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Un balotaje en elecciones legislativas: la estrategia del macrismo en Buenos Aires

  1. Buenos Aires, ¿la madre de la gobernabilidad?

Como el segundo semestre no termina de llegar, el gobierno nacional decidió que la confrontación con “el pasado populista” sea el eje de campaña. Esta ansiada polarización, en la que el oficialismo apunta a una especie de revival del balotaje 2015, difícilmente se dará en todo el país. Sus efectos se dejarán sentir, en todo caso, en algunos distritos, entre ellos, la provincia de Buenos Aires. Hacia allí entonces se dirige nuestro análisis.

Por su tamaño, su influencia en el total nacional y la cantidad de bancas que renueva, suele decirse que es la madre de todas las batallas. ¿Ese atributo se debe también a que resulta decisiva para la finalización a tiempo de los mandatos presidenciales? O de otra manera, ¿queda en jaque la gobernabilidad de Macri, en caso de no obtener un triunfo en este distrito?

Cuadro 1. Elecciones Intermedias del oficialismo. Diputados Nacionales. Buenos Aires

Año

Porcentaje de Votos obtenidos

Posición

¿Terminó el mando el Presidente?

1985

41,46%

1

No

1987

37,55%

2

1991

44,63%

1

1993

48,17%

1

1997

41,44%

2

2001

15,35%

2

No

2005

43,04%

1

2009

32,18%

2

2013

32,33%

2

                                                      Fuente: Elaboración propia en base al Blog de Andy Tow

 

Los antecedentes inmediatos parecen alejar los fantasmas: Cristina Fernández perdió allí las dos elecciones intermedias, pero, aun así, completó sus dos mandatos. Bueno es recordar que, a pesar de esas derrotas, su partido mantuvo la gobernación bonaerense en todo el período (Scioli entre 2007 y 2015). Por el contrario, en las caídas de Alfonsín y De la Rúa debe señalarse que no solo estuvieron precedidas por un magro desempeño en las elecciones intermedias nacionales sino también por la convivencia con Gobernadores bonaerenses de la oposición (Cafiero en 1987 y Ruckauf en 1999).

Tras la crisis de 2001, los politólogos Calvo y Murillo (2004) plantearon como hipótesis la existencia de una nueva ley de hierro de la política argentina. Si antiguamente se afirmaba que solamente los peronistas podían ganar en elecciones libres y competitivas, entre 1983 y 2001, considerando las salidas anticipadas de Alfonsín y de De la Rúa, se podía extraer una nueva ley, según la cual los candidatos no peronistas podían ganar la presidencia, pero les costaba mantenerla. Como fundamento, los autores hacían hincapié en los recursos de poder que manejaba el peronismo a través del control de los gobiernos sub-nacionales.

En este marco, y sin restar importancia al resultado de las elecciones bonaerenses de medio término, cabe conjeturar que, aun perdiendo en dicho territorio, el macrismo conservará importantes cuotas de poder para mantener la gobernabilidad hasta 2019, entre otras, tener bajo su control, con la Gobernadora Vidal, a la provincia más grande del país (más aún, a nivel sub-nacional, la Coalición Cambiemos controla pocas pero importantes provincias: además de Buenos Aires, gobierna Ciudad de Buenos Aires, Corrientes, Mendoza y Jujuy).

  1. Lo distintivo de las elecciones intermedias

La estrategia electoral del macrismo, consistente en forzar una polarización que lo acerque a la mayoría conseguida en 2015, debe ser analizada en función del contexto en el que se aplica. En tal sentido, cabe preguntarse, ¿cuál es la especificidad de las elecciones legislativas?

El sistema electoral, respondería un politólogo. Aunque resulte obvio, vale la pena subrayarlo: a diferencia de una elección presidencial (con sistema mayoritario), una legislativa para Diputados Nacionales (con efectos proporcionales en distritos grandes como el bonaerense) permite, en principio, una mayor dispersión del voto. Así, es esperable que la fuerza política de quien preside el Ejecutivo, en elecciones intermedias en la provincia de Buenos Aires, reciba menos apoyos que en una elección presidencial.

Cuadro 2. Comparativo: Presidenciales e intermedias en la provincia de Buenos Aires

Presidente

(% de votos)

Legislativas Nacionales  (% de votos)

Diputados

Senadores

1983

Alfonsín: 51,41%

1985

41,46%

1987

37,55%

1989

Menem: 50,07%

1991

44,63%

1993

48,17%

1995

Menem: 51,81%

1997

41,44%

1999

De la Rúa: 44,47%

2001

15,35%

15,05%

2003

Kirchner: 25,72%

2005

43,04%

45,77%

2007

CFK: 45,91%

2009

32,18%

2011

CFK: 56,43%

2013

32,33%

2015

Macri: 32,80%

2017

¿?

¿?

                                                                   Fuente: Elaboración propia en base al Blog de Andy Tow

 

Como puede observarse, nuestra presunción tiene un alto grado de cumplimiento: el caudal electoral del Presidente disminuye en elecciones intermedias.

De todas formas, para leer correctamente el cuadro 2, es necesario hacer algunos comentarios complementarios. El primero de ellos consiste en establecer un punto de inflexión en 2001, cuando el bipartidismo estalla por los aires. Desde 1983 y hasta esa fecha, la UCR y el PJ, a pesar de ver disminuido su caudal electoral en las elecciones de medio término, lograban conservar de todas formas apoyos muy altos, por ser protagonistas del bipartidismo (por caso, la UCR, en 1987, queda relegada al segundo puesto, pero obtiene 37% de los votos bonaerenses).

Luego de 2001, la performance de los oficialismos en las elecciones intermedias empeora y en ello ha influido, en alguna medida, la fragmentación general que se suscita tras el fin del esquema bipartidista. En ese sentido, hay que destacar que, entre 2003 y 2015, en las elecciones intermedias, los oficialismos, mayormente, conservaron lo que podría denominarse su “núcleo duro”. Al ser una elección legislativa de carácter proporcional, el votante se ve menos condicionado que en una elección ejecutiva, y tiende a votar más en función de sus primeras preferencias.

Otro comentario digno de mención es que la trayectoria electoral de la presidencia de Néstor Kirchner parece ser la excepción que confirma la regla: su fuerza, el FPV, obtuvo más votos en las intermedias que en las presidenciales de 2003. La explicación parece sencilla: la suspensión del balotaje de aquel año en el que, unánimemente, las encuestas pronosticaban una victoria aplastante de Kirchner sobre Menem.

Un tercer y último comentario del Cuadro 2 es que, a partir de 2001, se eligen por primera vez Senadores nacionales por el voto popular. En la provincia de Buenos Aires hay pocas experiencias (solamente dos, 2001 y 2005) para extraer enseñanzas concluyentes. Sin embargo, hay que tener en cuenta los efectos mayoritarios del sistema para elegir senadores, y que presumiblemente, morigeran el carácter proporcional de Diputados en los grandes distritos. Al respecto, en 2005, la performance del FPV, con Cristina Fernández como candidata a Senadora, seguramente influyó no solo en el alto porcentaje de votos obtenidos (45%) sino también para atenuar los efectos proporcionales de la elección en Diputados (43%).

  1. PASO: de la gran encuesta a las generales

Decíamos en una nota reciente que, tanto para elecciones legislativas como presidenciales, los partidos prefieren ir con lista única y, salvo excepciones, evitan la competencia interna. Ello hace que las PASO funcionen, frecuentemente, como una gran encuesta. Salir primero en las primarias suele generar que, en las generales, aumente el caudal electoral.

Cuadro 3. Elecciones legislativas a Diputados Nacionales en Buenos Aires

Fuerza Política que salió primera

PASO

(N° de votos)

Generales

(N° de votos)

2011

FPV

4.097.181

4.592.054

2013

Frente Renovador

3.137.323

3.943.056

2015

FPV

3.224.473

3.354.619

                                                           Fuente: Elaboración propia en base al Blog de Andy Tow

 

Es posible identificar tres elementos que influyen para que los ganadores de las PASO mejoren su rendimiento en las generales. El primero es que vota más cantidad de gente (así ocurrió en 2011, 2013 y 2015). En segundo lugar, hay un efecto reductor como consecuencia del umbral legal del 1,5%: en las tres elecciones analizadas, compitieron menos fuerzas en las generales que en las PASO. En tercer lugar, pero vinculado con los dos puntos anteriores, es posible que haya un efecto “ganador”: el buen desempeño en las PASO sirve como efecto propagandístico para las generales.

  1. ¿Qué se puede esperar de las elecciones intermedias en Buenos Aires?

Nuestra intención fue destacar algunas tendencias presentes en las elecciones de medio término en la provincia de Buenos Aires. No son ellas fundamento para realizar proyecciones. Contribuyen, más bien, a plantear algunos interrogantes que solo el desenvolvimiento de acontecimientos futuros puede develar.

En primer lugar, las elecciones intermedias suelen generar, sobre todo desde el fin del bipartidismo en 2001, una dinámica en la que la fuerza política del Ejecutivo empeora su performance electoral en comparación con la elección por la cual fue ungido Presidente. Admitiendo la posibilidad de que en 2017 el macrismo sufra esta merma, aún queda una pregunta imposible de responder ahora: ¿debe tomarse como referencia lo que sacó en las PASO (¿24,81%), en las generales (¿32,80%) o en el balotaje (¿48,85) de 2015?

En segundo lugar, en función de lo analizado cabe conjeturar que los efectos de dispersión que suelen observarse en una elección legislativa a Diputados pueden verse morigerados en estas elecciones por dos motivos concurrentes. El primero de ellos es la elección a Senador: sus efectos mayoritarios se harán sentir, probablemente, sobre la elección a Diputados. La influencia aumentará, lógicamente, en la medida en que sea mayor el peso propio de los candidatos a Senador.

En tercer lugar, a lo anterior se agrega otro factor: las PASO. Como vimos, las primarias suelen oficiar de gran encuesta con efectos reductores en la elección general e incrementando, además, el caudal electoral de quien salió primero.

Volvamos al principio. Decíamos que por la fuerza de las (malas) circunstancias (económicas), el macrismo se vio obligado a elegir la confrontación con el pasado como eje principal de la campaña, buscando con ello recrear la situación del balotaje 2015. Dicho objetivo, a primera vista, parece de difícil cumplimiento en una elección intermedia como la de Diputados nacionales en Buenos Aires. Sin embargo, dos elementos adicionales, como las PASO y las elecciones a Senadores, tienden a ofrecer mejores condiciones para que la estrategia macrista sea coronada con el éxito. Si algo quedó demostrado en las tres elecciones de 2015 (PASO, generales y balotaje) fue la capacidad de Cambiemos para ajustar su comportamiento a lo que pedía cada ronda y sistema electoral.

100 días de Dujovne

Se cumplen 100 días desde la asunción de Nicolás Dujovne al frente del Ministerio de Hacienda. Una evaluación sobre su gestión, prescindiendo de argumentos ad-hominem, permite alumbrar algunos aspectos relevantes sobre el rumbo económico del país.

Ante todo, hay que destacar que los resultados, hasta el momento, no son los esperados por el propio Dujovne. Fue él, por ejemplo, quien sostuvo que el empleo había crecido en el último trimestre de 2016, idea luego desmentida por el INDEC: lo que ocurrió, en rigor, fue que menos personas buscaron empleo. Tampoco se verifican logros en materia fiscal: en el primer bimestre del año, el rojo de las cuentas públicas creció, en términos interanuales, un 56%. Finalmente, el tan mentado fin de la recesión se basa en aislados brotes verdes que no se condicen con el cúmulo de indicadores negativos que se suceden a diario, como, por ejemplo: un año de caída consecutiva de la industria, un consumo que no levanta cabeza, y un rebrote de la inflación que es abordado con más política monetaria restrictiva.

Ante este sombrío panorama, llama la atención la escasez de políticas implementadas por el Ministerio de Hacienda para revertir el ciclo. Una exploración en el Boletín Oficial permite observar que los decretos y resoluciones que llevan la firma de Dujovne obedecen, en su mayoría, a nombramientos ministeriales. A ello se le agregan algunas pocas medidas en materia tributaria, pero que alcanzan a evidenciar el sello regresivo de este gobierno: la prórroga en la suspensión del impuesto al champagne o la reducción de los impuestos para la importación de aparatos y equipos electrónicos. Esta módica enumeración se completa con los acuerdos sectoriales en los que Dujovne tiene participación, y que apuntan, en lo sustancial, a precarizar las condiciones laborales.

Las causas de esta deslucida gestión exceden al funcionario que lidera la cartera económica. Por empezar, el poco activismo de Dujovne se corresponde con la satisfacción que suelen mostrar los funcionarios gubernamentales sobre la marcha de la economía. En palabras del propio Presidente, no hay Plan B. El Plan A, por su parte, se basa en algunas premisas básicas: la inversión es el motor de la economía; para promocionarla, alcanza con generar condiciones de rentabilidad y emitir señales de confianza hacia el mercado; el consumo popular ahoga la inversión; los salarios son un costo más que afecta la competitividad; y la inflación es el gran mal a combatir, con recetas monetaristas.

Estas verdades funcionan como axiomas que no requieren validación empírica. En todo caso, siempre existen factores externos pasibles de ser identificados como los responsables de su incumplimiento. Léase: kirchneristas, movimientos sociales, sindicalistas, científicos, maestros. La lista se va ampliando y puede hacerse extensiva a la sociedad en su conjunto, pues en última instancia, ello es lo que está de fondo cuando el Presidente hace hincapié en la necesidad de un cambio cultural.

En consecuencia, lejos de buscar correcciones, lo que se pretende es profundizar la orientación económica en curso. Asoma entonces, en el horizonte de Dujovne, una reforma fiscal integral y una mayor apertura comercial. Pero por su evidente impacto social, estas medidas se postergan para después de las elecciones. En definitiva, el dogmatismo según el cual “el modelo no se toca, se profundiza”, lo deja en un limbo de inactividad al Ministro Dujovne.

Existe una razón adicional que explica esta opaca performance. Se trata del progresivo declive en el poder y en la influencia de la cartera económica. En campaña, Macri había prometido que su gestión no iba a tener un Super-Ministro de Economía y cumplió. Al asumir en diciembre de 2015, dispuso que el Ministerio de Economía fuera reemplazado por un raquítico Ministerio de Hacienda y Finanzas, que quedó desligado de gran parte de los asuntos productivos y sociales.

La salida de Prat Gay y el nombramiento de Dujovne, además de no alterar la estrategia macroeconómica, supuso profundizar ese sendero institucional, con una nueva poda de funciones: el área de Finanzas pasó a estar en manos del Ministro Luis Caputo. Ante este recorte de facultades, no parece casual la elección de Dujovne: su tarea, al menos por ahora, parece más vinculada con su condición de periodista (trasmitir públicamente optimismo) que con la de economista (formular y ejecutar políticas). En resumidas cuentas, el ya desguazado Ministerio de Economía quedó dividido en un Ministerio de Endeudamiento y un Ministerio de Expectativas.

Los cambios acaecidos resultan, a primera vista, paradójicos. La historia argentina reciente enseña que desde mediados de los años 1970 los programas neoliberales han tenido como correlato un incremento en el poder y en la visibilidad de los responsables de la conducción económica. Domingo Cavallo ha sido, tal vez, el ejemplo más saliente, aunque no el único.

Sin embargo, hay que precisar que, aún en los tiempos de la Convertibilidad, áreas clave del gobierno quedaron reservadas para el “ala política”. Se erigió así, dentro del Estado, una división del trabajo sustentada en la separación de las esferas de la economía y de la política. De esta manera, los economistas no solo pudieron reclamar un ámbito específico de dominio profesional, sino que más tarde, ante el estallido económico y social de 2001, ello les permitió eludir el ejercicio de la autocrítica. En efecto, la interpretación predominante sobre el fracaso de la Convertibilidad fue que los problemas se debieron a factores externos, ajenos al modelo económico: el excesivo gasto público, la corrupción política, las tendencias populistas.

Desde este punto de vista, la entronización de Macri y su equipo de empresarios en el gobierno significa retomar en cierta forma esa línea interpretativa y profundizarla. Si el actual modelo económico se basa en fundamentos sólidos e indiscutibles (los axiomas antes referidos), su éxito depende de que no sea alterado por la irresponsabilidad de la “política”. Nada mejor, entonces, que la entrada masiva al Estado de ex CEOs y funcionarios con experiencia en el sector privado. El propio Presidente, empresario devenido en político, se ofrece de garante para conjurar los males endémicos de la historia argentina y promete no ceder a las tentaciones populistas.
Al trasplantar al Estado lógicas y prácticas del ámbito privado, diversas áreas gubernamentales han quedado bajo la conducción de “funcionarios-gerentes” que tienen autonomía en asuntos específicos, pero que se desentienden de objetivos de gestión más generales. El manejo de las cuestiones económicas, parcializado en los Ministerios de Hacienda, de Finanzas, de Agroindustria, de Energía y Minería, de Producción, de Transporte, de Trabajo, sumado a un activo Banco Central, refleja con claridad esta fragmentación, que afecta gravemente la coherencia colectiva del accionar estatal.
Como se observa, la extinción del Ministerio de Economía no resulta contradictoria con la orientación económica del país. La curiosidad, tal vez, estriba en las condiciones en las que surge este nuevo experimento de propagar por todo el Estado una lógica gerencial.

En ese gran libro de Mariana Heredia, “Cuando los economistas alcanzaron el poder” (2015), se pone en evidencia que fue la alta inflación el factor decisivo para que los economistas asuman, desde mediados de los años 1970, cada vez más importancia en la vida nacional. Al respecto, el alza de precios promedió los tres dígitos por año entre 1975 y 1991, con episodios hiperinflacionarios incluidos. Es en ese contexto que emergen, por ejemplo, los planes anti-inflacionarios de Martínez de Hoz primero y de Cavallo después.
Una de las novedades del macrismo es que el encumbramiento de empresarios en la cúspide del poder político se produjo sin que exista una situación económica previa que lo justifique. Aunque desde 2007 la inflación recobró espacio en la agenda pública, en ningún momento de la etapa kirchnerista llegó a alcanzar los niveles alarmantes de décadas anteriores. Más aún, la sucesión presidencial en 2015 se ha dado sin una crisis económica de por medio. En estas condiciones, el actual nivel de conflictividad social evidencia las dificultades del gobierno para concitar legitimidad en torno a un programa económico recesivo y regresivo. Curiosa paradoja: quizás hoy más que nunca, el macrismo necesita de menos CEOs y de más política.

Foto.

El macrismo y su primer año en el poder: balance, dilemas y perspectivas

Cambiemos

El conjunto de políticas económicas adoptadas por el gobierno de Mauricio Macri en su primer año de gestión ha generado, previsiblemente, una profunda redistribución del ingreso a favor de los estratos más altos de la sociedad y en detrimento de los trabajadores. Desde el punto de vista productivo, el mapa de ganadores y perdedores también resulta esclarecedor: los sectores vinculados con la exportación de productos agropecuarios y con las finanzas se han beneficiado notablemente, mientras que los industriales -especialmente el segmento PYME- han visto caer sus niveles de rentabilidad.

Existe en esta orientación gubernamental cierta correspondencia con la distribución de votos de las elecciones 2015, puntualmente en el ballotage del 22 de noviembre. Aunque el resultado fue muy ajustado, desde el punto de vista geográfico hubo diferencias notables. A grandes rasgos, Cambiemos se impuso en la zona central del país, incluido el interior de la provincia de Buenos Aires, y el Frente para la Victoria triunfó en el NOA, en el NEA, en la Patagonia y en el sur y oeste de Buenos Aires. Con acierto, Carlos Freytes ha señalado que, en términos agregados, el voto por el FPV coincidió aproximadamente con dos distinciones clásicas de la ciencia política argentina: la coalición defensiva (Guillermo O’Donnell) y la coalición periférica (Gibson y Ernesto Calvo). La primera tiene su eje electoral en los sectores populares urbanos y la segunda está conformada por las provincias extra-pampeanas, cuyas economías dependen en gran medida de la redistribución desde las regiones centrales vía las transferencias del Estado Nacional.

La naturaleza regresiva del programa económico macrista queda expuesta también al analizar las demandas que expresaba el capital más concentrado en el tramo final del gobierno de Cristina Fernández. Al respecto, el Foro de Convergencia Empresarial (FCE), formado en 2013 por las empresas y asociaciones empresariales más importantes del país, se pronunció en reiteradas ocasiones en contra del kirchnerismo y a favor de reducir la presencia del Estado en los distintos ámbitos de la economía. Los reclamos incluyeron, además, cuestiones de índole institucional (fortalecimiento de los organismos de control, promoción de un Poder Judicial independiente), revelando así el carácter político del FCE. En ese sentido, fue un anticipo de lo que sucedería con Macri como Presidente: la entrada masiva de empresarios al gobierno.

