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¿Por qué se siente menos el debate económico en la Argentina actual?

En los últimos días se está verificando una hipótesis que tiramos en marzo en Artepolítica (ver acá): a medida que las variables económicas se acercan al equilibrio (de mercado) y la situación macroeconómica lo registra, los sectores más indignados de la clase media urbana se tranquilizan.

Ya sabemos que no hay equilibrio, sino equilibrios coyunturales que son económico-políticos, y también sabemos que la restricción externa, o sea incluyendo la negociación con los sectores que tienen las divisas, obligó al gobierno a tomar estas decisiones, ya que de otro modo el resultado social hubiera sido ser peor, más temprano que tarde.

Lo que llama la atención es justamente eso: que en simultáneo con un camino menos combativo desde el gobierno, respecto de las presiones de mercado, con algo menos de intervención del Estado en la distribución del ingreso, con una devaluación, y la posterior menor puja distributiva desde los sectores concentrados, con un poder adquisitivo que perdió frente a la inflación (aunque haya sido poquito, y quizá por primera vez en una década), con algo menos de actividad económica, con un desempleo que se amesetó, y comienza a mostrar desafíos -en simultáneo con todo esto, decíamos-, se vislumbre menos ebullición social en el debate económico.

¿Y por qué es así?

Mi hipótesis es que el Estado le molesta a estos sectores, es preferible, para ellos, no verlo. Casi que ni les importa que sea neoliberal o popular, estos sectores no quieren verlo, ni a uno ni a otro, aunque si es popular peor, claro. Se trata de la negación constante del Estado, por parte de la clase-media urbana acomodada, de su rol en el bienestar de todos y de cada uno. De este modo, el frío económico (ya sea fuerte o débil) emerge como un lamentable disciplinador social.

Incluso, creo que los medios de comunicación no llevan la iniciativa, sino que se adaptan a esta situación: se inclinan hacia la inseguridad y abandonan de a poco la inflación. Ambas formas eufemísticas de debatir los problemas actuales (porque no se analizan las causas reales profundas de ninguno de los dos fenómenos, se quedan sólo en la foto).

Lo cual tiene que ver con cierto individualismo, nuestro pobre individualismo, como sociedad: el “yo puedo solo” no necesito del Estado, “y los demás tampoco lo precisan, y mejor así”. Porque es más fácil ver la paja del Estado en el ojo ajeno que ver la viga del Estado en el propio. Es sin dudas, un problema de baja conciencia social por parte de los sectores más vulnerables, y de alta conciencia por parte de los más concentrados.

Otras hipótesis de explicación hacen referencia a que el dólar está quieto, a la certeza de que Cristina no va a reelegir, o a que era tanto lo malo que se esperaba en enero, que al no ocurrir, la gente se tranquilizó. Yo me quedo con mi hipótesis, claro. La “externalidad” de esta suerte de calma social clasemediera indignada, es que Massa no crece en intención de voto.

Esto salió en La Nación, en el suplemento económico…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a Daniel que me acercó la imagen.

Lo que viene, lo que sigue

¿Qué cabe esperar para estos dos años? Vaya pregunta.

El otro día, Bein –un tipo extraño, pero que hace informes legibles, interesantes, dentro de su mirada de las cosas– decía que hasta septiembre de 2013 el poder adquisitivo del salario ganó (mejoró el salario real), y que desde ahí hasta ahora perdió 10%. Ganó hasta allí, por tanto, la distribución del ingreso, cosa que se puede verificar con la EPH. Con las paritarias y la inflación estimadas de este año (entre 30% y 33%) se perdería salario real durante 2014 por 2,9%. Esto dice Miguel Bein, el consultor de moda.

En los más o menos 50 días hábiles que ya lleva este 2014 el peso (ARS) se devaluó un 20%, desde 6,54 por dólar a 7,89 por cada dólar. En este sentido, durante todo 2013 se devaluó un 32,4% y entre el 27/10/2013 y el 30/12/2013 un 10%. Si uno pasa esto valor del peso, (cuánto dólar se puede comprar por cada peso), la depreciación fue de 17,2% (2014), 24,5% (2013) y 9,6% (2013, luego de las elecciones), respectivamente. La medición, que ahora no discutimos, del Indec en lo que va de 2014, arrojó un aumento de precios del 7,2%.

Algunas cosillas del 2013 que terminó: se estima un 23% de inversión sobre PBI (en términos constantes, que resultó más que en 2012, porque las inversiones dependen tanto o más del consumo que del tipo de cambio), el consumo público más privado aumentó los primeros 3 trimestres un 7,8%, el PBI se proyecta en el orden del 4,9% de crecimiento, el EMI –el estimador industrial– bajó 3% entre enero de 2014 e igual mes de 2013 (desestacionalizado), el empleo registrado creció en los últimos 10 años hasta el primer trimestre de 2013, momento en el que se estabiliza, sin que se pierda empleo industrial registrado, dato no menor. No obstante, el empleo industrial registrado se estabiliza en 2008, desde ahí crece en cuenta gotas, otro dato no menor.

Las exportaciones crecieron un 3% en 2013, alcanzando los U$S83.000 millones. Dentro de las cuales crecieron un 3% las MOI (manufacturas industriales), un 9% las MOA (alimentos) y un 1% los PP (commodities). Las expo de combustibles bajaron un 24%. Las importaciones crecieron un 8% en 2013. De las cuales, un 8% crecieron los bienes de capital (generalmente vinculados con inversiones). En 2012 las impo de bienes de capital disminuyeron un 15,5%. Pero habían aumentado un 32% en 2010 y un 19% en 2011. Así las cosas, el saldo comercial de 2013 bajó un 27%.

En la mirada por sectores industriales, crecieron contra 2012, los minerales no metálicos, la industria automotriz (que a su vez engrosó el déficit comercial en la misma proporción, generando un déficit comercial total sectorial de U$S9000 millones), el azúcar, entre otros. Bajaron contra 2012, el sector de edición e impresión, la metalmecánica, el tabaco, la molienda de cereales, entre otros.

Con todo ello, y considerando que recién este año vamos a ordenar el desorden que ya veíamos en 2012. Desorden que no cabe ser criticado alegremente: la única forma de forzar al desarrollo es desordenando variables, sino en el mejor de los casos sólo se consigue crecimiento sin desarrollo, como ocurre en Colombia y Perú actualmente. En la Argentina, no hay inversión si no hay mercado donde colocar la producción, y el mercado interno pasa a ser clave en un contexto donde no hay posibilidades ciertas de exportar más a la región y el mundo. Hablar de engrosar mercado interno, significa sostener el consumo de los sectores acomodados y fortalecer el consumo de los que consumían poco durante los 90s, que son los sectores vulnerables. Mejorar esto debe asociarse, naturalmente, con una mejora en la distribución del ingreso, con la que no todos, evidentemente, están de acuerdo.

En este contexto, ¿qué cabe esperar para este 2014? A modo de juego, cabe señalar que este año no habrá crisis económica (lo cual es una mala o una buena noticia, según quién lo lea), pero tampoco crecimiento (se invierte la felicidad de los lectores), un año en el que más tarde que temprano, pero antes de que termine, se logrará algún ingreso de deuda externa vinculado con obras por un lado, pero para no seguir reduciendo reservas para pagar vencimientos de deuda, por otro. Sumado a una fuerte cosecha de granos, con liquidaciones fuertes hasta mayo/ junio, se puede pensar, si la cosa marcha bien, en un balance de pagos no ideal pero ordenado hacia fin de año.

Por otra parte, hoy la sociedad no pedirá masivamente una nueva devaluación. La instalación de las devaluaciones como problema, emerge como un éxito comunicativo del gobierno (y un problema, ahora visible, para todos los que ganan en pesos). Esto ayudará en parte a que se sostenga el precio del dólar. No es el mismo ambiente comunicativo de noviembre pasado, cuando muchos pedían una devaluación, sin saber lo que implicaba. Sin embargo, la realidad económica –interrelacionada con el comportamiento político de los actores– supera a la realidad política actualmente, en este punto: antes de volver a perder reservas se volverá a devaluar, porque el sector externo no puede ser un problema en esta búsqueda de orden macroeconómico. Posiblemente el dólar oficial termine alrededor de $9 este año (un 12,5% más que ahora). Posiblemente también, aumenten muy poco las exportaciones (en montos) y bajen alguito las importaciones, generando un mejor saldo comercial.

El empleo registrado se va a mantener, mientras el informal puede que baje un poco, especialmente el del sector comercial, muy vinculado al nivel de consumo. El Estado sin dudas sostendrá las medidas enfocadas a la inclusión de los sectores vulnerables como la AUH, el Progresar, el Procrear, los aumentos de las jubilaciones, Conectar Igualdad. Este punto es crucial para argumentar que el Estado no realizará ningún ajuste en los sectores que se verían ajustados sin Estado.

