Debate sobre las Islas Malvinas: ¿Civilización y Barbarie?

Posteriormente a nuestra nota ¿Son realmente nuestras las Malvinas? ¿Es realmente uruguaya Punta del Este? referida al debate actual alrededor del diferendo entre nuestro país y Gran Bretaña sobre las Islas Malvinas, se dio a conocer finalmente el documento titulado Malvinas, una visión alternativa firmado por un grupo de diecisiete intelectuales y mencionado en aquella nota. Debido a los polémicos argumentos esgrimidos allí y su inoportuna propuesta de volver a foja cero la negociación entre los países, se levantó una ola de críticas y descalificación de sus autores enfocando el análisis desde una perspectiva que divide a la sociedad en izquierda/derecha o nacionalistas/cipayos. En cambio, propongo aquí humildemente una análisis del documento no utilizando esas dicotomías, sino descifrando primero la visión desde la cual estos intelectuales de diversas ideologías, formaciones y profesiones abordan la actualidad del diferendo, para sí luego ensayar una refutación de sus argumentos a la vista de las realidades y conceptos en juego en este debate.
Lo que propongo, en definitiva, es identificar la ideología de base que impregna el documento como la corriente de pensamiento hegemónica a mediados del siglo XIX, a partir de la batalla de Caseros. Es decir, que los argumentos y los planteos destilan la histórica dicotomía “Civilización y Barbarie” concebida por Sarmiento y que, como vemos, sigue vigente en algunos círculos nacionales en pleno siglo XXI. Esta visión (al menos paternalista y que en algunos llega a ser racista, pero siempre autoritaria) no sólo tiñe la mirada sobre nuestro pasado sino, como vemos claramente aquí, también nuestro presente.
Dentro de este marco de análisis se explicarán, aunque sin justificarlos, los conceptos y argumentos polémicos esgrimidos por los autores para sugerir que abandonemos nuestra estrategia diplomática y nuestras “extravagantes” razones históricas, para finalmente resignarnos ante el hecho de haber perdido una guerra con el ex imperio británico (la Civilización) y repudiar nuestra “habitual escalada de declamaciones parioteras” (nuestra Barbarie) aviniéndonos “sin prejuicios” al “razonable” argumento de Gran Bretaña, que no es otra cosa que aceptar a los isleños como contraparte y respetar su autodeterminación.
Luego de refutar algunos de los argumentos del documento propondremos (más bien ampliaremos, ya que no es nuestra) una fórmula de negociación basada en un ejemplo histórico muy similar y que llegó a buen puerto.
Pasemos ahora a analizar algunos tramos del documento. Dice el texto:

Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país.

Si decimos que la gente está ahora madura para adoptar esa estrategia, significa que la misma es previa, ya estaba dada (¿por Gran Bretaña? ¿renunciar a la soberanía y aceptar la autodeterminación?) que es lógica e inevitable pero que la sociedad no estaba madura para aceptarla. Lo que trasunta este párrafo es que la sociedad argentina exhibía demasiada barbarie como para aceptar lo que la civilización dispone que es lo correcto: dejar que sigan siendo civilizados británicos quienes ocupen las islas y que Argentina mendigue algún tipo de participación en las utilidades de la explotación de sus recursos. En estas palabras, en pleno siglo XXI, retumban las palabras de Domingo F. Sarmiento, en el siglo XIX:

“La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga. Seamos francos, su invasión es útil a la civilización y al progreso”. “Las Islas Malvinas le son disputadas a Buenos Aires, en nombre del derecho, cierto o no, del primer ocupante….Estos son derechos de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, amigo, hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar….de manera que una vez ocupado un punto que no lo había sido por otra nación las demás están obligadas a respetar este derecho”.

El documento propone como condición básica la autodeterminación de los isleños, lo que quedó muy claro en nuestra nota anterior que es ajeno a lo dispuesto por la ONU y que se trata de la principal condición del gobierno británico. Al respecto dice elperiodista Lauro Noro en la revista Debate:

En la Cámara de los Comunes, el primer ministro inglés David Cameron, que había convocado al Consejo Nacional de Seguridad para abordar la situación, soltó una frase que azuzó la polémica. “Yo diría que lo que los argentinos han estado diciendo recientemente es mucho más colonialismo porque los kelpers quieren seguir siendo británicos y los argentinos quieren que ellos hagan otra cosa”. El Cuerpo que preside, es donde se reúnen los principales miembros del gabinete inglés y puede contar también con la participación de altos responsables de defensa o de inteligencia. “Estoy decidido a que nos aseguremos de que nuestras defensas y todo lo demás esté en orden”, agregó y también, “que se respete la autodeterminación de los isleños”.

El polémico documento agrega luego:
Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional.