En su primer año, Cambiemos ha cumplido satisfactoriamente con las expectativas y necesidades de este sector empresarial. Aunque hubo algunas disidencias puntuales (como en el caso de las tarifas), el rumbo económico fue apoyado por la “gran burguesía”.

¿Y ahora qué?

El macrismo ha beneficiado a su base social, pero queda pendiente, aún, lo que podría calificarse como su verdadera “misión histórica”: desarmar los fundamentos sociales de las coaliciones defensiva y periférica que votaron a Scioli en el ballotage. A fin de sintetizar, es lícito reunir a ambas en una sola categoría: la coalición “mercado-internista”, con eje en la industria y en un rol más activo del Estado.

Con cada vez mayor insistencia, el Presidente enfatiza en la necesidad de avanzar en esa dirección. Se trata de un programa de corte neoliberal, cuyos componentes esenciales son la reducción de los costos laborales, la apertura económica y el reordenamiento productivo a través de la supresión de las ayudas estatales a los capitales menos eficientes. Es el tan mentado cambio cultural, y que en el terreno político se puede traducir como el intento por desarticular las bases sociales tradicionales del peronismo, al menos en su versión más progresista.

Si la larga década kirchnerista se volvió a topar con el problema histórico de la restricción externa, el macrismo pretende convertirse en el portador de su solución definitiva, mediante una reestructuración regresiva y excluyente de la economía y de la sociedad argentina. No es novedoso en este objetivo.

En el pasado reciente, la última dictadura militar (1976-1983) y el menemismo (1989-1999) intentaron, con relativo éxito, cumplir con esa ambiciosa meta. El contexto en el que Macri quiere completar esta tarea, sin embargo, es diferente en algunos aspectos esenciales de aquellas dos experiencias. En primer lugar, y como lo reconociera el Ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay, el gobierno no recibió un país en crisis, como sí sucedió en 1976 y en 1989. Es sabido: la tolerancia social para un programa de ajuste es menor cuando las circunstancias económicas no resultan apremiantes.

En segundo lugar, el programa económico de la dictadura fue ejecutado a sangre y fuego, por lo que no hubo necesidad de lograr un consenso popular activo y permanente como el que impone la democracia electoral.  Menem, por su parte, se sirvió del aparato justicialista y, además, realizó importantes concesiones a determinados sectores y grupos económicos, muchas veces en contradicción con los objetivos generales del propio modelo económico (por caso, la apertura comercial asimétrica). ¿Hasta qué punto el macrismo estará dispuesto a hacer este tipo de concesiones? Y más en general, ¿cuál será su capacidad política para avanzar en un proceso de pérdida de derechos sociales a medida que el discurso de la pesada herencia pierda efectividad?

En tercer lugar, el contexto internacional en el que el macrismo intenta aplicar su programa aperturista parece más adverso que el que le tocó a Martínez de Hoz (quien se benefició del crédito fácil de los países centrales y de los petrodólares) y a Menem (la venta de activos estatales, mecanismo principal de atracción de capitales, coincidió con una ola pro-mercado a nivel mundial).

Los dilemas de una nueva etapa

Aunque la cúpula empresarial apoyó, en líneas generales, el rumbo económico adoptado por el gobierno de Macri en su primer año, comienzan a emerger, sin embargo, diferencias cada vez más visibles sobre cómo avanzar en la nueva etapa. Las disputas no se originan respecto del rumbo estratégico: el desarme de la coalición mercado-internista y la profundización en la distribución del ingreso en contra de los trabajadores son objetivos ampliamente compartidos. Las disidencias aparecen en los instrumentos para alcanzar esa Argentina ideal. A continuación, se detallan algunos temas que generan rispideces.

Los niveles de integración económica. Recientemente, la Unión Industrial Argentina alertó sobre el riesgo de que Macri reconozca a China como economía de mercado. No es que a Techint le preocupe la suerte de las PYMES nacionales: es simplemente una cuestión de asegurar su propia supervivencia. Similares tensiones se dan, en un plano más general, con la entrada de productos importados. Los lazos de solidaridad orgánica entre los industriales son débiles: cada uno cuida su propio interés. El bajo nivel de integración de nuestro aparato industrial determina que el ingreso de insumos importados (y de bienes de capital) reporte beneficios directos para muchos industriales, pero a medida que se amplía el cupo importador, es mayor la probabilidad de que los productos comprados en el exterior se conviertan en fuente directa de competencia para los fabricantes locales.

El tipo de cambio. La salida del “cepo” fue elogiada por toda la cúpula empresarial. Pero a casi un año de aquella mega-devaluación, el desacuerdo por el tipo de cambio vuelve a florecer. Con una inflación anual que, según la mayoría de las proyecciones, estará por encima del 40% en 2016, más la depreciación de las monedas latinoamericanas a partir del triunfo de Trump, resulta lógico que aquellos sectores que se quejaban a principio de año del atraso cambiario, hoy vuelvan a formular similares inquietudes. Así, los exportadores agropecuarios y los industriales de mayor tamaño quieren una nueva devaluación, pero el sector financiero prefiere un tipo de cambio bajo, al igual que los importadores. Algo similar ocurre con el nivel de la tasa de interés: son frecuentes, últimamente, las voces que reclaman su reducción para dinamizar el ciclo económico, pero cada vez que el Banco Central acepta avanzar, moderadamente, en esa dirección, la presión sobre el dólar se acentúa, en un escenario de fuerte centralidad estructural del sistema financiero.

El endeudamiento externo. En el inventario macrista de la pesada herencia no figuró nunca el endeudamiento externo. En efecto, el bajo nivel de deuda en dólares que dejó el kirchnerismo se transformó en una de las palancas fundamentales de las que se benefició Cambiemos: desde diciembre de 2015, el endeudamiento total superó los 50 mil millones de dólares. La cúpula empresarial, además, apoyó cada uno de los pasos que dio el gobierno para que la Argentina pueda reabrir los canales del crédito internacional. Acuerdo con los fondos buitres mediante, las grandes empresas volvieron en 2016 a tomar deuda en el exterior. Ahora bien, el camino del endeudamiento no es ilimitado ni neutral en términos de sus implicancias, pues históricamente, vino acompañado de un ajuste sobre el ingreso de los sectores populares. El propio Presidente lo formuló de manera elocuente en la última conferencia de la Unión Industrial Argentina: “Hay que decidir en qué vamos a recortar. Esa es la discusión que comienza en 2017”.

Estas disputas dentro de la cúpula siempre deben matizarse en virtud de la existencia de empresarios que tienen intereses en distintas actividades (financieras, agrarias, industriales, comerciales) y, por ende, pueden compensar eventuales pérdidas en un sector con ganancias en otros rubros. Aun así, los desacuerdos se hicieron en el último tiempo más visibles, al compás de la postergación hasta nuevo aviso del inicio del segundo semestre y de una inflación que no cede.

El análisis de las tensiones dentro de los sectores dominantes es fundamental porque, como fuera dicho, este es un gobierno que tiene a los empresarios (de mayor tamaño) como parte fundamental de su base social y en puestos estratégicos de conducción estatal. Pero, además, porque las pujas inter-capitalistas han resultado decisivas en el modo en que se resolvieron las crisis en la Argentina reciente. En 1989, el estallido hiper-inflacionario enfrentó a los grupos económicos locales contra los acreedores externos. En 2001, las pujas inter-burguesas se dieron entre devaluacionistas (Grupo Productivo) y dolarizadores (empresas de servicios públicos privatizadas). Ambas crisis fueron superadas “desde arriba” y derivaron en una caída abrupta del salario real y en la participación de los trabajadores en el producto.

Esto lleva a un último punto, vinculado con uno de los más nocivos legados del neoliberalismo: la fragmentación y heterogeneidad del campo popular, en el que trabajadores formales, desempleados, informales, monotributistas, conforman un colectivo plural y con situaciones e intereses divergentes y hasta contradictorios entre sí. Ese mapa disperso explica también la imposibilidad de las clases subalternas para intervenir con voz propia e imponer condiciones en el modo en que se resolvieron últimamente las grandes crisis económicas en la Argentina.

Para concluir, y a modo de síntesis, el objetivo del macrismo en avanzar hacia el desarme de la coalición mercado-internista enfrenta no solo restricciones estructurales (ausencia de una crisis previa, acotados márgenes de acción política y adversas condiciones internacionales) sino también divergencias incipientes en su base social empresaria. El agravamiento de estas disidencias, seguramente, estará condicionado por la evolución de los principales indicadores macroeconómicos. Hay, sin embargo, un punto de coincidencia fundamental dentro de la cúpula: la necesidad de reducir los costos laborales. De allí que para el campo popular sea indispensable formular una alternativa propia, que no se subordine, como en el pasado cercano, a ninguna propuesta elaborada por los sectores más concentrados del capital.

La estrategia legislativa de la oposición “constructiva”: balance y perspectivas

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El triunfo presidencial de Mauricio Macri se consumó a través de una “larga marcha”. En efecto, el líder de Cambiemos logró aumentar trabajosamente su caudal electoral a lo largo de las tres jornadas sucesivas en que se desarrollaron los comicios durante 2015, hasta alcanzar el ansiado 51% recién el 22 de noviembre.

Una de las consecuencias de semejante periplo electoral ha sido la emergencia de un gobierno dividido, quedando el Poder Ejecutivo en situación de lidiar con un Congreso en manos de la oposición (mejor dicho, oposiciones). Sobrevolaron entonces los temores de la ingobernabilidad, agigantados por la estirpe no peronista del Presidente.  

Sin embargo, al menos en este primer año, no hubo parálisis gubernamental por bloqueo legislativo. En términos meramente cuantitativos, el balance puede inducir al engaño, pues en 2016, según los últimos datos disponibles, se aprobaron 83 leyes, de las cuales solo 23 (o sea, el 28%), fueron proyectos enviados por el Ejecutivo, mientras que casi dos tercios correspondieron a iniciativas de la oposición.

Un análisis cualitativo, sin embargo, permite concluir que el Presidente no se ha encontrado con trabas legislativas para llevar adelante su plan de gobierno, especialmente en el terreno económico. El pago a los fondos buitres, la ley ómnibus que incluyó la “reparación histórica” a los jubilados y el blanqueo de capitales, el régimen de iniciativa privada para la obra pública, y el reintegro de una parte del IVA para jubilados y titulares de programas sociales han sido respaldadas por mayorías amplias. Estas iniciativas, debe resaltarse, han sido calificadas como cruciales por el propio Poder Ejecutivo.

La composición político-partidaria en Diputados y en Senado es distinta, así como las estrategias adoptadas en cada Cámara a la hora de entablar su relación con la Casa Rosada. Los senadores (PJ-Frente para la Victoria, en forma mayoritaria), mostraron predisposición a negociar, buscando de esa forma obtener recursos para sus provincias. En Diputados, por su parte, al ser un mapa más variado y heterogéneo, Cambiemos tuvo que construir para cada ley mayorías específicas, recibiendo apoyos de distintos bloques opositores.

Con la pretensión de diferenciarse del kirchnerismo más duro y erigirse en opositores responsables y constructivos, los espacios liderados por la massista Claudia Rucci (Unidos por Una Nueva Argentina, conocido también como Frente Renovador) y el sindicalista Oscar Romero (Justicialista) facilitaron la aprobación de las principales iniciativas gubernamentales en materia económica: “Quiero referirme a cuál es el rol que tiene el Frente Renovador dentro de este Congreso y cuál es nuestra posición. El rol que tenemos es el de pinchar, empujar al gobierno y colaborar con él para que haga las cosas cada día mejor.”, resumía Marcos Lavagna a principios de año.

En ese marco, interesa evaluar a continuación en qué medida ha resultado efectiva, en sus propios términos, esta estrategia legislativa.

Pago a los fondos buitres

El proyecto obtuvo la media sanción con el voto positivo de 165 Diputados. Los 35 integrantes del Frente Renovador apoyaron la medida, al igual que los 17 del Bloque Justicialista.

En el recinto, la voz cantante del Frente Renovador la llevó Marcos Lavagna, quien dijo que había que había que votar el proyecto con la nariz tapada (textual). En su exposición en el recinto, enfatizó que su bloque había logrado introducir límites al endeudamiento, con lo cual mejoraba sustancialmente la propuesta original.

“El otro punto sobre el que hicimos mucho hincapié y se habló mucho en este recinto fue la limitación del endeudamiento. Nosotros no queríamos que esto se transformara en un cheque en blanco y por eso incorporamos algunos artículos que evitaban que la Argentina pudiera salir a tomar créditos más allá de los necesarios para cubrir estos litigios”. Y completaba: “Argentina no tiene que volver a cometer los mismos errores de ir hacia esquemas de endeudamiento que no funcionan y que sabemos que terminan mal” (Marcos Lavagna, en la sesión en Diputados del 15 de marzo). Sergio Massa iba en la misma línea: “La Argentina no puede recorrer más el camino del endeudamiento para cualquier cosa, sino sólo para infraestructura y desarrollo”.

El desarrollo ulterior de los acontecimientos evidenció que tales precauciones no dieron los resultados esperados. El acuerdo con los Fondos Buitres permitió, primero al gobierno nacional y luego a las provincias, iniciar el camino hacia un alto endeudamiento externo (del orden de los 50 mil millones de dólares), destinado a diversos rubros (pago de deuda, importaciones de bienes de alto consumo, fuga de capitales, gastos corrientes), y muy poco a infraestructura y desarrollo.

Al menos así lo entiende uno de los dirigentes más importantes del Frente Renovador, Lavagna padre (Roberto), quien hace unos días realizó un duro diagnóstico sobre el actual rumbo económico: “Este tipo de modelo que combina tasas de interés fenomenalmente altas, dólar fijo o cayendo, el bolsillo del grueso de la población enflaqueciéndose, el empleo debilitándose, indefectiblemente requiere el endeudamiento externo e indefectiblemente termina en una situación de colapso”.

Ley Ómnibus: blanqueo de capitales, acciones de ANSES y Reparación Histórica

El proyecto obtuvo 162 votos a favor en Diputados, y nuevamente, el Frente Renovador y el Bloque Justicialista, más algunos miembros del Frente para la Victoria, prestaron su consentimiento. Es necesario analizar por separado las distintas temáticas que fueron incluidas en esta ley ómnibus.

Blanqueo de capitales

En este caso, uno de los puntos que mayores rispideces generó fue la intención inicial del gobierno por incluir en el blanqueo a familiares de funcionarios. Felipe Solá, del Frente Renovador, sostuvo en la sesión del 15 de junio:

“Quiero ser muy claro respecto del tema de los familiares en el caso del blanqueo. De ninguna manera se puede dejar que en la larga lista de funcionarios de los tres poderes ellos sean los únicos exceptuados de blanquear (…). No admitimos que la norma no contemple el primer grado de consanguinidad –padres e hijos y, colateralmente, los cónyuges. También ellos deben estar incluidos”.

Ante la intransigencia sobre este punto que mostraron los bloques opositores, e incluso algunos integrantes de la coalición gobernante (como Elisa Carrió), el gobierno aceptó excluir a los familiares. Así, en la ley aprobada, quedó vedada en forma expresa esa posibilidad.  

Meses después, sin embargo, el Presidente dispuso, al reglamentar la ley, la eliminación de aquella restricción, mediante la sanción de un Decreto (1206/16) que, por sus obvias implicancias, fue bautizado como el Decreto Franco Macri. Felipe Solá fue uno de los tantos Diputados que alzó la voz contra esta modificación: “Macri firmó el decreto para que su padre pueda blanquear plata”.

Acciones de ANSES

La propuesta gubernamental original incluía la posibilidad de vender acciones de la ANSES sin límite alguno. El Frente Renovador y el Bloque Justicialista pidieron fijar algunas restricciones y condiciones a dicha posibilidad. En la ley aprobada, finalmente, se estipuló que como mínimo, un 7% del Fondo de Garantía de Sustentabilidad debe invertirse en títulos locales.

Diego Bossio, en la discusión parlamentaria, sostuvo: “¿Por qué el capricho de vender las acciones? ¿Cuál es el criterio para vender el mejor activo que tenemos en el fondo de garantía? (…) Creemos que en ese sentido hay que poner un límite”.

El discurso de Marcos Lavagna apuntó en la misma dirección: “Desde marzo de 2008 a la actualidad, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad creció un 633%. Las acciones generaron un incremento de 1090%; el resto de los activos, solo 593 %. Por lo tanto, hay un motivo de rentabilidad por el cual se quiere proteger el tema de las acciones (…) Por ello se incorporaron mínimos que tienen que tener el fondo en término de acciones”.

Pues bien, en noviembre se conoció la primera venta: Anses cedió el 11,85% de Petrobrás por 156 millones de dólares. El propio gobierno reconoció que hay al menos otras seis ofertas de empresas que buscan recuperar el paquete accionario, hasta ahora en manos estatales. Probablemente, el resultado del blanqueo será uno de los factores que determinará si el gobierno decide profundizar la liquidación de acciones para poder afrontar el pago a los jubilados. Lo que está claro es que no tiene límites legales severos si así lo dispusiera.

Pago a jubilados

El blanqueo se realizó con el objetivo, formalmente declarado, de saldar la deuda estatal por la falta de actualización de los haberes previsionales. Se trata del tan mentado Programa Nacional de Reparación Histórica para Jubilados y Pensionados.  

La especialista en temas previsionales del Frente Renovador, la diputada Mirta Tundis, realizó en septiembre de este año una sombría evaluación sobre los resultados de la ley:

A modo de cierre

La evaluación realizada en esta nota no es exhaustiva. El objetivo es puntualizar que, en algunas iniciativas consideradas claves por el propio Presidente, la estrategia de algunos bloques opositores, consistente en mejorar las propuestas del oficialismo, no ha dado los resultados esperados. Brevemente, el modelo macrista tuvo al endeudamiento externo como uno de sus puntales, con lo cual los límites fijados en la ley de pago a los Fondos Buitres no han sido fructíferos. Tampoco se concretaron las esperanzas depositadas en la denominada Reparación Histórica a los Jubilados; la venta de acciones en manos de la ANSES ha comenzado y amenaza con profundizarse y finalmente, el espíritu de la normativa referida al blanqueo ha sido burlada por una disposición reglamentaria del Presidente.

Sin caer en la tentación de realizar ejercicios contra-fácticos, cabe preguntarse qué hubiese pasado con un Congreso más inflexible: ¿se hubiese logrado así forzar la voluntad presidencial y atenuar las consecuencias más nocivas de su programa económico? ¿O por el contrario se habría generado la tan temida parálisis de gobierno? ¿Hasta qué punto el Presidente podría haber apelado, en ese caso, a la vía de los decretos de necesidad y urgencia?

Finalmente, ante la proximidad de las elecciones 2017, ¿cómo será valorada esta oposición “responsable”? ¿Tendrá recompensa su esfuerzo por diferenciarse del kirchnerismo? Y, por último, ¿persistirá la estrategia constructiva o se derretirá al calor de las elecciones? Seguramente, la marcha del gobierno servirá para despejar algunos de estos interrogantes.

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Los tiempos de la reforma política

El anhelo del gobierno nacional por modificar el actual sistema electoral mediante la introducción del voto electrónico enfrenta diversas dificultades. Aunque aprobado por la Cámara de Diputados con amplia mayoría, en el Senado, al parecer, el proyecto no cuenta con los votos suficientes para convertirse en ley, al menos en su versión original. En las audiencias públicas realizadas en ambas Cámaras para debatir el tema, además, fue notoria la casi nula participación de expertos informáticos que dieran apoyo a la iniciativa oficial.

A este panorama complicado, se suma otra dificultad que, según intentaremos mostrar en esta nota, resulta de capital importancia. Se trata del escaso tiempo del que se dispondrá para aplicar el voto electrónico -en caso que finalmente el Congreso decida su aprobación- y que conspira contra los controles y auditorías para garantizar la debida transparencia del proceso electoral.

La normativa electoral actual estipula que las elecciones primarias -PASO- se celebrarán el domingo 13 de agosto de 2017. Calcular el tiempo que habrá disponible para poner en ejecución los cambios, resulta difícil en virtud de que no se sabe qué suerte tendrá el proyecto en el Congreso. Hay algunos indicadores, sin embargo, que generan inquietud.  

El Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, ya dijo que la aspiración de Cambiemos es tratar la reforma en las sesiones extraordinarias. Con esto, dejó entrever que el proyecto no será sancionado el 30 de noviembre (último día de sesiones ordinarias). Suponiendo que ello se logre finalmente en la primera sesión extraordinaria (miércoles 7 de diciembre), recién el lunes 12 de diciembre se podrá comenzar con su aplicación (el 8 y 9 de diciembre son feriados, por lo cual el Poder Ejecutivo no podrá promulgarla). En este escenario quedarían disponibles 244 días.  

Según el artículo 62 bis del proyecto, 180 días antes de la elección, el Poder Ejecutivo debe poner a disposición de la Cámara Nacional Electoral toda la información acerca de la votación con impresión de sufragio mediante sistema electrónico, incluyendo los componentes de hardware y software, el procedimiento de recuento y totalización, escrutinio y transmisión de resultados, y el procedimiento de difusión de esos resultados provisorios.

Esto significa que el 14 de febrero, como fecha límite, el Poder Ejecutivo debe cumplir con todo lo que exige este artículo, habiendo comenzado su trabajo el 12 de diciembre: tiene, en síntesis, poco más de un mes para satisfacer los requisitos legales.

Asimismo, el citado artículo 61 bis confiere la posibilidad a los partidos y a las universidades para auditar todo el sistema electrónico, concediéndoles un plazo de 30 días para formular objeciones. Cabe preguntarse qué ocurriría en caso que se efectivice alguna impugnación, ante un ya de por sí apretado cronograma.

Estas proyecciones resultan, por otra parte, muy optimistas, puesto que se basan en el supuesto de que el proyecto será aprobado sin cambios en el Senado, hipótesis en la que incluso el oficialismo tiene pocas esperanzas, hoy en día, de ver concretada. Todo se agravaría, naturalmente, si el proyecto debe volver a la Cámara de Diputados.

Para graficar las complicaciones que se derivan del escaso tiempo disponible, basta con recordar las palabras del Ministro de Modernización, Andrés Ibarra, expresadas en septiembre último: “Nosotros estamos esperando que la ley se apruebe antes del 15 de octubre para que a partir de ahí podamos llevar adelante todo el proceso de compra de equipos, de pantallas y de software. Con eso, estaríamos preparados para ir a todo el país” 

Para concluir, y como fuera dicho en reiteradas oportunidades por numerosos especialistas en la materia, el voto electrónico es una tendencia que está retrocediendo en el mundo. Solo tres países lo implementan en forma total: Brasil, India y Venezuela. En estos tres casos, además, hubo en forma previa aplicaciones graduales y entre la sanción de la ley de voto electrónico y su aplicación efectiva y completa medió un tiempo prudencial mayor a un año.  

Experiencias en los países donde se aplica el voto electrónico

En Brasil, la ley 9.100, sancionada en septiembre de 1995, fue aplicada por primera vez en las elecciones de 1996, pero en forma gradual y a nivel municipal: solo en algunos municipios de tamaño grande (superiores a 200 mil electores). Su uso fue ampliado en 1998, cuando más de 60 millones de los electores (57% del electorado, aproximadamente) votaron en forma electrónica. Recién en el el año 2000 se aplicó a todos los municipios, y en 2002, en la elección presidencial, en forma completa en todo el país.  

En India, la aplicación de voto electrónico también tiene una larga historia. En 1982, se usaron máquinas electrónicas en el estado de Kerala, pero la justicia dictaminó entonces que las máquinas eran ilegales porque la ley en ese momento sólo permitía utilizar papeletas en papel. El Parlamento cambió la ley en 1989, y a partir de ese momento, en forma paulatina, se aplicó el voto electrónico. Por ejemplo, diez años después, en 1999, las elecciones nacionales usaron máquinas de votación electrónica en 46 distritos electorales, repartidas en 17 estados e involucrando a 60 millones de votantes. Después de eso, todas las elecciones estatales se llevaron a cabo electrónicamente. Recién en la elección de mayo de 2004, el 100% de los votos fueron emitidos en forma electrónica en una elección nacional.

En Venezuela, por último, también la implementación del voto electrónico se dio en forma gradual y progresiva. En 1997, se aprobó la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política que consagra, entre otras innovaciones, la automatización de los procesos electorales. Entre 1999 y 2003, se aplicó un sistema mixto: había una tarjeta para ser rellenada con un bolígrafo en forma manual, pero luego, el voto debía ser introducido en unas máquinas con lector óptico para hacer el conteo en forma automatizada. A partir de 2003, se intensificó el proceso de automatización. Ese año, el Consejo Nacional concedió a un consorcio de empresas la automatización de las elecciones regionales y el referéndum de 2004. Finalmente, a nivel presidencial, recién en las elecciones de 2006, el 99,8% de los venezolanos inscritos votaron mediante una urna electrónica (sólo 80 mesas de votación, es decir el 0.02%, recurrieron al sistema manual).

¿El retorno de la valorización financiera?

 

Esta nota fue publicada en el Suplemento Cash de Página 12

Una de las notas económicas distintivas en los primeros meses de la presidencia de Mauricio Macri es el incremento en los niveles de endeudamiento. Al respecto, la deuda total del gobierno nacional pasó de representar el 25% del PBI al 31%. Parte sustancial del pasivo en moneda extranjera se debe a la emisión de bonos para el pago a los fondos buitre y financiar déficit fiscal (16.500 millones de dólares), mientras que las Lebacs constituyen el núcleo fundamental de la nueva deuda en pesos.     

El arreglo con los fondos buitres, además, abrió la posibilidad para que otros actores incurran en esta práctica. Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, la Ciudad de Buenos Aires, Chaco, entre otras jurisdicciones, tomaron deuda en estos últimos meses, en dólares, a tasas del 8% aproximadamente (en algunos casos superiores). Y para que nadie quede afuera del festival, muchas empresas han seguido el mismo camino: YPF, Arcor, Cablevisión, Petrobrás Argentina, Banco Galicia, entre las principales.   

En paralelo a este nuevo ciclo de endeudamiento se produjo también una intensificación de la fuga de capitales: en los primeros meses del año alcanzó los 9.000 millones de dólares, superando ampliamente los registros de los últimos años.

¿En qué medida y de qué manera ambos fenómenos, el endeudamiento externo y la fuga de capitales, se encuentran relacionados? ¿Se trata de una vuelta a la lógica del modelo de valorización financiera, concepto acuñado por el economista Eduardo Basualdo para describir el modo de funcionamiento de la economía argentina entre 1976 y 2001?

Para responder a este interrogante, interesa describir los rasgos de dicho modelo. En términos muy sintéticos, el mecanismo básico era que las empresas del sector privado tomaban deuda en el exterior a una tasa baja (en un contexto internacional de liquidez), y luego lo prestaban en el mercado local a tasas de interés más altas. La diferencia, obtenida en pesos, la convertían a dólares, es decir, la fugaban. El Estado, para completar el ciclo, se endeudaba en el exterior para cubrir el faltante de divisas.

Hay tres características distintivas del modelo de valorización financiera: un cambio en la composición de la deuda, pues junto al incremento de las obligaciones del sector público, se produjo una expansión aún mayor del endeudamiento de las grandes empresas oligopólicas; una subordinación, en cuanto al ritmo y las modalidades, de la deuda estatal a la lógica de la nueva forma de acumulación de capital de las firmas privadas; y una persistente diferencia entre la tasa de interés local e internacional. En este esquema, el Estado cumplía un rol fundamental, no solo porque posibilitó la fuga de capitales locales al exterior, al proveer las divisas demandadas a través de su propio endeudamiento externo, sino también porque al endeudarse en el mercado local, la tasa de interés interna superó sistemáticamente al costo de endeudamiento en el mercado internacional.

Durante la vigencia de la valorización financiera, todas las variables de la economía real estaban supeditadas a lo que ocurría con las finanzas. Al respecto, las empresas se endeudaban no para ampliar sus capacidades productivas sino para hacer un diferencial con las tasas de interés. A su vez, el endeudamiento público estaba destinado, centralmente, a cubrir la fuga de los privados.

Con la información disponible, y el poco tiempo transcurrido, es muy difícil afirmar que en estos primeros meses de gobierno macrista se haya reeditado una lógica similar a la de la valorización financiera.

En primer lugar, a diferencia de épocas precedentes, en la actualidad fue el Estado quien, a través del acuerdo con los Fondos Buitre, ha tomado la iniciativa y la delantera en materia de endeudamiento externo, acompañado luego por muchos gobiernos provinciales y el sector privado.

En segundo lugar, es necesario señalar que existen distintas metodologías para estimar el denominado proceso de fuga de capitales. La cifra de 9.000 millones de dólares, al respecto, se alcanza al contemplar la formación de depósitos bancarios, que han aumentado en forma significativa en los primeros meses del año. Ello tiene que ver, principalmente, con la salida del llamado “cepo cambiario”.  

En tercer lugar, el aumento de depósitos bancarios en dólares les ha permitido a las entidades bancarias contar con una cantidad significativa de recursos que empezaron a prestar a los privados (empresas y personas). Estos préstamos, principalmente de corto plazo, se concentraron en la actividad agroexportadora. Cabe recordar un aspecto fundamental que limita el reinicio de un proceso de valorización financiera. Tras el estallido de la convertibilidad, el gobierno de Eduardo Duhalde emitió en 2002 un decreto, aún vigente, por medio del cual los bancos sólo pueden prestar dólares a aquellas compañías que perciban sus ingresos en la misma moneda. Esta disposición tuvo como objetivo principal, justamente, evitar que se produzca lo que fue el gran flagelo durante el esquema convertible de los años ’90, el descalce de monedas.

El actual gobierno, en el último tiempo, ha tendido a relajar esta restricción, ampliando el espectro de tomadores: se les permite endeudarse en dólares ya no solo a los exportadores sino también a proveedores de compañías que exporten. Pero la esencia de la normativa sigue vigente, y constituye un límite para reinstaurar la lógica de la valorización.

En síntesis, las evidencias disponibles hasta el momento no permiten concluir que se haya reeditado la lógica de valorización financiera, al menos no en la forma y medida en que rigió a fines de los años ’70 y durante los ’90. Esto no significa, de todas maneras, que, por relajación de las regulaciones financieras, se haya dado lugar en estos meses a la entrada de capitales golondrinas que entran y salen del país, haciendo extraordinarias ganancias aprovechando la alta tasa de interés interna. Pero, en todo caso, el mecanismo es distinto y no tiene los alcances de lo que fue el modelo de valorización antes descrito.    

El fundamento de la valorización financiera

Al margen de estas consideraciones, cabe hacer notar un elemento de fundamental importancia para comprender el modelo de valorización financiera y sus posibilidades de ser reimplantado en la actualidad. El endeudamiento externo y la fuga de capitales son dos fenómenos que no solo están conectados entre sí, sino que se vinculan orgánicamente con un tercer elemento, clave en esta historia, y es el nivel de explotación de la clase trabajadora.

Es que según reconoce el propio Basualdo, la deuda no genera valor por sí misma. Esto significa que la génesis del proceso de acumulación en la valorización financiera debe buscarse en otro lado. Su fundamento solo puede provenir del único generador de valor en una sociedad capitalista, la clase trabajadora y la extracción de plusvalía. Intensificar los niveles de explotación, por ende, constituye un prerrequisito fundamental para cualquier estrategia de valorización financiera. No por casualidad, tanto durante la última dictadura militar como en el menemismo, se produjo un notable proceso de redistribución regresiva del ingreso. Esa masa nueva y ampliada de recursos, en pesos, es la que fue extraída a los trabajadores y posibilitó a distintas fracciones del capital convertirlas a dólares, o sea, fugarla. El endeudamiento externo del Estado para cubrir ese vacío es en rigor el último paso de este ciclo.

La descripción de estos elementos permite no solo conocer el pasado sino también indagar en las posibilidades actuales para reeditar un modelo de valorización financiera. El mayor límite y desafío que encuentra el gobierno nacional pasa por el salario real de los trabajadores y las resistencias que puede encontrar para profundizar una redistribución regresiva del ingreso. En estos primeros meses de gobierno, se produjo una caída de aproximadamente el 12% del salario real. Es muy significativa, pero aun así, en términos comparativos, la Argentina sigue teniendo un “costo” salarial en dólares muy superior al de otros países de la región.   

Existe un llamativo consenso, entre oficialistas y algunos sectores opositores, en que el gobierno puede encontrar en el endeudamiento externo la llave para consolidarse en el poder. La idea es que, con deuda, se morigeran las necesidades de un ajuste tan brutal contra los ingresos populares. Desde esta óptica, la Argentina podría, vía endeudamiento, cooptar materialmente a las capas medias de la sociedad y con ello dar sustentabilidad económica y política a su proyecto.

De acuerdo con lo analizado en esta nota, por el contrario, el endeudamiento y la fuga de capitales son mecanismos que, en una lógica de valorización financiera, solo pueden hacerse viables en el tiempo si existe previamente un profundo proceso de concentración de ingresos a favor de las fracciones del capital y en contra de los trabajadores. En síntesis, no hay un dilema entre endeudamiento y ajuste. La fórmula, como enseña nuestra propia historia, es ajuste más endeudamiento.  

Entrevista a Ernesto Calvo

Esta entrevista fue publicada en www.elloropolitico.com

Ernesto Calvo por Ernesto Calvo. “Vengo de la izquierda. Mi familia se fue al exilio por el lado de la militancia en el área de Salud (familia “bolche”). Es decir, no del lado peronista. En México había dos casas: una peronista, la otra el resto del exilio. Así que desde muy temprano entré en la Ciencia Política por el lado de la política. Volví a los 15 años a la Argentina, con la democracia, tres meses después de que asumiera Alfonsín. Y a los dos años estaba en la UBA, Ciencia Política (segunda camada), y me fui a hacer política en la línea muy cuantitativa a Estados Unidos, inspirado muy fuertemente en aquél momento por el marxismo analítico. Así que yo llego al lado oscuro de la Política, que es la cuantitativa, desde la izquierda, y no desde la matemática o de la derecha como es habitual. Ahora ya la Ciencia Política se ha vuelto muy cuantitativa en general, sea de derecha, centro o de izquierda”.

 

calvo

¿Cuál es el saldo de las elecciones de 2015? ¿Qué nos dejó?

Para empezar, 22 semanas de elecciones dejó un público muy informado. Los datos después de la elección muestran que los niveles de identificación partidaria son altísimos, equivalentes posiblemente a la identificación partidaria de los tempranos ’80, aún cuando hay un nuevo partido (el PRO). Tenemos entonces un votante argentino estimulado, activo, energizado, y con altos niveles de identificación partidaria, lo cual es muy interesante. La elección fue una sorpresa, no tanto el ballotage, ahí ya estaba todo cantado. Pero sí fue una sorpresa la primera vuelta, y en particular, yo creo que uno de los grandes hitos que cambia el mapa político del país, es la Provincia de Buenos Aires. A mi juicio, la derrota del peronismo en la provincia fue tan importante como la derrota a nivel nacional, porque esa derrota da línea de largada al realineamiento dentro del peronismo y le da además una oportunidad de gobernabilidad al macrismo que yo creo que no hubiese tenido de otro modo.

Al ganar la provincia de Buenos Aires, el macrismo gobierna sobre un 70% de la población, aún cuando lo haga sobre una fracción de las provincias. Eso tiene que ver con que el macrismo (y Cambiemos, porque es una coalición) ha ganado y gobierna en Capital Federal, provincia de Buenos Aires, Mendoza, y además tiene dos provincias “aliadas” (una con el socialismo en Santa Fe y otra con el peronismo en Córdoba, ninguna de las dos son netamente opositoras). En resumen, el 70% de la población está desalineada de lo que era el FPV y el peronismo. Hay una masa poblacional en este momento que está gobernada por provincias que son muy afines a este gobierno.

La pérdida de la provincia de Buenos Aires no solo resultó en más del 40% de la población cambiando el liderazgo político, sino que la PBA era también la incubadora de la juventud política del FPV. Al perderse la Nación y la provincia, las camadas del FPV que venían en ascenso quedan fuera de la incubadora y al quedar fuera de la incubadora, el FPV queda resentido en su capacidad de maniobra para sostenerse en el mediano plazo, y así se inicia la transición dentro del partido, que es lo que uno está viendo ahora.

¿Adherís a la hipótesis según la cual el kirchnerismo más “duro” tuvo una estrategia deliberada de “buscar refugio” en la provincia de Buenos Aires, desentendiéndose de la elección nacional?

Hubo una parte de eso. Hay que acordarse de que el día en que el FPV gana la primera vuelta por un pequeño margen gran parte de la juventud del FPV va a la provincia de Buenos Aires a lamentar la pérdida con Aníbal Fernández, en lugar de ir al comité de campaña del sciolismo a festejar su victoria. Entonces, esa imagen te muestra el contraste de un partido que todavía está en carrera para la presidencia, que tiene una ventaja y que tiene que empujar para la segunda vuelta, y que en realidad está haciendo el duelo interno porque se da cuenta que ha perdido el espacio político que consideraba propio. No importa si era una estrategia por parte del partido. Era una percepción dentro de la militancia, y en el momento en que se cae la provincia de Buenos Aires, esa militancia queda a la intemperie.

Al hacerlo, le abre el juego de naipes al gobierno actual para negociar con el peronismo desde una posición muy distinta. El Congreso siempre fue muy manejable, no en el mal sentido, sino en el mejor sentido posible. Cuando está en minoría un gobierno, el Congreso no es recalcitrante sino muy productivo. Se enfoca mucho en políticas locales, políticas provinciales, y produce mucha legislación. De hecho, hay más legislación en general que los Diputados sancionan en períodos de minoría que de mayoría. Porque, lógicamente, en mayoría se enfocan mucho en las necesidades de gobierno y las de minoría, mucho afán por vivir y dejar vivir. Y pasa lo que está pasando ahora, donde la productividad del Congreso es muy alta. Entonces, la transición abre el juego para que el nuevo gobierno empiece a operar con un peronismo que tiene un FPV institucional muy debilitado y donde el núcleo duro del peronismo queda ubicado en las provincias más chicas. Queda en gobiernos de provincias chicas, todas con un capital político distinto al que tenía el FPV, que estaba en la Capital y en la provincia de Buenos Aires. Entonces, toda la política del FPV que era Metropolitana queda bajo gobiernos que no son del peronismo, y todo el capital institucional del peronismo vuelve al peronismo en su ala menos FPV. Entonces, la transición en la cual llegamos abre el juego para que el peronismo esté fracturado en tres, muy diluido, y sin necesidad de cerrar esa fluidez y de cerrar filas hasta que se cierre la campaña presidencial con vistas al 2019, porque la elección del 17 no hay casi nada importante en juego. Quizás sea importante la de Senadores en la provincia de Buenos Aires.

A priori, muchos especulaban que el macrismo podía llegar a tener problemas de gobernabilidad, por ser un gobierno no peronista, sin mayorías legislativas. ¿Cómo ves la estrategia política del gobierno en sus primeros siete meses?

En primer lugar, todo gobierno que no fue peronista, en sus primeros dos años, tuvo un peronismo que trabajó con el gobierno. El sindicalismo no fue recalcitrante con Alfonsín durante los primeros dos años, realmente se complica la situación cuando trata de hacer la reforma laboral. La Alianza tuvo un sindicalismo que no fue agresivo ni combativo hasta que se empieza a desencajar todo en el año 2001. Yo supongo que las peleas más furiosas con el sindicalismo, y también con los gobernadores, o la oposición más fuerte por parte del Congreso, van a venir conforme los recursos escaseen y nos acerquemos a las elecciones. Eso es lo que ha pasado antes.

Por lo tanto, la estrategia del gobierno, desde el punto de vista institucional, se resuelve fácil porque las presiones aún no llegaron. Van a darse dentro de un año y medio. El gobierno tiene muy poco capital institucional, no simplemente porque tiene poco Congreso, tiene poco Senado, Diputados, gobernaciones, etc, que van a costar más adelante, sino también porque no tiene un cuerpo burocrático formado para funciones de gobierno. En todos los planos intermedios vemos que están todos peleandola (algunos con malas intenciones y otros con buenas) y viendo dónde apoyar los pies. Porque en verdad el gobierno se les vino en banda en pocos meses, no era algo que esperaban. Puede ser que algunos de ellos tenían la esperanza de que en un ballotage pudiera ganar Macri. Pero no creo que haya un solo escenario, ni el más optimista, en que los miembros del PRO hayan imaginado ganar la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, y Nación. Por eso, se vaciaron las ONG y las Universidades, necesitando mucha gente (alguna inteligente, otra seguramente no). Pero lo cierto es que pocos dentro del nuevo gobierno tienen “calle” burocrática o administrativa.