Además, la pequeña baja en el consumo tendrá impacto en una inflación algo más moderada, porque se reducirá una parte de la carrera entre los ingresos fijos y las ganancias empresarias, ya que se reducirá el mercado para altos precios. Este menor consumo posiblemente se profundice en la clase media subsidiada del AMBA, que paulatinamente perderá esos privilegios, pero sin mucho margen para reclamar, más allá del siempre vigente conflicto mediático. Algunos estudios dicen que el gasto promedio en servicios, aumentará en $1000 por hogar, cuando no haya más subsidios. Sin embargo, se espera que esto ocurra de manera gradual, y luego de las recomposiciones salariales de los trabajadores de este año.

El desafío para el gobierno es promover el crecimiento, con desarrollo, vía inversión, para lo cual precisará subsidiar y financiar distintos eslabones industriales para fortalecerlos y propiciar innovación tecnológica. En este contexto, arriesgarse a la creación de empresas del Estado aparece como una herramienta interesante y desafiante para sostener el control de distintos comportamientos empresarios.

Asimismo, se ha retornado al pragmatismo en la conducción de los actores de la economía, cosa que incluye la presentación de distintos proyectos de ley: desde reformas a lealtad comercial, abastecimiento y defensa al consumidor, hasta una propuesta de nueva ley de entidades financieras, pasando por un Código Penal que integra penas para los monopolios. No se sabe si esos proyectos verán la luz, pero sin dudas estarán las conversaciones para conducir actores.

Esta conducción pragmática de actores económicos y sociales, que nos recuerda al período 2003-2011, es parte del desafío, porque los cambios que se están produciendo afectan, aunque no modifican mayormente a los ganadores y menos ganadores que conviven en la cúpula empresaria argentina, sobre todo por cuanto las empresas transnacionales de servicios públicos perdieron participación relativa durante los últimos años a expensas de las automotrices que crecieron notablemente. Las empresas que se mantienen en la cúpula histórica que más ganaron esta década están vinculadas con altos niveles de exportaciones, de este modo se entiende que este sector tenga un poder de presión política sobre variables económicas a favor de medidas como una devaluación. El Estado en algunos momentos puede contener estas presiones y en algunos no; y en otros momentos directamente se asocia con este sector.

Siempre que se afectaron los negocios de la cúpula aunque nunca su poderío económico (que lamentablemente parece intocable) el resultado fue muy doloroso para el resto de la sociedad, y por supuesto, no tanto para la cúpula que sólo se reordena. Tener bajo control el comportamiento de estas empresas emerge como parte del escenario de estos dos años (YPF es la empresa más grande de la Argentina, la decisión de controlarla desde el Estado no fue inocua en este análisis).

El gasto público de la administración pública nacional se mantendrá con vigor, quizá apenas por debajo del 35% del PBI, que midió en los últimos dos años. Pero posiblemente con una pequeña baja en la igualdad de la distribución del ingreso provocada más por el aumento de las ganancias de los sectores exportadores que por la reducción de la inversión pública y social del Estado. Aunque en un marco de tasas altas, y pérdida pequeña del salario real, como decíamos al principio, los sectores medios se volcarán menos al consumo, tal como también mencionamos.

La paradoja, que merece algún debate, es que en el marco de una meseta en la distribución del ingreso, o incluso con un pequeño retroceso, muy posiblemente convivamos con un menor conflicto social. Los sectores más intensos en su oposición al gobierno bajarán su exposición, como respuesta a fenómenos sociales vinculados con la observación de una menor intervención del Estado de manera generalizada en la distribución del ingreso, aunque esto mismo perjudique a esos mismos sectores.

La clase media acomodada urbana visibiliza primero el rol del Estado, su intervención en la economía, antes que sus propios intereses de clase: la sensación de que la realidad económica prima sobre la política –aunque no sean esferas distintas, por eso “sensación”– funcionará como aliciente para la intensidad opositora de un importante sector de la Argentina.

En conclusión, de verificarse estas situaciones, el escenario será de buenas expectativas para el fortalecimiento del ganador de las PASO dentro del PJ/FpV. Con lo cual, cabe esperar que haya más de un interesado en que este escenario sea sustentable luego de 2016.

Escenario 2016 – 2019

¿Cómo viene 2016?

Quiero volver sobre una idea que ya puse por acá hace unos meses:

“La mejor forma de condicionar los años que van de 2016 a 2019 a favor de los sectores populares, es llegando con el barco a flote a 2015… Si la economía llega entera, con no mucho desempleo más que ahora, 8 puntitos, 9 puntitos, sin llegar a los 2 dígitos, ponele, si el consumo no se resiente, si no hay más inflación que ahora, si el Estado aumenta 2 veces por año las jubilaciones, y la AUH dentro del marco de la inflación del supermercado, significaría que se llega con el barco entero. Y si llega entero no lo van poder hundir… si llega entero no van a querer pagar los costos políticos de hundirlo (destruyendo todo lo anterior)… esos sectores que ganan a costa de los demás, harán todo lo posible para que el barco llegue lo suficientemente dañado como para construir los argumentos sociales, colectivos, ideológicos y materiales que legitimen un cambio de rumbo (similar a lo ocurrido en 1990). Un barco que se parezca más a un avión, más rápido pero donde entra menos gente… La economía depende de las decisiones políticas.

La idea fuerza que quiero transmitir, a ver si sale, es que estos dos años que vienen son trascendentes para la Argentina. En tres sentidos:

  1. estructural social: lograr que se mantenga el empleo, y mantener el consumo, en especial de los sectores más vulnerables;
  2. estructural económico: alinear las variables más complicadas, como reservas, competitividad industrial, la inflación, saldo comercial, y aquellas que afectan al sector externo, etc.;
  3. comunicación y consenso: la clase media deberá sentirse incluida (no sólo estarlo) en el (provocativamente llamado) modelo, por cuanto es un sector felizmente grueso de nuestra sociedad. Y el apoyo, aunque sea de una parte de clase media, se hace fundamental para sostener el rol del Estado y no repetir errores del pasado.
Estos tres sentidos están en tensión. La mejora sobre alguno de ellos puede entorpecer a otro. Por eso no es sencillo, pero es posible encontrar un mix en el cual mantener los logros corrigiendo otras variables sirva para consolidar las conquistas sociales a la vez que se encuentra un camino de desarrollo, quizá más lento, pero continuo y aflojando tensiones. Esto requiere que se devalúe, y se corrija el defícit público (se moderen subsidios, especialemente a quienes pueden pagarlos, ya que el defícit público acelera un proceso que tiene que ser gradual para que no genere mayor conflicto -además la clase media te cambia pagar más por servicios si a cambio le bajas la infla-), y se propicie el ingreso de capitales del exterior, pero todo ello controladamente, y sin pasos abruptos.

¿Qué quiero decir acá? Que no hay crisis, y sí hay tensiones, que deben ser corregidas. Y que si no las corrige el Estado nacional, popular y democrático, pensando en el largo plazo, se genera un contexto para que las corrija otro Estado, o sea otro gobierno con otra concepción del Estado. Cosa que deberá evitarse y de ahí la trascendencia de estos años que vienen antes de 2016.

Lógicamente esto no sería del agrado de los sectores que quieren modificaciones diametrales. Estos sectores, recorriendo la historia argentina, promoverán una inflación galopante que no pueda ser alcanzada por los ingresos, como camino de licuación de salarios, cosa que puede ser lograda mediante una devaluación abrupta sin aumento en derechos de exportación (retenciones), y reduciendo la emisión para inducir una suerte de recesión. El objetivo político de quien quiera representar a estos sectores es que el dolor social sea vivido en estos dos años, para que ellos sean sólo parte de “la solución”.