Estos intelectuales proponen abiertamente violar el mandato constitucional de nuestra soberanía sobre las islas y abandonar la estrategia diplomática de años, que logró actualmente amenazar la terca estrategia del gobierno británico de eludir la negociación desde una posición de fuerza, al conseguir un apoyo sin precedentes para la posición nacional tanto a nivel regional como mundial. Proponen, en definitiva, retroceder décadas y aceptar la tesis británica sobre la materia. Esto constituye una contradictoria estrategia negociadora, ya que comienza aceptando las condidiones del oponente. Veamos qué dice sobre la negociación el prestigioso analista internacional Juan Gabriel Tokatlian:

Hay, para decirlo de modo sintético, culturas de negociación distintas. No por azar es frecuente –como sucede en tantos otros ejemplos históricos y presentes–, que cada cultura se perciba a sí misma como “superior” (y mejor) y más “normal” (y humana) que su contra-parte: los discursos respectivos aluden implícitamente a esto. Por eso mismo resulta fundamental comprender los valores, estilos, hábitos, lógicas, expectativas, argumentos y gestos de los otros desde su entramado cultural y no desde el propio.
En esencia, los principios no son negociables: la soberanía (tesis argentina) se posee o se carece; la autodeterminación (tesis británica) se obtiene o se frustra. No se trata de explicar qué principio es el correcto; el ejemplo se usa para subrayar que los intereses pueden precisarse, flexibilizarse y ser objeto de una transacción, mientras que los principios no son negociables y llevan, en muchas ocasiones, a la rigidez y a la intransigencia. (…) cabe subrayar que los factores culturales tienen una relevante gravitación en el proceso mismo de contacto, diálogo, transacción y acuerdo entre dos partes. Los estudios más detallados sobre negociación (en Latinoamérica, uno de los grandes especialistas es el colombiano Enrique Ogliastri) destacan, por ejemplo, diferencias culturales importantes entre latinoamericanos y anglosajones: entre otras, los latinos son más propensos a la argumentación abstracta y deductiva, los anglos tienden a ser más pragmáticos y utilitarios; los latinos prefieren explorar las sucesivas reacciones del otro, los anglos tienen un rango de regateo bajo; los latinos se orientan más por el presente; los anglos operan con un criterio de largo plazo. A ello se debe agregar diferencias derivadas de realidades históricas disímiles: los anglosajones (en este caso, británicos y estadounidenses) tienen, en tanto países centrales y expansionistas, más disposición a políticas de poder, mientras que los latinoamericanos (desde México hasta Chile) tienen, en tanto experiencias surgidas de su condición periférica, más inclinación hacia el legalismo.
La Argentina, con la fórmula del “paraguas” (acuerdos en pesca, petróleo y comunicación) alcanzada en los noventa reconoció, de hecho, la realidad de la gravitación alcanzada por los habitantes de las islas y su influencia sobre las políticas de Londres. Pero, más allá de gestos simbólicos, esto no alteró en absoluto el sentir de los isleños hacia los argentinos. Visto en perspectiva, el “paraguas” –que a los fines prácticos, y excepto en lo referente a la comunicación, se congeló en 2000 (tres años antes de la llegada de Néstor Kirchner al gobierno)– nunca se enraizó ni en la burocracia ni en la sociedad argentina y británica (e isleña). (…) ¿no hubo una secuencia de experiencias sucesivas y positivas que produjera suficiente confianza, credibilidad y compromiso?, ¿la actitud de los isleños hacia los argentinos está y estará inexorablemente condicionada por lo ocurrido en 1982, con o sin “paraguas”, viejo o nuevo? Si se acuerda coparticipar, en términos humanos y materiales, en el proceso de desminado de las islas –hay todavía unos 15.000 minas antipersonales colocadas durante la guerra–, ¿no se estaría dando un paso para, al menos, mejorar la calidad de vida de los isleños? Si la Argentina iniciara una política activa de exploración y explotación de hidrocarburos en el Atlántico Sur y creara un fondo especial de regalías que, en el futuro, se destine a un mayor sostenimiento económico de las Malvinas, ¿no sería esto atractivo para los isleños? De lo que se trata, en últimas, es de comprender y asimilar que negociar Malvinas será un proceso complejo, exigente y prolongado.

Llegado este punto, es bueno contextualizar esta propuesta teniendo en cuenta las palabras de Tokatlián. Veamos cuáles han sido los logros de la diplomacia argentina y qué queremos decir cuando afirmamos que la estrategia del gobierno británico está amenazada. Dice Lauro Noro:

(…) otras voces se escucharon sobre el reciente incidente entre ambos países. Una de ellas, nada menos que de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton. No hizo más que repetir lo que la ONU resolvió una decena de veces para que las partes se sienten a discutir cómo arreglar la cuestión. La vocera del Departamento, Victoria Nuland, agregó que “nosotros reconocemos la gestión de facto del Reino Unido en las Islas, pero no tomamos posición respecto de la soberanía”. A este respaldo, se sumó el de China y las resoluciones adoptadas en la recién creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) sobre el principio irrenunciable de soberanía argentina de las islas.

