Empresas Recuperadas

Empresas Recuperadas

Cuando una empresa cierra, se habla, en ocasiones, de cierta “Colusión de derechos” entre el derecho de propiedad y el de los trabajadores a percibir sus acreencias contra la empresa fallida. Nadie ha dicho que la vida es un jardín de rosas, y menos la economía, a la que hay que expurgar de su espeso velo de tecnicismos matemáticos, con los que el neoliberalismo intenta presentarla como una ciencia “dura”, con inexorables leyes, como las físicas. Ocultan, hábiles tramoyistas como son – al servicio del capital – que las formaciones económico-sociales son construcciones humanas, que dependen de las relaciones de producción que se establezcan, y como tales – construcciones – son pasibles de ser modificadas, perfeccionadas, o aún abolidas.
El derecho de propiedad, con todo y ser antiquísimo, no es más que eso, una convención entre los seres humanos, que aceptan la posibilidad de la apropiación individual del entorno por parte de algunos. Cierta visión vulgar e interesada del marxismo postula que la abolición de la propiedad privada conllevaría una ruptura de ciertas estructuras inmanentes en la psique humana. Nada mas lejos de la verdad, Marx en realidad demuestra que la burguesía es la primera “expropiadora”, que es la clase dominante quién se “apropia” de nuestro trabajo. Solamente la abolición de la propiedad privada “de los medios de producción”, nos liberará y permitirá ser propietarios, ante todo, de nuestras vidas, nuestros cuerpos y elfrutode nuestro esfuerzo. Por lo tanto, y desde una perspectiva marxista, el derecho de los trabajadores se ubicará siempre en la cúspide de la pirámide jurídica,
teniendo primacía por sobre los derechos de la burguesía o del estado que la representa y defiende.
¿Por qué motivo tendrían los trabajadores que asumir las deudas contraídas por los capitalistas? Estas deudas no tienen carácter transitivo respecto a los bienes tangibles o no con los que los trabajadores cobran en parte las acreencias que tengan hacia el capitalista. Incluso las mismas leyes clasistas que la burguesía ha creado para reproducirse y disciplinar al trabajador no pueden dejar de reconocer – so pena de corto circuito lógico – que una vez utilizado el capital físico y las acreencias de la empresa fallida para saldar las deudas con los acreedores privilegiados se pagará – si hubiese remanente – a los demás acreedores. Naturalmente que en los hechos esto nunca se produce, en la enorme mayoría de los casos los capitalistas dejan de pagar primero los impuestos, en segundo término el salario indirecto (aportes sociales, jubilación, etc.), después los salarios de bolsillo, y en último término las materias primas, insumos y servicios provistos por otros capitalistas. Esto es asi por una sencilla razón: mientras deja de pagar impuestos y salario indirecto mantiene la producción y las ventas. Obtiene la rentabilidad que su posición en el mercado no le permitía por el expediente de no pagar algunos de sus costos. (Cabe aclarar que la merma en la rentabilidad puede provenir de causas externas, como recesión, pérdida de mercados por variaciones en el tipo de cambio; o internas, por baja productividad de su parque de maquinarias, o déficit en la escala de su producción).
La continuidad de la secuencia es la apelación a sus trabajadores para que asuman el costo de la situación, aceptando una rebaja en sus salarios nominales (aumento absoluto de la tasa de plusvalía) o postergando su cobro hasta una tanto hipotética como lejana “reactivación”. Llegado al punto en que ni siquiera dejando de pagar los salarios se sostiene la rentabilidad es cuando el capital suelta lastre y tira la toalla sin pagar las cuentas de sus acreedores comerciales por materias primas e insumos. Esta historieta es – por supuesto -una generalización para la mejor comprensión del fenómeno, no quita que en algunos casos se haya producido alterando el orden de los factores. Los derechos de los capitalistas acreedores, entonces, se ven agredidos por el capitalista fallido, y no por los trabajadores, que sólo actúan en defensa de sus legítimos derechos.
Pero todo esto tiene su miga, a la que conviene desmenuzar. ¿Por qué “fábricas recuperadas”? Como la utilización del lenguaje no es inocente, ni neutral, sostengo contra viento y marea la utilización del significante “recuperadas”. Y eso también guarda relación con la forma y estructura, productiva y distributiva, que asuma la empresa que los trabajadores inicien, así como la figura jurídica que los incluya.
Las preguntas: “¿Y la nueva empresa cooperativa, no es capitalista? ¿O sus insumos y gastos tampoco van a pagar?” son pertinentes, ¡Cómo no!
La primer pregunta, y como el lenguaje no es neutro, asume que la empresa recuperada se constituirá inevitablemente como “cooperativa”. Presentada de este modo, la respuesta es unívoca: SI. Las empresas cooperativas actúan, hacia su interior, y en principio, de modo diverso a la empresa capitalista, con diferencias que si bien pueden ser importantes – hasta cruciales – en las formas de organización interna, asignación de recursos, toma de decisiones y distribución de beneficios, no resultan – estas diferencias hacia dentro – decisivas a la hora de interactuar con el entorno capitalista puro y duro. Al acudir al mercado capitalista la empresa cooperativa debe asumir su lógica, que se puede enunciar en tres palabras: “Maximización del beneficio”. Dado que estamos asumiendo la lógica del mercado deberemos forzosamente coincidir en tres puntos:
1. Las materias primas, insumos, energía, impuestos, créditos y amortizaciones de capital los obtendrá – en el mercado – a los valores que cualquier empresa de similar tecnología y escala consigue. Por consiguiente aquí el precio que pague por estos costes de producción será el promedio de los precios de mercado.
2. Los precios de venta encontrarán su tope en la competencia que otros agentes económicos le planteen, al igual que cualquier empresa capitalista que acuda al mercado a ofrecer su producto o servicio. Aquí, entonces, tampoco tendrá diferencias con sus concurrentes.
3. La inevitable conclusión es que la única manera de reducir costos y obtener beneficios está en pagar el menor precio posible por el trabajo que se incorpora en el proceso productivo. Como en toda empresa capitalista – pues – obtendrá beneficios aumentando la tasa de plusvalía, es decir, reduciendo el tiempo de trabajo por cada unidad producida. Esto se puede lograr incorporando tecnología, que permita realizar la misma producción con menos trabajadores, o reduciendo el precio que se paga por el tiempo de trabajo que se aplique a la producción de cada unidad. En este sentido, la disyuntiva es de hierro, no hay otras alternativas.

