eso sea lo que hay por delante ahora.

3. El marxismo es la única teoría que tiene potencia explicativa ante la actual crisis mundial. Si se revisan los capítulos del Libro III de El Capital acerca del capital financiero y su relación con el ciclo productivo, sorprende su actualidad. Más aún, sorprende que esos capítulos tengan hoy más vigencia que en la época en que fueron escritos, cuando el capital financiero estaba en pañales. Pero una cosa es la potencia explicativa del marxismo, que repito es formidable, otra distinta es la capacidad de los marxistas de extraer de la explicación las medidas concretas, y otra, la mayor dificultad, es que el marxismo, después de los fracasos cometidos en su nombre, esté hoy en condiciones de alcanzar las posiciones de poder, sin las cuales no podrá pasar de su papel crítico al de resolver los problemas.

4. La crisis actual tiene un componente no exclusivamente económico. El capitalismo podrá o no sobrevivir a esta crisis. Si lo hace, lo que estará en juego no será solamente tal o cual forma de estructuración de la economía, sino la propia hegemonía de los Estados Unidos en el sistema mundial de Estados. Esto no significa profetizar un derrumbe repentino. Los cambios de hegemonía, en la historia del capitalismo mundial, siempre se han resuelto a través de un largo período de crisis sucesivas, convulsiones y guerras. Esta de ahora puede ser el primer episodio de ese largo proceso (o el segundo, si se considera primero a la crisis del dólar de 1970 y del petróleo de 1974). Las clases dominantes y sus expresiones políticas van seguramente a experimentar modificaciones importantes, sobre todo las de los países periféricos. Si dejamos de lado esta perspectiva histórica de plazos prolongados y nos atenemos a la crisis actual, mi previsión va en tres direcciones: a) agudización de conflictos internos a las burguesías de cada país y entre las de los distintos países, tanto centrales como periféricos; b) la crisis aflojará los lazos entre el centro y la periferia y promoverá, por una parte, una mayor autonomía de la segunda y, por la otra, ofensivas del primero para anular esa autonomía; c) ante la incapacidad de la burguesía para reencarrilar la economía por medios puramente económicos, crece y crecerá aún más el papel de los Estados, especial pero no exclusivamente en los países periféricos.

Una mención a la situación política nacional y el rol de los K y de la oposición. Los K han tenido la lectura más completa del cambio de situación operado a comienzos del siglo. Esto les permitió mantener una política económica opuesta a la de los 90, con los benéficos resultados que eran esperables, una autonomía respecto de las potencias del mundo rico y una dosis respetable de política social (aunque insuficiente para mi gusto). Continuaron en este sentido el viraje operado por Duhalde en 2002. Pese a la derechización del panorama político y social, ni las condiciones del país ni la crisis mundial hacen posible un retorno a las políticas de los 90. Pero eso no significa que todo sea lo mismo. Entre el negro y el blanco hay muchos matices de gris. Y cualquiera de las fuerzas de la oposición realmente existente pretenden agrisar el paisaje con matices diferentes: más oscuro en el caso de la Nueva Alianza, que concurre a Washington en busca de inspiracíón y protección; algo menos en el caso de los tres mosqueteros bajo la paternal mirada de Duhalde; ligeramente más clarito en el de algunos que se esfuerzan en lograr un estatus de aliado-no aliado con los K (Lole, teléfono); más claro aún, pero con la brújula rota y el mapa quemado, en el centroizquierda.

Una exposición más detallada de estas modestas ideas se puede encontrar en el siguiente artículo, publicado con dos títulos distintos:

Tendencias y contradicciones de la crisis mundial, en www.aporrea.org

Apuntes sobre la crisis, en www.herramienta.com.ar

 

Inseguridad jurídica

Nouriel Robini es un economista norteamericano que goza actualmente de sus cinco minutos de fama, por un par de aciertos en sus pronósticos sobre la crisis mundial. Como fue el caso de Guillermo Calvo quien, al anunciar la crisis mexicana de 1994, se convirtió en un gurú buscado y escuchado, que nunca más pegó una y fue, por tanto, pasando al cruel olvido. Posiblemente, Roubini también experimentará en carne propia que “la fama es puro cuento”, pero ¿quién le quita lo bailado (y, sobre todo, cobrado)?

En el sitio Forbes.com, se publicó el 5 de febrero un artículo de Roubini, donde explica por qué los planes de Bush y Obama pueden conducir a los Estados Unidos a la situación de Japón en los 90, cuando tuvo diez años de estancamiento, después de la crisis mundial 90-91. Más allá de sus razonamientos y conclusiones, conviene detenerse en uno de sus conceptos, que pondrá la piel de gallina a muchos economistas argentinos, tan respetuosos ellos de los privilegios de los poderosos.