Y Horacio Verbitsky contrasta con la realidad lo propuesto por el documento en relación al debate sobre los recursos en juego:

La militarización y nuclearización de la única zona de paz del mundo es una amenaza gravísima, sobre todo si se ejerce en apoyo de las exploraciones hidrocarburíferas en el mar y de la depredación de los recursos ictícolas. Ambas cuestiones están vinculadas con algunos de los problemas principales del país, como la restricción externa que amaga por la crisis global. En 2011 la Argentina exportó pescados y mariscos por 1.365 millones de dólares, más de lo que obtiene por la venta de carne vacuna. Y la balanza del comercio energético arrojó un saldo negativo de 4.500 millones de dólares, que explica la escalada de conflicto con Repsol-YPF.¿Qué lógica tendría controlar la remisión de utilidades y exigir inversiones a las multinacionales radicadas en el continente e ignorar que Gran Bretaña explota los tan necesarios recursos propios en el Atlántico Sur? La declaración recomienda al respecto “una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños”, olvidando que Gran Bretaña decide sin consultar a nadie y que los pasados intentos por congraciarse con los isleños sólo sirvieron para que el Reino Unido acelerara el usufructo inconsulto de esos recursos.

El documento ignora que la estrategia empleada por los gobiernos argentinos fue sembrando obstáculos a los proyectos del gobierno británico relacionados con las islas, y que eso preocupa a la corona, lo que se refleja en varios cables secretos, según revela el periodista Santiago O’Donnell:

Más allá de los procesos de integración regional y las alianzas estratégicas, según la agencia de inteligencia global Stratfor, Brasil está dispuesto a apoyar a la Argentina en su reclamo por las islas Malvinas porque no quiere a Gran Bretaña cerca de sus yacimientos de petróleo.
Según e-mails de la agencia obtenidos por Wikileaks, el anuncio de que un grupo de empresas petroleras iniciaría perforaciones en aguas argentinas cercanas a las Malvinas en abril del 2009 disparó el siguiente intercambio entre distintos analistas y espías de Stratfor:

Allison Fedirka (desde Argentina): –Por ahora parece que YPF-Repsol, Petrobras y Pan American Energy participarán en la exploración. No estoy seguro cómo afectará las cosas la asociación entre PAE y British Petroleumm (o si no las afecta).

Reva Bhalla: –Es muy extraño que Petrobras esté involucrado (también es interesante que España apoya a Argentina). Paulo, ¿podés juntar análisis/información de lo que está pasando acá? La participación de Petrobras en este proyecto es una muestra de apoyo bastante fuerte en una disputa donde Argentina parece perdida. ¿Por qué hace esto Petrobras/Brasil?

Paulo Freire (desde Brasil): –Sí, trataré de conseguir análisis/información. Brasil ha mencionado varias veces que el Atlántico Sur es el Amazonas azul y que ningún país del norte debería estar ocupándolo. Desde que Lula llegó al poder, Brasil ha dado señales de apoyo para Argentina en el tema Malvinas. No quieren al Reino Unido cerca de sus reservas de crudo.

Freire: –Ellos creen que Argentina no es una amenaza. Le tienen más miedo al Reino Unido porque lo asocian con la OTAN. El último plan nacional de Defensa de Brasil dice que el Atlántico Sur debería ser una de las prioridades de Brasil en el área de seguridad.

Otro tema referido a las Malvinas que interesó a Stratfor tiene que ver con la fabricación del cohete argentino de mediano alcance Gradicom PXC 2009. Los sabuesos querían saber si el Gradicom tendría capacidad suficiente como para transportar un misil y alcance suficiente como para llegar a las Malvinas.

Reva Bhalla: “En diciembre del 2009 Argentina probó el Gradicom PXC, que usó tecnología de combustible sólido para lanzar poco más de cien kilómetros. El objetivo es mejorar el Cóndor II, que supuestamente tendría un alcance de mil millas y una carga de 500 kilos. El objetivo de mediano alcance es que los misiles puedan transportar 500 kilos hasta 300 kilómetros, con lo cual podrían llegar a las Malvinas.

Allison Fedirka: “Las Malvinas están a unas 300 millas (482 kilómetros) de la Argentina. No soy una gran experta en misiles, como para comentar acerca de la capacidad del arma. ¿Cuánto tiempo, tecnología y dinero requiere este tipo de mejora? Sé que llevan un año desarrollando el misil. Argentina suele hacer grandes anuncios, pero muchas veces no tiene suficiente dinero ni organización como para terminar el trabajo (por ejemplo la deuda del Club de París. Anunciaron que pagarían en el 2008…)”.

Estas preocupaciones británicas y los logros de la estrategia argentina se reflejan también en los cables secretos estadounidenses revelados por WikiLeaks, (publicados completos y traducidos por Basurero Nacional en los WikiPis). Un extracto de los mismos nos aclararan de qué estamos hablando:

TEMA: Falklands/Malvinas: Gobierno Argentino exige autorización para que barcos viajen a las Islas.

