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Del laberinto macroeconómico con restricción se sale con más crecimiento

Hay varias dificultades para hablar de este tema. La primera y principal es que no estamos de acuerdo, si se miran todas la posiciones económicas y políticas que andan dando vueltas, sobre dónde estamos, y hacía dónde conviene ir.

La segunda es que los pocos que señalan, desde la oposición al gobierno nacional, un horizonte no son honestos intelectualmente sobre el impacto que ese horizonte planteado generaría en la realidad. Es decir, creen que se pueden aplicar un montón de medidas pro-mercado sin afectar la situación social. En este contexto, el gobierno nacional indica que va a buscar la forma de quedarse donde está, lo cual también requiere alguna discusión, ya que una cosa es quedarnos donde estamos en distribución del ingreso y otra es quedarnos donde estamos en desarrollo industrial, incluso es probable que sea imposible sostener la primera sin modificar la segunda.

Creo que el debate más rico no se puede dar con los que hablan de la economía del país pensando más en la disputa electoral que en el desarrollo y la realidad de la Argentina. Existe suficiente evidencia que indica que hasta 2013 el mercado interno creció, más allá del paréntesis de 2009, el año 2013 fue el de mayor mercado interno de la Argentina, quizá de su historia.

También existe suficiente evidencia que muestra el ahogo externo desde 2011: la Argentina necesita desde entonces para sus objetivos de desarrollo industrial e inclusión más dólares de los que entran.

¿Qué quiere decir esto último? Que el consumo de la población está por encima de las propias posibilidades sostenibles por la estructura productiva del país. Asimismo, esto no es tan grave en el corto plazo porque ese mayor consumo fue equilibrado: los que más avanzaron en función con 2003, respecto de su consumo, son los sectores que menos consumían (esto gracias a las políticas de distribución que consolidó el Estado). Pero no parece sostenible en el mediano plazo.

En efecto, la brecha entre deciles de ingreso individual de todo el país se redujo (de 33 veces hasta 19,6 veces entre el 10mo y el 1er decil, desde 2003 hasta 2013, y promediando las 20,1 veces en 2014), el salario real aumentó entre un 31% y un 46% (entre 2003 y 2013, según que medición de “inflación privada” se use), el desempleo bajó de más de 20% hasta 7,5%, la distribución del ingreso per cápita familiar (coeficiente de Gini) pasó de 0.525 en diciembre de 2003 a 0.413 en diciembre de 2013 (21% de mejora), y 0.418 en junio de 2014, además según la base 2004, la participación del salario en el PBI (valor agregado bruto) pasó del 30% en 2004 a 51% en 2013.

Hasta acá, cabe decir que se pudo profundizar el objetivo político de mayor redistribución del ingreso, basado en el crecimiento, hasta finales de 2013 gracias al uso de reservas. En limpio, eso quiere decir que la economía derramaba fuertemente en base al consumo de todos los sectores. Si uno se fija bien, la pata concreta de esto, se vincula con más autos en la calle, más aires acondicionados, mayor utilización de energía, mucha construcción, mucha gente que vivía con piso de tierra en su vivienda que pudo ponerle alguna carpeta de material, otra que logró abrir ventanas en su casas, más utilización de los servicios, más consumo de bienes básicos, etc. El Estado cumplió un rol central en esto. Con inversiones, con jubilaciones, con moratorias, con AUH, etc. Además promovió paritarias, promovió y cuidó el empleo.

Desde 2014 la situación ya no es tal. El mundo se planchó, bajó el comercio internacional. No hay forma de calcular que un tipo de cambio más competitivo resulte en más ventas al mundo. Además el Estado contuvo el consumo privado (aumento de tasas, etc.). Sí hay una gran claridad en que se precisan dólares para seguir invirtiendo, creciendo y promoviendo el mercado interno, porque las inversiones sostienen el empleo, y el empleo sostiene la demanda. Hay distintas formas de controlar esta situación en búsqueda de un equilibrio sostenible en el tiempo. Los distintos candidatos opositores no hacen un análisis de esto, prefieren tirar slogans “vacíos” de realidad.

Estuvimos bajo el agua, de manera que sólo estaban bien los que sabían volar (hasta 2003), luego hubo muchos que lograron andar en lancha gracias a un Estado que cambió el orden de las cosas (hasta 2008), pero luego de eso se decidió bajar el nivel del agua, de modo que los que no tenían lancha pudieran caminar haciendo pie, pero claro: las lanchas ya no andan bien entre tanta gente, y entonces los que tienen lancha se asocian con los que vuelan para volver a subir el nivel del agua. La Argentina está frente al desafío, siguiendo esta metáfora (que no me gustó tanto, ¿eh?), de organizarse para que haya más lanchas y mejor infraestructura para funcionar.

En línea con lo que decíamos por otro lado, debe buscarse la manera de vincular el crecimiento al ordenamiento de variables. De alguna forma se trata de dejar atrás la relación profunda entre crecimiento, mejora de los ingresos y redistribución del ingreso desde el Estado, para pasar a una relación superadora entre el crecimiento y la sostenibilidad del orden macroeconómico (distribución del ingreso y mercado interno, incluidos) y desarrollo industrial.

En otro post (de julio de este año) decíamos que 2014 iba a cerrar con un dólar entre $8,6 y $8,8. No por ser expertos en el tema, sino por hacer el cálculo que menos afectara a los sectores populares, y dentro de lo posible. No nos equivocamos y 2014 cerrará por ahí (suponiendo, nuevamente, que el año cerrará sin afectar más a estos sectores). En este orden de cosas, y calculando un aumento de tipo de cambio similar al de 2012 estaríamos a fines de 2015 en $10 por dólar, si calculamos un aumento similar a 2013, ese dólar llegaría a $11 (descartamos un escenario similar a 2014, con alguna devaluación). El primer escenario es el que cabe esperar para una economía que logra endeudarse a tasa aceptable para hacer obras y fortalecer sus reservas, el segundo si esto no ocurre (u ocurre de manera incipiente). Ambos escenarios, siendo optimistas y realistas en base a la capacidad de gestión demostrada por el kirchnerismo.

La Argentina tiene una larga historia de endeudamiento vinculada al ajuste. El desafío de 2015 es lograr crédito sin que esté vinculado al ajuste. Si esto es posible, ese endeudamiento demorará el aumento del dólar y permitirá un crecimiento que a su vez puede generar una expectativa de un tipo de cambio más bajo. Claro, que para que esto último sea posible (una expectativa de un tipo de cambio menos alto) no se debe profundizar la distribución del ingreso (cosa que genera inflación y empuja el valor del dólar).

Por tanto, cuatro cosas: 1. el crecimiento, acompañado con crédito externo, debe orientarse al ordenamiento de variables macro para sostener la actual distribución del ingreso (un equilibrio dado por una convergencia de variables que no cambie la fortaleza del mercado interno); 2. profundizar más la distribución del ingreso desde el Estado (como se hizo todos estos años, especialmente desde 2008) empiojaría, lamentablemente, los plazos de esa convergencia, arriesgándola; 3. en la medida que esa convergencia se vaya logrando, el mismo crecimiento e inversión podrían seguir mejorando esa distribución del ingreso (lo importante es no empeorarla, o concentrarla nuevamente), ya no como consecuencia de la redistribución desde el Estado sino como resultado del aumento de la productividad, conducido ésta, por el Estado; y 4. es fundamental que este gobierno avance en este programa, tal como viene sugiriendo, para mostrar el camino y hacer más difícil que un futuro gobierno, disculpen el pesimismo (pero mejor ser pesimista que no ser precavido), tome medidas ortodoxas con un ajuste que lastime la actividad económica y la distribución del ingreso lograda todos estos años.

Se habla mucho de que se precisan 2 años para resolver algo, 4 años para aquello, ó 10 años para lo otro. Lo que debe quedar claro, más allá de las metas temporales (que deben existir, pero no ser inflexibles, como queda claro en el párrafo anterior), es que un proyecto de desarrollo con inclusión no tiene fecha de culminación, es para siempre.

Quien nomina es quien domina: quien define, decide

Detrás de las acciones del Estado, que orientan la estructura social, productiva, económica, cultural y política de la nación, existen un montón de relaciones de poder que inciden o buscan influir en esas decisiones de acción estatal.

 

Esas relaciones de poder se entretejen de distinta manera. Se pueden mencionar tres agendas inter-relacionadas, cada una con actores preponderantes: 1) una agenda subterránea, que es manejada por las personas con alguna clase de poder (económico, político, mediático, judicial o cultural), que se dirime en distintas conversaciones entre estos actores; 2) una agenda pública, de la que se pueden extraer las principales cuestiones que giran en la sociedad, dónde la opinión pública hace hincapié, vinculada fuertemente con la coyuntura; y, 3) una agenda de gobierno que define los temas según los objetivos de gobierno con el propósito de brindar una resoluciones a esas cuestiones dentro de los intereses que sintetiza y expresa.

 

La agenda más clara de las tres mencionadas es la de gobierno, mientras que la pública es bastante diversa aunque se pueden identificar sus énfasis y prioridades en base al juego de manifestaciones públicas por distintas formas. La del poder es invisible, aunque se puede interpretar por las declaraciones de los “intelectuales orgánicos” de los grupos de poder, aquellas personas con alguna clase de injerencia en la agenda pública que representan intereses. Por su parte, el gobierno en cada política estatal refleja la definición de las cuestiones y el camino de resolución elegido, que va a retroalimentar el sistema redefiniendo la cuestión en la agenda pública.

 

Desde 2003 hasta la fecha el kirchnerismo logró instalar su definición de muchas de las cuestiones de la agenda pública. Entre las cuales sobresalen las siguientes: a) el rol del Estado en la conducción del desarrollo, orientando el accionar de los empresarios, en los distintos mercados; b) sólo un Estado con margen de acción puede influir en la distribución del ingreso, con cierto poder en el mercado para que las relaciones de poder que se concretan en éste no perjudiquen la calidad de vida de los sectores trabajadores y postergados; c) la dialéctica entre independencia económica y soberanía política conducida por el Estado, se resume en políticas estatales que fortalecen su capacidad de decidir, de cuidado del mercado interno y control creciente sobre las consecuencias de los excesos de poder de los agentes económicos; d) el empleo, su calidad, su cantidad, su salario, y el bajo desempleo, son elementos de cohesión fundamentales para que la sociedad se empodere frente a los intereses del capital; e) el fomento de la demanda agregada, del consumo y del poder adquisitivo, favorecen el empleo; y f) la integración regional fortalece la democracia interna y viabiliza el desarrollo productivo para la inclusión social en los países de la región.

 

En este sentido, y no en otro, fue que el gobierno a cargo del Estado argentino promovió el desarrollo industrial, y generó puestos de trabajo en el sector público.

 

cta corriente y desempleo

 

Entre 1991 y 2001, la industria disminuyó, en precios constantes (de 1993) un 5,8%. Mientras, entre 2004 y 2013 (a precios constantes de 2004) creció un 61,3%. En este período el total de la economía creció un 62,3% real (utilizando la base 2004). En estos años se pasó de 44.610 empresas industriales que generaban empleo registrado en 2003 a 59.200 en 2013 (número que vale admitir, se amesetó en 2011). Concomitante con lo cual, el año 2003 arrancó con 769.000 empleos industriales registrados (17,23 empleos registrados por empresa), mientras que 2013 cerró con 1.284.000 empleos industriales registrados (21,68 por empresa). No sólo hay más industrias, además crecieron (fuertemente hasta 2011). La proporción industrial pegó un salto en 2003-2005 y eso se mantuvo hasta la actualidad (en el orden del 19,5% del PBI). La proporción del sector primario sobre el PBI real también se mantuvo, o disminuyó poco.

