La historia científica y el segundo fusilamiento de Dorrego.

Alrededor de la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” se ha levantado tanto polvo como si fuera una medida propagandística digna de Stalin en la Unión Soviética o de Goebbels en la Alemania Nazi. La andanada de críticas desde los medios hegemónicos podrían catalogarse en 4 impugnaciones diferenciadas: 1) la creación misma del instituto y las personalidades nombradas como miembros; 2) que sea el Estado quien lo cree con el propósito de imponer una “visión única de la Historia”, desde donde reafirmar su autoritarismo en materia cultural; 3) un rechazo categórico a todo lo que sea tildado de “revisionista” en materia histórica y 4) a que se discuta la validez de la Historia institucionalizada tanto en la Academia como en las aulas o la sociedad.

Para no mezclar los tantos analicemos cada uno de ellos.

 

1 Críticas a la creación del instituto y a sus miembros.

Casi de inmediato se alzaron las primeras críticas de algunos historiadores y ensayistas famosos contra la creación misma del instituto y los miembros propuestos. El historiador José Luis Romero argumentó que aunque el revisionismo histórico había contado con autores prestigiosos (Julio Irazusta, Ernesto Palacio y José María Rosa) quienes habían sido escogidos como miembros del Instituto Dorrego ninguno “es reconocido, o simplemente conocido, en el ámbito de los historiadores profesionales. De los 33 académicos designados, hay algunos conocidos en el terreno del periodismo, la docencia o la función pública” y que “El Estado asume como doctrina oficial la versión revisionista del pasado. Descalifica a los historiadores formados en sus universidades y encomienda el esclarecimiento de la «verdad histórica» a un grupo de personas carentes de calificaciones.”

A su vez la ensayista Beatriz Sarlo descalificó al revisionismo histórico porque no se practica en la universidad “(donde se lo estudia como se estudian las obras del pasado) es una especie de fósil que vive en el paraíso de los best-sellers”.

Para defender la creación del instituto, uno de sus miembros, Hernán Brienza, contestó que existen varias líneas del revisionismo y que “reducir todo el revisionismo a uno solo es, por lo menos, una visión simplista, si no de mala intención” y nombró a autores bien distintos entre sí “desde el nacionalismo oligárquico y católico, como los hermanos Irazusta, por ejemplo, pero también desde el liberalismo, como Adolfo Saldías; desde el republicanismo, como Ricardo Rojas; desde el radicalismo yrigoyenista, como Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz; desde el trotskismo, como Jorge Abelardo Ramos (¿y Milcíades Peña?); desde el marxismo, como Hernández Arregui”.

Pero, ante la virulenta descalificación de los miembros designados, uno mismo se pregunta: Bartolomé Mitre, el fundador de la historiografía nacional (y venerado por quienes impugnan el instituto), ¿en qué universidad o academia estudió la carrera de historiador? El presidente Mitre, la piedra fundamental de la historia liberal argentina no era un historiador profesional sino un malogrado militar, mediocre escritor, político y periodista, como alguno de los miembros cuestionados del instituto Manuel Dorrego. En ese sentido la falta de pergaminos universitarios no descalifica totalmente a una persona para pertenecer a un instituto de investigación y difusión de historia: de ser así deberíamos impugnar, además de a Mitre, a Scalabrini Ortiz, Puiggrós, José María Rosa, Fermín Chávez, Pacífico Otero, etc. Al menos si se inscribe en la línea liberal de la historia. Más adelante volveremos sobre la calidad de los miembros designados.

 

2 Críticas al intento estatal de imposición de un discurso histórico único y autoritario.

También se denunció la intención del estado de “imponer” una visión uniforme de la historia. La conocida ensayista antikirchnerista Beatriz Sarlo dijo que “ya se sabe quiénes fueron los héroes y los villanos. Ahora hay que difundirlo desde un organismo público. (…) El Instituto de Doctrina podría convertirse en un rincón arcaico y polvoriento. Pero también podría ser un centro que irradie su “historia” a la escuela”.

Lo mismon señaló el conocido historiador Luis Alberto Romero: “de sus fundamentos se deduce que el Estado argentino se propone reemplazar la ciencia histórica por la epopeya y el mito. (…) Sobre el pasado -así como sobre el presente- hay una verdad, que el Estado conoce y que este instituto contribuirá a inculcar. Para ello se ocupará de la correcta educación de los docentes y los vigilará para que no recaigan en el error. (…) Pero ahora es el Estado el que se pronuncia y convierte el discurso militante en doctrina nacional. El Estado afirma que la correcta visión de nuestro pasado -que es una y que él conoce- ha sido desnaturalizada por la “historia oficial”, liberal y extranjerizante, escrita por “los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”. Y luego denunció admonitoriamente: “el instituto deberá inculcar esa «verdad» con métodos que recuerdan a las prácticas totalitarias. Palabras, quizá, pero luego vienen los hechos“.