Incluso tuvieron que recurrir, en líneas medias, a funcionarios del gobierno anterior o cuadros políticos del Frente Renovador

 Sí. Es que el kirchnerismo tenía mucho cuadro técnico. Y el gobierno actual pudo integrar a muchos de esos cuadros sin ningún tipo de problema, lo cual está bien, porque da cierta continuidad. Pero también da cuenta de que el gobierno no había planeado, y difícilmente pudiera haber planeado ocupar tantos espacios, enfrentar tantos frentes y tantas direcciones en tan poco tiempo. Entonces, uno ve a nivel presidencial, Jefatura de Gabinete, los Ministerios, que están navegando—y eso es una ventaja porque tienen cierto tiempo para poner horas de vuelo en el gobierno, que no las tenían—pero también que hay mucho tanteo, mucha incertidumbre. Falta todavía algún tiempo para que uno pueda decir que está claro adónde va la política de gobierno. Un ejemplo muy claro es la inflación. Este es un gobierno que asumió sin tener un plan anti-inflacionario. Y creo que es un gobierno que aún hoy se sorprende que el tema de la inflación sea tan intratable, más difícil que lo que ellos habían anticipado. Y creo que eso es también porque la gran mayoría de su gente, pensando estos problemas, estaba fuera de la administración pública. Entonces, no importa cuán buen economista seas, ser un economista de gobierno es otra cosa. Es cierto que el Banco Central, por ejemplo, tiene gente que ya venía trabajando en la Ciudad, con trayectoria. Pero la gran mayoría de sus incorporaciones no habían tenido experiencia en lidiar con estos problemas desde el gobierno. Y muchos de estos problemas son mucho más intratables que lo que ellos creían. Entonces, recién ahora están comenzando a darse cuenta que a los planes originales uno tiene que adaptarlos, con que el capital inversor no llega con la velocidad que suponían, que hacer la unificación cambiaria no produjo el nivel de confianza requerido para que las inversiones lleguen rápidamente. En la medida en que no aumentes la cantidad de recursos disponibles, aun pagando a los Buitres, falta capacidad para inyectar recursos económicos para que no haya una recesión. Entonces, para tratar de lidiar cos estas cosas han tenido muy poco tiempo, poco tiempo para pensarlas. Obviamente, eso genera costos políticos.

O sea, los problemas obedecerían más bien a una cuestión técnica. Porque uno podría pensar también que con el tema de la inflación, por ejemplo, las limitaciones son más ideológicas que técnicas.  

Sí, pero no diría técnico. Lo que les faltaba era calle burocrática, calle en la política, va más allá de la formación técnica. Lo que no tenían era estar sentado en las oficinas y negociar con los actores políticos, conocer los recursos disponibles, tener trayectoria para dialogar con las provincias. Al margen de la cuestión de la formación de recursos humanos, no conocen a los actores provinciales, no habían negociado con los sindicatos, no tenían lazos estrechos con actores sociales a nivel nacional. Todo esto es lo que se denomina el costo de gobernar. No cuán buenas son las ideas con que entrás al gobierno. Bueno, yo vengo con estas ideas, ¿cómo las pongo en práctica?

A nivel ideológico esto es interesante. Yo traje un par de veces a grupos de estudiantes de Estados Unidos a la Argentina. Nos reunimos con el FPV, con el peronismo, con el radicalismo, y una de las últimas, acá en Capital, fue con el PRO, en la Fundación Pensar. Cuando estábamos en el medio de la reunión, un chico se acerca y me dice: pensé que este era el partido de derecha. ¿Por qué? Porque el PRO estaba hablando del trabajo en las villas, de su política social. Aún si uno pensara que esas cosas eran por campaña, que no eran honestas, lo cierto es que el PRO no estaba tratando de vender el discurso de derecha, neoliberal, sino un discurso de un profundo pragmatismo económico. Cuando este gobierno asumió yo no creo que tuviera intención de hacer un ajuste sino de una fuga hacia adelante, un shock de crecimiento, porque pensaban que iban a venir muchos capitales. En el momento en que eso fracasa, empiezan a introducir los elementos más neoliberales. Pero en realidad, no creo esta sea la agenda ideológica de movida, porque la intención es ganar elecciones. Entonces, creo que este era un partido mucho más parecido a los demócratas de Estados Unidos que a los republicanos. A nivel internacional, son una centro-derecha bastante moderada, claro que Estados Unidos ya de por sí está muy a la derecha.

Mi impresión es que algunas cosas, como por ejemplo, el ajuste, parte es el sinceramiento de precios de acuerdo con su ideología, pero parte también creo que hay un costo que están pagando por haber confiado en que la situación macro-económica iba a cambiar por el sólo hecho de enviar señales al mercado de que un partido de centro-derecha estaba asumiendo el gobierno, cuando en realidad la economía no funciona así. Yo escuché al alfonsinismo decir que a partir de la confianza que había con la llegada de la democracia iba a venir el capital. Escuché a Menen decir que con la política de privatizaciones iban a llegar capitales. Yo escuché a De la Rúa decir que con el blindaje y el sinceramiento iban a venir capitales. Y lo cierto es que, si no hay un mercado de capitales grande, si las tasas de inflación son altas, si la inestabilidad es alta, la economía tartamudea y el capital no viene. La pregunta que uno tiene que responder para saber si el capital va a venir es la siguiente: “Si yo tuviera un millón de dólares, ¿en que invertiría para que el capital esté seguro y me de tasas de rentabilidad comparables a las internacionales?”

Eso a pesar de que en el exterior, los inversores le suelen reconocer al gobierno actual que va por el camino indicado.

Claro, pero la pregunta es otra. La pregunta es entre aplaudir las medidas, etc., y otra es sacar la plata del bolsillo y que me de ganancias. Y si bien hay muchos sectores económicos, acá y afuera, que pueden tener afinidad con muchas de las políticas económicas, es distinto pensar que porque hay afinidad desde el punto de vista ideológico, hay retornos en dinero. Entonces, hasta que la economía no muestre que puede dar tasas de retorno atractivas no van a venir grandes cantidades de capital. ¿Es posible hacerlo simplemente por afinidad de reformas sin que la economía esté despegando? Yo no lo creo.

¿Creés que el inversor está esperando los resultados legislativos del año que viene? Es decir, saber cuán viable es el proyecto político del macrismo.

No creo. Acá tenemos un año y medio en el cual van a llegar bien a la elección intermedia si la inflación baja cerca del 10, que es un poco irrealista. En el gobierno piensan que la inflación núcleo está bien, y que una vez que termina este ciclo de aumentos tarifarios, la inflación va a ceder. Pero la inflación núcleo que están midiendo no puede ser muy distinta a lo que se llama la “media móvil” o de la inflación truncada, que es básicamente el promedio ponderado de los últimos meses, la primera, y la inflación sin valores extremos, la segunda. No hace falta que tengas acceso a una canasta amplia de bienes para saber que la media móvil está muy por encima de las expectativas del gobierno, muy superior de la observada durante el final del gobierno del FPV. Entonces, es irreal que en el corto plazo la inflación va a estar en niveles que son aceptables para los votantes. Y sin baja inflación los capitales no van a venir. En la medida que hay atraso en capacidad instalada, en salarios, etc., va a haber una cierta reactivación. Tal vez con eso la campaña del año que viene no va a ser tan complicada. Pero una cosa es que la campaña del año que viene no sea mala porque inyecten recursos, porque se estabiliza un poco la inflación, y otra cosa es que la situación económica de señales de tal modo que los inversores internacionales vean al mercado como viable. Para que los capitales importantes lleguen, uno necesita calificaciones que le permitan a los fondos de inversión importantes (como los fondos de jubilados de EEUU o Europa) invertir en la Argentina. Los fondos de inversión importante están regulados de modo tal que se necesitan calificaciones de tipo AA-, AAB+, muy por encima de las calificaciones que tenemos ahora. Argentina no va a cambiar su calificación como para que los Fondos de Inversión puedan invertir acá. Legalmente, ni siquiera están posibilitados de hacerlos. Con lo cual, el capital que llegue con una inflación arriba del 20 va a ser especulativo, por lo menos en el sentido de que va a requerir tasas de ganancia que no permiten un crédito saludable. Entonces, van a ser años complicados los que vienen. No son años de crisis como el 99, no hay una recesión como la que le tocó a la Alianza, las cuentas fiscales están mejor que en esa época, hay mucho margen para endeudarse e inyectar recursos en la campaña. O sea, la política y la económica pueden navegar. Pero estamos lejos de esa situación en la cual la inflación núcleo va a bajar, la economía va a reponerse rápidamente, y en un año o dos estamos con tasas de crecimiento que permitan consolidar este proyecto.

¿Qué evaluación haces de la “Coalición” Cambiemos, especialmente el lugar que tiene el radicalismo? ¿Coincidís con quienes afirman que puede desaparecer, al ser absorbido por el macrismo?

Sí. Mucho depende de lo que ocurra con la economía. Pero hay que distinguir dos cosas. El radicalismo sigue siendo, institucionalmente, el segundo partido desde lo territorial, detrás del peronismo. El PRO está todavía lejos de eso. Sin embargo, cuando uno mide con encuestas la afinidad del votante radical con Cambiemos y en particular con el PRO, lo que ve es que hay una voluntad de migración del votante radical hacia el PRO enorme. Entonces, es cierto que la dirigencia del radicalismo no quiere ceder sus espacios, y no quiere que el partido termine disolviéndose en el PRO. Pero si uno ve solo los votantes en estos momentos, el voto del PRO es muy alto, el voto del radicalismo es muy bajo, y el nivel de identificación con el partido es más alta con el PRO que con el radicalismo. O sea que yo en estos momentos, si tengo que ver la identificación partidaria, veo a un peronismo con buena identificación partidaria, veo al PRO con buena identificación partidaria, y un radicalismo que está en la lona. Con lo cual, si el PRO logra navegar la economía e inyectar recursos en el 17 para llegar bien a la elección intermedia, el radicalismo no va a poder negociar dentro de Cambiemos buenas posiciones. Y si el radicalismo va por fuera de Cambiemos, el costo puede ser enorme. Por eso, está entre la espada y la pared.

Por eso muchos colegas, como Andrés Malamud y también en mi caso, vemos que el radicalismo, aun cuando quiera levantar las banderas y plantarse para verse como un socio que puede capitalizar la alianza con el PRO y no ser un mero apéndice, en realidad uno ve que el votante está listo para cambiar. Y salvo que haya una crisis económica o que haya una situación política que debilite notablemente al PRO y le permita al radicalismo mantener ciertos cargos políticos, yo espero que llegado el 17, si hay competencia interna, el PRO la gane cómodamente. Y, si hay negociación interna, el radicalismo va a tener que ceder los cargos masivamente al PRO. O, en una tercera variante, dar fe de transición al PRO, con ciertos miembros que son del radicalismo que digan: yo soy radical, pero en estos momentos creo que el partido en el con el que hay que alinearse es el PRO. Lo que están mostrando los datos es que el radicalismo tiene muy poco espacio para sobrevivir electoralmente en el 17 y en el 19.

En la vereda de enfrente, ¿Cómo ves al peronismo? Vos hablabas de tres sectores, en el que incluías a Massa seguramente, quien da gestos hacia dentro del peronismo, pero también hacia afuera, con Stolbizer por ejemplo. 

A ver, yo creo que va a haber muchas alianzas de acá al año que viene, muy fluidas, con idas y vueltas. Cuando uno ve el voto peronista, hay tres pedazos. Uno es el voto Scioli, dividido en dos. Una parte es FPV, núcleo duro, votante peronista que le da muy malas marcas al gobierno actual, que tiene muy poca expectativa con que la economía mejore, que está muy alineado con los principios políticos del FPV. Ve también un votante de Scioli que se parece más al votante de Massa de lo que uno pensaría. Acá entonces el que votó a Scioli no es FPV, no ve con malos ojos al macrismo, no ve tan negativo el futuro económico del país. Y ese votante, peronista, no FPV, en este momento está a la búsqueda de una elite política que lo represente. Y le va a ser muy difícil al FPV, ahora que no está en el Ejecutivo, sostener ese voto y mantenerlo. Entonces, el voto duro, núcleo, del FPV, en ese grupo representa un 13, 14% del electorado, que es un poco lo que uno veía en elecciones como la de Cabandié digamos, elecciones que representaban a la centro-izquierda del peronismo. Pero bueno, ese sector que votó a Scioli, pero es peronista tradicional, está ubicado en estos momentos para crecer mucho más. Lo puede llevar Scioli, pero también Randazzo, gente que tiene sangre azul peronista, y que no está a la derecha del peronismo. Es gente que ocupa el lugar de centro político, peronista más tradicional, y que se llevó un buen pedazo de lo que era el voto Scioli. Y después hay un peronismo de derecha, que está más cercano al macrismo, hay un votante más parecido a Massa, a De la Sota, a Urtubey, que es un votante que tiene mejores expectativas de cómo le va a ir al gobierno, una opinión positiva de Macri bastante alta, es un sector peronista pero muy anti K, y que puede negociar cómodamente con el peronismo tradicional, de centro, pero no se lleva bien en ningún sentido con el kirchnerismo.

Estos tres pedazos no tienen tanto que ver con los tres pedazos que uno veía en la elección de 2015.  Tiene que ver más con tres votantes muy estables, que tienen cerca de un 1/3 cada uno, muy nivelados. El FPV es solo uno de esos tres. En la interna del partido, representa casi la mitad porque Massa está por afuera, por ahora. Pero eventualmente, hacia el 2019, una parte de eso va a volver, y el FPV queda en un 35% del partido. Entonces, en estos momentos el FPV no está bien posicionado para la interna del ‘19. Y eso es lo que produce esta presión hacia afuera, por parte de sectores en Diputados, sumado a las presiones de los gobernadores, que en la medida que necesitan negociar con el gobierno nacional requieren un Senado más amigable, menos agresivo, lo cual también produce una fuerza centrífuga, y aleja a muchos sectores del FPV. Entonces, uno ve, conforme vayamos avanzando hacia el ‘17, un radicalismo más débil, un PRO más consolidado pero a la vez muy dependiente de cómo le vaya en la economía, y un peronismo que no tiene por qué cerrar filas, no tiene por qué cerrar sus luchas, ni siquiera pelear una interna en el ‘17, lo único que tiene que hacer en el ‘17 es pelear en el 17 para establecer posiciones, para la pelea en serio que es la del ‘19. Hasta el ‘19 no tienen mucho por hacer. Es mucho más importante, para el peronismo, de acá al ‘19, que los gobernadores se mantengan fuertes, logren obtener recursos, y que el voto peronista esté ubicado para definir la interna en el ‘19, que cerrar algo en el ‘17.

Además, en la elección del ‘17 vos tenes la opción de jugar por adentro o por afuera sin pagar costos políticos. Eso pasa con Massa por ejemplo. Pero hay varios otros grupos en la misma situación. Así como Massa está hablando con Stolbizer, a medida que nos acerquemos al ‘17, la discusión de si competir dentro de una primaria abierta, o dentro de un lugar con el FPV, o si va a haber dos peronismos, todo va a estar abierto. Si vos vas a perder la interna con el FPV, ¿por qué vas a jugar adentro? Y si vas a ganarla, ¿por qué el FPV iría? Las fuerzas centrífugas en el ‘17 van a ser enormes. Si vos anticipás que vas por adentro, no va a ir nadie, entonces no te llevas a nadie para el ‘19. Es muy difícil que las filas que se cierren en el ‘17 sirvan para el ‘19.

¿Puede ser que la elección de 2017 sea mucho más importante para el gobierno que para la oposición?

Para el macrismo es más importante, porque ellos están naciendo como partido, entonces en ese momento una sequía te mata. Una mala elección en el ‘17 complica la viabilidad del partido para 2019. Pero en todos los países del mundo, las elecciones intermedias producen resultados que son menos beneficiosos para oficialismo que la elección general que le sigue. Entonces, si bien obviamente quieren mantener la señal de que se mantienen fuertes y crecen, es de esperar que en verdad queden en el 30% si les va muy bien, porque, esto hay que decirlo, una elección muy buena para el PRO se va a ver como una elección un poco patética, porque va a haber mucha fragmentación, muchas fuerzas, va a ser una elección muy quebrada por el lado del peronismo, y salvo que la economía esté creciendo de modo que no anticipamos ahora, sería muy difícil que el PRO pueda crecer mucho, es más probable que pierda un poco. Entonces, sí, puede ser que la vean como una elección clave, y que se den energía con eso, que se estimulen para hacer una buena elección. Pero incluso si la elección del ‘17 es mediocre, si el partido logra llegar en buen estado al ‘17 y crece un poco en las Cámaras que no es muy difícil, no va a estar en mala situación para el ‘19. Y en ese punto, va a estar Cambiemos de un lado y el peronismo del otro. Sería muy raro que cuando lleguemos a la elección de 2019 todavía tengamos al peronismo massista y al peronismo no massista (FPV y peronismo más tradicional) en pedazos. Yo creo que ahí se va a producir la reunificación. No creo que si le va mal en el ’17 sea un certificado de defunción, aunque obviamente la señal que va a dar una derrota así va a ser muy mala. Un año después, sin embargo, esa señal puede ser olvidada por el votante, para la elección del ‘19. No hay que olvidarse que al FPV le pasó eso: tuvo malas elecciones en 2009 y se recuperó, y en 2013 pasó algo similar, porque si bien no ganó, en 2015 estuvo muy cerca de hacerlo. En definitiva, las elecciones intermedias son siempre distintas.

La corrupción está otra vez en boga. ¿Qué opinión te merece? ¿Por qué está tan presente? ¿En otros países tiene la misma centralidad?

La corrupción siempre es un problema. En Brasil no solamente es un problema importante, sino que está generando niveles de destrucción de la clase política (y no sólo económica) que no habíamos visto ni siquiera con Collor de Mello. Es discutible que sea la corrupción solamente y no la corrupción sumada a la polarización política. Pero no hay duda que la corrupción se ha transformado en un problema que afecta la supervivencia de la clase política en su conjunto. En México la corrupción ha sido históricamente muy alta, desde los buques fantasmas de Lopez Portillo en los ‘70s hasta las documentada “Casa Blanca” de Peña Nieto y de los ex-jefes de policía. Es decir, en América Latina, la corrupción es alta y lo ha sido por mucho tiempo, en gran medida concentrada en los actores políticos y económicos más importante.

En la Argentina también es alta, pero a mi juicio, es una corrupción más plebeya, que está más diseminada. No por eso es más fácil lidiar con ella que en Brasil o en México, pero como es más plebeya, creo que es también de menores montos que en esos países. Puede ser un prejuicio que surge de haber vivido en Mexico muchos años y mi tiempo en Brasil. Pero lo cierto es que gran parte de la discusión sobre los niveles de corrupción producida desde la academia y los organismos internacionales está basada en percepciones de corrupción antes que en datos duros.

Más allá de la cuestión de cual es el nivel real de corrupción en los distintos países, existe también la cuestión de porque distintos actores sociales y políticos perciben distintos niveles de corrupción., ¿por qué la sociedad percibe a la corrupción como problema? Esto es una cuestión ya distinta a por qué hay corrupción o cuáles son los niveles de corrupción. Por ejemplo, la corrupción es siempre percibida como mayor entre los votantes que pierden elecciones. El FPV posiblemente va a percibir en algún momento que la corrupción es insoportable, y eso va a ser en parte porque hay corrupción, pero también porque están en la oposición. El macrismo consideraba que la corrupción era la peor del mundo, en parte porque había “López”, y en parte porque era oposición. Algo similar pasa con los sistemas electorales: el que pierde, se queja de las reglas y percibe que hubo fraude. Lo mismo con el crimen. Los que pierden la elección piensan que el crimen es muy alto y los que ganan no. Esto en gran parte se debe a que la sensación térmica de la corrupción, el fraude, el crimen y los demás problemas de los votantes son percibidos a través de lentes que distorsionan, ligados a sus propias identificaciones partidarias.