 

Es verdad que no hubo una estrategia particular de desarrollo industrial, sino que ésta fue incluida en una estrategia más amplia de aumento de empleo, disminución del desempleo, y mejora del poder adquisitivo de la población antes que la competitividad de la economía. ¿Es esto un problema? Sí, tal como cualquier estrategia, genera algunos problemas y no otros. Especialmente por cuanto en el largo plazo, se va a sentir la necesidad de una mayor industrialización para que entremos todos, para evitar cuellos de botella generados por la falta de divisas, como es el caso histórico de la Argentina. De todos modos, este problema es mucho mejor que el que aconteció entre 1974 y 2001 de destrucción de los tejidos productivos y entre 1974 y 2003 de destrucción de los tejidos sociales.

 

Esta década tuvo como eje rector la inclusión, la recuperación de la densidad social, así el desarrollo industrial quedó incluido como una parte más de ese objetivo, e incluso por momentos amesetado (2011, 2013). En este año frío -2014- se empieza a sentir la disminución del avance industrial que se había alcanzado gracias al pasado contexto de buen comercio exterior con Brasil (automotriz sobre todo), y además surgieron algunas dificultades extra producto de un mercado interno menos dinámico. En todos los casos, la restricción externa (falta de divisas) ahoga la economía en su conjunto y es un nudo clásico en el desarrollo argentino. Que debe superarse incorporando en la agenda de gobierno la preponderancia de un mayor desarrollo industrial.

 

¿Era necesario hacer lo que se hizo? Sin dudas. ¿Puede la agenda futura ser igual? No. Debe redefinirse la cuestión socialmente problematizada de la calidad de vida, como un horizonte basado en la incorporación de un mayor desarrollo industrial, cuidando los niveles de inclusión logrados en este tiempo, pero subsumidos sus avances al desarrollo industrial, y no al revés. ¿Cómo se hace? No es fácil, pero es imprescindible. En una economía donde ese desarrollo depende mayormente del sector privado, debe consolidarse una integración entre el Estado y el privado superadora. Donde las expectativas de ganancias de cada sector, de exportaciones (sin exportaciones industriales no puede haber desarrollo industrial, y no pueden sostenerse en el largo plazo los niveles de calidad de vida de todos) generen los horizontes de estabilidad, que promuevan la inversión: buenos niveles de ganancias, pero sobre todo estabilidad de esos niveles. Tanto la expectativa de peores niveles de ganancias, como de mejores niveles, disminuyen la propensión a invertir.

 

La nueva agenda de gobierno debe incluir como punto crucial el desarrollo industrial con inclusión, en este orden. Identificando sectores estratégicos, promoviendo inversiones, montando el Estado sobre las actividades productivas con mayor posibilidad innovativa, definiendo roles y beneficios de los distintos eslabones industriales, y mejorando la calidad y la cantidad de los factores productivos. Consolidar, institucionalizar, legalizar y legitimar niveles estables de ganancias privadas en el sector industrial en el largo plazo es parte del desafío de nominación-definición actual y futuro. Después de 11 años de recuperación social, lo que sigue ya no es la industrialización en función de la inclusión social. Sino el empate. Industrialización e inclusión juntas. Pensar la Argentina sobre todo en función de la industrialización. Sin reducir el bienestar social alcanzado en este tiempo. Porque sin industria, sin exportaciones con valor agregado no alcanzan los dólares para bajar tasas de interés y promover consumo, que genera a su vez más trabajo (para decirlo en una oración). Evitar los cuellos de botella dados por la necesidad de divisas es un elemento clave para sostener las mejoras sociales.



Hay algunas verdades sobre cómo industrializar que quedan de estos años, a simple vista y sin orden de importancia:

a) el Estado interventor y conductor de la economía, de los empresarios, es mucho más eficaz para generar más industria que uno vacío, que deja hacer;

b) la administración del comercio exterior es fundamental para orientar las divisas hacia dónde más conviene;

c) atrasar el tipo de cambio no es buena idea para sostener la industrialización en el tiempo (esto último no quita que sí es buena idea para mejorar o sostener el poder adquisitivo), y no es buena porque los shocks devaluatorios que pueden suceder de ese atraso, empeoran la cosa;

d) un mercado interno fuerte es un requisito fundamental que permite, gracias al volumen, morigerar la tasa de ganancia exigida por el sector privado para invertir;

e) el Estado debe elegir algún sector estratégico que sea caballito de batalla (aunque tenga déficit comercial), e integrarlo con PyMEs y distintas regiones;

f) la integralidad de las medidas no es un concepto que vincula sólo a toda la industria, sino que incluye el sostenimiento del poder adquisitivo de los salarios;

g) reciprocidad en la articulación entre el Estado y los empresarios del sector privado que son protagonistas del desarrollo, ningún (o casi ningún) beneficio público deber ser para mejorar la tasa de ganancia, sino el volumen, o la productividad sin reducir la dotación  de empleo;

h) sistema de premios y castigos sobre personas físicas y jurídicas a cargo de la inversión (mayores ganancias por aumentos de tasa de ganancias no decididos estratégicamente por el Estado deben ser entorpecidos con algún sistema);

i) certidumbre de que la tasa de ganancia sectorial será la estipulada por la estrategia industrial del Estado, porque la expectativa de aumento o disminución inciertas en el mediano plazo inhibe inversiones;

j) encadenamientos productivos con el objetivo de sustituir importaciones;

k) concientización para que toda la sociedad acompañe;

l) hay elementos crediticios y fiscales de todo tipo (debe mejorarse aún más la regulación sobre entidades financieras, y sí, hacer más eficiente y redistributivo el gasto público -sin reducirlo porque sí-);

m) mejorar la relación entre la industria vinculada al agro, el agro y el Estado;

n) estimular la innovación y el desarrollo eficiente para promover una industria avanzada, con mayor tecnología agregada, articulada con industrias de menor nivel de desarrollo y plazo de inversión;

ñ) mejoras en infraestructura pública (energía y transporte) para mejorar competitividad;

o) articulación economías regionales, grandes empresas, PyMes, vertical en cadenas, y horizontal en diversidad de sectores;

p) empresas mixtas, promoción de clusters, etc.


El desarrollo industrial es posible. Hay algunas cosas que, en resumen deben tenerse en cuenta: el problema es de conducción de actores privados, es de praxis económica, sin Estado interventor es imposible y la tasa de ganancia sectorial debe tener absoluta certidumbre en el tiempo, porque es la manera de orientar las inversiones. Es el paso siguiente del “modelo” en un contexto donde algunos quieren retroceder. Debe superarse la falsa tensión entre la industria nacional y el bienestar popular si se quiere dar un paso hacia el desarrollo. Instalar en la opinión pública una agenda futura alejada de las libertades neoliberales es un objetivo militante, nacional y popular que forma parte de la disputa cultural por un proyecto de país que evite volver a lógicas de valorización financiera como las del pasado. Entre 2012 y 2013 decíamos que si iba a haber crisis lo fundamental pasaba porque esa crisis no la paguen los trabajadores, como siempre en la historia de la Argentina. En este 2014, vislumbrando un desorden macroeconómico (que no llega a ser crisis gracias a la acción del Estado), lo que cabe decir -ahora y no antes- es que se debe pensar el mediano plazo. La industria, la incorporación de cada vez más valor agregado en exportaciones crecientes de los sectores manufactureros, debe ponerse al frente de los objetivos de mediano y largo plazo. Entre estas dos oraciones, entre estas dos cuestiones, hay una clara tensión. El manejo de esa tensión, y no de otra, entre industrialización y bienestar social consolidará la piedra fundamental del país de las próximas décadas.

Arrancó la segunda mitad de 2014. ¿Y?

Para tomar decisiones se requiere información. En nuestro país, como en cualquier país del mundo, la información tiene una pata política. Una intención. Evidente o subrepticia. Según cómo se expongan los datos el escenario es uno u otro. En nuestro país hay intereses conservadores que miran todos los datos con una mirada ortodoxa, promoviendo cierto tipo de decisión en vez de otro. De este modo, durante 2014 se ha buscado instalar escenarios de crisis terminales que no se han verificado: devaluaciones galopantes repetidas, hiperinflación, etc. Tener consciencia de esta manipulación le otorga un poco más de aire al gobierno, que ha logrado pilotear los problemas que surgieron este año, sin caer en ninguno de los pronósticos ortodoxos. Y pilotea nuevos problemas.

La Argentina tiene problemas, casi como en cualquier momento de su historia. Los problemas son siempre racionales, más allá de las intenciones que haya detrás de cada uno de ellos, y más allá de si compartimos o no esas racionalidades. Las resoluciones también son siempre racionales. La primera pregunta que hay que hacerse es ¿el gobierno tiene control sobre la situación para conducir, contener y orientar esas racionalidades? Y se puede completar con ¿sostiene el gobierno la capacidad del Estado para manejar la situación incluso en escenarios adversos? La respuesta es que así es. Por ahora no hay dudas. Incluso en aquellos posibles escenarios adversos no hay ninguna razón, a priori, para suponer que algo se le vaya de las manos al gobierno, en términos de impacto en la economía real.

La restricción externa (entran menos dólares de los que se precisan para los objetivos de desarrollo) es protagonista de este año. El dólar oficial se encuentra en $8,2. Un 10% de aumento lo llevaría a $9.02 aproximadamente. En ese contexto se estaría habilitando cierta inflación sólo por la disputa distributiva basada en este factor, sin funcionar el tipo de cambio como ancla nominal de precios, cosa que no cabe esperarse. A principios de año (luego de la devaluación) suponíamos un dólar a $9 para fin de 2014. A la luz de lo ocurrido, no cabe esperar para fin de año un dólar muy por encima de $8,6/$8,8, bajo el supuesto (muy fuerte) que éste sirva como ancla nominal sobre los precios. Es decir, no va a subir más de acá a fin de año, que lo que subió desde la deva hasta acá. Lo ocurrido tiene que ver con una economía que no crece a la misma velocidad que el año pasado (de hecho no crece), una redistribución del ingreso que se amesetó, y por tanto, con la desaparición del componente inercial de la inflación.

Un detalle no menor, que la economía no crezca en este momento no tiene las mismas consecuencias sociales que tenía entre 1999 y 2002, cuando el bienestar social estaba por el piso y se requería mejoras para modificar esa situación crítica. Es más, ¿qué significaría volver a las tasas chinas en este contexto? O bien que los empresarios puedan conseguir una ganancia alta que mejore diametralmente el nivel de inversiones, desequilibrando la distribución del ingreso a favor de los beneficiarios de esas ganancias. O bien que el consumo se vea dinamizado con mucha fuerza provocando niveles inflacionarios (vía disputa distributiva) que podrían ser un boomerang para ese mismo consumo. Con el desempleo relativamente bajo, y salarios reales de aceptables a altos, no parece ser una buena época para propiciar/ esperar tasas chinas. Claro, vale admitir que 4% no es una tasa china y es bastante más que 0. Vamos de a poquito.

Si bien es cierto que el Estado aumentó los subsidios al consumo (vía inyecciones monetarias por abajo), y que no morigeró su gasto social, del cual dependen los sectores postergados, también lo es que el salario real, tras las paritarias, se mantiene en los niveles de 2013, o quizá descendió un poco, el consumo disminuyó o por lo menos no aumentó, y el desempleo no bajó. Este combo amesetado sumado a tasas todavía altas, ha permitido tener tiempo para equilibrar otras variables macro. Todos estos componentes hacen pensar que de acá a fin de año la inflación (que fue 15% durante el primer semestre, y 1,3% en junio, el mensual más bajo del año) va a estar conducida casi exclusivamente por la recomposición de tarifas de servicios públicos, por la quita de transferencias para subsidiarlas. En este sentido, no cabe esperar que el gobierno evalúe una nueva devaluación (que profundice situaciones inconvenientes para la mayoría, vía inflación, depresión del consumo y desempleo) y sí, en cambio, que haya deslizamientos menores en el tipo de cambio para sostener cierta competitividad (crawling-peg).