Dice Robini: ” (…) el abordaje pro-mercados y caso por caso, para la necesaria reducción de la deuda de los agentes privados no financieros insolventes (…) será demasiado lento. Una deuda sistémica excesiva requiere una solución tirar-deuda-por-la-borda (…)”.

¿Y la seguridad jurídica? ¿Y el respeto a los contratos? ¿Y el clima favorable para los negocios? ¿Y la seducción de los inversores? Qué populista irresponsable que es este tipo. Y don Forbes, que permite que lo publiquen.

Salud en el Primer Mundo

Y una vez más: el pago íntegro al FMI

En un debate reciente, volvió a ponerse sobre la mesa el tema del pago íntegro al FMI a finales de 2005. En lugar de de reaparecer los argumentos más favorables al organismo internacional y a la “inserción en el mundo”, se reverdecen algunos de los argumentos pretendidamente progresistas, más adecuados a la “opción por los pobres” a la que, con inusitado espíritu solidario, ha venido a parar la oposición.

Sucintamente, estas argumentaciones pretenden hacerse fuertes en dos consideraciones:

1) El pago fue un favor al FMI, resultado de una exigencia suya, porque necesitaba deshacerse rápidamente de sus acreencias y recuperar las sumas prestadas.

2) Era un mal negocio el pago íntegro, puesto que se podía haber ido cancelando los vencimientos a medida que vencían sus plazos.

El primer argumento tiene el muy serio problema de su desajuste con los hechos. En primer lugar, debería llamar la atención de que el FMI no hiciera ninguna manifestación, oficial o extraoficial, que indicara tal deseo. En muchas ocasiones, los funcionarios del FMI expresaron abiertamente o dejaron trascender a través de los muchos periodistas afines (dentro y fuera del país) sus exigencias e intenciones, pero nunca estuvo la cancelación total entre ellas. Lo único parecido fue su declarada intención de no realizar nuevos desembolsos y de cobrar los vencimientos.

En segundo lugar, cuando el entonces presidente Kirchner hizo el anuncio, fue muy claro el desconcierto y la escasa alegría de los supuestos favorecidos. Hasta un punto tal, que ni siquiera estaban hechas con precisión las cuentas de las acreencias a cancelar, lo que no se supo con certeza hasta semanas después, cuando se hizo efectivo el pago.

En tercer lugar, el negocio del prestamista (desde el usurero de barrio hasta los organismos financieros internacionales, pasando por los bancos) no está en recuperar su capital, sino en percibir intereses y comisiones. Hasta el más pequeño cliente de un banco sabe que, cuando ha pagado puntualmente la mitad de las cuotas de su préstamo, el banco le ofrece renovarle la parte cancelada. Es muy lógico, ya que el capital, en todo caso, tendría que prestárselo a otro si quiere ser gozando de los intereses y comisiones, que es su ingreso. Es por ese motivo que el FMI, después de que sus principales deudores (con la excepción de Turquía) realizaron el pago íntegro, se encontró con un grave problema presupuestario, hasta el punto de que se consideró la posibilidad de vender sus reservas de oro, para cubrir el déficit.

El segundo argumento es igualmente inconsistente. Supongamos que no se hubiera concretado el pago íntegro y se hubiera continuado pagando los vencimientos en sus plazos. Hace un año, aproximadamente, hubiera quedado totalmente cancelada la deuda con el añadido de sus intereses, es decir, unos 900 millones de dólares adicionales. ¿Dónde estaba la ventaja de pagar de más, en un momento en que la capacidad de acumulación de divisas era alta y, por lo tanto, no era necesario mantener ese endeudamiento? Recordemos que, al momento del pago, las reservas sumaban el equivalente de más de 27.000 millones de dólares, que se redujeron a 18.000 al realizarse el pago. (Técnicamente, el BCRA no vio mermado su activo, puesto que el Estado le entregó un bono por el importe de las divisas necesarias, pero esto no tiene importancia.) Hoy las divisas suman algo más de 46.000 millones (casi el triple), lo que refuerza la validez de que el pago no significó una merma de reservas, sino un ahorro de intereses.

En el momento, la inefable doctora Carrió, sus corifeos de costumbre y otros añadidos en la ocasión clamaron porque se debilitaban las reservas y el BCRA quedaba “inerme”. Ahora, claman de nuevo, está “inerme”, pero por otras razones. Esperemos que esta nueva profecía apocalíptica tenga el mismo éxito que la anterior.

Naturalmente, puede alegarse que no había ni hay que pagar nada, ni de una vez ni en cuotas. Pero esa es otra discusión que yo haría con todo gusto, pero no creo que puedan encararla los que hoy están proponiendo volver a pedir préstamos al FMI.