¿Por qué el gobierno actual hace foco en la corrupción como medio de difusión y de identidad política? Porque es un tema en el cual sus votantes están muy sensibilizados, el macrismo piensa que tiene una ventaja electoral y que este es un tema que electoralmente les pertenece. Cada vez que hablan de corrupción su percepción es que ganan puntos y el peronismo los pierde. Entonces, instalan el tema también para ganar una batalla mediática. Pero seguramente, en dos o tres años el que va a estar hablando todo el tiempo de corrupción va a ser el peronismo. Porque, estar en la oposición te hace mucho más sensible a la corrupción, al crimen, a la inflación, y a todo lo que sea problemático e igualmente intratable para el oficialismo. La corrupción es un problema intratable en la Argentina, pero parte de las percepciones tienen que ver con la identificación política de los votantes y con la polarización política. Es decir, quienes son los ganadores y perdedores de la política.

Disertación de Alvaro García Linera en la Facultad de Ciencias Sociales

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Desgrabación publicada originalmente aquí.

Reflexiones a partir del diálogo entre Iñigo Errejón y Chantal Mouffe

Iñigo

Esta nota fue publicada originalmente en www.elloropolitico.com 

El 7 de octubre de 2015 se produjo un encuentro en el Centro Cultural Kirchner entre la politóloga belga Chantal Mouffe y el dirigente español de Podemos Íñigo Errejón. La charla sirvió de ocasión para discutir cuestiones vinculadas con las experiencias latinoamericanas progresistas del siglo XXI y su comparación con la situación europea. En ese momento, faltaban pocos días para las elecciones presidenciales en la Argentina, en las que el candidato del kirchnerismo Daniel Scioli aparecía como favorito. Ese optimismo era compartido tanto por Chantal Mouffe como por Iñigo Errejón. Más allá de los pronósticos, hay varios elementos para rescatar de aquella charla y que pueden contribuir a reflexionar sobre la situación actual no solo en nuestro país sino en la región.

El rol performativo del discurso. Uno de los aspectos centrales del planteo teórico de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe es su anti-esencialismo. En contra de todo determinismo, los autores consideran que las identidades políticas son el resultado de una construcción y no la expresión de algo subyacente en las estructuras económicas y sociales. Frente al tradicional postulado marxista, se oponen a declarar a priori la centralidad de la clase obrera en un movimiento transformador. En tal sentido, los discursos tienen un rol performativo: sujeto y discurso se construyen en un mismo proceso. La clave del éxito político consiste entonces en lograr un discurso hegemónico que articule demandas y necesidades de distintos sectores sociales.

La agrupación Podemos recupera esta idea central: con un discurso novedoso busca atraer a sectores de la sociedad descontentos con el orden bipartidista tradicional (conformado por el Partido Popular y los socialistas). Así, instaura consignas novedosas como “los de arriba frente a los de abajo”, o introduce el concepto de “la casta” para identificar los enemigos del pueblo. Son solo dos ejemplos que muestran nuevas articulaciones discursivas no solo frente a los dos partidos principales, sino también frente a la izquierda tradicional. Hay un lenguaje nuevo, que intenta captar la complejidad y heterogeneidad de un mapa social que resulta imposible de interpretar con las categorías políticas y analíticas tradicionales.

Este planteo puede ser utilizado para pensar la experiencia kirchnerista y el futuro del movimiento nacional y popular. Tanto Néstor y Cristina revitalizaron al peronismo, retomando algunas de sus banderas tradicionales pero introduciendo también nuevos temas, como por ejemplo, la defensa de los derechos humanos, el matrimonio igualitario y la ley de medios. De esa manera, pudieron interpelar e incorporar políticamente a sectores sociales que habían sido refractarios al peronismo.

Ahora bien, en los últimos años hubo cierta pérdida de efectividad en la narrativa kirchnerista. Tanto en la elección de 2013 como en la de 2015, los ejes estuvieron puestos más en los logros conseguidos que en las nuevas metas y desafíos a conquistar. ¿Hasta qué punto ello se encuentra relacionado con la pérdida de dinamismo del modelo económico y el estancamiento de muchos de los indicadores sociales? Sin menospreciar tales limitaciones estructurales, creemos, no obstante, que hubo fallas en el terreno político: parte del rechazo de una franja importante de los sectores medios hacia el kirchnerismo es atribuible a las dificultades para interpelarlos correctamente.

La idea de Cristina, lanzada en Comodoro Py, sobre el Frente Ciudadano, parece ir en dirección de un reconocimiento sobre la necesidad de buscar llegar a nuevos y más amplios sectores sociales. Es una buena idea, pero aún muy general: hay que crear nuevas articulaciones discursivas, más precisas, con mayor contenido concreto, para que pueda realizarse en forma exitosa.

Clases medias y los procesos populares. Iñigo Errejón y Chantal Mouffe reflexionan sobre la famosa paradoja según la cual los gobiernos populares producen clase media, pero una vez concretado el ascenso social, estos sectores terminan siendo hegemonizados por la derecha. ¿Cómo evitar entonces lo que denominan el efecto de escalera mecánica de las clases medias, que suben y te abandonan?

Según Errejón, muchas veces se cae en el error de pensar este problema de manera esencialista: “las clases medias son por naturaleza reaccionarias o no progresistas”. En verdad, existe una falla de hegemonía: esos gobiernos nacionales y populares han tenido políticas que han sido muy buenas en el plano distributivo pero no han generado lo que Gramsci llamó una “reforma moral”. No han creado nuevas formas de subjetividad. Errejón pone como ejemplo el caso brasilero: Lula hizo cosas muy buenas, sacó a millones de personas de la pobreza pero que, en su mayoría, se transformaron en meros consumidores. En momentos económicos difíciles, esa gente se te vuelve en contra.

Errejón señala un posible camino para revertir esto: hay que hablarles a esas nuevas clases medias como lo que son, no hablarles por lo que fueron. Se requiere un nuevo imaginario, alternativo y opuesto al imaginario de la democratización del consumo.

Sobre la necesidad de consolidar los procesos de construcción de gobiernos progresistas en América Latina. Después de una década de transformaciones, dice Errejón, surgía la necesidad de hacer lo mismo -pero en sentido contrario- a lo que hizo el neoliberalismo en Europa. Es decir, construir una sociedad y un Estado tal que, en caso de que el adversario gane las elecciones, deba ingresar al Estado como un intruso. Así hizo el neoliberalismo en estos 30 años: si una formación política con voluntad incluso tibiamente reformista gana las elecciones, entra al Estado casi pidiendo perdón.

Cabe preguntarse: ¿en qué medida el kirchnerismo logró institucionalizar determinadas conquistas que le dificultan al macrismo avanzar sobre ellas?

Populismos de derecha. Chantal Mouffe habla de la necesidad de estudiar en profundidad las estrategias hegemónicas de los partidos de derecha. Es decir, cómo hacen para lograr constituir mayorías; indagar en las razones por las cuales un programa regresivo en términos sociales logra penetrar y ser aceptado por sectores populares y obreros.

Desde nuestra perspectiva, estas son preguntas centrales para comprender la naturaleza del nuevo gobierno en la Argentina. En tal sentido, ¿podrá el macrismo consolidar como propio el caudal electoral logrado en el ballotage? En alguna medida, se trata de ver si puede realizar en forma exitosa el pasaje de un triunfo político a la construcción de una mayoría social. En definitiva, ¿representa el macrismo un nuevo bloque hegemónico capaz de perdurar en el tiempo?

Hasta el momento, la estrategia discursiva del gobierno parece estar centrada en demonizar al kirchnerismo (la pesada herencia) y, especialmente, machacar con la corrupción. Puede resultar una estrategia medianamente efectiva en el corto plazo, para pasar la etapa del ajuste. No parece ser, en cambio, sustentable en el tiempo. La pregunta es: ¿tendrá el macrismo la capacidad de instaurar nuevas fronteras discursivas en la sociedad, forjar un nuevo mapa de apoyos y articulaciones con sectores sociales diferentes?

Señala Errejón la paradoja de que las nuevas derechas latinoamericanas han tenido que asumir buena parte de los suelos discursivos de los gobiernos progresistas (Capriles en Venezuela es un ejemplo elocuente). Esto, aclara, no es solo marketing electoral: refleja que el sentido común de la sociedad en cierta forma ha cambiado.

Uno estaría tentado a pensar que la batería de medidas de ajuste que practicó el gobierno de Macri en apenas cinco meses desmienten la anterior afirmación: parecieran indicar que no había un consenso tan amplio como se pensaba en torno a ciertas conquistas sociales. Sin embargo, una mirada más atenta permite observar que dicho consenso existe y constituye, al menos por ahora, un límite para el accionar gubernamental. El macrismo pudo aumentar tarifas y realizar una devaluación del orden del 60% porque existía cierto acuerdo general previo sobre la necesidad e inevitabilidad de hacerlo (acá hubo una operación hegemónica exitosa, en la que los medios tuvieron un rol destacado). Otras medidas, sin embargo, como la estatización de Aerolíneas o la Asignación Universal por Hijo, gozan de un respaldo social amplio y por ende, los costos políticos que entrañaría su eliminación resultan hasta el momento una efectiva valla de contención (para expresarlo en términos kirchneristas, son un triunfo en la batalla cultural).

Liderazgos. En la charla, Iñigo Errejón vuelve sobre un tema tradicional, el rol de los liderazgos y el uso que ellos pueden prestar para articular un conjunto de descontentos que no tienen necesariamente algo en común (como un programa o un interés objetivo). Los liderazgos muchas veces pueden servir para comunicar o tejer grupos sociales fragmentados, que en principio solo comparten su insatisfacción.

Por nuestra propia historia, la cuestión de los liderazgos no constituye nada novedoso. Pero sí es importante pensar en su necesidad como forma de lograr construir una oposición exitosa al macrismo. En tal sentido, lo que se ve hasta ahora es que las medidas regresivas del gobierno generan un descontento social amplio pero existe una gran dificultad para expresar dicho descontento en forma homogénea en el plano político.

Sobre los traidores. Errejón, casi al pasar, da una definición sobre cómo concebir las “traiciones” de dirigentes y partidos, que puede resultar muy útil para el momento actual: “Desterramos desde el inicio la palabra traición como forma de explicar las cosas, porque es una gramática política llorona, que lo único que hace es diagnosticar que los malos son malos y hacen maldades, y los buenos somos buenos y nos traicionan. Creo que es una gramática que moraliza los  problemas. Lo que hay que hacer es tener explicaciones políticas, pensar qué relaciones de fuerzas han operado para que un dirigente o gobierno cambie su parecer”.

Esta frase puede ser leída junto al eco que aún resuena de las palabras de Cristina en Comodoro Py, cuando frenó los insultos que la multitud profería contra Diego Bossio: “Así no van a convencer a nadie”.

Plantearse por qué algunos dirigentes se alejaron del kirchnerismo y qué expresan socialmente dichos alejamientos puede resultar políticamente más fructífero. Es parte de la necesaria autocrítica que hay que hacer para poder proyectar el futuro.

100 días en la Oposición

Digimax A50 / KENOX Q2

Esta nota fue publicada originalmente aquí: www.elloropolitico.com 

Ser oposición no es fácil. Ante todo, porque es escaso el margen de maniobra para disponer de iniciativa política y se debe actuar, en gran medida, por reflejo y reacción a la gestión oficialista. En efecto, la identidad opositora (ser moderado, inflexible, negociador) se define principalmente por lo que hace y deja de hacer quien ocupa el sillón de Rivadavia. En estas condiciones, contar con diagnósticos certeros sobre la realidad política general y, en particular, sobre la naturaleza del gobierno actual constituyen herramientas indispensables.

Pasados los cien días desde la asunción de Mauricio Macri, proponemos realizar un breve balance -no exhaustivo- sobre algunos aspectos del rol desempeñado hasta el momento por el amplio y heterogéneo espacio opositor. Elegimos tres temas que aún generan mucho debate entre quienes apoyan al macrismo y quienes lo cuestionan.

Inflación. Con la tan anunciada devaluación (o el fin del cepo, en la jerga oficialista), la inflación se disparó, revirtiendo la tendencia a la baja que mostraba durante la última parte de 2015, con la gestión Kicillof. Luego de haber sostenido en campaña -equivocadamente- que la suba del dólar iba a tener un impacto inflacionario nulo (porque los precios de la economía ya estaban funcionando al nivel del dólar blue), ahora el gobierno promete que el alza de precios irá cediendo a partir del segundo semestre.

Aunque sea imposible delinear con precisión el futuro, no resulta para nada descabellado suponer que el designio gubernamental pueda cumplirse. La lectura que podría hacer entonces un votante macrista, siguiendo el “relato oficial”, es la siguiente: 1) la actual administración heredó un problema (parte de la pesada herencia), 2) que el anterior gobierno ni siquiera reconocía y frente al cual mentía; 3) Macri no solo reconoció la inflación desde el primer momento; la declaró además como su enemigo principal; y prometió que en menos de un año iba a lograr bajarla. Cumplió; 4) el kirchnerismo, luego de años de mentiras, pronosticó que Macri no iba a lograr bajar la inflación y se equivocó, porque finalmente sí bajó.

El tema, según creemos, hay que encararlo de otra manera: la inflación es, desde nuestra perspectiva, más bien un síntoma y no tanto un problema en sí mismo. No es difícil bajar la inflación, si se prescinde de cualquier otro costo: empleo, salario, crecimiento económico; industria nacional.

¿Puede pasar que la inflación no baje tal como espera el gobierno? Claro que sí. Pero las tendencias económicas presentes hoy sugieren como probable un escenario de mediano plazo en el que el alza de precios comience a revertirse a partir de un enfriamiento de la economía (con recesión, desempleo, reducción del salario, y apertura económica).

En lugar de jugar en el terreno que propone el adversario (discutir si va a bajar o no la inflación), resultaría más efectivo centrarse en cuestionar el ajuste que el nuevo gobierno está emprendiendo contra la clase trabajadora y los sectores populares. Postular, por ejemplo, que el alza de precios es una expresión de otros problemas estructurales e históricos de la economía argentina; que es parte, además, de una puja distributiva entre clases sociales; que durante el kirchnerismo la clase trabajadora, año a año, logró incrementos salariales por encima de cualquier indicador (oficial y no oficial), y que esa tendencia a la mejora en el poder adquisitivo es lo que vino a poner en discusión el macrismo, con el argumento, justamente, de la lucha contra la inflación.

La corrupción. Asistimos en los últimos años a constantes denuncias de corrupción (mediáticas, políticas y judiciales) contra el kirchnerismo. Algo similar ocurre en Brasil y en otros países latinoamericanos. Es evidente que hay una intencionalidad política en estas denuncias. Ahora bien, ¿cuál es la respuesta para dar desde el campo nacional y popular? ¿Alcanza con decir que todo es parte de una maniobra política? ¿Es correcto decir que los casos de corrupción denunciados, además de que requieren ser probados, no opacan de ningún modo las virtudes de procesos políticos que mejoraron tal vez como nunca las condiciones de vida de millones de personas? ¿No se encuentra esta última respuesta muy asociada, en el imaginario popular, al “roban pero hacen” de la década menemista?

Estas preguntas, frente a las cuales no hay sólidas respuestas, ponen en evidencia que la batalla por el sentido común sobre el tema de la corrupción se ha perdido: está instalado, por ejemplo, que el principal flagelo tiene que ver con la corrupción pública mientras que la contraparte privada queda en un segundo y relegado lugar. Asociado con ello, la solución que suele desprenderse de estos análisis es que hay que reducir el tamaño y las funciones estatales, cuando en verdad, nuestra propia historia ha demostrado que achicar el Estado significó generalmente agrandar los márgenes de discrecionalidad empresarial, o sea, abonar tierra fértil para la corrupción.

Marzo se va, el macrismo se queda. Un tercer aspecto sobre el cual se puede realizar una autocrítica es respecto de los pronósticos apocalípticos que hicimos durante el verano sobre lo que iba a ocurrir en marzo. Se dijo que la política de despidos, represión y censura del gobierno de Macri era insostenible y que, con la llegada de marzo, el conflicto social y político iba a estallar (“en marzo aparecen los gremios”, “en marzo se reabre el Congreso”, etc.). Lo cierto es que marzo se extingue, y el macrismo sigue en pie. Tuvo derrotas y victorias, muchos errores y pocos aciertos, pero sin dudas el escenario apocalíptico no se cumplió.

En una parte significativa del espacio opositor subyace la idea según la cual la presidencia de Macri no puede durar demasiado. Pesa en este tipo de análisis una especie de determinismo económico: la pérdida de derechos de grandes franjas de la población llevaría inevitablemente, en esta visión, a que el gobierno caiga. Un revival de De la Rúa.

Creemos que es hora de dejar de subestimar a una fuerza política que logró algo inédito para la derecha en la Argentina: el acceso al poder por vía democrática. No se pone en duda aquí la naturaleza del gobierno macrista, de claro signo regresivo. Pero la pérdida de derechos no necesariamente produce efectos políticos progresivos ni conduce a un estallido social. El desempleo, por ejemplo, suele generar desánimo y desorganización. Nuestra propia historia reciente así lo demuestra: la experiencia del neoliberalismo en la Argentina no duró solo dos años. Su eclosión en 2001 vino a cerrar una etapa que se había abierto 25 años atrás, en 1976.

Una Oposición responsable

El calificativo de “oposición responsable” se encuentra hoy en día estrechamente asociado con la idea de hacer concesiones al gobierno macrista. Creemos que se le puede dar otro sentido: ser responsable puede significar también hacer una oposición severamente crítica (cero concesión a los despidos, a la represión y al ajuste), pero sin renunciar a emitir diagnósticos certeros de la realidad, a elaborar juicios analíticos que se puedan comprobar fácticamente y que le sirvan al ciudadano para comprender mejor lo que le pasa en el día a día. No está de más recordar lo que le sucedió a la oposición anti-kirchnerista en gran parte del período 2003-2015: pronosticó, en forma continua, apocalipsis y catástrofes que, al no cumplirse, fortalecieron aquello que pretendían debilitar.

Aún suponiendo que el campo nacional y popular conserva aquél 49% que se expresó en el ballotage, resulta imprescindible ir en búsqueda de al menos una parte del 51% restante. Y para hacerlo, es necesario comprender que, en su mayoría, ese porcentaje de la población no solo votó a Macri sino que comparte con él una determinada visión sobre lo que ha ocurrido en los últimos doce años en la Argentina. Esto es, asume como creíble el Relato sobre la pesada herencia, los ñoquis en el Estado, la inflación, la corrupción kirchnerista, etc. Por lo tanto, si lo que se pretende es disputar ese espacio, hay que proponer nuevas articulaciones discursivas que puedan interpelar y construir una mirada integradora sobre lo que está pasando con el nuevo gobierno, que conecte con lo que ha ocurrido años atrás.

La inflación, la corrupción o el apocalipsis anunciado que no ocurrió son solo tres ejemplos de una lista que se podría ampliar. No queremos criticar desde un lugar de supuesta superioridad. No venimos a batir la justa. Creemos que hoy en día un problema de muchos militantes es que en la búsqueda de hacer autocrítica (necesaria, por supuesto), pecan de pesimismo. Así como fue nocivo ser oficialistas acríticos, no resulta productivo caer en su reverso: el opositor que se auto-flagela en forma permanente y que piensa que el macrismo es invencible.

Esta nota trata simplemente de ofrecer disparadores sobre cuestiones cuya resolución exige respuestas colectivas. La nueva etapa requiere agudizar el ingenio y la capacidad analítica para poder diagnosticar correctamente la naturaleza del nuevo gobierno, y con ello, enfrentarlo de manera exitosa.

 

La oposición al macrismo

Esta nota fue publicada originalmente en www.elloropolitico.com 

rompecaezas

Ellos, luego nosotros. El punto de partida para pensar qué tipo de oposición se puede construir es el macrismo. El sistema presidencialista, sumado al centralismo fiscal, confiere al Poder Ejecutivo Nacional el protagonismo estelar en el escenario político, además de cuantiosos recursos (económicos, financieros, políticos, simbólicos) para influir en forma disruptiva en el campo adversario. La oposición en la Argentina, o mejor dicho, las oposiciones, deben jugar en el terreno que propone el oficialismo. Por eso, se torna crucial definir la naturaleza del flamante gobierno. Aunque lleva menos de dos meses en el poder, se revelan ciertas tendencias a partir de las cuales es posible conjeturar cuál será el rumbo en los próximos cuatro años.