Cuando la oposición dice que quitará retenciones y no habrá aumentos de precios, no está diciendo algo imposible: con un verdadero plan de recesión, de licuación de ingresos inicial mediante fuerte inflación sin recomposición de ingresos (aunque no haya más desempleo), de devaluación sin crecimiento interno -reduciendo el consumo-, entonces se podrían liberar retenciones sin que aumenten los precios (en su conjunto), porque la inflación es resultado de la puja distributiva, de los cuellos de oferta y de los precios internacionales. De este modo, con un plan recesivo, sólo los precios internacionales empujarían la inflación y si bien eso modificaría nuevamente la estructura de precios relativos, a la larga la economía funcionaría pornográficamente contra los sectores populares como en los 90s, varios escalones más abajo que ahora en materia de bienestar, pero sin inflación, claro. (Escenario 1)

¿Mi impresión? ¿Qué escenario cabe esperar? El del párrafo anterior no creo, porque eso implicaría errores gruesos del gobierno, cosa que no ocurrió en todos estos años (hubo desaciertos pero no de ese nivel). La Argentina va a seguir con estas tensiones hasta 2015, posiblemente con un dólar más caro, y un poco menos del consumo interno promovido por el Estado, pero sin llegar a que un sector se caiga sensiblemente de los logros obtenidos (quizá el empleo comercial en negro sea el primero en afectarse). Sería una lástima que el Estado, suponiendo un nuevo gobierno en 2016, deje paulatinamente de defender el ascenso social de los sectores vulnerables, y apoye la transferencia de recursos hacia los (siempre fuertes) sectores concentrados, tal como está proponiendo la oposición massista y macrista. Aunque es más probable que llegue algún kirchnerista gris, menos pasional respecto de los cambios, antes que cambie el color del partido en el poder. (Escenario 2)

Veremos. El punto 3 depende sobre todo de bajar la inflación. Eso (no bajar la infla en sí, sino las medidas para que ello ocurra) afectará a los puntos 1 (negativamente) y 2 (junto a otras medidas, positivamente). Todo esto gradual, sin saltos abruptos, es el escenario (el 2) que imagino para fines de 2015. Veremos

 

El elástico del trabajo en los 90s y en la última década

¿Cuánto empleo industrial absorbe la Argentina por punto de crecimiento? Comparación con los 90s.

Como petición de principios, cabe precisar que la búsqueda de una estructura productiva con énfasis en una industria fuerte es coherente con el objetivo de una equitativa distribución del ingreso, basada en empleos mejor remunerados, con el fortalecimiento del mercado interno y con una economía menos expuesta a los vaivenes del exterior, y por ende más sustentable en el tiempo.

En el cuadro 1, se observa que en el período comprendido entre el primer semestre de 1991 y el primer semestre de 1995, la elasticidad fue de 0,04, esto indica que un incremento de 1% en el producto generaba un aumento de 0,04% en el empleo. Lo cual refleja que durante la primera parte de la convertibilidad se consolidó un verdadero modelo de crecimiento sin desarrollo económico, por cuanto el crecimiento del producto no fue acompañado por el crecimiento en el empleo.

Esto verifica, nuevamente, la hipótesis que señala que el modelo de los noventa buscaba una conjunción entre el crecimiento y el disciplinamiento social por el camino de la exclusión, el desempleo, la desmovilización social, la privatización de empresas de servicios públicos y la focalización de políticas. Favoreciendo así la concentración de los actores vinculados con las privatizaciones (bancos acreedores, empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales).

Llama la atención la interesante absorción de empleo que existió entre 1996 y 2001. No obstante en los cuadros siguientes veremos de qué clase de empleo se trató. Entre las puntas del modelo neoliberal (91-01) la elasticidad se ubicó en 0,44. Entre las puntas de la etapa actual ese indicador va a 0,25. Con una salvedad, para nada menor: en el caso del modelo de los noventas se realizó la lectura con anterioridad a la crisis, mientras que en la etapa actual no se vislumbra ninguna crisis, ni de aquellas ni de otras características. De hacerse un análisis incluyendo diciembre de 2001 (por ejemplo, desde 1991 a 2002), el resultado sería negativo.

 

Cuadro 1:

cuadro 1 elasticidad total

 

Fuente: Mecon y EPH.

 

En la lectura por sectores, cuadro 2, se observa que entre 1996 y 2001 se destruyó empleo industrial, que fue compensado por los sectores de servicios y comercio. Lo cual remarca el sesgo hacia una economía basada en bienes no transables, en el contexto de una estructura de precios relativos orientada a los servicios (no transables). El sector comercio también acompañó el crecimiento de la economía.

En el período 2007 – 2011 ocurre una curiosidad. La creación de empleo industrial es menos elástica al crecimiento, y al mismo tiempo toda la estructura productiva nacional genera menos trabajo por punto de crecimiento. Sin embargo, y cabe resaltarlo, la etapa actual no está expulsando empleo industrial, como en el final de la anterior, en la que se cerraron numerosas industrias y en la que el déficit de cuenta corriente fue una de las causas de la crisis. ¿O sea? No es lo mismo un modelo que expulsa mano de obra industrial, que uno que luego de incorporar mucho trabajo industrial transita dificultades para seguir sumando esta clase de empleo.

Por tanto, una estructura productiva constituida en dirección de crear empleos industriales es menos dinámica y menos elástica al crecimiento, especialmente cuando la economía se acerca al pleno empleo. No obstante lo anterior, después de 9 años se siguen generando empleos registrados industriales. Por tanto, si bien la estructura económica nacional presenta un gran desafío para lograr una industrialización sustentable, sin embargo las políticas estatales de los últimos años están consiguiendo algo inédito: la generación permanente de empleo industrial por un largo período de tiempo, manteniéndose fuerte a pesar de las crisis recurrentes en el orden internacional.

 

Cuadro 2:

cuadro 1 elasticidad por sector

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Mecon y MTEySS.

El gráfico que sigue es fastidioso, como ya se vio en el cuadro 1. Es muy posible que los servicios y el comercio, en los cuales se hacía hincapié en los noventas sean más elásticos para absorber empleo en el corto plazo, que la industria, incluso en la etapa actual. Pero de la misma forma, la expulsión de empleo de estos sectores, vinculados el mercado interno, también es más elástica a las caídas. Cabe recordar es que la tasa estructural de desocupación en los noventas mostraba un piso del 13% mientras que en la etapa actual se mantiene cercana al 7%. 

 

Gráfico 1:

 GRAF elasticidad empleo producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

Es notable la fuerza que cobraron los servicios y el comercio durante los noventa, de manera tal que la elasticidad empleo producto en estos casos fue mayor que la evidenciada por el sector industrial. Así, en la última parte de la década la industria expulsó mano de obra mientras que dichos sectores marcaron récords de ocupación por cada punto de crecimiento. Los años actuales muestran una mayor paridad entre industria y los demás sectores, lo cual habla de la mayor inclusión, bienestar social y sustentabilidad de largo plazo de la macro actual -vinculada con más ocupación industrial absoluta, y mayor mercado interno-, respecto de la neoliberal.

 

Gráfico2:

GRAF elasticidad empleo registrado por rama producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de cierre, se puede decir que cabe seguir profundizando las herramientas vigentes en poder del Estado, de la misma forma que es correcto seguir fortaleciendo el rol del Estado en la conducción de la economía. Es imprescindible seguir utilizando las nuevas tecnologías administrativas para generar políticas integrales desde el Estado que estimulen en las industrias y en las mipymes, las mismas ventajas que tienen en riesgo y velocidad de negocios, las grandes y las empresas de servicios y comerciales. Todo lo cual, sumado a un Estado activo en materia de políticas de innovación y desarrollo, profundizaría estos años de crecimiento con inclusión laboral y social.  

Remuneraciones promedio por rama de empleo registrado

En el marco de la modificación de la 4ta categoría de ganancias, cobró relevanacia el monto de los salarios por sector. O por lo menos resulta interesante.

 

A continuación les pego dos gráficos de los promedios de remuneraciones en la Argentina, a partir de información obtenida en el MTEySS, Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial -DGEYEL – SSPTYEL – en base a SIPA.
En 1) se puede observar cuál es la remuneración bruta promedio por sector, aproximada, para empleos registrados.

 

1. Marzo de 2013. Remuneración por todo concepto según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 2) se muestra cuál es la performance de las remuneraciones de cada sector, de manera comparada desde 2003 hasta 2013. 

 

2. Marzo de 2013. Variación de las remuneración entre marzo de 2003 y marzo de 2013. Según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aclaración. Tengamos en cuenta que muchas negociaciones colectivas de trabajo surtieron efecto luego de marzo de 2013.

 

Suponiendo algo tan descabellado como que haya habido un 20% de inflación durante cada uno de los 10 años, por ejemplo, llevando algo que valía $100 a $600, eso significaría un aumento del 500%.

 

Me estoy zarpando para mostrar una idea: tenemos 56 sectores en estos gráficos y solamente 4 con un aumento menor al 500% en sus salarios registrados: pesca, productos de petróleo, servicios aux. de la act. financiera y actividades de la informática.

 

Para una mirada complementaria también se puede ver la relación entre exportaciones, cantidad de empleo registrado y remuneraciones.

 

Evolución de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) por provincia

La evolución de las NBI sirve para analizar qué década es más ganada que otra, en términos de bienestar social, de hogares con servicios e infraestructura. Comparación años 1980, 1991, 2001 y 2010.

 

Con información censal del Indec armamos los siguientes cuadros que reflejan la evolución de las necesidades básicas insatisfechas (NBI) por provincia que sirven para analizar un poquito los avances sociales de cada etapa.

Los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas son aquellos que presentan al menos uno de los siguientes indicadores de privasión (la población con NBI es la que vive en estos hogares):

 

Observando los indicadores que generan NBI se puede pensar que clase de políticas/ obras/ derechos/ obligaciones tienden a modificar la situación y qué clase de medidas no tanto. Siempre recordando que no hay política social más fuerte que un modelo económico nacional integral que apunte al trabajo nacional de cada vez mayor calidad. 

