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La economía “Hilux” y el sube y baja nacional

En un marco de confusión, la economía argentina se adentra en el tan esperado “segundo semestre” con más sombras que luces.

La idea de este artículo es mostrar que algunas cosas suben mientras otras bajan. (Para un informe un poquito más riguroso, que surge a partir de un gráfico similar mencionado por Verbitsky en Página 12 el domingo 5 de junio de 2016, se puede cliquear acá.)

Las variables que suben son aquellas vinculadas al capital transnacional o de la renovada patria contratista, con claros ganadores: bancos, multinacionales y grandes exportadores agrícolas. Las que bajan, no casualmente, son las variables relacionadas con “la gente común”.

En el medio, por supuesto, mil grises y la emergencia de una sorda batalla de cúpula que divide a los sectores ganadores mencionados con la gran industria de exportación, que está siendo lastimada por un proceso creciente de valorización financiera que detiene la competitividad de la economía.

No por nada la campestre Toyota Hilux 4×4 es el auto más vendido del primer semestre de 2016, cuando históricamente ese lugar está ocupado por unidades de baja gama.

Hagamos un repaso por algunas variables, para mensurar un poco qué realidad estamos atravesando.

Actividad

Es imposible pensar un país mejor sin crecimiento y aún incluso con crecimiento es complicado. El crecimiento es, entonces, una condición necesaria pero no suficiente de bienestar general. Es más viable, sin que por eso sea sencillo, intervenir con políticas para el desarrollo en un país que crece que en uno que no. Desde todos los ámbitos se le pide al gobierno que sea claro con su plan económico, cosa que deslinda de la pertinencia de argumentar a favor de la necesidad de un plan, que -dicho sea de paso- implica la importancia de cierta o alguna intervención. Según el Indec, el actual, el ahora querido por todos y todas, la economía cayó en 2009, 2012 y 2014. Según ese mismo organismo, el empleo registrado sólo cayó (-1,5%) en 2009. Pero el alerta está en que en los años que van de 2003 a 2015 jamás hubo tanta pérdida de poder de compra como este año 2016 en conjunto con un ajuste del gasto público de gran dimensión.

 

Consumo

El consumo minorista muestra una caída muy fuerte, similar a 2014. Con las mismas particularidades: los electrodomésticos son los más afectados por la fuerte inflación que retrae el gasto a cuestiones más indispensables, como alimentos. La construcción sigue mayormente al nivel general, porque es un factor determinante de él. Respecto de la compra de autos se puede ver que el patentamiento se mantuvo similar al del año pasado, aunque en un contexto de aumento de importaciones del sector, mientras la producción nacional bajó.

El nivel general de consumo minorista (según CAME) bajó 9,8% en junio, acumulando una baja entre enero y junio, en relación a igual período del año anterior, de 6,4%.

Considerando que el consumo privado explica entre el 70% y el 73% del PBI, podría suponerse que esta baja de 6,4% presiona el PBI hacia una baja de 4,5%, dependiendo su resultado final de otras variables y del comportamiento del segundo semestre. No existe, no obstante, ningún fundamento actual que permita suponer una mejora de este indicador durante lo que resta de 2016.

consumo came junio 2016

Industria

La UIA señaló una caída industrial acumulada (enero – mayo) de 2,9% y una caída en mayo de 5%. O sea: cabe entender una aceleración en la caída industrial. En este sentido, y vinculado al trabajo industrial nunca está de más señalar que el trabajo industrial, y su organización, “tira a la suba” de mejoras salariales para todos los sectores de la economía.

En efecto, del análisis de las negociaciones por rama de actividad en 2015 puede verse que la distribución de paritarias por sector ubica a la industria en el primer lugar con 33,7% de las paritarias realizadas, seguida de transporte con 24,4% y servicios 15%. Esto por un lado demuestra la tracción del sindicalismo industrial sobre el total de negociaciones, pero por otro lado permite inferir que con menos industria -además de las cuestiones estructurales contra el empleo y la balanza de pagos- nos encaminamos a una mayor debilidad sindical con impacto negativo sobre el salario. Esto no es un dato menor. Y en este sentido, se puede vincular con que el salario promedio registrado perdió entre octubre de 2015 y junio de este año un 11% en términos reales.

Estado

El rol del Estado emerge como determinante en este panorama. La inversión pública que llegó a 2,5% del PBI en el período 2011-2015, no superaría 1,7% en el actual año (niveles apenas superiores a los de los 90s). A su vez el gasto público registra en el acumulado entre enero y mayo una caída real de 15% (suponiendo una inflación de 42%). Datos no menores en el contexto de una caída ya inocultable del PBI para 2016 ¿Cabe esperar otra cosa que no sea caída del producto para 2017?.

Inflación y tarifas

La inflación superó 27% para el primer semestre, superior a la inflación de todo el año 2015. El tarifazo es un factor central para explicar este shock de precios, siendo la devaluación de diciembre de 2015 el otro gran factor explicativo, compensada y contenida por la baja del consumo, que a su vez tiene relación inversa con ese shock de inflación. Como puede entenderse, estamos hablando de cuestiones procíclicas.

El desempleo, sin embargo, durante el primer semestre, y tomando informes privados de despidos, por ahora no empeoró más allá de 1% de la PEA, y no supera aún el 7%. Esto último es un dato clave y estratégico en el diagnóstico de la situación actual, en función de tomar medidas para que no se profundice la caída de la economía.

Algunas ideas para que el gobierno retome las riendas de la economía

Tal como decíamos, el hecho que la suba del desempleo aún no sea tan alta permitiría tomar medidas para dotar de sustentabilidad el empleo actual, la actividad económica y frenar el descenso en el bienestar de la población. Porque medidas que permitieran moderar la pérdida de poder adquisitivo del salario tendrían dónde canalizarse en plazos cortos.

Esas medidas deberían orientarse a mejoras para el mercado interno, siendo algunas líneas de acción posibles las mismas que llevaron el desempleo a esos bajos niveles. Por ejemplo: promover la construcción a través de líneas de financiamiento; cuidar la producción industrial a través de protecciones comerciales (poniendo especial énfasis en moderar las importaciones de sectores claves, como el automotriz y el alimenticio); bajar el costo del dinero regulando el sistema financiero (y achicando los spreads) y trabajar sobre los ingredientes que generan altos márgenes de ganancias para los bancos: la tasa de interés, la compra de Lebacs, la adquisición de títulos públicos en dólares y las operaciones con moneda extranjera (téngase en cuenta que el crédito al sector privado bajó un 5,5% en abril).

En suma, se requieren medidas que favorezcan el mercado interno y el rol del Estado para solventar el proceso económico, ya que en nuestro país que es tan proclive a actividades rentísticas, es clave un plan, cierta intervención. Estas actividades financieras y rentísticas deben ser reguladas, frenando la transferencia de recursos de los sectores populares hacia ellas e inyectando recursos en los sectores con mayor propensión al consumo.

Pero no sin control como durante los años kirchneristas. La renovada capacidad para tomar crédito y endeudarse, tanto del sector público como del sector privado, es un elemento que brinda una nueva oportunidad histórica para determinar un verdadero plan de desarrollo con énfasis en la promoción industrial de sectores estratégicos, que brinde a la Argentina el marco para crecer con inclusión, sin atentar contra la sustentabilidad.

Esto no es imposible, requiere decisión política y un poco de huevo por parte del gobierno. Además, parece la única oportunidad para que Cambiemos pueda hacer un papel aceptable en las elecciones del año que viene.

Porque si no hace nada de esto la brecha entre ganadores y perdedores se seguirá ampliando durante un tiempo largo. Y teniendo en cuenta que los ganadores son pocos y los perdedores muchos, cabe presuponer un costo electoral alto para el oficialismo.

Para sintetizar aún más: el gráfico que sigue habla por sí sólo de la… “exitosa salida del cepo”.

ganadores y perdedores jun2016

¿Cómo despolitizar la corrupción en la Argentina actual?

Ingenuidad, interés o brazos de comunicación, el caso José López, nos ayuda a pensar.

La salida debe pensarse desde el consenso para la hechura de políticas de Estado.

 

La corrupción no tiene ideología. Debe ser atacada sin discusión. Pero esto, en la Argentina, requiere una discusión muy de fondo. Porque se da la paradoja de que un corrupto del Estado popular desligitima al Estado popular, mientras que un corrupto del Estado neoliberal, también deslegitima al Estado popular. Y no es sólo el poder de los medios afines al neoliberalismo. Es una base cultural que asocia la corrupción al Estado y al Estado con el pueblo.

El enfoque que muchos medios le dan a los casos de corrupción reviste una impronta profundamente política: la corrupción de empresa aparece como una cuestión de negocios y termina analizándose en base al mérito privado, aunque esos negocios sean con el Estado, la corrupción de los funcionarios, sin empresa, en cambio sí es presentada como un robo directo a todos los argentinos. En el medio nadie habla de monopolios, de explotación de rentas, de decisiones que transfieren ingresos, de mayor o menor amistad con los bancos, que pueden esconder o exponer a cualquier individuo.

La corrupción existe desde el virreinato, y ciertamente los gobiernos que generaron una redistribución peleándose con sectores financieros transnacionales, con multinacionales o con el sector agrario, o con grandes empresas locales, difícilmente sean los más corruptos, básicamente porque se pelean con los que más plata mueven en este mundo global.

“ante todo, cuestionar la idea según la cual la lucha contra la corrupción es de carácter a-político y meramente moral. Por el contrario, la definición de lo que se entiende por corrupción y las causas de su emergencia, la preeminencia que se da a los ámbitos en que ésta se manifiesta (público o privado), y las recetas que se proponen para combatirla, son en rigor cuestiones de naturaleza eminentemente política. En tal sentido, el neoliberalismo utiliza la corrupción como un mecanismo para deslegitimar y cuestionar cualquier tipo de intervención estatal. Según esta concepción, no hay razones (económicas, sociales o políticas) que justifiquen la intervención de un Estado que, en esencia, posee una naturaleza corrupta. A partir de esta asociación entre corrupción y Estado, se comprende que la única vía a fin de eliminar o al menos morigerar este flagelo consiste en reducir al mínimo indispensable las capacidades y funciones estatales” (Astarita, 2014) (1)

En este sentido, la colocación de U$16.500 millones de nueva deuda, con un saldo de U$350 millones de ganancia para los bancos colocadores (JP, HSBC, Citi, etc), en el marco del pago a buitres, que recibieron sólo U$9.000 de esos, la destrucción de los mecanismos de regulación financiera en la Argentina, desde la desmantelación de la UIF hasta la liberalización del spread de los bancos, un gobierno que sigue colocando deuda mientras se le aprecia el peso, pero sin que los precios internos bajen del nivel alcanzado cuando el dólar llegó a $16, o tarifas que aumentan con beneficio para las empresas más que para las arcas del Estado, desprotección comercial, ajuste fiscal, contracción monetaria, una política de ingresos a la baja.

O la insustentabilidad de los flujos de la seguridad social (que permitieron llevar la cobertura de jubilaciones al 97% de los viejos) expresados en una estrategia de desguace del FGS, en el marco de una ley de blanqueo de dinero sucio son temas menores. Todo esto no reviste un análisis de connivencia entre sectores concentrados y gobierno, entre Ceos de empresas y sus ex empresas, entre amigos de bancos ahora en el gobierno y los bancos mismos, lo cual sería asimismo corrupción. Y endeudarse además deja un problema de flujos y condiciones que no se desarma descubriendo a los culpables. No se habla de esto. Para nada. De hecho, descubrir algún corrupto hace que no se hable nada de esto.

También se plantean modelos de endeudamiento para pagar aumentos de jubilaciones, lo que significa la aceptación de que los aumentos no son sustentables. Nadie viene a preguntarse cómo se va a pagar algo que crece con recursos que bajan (como consecuencia de ese mismo endeudamiento). Así las cosas, los casos de corrupción sirven para esto, para ocultar una realidad emergente donde las tensiones económicas se cortan siempre por lo más delgado.

Mientras tanto, en abril, las utilidades de los bancos crecieron 25%, el margen financiero a su vez 37% (gracias a Lebacs y otras ventajas para los bancos como la desregulación del spread), pero el crédito al sector privado bajó 5,5%. Es mucho mejor hablar de corrupción que de la evidencia de que no existe el derrame (o el goteo, tal la traducción literal).

Nelson Castro decía que acá no hubo un proyecto de inclusión, sino uno de corrupción que utilizó la inclusión para ocultar los verdaderos propósitos. Es contundente. “La constatación de una dirigencia insensible, que gobernó sin escrúpulos en un país donde el 30 por ciento de su población está bajo el umbral de la pobreza” dice Morales Solá. Leuco a su vez, afirma que la captura de José López, “en primera instancia, confirma que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner fueron los años más corruptos de la historia argentina”. Y da pena.

Porque la mayoría de nosotros no tenemos ningún amor hacía ningún funcionario, sino hacia las políticas, como las descriptas, entre muchas otras, la corrupción es enemiga número uno de un proyecto que tiene que ser amigo de la democracia, porque la construcción de la verdadera democracia indica transparencia. Hay un claro problema de fondo, hay sectores concentrados que no miran la corrupción cuando sienten que esa diferencia se hace gracias a los impuestos sobre sectores populares (esto ocurrió entre 1975 y 2003), pero cuando sienten que esa corrupción se vincula con impuestos sobre sectores concentrados se genera un tablero de persecuciones muy grande.

Así las cosas, un proyecto de redistribución debe ser el más transparente de todos, y esa transparencia incluye la construcción de consensos entre los sectores favorecidos. No se puede redistribuir a favor de los sectores más bajos, cosa que favorece a la clase media, y ponerse al mismo tiempo a gran parte de esos sectores bajos y medios en contra, algo en esa lógica no está bien. Y es infantil echarle la culpa a los medios.

Los medios juegan un rol en este capitalismo latinoamericano que estamos describiendo, pero de ningún modo cabe pensarse que son elementos centrales en esta construcción. No hay novedad, cuando el proyecto neoliberal, basado en el consenso de Washinton de los 90 en la Argentina fracasó, algunos personajes del FMI le echaron la culpa al rent-seeking antes que a las políticas de endeudamiento, explotación de rentas y exclusión.

¿Y entonces qué pasa, hay chance para la democracia de la Argentina de resolver este tema?

“Los partidos de la elite no lograron resolver los grandes temas del siglo XX. Frente a lo emergente, su respuesta fue la represión o el control tecnocrático. ¿Por qué no creer que los partidos populares pueden efectivamente “resolver” también el tema de la corrupción? ¿Qué actores, dimensiones y prácticas deben alentarse para dirigirnos en esa dirección? La pregunta central es cómo consiguen los movimientos democratizantes impedir estas prácticas. ¿De qué manera se logra un control cuando la tentación por el enriquecimiento personal a cualquier costo golpea todas las puertas incesantemente? ¿”Roban pero hacen” es el horizonte que nos podemos permitir? ¿No debe un movimiento que aspira a la justicia social efectiva crear condiciones para enfrentar este desafío?” escriben Nicolás Tereschuk Sergio De Piero,Martín Astarita y Abelardo Vitale (2)

Se puede ensayar una respuesta de fondo.

Muchos defendemos el Estado interventor porque entendemos que si en un país que es competitivo en el sector agropeacuario (sin trabajo para todos) no hay política, tampoco habrá trabajo. Y esto requiere articular con el sector agropecuario no ponérselo de culo, o por lo menos no tanto. No descubrimos la corrupción ayer. Pero como hay corruptos que son usados para tachar el rol del Estado (porque usan a esos corruptos para cambiar el gobierno y traer otro igual de corrupto pero que defiende otro rol del Estado, neoliberal en este caso) entonces nos vemos en la obligación de hablar de otra cosa. Y acá volvemos a una idea madre, la ausencia de consensos entre clases, producto de la desigualdad social que hace en sí misma procíclica la capacidad para construir consensos.

La política es generar empleo, gobernar es lograr que la gente viva mejor, pero a esto le falta una pata, generar inclusión de verdad es sobre todo convencer a los sectores poderosos de esa inclusión, “convencer” dicho en un sentido político que implica no sólo consenso, sino también algo de coerción en sentido político. Sin esta mínima cuota de consenso la inclusión puede rebotar. Pensar los consensos es la tarea a la que debe orientarse un buen gobierno, redistribuir sin ningún convencimiento por parte del tributador hace que el rebote esté siempre latente.