Sorprendido, Hernán Brienza se preguntó entonces “¿qué les puede molestar que 33 puntos tengan el apoyo de la presidenta para investigar a los caudillos federales, a los sectores populares, a lo que puede llamarse lo más ampliamente posible el “interés nacional”?”
El director del instituto, Pacho O’Donnell salió a aclarar que “no se pretende hacer un texto que se estudie en los colegios sino que se trata de una manera diferente de ver la historia “porque los hechos existen, están en el rango de lo objetivo, y después viene la interpretación de las circunstancias”.

Los historiadores Hilda Sábato y Juan Suriano sostuvieron en un comunicado que “el decreto pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país -universidades y organismos dependientes de Conicet, entre otras- donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas”. Pero, paradójicamente, como bien puntualiza el historiador Sergio Wischñevsky: “el Estado que se fustiga como tendiente al pensamiento único es el mismo que ha aumentado significativamente el presupuesto del Conicet y su cantidad de becarios dedicados a la historia, el Canal Encuentro, también dependiente del Estado nacional tiene a los historiadores provenientes del mundo académico como invitados o protagonistas permanentes en sus documentales y programas; y hasta en las netbooks que llegaron a millones de chicos en toda la Argentina los contenidos de historia que se aplican citan privilegiadamente a historiadores como Halperin Donghi y al propio Romero entre otros”.
Así y todo, quienes impugnan la creación de un instituto revisionista no siempre son un baluarte de apertura y pluralidad. Como denuncia Fabián Harari, Doctor en Historia y docente de la UBA, en el CONICET es donde estos impugnadores del Dorrego “tienen “el control de las comisiones que “asesoran”. Es decir, deciden quién investiga qué cosa y quién se queda afuera. Pues bien, allí no impera la objetividad y el intercambio, sino la arbitrariedad y la persecución ideológica, (…) Éste es el organismo que dirigen los dueños de la historia. Allí no es posible ninguna “diversidad”. Allí, la obsecuencia, el clientelismo, la reacción ideológica, la persecución (…) han dejado a la historia en ruinas”.
Más detalles

Como vemos, cuestionan que el gobierno manche la historiografía científica con las impurezas de la política, que niegue el aporte de la Academia y la Universidad mezclándola con intenciones políticas, quienes hacen lo propio en sus propios reductos de poder, lo que corrobora los argumentos del decreto presidencial. Pero a esta altura de la polémica vale aclarar algo: Mitre, el “padre de la historia argentina” (respetado por todos y venerado por muchos que se rajan las vestiduras frente a la creación del instituto revisionista) militaba entre los vencedores de la guerra civil del siglo XIX, y su “versión” de la historia argentina fue el basamento de la ideología oficial de su generación… Y fue la que dictaminó dónde empezaba la “verdadera” historia nacional, quiénes eran sus personajes protagonistas, quiénes los secundarios, y digitó cómo seguiría la historia durante los siguientes cien años… Aunque el corpus historiográfico mitrista ya no tiene la misma influencia que en el siglo pasado, su impronta sigue vigente aún hoy, no tanto en la academia cuanto en la visión histórica de la sociedad, por carácter transitivo en la mirada “seria” y “autorizada” del pasado y, por supuesto, en el “sentido común” argentino. Pero la ideología liberal, intrínseca en esa visión histórica, no ha muerto sino que se ha renovado y el sector que ataca más ferozmente al instituto Dorrego está embanderado en ella.

Paradójicamente, el diario La Nación, creación del mismo Bartolomé Mitre, fundado en 1870 bajo el lema “La Nación, tribuna de Doctrina” está hoy preocupado por el peligro de que el estado “imponga una doctrina” en la sociedad (que no sea la suya) y enarbole una visión de la historia de nuestro país (que no sea la suya). Es fácil intuir que la reacción desproporcionada de la derecha se debe a algo más que una crítica formal o una impugnación a los miembros del instituto. La denuncia de que el gobierno intentaría imponer una visión única y totalitaria de la historia, al asemejarse a las constantes (y ya deslucidas) críticas a la “hegemonía” kirchnerista en el discurso mediático, dan un indicio de dónde proviene el viento anti-revisionista: es una discusión sobre política y no sobre historiografía. Pero, por ahora, sigamos con el análisis.