En resumen, no caben esperar shocks en la economía. Hoy ninguna variable preanuncia un shock de ningún tipo. Sin embargo, no cabe duda que los déficit de cuenta corriente que se suceden desde 2010 son un desafío para el desarrollo que requiere una solución. Y esa solución se espera que ocurra, se determine, vía la otra cuenta, la capital y financiera. ¿Por qué debe resolverse esto? Por dos razones fundamentales. La principal es que los objetivos de desarrollo económico e industrial precisan más dólares de los que entran actualmente, cosa que presiona el tipo de cambio, y si eso se concreta -sube el dólar- sobreviene inflación y menor poder adquisitivo del peso. La otra tiene que ver con equilibrar el balance de pagos para generar expectativas de solidez cambiaria y provocar la liquidación de exportaciones, reduciendo la especulación. La otra opción es cambiar esos objetivos de desarrollo, pero no parece estar en carpeta dentro del actual proyecto.

En estos años se pasó de 44.610 empresas industriales que generaban empleo registrado en 2003 a 59.200 en 2013 (número que vale admitir, se amesetó en 2011). A su vez, el año 2003 arrancó con 769.000 empleos industriales registrados (17,23 empleos registrados por empresa),  mientras que 2013 cerró con 1.284.000 empleos industriales registrados (21,68 por empresa). No sólo hay más industrias, además crecieron (fuertemente hasta 2011).

Ahora bien, ¿cómo juega la cuestión-buitre en esta discusión? ¿Cuál es el escenario?

Se ha escuchado mucho a los funcionarios repetir que no es lo mismo un default generado por una crisis, que un default generado por causas ajenas al devenir del país.  Las crisis son de la economía real, o si no, merecen ser llamadas de otro modo. Más allá de cómo se resuelva la negociación con los buitres, no cabe pensar en cambios abruptos de escenarios de corto plazo. La situación será similar a la comentada anteriormente.

El peor escenario es el de pagar la deuda buitre sin hacer ningún análisis, de tiempo y forma, y que eso genere un efecto dominó (RUFO, pari-passu y otros términos “incomprensibles” mediante) sobre toda la otra deuda, multiplicando exponencialmente el nivel de endeudamiento argentino, y condicionando la política económica. En este escenario el Estado pierde control sobre la situación macroeconómica casi por completo, y el gobierno se vería debilitado fuertemente. Este escenario es imposible, porque el gobierno se muestra interesado en evitarlo sí o sí.

En el peor escenario posible, ya pensando en el largo plazo (para el cuál se precisan dólares para mejorar el nivel de importaciones, asociadas a inversiones, y para mejorar reservas de manera tal de desestimular especulaciones cambiarias), que podría ser algo parecido a un default inducido por Griesa, sobre la deuda “holdin”, con consiguientes distintas nuevas renegociaciones, tampoco se vislumbra un cambio notable en el corto plazo. Lo más grave en este caso sería que algún país tome alguna decisión contra el comercio argentino. Pero para contradecir esto existen los numerosos apoyos internacionales. Este escenario parece que se resolvería completamente en 2015, cuando las cláusulas de empate de ofertas futuras a los holdin ya no existirán.

Ergo, puede haber problemas, pero ninguno tan grave como para perder el control. En este sentido, pase lo que pase, la situación de la deuda va a ser mucho mejor al final de 2015 que la recibida en 2003. No sólo eso. Además va a existir una buena oportunidad para seguir construyendo un país más industrial, con inclusión, gracias a la soberanía política que le permite al gobierno tomar decisiones políticas (monetarias, fiscales, cambiarias y comerciales) a favor del conjunto.

Con esto más o menos resuelto, se sigue ganando en independencia económica y soberanía política, porque se pueden tomar decisiones en el presente sin comprometer el futuro. Y para que esto sea posible es cierto que se requiere concordia, consenso, disminución de la sensación de choque inter-sectorial, y mucho Estado, para que ningún sector busque sacar ventajas lastimando a otros sectores.

Todo parece indicar, si no cambian las condiciones actuales, que el próximo gobierno va a encarar la conducción del Estado en condiciones nunca antes vistas al inicio de una gestión presidencial en la Argentina. Y esa es la mejor garantía que tiene el actual proyecto de perdurar: cuanto mejor estén las cosas menos excusas habrá para cambiarlas todas, y más consenso existirá para mantenerlas.

 

 

¿Qué significa el Congreso que organizó Clarín?

¿Qué se dijo en este Congreso?

  • Patricia Bullrich, aseguró que “esto recrea una tradición de Clarín, comprometido con el desarrollo del país”. Y el diputado Massa afirmó que es importante “un cambio de paradigma respecto a los medios de comunicación”. A su lado, Hermes Binner planteaba su “propuesta productiva, que hermana al campo con la industria”, para dejar atrás “un modelo  que rechaza a un sector productivo que debe ser atendido para mejorar el desarrollo”.
  • coincidieron en el enorme potencial del campo para seguir creciendo, y también en la necesidad de contar con un marco político e institucional que no trabe esa expansión.
  • ¿El campo está hibernando?, preguntó el periodista Daniel Fernández Canedo aprovechando una de las conclusiones a la que los especialistas habían llegado durante la mesa redonda. “El campo está parado y eso es por culpa de un Gobierno que tiene otra cultura, la cultura del petróleo. Una mentalidad extractiva y la obsesión de sacarle a un sector dinámico como el agropecuario”, respondió Sanz, según el recorte que hizo el diario en tiempo real. En la edición posterior no se guardó el tiro: “Se señala que el campo está frenado, ¿qué habría que hacer?, aguijoneó Daniel Fernández Canedo, editor de Clarín.”Cambiar el gobierno. El campo está hibernando con todas las energías contenidas porque este Gobierno viene del sur, de la cultura petrolera y ve al campo como un objeto de tributación y no de desarrollo. Habría que tener en la Casa Rosada gente que entienda los modelos productivos, soltó Sanz.
  • El diputado massista Solá expresó su preocupación por la transformación de Argentina en un país de monocultivo de soja. Recordó que cuando fue secretario de Agricultura autorizó la siembra de soja transgénica junto al actual ministro de Ciencia, Lino Barañao, pero subrayó que se había llegado demasiado lejos con un monocultivo que hacía incurrir al país en graves riesgos productivos.
  • Antes, con derechos de exportación del 20%, se habían atendido las urgencias sociales más inminentes. La mejora de los precios internacionales engolosinó a las autoridades, que fueron por todo. Casi se duplicó el nivel de retenciones, pasando del 20 al 35%. Y vino el intento del zarpazo final con la tristemente célebre Resolución 125. Un verdadero experimento que arrojó un resultado inexorable: f renar un proceso que no exhibía fisuras. El campo se paró, y el país empezó a complicarse. La Argentina necesita dólares. Y los únicos genuinos vienen de la agroindustria. A pesar de la enorme transferencia de ingresos genuinos del interior al Estado nacional, el sector está intacto, todo lo que precisa es un cambio de aros. El poeta tandilense Ambrosio Renis dijo una vez: “cuando el campo está triste, las ciudades se llenan de yuyos”. El experimento K fue una simple comprobación. Ahora soplan vientos de cambio.
  • Hacia el final llegó la pregunta fatídica: ¿Qué van a hacer con las retenciones? Sanz que admitió sus intenciones presidenciales, respondió que habría que hacer una reforma impositiva integral con eje en el impuesto a las Ganancias. Solá, que se presentó experimentado en la gestión, afirmó que le bajaría las retenciones al resto de los granos, menos a la soja.
¿Qué significa?
 
Hasta acá fueron todos textuales del diario Clarín.

Una breve reflexión sobre lo que significa este ciclo-congreso-think tank (click acá para ver asistentes y más información) puede encararse por el lado de que esta iniciativa apunta a recrear un espacio de acuerdo entre fuerzas políticas más cercanas al neoliberalismo. En el mismo sentido del Foro de Convergencia Empresarial, desde el sector empresario, o Unen desde el sector político.

Se trata en este post de promover un debate, visibilizarlo, porque no figura en las principales instancias de discusión pública. Lógicas que se vienen promoviendo desde la prensa opositora, con el objetivo de nutrir esos espacios más aún. Lanata el último domingo indicaba que deberían unirse todos (“desde el PO a Macri”), por ejemplo.

¿En qué coincide todo este congreso? En que el nivel de Estado es mucho, que debe ser menos, para que haya más margen de toma de decisiones empresarias, con la consecuente mejor y mayor apropiación de excedentes y ganancias, y que eso permitirá mayores inversiones que, teóricamente, van a ser en beneficio de todos. Por eso, las sensaciones que deja el debate se vinculan con posturas tradicionalmente ortodoxas:
  • menor incidencia del Estado en la distribución de recursos de la economía,
  • corrección de la restricción externa vía tipo de cambio alto, y menor gasto público orientado al consumo,
  • promoción de actividades vinculadas con el mercado externo, afectando a la pequeña y mediana industria, como resultado relevante,
  • mayor apertura comercial,
  • menores retenciones al campo en general (el caso de la soja va a ser conflictivo con cualquier gobierno que venga, lo mismo que el petróleo),
  • baja de impuestos, menor presión recaudatoria,
  • menos inversiones públicas y más inversiones privadas,
  • reducción de subsidios al consumo,
  • mejora de servicios en función de la competitividad,
  • merma de los esfuerzos redistributivos del campo hacia la industria,
  • morigeración de la promoción de las paritarias, reducción del volumen salarial (menor participación de los trabajadores en el ingreso nacional),
  • control de la inflación en detrimento del poder adquisitivo de los sectores postergados (con un plan, es decir: que los precios sean aceptados por los empresarios, o sea, relativamente altos respecto del salario y el tipo de cambio),
  • ¿endeudamiento internacional con tasas aceptables para mejorar ingresos vía valorización financiera en detrimento del mercado interno? ¿Altas tasas de interés?
  • nuevos acercamientos a bloques regionales que agilicen posturas exportadoras antes que meercado internistas (menos Mercosur, ¿más Alianza Pacífico? ¿menos BRICS?)
  • Posible nueva ola de descentralización, desregulación, privatización, focalización de políticas sociales, etc…

Cabe pensar que a este debate se le contrapone uno mucho más rico, por ejemplo: cómo profundizar la eficiencia y eficacia del gasto y la recaudación del Estado en función de la distribución del ingreso equitativa y de la mejora de los niveles de calidad de vida actual. ¿Cómo universalizar buenos niveles de calidad de vida? Este debate no está en el Congreso de manera honesta, porque honestamente es incompatible con los puntos mencionados.No hay dudas de que con todo lo anterior, el nivel de expectativas de los sectores inversores mejorará. La promoción de las inversiones se vinculan con un mercado para colocar esa producción. Esta lógica reduce el mercado interno, cabe pensar, entonces, que esas inversiones, de concretarse, apuntaran a ganancias que no están vinculadas con el consumo interno. Y eso es un problema. Que requiere debate.

No hay dudas, tampoco, que la mayoría de los grandes empresarios estarían contentos con todas esas medidas, pero no hay dudas tampoco, que esas medidas significarían un retroceso en la –todavía insuficiente– calidad de vida de los sectores sociales con mayores necesidades.

¿Y el kirchnerismo dónde queda?
 
Seguro que no en ese Congreso. El kirchnerismo ha dado una sorpresa: tiene tantos candidatos como los demás, o incluso más. Desde Scioli, que fue el único kirchnerista en asistir a Clarín, hasta Uribarri, pasando por Randazzo, Aníbal Fernández, el chivo Rossi, Domínguez, Capitanich, entre algún que otro tapado. Esto permite ampliar el abanico, situación que, en el contexto de las PASO, parece formar parte del haber del FpV.
¿Cómo sigue? Los candidatos del kirchnerismo –incluído el más flexible, que es Scioli– no están de acuerdo con el conjunto de los puntos de arriba (sí con algunos, incluso en el tema servicios, posiblemente todos lo estén). Por tanto, en la síntesis de esta clase de eventos nunca se escuchará que un kirchnerista sea el plan A de los asistentes.
Es un debate que cabe visibilizar. Por eso este post.