Si todos (todo entendido como la gran mayoría de todas las clases) estuviéramos de acuerdo con las políticas del Estado, todos estaríamos de acuerdo en perseguir a todos los corruptos sin ninguna discusión, porque sabríamos que las políticas centrales no dependen de los cambios de gobierno. Esto pasa en los países desarrollados, tienen más consenso y por consiguiente hay menos corrupción (y por este consenso menos inflación pero es otro tema), porque todos saben que serán igualmente perseguidos. No habría así blindajes financieros mediáticos para unos o de plazas llenas para otros.

La única forma de construir un Estado pensando en el desarrollo de largo plazo es tejer puentes con consensos entre distintos sectores, incluyendo a sectores que hoy no tienen representación organizada, como los sectores más pobres y sin trabajo formal. Si las políticas son de Estado, la corrupción pierde su principal protección, y esto es central, porque cada conjunto social defiende a todos sus gobernantes porque en realidad estos aparecen como un fetiche despersonalizado de su capacidad y merito, para pasar a importar más lo que representa que lo que en realidad es. Porque es sano que importe más las políticas que las personas, pero cuando no hay acuerdo con la política se señala corrupción sólo como camino para modificar la política.

Si hay (mayor) consenso en las políticas que se adoptan (o mayor sustentabilidad y menos discusión de fondo sobre ellas una vez implementadas), la corrupción gana espacio en el terreno judicial y lo pierde en el terreno partidario. Por tanto, resolver el problema de la corrupción requiere de mayores consensos intrasectoriales pero no sólo para resolver estos ilícitos, sino sobre todo en el acuerdo sobre el proyecto de desarrollo y en el patrón de acumulación de largo plazo que impulsa el Estado para el país.

 

(1) Astarita, Martín (2014): Los usos políticos de la corrupción en la Argentina en los años noventa: Una perspectiva histórica; Revista Estado y Políticas Públicas Nº 3. Año 2014. ISSN 2310-550X http://politicaspublicas.flacso.org.ar/files/revistas/1414737669_articulo-4.pdf

(2) Nicolás Tereschuk Sergio De Piero,Martín Astarita y Abelardo Vitale (2016): Caso José López, sombra de la corrupción; Revista Anfibia. http://www.revistaanfibia.com/ensayo/sombra-terrible-la-corrupcion/

La manta corta de la Argentina macrista en 2016…

Siempre que pierde alguien, alguien gana. Así funciona el sistema.

Por eso repasar un poco el quién es quién reviste un aspecto fundamental de la comprensión de la realidad. Porque eso es lo que cambia en la Argentina. Pierden los trabajadores y los sujetos de derechos monetizados y dependientes de la redistribución del Estado, gana el sector financiero, multinacionales y sectores rurales.

Otra vez la manta corta se va para el lado de los sectores más ricos de la Argentina, con la lógica y desangelada falta de cobertura sobre los más vulnerables y los trabajadores, tal como se ha vivido (¡oh, casualidad!) en los noventa.

A raíz de este mal entendido que llegó a P12 en una nota de Verbitsky sobre un post anterior de este blog (que no tenía mucha rigurosidad técnica -mezclaba variaciones intereanuales con intermensuales, etc-, porque sobre todo buscaba dar un golpe de efecto),  hice este artículo que busca profundizar la idea en cuestión.

Una versión de este post fue publicado originalmente acá, en la web del Centro Cepa.

 

Introducción

La economía siempre está en tensión. Pueden existir coyunturas externas que mejoren toda la actividad o la perjudiquen, pero las medidas internas de política económica que generan un cambio en ganancias de un sector productivo o social, generan pérdidas en otro sector productivo o social.

Como hecho trascendente cabe señalar el aumento de liquidación de divisas del sector agropecuario, el aumento de la deuda externa pública y privada, que ya se ubica en un aumento del orden absoluto de por lo menos U$28.000 millones (entre pases para el BCRA, deuda por nuevos bonos -vinculados al pago a buitres-, deuda provincial en dólares y deuda privada de grandes empresas como por ejemplo de Cablevisión e IRSA), en la otra punta de esta realidad, hallamos a los despedidos, a los jubilados y a los trabajadores que perdieron poder adquisitivo (un 11% promedio en lo que va del año); esto último se refleja en una notable baja del consumo, que es procíclica y genera un piso estructural de desempleo que sólo podrá ser modificado con el retorno de algunas de las políticas que fueron fundamento del modelo de Estado anterior a diciembre.

A continuación, se presentan algunas variables que bajan y algunas que suben en la Argentina macrista. Mientras se deposite toda la confianza en la mano invisible del mercado, no cabe esperar un cambio drástico en estas evoluciones.

Actividades que bajan

Como puede verse durante el primer trimestre de 2016, en comparación con el mismo período del año anterior, hay una considerable cantidad de variables vinculadas con la economía real que bajan.

Entre las cuales, sobresale el consumo minorista, que bajó un 4,2% en el primer trimestre. Cabe destacar que el consumo privado explica alrededor del 70% del PBI de la economía de la Argentina (el consumo público está en el orden del 10%). Asimismo, debe tenerse en cuenta que CAME señaló un descenso del consumo para mayo de 2016 de 9,2% (abril había sido 6,6%). Este dato no es menor porque se multiplica en toda la economía, sumado a un descenso del gasto público que, en tanto ambos componentes de la demanda agregada, es dable esperar un impacto en toda la actividad económica.

Esto es acompañado con una inflación para el primer trimestre de 12% (Fuente: Estudio Bein), si a eso se le suma abril y mayo, la inflación se ubica en 24,4% para los primeros 5 meses (la inflación de todo 2015 fue de 26,2% para la misma fuente).

Tanto la industria como la construcción muestran caídas. Que ampliando la mirada a abril de 2016, caen 6,7% y 24%, respectivamente (contra el mismo mes del año anterior).

Entonces, lo que estamos viendo es que lo ocurrido en el primer trimestre es una tendencia, no una cuestión puntual. Además se trata de actividades de la economía real, con lo cual tienen impacto en el trabajo que realiza la sociedad.

 

Ganancias que suben

Por otro lado, en la búsqueda de las actividades que mejoran su comportamiento, se pueden encontrar actividades vinculadas sobre todo con el sector financiero. En efecto, la ganancia de los bancos ha crecido un 62%, la formación de activos en el exterior según el balance cambiario del BCRA (concepto que identifica la fuga de capitales) creció un 89%, lo mismo que el endeudamiento. Además, como se sabe, el gobierno en abril contrajo nueva deuda en dólares por U$16.500 millones con el propósito de resolver el juicio con los fondos buitre. No es menor que luego de ello, Paul Singer denominó, en la revista Time, a Macri como el campeón de la reforma económica. Esta deuda fue colocada por grandes bancos extranjeros que hacía años no lograban ganancias por este concepto (entre ellos cabe destacar al JP Morgan, Deutsche, HSBC y Santánder).

Entre las actividades que mejoran su actividad luego de la devaluación sí existen algunas que forman parte de la economía real: los sectores del campo, vinculados a exportaciones de productos sin elaborar o con una mínima elaboración (MOA), u otras actividades industriales muy vinculadas a exportaciones, como por ejemplo, el complejo químico y la industria farmacéutica.

 

Conclusión

Se puede apreciar una transferencia de ingresos desde sectores masivos de consumo hacia actividades financieras o de bajo valor agregado, o de particular penetración internacional, esto en el marco de una incipiente transformación de la estructura productiva de la Argentina, asociada a valores de libre mercado que favorecen actividades de bajo valor agregado o bien de sobre explotación de rentas financieras, que daña asimismo a los sectores reales y transables de la producción en términos agregados.

Asimismo, se puede ver en los gráficos que la inflación quedó en ambos lados. ¿Por qué? Porque en todo lugar que un precio sube alguien gana y alguien pierde. En general, salvo que los ingresos suban más (como sí pasaba entre 2003 y 2015, y no pasa ahora), cuando un precio sube pierde el que compra y gana el que vende (esto queda en evidencia de acuerdo a las cantidades intercambiadas), por eso la inflación está en los dos lugares, porque ganan los sectores concentrados pero pierden los consumidores y las pymes.

De no variar el actual modelo propuesto por el gobierno del Ing. Macri seguirá habiendo caída por un largo tiempo. Esto a la luz de los primeros resultados empíricos, que están en coherencia con la lógica que señala que la Argentina para mejorar el trabajo y reducir la pobreza requiere una participación protagónica del Estado para transferir las ventajas comparativas del país hacia actividades que generan mayor inclusión laboral y social.

Hoy se conoce otro dato de (CAME) que indica que casi la mitad de las PyMEs se encuentran en problemas por la ingente importación de productos finales (e intermedios) y sólo un quinto ve algún alivio por la reducción de costos que resulta de estas importaciones. Sin embargo, incluso las que ven algún alivio, en la medida que no estén en el tablero del contexto inernacional, sufrirán la baja del consumo local.

Las distintas medidas de liberación de mercados y flexibilización financiera, que promueve y aplica el gobierno, sumadas a tasas de interés muy altas, no sólo enfrían la economía, además son expulsivas de mano de obra y por tanto perjudican el bienestar social. Los distintos paliativos focalizados que el gobierno aplica cuando, en el límite, ve comprometida su legitimidad, no hacen más que servir de sustento para reproducir un sistema de expropiación de cuasi rentas financieras y extractivas, entre otras.

Todo es distinto, nada es igual, pero somos siempre los mismos, que buscamos nuestro lugar…

Quiero hacer un repaso fugaz, a razón de un párrafo por movilización en las últimas 4 de ellas donde me tocó estar. Me gustaría hacer una caracterización rápida de cada una. ¿Qué estoy buscando? Ver si son el resultado de algo o el inicio de otra cosa. En ambos casos, es imprescindible puntos en común, pero para que sea el inicio de algo, requiere que sirvan de chispa hacia una nueva consciencia social, que modifique el espectro cultural y lo dote de sentido concreto, promoviendo la emergencia de actores o dirigentes de peso que sean capaz de conducir ese posible sentido común en construcción hacia un horizonte electoral.

1. 9/12/2015. Plaza de mayo. Despedida y saludo a CFK. Mucha gente, una movilización muy espontánea. Abrumadora mayoría del kirchnerismo urbano, familias que llegaron a saludar por última vez a CFK presidenta. Muchos chicos (y eso que es día laboral). En algunos lugares la gente llora. Chicos y chicas desconocidos entre sí que se abrazan como si hubiera que festejar un gol del equipo. Todos la quieren. Nadie sabe bien cómo sigue la historia, ni si tiene algún significado estar ahí. No resulta ninguna acción a partir de ese acto, es el resultado de varios años de lucha, propia o ajena. Hay una doble sensación en el ambiente: el alivio por haber llegado (no es poco) y la búsqueda de  la energía necesaria para seguir adelante.

2. 24/3/2016. Plaza de mayo, todo el día dando vueltas, menos espontaneidad que en la anterior, pero también mucha gente. Todos saben qué hacen ahí. Me cruzo con muchos funcionarios del actual gobierno, o gente que está contenta con MM. No cantan “vamos a volver”, por supuesto. La abrumadora mayoría, sin embargo, sí se siente afín al kirchnerismo o al peronismo, o a ambos, según el caso, hay emoción en algunas caras por encontrarse de vuelta ahí, en un contexto que consideran tan negativo “este tipo se enriqueció con la dictadura, está pagando a Singer, vació el Instituto de la Memoria de la Ciudad, su mejor momento no puede ser un buen momento para nosotros”, me decía un amigo. En otra charla, una señora de más de 70 años mira las columnas pasar desde la vereda: “Estoy contenta, temía que no seamos tantos como siempre, y somos más”, me decía con los ojos vidriosos, y la memoria llena de luchas políticas y más también.

3. 13/4/2016. Comodoro Py. No estaba claro qué hacía yo ahí. No estaba claro para mí, aunque entendía el significado del evento. Su importancia se fue delineando durante ese día, pero incluso mucho más durante los días siguientes. Siempre es lindo tener una excusa para ser muchos en la calle, ser el pueblo. Había algún temor de que CFK quedara detenida, me parecía infundado, la opinión pública internacional afin a la globalización financiera no va a ser muy feliz si se procesa a alguien por este tema (dólar futuro). No creo que sea la señal al capital que se quiera dar, en este momento donde se busca mostrar que la libertad del gobierno para tomar decisiones en la Argentina es absoluta. Si hoy se procesa a alguien por el dólar futuro (incluso entre los favorecidos del actual gobierno), ¿por qué mañana con un cambio de gobierno no se va a poder juzgar a quiénes fugaron divisas si es que eso genera problemas económicos? No se debe mezclar la hacienda. Aunque en este país nucna se sabe. Como fuere. Mucha gente en poco lugar, todo muy apretado, incómodo, llueve, hacen hamburgesas desde las 9:30, y hay gente que las compra. Notable. Es un acto bastante espontáneo dentro de todo, pocos micros, comparado con otras movilizaciones, algunos ex funcionarios. Es un público similar al del 9/12/2015, pero sin chicos, y con cara de culo. No se vive la alegría de otras veces, y es lógico por la ocasión. Existe aquí esa sensación permanente de conocer al otro, aunque sea la primera vez que uno lo ve en la vida. A medida que habla Cristina Kirchner se siente la bisagra, ya no es la misma del 9/12/15, el nuevo lugar está clarísimo, y ella lo asume sin dudarlo. Habrá que cómo sigue, pero sin lugar a dudas su reaparición, fue su reaparición. Para todos. Sí, y para todas, también. En todo el arco político se nota que no pasa inadvertida.

4. 29/4/2016. Independencia y Paseo Colón. Acto por el día del trabajador, contra los despidos, la inflación, y a favor de una ley que establezca la doble indemnización (o reincoporación) para frenar los despidos tanto en el sector privado como público (que ya suman 140.000 en total y son casi un punto de la PEA). Un acto distinto. Para algunos contra el neoliberalismo macrista, para otros sólo un llamado de atención con las medidas a favor del capital que van en ascensor, mienras las que son a favor del trabajo van por la escalera, o no van. Volver a un acto de Moyano. De la CGT, es fuerte. Interesante. Cada quien se emociona con lo que quiere. Yo sentía que dos grandes amigos se habían peleado en 2012 y que estaba obligado a elegir uno de los dos. Además, Moyano estaba un toque en otra (como mezclando su independencia y paseando como Colón, así, un cruce contradictorio), pero cada vez que pude durante estos años discutí a favor de no cruzar ningún límite que nos aleje del movimiento obrero. De ninguna organización de trabajadores en particular. Estos límites eran muy entendidos por los más viejos, que coincidían conmigo, y no tanto por los más jóvenes, que son más puros pero también, algunos pocos, más inocentes. Hubo algo de reencuentro entonces en esta convocatoria. Estamos más juntos. Quizá conviene estar juntos en las buenas, para cuidar el momento, pero si no te juntas en las malas, tenés que resignarte a ser otra cosa, es mezquindad y dejarte ganar por la miseria. Todos los que estábamos ahí sabíamos que esta Argentina sólo puede tener bienestar para la mayoría de su gente a partir del trabajo de todos los argentinos, no puede haber un país mejor sin trabajo, sin rutina, sin lazos sociales, sin actividad, sin cuidados a los más chicos, sin educación, para lo cual se precisan familias más fuertes, y un Estado que transfiera las enormes riquezas de nuestros país a todos los argentinos generando trabajo. Un poco lo que se hizo entre 2003 y 2015. “La unidad nos da la fuerza, la solidaridad, la cohesión” (decía Perón). Cuando iba para allá, en Belgrano y Defensa, una persona me preguntó por la plaza de mayo (raro, ¿cómo no conoces la plaza?), me fijé, era de Salta. Gente de todo el país, una jornada muy fuerte. Después presté más atención: Mendoza, Tucumán, Buenos Aires, entre otras provincias representadas en la movilización, donde había trabajadores organizados, gente suelta y también militantes que desde 2012 no se acercaban tanto a Moyano.

Y ahora qué pasa, ¿eh? Falta mucho, hay que ir despacio, pero sin pausa. El desafío es doble: contener la situación para que no empeore, pero al mismo tiempo ser capaz de demostrar que el gobierno quiere empeorarla. Es un desafío político. Como todo esto.