 

Entre 1980 y 1991 la población con NBI se redujo un 15,5%, entre 1991 y 2001 la población con NBI se redujo un 1,3%, y entre 2001 y 2010 se redujo un 21,9% (ver el último cuadro). Como es común en mis posts, quiero destacar el rol del Estado en esas distintas décadas, que fue siempre distinto, como principal variable de mejora: en los 80s volvió el Estado pero todavía sin la gobernabilidad necesaria (por propia ineficacia y por batallas muy fuertes de esa hora), en los 90s el Estado se hizo muy fuerte para abrirle camino a las decisiones del mercado (conocido falazmente como Estado mínimo) y en los 2000s el Estado recuperó su capacidad de intervención y control. Este recorrido tuvo su impacto social, reflejado en tantas variables. NBI es una de ellas. 

 

Hogares:

 

Cuadro de variaciones absolutas de hogares con NBI entre censos. Inapelable.

 

 

 

 

 

 

 

Los casos de Santa Cruz y Tierra del Fuego son los únicos que dan positivo, donde no se redujeron los hogares con NBI, pero en esos casos debe contemplarse la migración de población.

En la década del 90 no se mejoró en hogares con NBI -se empeoró- , aunque en la población con NBI sí hubo una mínima mejora. No sé. Fijate, el cuadro anterior se realizó en base a las variaciones de los datos absolutos de hogares con NBI en cada censo. Como puede verse en los 80s y 2000s hay mejoras en materia de hogares con NBI, en los 90s no.

 

Población:

 

El siguiente cuadro muestra qué provincias o jurisdicciones están mejor en la última medición en base a la cantidad de población con NBI sobre el total de población provincial. Es posible que el orden correcto para ver este cuadro sea de mayor a menor en la columna de población con NBI, y no en la de porcentajes, porque los porcentajes son fríos y no visibilizan de manera directa que en la provincia de Buenos Aires es donde más gente hay con NBI.

 

Cuadro de población con NBI en 2010. Totales y porcentajes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volvemos a lo mismo de siempre: discutamos todo lo que falta, y lo que está mal, y qué cambios tiene que haber para que haya más y mejores viviendas y mejor calidad de vida, y quiénes los tienen que motorizar o llevar adelante, pero cambiar de modelo integral sería retroceder en términos de inclusión social. Los datos a la vista.

Más información acá.

Tipos de vivienda, Argentina 1991-2010

La vivienda en la Argentina, para mí, es uno de los principales indicadores de la calidad de vida. Porque se pueden mejorar los ingresos pero la vivienda no es fácil de cambiarla. Tiene más que ver con la distribución de la riqueza que con la distribución del ingreso, pero aquélla no es posible sin ésta.

Una de las claves a tener en cuenta es que el modelo de acumulación, la macro, pesa mucho más sobre la mejora de esta cuestión que cualquier política focalizada al respecto. Es en este orden de cosas que las viviendas más precarias bajaron su proporción en los últimos 10 años.

Por eso hice estos gráficos. Para ver un poco qué pasa con la cuestión, especialmente en los estratos más bajos.

El cuadro y los gráficos hablan por sí sólos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Nota: Donde dice porcentaje de personas por vivienda en el cuadro, debe decir promedio de personas por vivienda.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias: Casa Tipo B: Se refiere a todas las casas que cumplen por lo menos con una de las siguientes condiciones: tienen piso de tierra o ladrillo suelto u otro material (no tienen piso de cerámica, baldosa, mosaico, mármol, madera o alfombrado) o no  tienen provisión de agua por cañería dentro de la vivienda o no disponen de inodoro con descarga de agua.

 

Para poder distribuir la riqueza no sólo hay que distribuir el ingreso en un período determinado, hay que sostener el poder adquisitivo (y las variables vinculadas) en el tiempo y hay que afectar los ingresos relativos (relativos) de los que más ganan. Todo lo que no vaya en este sentido, en el sentido de la distribución del ingreso equitativa, posiblemente, no sea parte de la solución para mejorar las viviendas de la población, posiblemente sea parte del problema.

Si bien se verifica una baja de la proporción de viviendas precarias en los últimos años, todavía sigue siendo uno de los problemas más graves de la Argentina. Por lo que es imperioso seguir avanzando.

 

¿Apreciación o devaluación? Es el control, estúpido.

¿Qué tienen en común los deseos de Sanz de que al país le vaya mal y el mensaje de que estamos condenados a la devaluación, que realizan las Fundaciones/ Consultoras neoliberales?

En realidad estas consultoras son las mismas que apoyaron el neoliberalismo salvaje durante los 90s, fueron los think tanks de la aplicación de la versión local del Consenso de Washington en el país.Cuando el peso estaba absolutamente apreciado y no decían nada por la devaluación. Son las mismas consultoras que ocuparon cargos determinantes en el Estado durante la historia del dolor argentino, y están acompañadas, muy bien acompañdas: los invito a mirar la fiesta de apellidosque hay en el IERAL de la Fundación Mediterránea y los sponsors de FIEL. Para contextualizar nomás.

En la década neoliberal la apuesta era por la valorización financiera y los no transables. Ahora, los grupos económicos locales se encuentran en actividades más productivas, lo cual suena mejor, pero sin la presencia del Estado la diferencia sería menor.

Entonces, lo que hay en común entre los deseos de unos y otros es la clara intención de dominar las variables y los resortes de poder, que el gobierno mantiene luego de 10 años. Situación inédita en la Argentina. Devaluar puede ser necesario, y se hará (se seguirá haciendo, en rigor) en mayor o menor medida, pero lo hará el Estado, estipulando ganadores y perdedores.

Todos estos apellidos y marcas defienden intereses, y verían con buenos ojos una devaluación en el poder del gobierno, no sólo para devaluar la moneda, sino también para corregir un modelo que no les es amigable porque no tienen el control (aunque les siga siendo materialmente favorable).

Estas discusiones no son nuevas, fijate…

“Una de las mentiras más frecuentes es que estamos internacionalmente en altos costos de producción, mentira difundida por la Sociedad Rural  y todos los órganos de la prensa cipaya, que ponen en primer término el alto salario”, Arturo Jauretche, Política y Economía, 1962.

Movimiento de Trabajadores Excluidos

El MTE y el Papa

Estaba viendo que el Papa Francisco invitó a un referente cartonero a la asunción. Me gusta que rompa el protocolo, ¿qué sé yo? Me hace bien. Pero.

Fotos al paso (click para agrandar)

El símbolo de invitar a un cartonero me pareció brillante, como contraste a la opulencia de la Iglesia. Pero me llamaron la atención algunas cosas:

  • MTE significa Movimiento de Trabajadores Excluidos, ¿no sería lógico que se llamen MTI, Movimiento de Trabajadores por la Inclusión? ¿No reproducen una situación negativa desde el mismo nombre?
  • Pienso que hay que pelear por la inclusión, no por la ausencia de diferencias entre excluidos e incluidos .
  • Me llamó la atención de la web del MTE que no se haga mención (o no la encontré) a la explotación de precios por parte de los compradores (a veces muy grandes) de los productos a reciclar.
  • La Iglesia, que tiene que dejar de ser “una ONG”, ¿qué rol cumple frente a este tipo de movimientos? ¿Debe llevar la palabra de Dios o darles alguna ayuda terrenal?
  • El Estado, sin lugar a dudas tiene el propósito de consolidar la inclusión social. Para eso es que se fortalece, en un contexto de agonal puja distributiva, el mercado interno, el consumo, el trabajo nacional, el tejido productivo, se trabaja en una nueva ISI, etc. La opción por los ricos neoliberal obviamente no ayudó a la mayoría de la poblñación entre 1976 y 2003.
  • El debate entonces es conocido: focalizar sobre los excluidos con ayuda social que les cubra alguna necesidad básica (esto lo puede hacer tanto el Estado como una ONG) o universalizar sobre la macro estructura productiva para incluir realmente a la población (esto sólo lo puede hacer el Estado). Ahora bien, ¿cómo posicionar a la Iglesia en la segunda opción, la de la inclusión real? ¿Puede ser ésta una opción? Debe serlo para no quedar sólo en oraciones.
  • Otra cosa que me llamó la atención es que en la web del MTE haya una publicación (con el link erróneo, eso sí) del CEMOP de la Fundación de la Madres, abiertamente vinculada al gobierno nacional. Esto me parece un buen indicador de convivencia, muy lejos a lo que grandes medios de comunicación pretenden instalar.
  • Existe un cruce de distintas organizaciones preocupadas y ocupadas en la dignidad humana que se acercan a las personas que mayores necesidades tienen. La Iglesia a la que representaba Bergoglio puede formar parte de estas organizaciones (gracias a, o a pesar de Bergoglio, ¿cómo saber?).
Sin perjuicio de lo anterior, y más allá de que por ahora no tenemos actos concretos para medir la labor del nuevo Papa, cabe celebrar que estos sectores de la sociedad sean visibilizados por la Iglesia (o por cualquier otra organización). Porque es una forma más de promover la reflexión sobre la mejor manera de alcanzar, con democracia, la inclusión social y la justicia social reales. Nuestra Iglesia.