Todas estas impugnaciones a la creación del instituto Dorrego se basan en el decreto de la Presidenta de la Nación. Repasemos, entonces, algunos de los párrafos del decreto que causan tanta indignación a estos custodios de la pureza de la Historia:

Dice el decreto 1880/2011:

Que se ha elegido la figura del Gobernador Manuel DORREGO como símbolo de esta iniciativa por ser un prócer caracterizado por su patriotismo, coraje y clarividencia que lo llevaron a destacarse corno pocos en las luchas de nuestra Independencia. Abogó por la organización federal de nuestra Patria y representó los intereses de los sectores populares, como quedó demostrado durante su corta gestión como Gobernador de Buenos Aires. Su trágico final y las sangrientas consecuencias posteriores son un llamado a desterrar la intolerancia y la violencia de las prácticas pollticas. Por su parte, su impronta iberoamericana (…) se reflejó en sus vinculas con Simón BOUVAR, como asf también, en sus esfuerzos para impedir la anexión de la Banda Orientel del Uruguay al Brasil.
Que la ectividad del Instituto permitirá profundizar el conocimiento de la vida y obra de los mayores exponentes del ideario nacional, popular, federalis1a e iberoamericano, como José de SAN MARTIN; Martfn GÜEMES; José Gervasio ARTlGAS; Estanislao LOPEZ; Francisco RAMIREZ; Angel Vicente “Chacha’ PEÑALOZA; Felipe VARELA; Facundo QUIROGA; Juan Manuel de ROSAS; Juan Bautista BUSTOS; Hipólito YRIGOYEN; Juan Domingo PERON y Eva DUARTE de PERON, entre otros. Asimismo, estudiará la trayectoria de otros próceres iberoamericanos como Simón BOLlVAR, Bernardo O’HIGGINS, el mariscal Antonio José de SUCRE, Miguel Gregorio Antonio Ignacio HIDALGO, José MARTI, Manuel UGARTE, José VASCONCELOS, Rufino BLANCO FOMBONA, Augusto SANDINO, Luis Alberto HERRERA Y Víctor Raúl HAYA DE LA TORRE.
Que, dentro de las competencias del Instituto. se cuenta el estimulo y la promoción de la actividad de historiadores, ensayistas y pensadores abocados a la investigación y divulgación de la historia revisionista.
Que la creación del INSTITUTO NACIONAL DE REVISIONISMO HISTORICO ARGENTINO E IBEROAMERICANO “MANUEL DORREGO” permitirá la continuidad institucional de un estudio riguroso sobre los temas de incumbencia, mediante la recopilación del material documental y testimonial existente y la promoción de congresos, cursos y publicaciones que contribuyan a la profundización y divulgación de las personalidades y su repercusión histórica social. (…)
Art. 3″ – Serán competencias del INSTITUTO NACIONAL DE REVISIONISMO HISTORICO ARGENTINO E IBEROAMERICANO”MANUEL DORREGO”:
18
a) La investigación histórica y los estudios historiográficos, críticos, filosóficos, sociales, económicos, educacionales, jurídicos y políticos referidos a la acción pública y privada de Manuel DORREGO y de tocas y tocos aquellos que, como él, abogaron por una Patria de raíces nacionales, populares, democráticas y federalistas. (…)
19
b) La elaboración de publicaciones y organización de eventos culturales, viajes, seminarios, congresos, jornadas, reuniones académicas y de investigación científica, tanto en su sede como en establecimientos educacionales, civiles y centros de cultura del país.
e) La colaboración con las autoridades nacionales, provinciales, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipales y con las instituciones de enseñanza oficiales y privadas, para enseñar los objetivos básicos que deben orientar la docencia para un mejor aprovechamiento y comprensión de las acciones y las personalidades de las que se ocupará el Instituto como, asimismo, el asesoramiento respecto de la fidelidad histórica en todo lo que se relacione con los asuntos de marras.”

Ahora bien, si analizamos desprejuiciadamente los hechos, veremos que el Estado ha creado muchos otros institutos históricos, similares a éste pero referidos a otros personajes o hechos históricos, y los mismos no han levantado críticas tan airadas como éstas. Repasemos brevemente dichos institutos, cuándo fueron creados, sus objetivos, quiénes son sus miembros y sus respectivas profesiones y comparémoslos con el Instituto Dorrego.

 