¿Por qué se siente menos el debate económico en la Argentina actual?

En los últimos días se está verificando una hipótesis que tiramos en marzo en Artepolítica (ver acá): a medida que las variables económicas se acercan al equilibrio (de mercado) y la situación macroeconómica lo registra, los sectores más indignados de la clase media urbana se tranquilizan.

Ya sabemos que no hay equilibrio, sino equilibrios coyunturales que son económico-políticos, y también sabemos que la restricción externa, o sea incluyendo la negociación con los sectores que tienen las divisas, obligó al gobierno a tomar estas decisiones, ya que de otro modo el resultado social hubiera sido ser peor, más temprano que tarde.

Lo que llama la atención es justamente eso: que en simultáneo con un camino menos combativo desde el gobierno, respecto de las presiones de mercado, con algo menos de intervención del Estado en la distribución del ingreso, con una devaluación, y la posterior menor puja distributiva desde los sectores concentrados, con un poder adquisitivo que perdió frente a la inflación (aunque haya sido poquito, y quizá por primera vez en una década), con algo menos de actividad económica, con un desempleo que se amesetó, y comienza a mostrar desafíos -en simultáneo con todo esto, decíamos-, se vislumbre menos ebullición social en el debate económico.

¿Y por qué es así?

Mi hipótesis es que el Estado le molesta a estos sectores, es preferible, para ellos, no verlo. Casi que ni les importa que sea neoliberal o popular, estos sectores no quieren verlo, ni a uno ni a otro, aunque si es popular peor, claro. Se trata de la negación constante del Estado, por parte de la clase-media urbana acomodada, de su rol en el bienestar de todos y de cada uno. De este modo, el frío económico (ya sea fuerte o débil) emerge como un lamentable disciplinador social.

Incluso, creo que los medios de comunicación no llevan la iniciativa, sino que se adaptan a esta situación: se inclinan hacia la inseguridad y abandonan de a poco la inflación. Ambas formas eufemísticas de debatir los problemas actuales (porque no se analizan las causas reales profundas de ninguno de los dos fenómenos, se quedan sólo en la foto).

Lo cual tiene que ver con cierto individualismo, nuestro pobre individualismo, como sociedad: el “yo puedo solo” no necesito del Estado, “y los demás tampoco lo precisan, y mejor así”. Porque es más fácil ver la paja del Estado en el ojo ajeno que ver la viga del Estado en el propio. Es sin dudas, un problema de baja conciencia social por parte de los sectores más vulnerables, y de alta conciencia por parte de los más concentrados.

Otras hipótesis de explicación hacen referencia a que el dólar está quieto, a la certeza de que Cristina no va a reelegir, o a que era tanto lo malo que se esperaba en enero, que al no ocurrir, la gente se tranquilizó. Yo me quedo con mi hipótesis, claro. La “externalidad” de esta suerte de calma social clasemediera indignada, es que Massa no crece en intención de voto.

Esto salió en La Nación, en el suplemento económico…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias a Daniel que me acercó la imagen.

Lo que viene, lo que sigue

¿Qué cabe esperar para estos dos años? Vaya pregunta.

El otro día, Bein –un tipo extraño, pero que hace informes legibles, interesantes, dentro de su mirada de las cosas– decía que hasta septiembre de 2013 el poder adquisitivo del salario ganó (mejoró el salario real), y que desde ahí hasta ahora perdió 10%. Ganó hasta allí, por tanto, la distribución del ingreso, cosa que se puede verificar con la EPH. Con las paritarias y la inflación estimadas de este año (entre 30% y 33%) se perdería salario real durante 2014 por 2,9%. Esto dice Miguel Bein, el consultor de moda.

En los más o menos 50 días hábiles que ya lleva este 2014 el peso (ARS) se devaluó un 20%, desde 6,54 por dólar a 7,89 por cada dólar. En este sentido, durante todo 2013 se devaluó un 32,4% y entre el 27/10/2013 y el 30/12/2013 un 10%. Si uno pasa esto valor del peso, (cuánto dólar se puede comprar por cada peso), la depreciación fue de 17,2% (2014), 24,5% (2013) y 9,6% (2013, luego de las elecciones), respectivamente. La medición, que ahora no discutimos, del Indec en lo que va de 2014, arrojó un aumento de precios del 7,2%.

Algunas cosillas del 2013 que terminó: se estima un 23% de inversión sobre PBI (en términos constantes, que resultó más que en 2012, porque las inversiones dependen tanto o más del consumo que del tipo de cambio), el consumo público más privado aumentó los primeros 3 trimestres un 7,8%, el PBI se proyecta en el orden del 4,9% de crecimiento, el EMI –el estimador industrial– bajó 3% entre enero de 2014 e igual mes de 2013 (desestacionalizado), el empleo registrado creció en los últimos 10 años hasta el primer trimestre de 2013, momento en el que se estabiliza, sin que se pierda empleo industrial registrado, dato no menor. No obstante, el empleo industrial registrado se estabiliza en 2008, desde ahí crece en cuenta gotas, otro dato no menor.

Las exportaciones crecieron un 3% en 2013, alcanzando los U$S83.000 millones. Dentro de las cuales crecieron un 3% las MOI (manufacturas industriales), un 9% las MOA (alimentos) y un 1% los PP (commodities). Las expo de combustibles bajaron un 24%. Las importaciones crecieron un 8% en 2013. De las cuales, un 8% crecieron los bienes de capital (generalmente vinculados con inversiones). En 2012 las impo de bienes de capital disminuyeron un 15,5%. Pero habían aumentado un 32% en 2010 y un 19% en 2011. Así las cosas, el saldo comercial de 2013 bajó un 27%.

En la mirada por sectores industriales, crecieron contra 2012, los minerales no metálicos, la industria automotriz (que a su vez engrosó el déficit comercial en la misma proporción, generando un déficit comercial total sectorial de U$S9000 millones), el azúcar, entre otros. Bajaron contra 2012, el sector de edición e impresión, la metalmecánica, el tabaco, la molienda de cereales, entre otros.

Con todo ello, y considerando que recién este año vamos a ordenar el desorden que ya veíamos en 2012. Desorden que no cabe ser criticado alegremente: la única forma de forzar al desarrollo es desordenando variables, sino en el mejor de los casos sólo se consigue crecimiento sin desarrollo, como ocurre en Colombia y Perú actualmente. En la Argentina, no hay inversión si no hay mercado donde colocar la producción, y el mercado interno pasa a ser clave en un contexto donde no hay posibilidades ciertas de exportar más a la región y el mundo. Hablar de engrosar mercado interno, significa sostener el consumo de los sectores acomodados y fortalecer el consumo de los que consumían poco durante los 90s, que son los sectores vulnerables. Mejorar esto debe asociarse, naturalmente, con una mejora en la distribución del ingreso, con la que no todos, evidentemente, están de acuerdo.

En este contexto, ¿qué cabe esperar para este 2014? A modo de juego, cabe señalar que este año no habrá crisis económica (lo cual es una mala o una buena noticia, según quién lo lea), pero tampoco crecimiento (se invierte la felicidad de los lectores), un año en el que más tarde que temprano, pero antes de que termine, se logrará algún ingreso de deuda externa vinculado con obras por un lado, pero para no seguir reduciendo reservas para pagar vencimientos de deuda, por otro. Sumado a una fuerte cosecha de granos, con liquidaciones fuertes hasta mayo/ junio, se puede pensar, si la cosa marcha bien, en un balance de pagos no ideal pero ordenado hacia fin de año.

Por otra parte, hoy la sociedad no pedirá masivamente una nueva devaluación. La instalación de las devaluaciones como problema, emerge como un éxito comunicativo del gobierno (y un problema, ahora visible, para todos los que ganan en pesos). Esto ayudará en parte a que se sostenga el precio del dólar. No es el mismo ambiente comunicativo de noviembre pasado, cuando muchos pedían una devaluación, sin saber lo que implicaba. Sin embargo, la realidad económica –interrelacionada con el comportamiento político de los actores– supera a la realidad política actualmente, en este punto: antes de volver a perder reservas se volverá a devaluar, porque el sector externo no puede ser un problema en esta búsqueda de orden macroeconómico. Posiblemente el dólar oficial termine alrededor de $9 este año (un 12,5% más que ahora). Posiblemente también, aumenten muy poco las exportaciones (en montos) y bajen alguito las importaciones, generando un mejor saldo comercial.

El empleo registrado se va a mantener, mientras el informal puede que baje un poco, especialmente el del sector comercial, muy vinculado al nivel de consumo. El Estado sin dudas sostendrá las medidas enfocadas a la inclusión de los sectores vulnerables como la AUH, el Progresar, el Procrear, los aumentos de las jubilaciones, Conectar Igualdad. Este punto es crucial para argumentar que el Estado no realizará ningún ajuste en los sectores que se verían ajustados sin Estado.

Además, la pequeña baja en el consumo tendrá impacto en una inflación algo más moderada, porque se reducirá una parte de la carrera entre los ingresos fijos y las ganancias empresarias, ya que se reducirá el mercado para altos precios. Este menor consumo posiblemente se profundice en la clase media subsidiada del AMBA, que paulatinamente perderá esos privilegios, pero sin mucho margen para reclamar, más allá del siempre vigente conflicto mediático. Algunos estudios dicen que el gasto promedio en servicios, aumentará en $1000 por hogar, cuando no haya más subsidios. Sin embargo, se espera que esto ocurra de manera gradual, y luego de las recomposiciones salariales de los trabajadores de este año.

El desafío para el gobierno es promover el crecimiento, con desarrollo, vía inversión, para lo cual precisará subsidiar y financiar distintos eslabones industriales para fortalecerlos y propiciar innovación tecnológica. En este contexto, arriesgarse a la creación de empresas del Estado aparece como una herramienta interesante y desafiante para sostener el control de distintos comportamientos empresarios.

Asimismo, se ha retornado al pragmatismo en la conducción de los actores de la economía, cosa que incluye la presentación de distintos proyectos de ley: desde reformas a lealtad comercial, abastecimiento y defensa al consumidor, hasta una propuesta de nueva ley de entidades financieras, pasando por un Código Penal que integra penas para los monopolios. No se sabe si esos proyectos verán la luz, pero sin dudas estarán las conversaciones para conducir actores.

Esta conducción pragmática de actores económicos y sociales, que nos recuerda al período 2003-2011, es parte del desafío, porque los cambios que se están produciendo afectan, aunque no modifican mayormente a los ganadores y menos ganadores que conviven en la cúpula empresaria argentina, sobre todo por cuanto las empresas transnacionales de servicios públicos perdieron participación relativa durante los últimos años a expensas de las automotrices que crecieron notablemente. Las empresas que se mantienen en la cúpula histórica que más ganaron esta década están vinculadas con altos niveles de exportaciones, de este modo se entiende que este sector tenga un poder de presión política sobre variables económicas a favor de medidas como una devaluación. El Estado en algunos momentos puede contener estas presiones y en algunos no; y en otros momentos directamente se asocia con este sector.

Siempre que se afectaron los negocios de la cúpula aunque nunca su poderío económico (que lamentablemente parece intocable) el resultado fue muy doloroso para el resto de la sociedad, y por supuesto, no tanto para la cúpula que sólo se reordena. Tener bajo control el comportamiento de estas empresas emerge como parte del escenario de estos dos años (YPF es la empresa más grande de la Argentina, la decisión de controlarla desde el Estado no fue inocua en este análisis).

El gasto público de la administración pública nacional se mantendrá con vigor, quizá apenas por debajo del 35% del PBI, que midió en los últimos dos años. Pero posiblemente con una pequeña baja en la igualdad de la distribución del ingreso provocada más por el aumento de las ganancias de los sectores exportadores que por la reducción de la inversión pública y social del Estado. Aunque en un marco de tasas altas, y pérdida pequeña del salario real, como decíamos al principio, los sectores medios se volcarán menos al consumo, tal como también mencionamos.