3. (SBU)En un acto público ese mismo día, CFK explicó que “todos los buques que se dirijan a Puerto Argentino (es decir, Puerto Stanley) deben solicitar autorización a Argentina, cualquiera sea la razón para ir.” Justificó esta nueva exigencia diciendo que “hay numerosas resoluciones de la ONU que piden y exigen a ambos países (es decir, Argentina y el Reino Unido) que reanuden las conversaciones para llegar a un acuerdo sobre la soberanía (de las islas), y resoluciones que dicen que ninguna de las partes puede tomar medidas unilaterales”. Agregó que “estas resoluciones han sido sistemáticamente ignoradas por el Reino Unido, que se niega a tratar el asunto”, y que “el Reino Unido se niega a sentarse a la mesa para discutirlo como ordena la ONU.” Afirmó que plantearía la cuestión en la Cumbre del Grupo de Río que se celebraría la semana siguiente en Playa del Carmen, México. El motivo: Elevar el costo de hacer negocios en las islas.

Otra fuente del MRE le dijo al diario pro-gobierno Página 12 que “el viernes pasado, el Financial Times informó que el precio de las acciones (de Desire Petroleum, la empresa británica que encabeza los esfuerzos de exploración) estaba bajando. A eso apuntan nuestras sanciones, siempre a través de medios pacíficos y legales, para que el factor riesgo que enfrente toda empresa petrolera (que opere en las islas) sea cada vez más alto.”

6. (C) A los diplomáticos británicos en la Argentina les preocupa hasta dónde llevará el Gobierno Argentino este asunto y por lo tanto intentan restarle importancia a la situación lo más posible. La Embajadora británica Shan Morgan le dijo a DCM (N. del T.: segundo de la embajada) el 16 de febrero que la estrategia británica es mantenerse en silencio y ser pacientes con la esperanza de que la situación se disipe pero agregó que Londres estaba “inquieto” por el asunto. Una fuente de la Embajada británica citada por múltiples diarios siguió esa política y declaró que “Argentina aplica sus propias leyes en su territorio”, sugiriendo que esta reglamentación era un asunto estrictamente nacional.

Comentario
Por ahora, el Gobierno Argentino es escrupuloso y presenta sus acciones como una adhesión a las resoluciones de la ONU y las leyes internacionales. En ausencia de un (improbable) acuerdo argentino-británico sobre las islas, el Gobierno Argentino muy probablemente continúe aumentando la presión económica sobre los habitantes de las Islas Falkland, para quienes el turismo es un una importante fuente de dinero.
El actual tráfico marítimo entre Argentina y las Falkland (así como a las otras islas) es limitado, y el impacto del decreto en las empresas estadounidenses y de otros países probablemente también sea limitado por ahora. Sin embargo, esto podría cambiar si el Gobierno Argentino sube la apuesta e impone sanciones significativas a empresas como los operadores de cruceros turísticos con actividades actuales en las Falkland y en la Argentina, perjudicando tanto a las empresas como a la economía argentina.

Argentina: belicosidad por exploración de petróleo en Malvinas
4. (SBU) La política del Gobierno Argentino antes mencionada concordaría con la Resolución de la Secretaría de Energía 407, emitida en 2007, que amenaza con terminar con las actividades argentinas (incluìda la cancelación de todas las concesiones de energía) de toda compañía que opere en la zona Malvinas sin el permiso expreso del Gobierno Argentino. El analista de temas de energía Daniel Gerold ve pocas chances de que haya sanciones del Gobierno Argentino contra empresas, mientras el proceso se mantenga en la etapa de exploración. Sin embargo, en el caso de que haya un descubrimiento de hidrocarburos importante (se trate de petróleo o gas natural, que él ve como más factible), Gerold anticipa que el Gobierno Argentino lo convertirá en “un tema importante” a medida que haya más empresas comprometidas en el proceso de extracción –y tal como lo percibe el Gobierno Argentino se está perdiendo una significativa brecha de dividendos-.

¿Qué pasará después? Los británicos preocupados.
Su preocupación es por la forma de las acciones futuras contra empresas así como amenazas y protestas contra compañías de energía que operen en las Malvinas por parte de ONGs, incluídos activistas ecologistas.
Como virtualmente no hay nadie que defienda un renunciamiento al reclamo de Argentina sobre las islas, algo que es enseñado como algo sagrado con los chicos argentinos que comienzan la primaria, podría haber una presión política importante sobre el Gobierno Argentino para que tome medidas en caso de un descubrimiento de petróleo. Gerold estuvo de acuerdo en que, luego de un descubrimiento de hidrocarburos, el Gobierno Argentino buscaría rápidamente comenzar operaciones en su Zona Económica de Exclusión (incontestable) lo más cerca posible de la ubicación del descubrimiento.
7. (SBU) Las empresas norteamericanas que operan actualmente en Argentina no indicaron tener ningún interés en participar de la actuales actividades de exploración cerca de Malvinas; Randy Smith, ExxonMobil’s Public y el gerente de Asuntos de Goberno dijeron el 29 de enero a EconOff que su compañía no está interesada.