Inflación, viñetas para su explicación

Algunas viñetas para enmarcar un debate que no puede tener una conclusión sino un camino de abordaje.

  • ¿Cuánto aumenta la pobreza si no hay crecimiento económico, y cuánto aumenta ante cada punto de inflación? ¿Cuánto aumenta la inflación por cada punto de crecimiento económico y por qué? ¿Tiene sentido enfriar la economía o eso sólo puede generar expulsión de mano de obra y mayor pobreza? ¿Hasta qué punto tiene sentido recalentar la economía desde el gasto público si los empresarios sólo van a responder con aumentos de precios? ¿Cómo debe conducir el crecimiento el Estado, sólo a través del gasto público y la inversión pública, o además produciendo desde empresas públicas y estableciendo controles en todas las cadenas verticales de producción? ¿Alcanzan las políticas anticíclicas desde el Estado para sustentabilizar el crecimiento o se precisa una participación activa a través de empresas públicas en sectores estratégicos?
  • Por tanto la inflación es un problema, pero ¿para quiénes? ¿Quiénes la generan? ¿Existe una puja exportadores – mercado internistas que alimenta además esa inflación? ¿Tiene sentido devaluar para atender las ganancias de los exportadores y afectar el poder adquisitivo de los trabajadores, en función de mayores aumentos de precios que generaría esa devaluación? ¿Es posible industrializar un país, recuperar el consumo de los sectores vulnerables y crecer a un mismo tiempo, sin inflación?
Es posible que todas estas viñetas entren en juego en la discusión. Sin embargo, el punto flaco de todo este sistema parece ser la puja distributiva y el comportamiento empresario a favor de aumentar precios en vez de invertir para ganar más por mayores niveles de producción.

¿Por qué defendemos la democracia? ¿Qué queremos? ¿Para qué?

Si algo cabe defender en democracia es la diversidad de opiniones.

Si algo nos gusta a muchos es opinar, plantear lo que pensamos. Suelo decir que sólo estar en el espacio correcto para tomar una decisión socialmente loable es más interesante que opinar sobre cómo tiene que ser esa decisión.Nos gusta eso. Escribir, opinar. Y por suerte en este tiempo se puede hacer. Hace 30 años era difícil, incluso arriesgado. O imposible. Opinar en estos tiempos también trae problemas con quienes piensan distinto, incluso con nuestros propios amigos o compañeros. Pero se resuelve debatiendo, argumentando. Sin represión. Se resuelve cruzando ideas. Más o menos apasionadamente según cada uno.Un (neo)liberal como Robert Dahl decía que uno de los requisitos de la poliarquía (una forma cool de llamar a la democracia) es la diversidad de información. Además de elegir libremente, otro requisito que recuerdo, entre tantos, es que las acciones del gobierno, y las concreciones institucionales, dependan del voto. En estos últimos casi 10 años como nunca en la historia de la Argentina, el gobierno atendió a la mayoría, enfrentando muchas veces intereses corporativos. Por eso cabe defender a la política, porque a través de ella el Estado puede materializarse en instituciones populares que protegen al conjunto de la sociedad y especialmente a quienes más lo precisan, los sectores vulnerables. Quiero más de esta democracia, mucho más.

Y en este marco es que cabe entender que democratizar los medios de comunicación en la Argentina no es tarea fácil. La justicia, no es independiente de los intereses económicos fácticos, está estrechamente vinculada con ellos y sirve de ancla a un pasado que es difícil de corregir. Las instituciones, como la justicia son construcciones sociales, aceptadas socialmente en un período determinado. Pero cuando la voluntad social acompaña o promueve un cambio se ve ante el desafío de transformar lo que la misma sociedad creó. A todo esto le vamos a llamar política, ¿sí?

Los grupos económicos locales, Soldati, Macri, Pescarmona, Bulgheroni, Rocca, Pagani, Pérez Companc y algunos etcéteras, tienen una suerte de colonización sobre la justicia y sobre una gran parte de los partidos políticos de la Argentina. De esa forma fue que durante los años 1991 a 2003 (y quizá un poco más también) los intereses corporativos encontraron espacios de poder en el mismo Estado colocando a sus lobbystas, controlantes o gerentes. Podemos pensar en Rapanelli, en Tizado, en Rapanelli, en Cavallo (!), en Oscar Vicente, en Daniel Marx, en Montamat, y en una larga y dolorosa lista.

La Argentina de los Kirchner, posiblemente con contradicciones propias de gobernar un país con estas características, con el tiempo fue alejando a estas personas que poco pensaban en las necesidades del conjunto, dado que primero que nada atendían los intereses que representaban, dejando a la democracia en segundo plano (tal como lo demostró la dictadura, y los alejamientos tempranos de Alfonsín y De La Rúa, más allá de cada contexto).

Entiendo a los que dicen que hay grupos de comunicación muy fuertes en la Argentina además de Clarín. Entiendo a los que dicen que la Ley de Medios es coyuntural por las disputas entre Clarín y el gobierno. Entiendo también a los que señalan que hay que ir por todo al mismo tiempo, y no ir tejiendo alianzas entre crápulas para poder enfrentar otros crápulas. También entiendo a aquellos preocupados por el cambio de condiciones del mercado de los medios de comunicación audiovisual. Y entiendo a los que quieren pautas parejas del Estado para todos.

Los entiendo a todos pero no coincido, ni mucho menos los justifico. Entiendo sus argumentos. Y me gusten o no, los comparta o no (en realidad no) lo que no comprendo es cómo algunas personas son capaces de no defender el achicamiento de un monopolio de medios como Clarín, en el marco de cumplir una Ley de la democracia que convocó a tantos grupos sociales interesados.

Existe una relación entre enfrentar corporaciones, para hacer una democracia que atienda a porciones cada vez más numerosas de la población, y esa (esta) democracia. A esta relación le vamos a llamar soberanía, ¿vale? Tiene que ver con quién toma las decisiones en la Argentina, el pueblo a través de las instituciones emergentes de la democracia reciente o las corporaciones a través de las instituciones que ellos crearon para anclarse a un estado de cosas favorable.

Creo que todo es debatible, pero lo que aparece como bastante evidente es que una democracia mejor, con instituciones inclusivas, se construye apoyando. Acompañando esta democracia. Porque nunca es poco lo que nos jugamos.

Así que, un poco por todo esto, pero también por todo lo que falta, este domingo 9 de diciembre nos vemos en la Plaza. Hasta entonces.

Post publicado en hache.

Elasticidad empleo – producto en la Argentina

La estructura industrial de la actualidad enfrenta varios desafíos, que forman parte de la agenda de debates y políticas pendientes. Tal como ya dijimos varias veces en este blog.

Como petición de principios, cabe precisar que la búsqueda de una estructura productiva con énfasis en una industria fuerte es coherente con el objetivo de una equitativa distribución del ingreso, basada en empleos mejor remunerados, con el fortalecimiento del mercado interno y con una economía menos expuesta a los vaivenes del exterior, y por ende más sustentable en el tiempo.

  • En el cuadro 1, se observa que entre el primer semestre de 1991 y el primer semestre de 1995, la elasticidad fue de 0,04, esto indica que un incremento de 1% en el producto generaba un aumento de 0,04% en el empleo. Lo cual refleja que durante la primera parte de la convertibilidad se consolidó un verdadero modelo de crecimiento sin desarrollo económico, por cuanto el crecimiento del producto no fue acompañado por el crecimiento en el empleo.
  • Esto verifica la hipótesis que señala que el modelo de los noventa buscaba una conjunción entre el crecimiento y el disciplinamiento social por el camino de la exclusión, el desempleo, la desmovilización social, la privatización de empresas de servicios públicos y la focalización de políticas. Favoreciendo así la concentración de los actores vinculados con las privatizaciones (bancos acreedores, empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales).
  • Llama la atención la interesante absorción de empleo que existió entre 1996 y 2001. Entre las puntas del modelo neoliberal (91-01) la elasticidad se ubicó en 0,25. Mientras que entre las puntas de la etapa actual ese indicador aumenta a 0,33. Con una salvedad: en el caso del modelo de los noventas se realizó la lectura con anterioridad a la crisis, mientras que en la etapa actual no se vislumbra ninguna crisis, ni de aquellas ni de otras características.
  • Es muy posible que los servicios y el comercio, en los cuales se hacía hincapié en esa época sean más elásticos para absorber empleo en el corto plazo que la industria. Pero de la misma forma, la expulsión de empleo de estos sectores, vinculados con la debilidad del mercado interno asociada, también es más elástica a las caídas. Cabe recordar es que la tasa estructural de desocupación en los noventas mostraba un piso del 13% mientras que en la etapa actual se mantiene cercana al 7%.