Cabe soñar con la unidad del movimiento obrero, con una nueva unidad. Quizá con una renovación en su dirigencia. Quizá no. De cualquier forma para que allá lugar a una alternativa fuerte, sería interesante que estas 4 movilizaciones encuentren su sentido común. Lo tiene. Pero no parece que eso sea lo que prime, por el momento. Esa construcción, ese reencuentro, depende los dirigentes que conducen. Las bases siempre están dispuestas a unirse por lo que les conviene, por formar una raíz social con representación partidaría común, en este caso. Si las distintas personas que conducen los distintos espacios están de acuerdo con ese armado, se puede lograr. La responsabilidad es de todos, y por tanto, sobre todo de quienes tienen responsabilidades legitimadas.

Nadie te pedía tanto, crack

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La heterodoxia demostró que es mucho mejor para predecir los resultados de las prácticas ortodoxas, que la ortodoxia para predecir el impacto de las medidas con las que no acuerda. Y esto se nota mucho.

Lo que está construyendo Cambiemos, a pesar de todo lo que se dice es una herencia de economía menos pujante, más endeudada, con menos industrias, y menos mercado interno. Y casi que el puente entre lo que había, y lo que quieren construir es una crisis. Una herencia verdaderamente mucho más difícil de desarmar en el futuro que la que dejó el anterior gobierno. Porque hacer es más complejo que deshacer.

Hay una primera aclaración: el concepto de ajuste es un eufemismo. Cuando se habla de ajuste (por ejemplo con devaluación y con menos gasto público) lo que ocurre es que se transfieren ingresos desde un sector más popular a uno con más ingresos. El ajuste entonces es de un sector y no de todos. De la forma inversa, cuando se realiza una distribución del ingreso, que mejora el mercado interno, no se habla de ajuste porque la clase alta nunca pierde, en todo caso, gana distinto o participa relativamente menos del ingreso.

Dólar
Si el dólar se sigue moviendo no hay incentivos a exportar, ni a importar, porque no se sabe qué se va a poder vender, ni hacia dónde conviene invertir. Detener el aumento del dólar es una política necesaria para orientar expectativas. También debe detener su baja, manejar un precio estable. No tiene sentido pensar en bajarlo, pero sí debe detenerse su aumento, quizá bajándolo unas décimas para mostrar una intención desde el gobierno.
Mientras el dólar no deje de aumentar, será motivo de presión inflacionaria. Quedó demostrado que la economía se rige por el precio oficial del dólar, en base a los volúmenes de operaciones que mueve ese tipo de cambio, y la estructura de precios relativos se establece en función del dólar que se utiliza para el comex.
Ya que se está cerrando con los buitres, una estrategia posible es esperar para tomar nuevas decisiones sobre el precio del dólar (incluso atrasando su precio real actual) hasta que se consiga financiamiento externo a tasas más bajas, esto permitirá una mejor espalda para tomar nuevas decisiones (es cierto también se podría haber esperado a que devaluar no significase pagar tanto por dólar futuro, pero los muchachos tienen que construir su propio relato, se entiende, aunque estén en las antípodas de un Estado inclusivo).
Y si la idea era generar un modelo como el de la Alianza Pacífico, tenían que pasarse en la devaluación, generando un shock tremendo y esperando que las variables se estabilicen solas en el nuevo lugar, con un dólar esperando allá arriba a que las demás variables de la economía lleguen a ese equilibrio. Esto hubiera sido muy doloroso socialmente, pero sirve como atajo para adaptar el “modelo” a uno de cuenta corriente positiva, lo que requiere un Estado monitoreando variables y algún plan de desarrollo; el otro camino es generar industria y exportaciones con mucho subisidio público y mercado interno aguardando que en algún momento las exportaciones de MOI hagan sustentable a todo el modelo, esto es de largo plazo, olvidate.

Acá no se ha hecho ni una cosa ni la otra. Lo único que se ha logrado es recomponer tasas de ganancia relativa a costa de menos cantidades vendidas en la economía doméstica.

Precios y tarifas
Los precios se han desmadrado, un poco por la devaluación y otro poco por la recuperación de ganancias de agentes formadores de precios (gracias a un Estado que lo permite, vía esa misma devaluación, quita de retenciones, flexibilización del sistema financiero, fin del seguimiento de precios, tarifazos de luz y gas, quita de promociones crediticias a PyMEs, nuevo esquema de coparticipación, fin ley antimonopolio de medios, etc).
La inflación tiene que ver primero que nada con disputas distributivas, ya que los precios asignan márgenes de rentabilidad, en su ecuación tensa con las cantidades demandadas por la sociedad. Cuando hay shocks en los precios los ingresos de los trabajadores pierden, por otro lado cuando hay mejoras distributivas, los precios suben como parte de la carrera por la apropiación del excedente (la disputa siempre es una presión a la suba, con un detalle: los trabajadores nunca llegan, porque los empresarios mueven el arco de los precios, y los grandes agentes económicos sí, como pasó en los 90s en la Argentina, en una marco de una gran concentración a favor del capital y en contra del trabajo). Un ejemplo, si en una sociedad cuya inflación es nula hace décadas, en poco tiempo un sector postergado (por ejemplo los negros y los inmigrantes en EEUU en su conjunto) logra mejoras salariales o beneficios sociales monetizables (como rebajas en planes de salud), sin dudas habría aumento de precios (de cuánto, ya es otra discusión).
Todo esto es el tablero general, después hay innumerables cuestiones meso y microeconómicos que mueven precios y cantidades. La quita de retenciones y la quita de subisidios para tarifas son dos cosas que concentran la economía, las cuales en el corto plazo generan inflación, pero ya no inercia inflacionaria, porque justamente, concentran la economía y las subas son en shock: destruyen demanda, mercado interno y por ende en un mediano plazo, de no mediar un empate salarial, cosa improbable, en conjunto con un posible aumento del desempleo, son elementos antiinflacionarios. Claro, a un costo social que te la regalo.
En este tema es fundamental, converger expectativas, buscando acuerdos entre empresas y trabajadores. Ello requiere recuperar el control del Estado sobre la voracidad capitalista salvaje y transparentar las políticas de precios. Es mentira que la confianza sea algo que permite manejar el tablero de juego de precios, salarios, poder adquisitivo, márgenes de ganancias, o pujas en general. Para manejarlo se requiere mostrar palos y zanahorias. Eso es multas, exposición mediática, acuerdos, beneficios fiscales, y discusión con los sindicatos.
Lo que se hizo hasta ahora no es poco, pero la sociedad no valida que “el mejor equipo en 50 años” tenga la mayor inflación en 14 años (en 2002 la inflación fue de 41%), y a punto de quedar a mitad de camino con la inflación de Menem en 1991 (84% de inflación), lo que sería la mayor inflación en 25 años. Acá el problema que tiene la administración de Macri es que la mirada ortodoxa sobre las variables no es comprensiva de un fenómeno como la inflación que además de ser una cuestión económica estructural, en relación al mercado interno, al gasto público y al sector externo, tiene que ver con el poder político de los actores en disputa.

 

Nivel de actividad
El manejo apresurado va a afectar mucho el nivel de actividad como consecuencia de las medidas para contener la inflación. En este punto, tomar deuda aparece como el único salvavidas, pero para que tenga sentido, esa deuda debe tener un claro trasfondo productivo, sino se corre el riesgo de avalar una fuga que repercutirá en un alto desempleo, y muchos problemas para que Cambiemos llegue con alguna fortaleza a las elecciones de medio término en 2017. La solución es no ajustar tanto, ni a nivel de gasto público, ni a nivel de salarios, ni a nivel de beneficios fiscales para sectores concentrados, ni a niveles de los montos reales de ayudas previsionales. Debe aprovecharse la deuda para mejorar el sistema productivo con base industrial, esto es, favorecer importaciones de bienes de capital pero tener control sobre la importación de bienes de consumo. Volver a algún sistema de control de importaciones (que obligue a una mayor sustitución), que no sea tan laxo como las licencias de importación no automáticas, volver a algún sistema de promoción de reinversión de utilidades. Lo que debe hacer este gobierno, es ser gradual, como no lo fue hasta ahora. Es hacer un poco de todo lo que se venía haciendo antes, mostrando algunas libertades nuevas para que nadie diga que es lo mismo al kirchnerismo (porque en ese caso, el original siempre es mejor que la copia, y también le va a ir mal). Para avanzar en estas medidas, tiene sentido esperar a cerrar con los buitres, para que ellas no entorpezcan esa negociación, y tiene sentido cerrar con los buitres siempre y cuando el Congreso establezca cerrojos y corta fuegos que eviten que se dispare la deuda por juicios del 92,4% (por ejemplo, una Ley que diga que si se dispara algún fallo en firme sobre el 92,4%, eso hace caer todo lo actuado con los buitres, o que los buitres se obligan a no litigar disparando la Rufo así se priorizan los canjes de 2005 y 2010 sobre cualquier acción legal externa futura). Además, toda la nueva deuda debe ser productiva, sin avalar ninguna valorización financiera. Esto también podría ser por Ley. Claro, eso requeriría responsabilidad de los representantes.

Tasas
Es un problema. Como puede verse todo está concatenado. Creer que no hay una cadencia entre todas las variables de la economía, y que algo se puede manejar aisladamente del resto es un error que aprovechan los grandes jugadores del sector privado para sacar ventajas (bancos, sector rural grande, multis, AEA, etc). En este momento las tasas no pueden aflojar, porque se dispararía la inflación, pero tampoco pueden ser tan altas que destruyan el finaciamiento. La cuestión de fondo es que la liberalización del sistema financiero fue un factor procíclico para la creación de una crisis que daña el consumo por un lado y favorece la dolarización por otro lado. Debe volverse a mejores controles del sistema financiero, regulando el spread, con la zanahoria de colocaciones de nueva deuda que va a generar comisiones, y bajo la posibilidad de una reforma de la ley de entidades financieras (que sin dudas es una grave herencia de todos los gobiernos que no la cambiaron).

Mercado interno
Según nuestros cálculos, en base a la evolución de un salario registrado promedio, y a la evolución de una canasta de precios ad-hoc, pero representativa y contrastada con otras canastas de consultoras privadas e índices de precios provinciales, el salario debe aumentar en marzo un 45% desde mayo de 2015, para no perder su poder adquisitivo respecto de mayo de 2015, y un 40% si se quiere empatar a septiembre pasado. Lo mismo se puede decir de las jubilaciones y AUH (que por tanto precisarían un suplemento). Regular esto, con números por abajo, implicaría menos inflación (en base a acuerdos con empresarios) pero menos mercado interno, y aumento del desempleo y la pobreza. El justo medio implica un poco y un poco.
El mejor poder adquisitivo del  salario de los últimos años se dio durante 2015, esto es un problema. Y sí, también es parte de la herencia. Pero de ninguna forma se puede decir que es algo malo, no tendría sentido. En todo caso deberá regularse un poco. Sin embargo, el shock inflacionario que se aplicó con todas las demás medidas, ha llevado el poder adquisitivo de los salarios promedios registrados a niveles propios de 2008. Nadie pedía tanto.

Inversión
Se supone que todas las medidas que se están tomando van a generar nuevas inversiones. A este paso, puede que lleguen nuevas inversiones extranjeras pero de ningún modo van a compensar las pérdidas internas para mantener la inversión bruta interna fija total. La libertad económica no promueve inversiones, promueve ingreso de capitales y especulación. La historia de Latinoamérica lo demuestra. Los capitales que ingresan del extranjero generan una fuga de igual cuantía, y eso lo pagan los pueblos con desempleo, endeudamiento y menos salarios en el conjunto de la economía. La administración tomó un montón de medidas para que lleguen esos capitales pero sin éxito, por eso ahora surgió la desesperación por endeudarse y la premura para arreglar (mal) con los buitres.

Balance de pagos. Cuenta corriente. Cuenta capital
La restricción externa es la única herencia problemática que deja el anterior gobierno, y no es algo menor. Pero tampoco era algo inmanejable. Esta restricción, como ya se dijo en otros posts, tiene que ver con un avance en ciertas variables que no es compatible con el nivel de ingreso de divisas al país. Esto, como se viene sosteniendo, se corrige en principio con interrumpir el desendeudamiento, y usar nueva deuda para apalancar una economía orientada a mayores niveles de exportaciones de valor agregado (con créditos externos para infraestructura y energía, nuclear, térmica o limpia). Esto de ningún modo lo va a hacer el mercado por sí sólo, requiere de mucho esfuerzo por parte del Estado. La gestión de una YPF que no pierda de vista el autoabastecimiento, más allá de los costos actuales también es fundamental, y sobre todo sin perder el control desde el Estado, porque la mirada estratégica de éste en función del conjunto tiene su reverso en el mercado. Que el Estado se haga cargo de nuevas empresas estratégicas, es una entelequia con el actual gobierno, pero debería tenerse en cuenta, por ejemplo, en sectores tales como el litio, etcétera.

Que sigan bajando las reservas (sin contar el Repo) es un claro indicador de que hubo apuro y equivocación al sacar el cepo. Debe presentarse como un éxito para que no caigan los postulados de la ortodoxia y la libertad económica, que no forman parte sólo de una corriente  ideológica, sobre todo son una posición política que representa intereses.

Reservas, reducción entre 10/12/2015 y 4/3/2016

reservas bcra repo

Mercado externo
La devaluación no va a generar mayores exportaciones de cantidades (porque los socios comerciales de la Argentina no están en un buen momento, veáse el caso de Brasil que devaluó y está en recesión), aunque sí puede que enfríe la economía y así mejore el saldo de cuenta corriente. Conviene detectar sectores exportadores estratégicos para fomentar agregación de valor antes de su venta al exterior, y analizar los sectores en los que se pueden sustituir importaciones. Esto se venía haciendo apresuradamente en el gobierno anterior, con poca eficiencia. Ahora se fue al otro extremo, destruyendo lo hecho en vez de mejorarlo.

Gasto público y recaudación
El déficit no es un problema, un 3% ó 4% es manejable. El problema es el déficit externo. Pero el gobienro tomó un montón de decisiones para achicar el gasto y los ingresos del Estado. Esto no es otra cosa que ajuste y concentración de la economía, cosa que daña, entonces, a los sectoes productivos más ineficientes.
Como puede verse toda la actividad de desregulación del Estado, en contraste con el gobierno anterior, genera un combo de recisión, desempleo, inflación (en el corto y mediano plazo) y concentración de la economía. Nadie pedía tanto. Montar un relato de libertad económica sobre medidas menos extremas era perfectamente posible, la literalidad de las acciones del actual gobierno respecto de su mesaje de campaña no va a ayudar a construir una Argentina más igualitaria, de hecho todo lo contrario.

Conflictividad social
A medida que se desregula la economía, se abren importaciones, se desprotege la industria, se descuidan las PyMEs, se olvidan las cooperativas, y se deja de lado una mirada planificada del desarrollo, los trabajadores empiezan un ciclo de reducción del salario real que no se sabe cuándo termina. Es pertinete pensar en nuevos acuerdos sociales. Eso obliga al Estado a ser menos lilberal. Veremos si el gobierno está a la altura de esto.

A modo de cierre

El gobierno de Cambiemos parece un gobierno sin agenda. Porque toda agenda del Estado debe apuntar a organizar los actores sociales en función de objetivos que difieren de la agenda que tienen los actores más concentrados y fuertes de la economía y la política (grandes empresas, grandes exportadores, grandes productores rurales, países extranjeros, etc), tales como un horizonte de desarrollo productivo al que no se llegaría sin el Estado. Las medidas que tomó la nueva gestión llevó el PBI de un crecimiento del 1,5% en 2015 a un proyectado de -1,3% en 2016. Como el no acuerdo con los buitres en 2014 no generó una ansiada crisis, aprovecharon su inesperada llegada al gobierno para generar una crisis que promueva el pago a los buitres. Invirtieron las premisas. Ése cambio no lo quería nadie. Hoy el Estado aparece como un árbitro entre esos actores, para que su organización entre sí no sea violenta, pero descuida su rol de organizar al conjunto de la sociedad para que el entramado productivo sea cada vez más funcional a la calidad de vida del conjunto. Donde no se establece la agenda del Estado, la resolución termina favoreciendo los objetivos de negocios de los grandes agentes económicos.