Comencemos brevemente con el INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO
Presidente: Dr. Aníbal Jorge Luzuriaga
Fue creado por un decreto de Carlos Menem de 1992:
ARTICULO 1°
- Oficializase el INSTITUTO BELGRANIANO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA cuya denominación a partir de la entrada en vigor del presente decreto será de “INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO” dependiendo del MINISTERIO DE CULTURA Y EDUCACION
ARTICULO 3°
- Fijase como competencia del Instituto mencionado:
a) La investigación histórica y los estudios historiográficos, críticos, filosóficos, militares, económicos, educacionales, periodísticos, jurídicos y políticos referentes a la personalidad a la acción pública y privada del Prócer.
b) La difusión del conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Doctor Manuel BELGRANO en sus aspectos civiles y militares a cuyo fin el Instituto hará publicaciones y organizará cursos y conferencias en su sede y en establecimientos educacionales, civiles, militares y centros de cultura del país.
c) La colaboración con las autoridades nacionales, provinciales y municipales y con las instituciones oficiales y privadas a fin de fijar objetivos de la enseñanza de la vida del Prócer como, asimismo, el asesoramiento respecto de la fidelidad histórica en todo lo que se relaciona con la persona del Doctor Manuel BELGRANO.
d) La formación de museos, archivos y registros documentales, bibliográficos, iconográficos, numismáticos, filatélicos, etc.
e) El estudio y el registro de la toponimia y demás denominaciones Belgranianas como así también de efigies, distintivos y emblemas.

ARTICULO 15°.
- Los actos de cualquier naturaleza a ejecutar por el Estado o con participación del mismo relacionados con el General Don Manuel BELGRANO requerirán asesoramiento previo al INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO. Asimismo cuando se trate de actos a realizarse por particulares, instituciones privadas, autoridades, dependencias provinciales y municipales que requieran apoyo financiero o de otro tipo por parte del Estado, será indispensable el asesoramiento previo mencionado.”

(¿Será que hay una verdad sobre Belgrano “que el Estado conoce y que este instituto contribuirá a a inculcar. Para ello se ocupará de la correcta educación de los docentes y los vigilará para que no recaigan en el error. (…) Pero ahora es el Estado el que se pronuncia y convierte el discurso militante en doctrina nacional” como alerta hoy Luis A. Romero?)

Además, el consejo directivo de este instituto de historia cuenta entre sus miembros al LIC. MANUEL BELGRANO (descendiente del mismísimo Belgrano) pero también a “historiadores” como el General Brigadier “VGM” CARLOS MARIA MARTURET, el Brigadier Mayor (R) LIC. JUAN CARLOS ALBANESE, el Coronel (R) DR. GUILLERMO J. MONTENEGRO y el Arquitecto CARLOS MORENO.
Más detalles

 

Veamos ahora más coincidencias en el INSTITUTO NACIONAL BROWNIANO.
“Presidente: Capitán Navío (R) Jorge Rolando Bergallo”
“El 18 de diciembre de 1996, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, fue elevado a la categoría de Instituto Nacional, pasando al ámbito de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación.
“Su actividad es de carácter histórico patriótico. Cumple sus fines por medio de la investigación y la exposición de la vida y la obra del Almirante Brown, de sus colaboradores y subordinados; la divulgación de la historia de la Armada Argentina; el estudio y la difusión de los intereses marítimos y fluviales argentinos, circunscriptos a sus aspectos históricos.”

Sus últimos presidentes fueron los “historiadores”:
Contraalmirante Horacio RODRÍGUEZ
Contraalmirante Carlos Alfredo VAIHINGER
Vicealmirante Oscar Carlos ALBINO
Capitán de Navío Jorge BERGALLO
Más detalles

El Decreto Nº 1486/96 de la Presidencia de la Nación que dispone su creación dice:
“Créase el Instituto Nacional Browniano en el ámbito de la Secretaría de Cultura”
Y su “Artículo 24º: Cuando se lleven a cabo actos a cargo de particulares, instituciones privadas, autoridades, reparticiones públicas, provinciales o municipales que requieran apoyo financiero o de otro tipo por parte del ámbito oficial para su realización, será indispensable solicitar el asesoramiento previo del INSTITUTO NACIONAL BROWNIANO, quien tendrá además intervención necesaria en eventos que organice el Estado Nacional o con participación del mismo, cuando ellos tengan por finalidad exaltar la figura del Almirante Guillermo BROWN.
Carlos S. Menem – Carlos V. Corach.
Más detalles

(¿Se habrá quejado Luis A. Romero de que el Estado menemista “descalifica a los historiadores formados en sus universidades y encomienda el esclarecimiento de la «verdad histórica» a un grupo de personas carentes de calificaciones“?)

 

También contamos con otro instituto que se atreve con los próceres “malditos”, aunque parece que pasó desapercibido para los críticos del Instituto Dorrego:
INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS “JUAN MANUEL DE ROSAS”
Presidente: Dr. Alberto González Arzac

 

Pero no sólo los próceres del siglo XIX tienen un instituto que estudie sus historias, el menemismo también impulsó los estudios sobre los fundadores del peronismo (Para Sarlo, Sábato, Suriano y Romero ¿habrá sido una imposición autoritaria del discurso único peronista?):

INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS EVA PERON
“Fue creado el 23 de septiembre de 1998, por decreto del Poder Ejecutivo de la República Argentina y funciona en el área de la Secretaría de Cultura de la Nación de la Presidencia de la Nación. Se encuentra dedicado a difundir la vida, obra e ideario de María Eva Duarte de Perón; del mismo depende el Museo Evita que se rige por el mismo marco jurídico.”
Más detalles

“Promueve la investigación histórica y los estudios historiográficos referidos a la acción de Eva Perón, y los concernientes a la participación de la mujer en la vida política, económica, social y cultural de nuestro país, actuando en paralelo como centro de recopilación documental y bibliográfico.”
Más detalles

 

Ahora pasamos de Eva Perón a su esposo:
INSTITUTO NACIONAL JUAN DOMINGO PERÓN
“El Instituto Nacional “Juan Domingo Perón” de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas fue creado el 26 de abril de 1995, en la decisión de “declarar de interés nacional el estudio e investigación de la vida y obra del Tte. Gral. Juan Domingo Perón”, quien fue democráticamente elegido para gobernar el país por tres períodos presidenciales, y cuya vigencia política ha signado definitivamente los últimos sesenta años de la historia argentina.

Esta institución se propone el intercambio académico de excelencia, dentro de un marco pluralista. Para ello, ha estado reuniendo a los mejores especialistas, de diversas ideologías, en distintas disciplinas.”

Las autoridades son también notables “historiadores de la Academia” como veremos:
AUTORIDADES Y FUNCIONES
Secretario General
Diputado Nacional Lorenzo A. Pepe (m.c.)

Miembros de la Comisión Permanente del 2003

Jesús A. Blanco, Antonio Francisco Cafiero, Oscar J. Castellucci, José María Castiñeira de Dios, Fermín Chávez, Roberto Di Sandro, Nélida A. Domínguez de De Miguel, Carlos A. Juárez, Ricardo Obregón Cano, Hipólito Jesús Paz, Lorenzo Antonio Pepe, Esther A. P. A. de Pérez Pardo, Manuel Quindimil, Ángel Federico Robledo, Alberto Luis Rocamora, Lecio L. Romero, Irma Roy, Juan José Taccone, Ernesto J. Tenenbaum.”

Nuevamente los críticos del Instituto Dorrego estuvieron distraídos, esta vez durante todo el menemismo…
Más detalles

 

Otro baluarte de la historiografía nacional es el instituto dedicado al Gran Libertador, cuya historiografía está muy bien custodiada por un “batallón” de “historiadores” de fuste:

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
Presidente: Gral. (RE) Diego Alejandro Soria

Presidentes del Instituto Nacional Sanmartiniano
Cnl. D. Bartolomé Descalzo (27/6/1945 al 13/5/1950)
Prof. D. José María Castiñeira de Dios (14/8/1950 al 6/9/1952)
Cap. Frag. D. Jacinto R. Yaben (4/10/1952 al 1/11/1955)
Grl. Br. D. Ernesto Florit (25/2/1957 al 5/10/1965)
Grl. Br. D. Carlos A. Salas (5/9/1967 al 4/9/1970)
Grl. Div. D. Joaquín Aguilar Pinedo (25/2/1977 al 5/12/1983)
Grl. Br. D. Manuel A. Laprida (20/9/1984 al 24/10/1989)
Grl. Div. D. Toms Sánchez de Bustamante (26/10/1989 al 30/7/91)
Grl. Br. D. Diego Alejandro Soria (1/2/1992 al presente)

(No recuerdo haber leído una crítica porque ninguno de estos miembros sea “reconocido, o simplemente conocido, en el ámbito de los historiadores profesionales“.)

“Objetivos Generales:
Desarrollar la investigación histórica y estudios históricos, críticos, filosóficos, militares, políticos, con respecto a la personalidad, y la acción pública y privada del prócer y sus colaboradores.
Propender a la difusión del conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín, en sus aspectos militares y especialmente morales y civiles, y su proyección democrática; a través de actividades didácticas y mediante la enseñanza dirigida al público en general, y especialmente a la juventud estudiantil.
Organizar cursos y conferencias en distintas disciplinas, música, artes plásticas, radio, cine, videos, literatura y por toda forma de difusión. En su sede, en establecimientos educacionales, militares, civiles y en centros de cultura de todo el país.
Colaborar con las autoridades nacionales, provinciales, municipales e instituciones oficiales y privadas, con el fin de fijar los objetivos de la enseñanza histórica del prócer dentro y fuera del país; asimismo asesorarlas respecto de la fidelidad histórica de cuanto se relacione con la personalidad del General San Martín.
Realizar publicaciones y artículos periodísticos a fin de difundir el conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín.
Coordinar las Asociaciones Culturales Sanmartinianas y los Institutos Sanmartinianos, y promover la fundación de nuevas Asociaciones Culturales Sanmartinianas.
Responder, asesorar y orientar a estudiosos y docentes que consulten la Biblioteca Institucional. Colaborar con historiadores e investigadores históricos que se acercan a la Biblioteca en la sede del Instituto Nacional Sanmartiniano.”
Más detalles

(Es decir que este instituto estatal posee el metro patrón de todo lo referido al Padre de la Patria. ¿Se habrá quejado Beatriz Sarlo de que este instituto de doctrina oficial sanmartiniana “podría convertirse en un rincón arcaico y polvoriento. Pero también podría ser un centro que irradie su “historia” a la escuela”?)