No sólo en forma secreta se verifica la preocupación de muchos británicos sobre los pasos de la diplomacia argentina. Veamos ahora una nota en el diario británico The Guardian, muy crítica de la posición del Primer Ministro Cameron, donde se afirma que su país no puede sostener más la militarización de las islas, con los mil soldados más aviones, barcos, radares, hasta piscinas, y todo eso para evitar una invasión inexistente, cuando realmente se necesitan más en la misma Londres. El periodista afirma que los isleños necesitan como agua la conexión aérea con Chile, si se corta esa línea de abastecimiento desaparecerá la vida cotidiana de los habitantes de las islas, y entonces se pregunta: “¿Será obligado Chile a hacerlo?” Luego agrega que “la opinión en latinoamérica se ha vuelto contra Gran Bretaña, Barack Obama no es Ronald Reagan”, y que “si la Presidenta Fernández de Kirchner quiere ejercer presión” y “juega bien sus cartas con astucia las cosas se pondrán peor, mucho peor”. Y finaliza diciendo: “¿Queremos seguir pagando y pagando por décadas y décadas? Pagar para sostener una pequeña colonia que no puede crecer y prosperar sin temor. ¿No deberíamos estar autorizados a decir qué futuro podemos darnos el lujo de ofrecerle a las Malvinas, más allá de un status quo que no se puede sostener?

El documento que propone una visión “alternativa” dice más abajo:
En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho.

Ante esta afirmación, el politólogo Edgardo Mocca puntualiza:

Son “sujetos” de derecho, dicen. Es razonable: todos los seres humanos somos “sujetos de derecho” en una comprensión democrática de la cuestión. Está muy bien contemplar los derechos de los isleños, pero la soberanía política no es un derecho subjetivo: la ejercen o la reclaman los Estados nacionales. Y el territorio de Malvinas no es hoy un Estado independiente.

 

Cabe aclarar también que para Argentina los malvinenses habitan un territorio de la Provincia de Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur, y por lo tanto son sujetos de derecho como cualquier habitante del país. Tienen los mismos derechos que cualquiera de nosotros, tanto políticos, sociales como económicos. Pero es esclarecedor conocer cuáles son los derechos que el Reino de Gran Bretaña les concede a los malvinenses, quienes habitan islas consideradas por la corona como “territorio de ultramar”: 

El Territorio de Ultramar de las Islas Malvinas (en inglés, Falkland Islands) es un territorio dependiente del Reino Unido que abarca la totalidad del archipiélago de las Malvinas, situado en el océano Atlántico Sur en el extremo sur de Sudamérica. La capital es denominada en inglés Stanley, pero en español se la refiere también como Puerto Argentino o Puerto Stanley..
El Gobernador es nombrado por la Reina a propuesta de su Secretario de Estado de Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad en el Reino Unido. Según la Constitución, el Gobernador tiene la autoridad de la Reina.
El Gobernador es también responsable de la defensa y la seguridad interna de las Malvinas (con la excepción de los asuntos policiales), aunque el gobernador está constitucionalmente obligado a consultar con el Comandante de las Fuerzas británicas en la materia.

(Fuente)

La Asamblea Legislativa se compone de ocho miembros elegidos, dos miembros ex officio (el Jefe del Ejecutivo y Director de Finanzas) y el Presidente. Los miembros ex officio (no elegidos por la población) no tienen el derecho de voto en la Asamblea Legislativa. El comandante de las Fuerzas británicas y de la Procuraduría General también tiene el derecho a participar en las deliberaciones de la Asamblea Legislativa, aunque, nuevamente, no pueden votar.
(Fuente)

Debemos aclarar que las leyes dictadas por la legislatura están sujetas a la aprobación de la reina, quien actúa a través de su ministro de relaciones exteriores. Además, en las islas no existen partidos políticos, ya que los cargos son ocupados por ciudadanos independientes. Los isleños ni siquiera tienen un régimen de partido único como la URSS o Cuba… Y no existe una oposición política.
(Fuente)

 

En relación a la población de las islas nos informa Horacio Verbitsky:

Como escribió un grupo de ex soldados conscriptos, los habitantes viven en una aldea controlada y no toman ninguna decisión de política exterior, forman parte de los territorios de ultramar de Gran Bretaña. “Conviven en una relación de un habitante por un miembro de las Fuerzas Armadas británicas, unos 3.000 soldados que están asentados en la fortaleza Malvinas en la base de Mount Pleasant, donde se violan tratados de la comunidad internacional como lo es el de Tlatelolco. Hoy Malvinas es un campo de entrenamiento de las últimas tecnologías militares”. No hay partidos políticos. La única radio y el único canal de televisión son militares, (…) reconoce incluso los derechos políticos “de los ciudadanos” a elegir y ser elegidos para ocupar cargos públicos, pero la Corona designa al gobernador sin consultarlos.