Estrategia a dos bandas. El macrismo pareciera operar en dos planos. Desde el punto de vista económico-social, las medidas tomadas hasta el momento son regresivas y apuntan a recomponer la tasa de ganancia del gran capital. En otra nota (Acá) sostuvimos que por ahora no se registran, más allá de casos puntuales (como por ejemplo, la puja por el valor del dólar o la disputa entre Telefónica y Clarín), conflictos estructurales entre los sectores dominantes. Ni por rubro (productivo, financiero, comercial, agrario) ni por origen (nacional e internacional) se observan diferencias en el trato que recibieron los distintos capitales: todos han obtenido su cuota de beneficios y los que parecen haber quedado relegados son más bien los de menor tamaño y, por supuesto, la clase trabajadora. La gran prenda de unidad, en tal sentido, es bajar el costo salarial. El macrismo se revela, con toda claridad, como un partido de centro-derecha, dispuesto a gobernar para las clases alta y media-alta.

El segundo plano es el político. El gobierno pretende reconfigurar la denominada grieta, no cerrarla. Las descalificaciones a los ex panelistas de 678 o llamar grasa militante a trabajadores estatales no son expresiones aisladas ni “derrapes”. Forman parte de una estrategia concebida para marginar y estigmatizar al “kirchnerismo duro”. El macrismo se para en la grieta y trabaja sobre ella, mostrando a la vez voluntad y predisposición para dialogar y negociar con el peronismo “portador sano”.

Resulta interesante observar las interacciones entre los dos planos. La estigmatización al núcleo duro K sirve para justificar el ajuste y las medidas regresivas. Los despidos en el Estado, uno de los ejes de las acciones gubernamentales, son paradigmáticos. Con esta medida, cumple varios de sus objetivos económicos y sociales: reduce el gasto público, desmantela áreas de intervención estatal a favor del mercado, fuerza a la baja las paritarias y envía señales para disciplinar al sector privado. Es el Estado poniéndose a la vanguardia de la ofensiva del capital contra el trabajo, bajo el pretexto de limpiar a los ñoquis de La Cámpora.

Los límites de esta estrategia a dos bandas quedaron expuestos con el aumento de los fondos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires. El intento de aislar al kirchnerismo duro se puso en tela de juicio con una medida que está en el ADN del macrismo: redistribuir hacia los que más tienen, en este caso al distrito porteño. Aquellas fuerzas que pueden generar dispersión en el plano político parecieran ser contrarrestadas con lo que ocurre en la esfera económica. Las paritarias preanuncian una dinámica similar.

En síntesis, los objetivos del nuevo modelo económico socavan en cierta forma la estrategia política de hacerle “bullying” al kirchnerismo y aislarlo. Al gobernar para las clases alta y media alta, deja un campo fértil para que emerja una oposición dispuesta a representar al amplio y heterogéneo conjunto que queda excluido de la Revolución de la alegría: clase trabajadora y sectores medios. Lo material, entonces, aparece como un potencial límite en el intento del macrismo por dividir y fragmentar el espacio opositor.

Las bases sociales del kirchnerismo. A lo largo de doce años, el kirchnerismo fue mayoría porque básicamente se sustentó en tres sectores sociales: clase trabajadora, franjas de la clase media y buena parte de las elites del interior (aquellas que están por fuera de la zona núcleo de la soja). En las cuatro elecciones presidenciales que se sucedieron entre 2003 y 2015 hubo, obviamente, mutaciones en los respectivos niveles de apoyo. En la última elección, por caso, la acumulación de errores y de problemas económicos, sumado a un evidente desgaste político, limaron el aporte (aunque en grado variable) de estos tres sectores (clase media y trabajadores afectados por el pago de ganancias y por el cepo, economías regionales en dificultades que restaron apoyo en las provincias, entre otros).

Aprender de los errores ajenos. Muchas lecciones se pueden extraer de la larga década kirchnerista: no solo aprender de los errores propios sino también de los ajenos. En ese período, la oposición mostró dos falencias evidentes. La primera fue su excesiva fragmentación. Decíamos antes que existen tendencias estructurales que la propician (además del centralismo fiscal y el protagonismo del Presidente, se puede agregar la desnacionalización del sistema de partidos). La segunda falencia fue la dificultad para elaborar un proyecto alternativo: gran parte de los cuestionamientos hacia el kirchnerismo estaban basados en las formas y no en el contenido. Les costó mucho a las distintas versiones opositoras definir su perfil e identidad. ¿Cómo hacer para no repetir estos errores, cuando ya hoy se encuentran dispersos los principales núcleos opositores (Gobernadores, Senadores, Diputados, sindicatos)?. Tal vez la solución pasa por enfrentar la segunda debilidad mencionada, elaborando un proyecto político alternativo al macrismo con una identidad opositora clara.

¿Hacia dónde vamos? Recapitulemos. La naturaleza de la oposición se define a partir de lo que es y hace el oficialismo. Si, como todo parece indicar, los sectores de mayor poder adquisitivo son la apoyatura fundamental del gobierno, será tarea de la oposición representar a los perdedores y caídos del modelo: sectores populares y parte de la clase media (el derrotero económico de la Argentina en los próximos años será crucial para determinar qué nivel de cooptación material puede realizar el macrismo para ampliar sus bases de sustentación social). En una reciente entrevista en Página 12, Capitanich expresó la necesidad de conformar “una centro-izquierda de base populista, progresista y no furgón de cola de un acuerdo con la derecha”. Para justificarlo, dio un argumento de peso: “Si elegimos una conducción que sea funcional al oficialismo, vamos a tener un problema de representatividad”.

Queda en disputa un sector más: las elites del interior. Urtubey aparece en el plano político como su cabeza más visible, pero no es el único: la mayoría de las provincias del Norte, por ejemplo, están en manos del peronismo. Hasta el momento las medidas económicas y fiscales del macrismo no parecen incluirlas entre sus aliados principales. Pero en este juego de fuerzas el centralismo fiscal puede tener un peso decisivo para alinear voluntades y generar un peronismo de oposición dialoguista y negociador con el gobierno central. Esta tercera pata de lo que fue el kirchnerismo durante doce años es la que está en peligro y desde el llano será más difícil mantenerla en pie. No casualmente, más de la mitad de los doce Diputados que rompieron con el bloque del FpV provienen de la región norteña.

Para concluir. El macrismo tiene su base social en las clases alta y media-alta. Desde el punto de vista ideológico, puede ser catalogado como una fuerza de centro-derecha. Nuestro argumento central es que es necesario constituir entonces una alternativa de centro-izquierda, con eje en el peronismo pero que lo exceda. Así funcionó el Frente para la Victoria durante todos estos años, representando a una clase media progresista y a enormes capas de trabajadores y sectores populares.

El macrismo significó una novedad en la historia política de nuestro país. Por primera vez, la derecha accedió al poder por vía democrática. ¿Significará ello que la Argentina pueda finalmente adquirir un formato bipartidista, con dos polos, uno de centro-derecha y otro de centro-izquierda?  Bajo un esquema de esta naturaleza, ¿qué lugar queda para aquellas fuerzas que buscan ubicarse en el centro del espectro ideológico y político? En tal sentido, ¿Sobre qué base social se sustentaría en el futuro una alternativa como la de Sergio Massa o la que pretende conformar desde el peronismo Urtubey? ¿Tendrá vida propia una propuesta de centro o será absorbida desde la izquierda y la derecha?

El progresismo vive

Esta nota fue publicada originalmente en www.elloropolitico.com

La Alianza Progresistas, que llevó como candidata presidencial a Margarita Stolbizer, tuvo un magro desempeño electoral el 25 de octubre: se ubicó en el quinto y anteúltimo lugar, con poco más de 600 mil votos (2,53%). Entre las PASO y las generales, además, perdió un punto porcentual que, según lo estimado por los colegas Ernesto Calvo y Julia Pomares, migró hacia el frente Cambiemos, liderado por Mauricio Macri.

Este resultado habilita la pregunta formulada por María Esperanza Casullo: “¿El progresismo ha muerto?”. Tras comprobar el declive electoral del progresismo en el período 1983-2015 (en el que incluye únicamente fuerzas no peronistas, como la UCR de Alfonsín; la Alianza de De la Rúa; la Coalición Cívica de Carrió; el Frente Amplio Progresista de Binnner; y Progresistas de Stolizer), la respuesta de Casullo queda plasmada en tres hipótesis alternativas, de las cuales solo la última lleva consigo el certificado de defunción: 1) Cambiemos pasó a ser una fuerza progresista; 2) Hubo voto táctico, nacido del deseo de desterrar al kirchnerismo; 3) El progresismo histórico no existe más en Argentina y se viene un liberalismo social.

En esta nota nos permitimos formular una cuarta hipótesis: en términos electorales, el progresismo goza de buena salud, aunque sus signos vitales hay que buscarlos no por fuera sino esencialmente dentro de la amplia y diversa alianza que representa el Frente para la Victoria (FpV). En dos argumentos se apoya nuestra hipótesis: 1) el progresismo se define por los valores e ideales que persigue y no por su pertenencia a una determinada etiqueta partidaria. 2) El kirchnerismo constituye una fuerza política heterogénea pero que reconoce en el progresismo uno de sus componentes fundamentales.

  1. La Identidad progresista.

Según Marcelo Leiras, el progresismo, a fuerza de sintetizar, amalgama dos ideales fundamentales: la libertad individual y una distribución equitativa de la riqueza. Su entrada a la vida política argentina se da en los años ‘80 del siglo pasado, con Alfonsín como principal referente, y tiene como uno de sus signos distintivos la revalorización del sistema democrático (y las libertades, entendidas en sentido amplio, que de él se derivan), visto como la única vía legítima para alcanzar el segundo de sus grandes objetivos, la igualdad social. El progresismo acepta el capitalismo (o al menos, no ve la posibilidad inmediata de su superación), pero se inclina por reformarlo. Estima la democracia, no sin buscar llenarla de contenido social. Y confía en el Estado como herramienta fundamental para alcanzar los equilibrios sociales que la lógica del mercado por sí sola no puede lograr. El progresismo, con estas características, puede ser ubicado en la centro-izquierda dentro del espectro ideológico argentino.

Tal descripción resulta coincidente en sus rasgos generales con la que aporta Casullo, quien, sin embargo, incorpora una categoría extra: el progresismo, sostiene, no es peronista. En este punto disentimos: desde nuestra perspectiva, el progresismo debe ser entendido por los valores e ideales que persigue y no por su pertenencia a una determinada etiqueta partidaria. En tal sentido, nos parece muy gráfica la descripción que realiza Leiras sobre el itinerario de los progresistas a lo largo del tiempo: “Apoyaron al gobierno de Alfonsín. Fueron opositores al menemismo. Participaron del breve gobierno de la Alianza y, varios de ellos, acompañaron a los gobiernos kirchneristas”.

En definitiva, aunque en sus inicios el progresismo adquirió un carácter no peronista (con Alfonsín), que será reafirmado en los años ‘90 por oposición al menemismo, dicha adscripción se ve en gran medida trastocada con el surgimiento del kirchnerismo. En ese sentido, el FpV ha retenido en todos estos años una proporción significativa de votantes progresistas.

  1. El kirchnerismo y el progresismo. 

Los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández han sabido responder al ideario progresista. Algunas de sus medidas más emblemáticas están asociadas al objetivo de mejorar la distribución del ingreso: retenciones móviles; paritarias; Asignación Universal por Hijo; inclusión y movilidad jubilatoria con la recuperación de las AFJP; etc. En esta lógica, además, el Estado ha sido concebido como una herramienta fundamental para garantizar los equilibrios sociales.

Menor reconocimiento ha recibido tal vez la agenda específica en materia de libertades individuales que el kirchnerismo ha promovido desde 2003. Sin embargo, a pesar de matices y contradicciones, existen algunas claras tendencias liberales, evidenciadas en distintas medidas y leyes, a saber: los juicios a los responsables del terrorismo de Estado; la negativa a reprimir las protestas sociales; el matrimonio igualitario; la ley de identidad de género; la ley de medios; el Nuevo Código Civil y Comercial.

La hegemonía del progresismo K

El FpV se ha instalado en el espacio de centro-izquierda y ha logrado en gran medida hegemonizar este sector. Las fuerzas políticas que buscaron ocupar ese sitial han fracasado. Algunas, como por ejemplo Nuevo Encuentro, de Martín Sabbatella, terminaron siendo absorbidas, tras intentar previamente y sin suerte, competir electoralmente por fuera.

Otras buscaron refugio en la derecha del mapa ideológico. Es el caso de Elisa Carrió quien, en una parábola casi perfecta, terminó aliada con Macri luego de haberlo enfrentado en 2003, cuando junto con el FpV apoyó la candidatura a Jefe de Gobierno del progresista Aníbal Ibarra. En ese sentido, creemos que su segundo puesto en la elección presidencial 2007 (con el 23% de los votos, detrás de Cristina Kirchner) fue producto de haber atraído el voto opositor al gobierno (y no tanto el progresista).

Algo similar puede haber ocurrido con Hermes Binner, quien también obtuvo el segundo puesto en la elección presidencial de 2011. Una parte importante de su caudal electoral en aquél año provino, según intuimos y mostramos en el cuadro siguiente, de Eduardo Duhalde, un candidato de centro-derecha y con un claro perfil opositor al gobierno. Los 6 puntos porcentuales que pierde Duhalde de las PASO a las generales, son, probablemente, los 6 que gana Binner.

PASO Generales Diferencia
Binner (FAP)

10,18%

16,81%

+ 6,63%
Duhalde (Frente Popular)

12,12%

5,86%

-6,27%

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Blog de Andy Tow.

 

En síntesis, nuestra hipótesis es que el progresismo no ha muerto en la Argentina. Lo que ocurrió es que ha sido hegemonizado en gran medida por el kirchnerismo y las distintas fuerzas políticas que han intentado disputarle ese espacio (la centro-izquierda del espectro ideológico) han fracasado: o bien terminaron integrándose al FPV; o giraron a la derecha del espectro y su base electoral, por ende, pasó a ser, en lo fundamental, un voto opositor al gobierno y no progresista.

Con este marco interpretativo, es posible entonces plantearse una serie de interrogantes respecto de la elección presidencial 2015. Al respecto, el pobre rendimiento electoral de Margarita Stolbizer, ¿significa la muerte del progresismo o se debe en cambio a que el voto opositor ha sido captado en forma mayoritaria por Macri y Massa? Podría suponerse que el kirchnerismo, una vez más, retuvo gran parte del voto progresista. Ahora bien, ¿Qué explica el declive del FpV, respecto de las dos elecciones presidenciales anteriores? ¿En qué medida votantes progresistas pudieron haber preferido otras opciones (FIT, voto en blanco, incluso la propia Stolbizer), por considerar que Scioli no satisfacía el perfil “progre”? Y si esto último ocurrió, finalmente, ¿Cuánto de este voto puede recuperar el FpV, pensando en el ballotage, si el que está enfrente es Macri?

Turismo proselitista: ¿a dónde viajaron los candidatos?

(Esta nota fue originalmente publicada aquí)

Los sistemas electorales no solo condicionan la forma en que votamos, sino también las estrategias de campaña de los candidatos. Al respecto, en Estados Unidos, producto de un sistema que contempla, en muchos distritos, la regla de mayoría simple en circunscripciones uninominales y colegio electoral, los aspirantes a la Casa Blanca se enfocan en los Estados denominados “pendulares”, es decir, aquellos en los que suele existir paridad entre republicanos y demócratas, y, por ende, el resultado está dominado por la incertidumbre. Ohio y Florida son dos ejemplos: allí los candidatos concentran gran parte de sus actividades proselitistas. Otros Estados, por el contrario, caen literalmente en el olvido: como siempre gana el mismo partido, los candidatos apenas visitan esos lugares.

Nuestro país posee un sistema electoral distinto: el Presidente se elige en distrito único, por lo que cada voto, en principio, vale uno. Sin embargo, producto de las asimetrías poblacionales, es disímil el peso electoral que tiene cada provincia en el padrón nacional. Así, se dice habitualmente, que para ocupar el sillón de Rivadavia es necesario triunfar en la provincia de Buenos Aires. Además, como el tiempo y los recursos económicos no son infinitos, los candidatos privilegian ciertos lugares en desmedro de otros.

Resulta indudable entonces que el itinerario realizado forma parte de las estrategias de campaña que asume cada contendiente. En virtud de ello, hemos analizado el recorrido que hicieron los tres candidatos principales (Daniel Scioli, del FPV; Mauricio Macri, de Cambiemos; y Sergio Massa, de UNA) a lo largo del país durante 75 días, es decir, desde el 10 de agosto -el día después de las PASO-, hasta el 23 de octubre –fecha de inicio de la veda electoral[1]-.

A continuación, presentamos una síntesis con los datos más importantes.

El recorrido electoral de los candidatos, por Distrito y por Región:

SCIOLI MACRI MASSA
DISTRITOS VISITADOS (sobre un total de 24) 14 18 16
LOS TRES DISTRITOS MÁS VISITADOS Buenos Aires (60) Buenos Aires (22) Buenos Aires (33)
CABA (22) CABA(20) CABA (8)
Córdoba(4) Córdoba y Santa Fe (8) Córdoba (6)
REGIÓN MÁS VISITADA Centro Centro Centro
REGIÓN MENOS VISITADA Cuyo y Patagonia Cuyo Patagonia
Fuente: Elaboración propia en base a información de las cuentas oficiales de twitter y sitios Web de los candidatos, y de diarios nacionales (Página 12, La Nación y Clarín).


Los distritos elegidos por los candidatos, un balance:

El recorrido dentro de Buenos Aires, por Municipio y por Región:

SCIOLI MACRI MASSA
VISITAS A BUENOS AIRES 60 22 33
MUNICIPIOS VISITADOS 32 23 21
MUNICIPIO MÁS VISITADO LA PLATA MAR DEL PLATA TIGRE
SECCIÓN ELECTORAL MÁS VISITADA 1 3 1
SECCIÓN ELECTORAL MENOS VISITADA 7 1 6 Y 7
Fuente: Elaboración propia en base a información de las cuentas oficiales de twitter y sitios Web de los candidatos, y de diarios nacionales (Página12, La Nación y Clarín).

Buenos Aires, la madre de todas las batallas

Algunas Conclusiones

Los viajes y actos que los candidatos realizan durante la campaña a lo largo y ancho del país revelan aspectos fundamentales de sus estrategias electorales. Del relevamiento efectuado, se desprenden similitudes y diferencias en el destino elegido por los tres principales candidatos presidenciales.

Al respecto, el centro (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos) fue la región preferida, mientras que la Patagonia y Cuyo quedaron relegadas. Resulta evidente que el peso electoral ha sido un factor decisivo en esta selección. Buenos Aires representa casi el 40% del padrón nacional; mientras que las otras provincias que integran la zona centro casi un 30%, muy por encima de lo que significan Cuyo (7%) y la Patagonia (6%).

El poco peso electoral puede explicar, probablemente, la poca presencia de los tres candidatos en algunas de las 11 provincias que el 25 de octubre no solo elegirán Presidente sino también Gobernador, a saber: Catamarca; Santa Cruz; La Pampa; y San Luis.

Existe además una coincidencia entre Scioli, Macri y Massa difícil de soslayar: los tres distritos que eligieron como sus destinos preferidos son los mismos y se dan en idéntico orden: Buenos Aires, CABA y Córdoba.

Otro factor que parece haber sido determinante en el itinerario es el resultado de las PASO y en función de ello, las expectativas de mejorar la performance en las elecciones generales. Basta mencionar dos ejemplos contrapuestos: en Córdoba, provincia que visitaron con cierta frecuencia los tres candidatos, se esperan variaciones en los resultados del 25 de octubre al quedar fuera de competencia De la Sota (una especie de distrito pendular, usando la terminología estadounidense). San Luis, en cambio, parece ser uno de los distritos olvidados, ya que los actores estiman un triunfo seguro de Rodríguez Saá.

Cabe resaltar, finalmente, que se observa una diferencia importante entre Macri y los otros dos candidatos. En efecto, el líder del PRO fue el que más distritos recorrió (18), y en cambio, prefirió no hacer tantas incursiones a la provincia de Buenos Aires. Aunque no forma parte del análisis efectuado en esta nota, todo indica que la estrategia consistió en que sea la candidata a gobernadora, María Eugenia Vidal, quien asuma mayor protagonismo.

Scioli y Massa, por el contrario, concedieron gran importancia a la provincia de Buenos Aires. En territorio bonaerense, por último, los dos privilegiaron la primera sección; y en cambio, relegaron al último lugar a la séptima sección (aquí Macri fue quien obtuvo más votos en las PASO).