A modo de resumen: La empresa recuperada que se constituya como “cooperativa” será, inevitablemente, capitalista, dado que actúa enmarcada en el modo de producción capitalista. Deberá pagar sus insumos y gastos y obtener beneficios, de la única manera que el modo de producción capitalista lo permite: aumentando sin cesar la tasa de plusvalía, como forma de contrarrestar el rendimiento decreciente de la tasa de ganacia, ley general de la economía capitalista que explica la tendencia centrípeta del capital y su proceso de concentración.
Pero todo esto, al final, es sólo filosofía, y ya alguien dijo que durante siglos los filósofos se afanaron por explicar la realidad, cuando de lo que se trata es de cambiarla. En esta línea, entonces, volveremos unos pasos atrás.
¿Por qué debemos insistir en el concepto “recuperación” de las empresas, y no cualquier otro?
La recuperación implica una “re-apropiación” de algo que le pertenece a los trabajadores y les fue arrebatado. No sólo que una empresa “fallida” es recuperada como unidad productiva luego de ser cerrada, abandonada o vaciada por los capitalistas. El significado último de la “recuperación” alude a la verdad oculta por los espesos cortinajes de las relaciones de producción establecidas: la verdadera propiedad de los medios de producción le pertenece a aquellos que los utilizan, a los que con la maravillosa propiedad que tiene el trabajo humano usan los medios de producción para generar mucho mas valor que el costo de los materiales que se utilizan en el proceso demanda, y desnuda que -hasta producida esa recuperación – ese plusvalor fue apropiado por el capital, retribuyendo al trabajador con la menor cantidad de valor posible.
No, las palabras no son inocentes, aun cuando sean utilizadas sin plena conciencia de su polisemia. Recuperar empresas, pues, es devolver la propiedad de los medios de producción a quienes los ponen en marcha y utilizan para crear valor: los trabajadores.
Udi, marzo de 2011