 

Esto nos lleva a concluir que las “Falklands” son actualmente una especie de Guantánamo del cono sur.

 

El texto analizado sigue así:
Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean.

Se trata ésta de una oración contradictoria, porque respetar el modo de vida de los isleños no implica imponerles una soberanía a los habitantes de las islas ya que la soberanía la ejerce un país sobre un territorio (las islas), y no sobre una población (los isleños). Tampoco se le impondría una ciudadanía porque si lo desean pueden seguir siendo británicos, adoptar la argentina o ambas ciudadanías, como miles de otros argentinos que habitan nuestro país. Sí se le sumarían algunos derechos políticos de los que carecen, como el de tener sus propios partidos políticos locales, elegir a su propio gobernador o intendente, o participar en la elecciones de la provincia argentina que incluye a las islas. 

En cuanto a la población que efectivamente vive en las islas (no los soldados de la corona), primero deberíamos conocer cuáles son sus características. Para ello veamos qué dicen los mismos malvinenses al respecto:

Durante más de un siglo la mayoría de los Isleños Falkland ha nacido allí, y ahora constituyen una comunidad única. Aunque la mayoría de las familias son de origen inglés, muchos de ellos son, en última instancia, descendientes de náufragos escandinavos. En los tiempos del British Nationality Act de 1981, cerca de un tercio de la población de las Falklands (unos 600 a 700) eran “non-patrial”, es decir que ellos no tenían ni un padre ni un abuelo nacidos en Gran Bretaña.
Hay hoy en día muchos Isleños de sexta, séptima y octava generación en las Falkland, y la novena generación apenas ha comenzado a ver la luz de día.
En el último censo llevado a cabo en las Falklands el 8 de octubre de 2006, la población civil total de las islas era de 2.955 personas excluyendo el personal militar y sus familias.Los residentes permanentes nacieron en 62 países diferentes, incluyendo las Falklands.
(Fuente)

 

Como vemos, los malvinenses no serán percibidos como extranjeros en este país acostumbrado a convivir con nacidos en otros lares, obedeciendo el mandato del preámbulo de nuestra Constitución, ya que la población malvinense es muy similar a la del resto de nuestro territorio, porque es un conjunto de inmigrantes de los siglos XIX y XX, hijos de inmigrantes o llegados en estos últimos años, como lo son, de acuerdo al último censo, los actuales argentinos que habitan el continente que no nacieron aquí sino en otros países. Por ejemplo, entre otros, en los siguientes:

En Alemania: 8.416 personas.
En España: 94.030 personas.
En Francia: 6.995 personas.
En Italia: 147.499 personas.
En el resto de Europa: 42.545 personas.
En Chile (país con el que estuvimos a un paso de entrar en guerra): 191.147 personas.

En cuanto al plano jurídico internacional, veamos lo que aporta un experto en la materia, el ex canciller Dante Caputo, sobre la propuesta de aceptar los deseos de los isleños sobre su autodeterminación:

En el año 1986, cuando se debatía en la Asamblea General la resolución sobre Malvinas, la delegación británica inteligentemente introdujo una breve enmienda al texto. En esa enmienda se sostenía que el contenido de la resolución se aplicaba respetando el principio de autodeterminación. Fue un momento extremadamente difícil para nuestra delegación.
Las enmiendas se votan antes que el texto originario y la mayoría de los países presentes habían logrado su independencia gracias a aquel principio. Era, por lo tanto, relativamente sencillo que los británicos lograran la mayoría en la votación. Un desastre para nuestra posición.
Sin embargo, ganamos la votación con el apoyo activo de muchos de los países que habían alcanzado su independencia con la aplicación del principio de autodeterminación. Votaron con nosotros e hicieron campaña a nuestro lado. Por segunda vez la Asamblea General sostenía la no aplicación del principio para el caso de las Islas Malvinas.
La defensa de la autodeterminación equivale a decir que renunciamos a las Islas. Ni más ni menos. Quienes sostienen esa idea, deberían decirlo así.

Más adelante dicen los autores del documento:
La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz.

Vemos aquí otra resabio de la ideología racista de finales del siglo XIX, cuando las personas que habitaban la Patagonia no eran considerados compatriotas (y tal vez ni siquiera humanos). Los descendientes de aquellos pobladores, muchos de los cuales fueron asesinados o sometidos y esclavizados, con el tiempo se asimilaron a la sociedad hegemónica y conviven hoy con los demàs argentinos. Por eso, considerar que la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino porque no estaba ocupado por los “blancos” denota una ideología segregacionista que atrasa más de un siglo.

 

Y finalmente los autores argumentan:
Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional, no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros.