“En el lugar correcto, mi amor”

¿Por qué voy a votar a Frente para la Victoria (FpV)?

Vaya pregunta. Parece fácil, pero nos gusta ponerle palabras a las cosas. Siempre conviene decir desde dónde se habla. Yo me planto en el apoyo a las políticas de los últimos años. Seguramente con algún berretín de un desarrollo industrial sectorial no resuelto, que de hecho se nota en el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, enfermedad crónica de la Argentina. Pero ello no quita las mejoras en ingresos del conjunto social de la Argentina, sobre todo en los sectores con más necesidades. Y esto es un golazo guste o no. De hecho, es doble golazo porque a muchos sectores con poder económico e influencia política no les gusta. Y se hizo a pesar de ello. La conducción del Estado entre 1975 y 2003 se encargó de destruir todo lo logrado hasta entonces, especialmente en materia de ingresos populares, ahí se puso el hincapié en esta etapa, y ello permite poner el foco en cosas nuevas a partir de ahora, con este piso de derechos.

Entre las cosas que rescato, para decirlas en un párrafo, pero que merecerían libros, me gusta señalar la recuperación de los fondos de los trabajadores que conforman el sistema de seguridad social (ex AFJP), los 3,6 millones de AUH, para 1,8 millones de familias, las nuevas 3 millones de jubilaciones que resultan en más de 6,5 millones de jubilaciones totales (97% de cobertura), el aumento de la jubilación mínima, de las AUH, y de otros beneficios del Estado que conforman una serie de derechos conquistados para todos (aumentos que en estos casos quedan siemrpe por encima de la inflación de las privadas), las paritarias (1.800 negociaciones colectivas por año) que integran a casi 4 millones de trabajadores, pero que derraman sobre el total de los 10 millones de trabajadores registrados (6,5 privados y 3,5 públicos), el aumento de salario mínimo que derrama sobre los casi 5 millones de trabajadores informales, leyes laborales, los casi 200.000 créditos de Procrear, YPF, la recuperación del BCRA para que trabaje en conjunto con el Estado regulando al sistema financiero y no promoviendo su flexibilización, Invap, Arsat, Fabricaciones Militares, los trenes, las 1900 nuevas escuelas, los 21 nuevos hospitales, las 14 universidades nacionales nuevas, los juicios a los genocidas, el matrimonio igualitario, la Ley de SCA, la Ley de Argentina Digital, el desendeudamiento, el gasto social del Estado, la renovada capacidad del Estado para reasignar recursos, el rol de la Argentina en el concierto del mundo, millones de nuevos puestos de trabajo, el desempleo del 6,6%, el aumento exponencial de la clase media, las nuevas 200.000 empresas para conformar un país con 600.000 firmas (contra 400.000 que había en 2003, y contra las 430.000 que había en 1998), y podría seguir. No sé qué cosa puede emocionar más que todo esto a quienes tienen pretensiones de vivir un país mejor. No lo sé. Seguro que falta, seguimos siendo la Argentina, con pobreza, indigencia, lazos sociales rotos, inseguridad, pero estamos mucho mejor, y eso significó recuperar la destrucción que aconteció entre 1975 y 2003, por decisiones interesadas que se tomaron internamente en connivencia con intereses extranjeros y globales del capital.

Bueno, en ese sentido que el candidato del FpV hable de desarrollo, es un poco lo que debe plantearse y hacerse para poder sostener todo lo logrado. Las claves productivas de Scioli parecen apuntar en ese sentido. ¿Qué es el desarrollo? La mejora industrial, la mayor agregación de valor, la sustitución de importaciones, los avances tecnológicos, la investigación asociada a la producción, el aumento de la formalidad laboral, la consolidación en la distribución del ingreso, tanto de los trabajadores, como al interior de las cadenas de valor. Mucho de todo esto falta, pero no veo otro partido que pretenda resolverlo sin afectar a la baja el mercado interno, además del FpV.

El candidato del oficialismo parece proponer un tipo de cambio administrado y alto pero no tanto con protección comercial, con retenciones y mercado interno, el candidato del FR parece inclinarse por un tipo de cambio muy alto con retenciones, y algo más de apertura comercial, y el PRO parecería apuntar a un tipo de cambio no tan alto con apertura y sin retenciones. En el medio, la gran masa de trabajadores, que sin dudas, si lo anterior es correcto, quedarán más cuidados por el FpV que por otros partidos.

¿Qué se puede ver? Una gran disparidad entre los sectores que precisan al Estado y la organización social para estar incluidos y desarrollarse y aquellos sectores que individualmente podrían estar bien, y quizá mejor si no existiera la organización del resto. Los que fueron incluidos en esta etapa y los que ya estaban  de antes suelen estar en tensión. Y para dotar de complejidad a la cosa, no hay un corte que dice que un sector de estos vota todo algo, y otro todo otra cosa.

Debe recordarse que aún con mucha debilidad existen instituciones que generan que la política de gobierno dependa del voto. Instituciones de la democracia. Entonces votar la opción de la continuidad parece un criterio objetivamente coherente. Además así se genera una base de representatividad acorde. Y en el peor de los casos, construir un reclamo en base al voto. ¿Qué clase de legitimidad esperamos de un candidato al que no votamos? Es una pregunta, claro que esperamos alguna legitimidad, siempre la hay, pero legitimidad sobre qué Estado, no es todo lo mismo. Votar, apoyar, también es influir, es generar bases de representación. Entonces, si lo anterior no alcanza para entender que la continuidad está en el FpV-PJ, cabe entender que el proyecto sí está en él, aunque sea por ahora. No votarlo es esperar que el proyecto cambie sin derecho al pataleo.

En algunos años, nuestros hijos nos van a preguntar dónde estábamos en materia de ideas políticas durante el kirchnerismo. “En el lugar correcto, mi amor”, me gustaría que podamos decir.

Creo que hay mucha autocrítica pendiente, pero…

Pongamos las AUH, jubilaciones, Procrear, Fines, Procrear, matrimonio igualitario, educación, salud, la industria, el campo, la apertura, la deuda, el empleo, los créditos para el desarrollo, YPF, la construcción, el Estado y el mercado sobre la mesa. ¿Para vos la visión del FpV y de Cambiemos son similares en estos temas?

 

 

Daniel-Scioli-Nestor-Kirchner-Cristina-Fernandez

La clase media en la Argentina, y el peronismo

Pasó de una participación de 15% en 2001 a 32,5% en 2011. La data de Pew Research Center, muestra un aumento de la clase media en Latinoamérica y la Argentina en particular. Y una retracción en países de Europa, donde prima la ortodoxia convencional. La última vez que la clase media había crecido tanto fue con Perón.

Esto se vincula ciertamente con el rol del Estado. En Latinoamérica, en efecto, sus estados aprovecharon la ventaja de los términos de intercambio (de productos primarios) para redistribuir el ingreso primero, y avanzar en incipientes desarrollos industriales, despúes. La demanda efectiva aumentó. Esto mejoró los niveles de clase media tan lastimados en la etapa donde el frío neoliberal dominó el continente.

En la Argentina en particular, aumentaron salarios reales, jubilaciones, cantidad de jubilados, derechos sociales, medidas de protección comercial y aumento del empleo privado y público. Esto sin lugar a dudas, bajó la pobreza y expandió la clase media. Ésta clase de cosas, mercado interno y externo, son las que precisan los países que buscan desarrollarse, aunque no sea fácil generarlas y mantenerlas.

Al mismo tiempo se puede ver que en países donde actualmente prima una lógica neoliberal, de concentración del ingreso, la clase media ha disminuido. Este neoliberalismo, llevado adelante por la troika en Europa ha golpeado economías como las de los PIGS. Este dominio de la troka se expresa en la libertad económica sin suficiente control estatal, donde los grandes agentes de la economía transnacional aprovechan ese menor poder regulatorio del Estado para hacer negocios que de otra forma serían mucho más difíciles de hacer, cosa que concentra las economías, profundizando el poder del capital sobre los pueblos y los trabajadores, y expulsando mano de obra en función de una eficiencia productiva transnacional y no local.

En contraposición, los BRICS, con lógicas menos ortodoxas, también aumentaron su clase media.

Los datos son hasta 2011, luego de lo cual se profundizó el contraste señalado. Especialmente en la Argentina, ya que el cepo tan criticado por los sectores concentrados, logro sostener el mercado interno, evitar corridas, devaluaciones y ajustes, y contener ganancias empresarias que de otro modo hubieran sido exorbitantes y hubieran presionado con mayores posibilidades sobre el Estado y la concentración de la economía. Ahora el desafío es salir por arriba: mejorar la promoción de sectores estratégicos de la industria, sin afectar el mercado interno, buscando que con más y mejor trabajo, se siga engrosando la clase media.

(Clik en las imágenes para agrandar, más imágenes acá)

¿Hay nihilismo o eufemismo en el silencio?

“Nihilista es la persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe” Iván Turguénev

¿Qué significa el silencio? ¿Puede algún silencio ser una manifestación política? ¿A dónde apunta una marcha planteada como “Marcha del Silencio”?

No voy a ir a buscar a todos los autores que me dan vueltas en la memoria para hablar de esto. Voy a ir por un camino de argumentación propio a ver qué sale.

Los organizadores de la marcha del 18F la presentan como un homenaje al fiscal muerto. Aunque no sabemos que valores ejercidos por el fiscal están rescatando, se puede decir que si ellos quieren hacerle un homenaje desde alguna identificación personal, es absolutamente válido. Es un silencio que no es tal, entonces, significa un homenaje en función del uso y costumbres “un minuto de silencio”.

Hasta acá es perfectamente válido. Quizá los que no conocíamos al fiscal no tenemos razones para homenajearlo, y también me parece válido. Obviamente, cabe respetar a los que sí, e incluso acompañarlos en el dolor, si eso les hace bien.

Pero sigamos adelante. Este silencio no dice sólo lo que puse arriba. Este silencio apunta a despolitizar la marcha. Pero es un significante disociado del significado. Porque se ha cortado nuevamente entre los que defienden al gobierno y los que no. Los que defienden la denuncia contra la presidenta y los que no. Porque en última instancia, los organizadores afirmaron que no es personal la marcha, que algunos ni siqueira tenían el celular de Nisman. Yo, como muchos otros, defendemos las políticas de este Estado y realmente queremos que haya verdad y justicia. Y hasta diría que justamente ello es una de las razones por las cuales defendemos a este Estado, y por supuesto, al gobierno que lo organiza.

Entonces ya entra a jugar la denuncia y el contexto en la marcha, no es sólo el fiscal, promocionado por los mismos medios que promocionaban la denuncia y el contexto. Más allá de las contradicciones de la denuncia, más allá de las paradojas que envuelven el caso, de su instalación mediática, este grave hecho de nuestra democracia está siendo usado por los poderes vitalicios (visibilizados por el kirchnerismo) de nuestro sistema de actores políticos y económicos (medios, justicia, grandes empresarios, y demás actores con poder que no son elegidos por el voto del pueblo) en contra de un proyecto de gobierno.

Así, la marcha del silencio, estratégicamente organizada para la segunda quincena, promocionada por todos los medios de la oposición desde los canales de TV y editoriales de los medios gráficos, es una nueva convocatoria para mostrar que hay oposición en la calle. Porque el kirchnerismo ha ganado la calle, y algo hay que mostrar en constraste.

Y como para muestra alcanza un botón, es notable esta frase de un periodista de TN: “la marcha del ‎18F‬ no puede ser considerada una marcha política porque muchos de los que irán detestan la política”. Lo cual no clausura el debate político, por supuesto, pero lo ningunea, confunde y reorienta hacia intereses vinculados con lo que escribo en los párrafos anteriores. Justamente, se evita el debate político propiamente dicho porque de éste emerge siempre la idea de cambio, y en este contexto, por el contrario, lo que se busca es derogar el cambio. A su vez, cuanto más los temas instalados mediáticamente se alejan del verdadero debate del desarrollo y la inclusión, más se unifica y se desdibuja la oposición partidaria.

Si bien los propósitos de una mentira o de una verdad forzada (como era la denuncia a la presidenta y otros funcionarios) suena a organización para debilitar -por lo menos- al gobierno, una marcha tiene un horizonte mucho más amplio. Sin dudas que una gran parte de la población es opuesta al Estado, y sobre esto se me expresan. Lo cual está perfecto salvo por el paradójico hecho de que no lo manifiesten así. Digresión: no se trata de personas opuestas al gobierno porque no piden cambio de figuritas y continuidad de las políticas, sino que envuelven en el cambio de figuritas al cambio en las políticas (y siendo las políticas más importantes que las personas que las implementan, la omisión de este punto es prueba suficiente).

Curiosamente, hay un hilo conductor en el juicio de los buitres que en junio tuvo fallo firme, en la denuncia de Nisman, en el borrador de la denuncia que es de junio, en la oposición a los acuerdos con China, en la oposición a un Estado que reasigna recursos y piensa primero en el gasto y la inversión públicas y después en los dólares para las empresas transnacionales. Curiosa y lamentablemente, los intereses coinciden en los mismos actores.

La idea de nada, de silencio, implica la existencia de un algo, de un ruido, sino la nada no tiene punto de apoyo, si la nada no se referencia a un algo no puede ser nada. Pero si hay algo, tampoco es nada. La nada es contradictoria en sí misma.

Y lo dejamos aquí, esperando haber dicho algo.

Del laberinto macroeconómico con restricción se sale con más crecimiento

Hay varias dificultades para hablar de este tema. La primera y principal es que no estamos de acuerdo, si se miran todas la posiciones económicas y políticas que andan dando vueltas, sobre dónde estamos, y hacía dónde conviene ir.

La segunda es que los pocos que señalan, desde la oposición al gobierno nacional, un horizonte no son honestos intelectualmente sobre el impacto que ese horizonte planteado generaría en la realidad. Es decir, creen que se pueden aplicar un montón de medidas pro-mercado sin afectar la situación social. En este contexto, el gobierno nacional indica que va a buscar la forma de quedarse donde está, lo cual también requiere alguna discusión, ya que una cosa es quedarnos donde estamos en distribución del ingreso y otra es quedarnos donde estamos en desarrollo industrial, incluso es probable que sea imposible sostener la primera sin modificar la segunda.

Creo que el debate más rico no se puede dar con los que hablan de la economía del país pensando más en la disputa electoral que en el desarrollo y la realidad de la Argentina. Existe suficiente evidencia que indica que hasta 2013 el mercado interno creció, más allá del paréntesis de 2009, el año 2013 fue el de mayor mercado interno de la Argentina, quizá de su historia.

También existe suficiente evidencia que muestra el ahogo externo desde 2011: la Argentina necesita desde entonces para sus objetivos de desarrollo industrial e inclusión más dólares de los que entran.

¿Qué quiere decir esto último? Que el consumo de la población está por encima de las propias posibilidades sostenibles por la estructura productiva del país. Asimismo, esto no es tan grave en el corto plazo porque ese mayor consumo fue equilibrado: los que más avanzaron en función con 2003, respecto de su consumo, son los sectores que menos consumían (esto gracias a las políticas de distribución que consolidó el Estado). Pero no parece sostenible en el mediano plazo.

En efecto, la brecha entre deciles de ingreso individual de todo el país se redujo (de 33 veces hasta 19,6 veces entre el 10mo y el 1er decil, desde 2003 hasta 2013, y promediando las 20,1 veces en 2014), el salario real aumentó entre un 31% y un 46% (entre 2003 y 2013, según que medición de “inflación privada” se use), el desempleo bajó de más de 20% hasta 7,5%, la distribución del ingreso per cápita familiar (coeficiente de Gini) pasó de 0.525 en diciembre de 2003 a 0.413 en diciembre de 2013 (21% de mejora), y 0.418 en junio de 2014, además según la base 2004, la participación del salario en el PBI (valor agregado bruto) pasó del 30% en 2004 a 51% en 2013.