La paradoja, que merece algún debate, es que en el marco de una meseta en la distribución del ingreso, o incluso con un pequeño retroceso, muy posiblemente convivamos con un menor conflicto social. Los sectores más intensos en su oposición al gobierno bajarán su exposición, como respuesta a fenómenos sociales vinculados con la observación de una menor intervención del Estado de manera generalizada en la distribución del ingreso, aunque esto mismo perjudique a esos mismos sectores.

La clase media acomodada urbana visibiliza primero el rol del Estado, su intervención en la economía, antes que sus propios intereses de clase: la sensación de que la realidad económica prima sobre la política –aunque no sean esferas distintas, por eso “sensación”– funcionará como aliciente para la intensidad opositora de un importante sector de la Argentina.

En conclusión, de verificarse estas situaciones, el escenario será de buenas expectativas para el fortalecimiento del ganador de las PASO dentro del PJ/FpV. Con lo cual, cabe esperar que haya más de un interesado en que este escenario sea sustentable luego de 2016.

Escenario 2016 – 2019

¿Cómo viene 2016?

Quiero volver sobre una idea que ya puse por acá hace unos meses:

“La mejor forma de condicionar los años que van de 2016 a 2019 a favor de los sectores populares, es llegando con el barco a flote a 2015… Si la economía llega entera, con no mucho desempleo más que ahora, 8 puntitos, 9 puntitos, sin llegar a los 2 dígitos, ponele, si el consumo no se resiente, si no hay más inflación que ahora, si el Estado aumenta 2 veces por año las jubilaciones, y la AUH dentro del marco de la inflación del supermercado, significaría que se llega con el barco entero. Y si llega entero no lo van poder hundir… si llega entero no van a querer pagar los costos políticos de hundirlo (destruyendo todo lo anterior)… esos sectores que ganan a costa de los demás, harán todo lo posible para que el barco llegue lo suficientemente dañado como para construir los argumentos sociales, colectivos, ideológicos y materiales que legitimen un cambio de rumbo (similar a lo ocurrido en 1990). Un barco que se parezca más a un avión, más rápido pero donde entra menos gente… La economía depende de las decisiones políticas.

La idea fuerza que quiero transmitir, a ver si sale, es que estos dos años que vienen son trascendentes para la Argentina. En tres sentidos:

  1. estructural social: lograr que se mantenga el empleo, y mantener el consumo, en especial de los sectores más vulnerables;
  2. estructural económico: alinear las variables más complicadas, como reservas, competitividad industrial, la inflación, saldo comercial, y aquellas que afectan al sector externo, etc.;
  3. comunicación y consenso: la clase media deberá sentirse incluida (no sólo estarlo) en el (provocativamente llamado) modelo, por cuanto es un sector felizmente grueso de nuestra sociedad. Y el apoyo, aunque sea de una parte de clase media, se hace fundamental para sostener el rol del Estado y no repetir errores del pasado.
Estos tres sentidos están en tensión. La mejora sobre alguno de ellos puede entorpecer a otro. Por eso no es sencillo, pero es posible encontrar un mix en el cual mantener los logros corrigiendo otras variables sirva para consolidar las conquistas sociales a la vez que se encuentra un camino de desarrollo, quizá más lento, pero continuo y aflojando tensiones. Esto requiere que se devalúe, y se corrija el defícit público (se moderen subsidios, especialemente a quienes pueden pagarlos, ya que el defícit público acelera un proceso que tiene que ser gradual para que no genere mayor conflicto -además la clase media te cambia pagar más por servicios si a cambio le bajas la infla-), y se propicie el ingreso de capitales del exterior, pero todo ello controladamente, y sin pasos abruptos.

¿Qué quiero decir acá? Que no hay crisis, y sí hay tensiones, que deben ser corregidas. Y que si no las corrige el Estado nacional, popular y democrático, pensando en el largo plazo, se genera un contexto para que las corrija otro Estado, o sea otro gobierno con otra concepción del Estado. Cosa que deberá evitarse y de ahí la trascendencia de estos años que vienen antes de 2016.

Lógicamente esto no sería del agrado de los sectores que quieren modificaciones diametrales. Estos sectores, recorriendo la historia argentina, promoverán una inflación galopante que no pueda ser alcanzada por los ingresos, como camino de licuación de salarios, cosa que puede ser lograda mediante una devaluación abrupta sin aumento en derechos de exportación (retenciones), y reduciendo la emisión para inducir una suerte de recesión. El objetivo político de quien quiera representar a estos sectores es que el dolor social sea vivido en estos dos años, para que ellos sean sólo parte de “la solución”.

Cuando la oposición dice que quitará retenciones y no habrá aumentos de precios, no está diciendo algo imposible: con un verdadero plan de recesión, de licuación de ingresos inicial mediante fuerte inflación sin recomposición de ingresos (aunque no haya más desempleo), de devaluación sin crecimiento interno -reduciendo el consumo-, entonces se podrían liberar retenciones sin que aumenten los precios (en su conjunto), porque la inflación es resultado de la puja distributiva, de los cuellos de oferta y de los precios internacionales. De este modo, con un plan recesivo, sólo los precios internacionales empujarían la inflación y si bien eso modificaría nuevamente la estructura de precios relativos, a la larga la economía funcionaría pornográficamente contra los sectores populares como en los 90s, varios escalones más abajo que ahora en materia de bienestar, pero sin inflación, claro. (Escenario 1)

¿Mi impresión? ¿Qué escenario cabe esperar? El del párrafo anterior no creo, porque eso implicaría errores gruesos del gobierno, cosa que no ocurrió en todos estos años (hubo desaciertos pero no de ese nivel). La Argentina va a seguir con estas tensiones hasta 2015, posiblemente con un dólar más caro, y un poco menos del consumo interno promovido por el Estado, pero sin llegar a que un sector se caiga sensiblemente de los logros obtenidos (quizá el empleo comercial en negro sea el primero en afectarse). Sería una lástima que el Estado, suponiendo un nuevo gobierno en 2016, deje paulatinamente de defender el ascenso social de los sectores vulnerables, y apoye la transferencia de recursos hacia los (siempre fuertes) sectores concentrados, tal como está proponiendo la oposición massista y macrista. Aunque es más probable que llegue algún kirchnerista gris, menos pasional respecto de los cambios, antes que cambie el color del partido en el poder. (Escenario 2)

Veremos. El punto 3 depende sobre todo de bajar la inflación. Eso (no bajar la infla en sí, sino las medidas para que ello ocurra) afectará a los puntos 1 (negativamente) y 2 (junto a otras medidas, positivamente). Todo esto gradual, sin saltos abruptos, es el escenario (el 2) que imagino para fines de 2015. Veremos

 

El elástico del trabajo en los 90s y en la última década

¿Cuánto empleo industrial absorbe la Argentina por punto de crecimiento? Comparación con los 90s.

Como petición de principios, cabe precisar que la búsqueda de una estructura productiva con énfasis en una industria fuerte es coherente con el objetivo de una equitativa distribución del ingreso, basada en empleos mejor remunerados, con el fortalecimiento del mercado interno y con una economía menos expuesta a los vaivenes del exterior, y por ende más sustentable en el tiempo.

En el cuadro 1, se observa que en el período comprendido entre el primer semestre de 1991 y el primer semestre de 1995, la elasticidad fue de 0,04, esto indica que un incremento de 1% en el producto generaba un aumento de 0,04% en el empleo. Lo cual refleja que durante la primera parte de la convertibilidad se consolidó un verdadero modelo de crecimiento sin desarrollo económico, por cuanto el crecimiento del producto no fue acompañado por el crecimiento en el empleo.

Esto verifica, nuevamente, la hipótesis que señala que el modelo de los noventa buscaba una conjunción entre el crecimiento y el disciplinamiento social por el camino de la exclusión, el desempleo, la desmovilización social, la privatización de empresas de servicios públicos y la focalización de políticas. Favoreciendo así la concentración de los actores vinculados con las privatizaciones (bancos acreedores, empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales).

Llama la atención la interesante absorción de empleo que existió entre 1996 y 2001. No obstante en los cuadros siguientes veremos de qué clase de empleo se trató. Entre las puntas del modelo neoliberal (91-01) la elasticidad se ubicó en 0,44. Entre las puntas de la etapa actual ese indicador va a 0,25. Con una salvedad, para nada menor: en el caso del modelo de los noventas se realizó la lectura con anterioridad a la crisis, mientras que en la etapa actual no se vislumbra ninguna crisis, ni de aquellas ni de otras características. De hacerse un análisis incluyendo diciembre de 2001 (por ejemplo, desde 1991 a 2002), el resultado sería negativo.

 

Cuadro 1:

cuadro 1 elasticidad total

 

Fuente: Mecon y EPH.

 

En la lectura por sectores, cuadro 2, se observa que entre 1996 y 2001 se destruyó empleo industrial, que fue compensado por los sectores de servicios y comercio. Lo cual remarca el sesgo hacia una economía basada en bienes no transables, en el contexto de una estructura de precios relativos orientada a los servicios (no transables). El sector comercio también acompañó el crecimiento de la economía.

En el período 2007 – 2011 ocurre una curiosidad. La creación de empleo industrial es menos elástica al crecimiento, y al mismo tiempo toda la estructura productiva nacional genera menos trabajo por punto de crecimiento. Sin embargo, y cabe resaltarlo, la etapa actual no está expulsando empleo industrial, como en el final de la anterior, en la que se cerraron numerosas industrias y en la que el déficit de cuenta corriente fue una de las causas de la crisis. ¿O sea? No es lo mismo un modelo que expulsa mano de obra industrial, que uno que luego de incorporar mucho trabajo industrial transita dificultades para seguir sumando esta clase de empleo.

Por tanto, una estructura productiva constituida en dirección de crear empleos industriales es menos dinámica y menos elástica al crecimiento, especialmente cuando la economía se acerca al pleno empleo. No obstante lo anterior, después de 9 años se siguen generando empleos registrados industriales. Por tanto, si bien la estructura económica nacional presenta un gran desafío para lograr una industrialización sustentable, sin embargo las políticas estatales de los últimos años están consiguiendo algo inédito: la generación permanente de empleo industrial por un largo período de tiempo, manteniéndose fuerte a pesar de las crisis recurrentes en el orden internacional.

 

Cuadro 2:

cuadro 1 elasticidad por sector

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Mecon y MTEySS.

El gráfico que sigue es fastidioso, como ya se vio en el cuadro 1. Es muy posible que los servicios y el comercio, en los cuales se hacía hincapié en los noventas sean más elásticos para absorber empleo en el corto plazo, que la industria, incluso en la etapa actual. Pero de la misma forma, la expulsión de empleo de estos sectores, vinculados el mercado interno, también es más elástica a las caídas. Cabe recordar es que la tasa estructural de desocupación en los noventas mostraba un piso del 13% mientras que en la etapa actual se mantiene cercana al 7%. 

 

Gráfico 1:

 GRAF elasticidad empleo producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

Es notable la fuerza que cobraron los servicios y el comercio durante los noventa, de manera tal que la elasticidad empleo producto en estos casos fue mayor que la evidenciada por el sector industrial. Así, en la última parte de la década la industria expulsó mano de obra mientras que dichos sectores marcaron récords de ocupación por cada punto de crecimiento. Los años actuales muestran una mayor paridad entre industria y los demás sectores, lo cual habla de la mayor inclusión, bienestar social y sustentabilidad de largo plazo de la macro actual -vinculada con más ocupación industrial absoluta, y mayor mercado interno-, respecto de la neoliberal.