Sobre este tema, el filósofo argentino, residente en Londres, Ernesto Laclau nos aclara:

La actual población de las islas es una mezcla extraordinaria: algunas familias son descendientes de náufragos de origen danés, noruego o sueco; algunos descienden de colonizadores provenientes de Uruguay, Francia, Finlandia o Gibraltar, pero la mayoría son de origen inglés. Muchas familias han vivido en las islas durante cinco o seis generaciones, algunas por siete generaciones, y dos llega hasta las ocho, casi nueve generaciones.
Sólo un tercio de esas 3.000 personas descienden de los ocupantes originarios, desde 1983 tienen la nacionalidad británica, y ningún argentino puede radicarse allí aunque lo desee. Esto ridiculiza aún más la pretensión autodeterminatoria. El resto fueron traídos de otras colonias inglesas, son trabajadores migrantes de Chile y Perú y funcionarios de la administración colonial.
En segundo lugar, se habla de la cuestión de la autodeterminación, pero hay que plantearlo desde una perspectiva realista: en Malvinas hay 3000 habitantes, de los cuales 300 son chilenos: hay malvinenses de origen británico, poco más que los habitantes de una o dos manzanas de la Ciudad de Buenos Aires. No se puede decir que en Malvinas haya una etnia propia. De esos 2000 y pico de habitantes con cultura británica en Malvinas, una buena parte de ellos, cuando se jubilan se mudan a Inglaterra, a vivir en los condados del Sur de Londres, o sea que no se puede decir que haya una cultura malvinense específica. Evidentemente, en el proceso de negociación, la situación de los habitantes de Malvinas deberá ser tenida en cuenta de una u otra manera, pero no estamos en situación de que haya una población con una identidad nacional, étnica, cultural, que tenga que ser considerada con estos criterios.
el problema de los habitantes actuales de las Malvinas, sería uno de los puntos a negociarse entre los dos países, pero no se puede hacer un caso por la autodeterminación como principio abstracto.

 

Recordemos entonces quiénes son esos isleños. Si se descarta al personal militar británico asentado en las islas, sus familias y los funcionarios de la corona, se trata de menos de 3.000 personas que nacieron en 62 países diferentes (es decir inmigrantes) y algunos de los cuales pertenecen a seis o siete generaciones de isleños: algo muy similar al del resto de nuestro país.
A partir de la plena unión al resto del país, ellos serían considerados como habitantes de un pueblo más de la Argentina, aunque contarán además con derechos y servicios de los que ahora carecen, y con las facilidades de contar con una metrópolis que está a 700 kms. de distancia y no a 14.000 kms como pretende Gran Bretaña.

 

Leamos ahora un extracto de una excelente propuesta de solución al conflicto, publicada el 14 de Enero, del periodista Simón Winchester del diario The Times de Londres:

“Otra guerra sería inútil. Seguramente haría que la última haya sido casi totalmente inútil. Y si los británicos nos molestamos en pelearla con nuestras fuerzas considerablemente disminuidas, probablemente perderíamos. Esas son las crudas realidades que deben considerarse en Whitehall. Seguro lo piensa, en los polvorientos rincones del departamento de Estado, un gobierno estadounidense que ha señalado que de ninguna manera vendría esta vez en nuestra ayuda, ni abierta ni secretamente. No deberíamos ser tan necios ni miopes como para intentar resolver este problema una vez más con pistolas.
Sin embargo, es un problema que podría resolverse, y en su totalidad, con diplomacia y sentido común. Podría y debería resolverse, en particular porque es bastante absurdo que nuestra relación con un país latinoamericano importante sea tan incómoda por esquivar un problema tan mezquinamente.
El precedente Nº 2 es, sin embargo, el más interesante y posiblemente el más relevante. Se trata de un archipiélago disperso en el norte del mar Báltico, las Islas Aland. Está situado casi exactamente a mitad de camino entre los acantilados ahogados por el mar de Finlandia y de Suecia; gracias a los dramas geopolíticos excesivamente complejos del Báltico (que involucran principalmente la hegemonía rusa y las guerras con Francia) se encontró poblado, después de la Gran Guerra, casi en su totalidad por suecos y aún en la Crisis de Aland en 1921, reclamado por Suecia y Finlandia.
Lo cual es lo que la Liga finalmente votó. Se determinó que la bandera finlandesa podría ondear por la capital, pero que se aplicarían las costumbres y leyes de Suecia (incluyendo el idioma del Gobierno y de la educación ofrecida a los niños) a las personas de Aland. Al principio, los suecos se veían molestos por perder la soberanía; pero desde los años 90, todos en las islas han prosperado y la crisis hace tiempo se ha olvidado.
Sospecho que la próxima crisis de las Malvinas de 2012 se olvidaría también si pronto se pudiera llegar a un acuerdo similar entre Londres y Buenos Aires. No hay necesidad de arbitraje de la ONU ni de nadie: Gran Bretaña y Argentina podrían llegar rápidamente a un acuerdo por sí mismos, si todos se comportaran de forma madura y de buena fe.
En esencia, el acuerdo sería similar a aquél del mar Báltico, con sólo un toque del acuerdo de 1997 para Hong Kong. La soberanía de las Islas Malvinas sería entregada, fundamentalmente, a Argentina. A cambio, ellos darían una garantía firme, inequívoca y respaldada internacionalmente de que se preservaría en las islas el modo de vida británico, digamos, durante el próximo siglo. Si a alguien realmente le importara, todos los nombres locales (Puerto Stanley, Goose Green) quedarían, aunque Gran Bretaña podría y debería permitir a las islas a ser llamadas Las Malvinas
Y, por lo que respecta al petróleo y el pescado -los asuntos que realmente preocupan a las tres partes- se podría convenir una solución negociada. Tal vez cada uno (Londres, Buenos Aires y Puerto Stanley) recibiría un tercio de los ingresos, y las proporciones cambiarían a medida que van pasando los años.
Los problemas pueden comenzar en esos detalles financieros: las conversaciones podrían tardar años. Pero hablar es mucho mejor que pelear. Siempre y cuando el principio básico -el de intercambiar soberanía por garantías, permitir que una bandera argentina azul ondee sobre la casa de Gobierno de Stanley, sólo mientras un taxi de la isla pueda transitar por Tatcher Drive por la mano izquierda- se acuerde desde el principio. Entonces, algún sentido podrá volver al Atlántico Sur, y podrá evitarse el miedo a esta situación extraña e innecesaria que se dispara nuevamente fuera de control, de una vez por todas.”