Hasta acá, cabe decir que se pudo profundizar el objetivo político de mayor redistribución del ingreso, basado en el crecimiento, hasta finales de 2013 gracias al uso de reservas. En limpio, eso quiere decir que la economía derramaba fuertemente en base al consumo de todos los sectores. Si uno se fija bien, la pata concreta de esto, se vincula con más autos en la calle, más aires acondicionados, mayor utilización de energía, mucha construcción, mucha gente que vivía con piso de tierra en su vivienda que pudo ponerle alguna carpeta de material, otra que logró abrir ventanas en su casas, más utilización de los servicios, más consumo de bienes básicos, etc. El Estado cumplió un rol central en esto. Con inversiones, con jubilaciones, con moratorias, con AUH, etc. Además promovió paritarias, promovió y cuidó el empleo.

Desde 2014 la situación ya no es tal. El mundo se planchó, bajó el comercio internacional. No hay forma de calcular que un tipo de cambio más competitivo resulte en más ventas al mundo. Además el Estado contuvo el consumo privado (aumento de tasas, etc.). Sí hay una gran claridad en que se precisan dólares para seguir invirtiendo, creciendo y promoviendo el mercado interno, porque las inversiones sostienen el empleo, y el empleo sostiene la demanda. Hay distintas formas de controlar esta situación en búsqueda de un equilibrio sostenible en el tiempo. Los distintos candidatos opositores no hacen un análisis de esto, prefieren tirar slogans “vacíos” de realidad.

Estuvimos bajo el agua, de manera que sólo estaban bien los que sabían volar (hasta 2003), luego hubo muchos que lograron andar en lancha gracias a un Estado que cambió el orden de las cosas (hasta 2008), pero luego de eso se decidió bajar el nivel del agua, de modo que los que no tenían lancha pudieran caminar haciendo pie, pero claro: las lanchas ya no andan bien entre tanta gente, y entonces los que tienen lancha se asocian con los que vuelan para volver a subir el nivel del agua. La Argentina está frente al desafío, siguiendo esta metáfora (que no me gustó tanto, ¿eh?), de organizarse para que haya más lanchas y mejor infraestructura para funcionar.

En línea con lo que decíamos por otro lado, debe buscarse la manera de vincular el crecimiento al ordenamiento de variables. De alguna forma se trata de dejar atrás la relación profunda entre crecimiento, mejora de los ingresos y redistribución del ingreso desde el Estado, para pasar a una relación superadora entre el crecimiento y la sostenibilidad del orden macroeconómico (distribución del ingreso y mercado interno, incluidos) y desarrollo industrial.

En otro post (de julio de este año) decíamos que 2014 iba a cerrar con un dólar entre $8,6 y $8,8. No por ser expertos en el tema, sino por hacer el cálculo que menos afectara a los sectores populares, y dentro de lo posible. No nos equivocamos y 2014 cerrará por ahí (suponiendo, nuevamente, que el año cerrará sin afectar más a estos sectores). En este orden de cosas, y calculando un aumento de tipo de cambio similar al de 2012 estaríamos a fines de 2015 en $10 por dólar, si calculamos un aumento similar a 2013, ese dólar llegaría a $11 (descartamos un escenario similar a 2014, con alguna devaluación). El primer escenario es el que cabe esperar para una economía que logra endeudarse a tasa aceptable para hacer obras y fortalecer sus reservas, el segundo si esto no ocurre (u ocurre de manera incipiente). Ambos escenarios, siendo optimistas y realistas en base a la capacidad de gestión demostrada por el kirchnerismo.

La Argentina tiene una larga historia de endeudamiento vinculada al ajuste. El desafío de 2015 es lograr crédito sin que esté vinculado al ajuste. Si esto es posible, ese endeudamiento demorará el aumento del dólar y permitirá un crecimiento que a su vez puede generar una expectativa de un tipo de cambio más bajo. Claro, que para que esto último sea posible (una expectativa de un tipo de cambio menos alto) no se debe profundizar la distribución del ingreso (cosa que genera inflación y empuja el valor del dólar).

Por tanto, cuatro cosas: 1. el crecimiento, acompañado con crédito externo, debe orientarse al ordenamiento de variables macro para sostener la actual distribución del ingreso (un equilibrio dado por una convergencia de variables que no cambie la fortaleza del mercado interno); 2. profundizar más la distribución del ingreso desde el Estado (como se hizo todos estos años, especialmente desde 2008) empiojaría, lamentablemente, los plazos de esa convergencia, arriesgándola; 3. en la medida que esa convergencia se vaya logrando, el mismo crecimiento e inversión podrían seguir mejorando esa distribución del ingreso (lo importante es no empeorarla, o concentrarla nuevamente), ya no como consecuencia de la redistribución desde el Estado sino como resultado del aumento de la productividad, conducido ésta, por el Estado; y 4. es fundamental que este gobierno avance en este programa, tal como viene sugiriendo, para mostrar el camino y hacer más difícil que un futuro gobierno, disculpen el pesimismo (pero mejor ser pesimista que no ser precavido), tome medidas ortodoxas con un ajuste que lastime la actividad económica y la distribución del ingreso lograda todos estos años.

Se habla mucho de que se precisan 2 años para resolver algo, 4 años para aquello, ó 10 años para lo otro. Lo que debe quedar claro, más allá de las metas temporales (que deben existir, pero no ser inflexibles, como queda claro en el párrafo anterior), es que un proyecto de desarrollo con inclusión no tiene fecha de culminación, es para siempre.

Quien nomina es quien domina: quien define, decide

Detrás de las acciones del Estado, que orientan la estructura social, productiva, económica, cultural y política de la nación, existen un montón de relaciones de poder que inciden o buscan influir en esas decisiones de acción estatal.

 

Esas relaciones de poder se entretejen de distinta manera. Se pueden mencionar tres agendas inter-relacionadas, cada una con actores preponderantes: 1) una agenda subterránea, que es manejada por las personas con alguna clase de poder (económico, político, mediático, judicial o cultural), que se dirime en distintas conversaciones entre estos actores; 2) una agenda pública, de la que se pueden extraer las principales cuestiones que giran en la sociedad, dónde la opinión pública hace hincapié, vinculada fuertemente con la coyuntura; y, 3) una agenda de gobierno que define los temas según los objetivos de gobierno con el propósito de brindar una resoluciones a esas cuestiones dentro de los intereses que sintetiza y expresa.

 

La agenda más clara de las tres mencionadas es la de gobierno, mientras que la pública es bastante diversa aunque se pueden identificar sus énfasis y prioridades en base al juego de manifestaciones públicas por distintas formas. La del poder es invisible, aunque se puede interpretar por las declaraciones de los “intelectuales orgánicos” de los grupos de poder, aquellas personas con alguna clase de injerencia en la agenda pública que representan intereses. Por su parte, el gobierno en cada política estatal refleja la definición de las cuestiones y el camino de resolución elegido, que va a retroalimentar el sistema redefiniendo la cuestión en la agenda pública.

 

Desde 2003 hasta la fecha el kirchnerismo logró instalar su definición de muchas de las cuestiones de la agenda pública. Entre las cuales sobresalen las siguientes: a) el rol del Estado en la conducción del desarrollo, orientando el accionar de los empresarios, en los distintos mercados; b) sólo un Estado con margen de acción puede influir en la distribución del ingreso, con cierto poder en el mercado para que las relaciones de poder que se concretan en éste no perjudiquen la calidad de vida de los sectores trabajadores y postergados; c) la dialéctica entre independencia económica y soberanía política conducida por el Estado, se resume en políticas estatales que fortalecen su capacidad de decidir, de cuidado del mercado interno y control creciente sobre las consecuencias de los excesos de poder de los agentes económicos; d) el empleo, su calidad, su cantidad, su salario, y el bajo desempleo, son elementos de cohesión fundamentales para que la sociedad se empodere frente a los intereses del capital; e) el fomento de la demanda agregada, del consumo y del poder adquisitivo, favorecen el empleo; y f) la integración regional fortalece la democracia interna y viabiliza el desarrollo productivo para la inclusión social en los países de la región.

 

En este sentido, y no en otro, fue que el gobierno a cargo del Estado argentino promovió el desarrollo industrial, y generó puestos de trabajo en el sector público.

 

cta corriente y desempleo

 

Entre 1991 y 2001, la industria disminuyó, en precios constantes (de 1993) un 5,8%. Mientras, entre 2004 y 2013 (a precios constantes de 2004) creció un 61,3%. En este período el total de la economía creció un 62,3% real (utilizando la base 2004). En estos años se pasó de 44.610 empresas industriales que generaban empleo registrado en 2003 a 59.200 en 2013 (número que vale admitir, se amesetó en 2011). Concomitante con lo cual, el año 2003 arrancó con 769.000 empleos industriales registrados (17,23 empleos registrados por empresa), mientras que 2013 cerró con 1.284.000 empleos industriales registrados (21,68 por empresa). No sólo hay más industrias, además crecieron (fuertemente hasta 2011). La proporción industrial pegó un salto en 2003-2005 y eso se mantuvo hasta la actualidad (en el orden del 19,5% del PBI). La proporción del sector primario sobre el PBI real también se mantuvo, o disminuyó poco.

 

Es verdad que no hubo una estrategia particular de desarrollo industrial, sino que ésta fue incluida en una estrategia más amplia de aumento de empleo, disminución del desempleo, y mejora del poder adquisitivo de la población antes que la competitividad de la economía. ¿Es esto un problema? Sí, tal como cualquier estrategia, genera algunos problemas y no otros. Especialmente por cuanto en el largo plazo, se va a sentir la necesidad de una mayor industrialización para que entremos todos, para evitar cuellos de botella generados por la falta de divisas, como es el caso histórico de la Argentina. De todos modos, este problema es mucho mejor que el que aconteció entre 1974 y 2001 de destrucción de los tejidos productivos y entre 1974 y 2003 de destrucción de los tejidos sociales.

 

Esta década tuvo como eje rector la inclusión, la recuperación de la densidad social, así el desarrollo industrial quedó incluido como una parte más de ese objetivo, e incluso por momentos amesetado (2011, 2013). En este año frío -2014- se empieza a sentir la disminución del avance industrial que se había alcanzado gracias al pasado contexto de buen comercio exterior con Brasil (automotriz sobre todo), y además surgieron algunas dificultades extra producto de un mercado interno menos dinámico. En todos los casos, la restricción externa (falta de divisas) ahoga la economía en su conjunto y es un nudo clásico en el desarrollo argentino. Que debe superarse incorporando en la agenda de gobierno la preponderancia de un mayor desarrollo industrial.

 

¿Era necesario hacer lo que se hizo? Sin dudas. ¿Puede la agenda futura ser igual? No. Debe redefinirse la cuestión socialmente problematizada de la calidad de vida, como un horizonte basado en la incorporación de un mayor desarrollo industrial, cuidando los niveles de inclusión logrados en este tiempo, pero subsumidos sus avances al desarrollo industrial, y no al revés. ¿Cómo se hace? No es fácil, pero es imprescindible. En una economía donde ese desarrollo depende mayormente del sector privado, debe consolidarse una integración entre el Estado y el privado superadora. Donde las expectativas de ganancias de cada sector, de exportaciones (sin exportaciones industriales no puede haber desarrollo industrial, y no pueden sostenerse en el largo plazo los niveles de calidad de vida de todos) generen los horizontes de estabilidad, que promuevan la inversión: buenos niveles de ganancias, pero sobre todo estabilidad de esos niveles. Tanto la expectativa de peores niveles de ganancias, como de mejores niveles, disminuyen la propensión a invertir.

 

La nueva agenda de gobierno debe incluir como punto crucial el desarrollo industrial con inclusión, en este orden. Identificando sectores estratégicos, promoviendo inversiones, montando el Estado sobre las actividades productivas con mayor posibilidad innovativa, definiendo roles y beneficios de los distintos eslabones industriales, y mejorando la calidad y la cantidad de los factores productivos. Consolidar, institucionalizar, legalizar y legitimar niveles estables de ganancias privadas en el sector industrial en el largo plazo es parte del desafío de nominación-definición actual y futuro. Después de 11 años de recuperación social, lo que sigue ya no es la industrialización en función de la inclusión social. Sino el empate. Industrialización e inclusión juntas. Pensar la Argentina sobre todo en función de la industrialización. Sin reducir el bienestar social alcanzado en este tiempo. Porque sin industria, sin exportaciones con valor agregado no alcanzan los dólares para bajar tasas de interés y promover consumo, que genera a su vez más trabajo (para decirlo en una oración). Evitar los cuellos de botella dados por la necesidad de divisas es un elemento clave para sostener las mejoras sociales.



Hay algunas verdades sobre cómo industrializar que quedan de estos años, a simple vista y sin orden de importancia:

a) el Estado interventor y conductor de la economía, de los empresarios, es mucho más eficaz para generar más industria que uno vacío, que deja hacer;

b) la administración del comercio exterior es fundamental para orientar las divisas hacia dónde más conviene;

c) atrasar el tipo de cambio no es buena idea para sostener la industrialización en el tiempo (esto último no quita que sí es buena idea para mejorar o sostener el poder adquisitivo), y no es buena porque los shocks devaluatorios que pueden suceder de ese atraso, empeoran la cosa;

d) un mercado interno fuerte es un requisito fundamental que permite, gracias al volumen, morigerar la tasa de ganancia exigida por el sector privado para invertir;

e) el Estado debe elegir algún sector estratégico que sea caballito de batalla (aunque tenga déficit comercial), e integrarlo con PyMEs y distintas regiones;

f) la integralidad de las medidas no es un concepto que vincula sólo a toda la industria, sino que incluye el sostenimiento del poder adquisitivo de los salarios;

g) reciprocidad en la articulación entre el Estado y los empresarios del sector privado que son protagonistas del desarrollo, ningún (o casi ningún) beneficio público deber ser para mejorar la tasa de ganancia, sino el volumen, o la productividad sin reducir la dotación  de empleo;

h) sistema de premios y castigos sobre personas físicas y jurídicas a cargo de la inversión (mayores ganancias por aumentos de tasa de ganancias no decididos estratégicamente por el Estado deben ser entorpecidos con algún sistema);

i) certidumbre de que la tasa de ganancia sectorial será la estipulada por la estrategia industrial del Estado, porque la expectativa de aumento o disminución inciertas en el mediano plazo inhibe inversiones;

j) encadenamientos productivos con el objetivo de sustituir importaciones;

k) concientización para que toda la sociedad acompañe;

l) hay elementos crediticios y fiscales de todo tipo (debe mejorarse aún más la regulación sobre entidades financieras, y sí, hacer más eficiente y redistributivo el gasto público -sin reducirlo porque sí-);

m) mejorar la relación entre la industria vinculada al agro, el agro y el Estado;

n) estimular la innovación y el desarrollo eficiente para promover una industria avanzada, con mayor tecnología agregada, articulada con industrias de menor nivel de desarrollo y plazo de inversión;

ñ) mejoras en infraestructura pública (energía y transporte) para mejorar competitividad;

o) articulación economías regionales, grandes empresas, PyMes, vertical en cadenas, y horizontal en diversidad de sectores;

p) empresas mixtas, promoción de clusters, etc.


El desarrollo industrial es posible. Hay algunas cosas que, en resumen deben tenerse en cuenta: el problema es de conducción de actores privados, es de praxis económica, sin Estado interventor es imposible y la tasa de ganancia sectorial debe tener absoluta certidumbre en el tiempo, porque es la manera de orientar las inversiones. Es el paso siguiente del “modelo” en un contexto donde algunos quieren retroceder. Debe superarse la falsa tensión entre la industria nacional y el bienestar popular si se quiere dar un paso hacia el desarrollo. Instalar en la opinión pública una agenda futura alejada de las libertades neoliberales es un objetivo militante, nacional y popular que forma parte de la disputa cultural por un proyecto de país que evite volver a lógicas de valorización financiera como las del pasado. Entre 2012 y 2013 decíamos que si iba a haber crisis lo fundamental pasaba porque esa crisis no la paguen los trabajadores, como siempre en la historia de la Argentina. En este 2014, vislumbrando un desorden macroeconómico (que no llega a ser crisis gracias a la acción del Estado), lo que cabe decir -ahora y no antes- es que se debe pensar el mediano plazo. La industria, la incorporación de cada vez más valor agregado en exportaciones crecientes de los sectores manufactureros, debe ponerse al frente de los objetivos de mediano y largo plazo. Entre estas dos oraciones, entre estas dos cuestiones, hay una clara tensión. El manejo de esa tensión, y no de otra, entre industrialización y bienestar social consolidará la piedra fundamental del país de las próximas décadas.