Cuadro 1: elasticidad empleo – producto

Fuente: Mecon y EPH.

  • En el cuadro 2, puede observarse que entre 1996 y 2001 se destruyó empleo industrial (empleo industrial registrado, en este caso), que fue compensado por los sectores de servicios y comercio. Lo cual remarca el sesgo hacia una economía basada en bienes no transables, en el contexto de una estructura de precios relativos orientada a los servicios (no transables). El sector comercio también acompañó el crecimiento de la economía.
  • En el período reciente ocurre una curiosidad. La creación de empleo industrial es menos elástica al crecimiento, y al mismo tiempo toda la estructura productiva nacional genera menos trabajo por punto de crecimiento. Sin embargo, y cabe resaltarlo, la etapa actual no está expulsando empleo industrial, como la anterior, en la que se cerraron numerosas industrias y en la que el déficit de cuenta corriente fue una de las causas de la crisis.
Cuadro 2: elasticidad empleo registrado, por sector – producto

Fuente: Mecon y MTEySS.
Puede concluirse anticipadamente que una estructura productiva constituida en dirección de crear empleos industriales es menos dinámica y menos elástica al crecimiento. No obstante lo anterior después de 9 años se siguen creando empleos registrados industriales. Por tanto, la estructura económica nacional presenta un gran desafío para lograr una industrialización sustentable, sin embargo las políticas estatales de los últimos años están consiguiendo algo inédito: la generación permanente de empleo industrial por un largo período de tiempo.
  • Es notable la fuerza que cobraron los servicios y el comercio durante los noventa, de manera tal que la elasticidad empleo producto en estos casos fue mayor que la evidenciada por el sector industrial. De tal modo que en la última parte de la década la industria expulsó mano de obra mientras que dichos sectores marcaron récords de ocupación por cada punto de crecimiento. Los años actuales muestran una mayor paridad entre industria y los demás sectores, lo cual habla de la mayor inclusión, bienestar social y sustentabilidad de largo plazo de la macro actual -vinculada con más ocupación industrial absoluta-, respecto de la neoliberal.
Gráfico2: elasticidad empleo registrado, por sector – producto
  • Respecto de la revisión por tamaño de empresa el período más equilibrado entre las grandes y las mipymes fue el corte 2003-2007. Este cuadro es polémico por cuanto en él no se refleja el comentado mayor  dinamismo de las mipymes en la toma de ocupados. Puede suponerse que el sesgo de tratarse de trabajo registrado está generando un desvío de la realidad. Sin embargo, para comparar entre períodos es funcional y arroja información interesante.

A modo de cierre, se puede decir que cabe seguir profundizando las herramientas vigentes en poder del Estado, de la misma forma que es correcto seguir fortaleciendo el rol del Estado en la conducción de la economía. Es imprescindible seguir utilizando las nuevas tecnologías administrativas para generar políticas integrales desde el Estado que simulen en las industrias y en las mipymes, las ventajas que tienen en riesgo y velocidad de negocios, las grandes y las empresas de servicios y comerciales.

 

La Argentina heterodoxa

Este año es clave para la Argentina. El desafío es fundamental para la legitimación de una forma de hacer política, recordando lo acontecido en el año 2009 pero profundizando las políticas estatales a favor de la estabilidad del mercado interno.

La Argentina atraviesa la actual crisis internacional con un objetivo central: no afectar los niveles de inclusión, igualdad y bienestar social alcanzados en estos 9 años y pico. O sea, que la crisis no la paguen los trabajadores. Que los empresarios que ganaron tanto durante estos años acompañen al Estado en la red de contención social. Ése es el gran desafío. Y por ahora se está logrando, aunque no sin conflictos internos.Si el gobierno tiene éxito en este gran objetivo estaríamos frente a algo nuevo: la sociedad aprendería que un Estado estratégico (en la Argentina) para la inclusión es posible incluso en épocas de crisis. Ya no se le creerá nunca más a las versiones intencionadas de disminución salarial, ni de flexibilización laboral ni de mayores desregulaciones para salir de la crisis, como se intentó en otras ocasiones.Se está andando un camino, que en democracia puede no tener retorno: un Estado sincero a favor del conjunto es posible incluso en épocas de crisis. En el futuro este año puede ser recordado cada vez que un gobierno intente esconder intenciones regresivas detrás de la necesidad basada en las crisis.

Recetario:
  1. Política cambiaria. Se administra el tipo de cambio para lograr un equilibrio entre la competitividad, el poder adquisitivo de los salarios y la factibilidad de mayor inclusión.
  2. Se mantuvieron los niveles de reservas en el BCRA para poder hacer frente a la autonomía necesaria para afrontar la política cambiaria según la estrategia de desarrollo y no según la necesidad o la imposición externa.
  3. En este sentido cabe contemplar la importancia del desendeudamiento del Estado argentino.
  4. Régimen de comercio exterior administrado con muchos controles del Estado, en función de cuidar el mercado interno y el tejido productivo nacional.
  5. El Estado mantiene interesantes niveles de gasto e inversión pública. Además la política fiscal es interesante. Si bien no se reformó el sistema tributario tal como sería deseable (pasando a uno más progresivo) siguen existiendo sucesivos ajustes para fortalecer la recaudación sobre los grandes agentes de la economía.
  6. Se generó un plan de construcción de viviendas, Pro. Cre.Ar., para dinamizar la economía a partir de un sector que se eslabona con varios otros sectores productivos de distinto peso, como es la construcción.
  7. El Estado se hizo más fuerte en sectores estratégicos para el desarrollo. De esta inteligencia se modificó la Carta Orgánica del BCRA para tener un Banco Central en sintonía con la equidad y el desarrollo interno. Se busca favorecer el crédito productivo a través de la conducción del sistema financiero.
  8. Se re-estatizó YPF para controlar una empresa central del sector hidrocarburífero, abocada a coordinar una política energética funcional para la producción nacional.
  9. El Estado promueve que los salarios sigan acompañando el crecimiento del mercado interno, el consumo y la demanda agregada, convalidando negociaciones paritarias que mejoran el poder adquisitivo del salario, y por ende la calidad de vida de la gente. En este sentido se mantienen las políticas de aumento de jubilaciones y Asignaciones Universal por Hijo (y embarazo).
  10. El rol del Estado en la economía es intenso, tomando partido por la armonía de clases y por los sectores populares.
El Estado argentino está demostrando que las crisis no deben ser la esperanza blanca para destruir el Estado, sino todo lo contrario: si las crisis les duele más a los sectores más dinámicos y preponderantes del capitalismo argentino, se espera que estos aprendan a actuar para evitar que haya crisis. Un modelo sustentable implica atender la mejora en la distribución del ingreso y cuidar que no haya volatibilidad macroeconómica.
No es fácil, hay conflicto. Pero es natural. Son tiempos en los que la sociedad aprende y los empresarios se disciplinan. Apostemos por un Estado ejemplar y ejemplificador.

Estructura productiva: la industria en el PBI

La estructura productiva de la Argentina todavía tiene una deuda pendiente con los cambios de fondo.