[1] Aclaraciones metodológicas. La presencia en un distrito fue computada siempre y cuando el candidato haya participado en un evento público. Se han relevado las cuentas oficiales de twitter de Scioli (@danielscioli); Macri (@mauriciomacri) y Massa (@SergioMassa). Además, Scioli y Massa informan sobre sus actividades en sus sitios Web (http://www.danielscioli.com.ar/; y http://sergio-massa.org/). Finalmente, se realizó un monitoreo de los diarios Página 12, La Nación y Clarín.

[2] El 14 de octubre Scioli se reunió con la Gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci. En distintos medios fue difundida la reunión pero no se informó sobre el lugar del encuentro.

Lo que no se dijo en el Debate Presidencial

Este post fue escrito originalmente aquí

Había transcurrido más de una hora de debate, cuando Sergio Massa sorprendió al auditorio con un curioso pedido: “El candidato Scioli creo que nos faltó el respeto a todos no viniendo (…) lo que pido es que los segundos que me quedan sean de silencio”.

Probablemente, haya sido uno de los momentos más álgidos de la noche del domingo 4 de julio. La ausencia de quien lidera las encuestas, la fijación de reglas sumamente estrictas y el poco riesgo que decidieron correr los candidatos en sus intervenciones, conspiraron contra la calidad del debate presidencial. En ese contexto, es lógico que haya sobresalido, por su espectacularidad, lo que por norma constituye un verdadero sacrilegio para la televisión: un largo silencio de 15 segundos que Massa profirió en horario prime-time.

Este gesto tuvo mucho de show mediático pero evidenció que los silencios hablan, y más cuando contrastan con discursos que parecen estar subordinados en exceso a lo que dictan los asesores y el marketing. Tras el debate, proliferaron análisis sobre las fortalezas y debilidades de lo dicho por cada uno de los candidatos. En esta nota hemos decidido adoptar un enfoque distinto aunque complementario, basado en las omisiones y silencios de los dos principales contendientes -Mauricio Macri y Sergio Massa- sobre ciertos tópicos relevantes (una suerte de lo que Althusser denominó “lecturas sintomáticas”).

En el siguiente cuadro aparecen algunos temas en los que ninguno de los dos candidatos hizo mención a lo largo de las casi dos horas de exposición. Para su mejor comprensión, se encuentran divididos de acuerdo con los cuatro ejes en los que se estructuró el debate.

Desarrollo Económico y Humano Conflicto con los Fondos Buitre Abuso de posición dominante (monopolios, oligopolios) Extranjerización de la economía Reestatización de YPF y Aerolíneas Argentinas
Educación e Infancia Asignación Universal por Hijo
Seguridad y Derechos Humanos Desaparición de Julio López Gatillo fácil Situación carcelaria AMIA Nisman Aborto
Fortalecimiento Democrático Ley de Medios Servicios de inteligencia Cadena Nacional

¿Cómo interpretar los silencios?

La exclusión de estos temas refleja no solo aspectos significativos de las estrategias discursivas de los candidatos, sino también ciertos rasgos de la forma en que se construye y ordena el debate político en nuestro país, a saber.

El peso de los medios de comunicación en el discurso político. Algunos temas no tratados parecen indicar que el discurso de los candidatos se encuentra en plena sintonía con la agenda que imponen los medios de comunicación. En materia económica, por ejemplo, no hubo una sola mención al problema de los abusos de posición dominante (monopolios, oligopolios, formadores de precios) o de la extranjerización de la economía. En contraste, la inflación o la reforma del INDEC fueron temas señalados en forma recurrente. Algo similar puede afirmarse con respecto al eje seguridad y derechos humanos: no se hizo referencia, por ejemplo, a los casos de gatillo fácil, a la situación en las cárceles (sobrepoblación, violencia) o a la desaparición de Julio López.

La inmediatez e inestabilidad de la agenda mediática y política. Otros temas sobre los cuales los candidatos tampoco decidieron hablar (Caso AMIA, la muerte del fiscal Nisman, los servicios de Inteligencia) han tenido, en algún momento de 2015, un lugar preponderante tanto en la agenda mediática como en el discurso de gran parte de la dirigencia política. Aquí se pone de manifiesto la fragilidad e inestabilidad de esta agenda: los temas se suceden unos a otros sin solución de continuidad. Problemáticas que parecen ser en algún momento de suma relevancia quedan rápidamente eclipsadas y son reemplazadas por otras. Esta inmediatez y velocidad ocurre en los medios de comunicación pero es replicada y seguida por gran parte de la clase política.

Un consenso en torno a ciertas políticas kirchneristas. Finalmente, se destaca en el debate la omisión sobre una serie de políticas públicas implementadas durante la larga década kirchnerista, como por ejemplo, la reestatización de YPF y Aerolíneas Argentinas, la Asignación Universal por Hijo, o el conflicto con los Fondos Buitres. Cabe decir que estas medidas cuentan en general con un amplio apoyo social. Dos hipótesis alternativas pueden formularse entonces respecto del silencio de los candidatos sobre dichas políticas: o están de acuerdo pero quisieron acentuar su perfil opositor; o están en contra pero eligieron callar por conveniencia electoral.

Otras omisiones significativas

Ausencia de referentes políticos. Massa no hizo alusión, en todo el debate, a Perón o a Evita, ni a su condición de peronista. Lo mismo puede afirmarse de Macri: no se refirió en ningún momento, por ejemplo, ni a Frondizi ni al desarrollismo (a la luz de los últimos acontecimientos, tal vez habría que aclarar que tampoco dijo nada sobre el peronismo). En la misma línea, es digno de resaltar que ninguno de los dos mencionó al Papa Francisco

Macri no habló de inversiones. En el primer eje temático, Desarrollo económico y humano, habló poco de la cuestión económica y su discurso estuvo dirigido, fundamentalmente, a la cuestión social (pobreza, exclusión, empleo). Ni en ese eje, ni en otra parte del debate habló de atraer inversiones. Aunque puede resultar extraño en un dirigente que muchas veces se definió a sí mismo como desarrollista, evidencia su decisión de resaltar su costado social en desmedro de su perfil empresarial.

En conclusión, se ha dicho mucho sobre los temas que fueron parte del debate. Aquí elegimos un camino distinto, centrado en los silencios y las omisiones pues, desde nuestra perspectiva, son verdaderos síntomas no solo de las estrategias discursivas adoptadas por cada uno de los candidatos sino también de la forma en que se configura el debate político en la Argentina.

Operación Fraude: la lucha contra los “populismos” latinoamericanos

A partir de las elecciones en Tucumán realizadas el último 23 de agosto, dirigentes opositores y algunos medios de comunicación han insistido en la posibilidad de fraude en los comicios presidenciales del 25 de octubre próximo.

Esta estrategia, centrada en cuestionar la legitimidad del voto popular, no es aislada ni novedosa, ya que encuentra antecedentes en otros países de la región, como por ejemplo en Venezuela, Brasil y Bolivia. Las denuncias de fraude, como se verá, se basan en supuestas anomalías ocurridas durante el escrutinio, o bien, son de carácter más genérico y apuntan a irregularidades producidas antes, durante y después del acto eleccionario.

Venezuela

El 7 de octubre de 2012 fueron las elecciones presidenciales en Venezuela. Hugo Chávez fue reelecto con el 55,07% de los votos, superando a Henrique Capriles, que obtuvo el 44,31%. La diferencia entre ambos candidatos fue clara: 11 puntos, es decir, más de 1.600.000 votos. Chávez además se impuso en 22 de los 24 Estados del país.

En ocasión de aquellos comicios, el periodista argentino Pedro Brieger estuvo en Venezuela y tuvo acceso a un documento confidencial elaborado por la oposición, llamado “Avalancha” (http://www.vientosur.info/IMG/pdf/AVALANCHA_2012.pdf), y que había sido difundido entre la gente de Capriles e invitados extranjeros.

Brieger alertó que ese documento formaba parte de un intento opositor para instalar la idea de un posible triunfo de Capriles. El objetivo primero era influir directamente en el resultado electoral. De hecho, el documento comienza con esta declaración: “Estoy convencido que Henrique Capriles Randonski ganará los comicios del 7 de octubre por más de 1.5 millones de votos”. Y casi enseguida, agrega: “La gente no vota por el ganador. La gente vota por el que cree que va a ganar”.

Un segundo objetivo, también precisa Brieger, era denunciar fraude en caso de que las elecciones dieran ganador a Chávez por estrecho margen. Leopoldo López, coordinador nacional del Comando Venezuela y uno de los principales dirigentes opositores, declaraba de modo ambivalente antes de la elección: “Una cosa es que el Gobierno quiera preparar un fraude, algo que no nos consta, y otra cosa muy distinta es que pueda ejecutarlo”.

Las expectativas generadas por la difusión de encuestas que ubicaban a Capriles como ganador servirían para alimentar, tanto en la sociedad venezolana como en el exterior, la idea de que el chavismo había manipulado y alterado los resultados. De hecho, en las semanas previas, los medios interpelaban con frecuencia a dirigentes chavistas sobre si estaban dispuestos a reconocer el resultado en caso de una derrota.

Dichas expectativas fueron reforzadas en el documento “Avalancha”, con la idea de que el chavismo estaba terminado (una especie de declaración anticipada de Fin de Ciclo): “Llegamos a la elección presidencial del 7 de octubre de 2012 con un escenario plagado de circunstancias, eventos y escenarios ocurridos a lo largo de los últimos 8 años, la mayoría contrarios al Chávez”. Avalando esa hipótesis, en el documento se cita una encuesta según la cual “el 80% de la sociedad venezolana rechaza el comunismo”. Este tipo de análisis, en el que los deseos se confunden con la realidad, suelen dar pie a las sospechas de fraude una vez que los resultados electorales no son los esperados.

De la operación participaron no solo dirigentes venezolanos sino también medios de comunicación y políticos extranjeros. Al respecto, el diario español ABC publicó el día de los comicios un estudio de boca de urna en el que Capriles aparecía primero con porcentajes casi idénticos a los que proyectaba el documento “Avalancha”.

Proyección de resultados, según “Avalancha”

“El grupo de empresas que otorgan a Capriles la victoria con una diferencia de 655.902 votos, estipulándole una votación de 7.273.511 votos (50,9%) versus 6.7094.802 votos de Chávez (47,6%). El poco margen de desplazamiento, 1,6% es decir 221.492 votos, llevaría la votación de Capriles a 7.450.704 votos (52,1%)”.

Boca de Urna ABC, difundido el 7 de octubre:

Capriles: 51,3%; y Chávez 48,06% (http://www.abc.es/20121008/internacional/abci-primeros-sondeos-venezuela-201210080050.html).

Cabe recordar que un grupo de opositores argentinos viajaron a Venezuela para la elección, confiados en el triunfo de Capriles. Estuvieron, entre otros, Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo y Federico Pinedo. Los tres hicieron público su optimismo en las redes sociales (incluso puede observarse que Bullrich difunde números muy similares a los de ABC y Avalancha en su cuenta de twitter: https://twitter.com/patobullrich/status/254597083745640449).

 

La Operación Avalancha no tuvo el éxito esperado. Chávez logró un triunfo cómodo y con una diferencia tal que a la oposición no le resultó factible instalar denuncias de fraude.

Sin embargo, tras la muerte de Chávez, el 14 de abril de 2013 se realizaron nuevamente elecciones en Venezuela. En esa oportunidad, el candidato oficialista Nicolás Maduro se impuso a Capriles por un margen estrecho: 50,61% a 49,12%. Capriles desconoció el resultado. Denunció ante el Consejo Nacional Electoral la existencia de al menos 3.500 irregularidades cometidas en el acto electoral y pidió el recuento de votos, petición apoyada, entre otros países, por Estados Unidos y España. Los reclamos opositores llegaron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, instancia en la cual solicitaron la anulación y la realización de nuevas elecciones.

Fuentes Consultadas:

 

Brasil

El 26 de octubre de 2014, la candidata oficialista Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, se impuso en la segunda vuelta a Aécio Neves, del PSDB, por una diferencia de 3 puntos (54,50% a 51,04%), es decir, aproximadamente 3,5 millones de votos, cifra exigua, especialmente si se tiene en cuenta que Brasil tiene alrededor de 115 millones de votantes.

En dicha elección, Neves, el candidato derrotado, pidió al Tribunal Superior Electoral “una auditoría especial” del resultado de los comicios. La demanda se sustentó en la existencia de denuncias expresadas en las redes sociales, en las que “los ciudadanos brasileños vienen expresando la desconfianza en cuanto al cómputo de votos y a la infalibilidad de la urna electrónica”. La solicitud no apuntó al recuento de votos, sino a evitar “teorías” sobre un hipotético fraude. Hubo, por otra parte, manifestaciones de ciudadanos brasileños denunciando fraude, pidiendo recuento de votos y solicitando la intervención de los militares. Por último, en virtud de la coyuntura política argentina, no es superfluo mencionar que Brasil aplica el voto electrónico.

Fuentes Consultadas

Bolivia

El 12 de octubre de 2014 se realizaron elecciones presidenciales en Bolivia. El candidato del MAS, Evo Morales, obtuvo la re-reelección con el 61,36%, frente a Samuel Doria Molina (Frente de Unidad Nacional), con el 24,23%.

Tras las elecciones, uno de los candidatos derrotados, el ex presidente Jorge Quiroga (PDC), convocó al arco opositor a presentar en forma conjunta una denuncia internacional ante la OEA y la ONU por supuesto fraude electoral a favor de Evo Morales: “El gobierno destruye las instituciones independientes, Evo Morales es responsable, él está buscando dos tercios, él está montando los fraudes, él ha estado repartiendo dinero, él ha trasladado policías y militares, por eso, si queremos detener esta acción pido recopilar denuncias, presentemos una denuncia internacional”.

Ya antes de las elecciones, el 9 de octubre, Carlos Sánchez Berzain, ex ministro del Interior de la Nación, había anticipado fraude: “La elección de Evo será nula, porque su candidatura es ilegal. Han manipulado la identificación personal, hicieron aparecer más de 500.000 votantes, alterado el padrón, remplazaron las cortes electorales imparciales por empleados designados por el Gobierno que están a su servicio, modificaron el mapa electoral, cambiaron la ley a su conveniencia y en las zonas rurales suplantarán el voto secreto por el voto comunitario bajo coacción”.

Fuentes consultadas:

 

Lo analizado en esta nota permite observar una estrategia similar en los últimos años por parte de ciertos sectores opositores en Argentina, Venezuela, Brasil y Bolivia, que consiste en poner en duda la legitimidad del voto popular. Sea premeditado o no, en su intención de mancillar o condicionar a un gobierno en particular están afectando la legitimidad del sistema democrático en su conjunto.

Diferencias entre el escrutinio provisorio y el definitivo

Las elecciones a Gobernador en Tucumán realizadas el 23 de agosto pusieron en agenda el tema del fraude electoral en la Argentina. La quema de urnas, el robo de boletas, y la alteración de telegramas y actas electorales fueron los principales argumentos de la oposición no solo para desconocer el resultado sino también para alertar sobre un posible fraude en octubre, en la elección presidencial.

Además de reclamar por la boleta única, los cuestionamientos de la oposición apuntan especialmente a la forma en que se realiza el escrutinio provisorio, en el que participa el Poder Ejecutivo y el Correo Argentino.

En ese marco, interesa aquí analizar las diferencias en los porcentuales de votos obtenidos por las principales fuerzas políticas, entre el escrutinio provisorio y el definitivo, en el período 2003-2015. Cabe decir que el provisorio no tiene valor legal, y se confecciona en base a los telegramas que arman los presidentes de mesa y distribuye el Correo. El escrutinio definitivo, por su parte, es realizado por la Justicia Electoral en base a las actas y es el único resultado válido y legal.

 

Diferencia Escrutinio Provisorio-Definitivo, 2003-2015

Año Agrupación / Candidato Escrutinio Provisorio Escrutinio Definitivo Diferencia
PASO 2015 FPV 38,41% 38,69% + 0,28%
Cambiemos 30,07% 30,10% + 0,03%
UNA 20,63% 20,56% -0,07%
 
2011 Cristina Fernández 53,96% 54,11% + 0,15%
Hermes Binner 16,87% 16,81% -0,06%
Ricardo Alfonsín 11,15% 11,14% -0,01%
 
PASO 2011 Cristina Fernández 50,07% 50,24% + 0,17%
Ricardo Alfonsín 12,17% 12,20% + 0,03%
Eduardo Duhalde 12,16% 12,12% -0,04%
 
2007 Cristina Fernández 44,92% 45,29% + 0,37%
Elisa Carrió 22,95% 23,04% + 0,09%
Roberto Lavagna 16,89% 16,91% + 0,02%
 
2003 Carlos Menem 24,36% 24,45% + 0,09%
Néstor Kirchner 22% 22,24% + 0,24%
Ricardo López Murphy 16,34% 16,37% + 0,03%

 

Algunas conclusiones que se desprenden del cuadro anterior:

 

Fuentes Consultadas:

 

Del odio al amor, un solo PASO

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Las PASO están de moda. Instauradas a nivel nacional en 2009 a través de la ley de Reforma Política, en estos seis años han logrado superar la desconfianza y las críticas iniciales para convertirse en la actualidad en una herramienta ampliamente valorada.

De hecho, en 2015 la mayoría de los partidos políticos aspiran a dirimir sus candidaturas a Presidente apelando a este mecanismo. Las PASO fueron ganando lugar, además, en el ámbito sub-nacional: ya son 11 las provincias, más la Ciudad de Buenos Aires, que recurren a dicha modalidad (es decir, más de la mitad del total, teniendo en cuenta que Corrientes y Santiago del Estero no eligen este año Gobernador).

Pareciera que, más allá del signo político y del nivel de gobierno del que se trate, existe un amplio consenso a favor de las PASO. Dicho consenso pone en tela de juicio dos críticas  opositoras vertidas durante el tratamiento legislativo de la Reforma Política, allá por 2009: ser un traje a medida del Gobierno y, derivado de ello, estar destinadas a no perdurar en el tiempo. En tal sentido, es interesante reflexionar sobre las razones por las cuales las PASO siguen vigentes y son reivindicadas –discursivamente o en la práctica- por gran parte del espectro político.

Cabe recordar que fueron dos los objetivos, al menos formalmente declarados, los que motivaron su instauración. El primero fue democratizar las estructuras internas de los partidos políticos: se argumentaba, no sin razón, que las candidaturas eran decididas por las cúpulas partidarias y que era necesario darle mayor poder decisorio a los ciudadanos. El segundo objetivo era contribuir a limitar la fragmentación del sistema partidario argentino (para ello, se estableció un umbral del 1,5% para competir en las generales).

El primer objetivo se cumplió gradualmente. Si bien en 2011 y en 2013, salvo raras excepciones, los partidos presentaron lista única, la experiencia exitosa de UNEN en Ciudad de Buenos Aires en las legislativas de 2013 parece haber marcado un punto de inflexión. En efecto, el FpV, el macrismo en alianza con la UCR y la Coalición Cívica, UNA (Massa y De la Sota), y el Frente de Izquierda de los Trabajadores, tienen previsto usar las PASO para definir sus candidatos a Presidente. Aunque en algunos casos ello responde a la imposibilidad de conformar una lista de consenso, entra en juego también un efecto “compulsión”: nadie quiere dejar de ofrecer a los electores buenas razones para participar en una primaria que, además de seleccionar candidatos, constituye una gran encuesta nacional, con repercusiones importantes en las elecciones generales.

En la propia evolución de las PASO, se comprueba además que los actores políticos no responden en forma automática a las nuevas reglas, sino que tardan en asimilarlas y ajustan sus comportamientos en base a la experiencia acumulada. Lo dicho se observa con nitidez dentro del FpV. En 2011 y en 2013 presentó lista única en la mayoría de los distritos. En 2015, en Ciudad de Buenos Aires, eligió un camino diametralmente opuesto (siete precandidatos), sin buenos resultados. Para las primarias presidenciales de agosto, finalmente, se encamina a una estrategia intermedia: ni lista única ni proliferación excesiva, solo dos listas fuertes que puedan polarizar y resultar atractivas para el electorado.