Arrancó la segunda mitad de 2014. ¿Y?

Para tomar decisiones se requiere información. En nuestro país, como en cualquier país del mundo, la información tiene una pata política. Una intención. Evidente o subrepticia. Según cómo se expongan los datos el escenario es uno u otro. En nuestro país hay intereses conservadores que miran todos los datos con una mirada ortodoxa, promoviendo cierto tipo de decisión en vez de otro. De este modo, durante 2014 se ha buscado instalar escenarios de crisis terminales que no se han verificado: devaluaciones galopantes repetidas, hiperinflación, etc. Tener consciencia de esta manipulación le otorga un poco más de aire al gobierno, que ha logrado pilotear los problemas que surgieron este año, sin caer en ninguno de los pronósticos ortodoxos. Y pilotea nuevos problemas.

La Argentina tiene problemas, casi como en cualquier momento de su historia. Los problemas son siempre racionales, más allá de las intenciones que haya detrás de cada uno de ellos, y más allá de si compartimos o no esas racionalidades. Las resoluciones también son siempre racionales. La primera pregunta que hay que hacerse es ¿el gobierno tiene control sobre la situación para conducir, contener y orientar esas racionalidades? Y se puede completar con ¿sostiene el gobierno la capacidad del Estado para manejar la situación incluso en escenarios adversos? La respuesta es que así es. Por ahora no hay dudas. Incluso en aquellos posibles escenarios adversos no hay ninguna razón, a priori, para suponer que algo se le vaya de las manos al gobierno, en términos de impacto en la economía real.

La restricción externa (entran menos dólares de los que se precisan para los objetivos de desarrollo) es protagonista de este año. El dólar oficial se encuentra en $8,2. Un 10% de aumento lo llevaría a $9.02 aproximadamente. En ese contexto se estaría habilitando cierta inflación sólo por la disputa distributiva basada en este factor, sin funcionar el tipo de cambio como ancla nominal de precios, cosa que no cabe esperarse. A principios de año (luego de la devaluación) suponíamos un dólar a $9 para fin de 2014. A la luz de lo ocurrido, no cabe esperar para fin de año un dólar muy por encima de $8,6/$8,8, bajo el supuesto (muy fuerte) que éste sirva como ancla nominal sobre los precios. Es decir, no va a subir más de acá a fin de año, que lo que subió desde la deva hasta acá. Lo ocurrido tiene que ver con una economía que no crece a la misma velocidad que el año pasado (de hecho no crece), una redistribución del ingreso que se amesetó, y por tanto, con la desaparición del componente inercial de la inflación.

Un detalle no menor, que la economía no crezca en este momento no tiene las mismas consecuencias sociales que tenía entre 1999 y 2002, cuando el bienestar social estaba por el piso y se requería mejoras para modificar esa situación crítica. Es más, ¿qué significaría volver a las tasas chinas en este contexto? O bien que los empresarios puedan conseguir una ganancia alta que mejore diametralmente el nivel de inversiones, desequilibrando la distribución del ingreso a favor de los beneficiarios de esas ganancias. O bien que el consumo se vea dinamizado con mucha fuerza provocando niveles inflacionarios (vía disputa distributiva) que podrían ser un boomerang para ese mismo consumo. Con el desempleo relativamente bajo, y salarios reales de aceptables a altos, no parece ser una buena época para propiciar/ esperar tasas chinas. Claro, vale admitir que 4% no es una tasa china y es bastante más que 0. Vamos de a poquito.

Si bien es cierto que el Estado aumentó los subsidios al consumo (vía inyecciones monetarias por abajo), y que no morigeró su gasto social, del cual dependen los sectores postergados, también lo es que el salario real, tras las paritarias, se mantiene en los niveles de 2013, o quizá descendió un poco, el consumo disminuyó o por lo menos no aumentó, y el desempleo no bajó. Este combo amesetado sumado a tasas todavía altas, ha permitido tener tiempo para equilibrar otras variables macro. Todos estos componentes hacen pensar que de acá a fin de año la inflación (que fue 15% durante el primer semestre, y 1,3% en junio, el mensual más bajo del año) va a estar conducida casi exclusivamente por la recomposición de tarifas de servicios públicos, por la quita de transferencias para subsidiarlas. En este sentido, no cabe esperar que el gobierno evalúe una nueva devaluación (que profundice situaciones inconvenientes para la mayoría, vía inflación, depresión del consumo y desempleo) y sí, en cambio, que haya deslizamientos menores en el tipo de cambio para sostener cierta competitividad (crawling-peg).

En resumen, no caben esperar shocks en la economía. Hoy ninguna variable preanuncia un shock de ningún tipo. Sin embargo, no cabe duda que los déficit de cuenta corriente que se suceden desde 2010 son un desafío para el desarrollo que requiere una solución. Y esa solución se espera que ocurra, se determine, vía la otra cuenta, la capital y financiera. ¿Por qué debe resolverse esto? Por dos razones fundamentales. La principal es que los objetivos de desarrollo económico e industrial precisan más dólares de los que entran actualmente, cosa que presiona el tipo de cambio, y si eso se concreta -sube el dólar- sobreviene inflación y menor poder adquisitivo del peso. La otra tiene que ver con equilibrar el balance de pagos para generar expectativas de solidez cambiaria y provocar la liquidación de exportaciones, reduciendo la especulación. La otra opción es cambiar esos objetivos de desarrollo, pero no parece estar en carpeta dentro del actual proyecto.

En estos años se pasó de 44.610 empresas industriales que generaban empleo registrado en 2003 a 59.200 en 2013 (número que vale admitir, se amesetó en 2011). A su vez, el año 2003 arrancó con 769.000 empleos industriales registrados (17,23 empleos registrados por empresa),  mientras que 2013 cerró con 1.284.000 empleos industriales registrados (21,68 por empresa). No sólo hay más industrias, además crecieron (fuertemente hasta 2011).

Ahora bien, ¿cómo juega la cuestión-buitre en esta discusión? ¿Cuál es el escenario?

Se ha escuchado mucho a los funcionarios repetir que no es lo mismo un default generado por una crisis, que un default generado por causas ajenas al devenir del país.  Las crisis son de la economía real, o si no, merecen ser llamadas de otro modo. Más allá de cómo se resuelva la negociación con los buitres, no cabe pensar en cambios abruptos de escenarios de corto plazo. La situación será similar a la comentada anteriormente.

El peor escenario es el de pagar la deuda buitre sin hacer ningún análisis, de tiempo y forma, y que eso genere un efecto dominó (RUFO, pari-passu y otros términos “incomprensibles” mediante) sobre toda la otra deuda, multiplicando exponencialmente el nivel de endeudamiento argentino, y condicionando la política económica. En este escenario el Estado pierde control sobre la situación macroeconómica casi por completo, y el gobierno se vería debilitado fuertemente. Este escenario es imposible, porque el gobierno se muestra interesado en evitarlo sí o sí.

En el peor escenario posible, ya pensando en el largo plazo (para el cuál se precisan dólares para mejorar el nivel de importaciones, asociadas a inversiones, y para mejorar reservas de manera tal de desestimular especulaciones cambiarias), que podría ser algo parecido a un default inducido por Griesa, sobre la deuda “holdin”, con consiguientes distintas nuevas renegociaciones, tampoco se vislumbra un cambio notable en el corto plazo. Lo más grave en este caso sería que algún país tome alguna decisión contra el comercio argentino. Pero para contradecir esto existen los numerosos apoyos internacionales. Este escenario parece que se resolvería completamente en 2015, cuando las cláusulas de empate de ofertas futuras a los holdin ya no existirán.

Ergo, puede haber problemas, pero ninguno tan grave como para perder el control. En este sentido, pase lo que pase, la situación de la deuda va a ser mucho mejor al final de 2015 que la recibida en 2003. No sólo eso. Además va a existir una buena oportunidad para seguir construyendo un país más industrial, con inclusión, gracias a la soberanía política que le permite al gobierno tomar decisiones políticas (monetarias, fiscales, cambiarias y comerciales) a favor del conjunto.

Con esto más o menos resuelto, se sigue ganando en independencia económica y soberanía política, porque se pueden tomar decisiones en el presente sin comprometer el futuro. Y para que esto sea posible es cierto que se requiere concordia, consenso, disminución de la sensación de choque inter-sectorial, y mucho Estado, para que ningún sector busque sacar ventajas lastimando a otros sectores.

Todo parece indicar, si no cambian las condiciones actuales, que el próximo gobierno va a encarar la conducción del Estado en condiciones nunca antes vistas al inicio de una gestión presidencial en la Argentina. Y esa es la mejor garantía que tiene el actual proyecto de perdurar: cuanto mejor estén las cosas menos excusas habrá para cambiarlas todas, y más consenso existirá para mantenerlas.

 

 

¿Qué significa el Congreso que organizó Clarín?

¿Qué se dijo en este Congreso?

  • Patricia Bullrich, aseguró que “esto recrea una tradición de Clarín, comprometido con el desarrollo del país”. Y el diputado Massa afirmó que es importante “un cambio de paradigma respecto a los medios de comunicación”. A su lado, Hermes Binner planteaba su “propuesta productiva, que hermana al campo con la industria”, para dejar atrás “un modelo  que rechaza a un sector productivo que debe ser atendido para mejorar el desarrollo”.
  • coincidieron en el enorme potencial del campo para seguir creciendo, y también en la necesidad de contar con un marco político e institucional que no trabe esa expansión.
  • ¿El campo está hibernando?, preguntó el periodista Daniel Fernández Canedo aprovechando una de las conclusiones a la que los especialistas habían llegado durante la mesa redonda. “El campo está parado y eso es por culpa de un Gobierno que tiene otra cultura, la cultura del petróleo. Una mentalidad extractiva y la obsesión de sacarle a un sector dinámico como el agropecuario”, respondió Sanz, según el recorte que hizo el diario en tiempo real. En la edición posterior no se guardó el tiro: “Se señala que el campo está frenado, ¿qué habría que hacer?, aguijoneó Daniel Fernández Canedo, editor de Clarín.”Cambiar el gobierno. El campo está hibernando con todas las energías contenidas porque este Gobierno viene del sur, de la cultura petrolera y ve al campo como un objeto de tributación y no de desarrollo. Habría que tener en la Casa Rosada gente que entienda los modelos productivos, soltó Sanz.
  • El diputado massista Solá expresó su preocupación por la transformación de Argentina en un país de monocultivo de soja. Recordó que cuando fue secretario de Agricultura autorizó la siembra de soja transgénica junto al actual ministro de Ciencia, Lino Barañao, pero subrayó que se había llegado demasiado lejos con un monocultivo que hacía incurrir al país en graves riesgos productivos.
  • Antes, con derechos de exportación del 20%, se habían atendido las urgencias sociales más inminentes. La mejora de los precios internacionales engolosinó a las autoridades, que fueron por todo. Casi se duplicó el nivel de retenciones, pasando del 20 al 35%. Y vino el intento del zarpazo final con la tristemente célebre Resolución 125. Un verdadero experimento que arrojó un resultado inexorable: f renar un proceso que no exhibía fisuras. El campo se paró, y el país empezó a complicarse. La Argentina necesita dólares. Y los únicos genuinos vienen de la agroindustria. A pesar de la enorme transferencia de ingresos genuinos del interior al Estado nacional, el sector está intacto, todo lo que precisa es un cambio de aros. El poeta tandilense Ambrosio Renis dijo una vez: “cuando el campo está triste, las ciudades se llenan de yuyos”. El experimento K fue una simple comprobación. Ahora soplan vientos de cambio.
  • Hacia el final llegó la pregunta fatídica: ¿Qué van a hacer con las retenciones? Sanz que admitió sus intenciones presidenciales, respondió que habría que hacer una reforma impositiva integral con eje en el impuesto a las Ganancias. Solá, que se presentó experimentado en la gestión, afirmó que le bajaría las retenciones al resto de los granos, menos a la soja.
¿Qué significa?
 
Hasta acá fueron todos textuales del diario Clarín.

Una breve reflexión sobre lo que significa este ciclo-congreso-think tank (click acá para ver asistentes y más información) puede encararse por el lado de que esta iniciativa apunta a recrear un espacio de acuerdo entre fuerzas políticas más cercanas al neoliberalismo. En el mismo sentido del Foro de Convergencia Empresarial, desde el sector empresario, o Unen desde el sector político.

Se trata en este post de promover un debate, visibilizarlo, porque no figura en las principales instancias de discusión pública. Lógicas que se vienen promoviendo desde la prensa opositora, con el objetivo de nutrir esos espacios más aún. Lanata el último domingo indicaba que deberían unirse todos (“desde el PO a Macri”), por ejemplo.

¿En qué coincide todo este congreso? En que el nivel de Estado es mucho, que debe ser menos, para que haya más margen de toma de decisiones empresarias, con la consecuente mejor y mayor apropiación de excedentes y ganancias, y que eso permitirá mayores inversiones que, teóricamente, van a ser en beneficio de todos. Por eso, las sensaciones que deja el debate se vinculan con posturas tradicionalmente ortodoxas:
  • menor incidencia del Estado en la distribución de recursos de la economía,
  • corrección de la restricción externa vía tipo de cambio alto, y menor gasto público orientado al consumo,
  • promoción de actividades vinculadas con el mercado externo, afectando a la pequeña y mediana industria, como resultado relevante,
  • mayor apertura comercial,
  • menores retenciones al campo en general (el caso de la soja va a ser conflictivo con cualquier gobierno que venga, lo mismo que el petróleo),
  • baja de impuestos, menor presión recaudatoria,
  • menos inversiones públicas y más inversiones privadas,
  • reducción de subsidios al consumo,
  • mejora de servicios en función de la competitividad,
  • merma de los esfuerzos redistributivos del campo hacia la industria,
  • morigeración de la promoción de las paritarias, reducción del volumen salarial (menor participación de los trabajadores en el ingreso nacional),
  • control de la inflación en detrimento del poder adquisitivo de los sectores postergados (con un plan, es decir: que los precios sean aceptados por los empresarios, o sea, relativamente altos respecto del salario y el tipo de cambio),
  • ¿endeudamiento internacional con tasas aceptables para mejorar ingresos vía valorización financiera en detrimento del mercado interno? ¿Altas tasas de interés?
  • nuevos acercamientos a bloques regionales que agilicen posturas exportadoras antes que meercado internistas (menos Mercosur, ¿más Alianza Pacífico? ¿menos BRICS?)
  • Posible nueva ola de descentralización, desregulación, privatización, focalización de políticas sociales, etc…

Cabe pensar que a este debate se le contrapone uno mucho más rico, por ejemplo: cómo profundizar la eficiencia y eficacia del gasto y la recaudación del Estado en función de la distribución del ingreso equitativa y de la mejora de los niveles de calidad de vida actual. ¿Cómo universalizar buenos niveles de calidad de vida? Este debate no está en el Congreso de manera honesta, porque honestamente es incompatible con los puntos mencionados.No hay dudas de que con todo lo anterior, el nivel de expectativas de los sectores inversores mejorará. La promoción de las inversiones se vinculan con un mercado para colocar esa producción. Esta lógica reduce el mercado interno, cabe pensar, entonces, que esas inversiones, de concretarse, apuntaran a ganancias que no están vinculadas con el consumo interno. Y eso es un problema. Que requiere debate.

No hay dudas, tampoco, que la mayoría de los grandes empresarios estarían contentos con todas esas medidas, pero no hay dudas tampoco, que esas medidas significarían un retroceso en la –todavía insuficiente– calidad de vida de los sectores sociales con mayores necesidades.

¿Y el kirchnerismo dónde queda?
 
Seguro que no en ese Congreso. El kirchnerismo ha dado una sorpresa: tiene tantos candidatos como los demás, o incluso más. Desde Scioli, que fue el único kirchnerista en asistir a Clarín, hasta Uribarri, pasando por Randazzo, Aníbal Fernández, el chivo Rossi, Domínguez, Capitanich, entre algún que otro tapado. Esto permite ampliar el abanico, situación que, en el contexto de las PASO, parece formar parte del haber del FpV.
¿Cómo sigue? Los candidatos del kirchnerismo –incluído el más flexible, que es Scioli– no están de acuerdo con el conjunto de los puntos de arriba (sí con algunos, incluso en el tema servicios, posiblemente todos lo estén). Por tanto, en la síntesis de esta clase de eventos nunca se escuchará que un kirchnerista sea el plan A de los asistentes.
Es un debate que cabe visibilizar. Por eso este post.