 

Hasta nuestro paladín de la aviación tiene su propio instituto:
INSTITUTO NACIONAL NEWBERIANO
Presidente: Lic. Salvador Roberto Martínez

 

Y en pleno gobierno peronista de Néstor Kirchner se creó un instituto para el estudio y exaltación del mayor radical de la historia (¿intento K de cooptar a don Hipólito?):

INSTITUTO NACIONAL YRIGOYENEANO
Consejo Directivo del Instituto Nacional Yrigoyeneano (2006 – 2009)

Sus reconocidos “historiadores” miembros son:

Presidente: VÍCTOR HIPÓLITO MARTÍNEZ
Vicepresidente: DIEGO ALBERTO BAROVERO
Secretario General: FERNANDO M. BLANCO MUIÑO
Secretario de Actas: MIGUEL ANGEL MIERES
Tesorero: PABLO EDUARDO DIAZ
Protesorero: ALBERTO GONZALEZ ARZAC
Vocales Titulares: JORGE REINALDO VANOSSI, RENZO R. BREGLIA, FIZ ANTONIO FERNANDEZ. MIGUEL ANGEL ESPECHE GIL, GUILLERMO HORACIO GASIÓ, OSVALDO ALVAREZ GUERRERO
Vocales suplentes: RUBÉN LÓPEZ CABANILLAS, ROBERTO CORNE
Más detalles

Fue creado por la Ley 26.040 del 2005 (por el Presidente Néstor Kirchner), y veamos de qué tratan algunos artículos:
“ARTICULO 2º — Fíjase como finalidad primordial del Instituto Nacional Yrigoyeneano la investigación, la enseñanza, la exaltación, el estudio, la ponderación, la promoción y la difusión de la personalidad del doctor Hipólito Yrigoyen y su obra.

ARTICULO 3º — Fíjase como competencia del Instituto Nacional Yrigoyeneano:
a) La investigación y los estudios historiográficos, críticos, filosóficos, sociales, jurídicos y políticos referidos a la acción pública y privada del doctor Hipólito Yrigoyen y su época.
b) La difusión del conocimiento popular de la vida, personalidad e ideario del doctor Hipólito Yrigoyen, a cuyo fin, el Instituto hará publicaciones, organizará eventos culturales, seminarios, congresos, jornadas y reuniones académicas y de investigación, tanto en su sede como en establecimientos educacionales, civiles, militares y centros de cultura del país.
c) La colaboración con las autoridades nacionales, provinciales y municipales y con las instituciones de enseñanza oficiales y privadas, para enseñar los objetivos básicos que debe orientar la docencia para el mejor aprovechamiento y comprensión de la obra y el pensamiento del doctor Hipólito Yrigoyen, como asimismo el asesoramiento respecto de la fidelidad histórica en todo lo que se relacione con la personalidad del prócer.
d) La formación de museos, archivos y registros documentales, biográficos, bibliográficos, iconográficos, numismáticos, filatélicos, etc., como así también la realización de cursos literarios, históricos, musicales, etc., referidos a la obra del doctor Hipólito Yrigoyen, pudiendo entregar distinciones dentro y fuera del país.
e) La cooperación con autoridades, instituciones y personas respecto del contexto histórico y de la conservación y seguridad de los establecimientos, edificios, lugares históricos, obras de arte y demás elementos rescatados o que se recuperen en el futuro vinculados con la vida y obra del doctor Hipólito Yrigoyen.
f) El estudio y registro de la toponimia y demás denominaciones relacionadas con el doctor Hipólito Yrigoyen, como así también todo lo referente a efigies, distintivos y emblemas.
g) La actuación como ámbito de concentración del material documental existente en el país y en el exterior vinculado con la vida, obra e ideario del doctor Hipólito Yrigoyen funcionando a la vez como banco de datos, archivo gráfico, biblioteca, hemeroteca, cinemateca, videoteca y museo.
h) La realización de estudios, investigaciones, cursos, conferencias, seminarios, publicaciones, etc., acerca de la acción pública y privada del mencionado.