 

Gráfico2:

GRAF elasticidad empleo registrado por rama producto mejorado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de cierre, se puede decir que cabe seguir profundizando las herramientas vigentes en poder del Estado, de la misma forma que es correcto seguir fortaleciendo el rol del Estado en la conducción de la economía. Es imprescindible seguir utilizando las nuevas tecnologías administrativas para generar políticas integrales desde el Estado que estimulen en las industrias y en las mipymes, las mismas ventajas que tienen en riesgo y velocidad de negocios, las grandes y las empresas de servicios y comerciales. Todo lo cual, sumado a un Estado activo en materia de políticas de innovación y desarrollo, profundizaría estos años de crecimiento con inclusión laboral y social.  

Remuneraciones promedio por rama de empleo registrado

En el marco de la modificación de la 4ta categoría de ganancias, cobró relevanacia el monto de los salarios por sector. O por lo menos resulta interesante.

 

A continuación les pego dos gráficos de los promedios de remuneraciones en la Argentina, a partir de información obtenida en el MTEySS, Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial -DGEYEL – SSPTYEL – en base a SIPA.
En 1) se puede observar cuál es la remuneración bruta promedio por sector, aproximada, para empleos registrados.

 

1. Marzo de 2013. Remuneración por todo concepto según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 2) se muestra cuál es la performance de las remuneraciones de cada sector, de manera comparada desde 2003 hasta 2013. 

 

2. Marzo de 2013. Variación de las remuneración entre marzo de 2003 y marzo de 2013. Según rama de actividad a dos dígitos del CIIU, a valores corrientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aclaración. Tengamos en cuenta que muchas negociaciones colectivas de trabajo surtieron efecto luego de marzo de 2013.

 

Suponiendo algo tan descabellado como que haya habido un 20% de inflación durante cada uno de los 10 años, por ejemplo, llevando algo que valía $100 a $600, eso significaría un aumento del 500%.

 

Me estoy zarpando para mostrar una idea: tenemos 56 sectores en estos gráficos y solamente 4 con un aumento menor al 500% en sus salarios registrados: pesca, productos de petróleo, servicios aux. de la act. financiera y actividades de la informática.

 

Para una mirada complementaria también se puede ver la relación entre exportaciones, cantidad de empleo registrado y remuneraciones.

 

Evolución de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) por provincia

La evolución de las NBI sirve para analizar qué década es más ganada que otra, en términos de bienestar social, de hogares con servicios e infraestructura. Comparación años 1980, 1991, 2001 y 2010.

 

Con información censal del Indec armamos los siguientes cuadros que reflejan la evolución de las necesidades básicas insatisfechas (NBI) por provincia que sirven para analizar un poquito los avances sociales de cada etapa.

Los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas son aquellos que presentan al menos uno de los siguientes indicadores de privasión (la población con NBI es la que vive en estos hogares):

 

Observando los indicadores que generan NBI se puede pensar que clase de políticas/ obras/ derechos/ obligaciones tienden a modificar la situación y qué clase de medidas no tanto. Siempre recordando que no hay política social más fuerte que un modelo económico nacional integral que apunte al trabajo nacional de cada vez mayor calidad. 

 

Entre 1980 y 1991 la población con NBI se redujo un 15,5%, entre 1991 y 2001 la población con NBI se redujo un 1,3%, y entre 2001 y 2010 se redujo un 21,9% (ver el último cuadro). Como es común en mis posts, quiero destacar el rol del Estado en esas distintas décadas, que fue siempre distinto, como principal variable de mejora: en los 80s volvió el Estado pero todavía sin la gobernabilidad necesaria (por propia ineficacia y por batallas muy fuertes de esa hora), en los 90s el Estado se hizo muy fuerte para abrirle camino a las decisiones del mercado (conocido falazmente como Estado mínimo) y en los 2000s el Estado recuperó su capacidad de intervención y control. Este recorrido tuvo su impacto social, reflejado en tantas variables. NBI es una de ellas. 

 

Hogares:

 

Cuadro de variaciones absolutas de hogares con NBI entre censos. Inapelable.

 

 

 

 

 

 

 

Los casos de Santa Cruz y Tierra del Fuego son los únicos que dan positivo, donde no se redujeron los hogares con NBI, pero en esos casos debe contemplarse la migración de población.

En la década del 90 no se mejoró en hogares con NBI -se empeoró- , aunque en la población con NBI sí hubo una mínima mejora. No sé. Fijate, el cuadro anterior se realizó en base a las variaciones de los datos absolutos de hogares con NBI en cada censo. Como puede verse en los 80s y 2000s hay mejoras en materia de hogares con NBI, en los 90s no.

 

Población:

 

El siguiente cuadro muestra qué provincias o jurisdicciones están mejor en la última medición en base a la cantidad de población con NBI sobre el total de población provincial. Es posible que el orden correcto para ver este cuadro sea de mayor a menor en la columna de población con NBI, y no en la de porcentajes, porque los porcentajes son fríos y no visibilizan de manera directa que en la provincia de Buenos Aires es donde más gente hay con NBI.

 

Cuadro de población con NBI en 2010. Totales y porcentajes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Volvemos a lo mismo de siempre: discutamos todo lo que falta, y lo que está mal, y qué cambios tiene que haber para que haya más y mejores viviendas y mejor calidad de vida, y quiénes los tienen que motorizar o llevar adelante, pero cambiar de modelo integral sería retroceder en términos de inclusión social. Los datos a la vista.

Más información acá.

Tipos de vivienda, Argentina 1991-2010

La vivienda en la Argentina, para mí, es uno de los principales indicadores de la calidad de vida. Porque se pueden mejorar los ingresos pero la vivienda no es fácil de cambiarla. Tiene más que ver con la distribución de la riqueza que con la distribución del ingreso, pero aquélla no es posible sin ésta.

Una de las claves a tener en cuenta es que el modelo de acumulación, la macro, pesa mucho más sobre la mejora de esta cuestión que cualquier política focalizada al respecto. Es en este orden de cosas que las viviendas más precarias bajaron su proporción en los últimos 10 años.

Por eso hice estos gráficos. Para ver un poco qué pasa con la cuestión, especialmente en los estratos más bajos.

El cuadro y los gráficos hablan por sí sólos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Nota: Donde dice porcentaje de personas por vivienda en el cuadro, debe decir promedio de personas por vivienda.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias: Casa Tipo B: Se refiere a todas las casas que cumplen por lo menos con una de las siguientes condiciones: tienen piso de tierra o ladrillo suelto u otro material (no tienen piso de cerámica, baldosa, mosaico, mármol, madera o alfombrado) o no  tienen provisión de agua por cañería dentro de la vivienda o no disponen de inodoro con descarga de agua.

 

Para poder distribuir la riqueza no sólo hay que distribuir el ingreso en un período determinado, hay que sostener el poder adquisitivo (y las variables vinculadas) en el tiempo y hay que afectar los ingresos relativos (relativos) de los que más ganan. Todo lo que no vaya en este sentido, en el sentido de la distribución del ingreso equitativa, posiblemente, no sea parte de la solución para mejorar las viviendas de la población, posiblemente sea parte del problema.

Si bien se verifica una baja de la proporción de viviendas precarias en los últimos años, todavía sigue siendo uno de los problemas más graves de la Argentina. Por lo que es imperioso seguir avanzando.

 

¿Apreciación o devaluación? Es el control, estúpido.

¿Qué tienen en común los deseos de Sanz de que al país le vaya mal y el mensaje de que estamos condenados a la devaluación, que realizan las Fundaciones/ Consultoras neoliberales?

En realidad estas consultoras son las mismas que apoyaron el neoliberalismo salvaje durante los 90s, fueron los think tanks de la aplicación de la versión local del Consenso de Washington en el país.Cuando el peso estaba absolutamente apreciado y no decían nada por la devaluación. Son las mismas consultoras que ocuparon cargos determinantes en el Estado durante la historia del dolor argentino, y están acompañadas, muy bien acompañdas: los invito a mirar la fiesta de apellidosque hay en el IERAL de la Fundación Mediterránea y los sponsors de FIEL. Para contextualizar nomás.

En la década neoliberal la apuesta era por la valorización financiera y los no transables. Ahora, los grupos económicos locales se encuentran en actividades más productivas, lo cual suena mejor, pero sin la presencia del Estado la diferencia sería menor.

Entonces, lo que hay en común entre los deseos de unos y otros es la clara intención de dominar las variables y los resortes de poder, que el gobierno mantiene luego de 10 años. Situación inédita en la Argentina. Devaluar puede ser necesario, y se hará (se seguirá haciendo, en rigor) en mayor o menor medida, pero lo hará el Estado, estipulando ganadores y perdedores.

Todos estos apellidos y marcas defienden intereses, y verían con buenos ojos una devaluación en el poder del gobierno, no sólo para devaluar la moneda, sino también para corregir un modelo que no les es amigable porque no tienen el control (aunque les siga siendo materialmente favorable).

Estas discusiones no son nuevas, fijate…

“Una de las mentiras más frecuentes es que estamos internacionalmente en altos costos de producción, mentira difundida por la Sociedad Rural  y todos los órganos de la prensa cipaya, que ponen en primer término el alto salario”, Arturo Jauretche, Política y Economía, 1962.

Movimiento de Trabajadores Excluidos

El MTE y el Papa

Estaba viendo que el Papa Francisco invitó a un referente cartonero a la asunción. Me gusta que rompa el protocolo, ¿qué sé yo? Me hace bien. Pero.

Fotos al paso (click para agrandar)

El símbolo de invitar a un cartonero me pareció brillante, como contraste a la opulencia de la Iglesia. Pero me llamaron la atención algunas cosas:

  • MTE significa Movimiento de Trabajadores Excluidos, ¿no sería lógico que se llamen MTI, Movimiento de Trabajadores por la Inclusión? ¿No reproducen una situación negativa desde el mismo nombre?
  • Pienso que hay que pelear por la inclusión, no por la ausencia de diferencias entre excluidos e incluidos .
  • Me llamó la atención de la web del MTE que no se haga mención (o no la encontré) a la explotación de precios por parte de los compradores (a veces muy grandes) de los productos a reciclar.
  • La Iglesia, que tiene que dejar de ser “una ONG”, ¿qué rol cumple frente a este tipo de movimientos? ¿Debe llevar la palabra de Dios o darles alguna ayuda terrenal?
  • El Estado, sin lugar a dudas tiene el propósito de consolidar la inclusión social. Para eso es que se fortalece, en un contexto de agonal puja distributiva, el mercado interno, el consumo, el trabajo nacional, el tejido productivo, se trabaja en una nueva ISI, etc. La opción por los ricos neoliberal obviamente no ayudó a la mayoría de la poblñación entre 1976 y 2003.
  • El debate entonces es conocido: focalizar sobre los excluidos con ayuda social que les cubra alguna necesidad básica (esto lo puede hacer tanto el Estado como una ONG) o universalizar sobre la macro estructura productiva para incluir realmente a la población (esto sólo lo puede hacer el Estado). Ahora bien, ¿cómo posicionar a la Iglesia en la segunda opción, la de la inclusión real? ¿Puede ser ésta una opción? Debe serlo para no quedar sólo en oraciones.
  • Otra cosa que me llamó la atención es que en la web del MTE haya una publicación (con el link erróneo, eso sí) del CEMOP de la Fundación de la Madres, abiertamente vinculada al gobierno nacional. Esto me parece un buen indicador de convivencia, muy lejos a lo que grandes medios de comunicación pretenden instalar.
  • Existe un cruce de distintas organizaciones preocupadas y ocupadas en la dignidad humana que se acercan a las personas que mayores necesidades tienen. La Iglesia a la que representaba Bergoglio puede formar parte de estas organizaciones (gracias a, o a pesar de Bergoglio, ¿cómo saber?).
Sin perjuicio de lo anterior, y más allá de que por ahora no tenemos actos concretos para medir la labor del nuevo Papa, cabe celebrar que estos sectores de la sociedad sean visibilizados por la Iglesia (o por cualquier otra organización). Porque es una forma más de promover la reflexión sobre la mejor manera de alcanzar, con democracia, la inclusión social y la justicia social reales. Nuestra Iglesia.

