¿Apreciación o devaluación? Es el control, estúpido.

¿Qué tienen en común los deseos de Sanz de que al país le vaya mal y el mensaje de que estamos condenados a la devaluación, que realizan las Fundaciones/ Consultoras neoliberales?

En realidad estas consultoras son las mismas que apoyaron el neoliberalismo salvaje durante los 90s, fueron los think tanks de la aplicación de la versión local del Consenso de Washington en el país.Cuando el peso estaba absolutamente apreciado y no decían nada por la devaluación. Son las mismas consultoras que ocuparon cargos determinantes en el Estado durante la historia del dolor argentino, y están acompañadas, muy bien acompañdas: los invito a mirar la fiesta de apellidosque hay en el IERAL de la Fundación Mediterránea y los sponsors de FIEL. Para contextualizar nomás.

En la década neoliberal la apuesta era por la valorización financiera y los no transables. Ahora, los grupos económicos locales se encuentran en actividades más productivas, lo cual suena mejor, pero sin la presencia del Estado la diferencia sería menor.

Entonces, lo que hay en común entre los deseos de unos y otros es la clara intención de dominar las variables y los resortes de poder, que el gobierno mantiene luego de 10 años. Situación inédita en la Argentina. Devaluar puede ser necesario, y se hará (se seguirá haciendo, en rigor) en mayor o menor medida, pero lo hará el Estado, estipulando ganadores y perdedores.

Todos estos apellidos y marcas defienden intereses, y verían con buenos ojos una devaluación en el poder del gobierno, no sólo para devaluar la moneda, sino también para corregir un modelo que no les es amigable porque no tienen el control (aunque les siga siendo materialmente favorable).

Estas discusiones no son nuevas, fijate…

“Una de las mentiras más frecuentes es que estamos internacionalmente en altos costos de producción, mentira difundida por la Sociedad Rural  y todos los órganos de la prensa cipaya, que ponen en primer término el alto salario”, Arturo Jauretche, Política y Economía, 1962.

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