9 Comentarios a “Empresas Recuperadas”

  1. Me parece que existen variables y razones – tanto a favor como en contra – mucho más reales y válidas que los postulados de Marx para explicar la posibilidad de recuperación de empresas, sus límites, dificultades, etcétera. Por mi parte agrego – si bien el texto bordea lo que voy a decir – que es un fenómeno en el que no hay que generalizar, sino analiar caso por caso.

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    * analizar, quise decir.

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  2. Joyce, me basé en el análisis de algunas empresas recuperadas. Zanón, x ej.
    Descubriendo similitudes, se puede generalizar. Acción que – por otra parte – es la condición del conocimiento científico. Si no generalizamos, no podemos postular teorías explicativas.
    Así que yo, generalizo, después de analizar caso por caso (bah, algunos) a la luz de una determinada lupa, el marxismo en este caso.
    Analice y generalice, Joyce, y vemos qué teoría – ya que no el marxismo, a su decir – explica mejor.
    Saludos

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    Bueno. Voy a arrancar de a poco; es sábado a fin de cuentas.

    En primer lugar, Zanón es a la vez emblema y modelo. A mí entender, es como un automóvil Ferrari, para ser absurdamente explícito: funciona de manera perfecta, es el resultado de un trabajo monstruoso (en el buen sentido) y tiene la gracia de ser conocida a nivel masivo. Ahora, si miramos a los autos, no todos son Ferraris. Lo mismo sucede con las empresas. Puede parecer reduccionista pero no lo es. Voy a dar un ejemplo: Massuh. ¿Sabe el grueso de la población que existe? No, ni siquiera sabe qué fabrican, dónde están, qué pasó. Ahí se fue al caño un factor importante que es el reconocimiento de la empresa (y todo lo que esta conlleva, incluyendo a los trabajadores) por parte de la opinión pública. Massuh se fue al caño como empresa hace un par de años: la empresa asumió deudas impagables ad infinitum, quebró y de repente, pum, 500 tipos se desayunan con que no queda nada. Sale el gobierno con 50 palos a rescatarla; Massuh vuelve a trabajar por un año – ya con un control conjunto entre trabajadores y gobierno – y la cosa, lamentablemente, no les funcionó. Quebraron de vuelta. Factores externos e internos: un modelo de negocio disfuncional en un mercado que estaba bastante apretado por la crisis financiera del 2009. Así que la supuesta plusvalía que se estaba apropiando el capitalista no alcanzaba en realidad ni para pagar las boletas de luz. La realidad es que no había plusvalía; ahí falla la teoría. Lo que había es un tipo tomando deuda a lo loco, transfiriendo a la empresa la deuda y rajando a la mierda después. Más o menos lo que pasó durante 2008-9-10 con la crisis financiera en EEUU: moral risk.

    En segundo lugar, estamos hablando de dinámica e investigación social: no se puede llegar a conocimiento científico puro porque para tal cosa hay que usar un método científico, que a grosso modo es inaplicable en las ciencias sociales. O mejor dicho, es aplicable a sabiendas de que se puede errar el tiro por bastante, o bien aplicable en casos individuales resguardados de toda generaliación. Voy con otro ejemplo obsceno: ¿Sabe quién aplicaba teorías “científicas” (universales) a planos sociales masivos? El FMI. Así les fue aplicando el mismo método en Polonia, Argentina y Corea del Sur. Misma fórmula, distintos resultados. Es un ejemplo bastante claro de como el entorno condiciona de tal manera que hace imposible la generalización social.