  • Los establecimientos industriales (que registran empleo) crecieron entre 1996 y 2011 un 17,6%, los comercios un 72,9% y las empresas de servicios un 58,3% en ese período. La inversión industrial es claramente más costosa y conlleva más riesgos. Por eso se requiere del Estado para asumir parte de los costos y riesgos de esa inversión, apoyándose sobre la recaudación que se obtiene sobre sectores más dinámicos, por un lado, y consolidando una real industrialización por sustitución de importaciones, que en el contexto actual sólo es posible de manera compulsiva para no afectar aún más variables de la economía.
  • El BCRA informa que la proporción de financiamiento a la industria manufacturera, sobre el total de préstamos, era de casi 30% en 1990, del 20% en 1997, 8% en 2003, 16% en 2008 y 17% en 2011 (alimentos e industria química entre los que mayor proporción se financiaron). Claramente, un camino que acompañó la performance industrial y que cabe seguir profundizando. Por eso haber modificado la Carta Orgánica del BCRA abre una oportunidad sin igual para presionar a los bancos de manera tal que otorguen más créditos a la producción.
  • En el primer trimestre de 1996 había más de 17 empleados registrados por empresa industrial, en el pico de empleados industriales de los 90s: el segundo trimestre de 1998, se contaban casi 19 empleados por industria. En el pico de empleados industriales de la etapa actual (cuarto trimestre de 2011, que además es el último dato disponible), existen alrededor de 21 empleados por industria. Dato que habla de la ampliación de las empresas existentes antes que de la proliferación de nuevas empresas. Actualmente, por otro lado, el comercio tiene casi 7 empleados registrados por comercio y los servicios poco más de 10 empleos por empresa del sector. Ambos muy lejos de los 21 empleos industriales.
A modo de conclusión, se puede decir que este diagnóstico no afecta el buen criterio de las medidas del gobierno, por el contrario, genera una base más fuerte para avanzar sin miramientos en una estructura productiva que incorpore mayor volumen de producción industrial. El tipo de cambio competitivo dinamizó el tejido productivo desde 2002, pero no modificó la estructura económica. Por eso aumentar el control sobre el comercio exterior y sobre el comportamiento empresario (fundamentalmente inversión) es una buena estrategia, heterodoxa, que como toda política sólo se confirma con la practica.
Y, en este sentido, favorecer el mercado interno es estrictamente eso: voluntad de control para consolidar un modelo de país. Por eso administrar el comercio exterior, y controlar el tipo de cambio son pilares fundamentales para avanzar hacia una modificación real de la estructura productiva argentina. Aunque de ninguna manera se puede pensar que eso sólo alcanzará. La inversión industrial debe ser consolidada desde el Estado, favoreciendo la creación de nuevas empresas, y la ampliación de las existentes. Ese es el desafío de esta inédita época, construir un sistema financiero orientado al desarrollo y no a la usura, para alcanzar la apuesta por la profundización de una estructura productiva sustentable en tiempos de crisis externa y menor crecimiento interno.
El resto de los gráficos se pueden ver acá.

Salarios, empleo registrado y todo lo demás

Los salarios le ganaron a la inflación durante los últimos nueve años.

En las mediciones más controvertidas, y contrarias al oficialismo, esa inflación es de 220%.

En el siguiente gráfico se aprecia cómo el promedio de los salarios de empleos registrados le han ganado a la inflación.

Gráfico: salario promedio por actividad económica.

Fuente: elaboración propia en base a MTEySS.

Click para ver gráfico completo, desagregado por rama de actividad económica.

Por eso la presidenta reclama que haya solidaridad para trabajar por los que no tienen empleo registrado (35% de los trabajadores) y por los que no tienen empleos de calidad. Especialmente en esta etapa de crisis internacional.

 

¿Cómo evitar que el modelo atente contra el modelo en tiempos de crisis externa?

 El gobierno se propone utilizar el eje de las negociaciones paritarias como rector del equilibrio social. Existe una cierta vinculación entre la sintonía fina y la heterodoxia, veamos.
En un contexto donde existe una presión sobre la devaluación del tipo de cambio, el gobierno, sin embargo, estableció un set de medidas orientadas a sostener el valor de la moneda estable, sin saltos abruptos, pero sin afectar el nivel de reservas. Y sin afectar tampoco el saldo positivo de cuenta corriente. ¿Por qué? Porque es un camino para sostener el poder adquisitivo del salario (evitando una presión al alza de precios, en este sentido), para que el mismo modelo no atente contra el modelo.Es por esto que se implementaron políticas de administración comercial heterodoxas para que la cuenta corriente de la balanza de pagos se mantenga superavitaria, en un escenario con una moneda doméstica estable -sin devaluar-, como fundamento de la independecia económica que conquistó la Argentina.En este mismo sentido se trabaja en la quita de subsidios universales para, progresivamente, convertirlos en integrales (bueno che, me gusta jugar con los conceptos, total es gratis o bien: sigue subsidiado). Lo cual es posible gracias al avance de las tecnologías de administración de lo público. Esta nueva concepción de subsidios integrales para el conjunto de los sectores sociales que los precisen se relaciona con el superávit fiscal, y por supuesto con la soberanía política que resulta de no depender de nadie.

Asimismo, esto último se enlaza con la lógica de un Estado al servicio de los sectores vulnerables,  propiciando su recuperación y el aumento de su bienestar; dado que un Estado que se endeuda reasigna negativamente recursos en los sectores relegados (digamos que este razonamiento sigue la misma lógica que la de los impuestos indirectos), es pertinente agotar las herramientas políticas y económicas en función de sostener el equilibrio fiscal.

¿Cómo se vincula todo lo anterior con las discusiones salariales? La Argentina alcanzó, luego de ocho años de gobierno del proyecto nacional, popular y democrático, un clima social donde los trabajadores sindicalizados lograron conquistar cierto bienestar y donde las empresas funcionan con niveles de ganancias récord. En esta coyuntura la prioridad pasa a la inclusión de los sectores aún excluídos (desocupados o trabajadores no registrados), para lo cual es pertinente disminuir al mínimo posible las presiones sobre el alza de los precios (o de algunos precios), para allanar el camino de la intervención del Estado en la inclusión social de los que aún no se benefician notablemente con el modelo.

Es por ello que no se devaluó con fuerza y es por ello que se está discutiendo a la baja las pretensiones de aumento salarial, para que los trabajadores no aumenten su poder adquisitivo tanto como en otros años vis-á-vis lograr una menor presión sobre los precios y equilibrar todo el sistema de precios hacia abajo. Es natural -y en cierto punto bienvenido- que esto genere algunos conflictos. Al mismo tiempo el gobierno le exige a los sectores empresarios que como respuesta a la intervención del Estado en función del equilibrio, inviertan todavía más de lo que venían haciéndolo, y que estas inversiones generen empleo, productividad y competitividad.

La sintonía fina entonces, tiene que ver con la inclusión y la igualdad social. Tiene que ver con la inédita voluntad política de profundizar la distribución equitativa del ingreso en tiempos que no son de auge (en el contexto de una impresionante crisis internacional). El éxito de esta iniciativa puede marcar la refundación de un cierto equilibrio social en la Argentina.

El escenario que se busca construir tiene que ver con un tablero que permita pensar una redistribución del ingreso que levante (aún más) el piso social al tiempo que el techo se sostiene más o menos estable. A esto último le llamamos “búsqueda de igualdad social” y ejercicio de gobierno para el conjunto de la sociedad argentina y no para un sólo sector, ni mucho menos alguna corporación de intereses.

Estos párrafos encierran algunas polémicas. Por ejemplo, ¿cuál es la fuerza de la relación entre salarios y precios? (¿Más guita en la calle o mayores costos empresarios presionan efectivamente los precios? ¿Cuánto?).

La idea es que cuanto más desarmemos todos los temas más cerca de una democracia madura vamos a estar, profundizando -y conociendo mejor- los canales de solidaridad necesarios para construir una sociedad igualitaria. No le tengamos miedo a ningún debate, pero aprendamos a darlos con seriedad y conocimiento.

Récord de inversión en la Argentina

Distintos elementos confirman que la Argentina sigue siendo un país que crece, en varios sentidos. A todas las variables positivas que venimos conociendo, se suma el récord de inversión que se verificó en el tercer trimestre de 2011.
Es un dato más que relevante porque nos dice mucho respecto de una cuestión que nos tiene en vilo permanentemente: los aumentos de precios. Si el nivel de inversión es correcto, entonces los aumentos de precios provienen de estrategias empresariales microeconómicas que se aprovechan del crecimiento de la economía y la demanda. Es decir, lo anterior daría una pauta de que, como hay más guita en la calle, algunos pillos que quieren ganar más aumentan sus precios aunque sus costos se mantengan inalterables. Y claro, eso da inicio a una rueda, que otros pillos le ponen el nombre de “inflación”, así: sin sujeto ni predicado; lo cual es muy útil para echarle la culpa del aumento de precios a la forma como se miden los mismos y no a quienes remarcan.
En otro post, mostramos que es posible que: “no haya un patrón en el conjunto de la economía que dispare los precios en función de la oferta (en niveles de utilización de las instalaciones en torno del 80%). Abriendo de este modo una nueva puerta a la hipótesis de que la inflación se genera a partir de las conductas de los agentes individuales concentrados de la economía -”con nombre y apellido”- por encima de las presiones del conjunto del sector productivo”.
En la prensa concentrada se habla mucho de los problemas de la Argentina, pero curiosamente 2010 tuvo niveles impresionantes de inversión y en 2011 se está batiendo el récord histórico. Y en este escenario el Estado jugó un rol clave porque consolidó un modelo, unívoco, de inclusión social, fortalecimiento de la demanda agregada y desarrollo productivo, que favoreció la inversión pública y privada, que, me gusta creer, se disparó después del 14 de agosto, ante la certidumbre de la continuidad del modelo de acumulación (otro día discutimos si corresponde llamarle “modelo de acumulación”).
En el siguiente gráfico (click para agrandar) se puede ver que la inversión promedió poco más de 20% durante los mejores años de los noventa, y más de 22% durante los años 2006 y 2008, de sana expansión. Cabe destacar que el promedio de los primeros tres trimestres de 2011, la inversión como parte del PBI, promedió 24,4%. La hipótesis que sería interesante confirmar en los próximos años, es que un modelo basado en el mercado interno y la demanda agregada es mucho más sólido y estable, en términos de inclusión social, que un modelo basado en la desregulación comercial, laboral y financiera.
Por estos días, se cumple el aniversario del final del modelo de valorización financiera, tras 10 u 11 años (1991-2001) de contínuas derrotas sociales y productivas, como parte de una puja iniciada (con terror y desaparecidos) en 1976. No hay dudas de que la Argentina tiene la misma capacidad de recuperarse, gracias a su riqueza social y productiva, como de autodestruirse cuando el egoísmo y el odio llegan al poder. Esperamos que la etapa actual sea una muestra de superación definitiva. Aunque, el modelo del crecimiento con inclusión en el acceso al bienestar, que transcurre en la Argentina desde 2003, todavía no cumplió sus 10 años.
Digresión: sería interesante que alguien señale algún pueblo con más épicas políticas que el argentino.
Elaboración propia en base a datos del MECON e Industria.
Para ver esta nota ampliada, integrando datos de EMI y UCI, click acá.
La prensa concentrada pendula entre darle un tratamiento objetivo al tema o uno crítico, pero es también cierto que cuando las noticias son buenas, las esconden o las ensucian. Este récord de inversión es un tema de tapa para cualquier diario, y sólo apareció en la tapa de Tiempo Argentino el sábado.
Si uno recorre los diarios, en especial La Nación y sobretodo Clarín, se habla mucho de la inversión, pero en términos microeconómicos, como si se tratara de una decisión interesante de un empresario, y sin conjeturas sobre el ambiente de inversión. Claro, los diarios tienen que cuidar a los anunciantes, incluso cuando estos hacen cosas que le conviene de verdad al país, como invertir.