Inflación, viñetas para su explicación

Algunas viñetas para enmarcar un debate que no puede tener una conclusión sino un camino de abordaje.

  • ¿Cuánto aumenta la pobreza si no hay crecimiento económico, y cuánto aumenta ante cada punto de inflación? ¿Cuánto aumenta la inflación por cada punto de crecimiento económico y por qué? ¿Tiene sentido enfriar la economía o eso sólo puede generar expulsión de mano de obra y mayor pobreza? ¿Hasta qué punto tiene sentido recalentar la economía desde el gasto público si los empresarios sólo van a responder con aumentos de precios? ¿Cómo debe conducir el crecimiento el Estado, sólo a través del gasto público y la inversión pública, o además produciendo desde empresas públicas y estableciendo controles en todas las cadenas verticales de producción? ¿Alcanzan las políticas anticíclicas desde el Estado para sustentabilizar el crecimiento o se precisa una participación activa a través de empresas públicas en sectores estratégicos?
  • Por tanto la inflación es un problema, pero ¿para quiénes? ¿Quiénes la generan? ¿Existe una puja exportadores – mercado internistas que alimenta además esa inflación? ¿Tiene sentido devaluar para atender las ganancias de los exportadores y afectar el poder adquisitivo de los trabajadores, en función de mayores aumentos de precios que generaría esa devaluación? ¿Es posible industrializar un país, recuperar el consumo de los sectores vulnerables y crecer a un mismo tiempo, sin inflación?
Es posible que todas estas viñetas entren en juego en la discusión. Sin embargo, el punto flaco de todo este sistema parece ser la puja distributiva y el comportamiento empresario a favor de aumentar precios en vez de invertir para ganar más por mayores niveles de producción.

¿Por qué defendemos la democracia? ¿Qué queremos? ¿Para qué?

Si algo cabe defender en democracia es la diversidad de opiniones.

Si algo nos gusta a muchos es opinar, plantear lo que pensamos. Suelo decir que sólo estar en el espacio correcto para tomar una decisión socialmente loable es más interesante que opinar sobre cómo tiene que ser esa decisión.Nos gusta eso. Escribir, opinar. Y por suerte en este tiempo se puede hacer. Hace 30 años era difícil, incluso arriesgado. O imposible. Opinar en estos tiempos también trae problemas con quienes piensan distinto, incluso con nuestros propios amigos o compañeros. Pero se resuelve debatiendo, argumentando. Sin represión. Se resuelve cruzando ideas. Más o menos apasionadamente según cada uno.Un (neo)liberal como Robert Dahl decía que uno de los requisitos de la poliarquía (una forma cool de llamar a la democracia) es la diversidad de información. Además de elegir libremente, otro requisito que recuerdo, entre tantos, es que las acciones del gobierno, y las concreciones institucionales, dependan del voto. En estos últimos casi 10 años como nunca en la historia de la Argentina, el gobierno atendió a la mayoría, enfrentando muchas veces intereses corporativos. Por eso cabe defender a la política, porque a través de ella el Estado puede materializarse en instituciones populares que protegen al conjunto de la sociedad y especialmente a quienes más lo precisan, los sectores vulnerables. Quiero más de esta democracia, mucho más.

Y en este marco es que cabe entender que democratizar los medios de comunicación en la Argentina no es tarea fácil. La justicia, no es independiente de los intereses económicos fácticos, está estrechamente vinculada con ellos y sirve de ancla a un pasado que es difícil de corregir. Las instituciones, como la justicia son construcciones sociales, aceptadas socialmente en un período determinado. Pero cuando la voluntad social acompaña o promueve un cambio se ve ante el desafío de transformar lo que la misma sociedad creó. A todo esto le vamos a llamar política, ¿sí?

Los grupos económicos locales, Soldati, Macri, Pescarmona, Bulgheroni, Rocca, Pagani, Pérez Companc y algunos etcéteras, tienen una suerte de colonización sobre la justicia y sobre una gran parte de los partidos políticos de la Argentina. De esa forma fue que durante los años 1991 a 2003 (y quizá un poco más también) los intereses corporativos encontraron espacios de poder en el mismo Estado colocando a sus lobbystas, controlantes o gerentes. Podemos pensar en Rapanelli, en Tizado, en Rapanelli, en Cavallo (!), en Oscar Vicente, en Daniel Marx, en Montamat, y en una larga y dolorosa lista.

La Argentina de los Kirchner, posiblemente con contradicciones propias de gobernar un país con estas características, con el tiempo fue alejando a estas personas que poco pensaban en las necesidades del conjunto, dado que primero que nada atendían los intereses que representaban, dejando a la democracia en segundo plano (tal como lo demostró la dictadura, y los alejamientos tempranos de Alfonsín y De La Rúa, más allá de cada contexto).

Entiendo a los que dicen que hay grupos de comunicación muy fuertes en la Argentina además de Clarín. Entiendo a los que dicen que la Ley de Medios es coyuntural por las disputas entre Clarín y el gobierno. Entiendo también a los que señalan que hay que ir por todo al mismo tiempo, y no ir tejiendo alianzas entre crápulas para poder enfrentar otros crápulas. También entiendo a aquellos preocupados por el cambio de condiciones del mercado de los medios de comunicación audiovisual. Y entiendo a los que quieren pautas parejas del Estado para todos.

Los entiendo a todos pero no coincido, ni mucho menos los justifico. Entiendo sus argumentos. Y me gusten o no, los comparta o no (en realidad no) lo que no comprendo es cómo algunas personas son capaces de no defender el achicamiento de un monopolio de medios como Clarín, en el marco de cumplir una Ley de la democracia que convocó a tantos grupos sociales interesados.

Existe una relación entre enfrentar corporaciones, para hacer una democracia que atienda a porciones cada vez más numerosas de la población, y esa (esta) democracia. A esta relación le vamos a llamar soberanía, ¿vale? Tiene que ver con quién toma las decisiones en la Argentina, el pueblo a través de las instituciones emergentes de la democracia reciente o las corporaciones a través de las instituciones que ellos crearon para anclarse a un estado de cosas favorable.

Creo que todo es debatible, pero lo que aparece como bastante evidente es que una democracia mejor, con instituciones inclusivas, se construye apoyando. Acompañando esta democracia. Porque nunca es poco lo que nos jugamos.

Así que, un poco por todo esto, pero también por todo lo que falta, este domingo 9 de diciembre nos vemos en la Plaza. Hasta entonces.

Post publicado en hache.

Elasticidad empleo – producto en la Argentina

La estructura industrial de la actualidad enfrenta varios desafíos, que forman parte de la agenda de debates y políticas pendientes. Tal como ya dijimos varias veces en este blog.

Como petición de principios, cabe precisar que la búsqueda de una estructura productiva con énfasis en una industria fuerte es coherente con el objetivo de una equitativa distribución del ingreso, basada en empleos mejor remunerados, con el fortalecimiento del mercado interno y con una economía menos expuesta a los vaivenes del exterior, y por ende más sustentable en el tiempo.

  • En el cuadro 1, se observa que entre el primer semestre de 1991 y el primer semestre de 1995, la elasticidad fue de 0,04, esto indica que un incremento de 1% en el producto generaba un aumento de 0,04% en el empleo. Lo cual refleja que durante la primera parte de la convertibilidad se consolidó un verdadero modelo de crecimiento sin desarrollo económico, por cuanto el crecimiento del producto no fue acompañado por el crecimiento en el empleo.
  • Esto verifica la hipótesis que señala que el modelo de los noventa buscaba una conjunción entre el crecimiento y el disciplinamiento social por el camino de la exclusión, el desempleo, la desmovilización social, la privatización de empresas de servicios públicos y la focalización de políticas. Favoreciendo así la concentración de los actores vinculados con las privatizaciones (bancos acreedores, empresas transnacionales y grandes grupos económicos locales).
  • Llama la atención la interesante absorción de empleo que existió entre 1996 y 2001. Entre las puntas del modelo neoliberal (91-01) la elasticidad se ubicó en 0,25. Mientras que entre las puntas de la etapa actual ese indicador aumenta a 0,33. Con una salvedad: en el caso del modelo de los noventas se realizó la lectura con anterioridad a la crisis, mientras que en la etapa actual no se vislumbra ninguna crisis, ni de aquellas ni de otras características.
  • Es muy posible que los servicios y el comercio, en los cuales se hacía hincapié en esa época sean más elásticos para absorber empleo en el corto plazo que la industria. Pero de la misma forma, la expulsión de empleo de estos sectores, vinculados con la debilidad del mercado interno asociada, también es más elástica a las caídas. Cabe recordar es que la tasa estructural de desocupación en los noventas mostraba un piso del 13% mientras que en la etapa actual se mantiene cercana al 7%.

Cuadro 1: elasticidad empleo – producto

Fuente: Mecon y EPH.

  • En el cuadro 2, puede observarse que entre 1996 y 2001 se destruyó empleo industrial (empleo industrial registrado, en este caso), que fue compensado por los sectores de servicios y comercio. Lo cual remarca el sesgo hacia una economía basada en bienes no transables, en el contexto de una estructura de precios relativos orientada a los servicios (no transables). El sector comercio también acompañó el crecimiento de la economía.
  • En el período reciente ocurre una curiosidad. La creación de empleo industrial es menos elástica al crecimiento, y al mismo tiempo toda la estructura productiva nacional genera menos trabajo por punto de crecimiento. Sin embargo, y cabe resaltarlo, la etapa actual no está expulsando empleo industrial, como la anterior, en la que se cerraron numerosas industrias y en la que el déficit de cuenta corriente fue una de las causas de la crisis.
Cuadro 2: elasticidad empleo registrado, por sector – producto

Fuente: Mecon y MTEySS.
Puede concluirse anticipadamente que una estructura productiva constituida en dirección de crear empleos industriales es menos dinámica y menos elástica al crecimiento. No obstante lo anterior después de 9 años se siguen creando empleos registrados industriales. Por tanto, la estructura económica nacional presenta un gran desafío para lograr una industrialización sustentable, sin embargo las políticas estatales de los últimos años están consiguiendo algo inédito: la generación permanente de empleo industrial por un largo período de tiempo.
  • Es notable la fuerza que cobraron los servicios y el comercio durante los noventa, de manera tal que la elasticidad empleo producto en estos casos fue mayor que la evidenciada por el sector industrial. De tal modo que en la última parte de la década la industria expulsó mano de obra mientras que dichos sectores marcaron récords de ocupación por cada punto de crecimiento. Los años actuales muestran una mayor paridad entre industria y los demás sectores, lo cual habla de la mayor inclusión, bienestar social y sustentabilidad de largo plazo de la macro actual -vinculada con más ocupación industrial absoluta-, respecto de la neoliberal.
Gráfico2: elasticidad empleo registrado, por sector – producto
  • Respecto de la revisión por tamaño de empresa el período más equilibrado entre las grandes y las mipymes fue el corte 2003-2007. Este cuadro es polémico por cuanto en él no se refleja el comentado mayor  dinamismo de las mipymes en la toma de ocupados. Puede suponerse que el sesgo de tratarse de trabajo registrado está generando un desvío de la realidad. Sin embargo, para comparar entre períodos es funcional y arroja información interesante.

A modo de cierre, se puede decir que cabe seguir profundizando las herramientas vigentes en poder del Estado, de la misma forma que es correcto seguir fortaleciendo el rol del Estado en la conducción de la economía. Es imprescindible seguir utilizando las nuevas tecnologías administrativas para generar políticas integrales desde el Estado que simulen en las industrias y en las mipymes, las ventajas que tienen en riesgo y velocidad de negocios, las grandes y las empresas de servicios y comerciales.

 

La Argentina heterodoxa

Este año es clave para la Argentina. El desafío es fundamental para la legitimación de una forma de hacer política, recordando lo acontecido en el año 2009 pero profundizando las políticas estatales a favor de la estabilidad del mercado interno.