¿Por qué se siente menos el debate económico en la Argentina actual?

En los últimos días se está verificando una hipótesis que tiramos en marzo en Artepolítica (ver acá): a medida que las variables económicas se acercan al equilibrio (de mercado) y la situación macroeconómica lo registra, los sectores más indignados de la clase media urbana se tranquilizan.

Ya sabemos que no hay equilibrio, sino equilibrios coyunturales que son económico-políticos, y también sabemos que la restricción externa, o sea incluyendo la negociación con los sectores que tienen las divisas, obligó al gobierno a tomar estas decisiones, ya que de otro modo el resultado social hubiera sido ser peor, más temprano que tarde.

Lo que llama la atención es justamente eso: que en simultáneo con un camino menos combativo desde el gobierno, respecto de las presiones de mercado, con algo menos de intervención del Estado en la distribución del ingreso, con una devaluación, y la posterior menor puja distributiva desde los sectores concentrados, con un poder adquisitivo que perdió frente a la inflación (aunque haya sido poquito, y quizá por primera vez en una década), con algo menos de actividad económica, con un desempleo que se amesetó, y comienza a mostrar desafíos -en simultáneo con todo esto, decíamos-, se vislumbre menos ebullición social en el debate económico.

¿Y por qué es así?

Mi hipótesis es que el Estado le molesta a estos sectores, es preferible, para ellos, no verlo. Casi que ni les importa que sea neoliberal o popular, estos sectores no quieren verlo, ni a uno ni a otro, aunque si es popular peor, claro. Se trata de la negación constante del Estado, por parte de la clase-media urbana acomodada, de su rol en el bienestar de todos y de cada uno. De este modo, el frío económico (ya sea fuerte o débil) emerge como un lamentable disciplinador social.

Incluso, creo que los medios de comunicación no llevan la iniciativa, sino que se adaptan a esta situación: se inclinan hacia la inseguridad y abandonan de a poco la inflación. Ambas formas eufemísticas de debatir los problemas actuales (porque no se analizan las causas reales profundas de ninguno de los dos fenómenos, se quedan sólo en la foto).

Lo cual tiene que ver con cierto individualismo, nuestro pobre individualismo, como sociedad: el “yo puedo solo” no necesito del Estado, “y los demás tampoco lo precisan, y mejor así”. Porque es más fácil ver la paja del Estado en el ojo ajeno que ver la viga del Estado en el propio. Es sin dudas, un problema de baja conciencia social por parte de los sectores más vulnerables, y de alta conciencia por parte de los más concentrados.

Otras hipótesis de explicación hacen referencia a que el dólar está quieto, a la certeza de que Cristina no va a reelegir, o a que era tanto lo malo que se esperaba en enero, que al no ocurrir, la gente se tranquilizó. Yo me quedo con mi hipótesis, claro. La “externalidad” de esta suerte de calma social clasemediera indignada, es que Massa no crece en intención de voto.

Esto salió en La Nación, en el suplemento económico…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a Daniel que me acercó la imagen.

Lo que viene, lo que sigue

¿Qué cabe esperar para estos dos años? Vaya pregunta.

El otro día, Bein –un tipo extraño, pero que hace informes legibles, interesantes, dentro de su mirada de las cosas– decía que hasta septiembre de 2013 el poder adquisitivo del salario ganó (mejoró el salario real), y que desde ahí hasta ahora perdió 10%. Ganó hasta allí, por tanto, la distribución del ingreso, cosa que se puede verificar con la EPH. Con las paritarias y la inflación estimadas de este año (entre 30% y 33%) se perdería salario real durante 2014 por 2,9%. Esto dice Miguel Bein, el consultor de moda.

En los más o menos 50 días hábiles que ya lleva este 2014 el peso (ARS) se devaluó un 20%, desde 6,54 por dólar a 7,89 por cada dólar. En este sentido, durante todo 2013 se devaluó un 32,4% y entre el 27/10/2013 y el 30/12/2013 un 10%. Si uno pasa esto valor del peso, (cuánto dólar se puede comprar por cada peso), la depreciación fue de 17,2% (2014), 24,5% (2013) y 9,6% (2013, luego de las elecciones), respectivamente. La medición, que ahora no discutimos, del Indec en lo que va de 2014, arrojó un aumento de precios del 7,2%.

Algunas cosillas del 2013 que terminó: se estima un 23% de inversión sobre PBI (en términos constantes, que resultó más que en 2012, porque las inversiones dependen tanto o más del consumo que del tipo de cambio), el consumo público más privado aumentó los primeros 3 trimestres un 7,8%, el PBI se proyecta en el orden del 4,9% de crecimiento, el EMI –el estimador industrial– bajó 3% entre enero de 2014 e igual mes de 2013 (desestacionalizado), el empleo registrado creció en los últimos 10 años hasta el primer trimestre de 2013, momento en el que se estabiliza, sin que se pierda empleo industrial registrado, dato no menor. No obstante, el empleo industrial registrado se estabiliza en 2008, desde ahí crece en cuenta gotas, otro dato no menor.

Las exportaciones crecieron un 3% en 2013, alcanzando los U$S83.000 millones. Dentro de las cuales crecieron un 3% las MOI (manufacturas industriales), un 9% las MOA (alimentos) y un 1% los PP (commodities). Las expo de combustibles bajaron un 24%. Las importaciones crecieron un 8% en 2013. De las cuales, un 8% crecieron los bienes de capital (generalmente vinculados con inversiones). En 2012 las impo de bienes de capital disminuyeron un 15,5%. Pero habían aumentado un 32% en 2010 y un 19% en 2011. Así las cosas, el saldo comercial de 2013 bajó un 27%.

En la mirada por sectores industriales, crecieron contra 2012, los minerales no metálicos, la industria automotriz (que a su vez engrosó el déficit comercial en la misma proporción, generando un déficit comercial total sectorial de U$S9000 millones), el azúcar, entre otros. Bajaron contra 2012, el sector de edición e impresión, la metalmecánica, el tabaco, la molienda de cereales, entre otros.

Con todo ello, y considerando que recién este año vamos a ordenar el desorden que ya veíamos en 2012. Desorden que no cabe ser criticado alegremente: la única forma de forzar al desarrollo es desordenando variables, sino en el mejor de los casos sólo se consigue crecimiento sin desarrollo, como ocurre en Colombia y Perú actualmente. En la Argentina, no hay inversión si no hay mercado donde colocar la producción, y el mercado interno pasa a ser clave en un contexto donde no hay posibilidades ciertas de exportar más a la región y el mundo. Hablar de engrosar mercado interno, significa sostener el consumo de los sectores acomodados y fortalecer el consumo de los que consumían poco durante los 90s, que son los sectores vulnerables. Mejorar esto debe asociarse, naturalmente, con una mejora en la distribución del ingreso, con la que no todos, evidentemente, están de acuerdo.

En este contexto, ¿qué cabe esperar para este 2014? A modo de juego, cabe señalar que este año no habrá crisis económica (lo cual es una mala o una buena noticia, según quién lo lea), pero tampoco crecimiento (se invierte la felicidad de los lectores), un año en el que más tarde que temprano, pero antes de que termine, se logrará algún ingreso de deuda externa vinculado con obras por un lado, pero para no seguir reduciendo reservas para pagar vencimientos de deuda, por otro. Sumado a una fuerte cosecha de granos, con liquidaciones fuertes hasta mayo/ junio, se puede pensar, si la cosa marcha bien, en un balance de pagos no ideal pero ordenado hacia fin de año.

Por otra parte, hoy la sociedad no pedirá masivamente una nueva devaluación. La instalación de las devaluaciones como problema, emerge como un éxito comunicativo del gobierno (y un problema, ahora visible, para todos los que ganan en pesos). Esto ayudará en parte a que se sostenga el precio del dólar. No es el mismo ambiente comunicativo de noviembre pasado, cuando muchos pedían una devaluación, sin saber lo que implicaba. Sin embargo, la realidad económica –interrelacionada con el comportamiento político de los actores– supera a la realidad política actualmente, en este punto: antes de volver a perder reservas se volverá a devaluar, porque el sector externo no puede ser un problema en esta búsqueda de orden macroeconómico. Posiblemente el dólar oficial termine alrededor de $9 este año (un 12,5% más que ahora). Posiblemente también, aumenten muy poco las exportaciones (en montos) y bajen alguito las importaciones, generando un mejor saldo comercial.

El empleo registrado se va a mantener, mientras el informal puede que baje un poco, especialmente el del sector comercial, muy vinculado al nivel de consumo. El Estado sin dudas sostendrá las medidas enfocadas a la inclusión de los sectores vulnerables como la AUH, el Progresar, el Procrear, los aumentos de las jubilaciones, Conectar Igualdad. Este punto es crucial para argumentar que el Estado no realizará ningún ajuste en los sectores que se verían ajustados sin Estado.

Además, la pequeña baja en el consumo tendrá impacto en una inflación algo más moderada, porque se reducirá una parte de la carrera entre los ingresos fijos y las ganancias empresarias, ya que se reducirá el mercado para altos precios. Este menor consumo posiblemente se profundice en la clase media subsidiada del AMBA, que paulatinamente perderá esos privilegios, pero sin mucho margen para reclamar, más allá del siempre vigente conflicto mediático. Algunos estudios dicen que el gasto promedio en servicios, aumentará en $1000 por hogar, cuando no haya más subsidios. Sin embargo, se espera que esto ocurra de manera gradual, y luego de las recomposiciones salariales de los trabajadores de este año.

El desafío para el gobierno es promover el crecimiento, con desarrollo, vía inversión, para lo cual precisará subsidiar y financiar distintos eslabones industriales para fortalecerlos y propiciar innovación tecnológica. En este contexto, arriesgarse a la creación de empresas del Estado aparece como una herramienta interesante y desafiante para sostener el control de distintos comportamientos empresarios.

Asimismo, se ha retornado al pragmatismo en la conducción de los actores de la economía, cosa que incluye la presentación de distintos proyectos de ley: desde reformas a lealtad comercial, abastecimiento y defensa al consumidor, hasta una propuesta de nueva ley de entidades financieras, pasando por un Código Penal que integra penas para los monopolios. No se sabe si esos proyectos verán la luz, pero sin dudas estarán las conversaciones para conducir actores.

Esta conducción pragmática de actores económicos y sociales, que nos recuerda al período 2003-2011, es parte del desafío, porque los cambios que se están produciendo afectan, aunque no modifican mayormente a los ganadores y menos ganadores que conviven en la cúpula empresaria argentina, sobre todo por cuanto las empresas transnacionales de servicios públicos perdieron participación relativa durante los últimos años a expensas de las automotrices que crecieron notablemente. Las empresas que se mantienen en la cúpula histórica que más ganaron esta década están vinculadas con altos niveles de exportaciones, de este modo se entiende que este sector tenga un poder de presión política sobre variables económicas a favor de medidas como una devaluación. El Estado en algunos momentos puede contener estas presiones y en algunos no; y en otros momentos directamente se asocia con este sector.

Siempre que se afectaron los negocios de la cúpula aunque nunca su poderío económico (que lamentablemente parece intocable) el resultado fue muy doloroso para el resto de la sociedad, y por supuesto, no tanto para la cúpula que sólo se reordena. Tener bajo control el comportamiento de estas empresas emerge como parte del escenario de estos dos años (YPF es la empresa más grande de la Argentina, la decisión de controlarla desde el Estado no fue inocua en este análisis).

El gasto público de la administración pública nacional se mantendrá con vigor, quizá apenas por debajo del 35% del PBI, que midió en los últimos dos años. Pero posiblemente con una pequeña baja en la igualdad de la distribución del ingreso provocada más por el aumento de las ganancias de los sectores exportadores que por la reducción de la inversión pública y social del Estado. Aunque en un marco de tasas altas, y pérdida pequeña del salario real, como decíamos al principio, los sectores medios se volcarán menos al consumo, tal como también mencionamos.

La paradoja, que merece algún debate, es que en el marco de una meseta en la distribución del ingreso, o incluso con un pequeño retroceso, muy posiblemente convivamos con un menor conflicto social. Los sectores más intensos en su oposición al gobierno bajarán su exposición, como respuesta a fenómenos sociales vinculados con la observación de una menor intervención del Estado de manera generalizada en la distribución del ingreso, aunque esto mismo perjudique a esos mismos sectores.

La clase media acomodada urbana visibiliza primero el rol del Estado, su intervención en la economía, antes que sus propios intereses de clase: la sensación de que la realidad económica prima sobre la política –aunque no sean esferas distintas, por eso “sensación”– funcionará como aliciente para la intensidad opositora de un importante sector de la Argentina.

En conclusión, de verificarse estas situaciones, el escenario será de buenas expectativas para el fortalecimiento del ganador de las PASO dentro del PJ/FpV. Con lo cual, cabe esperar que haya más de un interesado en que este escenario sea sustentable luego de 2016.

Escenario 2016 – 2019

¿Cómo viene 2016?

Quiero volver sobre una idea que ya puse por acá hace unos meses:

“La mejor forma de condicionar los años que van de 2016 a 2019 a favor de los sectores populares, es llegando con el barco a flote a 2015… Si la economía llega entera, con no mucho desempleo más que ahora, 8 puntitos, 9 puntitos, sin llegar a los 2 dígitos, ponele, si el consumo no se resiente, si no hay más inflación que ahora, si el Estado aumenta 2 veces por año las jubilaciones, y la AUH dentro del marco de la inflación del supermercado, significaría que se llega con el barco entero. Y si llega entero no lo van poder hundir… si llega entero no van a querer pagar los costos políticos de hundirlo (destruyendo todo lo anterior)… esos sectores que ganan a costa de los demás, harán todo lo posible para que el barco llegue lo suficientemente dañado como para construir los argumentos sociales, colectivos, ideológicos y materiales que legitimen un cambio de rumbo (similar a lo ocurrido en 1990). Un barco que se parezca más a un avión, más rápido pero donde entra menos gente… La economía depende de las decisiones políticas.

La idea fuerza que quiero transmitir, a ver si sale, es que estos dos años que vienen son trascendentes para la Argentina. En tres sentidos:

  1. estructural social: lograr que se mantenga el empleo, y mantener el consumo, en especial de los sectores más vulnerables;
  2. estructural económico: alinear las variables más complicadas, como reservas, competitividad industrial, la inflación, saldo comercial, y aquellas que afectan al sector externo, etc.;
  3. comunicación y consenso: la clase media deberá sentirse incluida (no sólo estarlo) en el (provocativamente llamado) modelo, por cuanto es un sector felizmente grueso de nuestra sociedad. Y el apoyo, aunque sea de una parte de clase media, se hace fundamental para sostener el rol del Estado y no repetir errores del pasado.
Estos tres sentidos están en tensión. La mejora sobre alguno de ellos puede entorpecer a otro. Por eso no es sencillo, pero es posible encontrar un mix en el cual mantener los logros corrigiendo otras variables sirva para consolidar las conquistas sociales a la vez que se encuentra un camino de desarrollo, quizá más lento, pero continuo y aflojando tensiones. Esto requiere que se devalúe, y se corrija el defícit público (se moderen subsidios, especialemente a quienes pueden pagarlos, ya que el defícit público acelera un proceso que tiene que ser gradual para que no genere mayor conflicto -además la clase media te cambia pagar más por servicios si a cambio le bajas la infla-), y se propicie el ingreso de capitales del exterior, pero todo ello controladamente, y sin pasos abruptos.

¿Qué quiero decir acá? Que no hay crisis, y sí hay tensiones, que deben ser corregidas. Y que si no las corrige el Estado nacional, popular y democrático, pensando en el largo plazo, se genera un contexto para que las corrija otro Estado, o sea otro gobierno con otra concepción del Estado. Cosa que deberá evitarse y de ahí la trascendencia de estos años que vienen antes de 2016.

Lógicamente esto no sería del agrado de los sectores que quieren modificaciones diametrales. Estos sectores, recorriendo la historia argentina, promoverán una inflación galopante que no pueda ser alcanzada por los ingresos, como camino de licuación de salarios, cosa que puede ser lograda mediante una devaluación abrupta sin aumento en derechos de exportación (retenciones), y reduciendo la emisión para inducir una suerte de recesión. El objetivo político de quien quiera representar a estos sectores es que el dolor social sea vivido en estos dos años, para que ellos sean sólo parte de “la solución”.