Creación de empleo sectorial, antes y ahora

A partir del siguiente gráfico, construído en base a información de Mecon y MTEySS, se pueden hacer algunas reflexiones interesantes.

En post anteriores hemos demostrado la importancia del sector industrial en la evolución del bienestar social en la Argentina.

La idea del gráfico es aproximarnos a una mínima mirada sobre qué ocurre con la evolución de la tasa de cambio de empleo registrado, con hincapié en la tasa de cambio neto del empleo registrado industrial. Sobre esta última nos surge la siguiente pregunta ¿Cuál es la diferencia con el resto de los sectores y cuál la relación con la evolución del EMI y el PBI? ¿Cómo deberían proceder los sindicatos, si asumieran esta descripción de la realidad?

La tasa de cambio neto nos muestra la mejora (o disminución) absoluta de un período al otro sobre el empleo registrado. En el gráfico pueden verse las tasas de cambio de empleo registrado sobre el tercer trimestre de cada año en comparación con el 3er trimestre del año anterior.

Al respecto, se puede elaborar una hipótesis: el empleo industrial es el más rígido para el crecimiento y el más elástico en épocas de crisis, lo cual puede variar en un scenario de auge acompañado de baja utilización de la capacidad instalada de la industria en el instante anterior.

En el gráfico anterior, queda claro como en los noventa el sistema productivo, en épocas de recesión, expulsaba principalmente mano de obra industrial, en un escenario de cuenta corriente absolutamente negativa y con gran parte de la economía, por tanto, orientada al comercio y los servicios.

En el gráfico la hipótesis se verifica, y nos señala las dificultades que tiene la estructura de la economía argentina para promover este tipo de empleo. En efecto, de acuerdo con la hipótesis, el empleo industrial es el que menos crece en épocas de auge y el que más disminuye durante las depresiones. Esto se rompe, en los años 2002, 2003 y 2004 ya que la baja utilización de la capacidad instalada en el período anterior y el cambio de modelo tuvieron un impacto fuerte en la variación del empleo de este sector.

Lo anterior se condice ciertamente con la evolución del EMI. El empleo industrial, naturalmente tiene una relación fuerte con el EMI, sin embargo a medida que el desempleo desciende es lógico que la absorción de empleo sea más rígida y lenta. De manera tal que cuanto más baje el desempleo, menos fuerte va a ser la toma de empleo con baja importancia de la intensidad de crecimiento del EMI.

La estructura argentina, entonces presenta una articulación productiva que muestra cierta debilidad sobre la sustentabilidad del empleo industrial. El Plan Estratégico Industrial es, en este sentido, un camino posible para la consolidación del empleo de este sector (además, claro está, de la estrategia de Estado de fomentar la industria en su
conjunto).

Cabe destacar que consolidar una estructura productiva industrial nacional, fuerte, estrechamente vinculada con el mercado interno, funciona como un seguro de consolidación del modelo basado en el trabajo y la industria. Orientar la producción a la exportación es un camino de desarrollo, siempre y cuando esté consolidada desde cierta fortaleza del mercado interno, que lo haga dinámico. Por eso promover el consumo interno, la demanda agregada, es una política perfectamente concomitante con la generación de mayor bienestar social, empleo y desarrollo.

Entre 1996 y 1998 el empleo industrial creció en términos netos (creación de empleo menos destrucción de empleo) alrededor del 11%, entre 2004 y 2006 más del 30%. Lo cual permite ver un importante contraste entre modelos en etapas de auge.

Entre 1999 y 2002 el cambio neto del empleo industrial fue superior al -20% (implica destrucción absoluta de empleo industrial en una quinta parte del existente), lo cual alcanza un promedio bastante superior a -5% por año. En 2009 el descenso del empleo industrial registrado no llegó al -4% (con un escenario de alta utilización de la capacidad instalada, dado especialmente en el primer trimestre de 2009).

Cabe realizar una reflexión: el empleo, su creación o destrucción neta, depende primero que nada del modelo de acumulación consolidado desde el Estado.

Por tanto, si se permite la digresión, es posible apuntar que los sindicatos (especialmente de las ramas vinculadas a la industria) deberían defender fuertemente un modelo que les beneficia, antes que confundirse en disputas microeconómicas o puntuales aplicando metodologías, que en el largo plazo podrían debilitar al mismo modelo (que les favorece).

Asimismo el Estado, no puede perder de vista que promover la inversión no puede ser un fenómeno abierto. Es preciso que esa inversión esté orientada hacia los sectores más favorables para la consolidación de un desarrollo vinculado al mercado interno y al bienestar social (cosa que naturalmente, se vincula con el aumento de las exportaciones). El perfil de inversiones y el perfil de consumo de la sociedad son dos fenómenos vinculados en función del desarrollo.

 

¿Una relación entre exportaciones y calidad de vida?

Nos interesa revisar la performance de las remuneraciones y el empleo registrado por sector, en comparación con la evolución de las exportaciones por sector, para lo cual armamos este gráfico que resume la información, revisada en detalle acá (donde también se puede ver la metodología utilizada).

Gráfico: crecimiento de exportaciones, de empleo registrado y de remuneraciones.

Nota: el total incluye a todas las ramas, en cambio el resto de los sectores obedece a la performance ramas seleccionadas, según metodología.

¿Qué nos permite ver este gráfico? Algo que realmente nos obsesiona: cómo crece el empleo registrado y las remuneraciones por sector. Y qué relación tiene ese crecimiento con las exportaciones por sector.

Esta información resulta muy interesante por cuanto ayuda al Estado a entender cómo le conviene participar, intervenir en la economía.

Así las cosas, el promedio de aumento de las remuneraciones no parece tener una relación directa con el aumento de las exportaciones, lo cual se vislumbra mirando la variación en el mercado interno, cuyo peso en el total del mercado argentino es sobresaliente.

Sin embargo, la mirada particular da cuenta de algunos fenómenos:

Estas variables ayudan a entender cómo debe comportarse el Estado. Está claro que la economía no puede aislarse del mundo, por cuanto el superávit de cuenta corriente cumple un rol fundamental en el crecimiento de un país, de manera sana (con desarrollo económico y social).

Pero por otro lado, lo anterior debe equilibrarse con un mercado interno fuerte que no sólo apunte a la mejoras salariales y la igualdad social, sino también a mejorar la escala industrial para la mejora de la competitividad de los productos cuya exportaciones más aportan a la calidad de vida de los trabajadores argentinos, o sea aquellos de mayor valor agregado.

¿Qué se quiere decir con esto? Que el Estado debe apuntar a subsidiar, fortalecer, otorgar crédito para inversión a aquellos sectores productivos que mejor fortalezcan la distribución equitativa del ingreso en la Argentina. Claro que sin descuidar la diversificación productiva. Nadie dice que sea simple, che.

Ver el detalle pormenorizado de esta entrada acá.

Es la economía real, estúpido. Una mirada comparada.

Los Estados del mundo desarrollado están viviendo momentos de zozobra. Aquí algunas conclusiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para seguir leyendo esta entrada, y ver los gráficos que le dan sustento, pinche aquí.