La Argentina atraviesa la actual crisis internacional con un objetivo central: no afectar los niveles de inclusión, igualdad y bienestar social alcanzados en estos 9 años y pico. O sea, que la crisis no la paguen los trabajadores. Que los empresarios que ganaron tanto durante estos años acompañen al Estado en la red de contención social. Ése es el gran desafío. Y por ahora se está logrando, aunque no sin conflictos internos.Si el gobierno tiene éxito en este gran objetivo estaríamos frente a algo nuevo: la sociedad aprendería que un Estado estratégico (en la Argentina) para la inclusión es posible incluso en épocas de crisis. Ya no se le creerá nunca más a las versiones intencionadas de disminución salarial, ni de flexibilización laboral ni de mayores desregulaciones para salir de la crisis, como se intentó en otras ocasiones.Se está andando un camino, que en democracia puede no tener retorno: un Estado sincero a favor del conjunto es posible incluso en épocas de crisis. En el futuro este año puede ser recordado cada vez que un gobierno intente esconder intenciones regresivas detrás de la necesidad basada en las crisis.

Recetario:
  1. Política cambiaria. Se administra el tipo de cambio para lograr un equilibrio entre la competitividad, el poder adquisitivo de los salarios y la factibilidad de mayor inclusión.
  2. Se mantuvieron los niveles de reservas en el BCRA para poder hacer frente a la autonomía necesaria para afrontar la política cambiaria según la estrategia de desarrollo y no según la necesidad o la imposición externa.
  3. En este sentido cabe contemplar la importancia del desendeudamiento del Estado argentino.
  4. Régimen de comercio exterior administrado con muchos controles del Estado, en función de cuidar el mercado interno y el tejido productivo nacional.
  5. El Estado mantiene interesantes niveles de gasto e inversión pública. Además la política fiscal es interesante. Si bien no se reformó el sistema tributario tal como sería deseable (pasando a uno más progresivo) siguen existiendo sucesivos ajustes para fortalecer la recaudación sobre los grandes agentes de la economía.
  6. Se generó un plan de construcción de viviendas, Pro. Cre.Ar., para dinamizar la economía a partir de un sector que se eslabona con varios otros sectores productivos de distinto peso, como es la construcción.
  7. El Estado se hizo más fuerte en sectores estratégicos para el desarrollo. De esta inteligencia se modificó la Carta Orgánica del BCRA para tener un Banco Central en sintonía con la equidad y el desarrollo interno. Se busca favorecer el crédito productivo a través de la conducción del sistema financiero.
  8. Se re-estatizó YPF para controlar una empresa central del sector hidrocarburífero, abocada a coordinar una política energética funcional para la producción nacional.
  9. El Estado promueve que los salarios sigan acompañando el crecimiento del mercado interno, el consumo y la demanda agregada, convalidando negociaciones paritarias que mejoran el poder adquisitivo del salario, y por ende la calidad de vida de la gente. En este sentido se mantienen las políticas de aumento de jubilaciones y Asignaciones Universal por Hijo (y embarazo).
  10. El rol del Estado en la economía es intenso, tomando partido por la armonía de clases y por los sectores populares.
El Estado argentino está demostrando que las crisis no deben ser la esperanza blanca para destruir el Estado, sino todo lo contrario: si las crisis les duele más a los sectores más dinámicos y preponderantes del capitalismo argentino, se espera que estos aprendan a actuar para evitar que haya crisis. Un modelo sustentable implica atender la mejora en la distribución del ingreso y cuidar que no haya volatibilidad macroeconómica.
No es fácil, hay conflicto. Pero es natural. Son tiempos en los que la sociedad aprende y los empresarios se disciplinan. Apostemos por un Estado ejemplar y ejemplificador.

Estructura productiva: la industria en el PBI

La estructura productiva de la Argentina todavía tiene una deuda pendiente con los cambios de fondo.

  • Los establecimientos industriales (que registran empleo) crecieron entre 1996 y 2011 un 17,6%, los comercios un 72,9% y las empresas de servicios un 58,3% en ese período. La inversión industrial es claramente más costosa y conlleva más riesgos. Por eso se requiere del Estado para asumir parte de los costos y riesgos de esa inversión, apoyándose sobre la recaudación que se obtiene sobre sectores más dinámicos, por un lado, y consolidando una real industrialización por sustitución de importaciones, que en el contexto actual sólo es posible de manera compulsiva para no afectar aún más variables de la economía.
  • El BCRA informa que la proporción de financiamiento a la industria manufacturera, sobre el total de préstamos, era de casi 30% en 1990, del 20% en 1997, 8% en 2003, 16% en 2008 y 17% en 2011 (alimentos e industria química entre los que mayor proporción se financiaron). Claramente, un camino que acompañó la performance industrial y que cabe seguir profundizando. Por eso haber modificado la Carta Orgánica del BCRA abre una oportunidad sin igual para presionar a los bancos de manera tal que otorguen más créditos a la producción.
  • En el primer trimestre de 1996 había más de 17 empleados registrados por empresa industrial, en el pico de empleados industriales de los 90s: el segundo trimestre de 1998, se contaban casi 19 empleados por industria. En el pico de empleados industriales de la etapa actual (cuarto trimestre de 2011, que además es el último dato disponible), existen alrededor de 21 empleados por industria. Dato que habla de la ampliación de las empresas existentes antes que de la proliferación de nuevas empresas. Actualmente, por otro lado, el comercio tiene casi 7 empleados registrados por comercio y los servicios poco más de 10 empleos por empresa del sector. Ambos muy lejos de los 21 empleos industriales.
A modo de conclusión, se puede decir que este diagnóstico no afecta el buen criterio de las medidas del gobierno, por el contrario, genera una base más fuerte para avanzar sin miramientos en una estructura productiva que incorpore mayor volumen de producción industrial. El tipo de cambio competitivo dinamizó el tejido productivo desde 2002, pero no modificó la estructura económica. Por eso aumentar el control sobre el comercio exterior y sobre el comportamiento empresario (fundamentalmente inversión) es una buena estrategia, heterodoxa, que como toda política sólo se confirma con la practica.
Y, en este sentido, favorecer el mercado interno es estrictamente eso: voluntad de control para consolidar un modelo de país. Por eso administrar el comercio exterior, y controlar el tipo de cambio son pilares fundamentales para avanzar hacia una modificación real de la estructura productiva argentina. Aunque de ninguna manera se puede pensar que eso sólo alcanzará. La inversión industrial debe ser consolidada desde el Estado, favoreciendo la creación de nuevas empresas, y la ampliación de las existentes. Ese es el desafío de esta inédita época, construir un sistema financiero orientado al desarrollo y no a la usura, para alcanzar la apuesta por la profundización de una estructura productiva sustentable en tiempos de crisis externa y menor crecimiento interno.
El resto de los gráficos se pueden ver acá.

Salarios, empleo registrado y todo lo demás

Los salarios le ganaron a la inflación durante los últimos nueve años.

En las mediciones más controvertidas, y contrarias al oficialismo, esa inflación es de 220%.

En el siguiente gráfico se aprecia cómo el promedio de los salarios de empleos registrados le han ganado a la inflación.

Gráfico: salario promedio por actividad económica.

Fuente: elaboración propia en base a MTEySS.

Click para ver gráfico completo, desagregado por rama de actividad económica.

Por eso la presidenta reclama que haya solidaridad para trabajar por los que no tienen empleo registrado (35% de los trabajadores) y por los que no tienen empleos de calidad. Especialmente en esta etapa de crisis internacional.

 

¿Cómo evitar que el modelo atente contra el modelo en tiempos de crisis externa?

 El gobierno se propone utilizar el eje de las negociaciones paritarias como rector del equilibrio social. Existe una cierta vinculación entre la sintonía fina y la heterodoxia, veamos.
En un contexto donde existe una presión sobre la devaluación del tipo de cambio, el gobierno, sin embargo, estableció un set de medidas orientadas a sostener el valor de la moneda estable, sin saltos abruptos, pero sin afectar el nivel de reservas. Y sin afectar tampoco el saldo positivo de cuenta corriente. ¿Por qué? Porque es un camino para sostener el poder adquisitivo del salario (evitando una presión al alza de precios, en este sentido), para que el mismo modelo no atente contra el modelo.Es por esto que se implementaron políticas de administración comercial heterodoxas para que la cuenta corriente de la balanza de pagos se mantenga superavitaria, en un escenario con una moneda doméstica estable -sin devaluar-, como fundamento de la independecia económica que conquistó la Argentina.En este mismo sentido se trabaja en la quita de subsidios universales para, progresivamente, convertirlos en integrales (bueno che, me gusta jugar con los conceptos, total es gratis o bien: sigue subsidiado). Lo cual es posible gracias al avance de las tecnologías de administración de lo público. Esta nueva concepción de subsidios integrales para el conjunto de los sectores sociales que los precisen se relaciona con el superávit fiscal, y por supuesto con la soberanía política que resulta de no depender de nadie.

Asimismo, esto último se enlaza con la lógica de un Estado al servicio de los sectores vulnerables,  propiciando su recuperación y el aumento de su bienestar; dado que un Estado que se endeuda reasigna negativamente recursos en los sectores relegados (digamos que este razonamiento sigue la misma lógica que la de los impuestos indirectos), es pertinente agotar las herramientas políticas y económicas en función de sostener el equilibrio fiscal.

¿Cómo se vincula todo lo anterior con las discusiones salariales? La Argentina alcanzó, luego de ocho años de gobierno del proyecto nacional, popular y democrático, un clima social donde los trabajadores sindicalizados lograron conquistar cierto bienestar y donde las empresas funcionan con niveles de ganancias récord. En esta coyuntura la prioridad pasa a la inclusión de los sectores aún excluídos (desocupados o trabajadores no registrados), para lo cual es pertinente disminuir al mínimo posible las presiones sobre el alza de los precios (o de algunos precios), para allanar el camino de la intervención del Estado en la inclusión social de los que aún no se benefician notablemente con el modelo.

Es por ello que no se devaluó con fuerza y es por ello que se está discutiendo a la baja las pretensiones de aumento salarial, para que los trabajadores no aumenten su poder adquisitivo tanto como en otros años vis-á-vis lograr una menor presión sobre los precios y equilibrar todo el sistema de precios hacia abajo. Es natural -y en cierto punto bienvenido- que esto genere algunos conflictos. Al mismo tiempo el gobierno le exige a los sectores empresarios que como respuesta a la intervención del Estado en función del equilibrio, inviertan todavía más de lo que venían haciéndolo, y que estas inversiones generen empleo, productividad y competitividad.

La sintonía fina entonces, tiene que ver con la inclusión y la igualdad social. Tiene que ver con la inédita voluntad política de profundizar la distribución equitativa del ingreso en tiempos que no son de auge (en el contexto de una impresionante crisis internacional). El éxito de esta iniciativa puede marcar la refundación de un cierto equilibrio social en la Argentina.

El escenario que se busca construir tiene que ver con un tablero que permita pensar una redistribución del ingreso que levante (aún más) el piso social al tiempo que el techo se sostiene más o menos estable. A esto último le llamamos “búsqueda de igualdad social” y ejercicio de gobierno para el conjunto de la sociedad argentina y no para un sólo sector, ni mucho menos alguna corporación de intereses.

Estos párrafos encierran algunas polémicas. Por ejemplo, ¿cuál es la fuerza de la relación entre salarios y precios? (¿Más guita en la calle o mayores costos empresarios presionan efectivamente los precios? ¿Cuánto?).

La idea es que cuanto más desarmemos todos los temas más cerca de una democracia madura vamos a estar, profundizando -y conociendo mejor- los canales de solidaridad necesarios para construir una sociedad igualitaria. No le tengamos miedo a ningún debate, pero aprendamos a darlos con seriedad y conocimiento.