ARTICULO 5º — Cuando se lleven a cabo actos a cargo de particulares, instituciones privadas, autoridades, reparticiones públicas, nacionales, provinciales o municipales que requieran apoyo financiero o de otro tipo por parte del ámbito oficial para su realización, será indispensable solicitar el asesoramiento previo del Instituto Nacional Yrigoyeneano, el cual tendrá además intervención necesaria en eventos que organice el Estado nacional o con participación del mismo.”
(Parece que el kirchnerismo también intenta apoderarse de la historia radical, pero los indignados críticos del Inatituto Dorrego tampoco se dieron cuenta…)
Más detalles

 

Uno más y no jodemos más…:

MUSEO CASA DE RICARDO ROJAS
Directora a/c: Prof. Laura Pellegrini

Más detalles

 

Como vimos, ni la creación de un instituto de estudios históricos ni el texto del “polémico” decreto de la Presidenta Fernández son nada original, sino que cumplen con las especificaciones de rutina en todos estos casos, incluso en el carácter de los miembros designados, que, como vimos en todos los casos no son siempre prestigiosos historiadores de la Academia precisamente… aunque esto no pareció preocupar a los custodios de la pureza de la Historia argentina, como sí les preocupó que haya sido este gobierno el autor del “polémico” decreto, y que además se trate de un instituto revisionista.

 

3 Críticas al revisionismo histórico.

La ensayista (y no historiadora) Beatriz Sarlo impugnó la corriente revisionista de la historia porque “su versión del pasado es simple, con malos y buenos, elites y masas, pueblos y oligarquías enfrentados en una wagneriana guerra prolongada. Todo es fácil de leer. Comparados con una página de Tulio Halperin Donghi (nuestro historiador máximo según las más variadas opiniones), diez libros revisionistas actuales suenan tan sencillos como una canción alpina”.

Otros historiadores esgrimieron críticas similares: “El enfoque maniqueo que el instituto adopta no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, saber científico“. Para Sábato, Suriano y Lobato, “a través de esta medida, el Gobierno revela su voluntad de imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva; se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado“. A su vez, advirtieron que “se avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial“.

Ante esto Hernán Brienza aclaró que “el Estado no elige una sola visión, garantiza que hay una visión que no estaba presente hasta ahora. Ni el Instituto Sanmartiniano, ni el Belgraniano, ni las universidades tienen una marca revisionista; por lo tanto, la presidenta no hizo otra cosa que ampliar la oferta de investigación histórica, democratizarla. (…) El objetivo es buscar un camino de investigación diferente al que trabajan las otras formas de analizar o de acceder a la historia, como la academia, la universidad, los historiadores ligados con el mitrismo, (…) Es otra forma de mirar la historia, con un anclaje más en lo nacional y lo popular en el análisis”.

Como vemos, el revisionismo no es ni algo nuevo, nacido de una noche de insomnio de la presidenta, ni algo viejo y perimido. El tema es que nunca fue aceptado por la Academia o adoptado por las universidades. Debió conformarse con transitar los suburbios de la cultura dominante. Fue un paria, un desclasado, un despreciado por el Estado hasta que se creó el Instituto Dorrego, que, además, lo extiendo a la historia de toda Iberoamérica.

Y ahora sí podemos decir que el debate que se abrió es más de fondo que de forma: es un debate político y de actualidad. Veamos por qué:

 

4 Pelea de Fondo: la discusión por el relato histórico.

Uno de los propósitos del nuevo instituto es estudiar a los caudillos del interior, a quienes la historia oficial o “seria” trata como personajes secundarios, a los hijos de la “barbarie”.

Desde el comienzo se intentó cuestionar inútilmente la versión mitrista de la historia, baluarte de la historiografía argentina pero no exenta de un sesgo autoritario, escrita en períodos donde la oposición había sido callada -y asesinada-, por eso se la impuso como visión única, obligatoria y uniforme en todo el país… (salvo la que se divulgaba de boca en boca y en textos subalternos, y que perduró hasta que el revisionismo la recogió y la valorizó). Hasta el mismo Bartolomé Mitre lo admite en privado, en una carta a Vicente Fidel López confiesa: “Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente.” (Ernesto Palacio, “La Historia Falsificada“. Editorial Independencia. Bs. As. 1981, pág. 68/69)

Esa visión hegemónica de la historia, Mitre se aseguró de que perdurara junto con su ideología portadora con la fundación del diario La Nación (como dijo Homero Manzi de Mitre: “un prócer que se dejó un diario de guardaespaldas“). Y como acota Brienza: “La Nación es el bastión mitrista, de la historia fraguada, contada desde la defensa de los intereses de la Sociedad Rural, de los que hicieron la Guerra del Paraguay. Hay una clara intención de intentar sostener los privilegios de esa historia”.