Cuando la oposición dice que quitará retenciones y no habrá aumentos de precios, no está diciendo algo imposible: con un verdadero plan de recesión, de licuación de ingresos inicial mediante fuerte inflación sin recomposición de ingresos (aunque no haya más desempleo), de devaluación sin crecimiento interno -reduciendo el consumo-, entonces se podrían liberar retenciones sin que aumenten los precios (en su conjunto), porque la inflación es resultado de la puja distributiva, de los cuellos de oferta y de los precios internacionales. De este modo, con un plan recesivo, sólo los precios internacionales empujarían la inflación y si bien eso modificaría nuevamente la estructura de precios relativos, a la larga la economía funcionaría pornográficamente contra los sectores populares como en los 90s, varios escalones más abajo que ahora en materia de bienestar, pero sin inflación, claro. (Escenario 1)

¿Mi impresión? ¿Qué escenario cabe esperar? El del párrafo anterior no creo, porque eso implicaría errores gruesos del gobierno, cosa que no ocurrió en todos estos años (hubo desaciertos pero no de ese nivel). La Argentina va a seguir con estas tensiones hasta 2015, posiblemente con un dólar más caro, y un poco menos del consumo interno promovido por el Estado, pero sin llegar a que un sector se caiga sensiblemente de los logros obtenidos (quizá el empleo comercial en negro sea el primero en afectarse). Sería una lástima que el Estado, suponiendo un nuevo gobierno en 2016, deje paulatinamente de defender el ascenso social de los sectores vulnerables, y apoye la transferencia de recursos hacia los (siempre fuertes) sectores concentrados, tal como está proponiendo la oposición massista y macrista. Aunque es más probable que llegue algún kirchnerista gris, menos pasional respecto de los cambios, antes que cambie el color del partido en el poder. (Escenario 2)

Veremos. El punto 3 depende sobre todo de bajar la inflación. Eso (no bajar la infla en sí, sino las medidas para que ello ocurra) afectará a los puntos 1 (negativamente) y 2 (junto a otras medidas, positivamente). Todo esto gradual, sin saltos abruptos, es el escenario (el 2) que imagino para fines de 2015. Veremos

 

El elástico del trabajo en los 90s y en la última década

¿Cuánto empleo industrial absorbe la Argentina por punto de crecimiento? Comparación con los 90s.

Como petición de principios, cabe precisar que la búsqueda de una estructura productiva con énfasis en una industria fuerte es coherente con el objetivo de una equitativa distribución del ingreso, basada en empleos mejor remunerados, con el fortalecimiento del mercado interno y con una economía menos expuesta a los vaivenes del exterior, y por ende más sustentable en el tiempo.

En el cuadro 1, se observa que en el período comprendido entre el primer semestre de 1991 y el primer semestre de 1995, la elasticidad fue de 0,04, esto indica que un incremento de 1% en el producto generaba un aumento de 0,04% en el empleo. Lo cual refleja que durante la primera parte de la convertibilidad se consolidó un verdadero modelo de crecimiento sin desarrollo económico, por cuanto el crecimiento del producto no fue acompañado por el crecimiento en el empleo.

Esto verifica, nuevamente, la hipótesis que señala que el modelo de los noventa buscaba una conjunción entre el crecimiento y el disciplinamiento social por el camino de la exclusión, el desempleo, la desmovilización social, la privatización de empresas de servicios públicos y la focalización de políticas. Favoreciendo así la concentración de los actores vinculados con las privatizaciones (bancos acreedores, empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales).

Llama la atención la interesante absorción de empleo que existió entre 1996 y 2001. No obstante en los cuadros siguientes veremos de qué clase de empleo se trató. Entre las puntas del modelo neoliberal (91-01) la elasticidad se ubicó en 0,44. Entre las puntas de la etapa actual ese indicador va a 0,25. Con una salvedad, para nada menor: en el caso del modelo de los noventas se realizó la lectura con anterioridad a la crisis, mientras que en la etapa actual no se vislumbra ninguna crisis, ni de aquellas ni de otras características. De hacerse un análisis incluyendo diciembre de 2001 (por ejemplo, desde 1991 a 2002), el resultado sería negativo.

 

Cuadro 1:

cuadro 1 elasticidad total

 

Fuente: Mecon y EPH.

 

En la lectura por sectores, cuadro 2, se observa que entre 1996 y 2001 se destruyó empleo industrial, que fue compensado por los sectores de servicios y comercio. Lo cual remarca el sesgo hacia una economía basada en bienes no transables, en el contexto de una estructura de precios relativos orientada a los servicios (no transables). El sector comercio también acompañó el crecimiento de la economía.

En el período 2007 – 2011 ocurre una curiosidad. La creación de empleo industrial es menos elástica al crecimiento, y al mismo tiempo toda la estructura productiva nacional genera menos trabajo por punto de crecimiento. Sin embargo, y cabe resaltarlo, la etapa actual no está expulsando empleo industrial, como en el final de la anterior, en la que se cerraron numerosas industrias y en la que el déficit de cuenta corriente fue una de las causas de la crisis. ¿O sea? No es lo mismo un modelo que expulsa mano de obra industrial, que uno que luego de incorporar mucho trabajo industrial transita dificultades para seguir sumando esta clase de empleo.

Por tanto, una estructura productiva constituida en dirección de crear empleos industriales es menos dinámica y menos elástica al crecimiento, especialmente cuando la economía se acerca al pleno empleo. No obstante lo anterior, después de 9 años se siguen generando empleos registrados industriales. Por tanto, si bien la estructura económica nacional presenta un gran desafío para lograr una industrialización sustentable, sin embargo las políticas estatales de los últimos años están consiguiendo algo inédito: la generación permanente de empleo industrial por un largo período de tiempo, manteniéndose fuerte a pesar de las crisis recurrentes en el orden internacional.

 

Cuadro 2:

cuadro 1 elasticidad por sector

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Mecon y MTEySS.

El gráfico que sigue es fastidioso, como ya se vio en el cuadro 1. Es muy posible que los servicios y el comercio, en los cuales se hacía hincapié en los noventas sean más elásticos para absorber empleo en el corto plazo, que la industria, incluso en la etapa actual. Pero de la misma forma, la expulsión de empleo de estos sectores, vinculados el mercado interno, también es más elástica a las caídas. Cabe recordar es que la tasa estructural de desocupación en los noventas mostraba un piso del 13% mientras que en la etapa actual se mantiene cercana al 7%. 

 

Gráfico 1:

 GRAF elasticidad empleo producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

Es notable la fuerza que cobraron los servicios y el comercio durante los noventa, de manera tal que la elasticidad empleo producto en estos casos fue mayor que la evidenciada por el sector industrial. Así, en la última parte de la década la industria expulsó mano de obra mientras que dichos sectores marcaron récords de ocupación por cada punto de crecimiento. Los años actuales muestran una mayor paridad entre industria y los demás sectores, lo cual habla de la mayor inclusión, bienestar social y sustentabilidad de largo plazo de la macro actual -vinculada con más ocupación industrial absoluta, y mayor mercado interno-, respecto de la neoliberal.

 

Gráfico2:

GRAF elasticidad empleo registrado por rama producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de cierre, se puede decir que cabe seguir profundizando las herramientas vigentes en poder del Estado, de la misma forma que es correcto seguir fortaleciendo el rol del Estado en la conducción de la economía. Es imprescindible seguir utilizando las nuevas tecnologías administrativas para generar políticas integrales desde el Estado que estimulen en las industrias y en las mipymes, las mismas ventajas que tienen en riesgo y velocidad de negocios, las grandes y las empresas de servicios y comerciales. Todo lo cual, sumado a un Estado activo en materia de políticas de innovación y desarrollo, profundizaría estos años de crecimiento con inclusión laboral y social.  

Remuneraciones promedio por rama de empleo registrado

En el marco de la modificación de la 4ta categoría de ganancias, cobró relevanacia el monto de los salarios por sector. O por lo menos resulta interesante.

 

A continuación les pego dos gráficos de los promedios de remuneraciones en la Argentina, a partir de información obtenida en el MTEySS, Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial -DGEYEL – SSPTYEL – en base a SIPA.
En 1) se puede observar cuál es la remuneración bruta promedio por sector, aproximada, para empleos registrados.

 

1. Marzo de 2013. Remuneración por todo concepto según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 2) se muestra cuál es la performance de las remuneraciones de cada sector, de manera comparada desde 2003 hasta 2013. 

 

2. Marzo de 2013. Variación de las remuneración entre marzo de 2003 y marzo de 2013. Según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aclaración. Tengamos en cuenta que muchas negociaciones colectivas de trabajo surtieron efecto luego de marzo de 2013.

 

Suponiendo algo tan descabellado como que haya habido un 20% de inflación durante cada uno de los 10 años, por ejemplo, llevando algo que valía $100 a $600, eso significaría un aumento del 500%.

 

Me estoy zarpando para mostrar una idea: tenemos 56 sectores en estos gráficos y solamente 4 con un aumento menor al 500% en sus salarios registrados: pesca, productos de petróleo, servicios aux. de la act. financiera y actividades de la informática.

 

Para una mirada complementaria también se puede ver la relación entre exportaciones, cantidad de empleo registrado y remuneraciones.

 

Evolución de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) por provincia

La evolución de las NBI sirve para analizar qué década es más ganada que otra, en términos de bienestar social, de hogares con servicios e infraestructura. Comparación años 1980, 1991, 2001 y 2010.

 

Con información censal del Indec armamos los siguientes cuadros que reflejan la evolución de las necesidades básicas insatisfechas (NBI) por provincia que sirven para analizar un poquito los avances sociales de cada etapa.

Los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas son aquellos que presentan al menos uno de los siguientes indicadores de privasión (la población con NBI es la que vive en estos hogares):

 

Observando los indicadores que generan NBI se puede pensar que clase de políticas/ obras/ derechos/ obligaciones tienden a modificar la situación y qué clase de medidas no tanto. Siempre recordando que no hay política social más fuerte que un modelo económico nacional integral que apunte al trabajo nacional de cada vez mayor calidad. 

 

Entre 1980 y 1991 la población con NBI se redujo un 15,5%, entre 1991 y 2001 la población con NBI se redujo un 1,3%, y entre 2001 y 2010 se redujo un 21,9% (ver el último cuadro). Como es común en mis posts, quiero destacar el rol del Estado en esas distintas décadas, que fue siempre distinto, como principal variable de mejora: en los 80s volvió el Estado pero todavía sin la gobernabilidad necesaria (por propia ineficacia y por batallas muy fuertes de esa hora), en los 90s el Estado se hizo muy fuerte para abrirle camino a las decisiones del mercado (conocido falazmente como Estado mínimo) y en los 2000s el Estado recuperó su capacidad de intervención y control. Este recorrido tuvo su impacto social, reflejado en tantas variables. NBI es una de ellas. 

 

Hogares:

 

Cuadro de variaciones absolutas de hogares con NBI entre censos. Inapelable.

 

 

 

 

 

 

 

Los casos de Santa Cruz y Tierra del Fuego son los únicos que dan positivo, donde no se redujeron los hogares con NBI, pero en esos casos debe contemplarse la migración de población.

En la década del 90 no se mejoró en hogares con NBI -se empeoró- , aunque en la población con NBI sí hubo una mínima mejora. No sé. Fijate, el cuadro anterior se realizó en base a las variaciones de los datos absolutos de hogares con NBI en cada censo. Como puede verse en los 80s y 2000s hay mejoras en materia de hogares con NBI, en los 90s no.

 

Población:

 

El siguiente cuadro muestra qué provincias o jurisdicciones están mejor en la última medición en base a la cantidad de población con NBI sobre el total de población provincial. Es posible que el orden correcto para ver este cuadro sea de mayor a menor en la columna de población con NBI, y no en la de porcentajes, porque los porcentajes son fríos y no visibilizan de manera directa que en la provincia de Buenos Aires es donde más gente hay con NBI.

 

Cuadro de población con NBI en 2010. Totales y porcentajes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volvemos a lo mismo de siempre: discutamos todo lo que falta, y lo que está mal, y qué cambios tiene que haber para que haya más y mejores viviendas y mejor calidad de vida, y quiénes los tienen que motorizar o llevar adelante, pero cambiar de modelo integral sería retroceder en términos de inclusión social. Los datos a la vista.

Más información acá.

Tipos de vivienda, Argentina 1991-2010

La vivienda en la Argentina, para mí, es uno de los principales indicadores de la calidad de vida. Porque se pueden mejorar los ingresos pero la vivienda no es fácil de cambiarla. Tiene más que ver con la distribución de la riqueza que con la distribución del ingreso, pero aquélla no es posible sin ésta.

Una de las claves a tener en cuenta es que el modelo de acumulación, la macro, pesa mucho más sobre la mejora de esta cuestión que cualquier política focalizada al respecto. Es en este orden de cosas que las viviendas más precarias bajaron su proporción en los últimos 10 años.

Por eso hice estos gráficos. Para ver un poco qué pasa con la cuestión, especialmente en los estratos más bajos.

El cuadro y los gráficos hablan por sí sólos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Nota: Donde dice porcentaje de personas por vivienda en el cuadro, debe decir promedio de personas por vivienda.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias: Casa Tipo B: Se refiere a todas las casas que cumplen por lo menos con una de las siguientes condiciones: tienen piso de tierra o ladrillo suelto u otro material (no tienen piso de cerámica, baldosa, mosaico, mármol, madera o alfombrado) o no  tienen provisión de agua por cañería dentro de la vivienda o no disponen de inodoro con descarga de agua.

 

Para poder distribuir la riqueza no sólo hay que distribuir el ingreso en un período determinado, hay que sostener el poder adquisitivo (y las variables vinculadas) en el tiempo y hay que afectar los ingresos relativos (relativos) de los que más ganan. Todo lo que no vaya en este sentido, en el sentido de la distribución del ingreso equitativa, posiblemente, no sea parte de la solución para mejorar las viviendas de la población, posiblemente sea parte del problema.

Si bien se verifica una baja de la proporción de viviendas precarias en los últimos años, todavía sigue siendo uno de los problemas más graves de la Argentina. Por lo que es imperioso seguir avanzando.

 

¿Apreciación o devaluación? Es el control, estúpido.

¿Qué tienen en común los deseos de Sanz de que al país le vaya mal y el mensaje de que estamos condenados a la devaluación, que realizan las Fundaciones/ Consultoras neoliberales?

En realidad estas consultoras son las mismas que apoyaron el neoliberalismo salvaje durante los 90s, fueron los think tanks de la aplicación de la versión local del Consenso de Washington en el país.Cuando el peso estaba absolutamente apreciado y no decían nada por la devaluación. Son las mismas consultoras que ocuparon cargos determinantes en el Estado durante la historia del dolor argentino, y están acompañadas, muy bien acompañdas: los invito a mirar la fiesta de apellidosque hay en el IERAL de la Fundación Mediterránea y los sponsors de FIEL. Para contextualizar nomás.

En la década neoliberal la apuesta era por la valorización financiera y los no transables. Ahora, los grupos económicos locales se encuentran en actividades más productivas, lo cual suena mejor, pero sin la presencia del Estado la diferencia sería menor.

Entonces, lo que hay en común entre los deseos de unos y otros es la clara intención de dominar las variables y los resortes de poder, que el gobierno mantiene luego de 10 años. Situación inédita en la Argentina. Devaluar puede ser necesario, y se hará (se seguirá haciendo, en rigor) en mayor o menor medida, pero lo hará el Estado, estipulando ganadores y perdedores.

Todos estos apellidos y marcas defienden intereses, y verían con buenos ojos una devaluación en el poder del gobierno, no sólo para devaluar la moneda, sino también para corregir un modelo que no les es amigable porque no tienen el control (aunque les siga siendo materialmente favorable).

Estas discusiones no son nuevas, fijate…

“Una de las mentiras más frecuentes es que estamos internacionalmente en altos costos de producción, mentira difundida por la Sociedad Rural  y todos los órganos de la prensa cipaya, que ponen en primer término el alto salario”, Arturo Jauretche, Política y Economía, 1962.