Con respecto al segundo objetivo, moderar la fragmentación del sistema partidario, es difícil arribar a conclusiones definitivas, aunque se pueden tomar algunos indicadores como referencia. Al respecto, entre 2009 y la actualidad hay 79 partidos políticos menos reconocidos por la Justicia (en 2009 había 656 y hoy hay 577). En esta merma, igualmente, no solo pudieron haber influido las PASO sino también los nuevos requisitos de afiliación impulsados en la misma Reforma Política (además, obviamente, de otras variables no institucionales). Donde sí se ve mayor efecto de las PASO es en la disminución de listas presentadas. Por ejemplo, en 2011 hubo 10 fórmulas presidenciales en las primarias: 3 quedaron en el camino (no superaron el umbral del 1,5%) y 7 pasaron a las generales. En cuanto a Diputados Nacionales, se puede hacer una comparación de elección a elección: en 2011, se presentaron en los 24 distritos un total de 203 listas a las PASO y 45 de ellas no superaron el 1,5%. En 2013, se presentaron 175 y 30 quedaron por debajo del 1,5%. En definitiva, aún con la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en las elecciones 2015, hasta el momento, el efecto reductor se ha cumplido.

En resumen, el balance de las PASO no puede ser más alentador: pese a los pronósticos en contrario, no solo se han mantenido vigentes a nivel nacional, sino que cumplieron con los objetivos formalmente propuestos, y además, gradualmente, distintas provincias han hecho suya esta herramienta.

Sin embargo, cabe señalar que las primarias tienen algunos problemas y consecuencias negativas que merecen atención. En primer lugar, tornan más acuciante el problema del financiamiento político. Son una elección más y por ende los gastos se multiplican. No se quiere argumentar aquí, como los voceros de la “anti-política”, que la democracia es cara. Se hace hincapié en que la creciente dependencia económico-financiera de los candidatos y partidos es un problema para la democracia en su conjunto. En ese sentido, cabe decir que la estatización de la propaganda electoral en televisión y radio (instaurada también con la Reforma Política) es un buen instrumento pero insuficiente, pues no ha morigerado sustancialmente los gastos en los que incurren los partidos en tiempos de campaña, ni tampoco ha habido mayor transparencia en el manejo de recursos financieros electorales.

En segundo lugar, las PASO tienen el problema de alimentar el internismo y personalizar aún más la política. En tercer lugar, representan una suerte de penalización para el afiliado partidario, pues se lo iguala en su derecho al voto (para elegir candidaturas) con el ciudadano “ordinario”, que no tiene ningún tipo de participación dentro del partido político.

Para concluir, las PASO han logrado revertir la desconfianza inicial y hoy en día son reivindicadas por gran parte del arco político. Además, han cumplido, en alguna medida, los objetivos para los cuales fueron implementadas. Sin embargo, no hay que idealizarlas. Tienen algunos problemas que merecen ser incluidos en un análisis más global sobre la utilización de esta herramienta. Así como pueden resultar un efectivo remedio para democratizar las estructuras internas partidarias y evitar o paliar al menos la fragmentación del sistema partidario, suscitan otros problemas vinculados con la calidad democrática, como por ejemplo, la equidad y transparencia en el financiamiento electoral, la personalización de la política, y la dilución de la figura del militante partidario.

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Yo soy loro

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El ejercicio de la memoria es la mejor forma de evitar que la vorágine de los acontecimientos nuble el entendimiento. Frente a las dudas, sospechas y múltiples conjeturas que aún genera la muerte del fiscal Alberto Nisman, conviene hacer una pausa y rebobinar para entender mejor la película. Las voces de los protagonistas pueden ofrecer valiosas claves interpretativas pero se pierden –muchas veces interesadamente- en la avalancha informativa. Repetirlas cual Loro puede constituir entonces un valioso aporte.

En esa dirección, conviene en primer lugarcomparar los dos ejes principales de la denuncia del fiscal Nisman contra la Presidentacon lo que se dijo cuando se firmó el Memorándum de entendimiento con Irán. Como se verá, gran parte de lo denunciado por el fiscal no constituye ninguna novedad y fue discutido y en cierta forma rebatido en aquél momento.

¿Granos por petróleo?

“¿Qué llevó a Cristina a cambiar su posición frente a Irán? Algunas versiones indican que habrían influido los intereses comerciales, pero es poco creíble porque el comercio con Irán no tiene el volumen para semejante giro”. Morales Solá, 28 de enero de 2013.

“Así como la dictadura rompió el bloqueo comercial impuesto a la Unión Soviética por la invasión a Afganistán, vendiéndole cereales, ¿podría ahora el país hacer algo parecido con Irán a cambio de petróleo y de financiamiento?Sergio Berensztein, 3 de febrerode 2013.

“El comercio entre la Argentina e Irán estuvo prácticamente inactivo hasta 2006. Las exportaciones argentinas no registraban movimientos significativos hasta ese año, a partir del cual comenzaron a crecer notablemente”.Martín Dinatale, 4 de febrero de 2013.

“Las cuestiones económicas no pueden prevalecer con las que tienen que ver con los valores de justicia y verdad”. Ricardo Alfonsín, 27 de febrero de 2013.

“Se ha hablado mucho de los granos, y quiero decir que debemos estar demasiado atentos en los próximos tiempos a las banderas que entren a descargar petróleo en nuestros puertos. Estamos en una situación complicada, se somete a esta causa a necesidades financieras porque el pago de las facturas por importaciones petroleras sigue siendo muy costoso para nuestra economía y hay que buscar sanearla.”.Margarita Stolbizer, 27 de febrero de 2013.

“Quienes dicen desde otras fuerzas políticas que el objetivo es económico no tienen en cuenta que quienes defendieron históricamente la reapertura de las relaciones económicas con Irán fueron los de la Alianza en el 2000, con el argumento de que había cambiado el gobierno de Irán”. Daniel Filmus, 18 de febrero de 2013.

“No puede haber interés económico. Hay sanciones económicas impuestas por las Naciones Unidas de las cuales Argentina es suscripta, que impiden el comercio con Irán más allá del que ya se está realizando que es en granos. Y eso no lo hace el gobierno argentino.Lo hacen empresas privadas que nunca recibieron ni siquiera una carta de la AMIA y de la DAIA pidiéndole que no lo hagan. Yo le pedí que no lo hagan”. Héctor Timerman, 18 de febrero de 2013.

“¿Por qué aumentó el comercio con Irán? ¿Por qué exportamos más granos? Antes exportábamos cero porque Irán había impuesto un boicot a las compras argentinas. Entonces cuando ellos levantaron el boicot, las cerealeras argentinas empezaron a venderle”. Héctor Timerman, 18 de febrero de 2013.

 Alertas Rojas

“El objetivo de Irán era que Interpol no buscara a sus ministros. El objetivo de Argentina no era ninguno. Cristina y Moreno querían inversiones para solventar una exclusión mundial de inversiones. Este cambio de estrategia es gravísima, y además, el Gobierno les entregando la impunidad a los iraníes”. Elisa Carrió, 12 de febrero de 2013.

“El artículo 80 de las normas de Interpol dice que si Interpol considera que no hay razones puede dejar sin efecto las notificaciones. Si vamos con un acuerdo con Irán, tranquilamente puede levantar los pedidos de captura”. (Gerardo Morales, 14 de febrero de 2013).

“Me parece que está claro que es para levantar las alertas rojas que tiene Interpol”. Victoria Donda, 27 de febrero de 2013.

“Si gana el Gobierno, será una nueva derrota. Porque después de la aprobación viene el levantamiento de las órdenes de captura de Interpol contra los iraníes. Un escándalo”. Eduardo Amadeo, 25 de febrero de 2013.

“De acuerdo con las normas aplicables, cualquier cambio en los requerimientos de captura internacional oportunamente formulados a INTERPOL desde la Argentina en relación con los graves crímenes investigados en la causa AMIA, sólo podrá ser realizado por el juez argentino con competencia en dicha causa, Dr. Rodolfo Canicoba Corral (…). Es decir que la firma del Memorándum de Entendimiento, su eventual aprobación (…) y su futura puesta en vigor no producen cambio alguno en el procedimiento penal aplicable, ni en el status de los requerimientos de captura internacional arriba referidos”. (Carta de Héctor Timerman a Ronald Noble, Secretario General de Interpol,  15 de febrero de 2013).

“La única posibilidad de que esas notificaciones se den de baja están reguladas en el Protocolo de Interpol y en el Reglamento que fija el procedimiento. En el artículo 81 se indica que es la autoridad nacional que solicitó la notificación roja la que tiene la obligación de pedir de baja cuando la misma se ha satisfecho. No hay posibilidad de que las notificaciones rojas se den de baja si el juez de la causa que investiga el atentado no presta su conformidad a la oficina nacional de búsqueda de Interpol (Argentina) que así lo comunicará a la Asamblea General antes de tomar la decisión. (Juan Martín Mena, Subsecretario de Políticas Criminales, 26 de febrero de 2013)

También merece ser recordado un debate público entre el Presidente de la AMIA en ese entonces, Guillermo Borger, y la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Frente a la advertencia del titular de la mutual judía sobre un posible tercer atentado en caso de concretarse el acuerdo con Irán, la mandataria le respondió por twitter, y mencionó a los servicios de inteligencia (se transcribe textual).

“Algunos dicen que es un paso adelante. Esto puede ser un paso adelante al precipicio. Porque si esto avanza estaríamos dando lugar a un tercer atentado muy lamentable”. Guillermo Borger, Presidente de la AMIA, 9 de febrero de 2013.

“Leo con mucha preocupación declaraciones de Guillermo Borger, presidente de la AMIA, sobre el acuerdo con Irán”. Cristina Fernández, Primer Tweet, 9 de febrero de 2013.

“Guillermo Borger, de AMIA, textual: “algunos dicen que (el acuerdo) es un paso adelante. Esto puede ser un paso adelante al precipicio”.Cristina Fernández, Segundo Tweet, 9 de febrero de 2013.

Guillermo Borger, titular de AMIA: “Porque si esto avanza ESTARÍAMOS DANDO LUGAR A UN TERCER ATENTADO muy lamentable”. Estremece”.Cristina Fernández, Tercer Tweet, 9 de febrero de 2013.

“Considero a Borger una persona respetable. ¿Qué es lo que sabe para una afirmación tan terrible? Si hubiera un atentado por el acuerdo con Irán…”Cristina Fernández, Cuarto Tweet, 9 de febrero de 2013.

“¿Quién sería el autor intelectual y material?”Cristina Fernández, Quinto Tweet, 9 de febrero de 2013.

“Está claro q nunca podrían ser los países firmantes. Serían quienes se oponen al acuerdo?Países, personas, servicios de inteligencia? Quiénes?”.Cristina Fernández, Sexto Tweet, 9 de febrero de 2013.

El último tweet de la Presidenta, a la luz de los acontecimientos actuales, adquiere suma relevancia. Involucra a los servicios de inteligencia por primera vez, y creemos, deben ser leídos en línea de continuidad con otras dos expresiones de la mandataria. La primera, nuevamente en un tweet escrito para anunciar el acuerdo con Irán: “Histórico, porque jamás permitiremos q la tragedia AMIA sea utilizada como pieza de ajedrez en el tablero de intereses geopolíticos ajenos” (27 de enero de 2013). El segundo, en un acto público el 30 de septiembre de 2014: “Si me pasa algo, miren hacia el Norte”.

 

Scioli, Macri y Massa: ¿el tiempo del desarrollismo?

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Diferentes encuestas, reproducidas con cierta insistencia en los principales medios de comunicación, señalan que Daniel Scioli (FpV), Mauricio Macri (PRO) y Sergio Massa (FR) son los pre-candidatos con mejor intención de voto para suceder a Cristina Fernández a partir de diciembre de 2015.

Curiosamente, aunque pertenecen a distintos espacios políticos, es posible encontrar en sus discursos una coincidencia significativa: los tres apelan, con frecuencia, a su vocación “desarrollista”, y de distintas maneras, toman a la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962) como fuente de inspiración para un eventual próximo gobierno.

Seamos como Frondizi

 

¿Qué fue el desarrollismo? En apretada síntesis, la política desarrollista dio inicio en 1958 a la segunda etapa del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), con el paso de una industria liviana a una pesada. Frondizi apuntó a superar la crisis crónica de restricción externa (falta de divisas) vía la atracción de inversión extranjera. Por eso, Juan Carlos Portantiero dirá que conceptualmente, el desarrollismo es el proceso de sustitución de trabajo por capital en la industria.
No casualmente, Scioli, Macri y Massa señalan que la inversión será una de sus prioridades.

Combatiendo (?) al Capital

¿Cómo atraer inversiones? Más allá de alguna frase de ocasión, ninguno de los tres pre-candidatos dice cómo hará para atraer inversiones. Resulta interesante, en ese sentido, indagar brevemente lo hecho por el desarrollismo en esta materia.


Frondizi lo hizo:

 

Las enseñanzas de la historia. Los discursos políticos son relevantes, tanto por lo que dicen como por lo que no dicen. Así, las posturas desarrollistas de Scioli, Macri y Massa, y la prioridad que le asignan a la inversión, no son, en nuestra opinión, piezas oratorias de decoración sino definiciones políticas de máxima importancia. Con la ayuda de la historia, además, es posible clarificar el sentido de estas definiciones, comprender lo que subyace en ellas y sus posibles derivaciones.

En esa dirección, se ha mencionado ya que las inversiones extranjeras promovidas por Frondizi marcaron el inicio de la segunda etapa del ISI. Aunque el impacto no fue inmediato, en el mediano plazo maduraron y dieron lugar a uno de los procesos de crecimiento más duraderos de la historia argentina (1964-1974). La economía, a decir de Eduardo Basualdo, pareció encaminarse hacia la superación del histórico problema de la restricción externa.

No es forzoso pensar entonces que la reaparición de este flagelo económico en los tiempos actuales constituye un factor decisivo para que el desarrollismo esté nuevamente de moda. Es sabido, sin embargo, que las mismas recetas, aplicadas en circunstancias históricas diferentes, pueden producir resultados distintos. Creemos, en tal sentido, que el nivel de apertura de la economía argentina constituye una variable decisiva a tener en cuenta. Por ejemplo, la industria automotriz, beneficiada por el boom inversor del frondizismo, fue uno de los puntales para comenzar a cerrar la brecha externa a mediados de los ’60, en el marco de una economía cerrada y protegida. En los últimos años, por el contrario, el crecimiento del sector automotriz, por su alta dependencia de los insumos importados y en el contexto de una economía abierta, ha sido una de las fuentes principales del drenaje de divisas.

No menos importante es remarcar que la oleada inversora del desarrollismo tuvo costos para el país (como por ejemplo, el acuerdo con el FMI, sujeto a ciertas condicionalidades), que implicaron, entre otros efectos adversos, una reducción en la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso, una caída del salario real y un aumento del desempleo. ¿Son estos resultados “tensiones propias e inevitables del desarrollo”? ¿Plantean los “candidatos desarrollistas” alguna vía alternativa para seducir al capital que no sea el sacrificio y el empobrecimiento de la clase trabajadora?

Las breves referencias históricas aquí utilizadas no pretenden ser un balance sobre la experiencia desarrollista, sino un insumo para contextualizar y tener una mejor comprensión del significado y las implicancias de los discursos políticos. En definitiva, aunque la historia no se repite, es un buen estímulo para comprender el presente e iluminar el futuro.

 

Fuentes
Basualdo, Eduardo (2006). Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Flacso, Buenos Aires.
Portantiero, Juan Carlos (1977). “Economía y política en la crisis argentina. 1958-1973”. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 39, No 2. Pág. 531-565, México: UNAM.

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Una forma de oponerse

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“Cuando el espíritu se desvanece aparece la forma”.

Charles Bukowski

“La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder”.

José Luis Aranguren

El estado de crisis en el que se encuentra el arco opositor, más que una novedad, es una constante en la larga década kirchnerista.En efecto, durante este período, el oficialismo ha logrado conservar casi sin interrupciones el monopolio de la iniciativa política, y la oposición ha tenido grandes dificultades para elaborar un programa alternativo que no sea el mero rechazo a las propuestas gubernamentales.

Lo que llama la atención no es, obviamente, que la oposición se oponga (pues cumple con ello lo que su propia naturaleza le dicta) sino el modo en que lo hace. Un repaso de los debates sobre algunas de las medidas más importantes que se han implementado desde 2003 hasta la actualidad permite identificar como rasgo común el rechazo por las formas y no por el contenido.

Este tipo de objeción formal ha presentado distintas variantes. Una de ellas es la crítica procedimental, como por ejemplo: “se hace de espaldas al Congreso”, “fue un trámite express”, “se incumplió el reglamento”. Otra variante apunta a la finalidad oculta de la medida en cuestión: “lo hizo para sacar votos”, “es solo para saquear fondos”. Un tercer tipo de objeción, finalmente,es por la ilegitimidad de quien lo propone: “en Santa Cruz nunca marcharon por los desaparecidos”, o el sentido de la oportunidad, “hay temas más urgentes”.

Sin pretender ser reduccionistas, lo que se pone en evidencia aquí es que el cuestionamiento por las formas ha sido uno de los grandes ejes estructuradores del discurso opositor. Mucho se puede especular por las razones por las cuales así ha sucedido. ¿Devela que no hay un desacuerdo tan profundo entre oficialismo y oposición? ¿O en verdad, la crítica formal es una excusa para no mostrarse en contra demedidas que gozan de amplio respaldo popular?

Como la especulación es dominio de otras artes, es preferible hacer pie firme en terreno político, donde las intenciones poco importan. En esa dirección, creemos que la crisis de la oposición se vincula principalmente con la ausencia de un programa o de un proyecto político (http://www.politicargentina.com/2014/11/30/que-te-pasa-oposicion/), y que ello se expresa cabalmente en la objeción a las formas y no al contenido.

 

 

 

Medida Opinión Autor
Derechos Humanos “Este Gobierno ha usado la causa de las Abuelas para perseguir y para tratar de perpetuarse en el poder”. F. De Narváez
“No se puede utilizar el pasado para hacer política”. N. Morandini
Cancelación Deuda FMI “Es una jugada que se hace de espaldas al Congreso”. E. Carrió
“La política de desendeudamiento es un eufemismo para pagarle al Fondo, que es una facultad constitucional del Congreso”. R.Giustiniani
Nulidad Obediencia debida y punto final “Lo hizo para sacar votos y limpiar su imagen. Nunca marcharon en Santa Cruz para pedir por los desaparecidos”. P. Walsh
“Kirchner nunca habló en la campaña electoral de que iba a hacer esto, lo cual es una señal de que no se lo proponía hacer”. L. Zamora
Estatización de AFJP “Sacada de contexto, se puede evaluar como una iniciativa a tratar, pero en el actual contexto internacional y nacional que vivimos, es sólo para saquear fondos”. E.Carrió
“Lo que se pretende hacer es una confiscación, expropiar propiedad privada sin indemnización y ello está prohibido por el artículo 17 de la Constitución Nacional”. F. Pinedo
Reforma Política “Hay reformas que son absolutamente necesarias, como la ley de medios, y como en este caso la reforma política, pero no pueden hacerse con tiempos acotados de debate”. O. Aguad
“El tema es que no forma parte de la prioridad en el marco de la agenda que hemos definido. No creemos que la gente esté caminando por las calles cortándose las venas por la reforma electoral”. G. Morales
Ley de Medios “Quieren terminar una ley de la dictadura con una metodología arbitraria, de atropello y dictatorial. Aquí ha habido un atropello. No hemos podido contar con el texto ordenado. No hemos podido discutir el articulado de este proyecto”. P.Bullrich
“La ilegitimidad de origen del proyecto se vincula con las formas y los mecanismos que se han adoptado en violación de todas las reglas establecidas por los reglamentos en cuanto a los tiempos que necesita la sanción normal de una norma”. O. Aguad
 

 

Papel Prensa

“Hay temas más urgentes, como la asignación universal por hijo”. C. Lozano
“Debemos abordar los temas que son urgentes para la gente, como la inflación y la inseguridad. Papel Prensa no lo es”. G. Milman
Asignación Universal por Hijo “La gran trampa es ese decreto de necesidad y urgencia, un proyecto cerrado que no quiere que se discuta en el Parlamento”. E.Carrió
“Que sea por ley, porque es la forma de que no sea discrecional sino un derecho”. S. Massa
Recuperación de YPF “Todos estamos de acuerdo en que el Estado tiene que participar en el manejo de los recursos naturales no renovables. Pero nos hemos olvidado de las formas”. R.Basualdo
“Pido autorización para abstenerme, porque no puedo rechazar lo que he defendido siempre, pero tampoco puedo validar con mi voto la forma como se viene a tratar este proyecto”. N. Morandini
Código Civil y Comercial  “No han cumplido el paso de legalidad que corresponde, por lo que esta sesión está viciada de ilegitimidad”. G.Camaño
“La violación de la reglas para sacar esto a los codazos pone en evidencia la groserías que integran el nuevo código”. M.Stolbizer

 

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