    En tercer y último lugar, mi teoría fue expuesta, más no explicada, en mi primer comentario: hay que analizar cada caso. Como dije: no todas las empresas son ferraris; ninguna empresa se puede analizar fuera del contexto en el que actúa. Con respecto al marxismo, mi comentario iba a orientado que no me parece que sea una explicación para el fenómeno de recuperación de fábricas, por una cuestión de que no encuentro relación – bueno quizás sí una relación romántica y visual, pero nada más – entre ambos puntos.

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    Joyce: perdón que me meta, pero me parece que en tu interpretación del post estás usando el término plusvalía como sinónimo de beneficio empresarial.

    Udi señala muy certeramente que las cooperativas resultantes de la recuperación de empresas siguen operando en el marco del capitalismo, y sometidas principalmente a la ley de rendimientos decrecientes que es el principal factor concentrador. Y que es un concepto de origen anterior al marxismo.

    Lo que quiero decir en definitiva es que no encuentro contradicción entre tu certera descripción de la situación de Massuh y los postulados marxistas que usa Udi para teorizar sobre estos temas. Marx, en definitiva, dejó como legado la descripción más fértil que existe sobre cómo funciona el capitalismo.

    Para el caso Massuh, había dos posibilidades para equilibrar la ecuación, en términos ideales, tal vez prácticamente imposibles: reducción drástica de salarios, o cambios en la composición orgánica del capital que permitieran mejorar la productividad del trabajo con incorporación de tecnología. O sea, bajar el precio relativo del trabajo (salario) respecto del precio de cada unidad de producto obtenido con él.
    Esto es: aumentar la plusvalía.

    Un abrazo

    Bien. No dije que haya contradicción, sino que no veía la relación. En todo caso, dije que la relación la veo desde un plano romántico, no desde el plano de la realidad plena. Pero está bien lo que decís; se opera en un marco capitalista. En cuanto a las cooperativas – esto es tangencial al post – hay muchas que son fachadas de particulares que se están llenando los bolsillos bajo un régimen de explotación bien retorcido, perverso y avalado.

  3. Coincido con el primer comentario: la explicación no explica nada.
    Porque si aceptamos la plusvalía entonces no es necesario recurrir a nada más para explicar la toma de empresas fallidas por parte de sus trabajadores: para el marxismo los medios de producción son de los trabajadores, los fallidos y los no fallidos.
    De todos modos, el problema de las empresas recuperadas es que se quedaron sin un pata del esquema que es el capitalista: los trabajadores ponen su trabajo pero no ponen capital (no lo tienen). Además, un esquema cooperativista ecluye el acceso a capital en serio (salvo que lo ponga el estado). De ahí que la mayor parte de estos experimentos fallen y se transformen en emprendimientos de subsistencia.

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    Es interesante lo que planteás, pero charlando con uno de los administradores obreros de Zanón me tiró un punto que no puedo exponer porque sería de buchón, pero las empresas recuperadas bien administradas pueden generar inclusive más ganancias que las empresas manejadas por la patronal. Siempre que sean un fenómeno visible socialmente.

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  4. Gonzalo: Si pueden generar ganancias, en la medida que cumplan el punto 3.
    Francisco: el marxismo explica las relaciones sociales de producción en el modo de producción capitalista, develando así la falacia respecto al capital como ente autónomo, siendo como es sólo trabajo humano acumulado y apropiado por la burguesía. Para todo aquel que crea ver una inconsistencia entre esta declaración y algún apoyo de este escriba al actual gobierno, me remito a contestar que no todos los modelos de capitalismo son iguales, y que es “imperioso para la clase obrera y el conjunto de las clases subordinadas diferenciar entre el capital que promueve el desarrollo de las fuerzas productivas y aquél que las retrasa. En cuanto a las posibilidades de éxito de un emprendimiento cooperativo dependerá de su capacidad para cumplir el punto 3.
    Joyce: Mariano completó (y perfeccionó) muy bien el post, respondiendo a dos de tus puntos, pero hay uno (el segundo) que merecería una segunda mirada, como estoy algo corto de tiempo, te dejo este link: http://artepolitica.com/comunidad/cuentan-los-que-saben/
    Mariano: Un abrazo !
    Saludos a todas y a todos.

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