Finalmente, repasemos algunos datos históricos sobre estas islas y comprobaremos las enormes coincidencias entre este caso y el de las Malvinas:

Åland, Alandia, Islas Gland o las Islas de Åland (en sueco; Ahvenanmaa en finés) es un archipiélago y provincia autónoma perteneciente a Finlandia, situada en el Mar Báltico entre Suecia y Finlandia. La población de las islas es de 27.153 habitantes (31/12/2007),1 de los cuales 10.902 (40%) viven en la capital, Mariehamn (en finés, Maarianhamina). El único idioma oficial es el sueco, y el 93,5% de la población lo habla como lengua materna (2001).
El Estatuto de Autonomía garantiza, entre otros, la posición predominante del idioma sueco en el territorio provincial.
Cuando en 1917 se proclama la independencia de Finlandia, los alandeses reclaman el derecho de autodeterminación para unirse a Suecia en el Ateneo de Aland el 20 de agosto de 1917, con el apoyo tanto del gobierno como del pueblo sueco. El 2 de febrero de 1918, los alandeses pidieron ayuda oficialmente a los suecos con vistas a la anexión, con un pliego de firmas de la mayor parte de la población adulta, ya que en Godby se producen enfrentamientos entre los Guardias Rojos y el cuerpo de los Nystad (Uusikaupunki). Así, el 23 de febrero Suecia les envía 600 soldados y ocupa militarmente las islas, pero las abandona el 3 de marzo. Este hecho lo aprovecharon los alemanes para organizar un gobierno pro alemán en Eckerö con un parlamento no elegido, con el fin de dar apoyo a los independentistas finlandeses, y de este modo ocupar también las islas.

Autogobierno con Finlandia.
Los alemanes abandonaron el 10 de junio de 1919 las Aland, que fueron ocupadas por Finlandia. Tres representantes de las islas participaron en la Conferencia de París de 1919. En 1920 el gobierno finlandés garantizó a los isleños la autonomía, pero no el derecho de secesión, de manera que la cuestión fue transferida a la nueva Sociedad de Naciones, ya que los activistas alaneses Julius Sundblom y Carl Björkman fueron acusados de alta traición y tuvieron que abandonar las islas.
En junio de 1921 la SDN declara que Finlandia tiene la soberanía sobre las islas, pero dice que ciertas condiciones pertenecientes a la identidad nacional serán incluidas en la legislación autonómica ofrecida por Finlandia, y que las islas serán declaradas zona neutral y no fortificada. De esta manera, el 9 de junio de 1922 (día nacional de las islas) el gobierno finlandés de Rafael Erich concede un fuerte grado de autonomía a los isleños a cambio de que no reconozcan las reivindicaciones suecas. Gozarán de un parlamento autónomo o Landsting y de un gobierno propio presidido por un Lantråd (primer ministro); el sueco será cooficial y será la única lengua en la enseñanza.
La mayoría de los habitantes hablan sueco (la única lengua lengua oficial) como lengua materna: 93,5% en 2001, si bien hay también una minoría de hablantes de finés.
(Fuente)

 

Como conclusión podemos arriesgar que no es concediendo frente a las pretenciones británicas que obligaremos al orgulloso ex imperio británico a sentarse a negociar. Y menos aún cuando vimos que por primera vez desde hace décadas es nuestra estrategia la que marca la cancha, la que ejerce la iniciativa, la que abandona la “argumentación abstracta” y el corto plazo y es “pragmática y utilitaria”, operando “con un criterio de largo plazo”, y cuyos resultados son visibles en los foros regionales e internacionales y son evidentes en los cables secretos revelados aquí.