Lo que se vislumbra detrás de las críticas al nuevo instituto es la disputa por el poder de la palabra en la sociedad: la clase dominante (representada en este caso por las plumas del diario La Nación) no se resigna a que el pueblo sea quien gobierne y que además pretenda dar su versión de algunos hechos históricos. En definitiva, que a través del estado democrático haga uso de su derecho a revisitar la historia y esbozar su versión, y mucho menos que la constituya en un corpus con rango académico, más allá del éxito de ventas en librerías o en pantallas de TV o cine. Como decía hace tiempo un tal Carlos Marx: “Las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante“, y la manera de enfocar la historia es un ejemplo de ello.

Pero, por supuesto, este debate no es nuevo, ya en 1973 la revista Crisis preguntaba a distintas personalidades de la historia y la cultura: ¿Se enseña en la Argentina la historia real del país? Veamos algunas de aquellas respuestas.

Ana Lía Payro respondía:
“La que sí está escrita es la que se enseña en los tres niveles del sistema educativo, plasmada por los vencedores de Pavón, aquellos que van a liquidar a sangre y fuego a las montoneras federales y que serán los artífices del genocidio de la guerra de la Triple Alianza.
La “civilización” posibilitaba las bases de la dominación; era el puerto, las ciudades del litoral, la burguesía comercial, los terratenientes y los ganaderos, los “doctores”. Era los ferrocarriles y sobre todo los remingtons que derrotaron la resistencia popular del interior. Ésta era la “barbarie”, los gauchos, los indios, las montoneras, la defensa de la soberanía en la Vuelta de Obligado…
Este sistema de valores es el que conforma la historia que escriben los vencedores: la que Bartolomé Mitre sanciona no sólo como en La Historia de Belgrano y en La Historia de San Martín , sino también a través de una prédica de casi cien años en La Nación , expresión misma del liberalismo oligárquico.
Pero no fueron sólo los libros o el periodismo, ellos no hubieran podido cimentar la fortaleza inexpugnable de la ideología liberal-oligárquica y la vigencia de sus contenidos en la conciencia, sobre todo, de los sectores medios del país. Era el control que el Estado oligárquico ejercía sobre la enseñanza.
Ana Lía Payro (1938). Codirectora del Instituto de Investigaciones Históricas “Diego L. Molinari” de la F. F. y L. y profesora titular de Introducción a la Historia.

A su vez, Rodolfo Puiggrós respondía:
“La historia argentina, partiendo de esta concepción racista positivista, dividió el pasado en civilización y barbarie. Civilización era lo que venía de Europa; barbarie era lo que pertenecía a nuestro país, lo autóctono.
La historia es indispensable para el político de nuestros días. Un político que no conoce la historia de su país es simplemente un politicastro de comité. Debe conocerla porque la historia es una ciencia y además porque no se puede, como pretendía la gente del 53 al 80, borrar el pasado.
Rodolfo Puiggrós (1906). Escritor, periodista, ex – rector de la Universidad de Buenos Aires.

Jorge Abelardo Ramos respondía:
“La enseñanza de la historia en la Argentina -como en cualquier país- satisface una necesidad específica de las clases dominantes. Para consolidar los privilegios del presente, dichas clases necesitan fijar en la conciencia colectiva una visión particular del pasado que justifique tales privilegios. No es un azar que Rivadavia haya sido juzgado durante más de un siglo como la figura paradigmática de la historia nacional. Representante de los importadores ingleses, socio de la Casa Hullet de Londres, enemigo de Facundo, adversario tenaz de las quimeras sudamericanas de San Martín y Bolívar, Don Bernardino es el responsable, junto con Manuel García, de la capitulación ante la Corte Brasileña.
El ideal de cultura de tales instituciones se personificaba en Sarmiento y Rivadavia, asesino de gauchos el primero y hombre de la burguesía comercial porteña el otro. De alguna manera, las clases medias del litoral admitieron esa versión portuaria de la historia porque su situación en la semicolonia la vinculaba hasta cierto punto a una alianza de hecho con la oligarquía terrateniente.
(…) Creo que sólo el revisionismo socialista ha logrado acercarse a una concepción nacional de la historia argentina, no sólo por descubrir la oculta trama de su estructura económica y social sino ante todo por ver en ella un fragmento insular de la nación latinoamericana inconclusa.”
Jorge Abelardo Ramos. Político e historiador.

José Luis Romero (padre de Luis Alberto Romero) respondía:
“Si se tratara de condensar en una frase mi respuesta, bastaría decir que la historia se enseña muy mal en todos los grados de la enseñanza. Pero me apresuro a agregar que la culpa no es de los maestros y los profesores: es de la ciencia histórica misma, cuya estructura epistemológica y cuyas peculiaridades generales plantean problemas graves y casi insolubles.
El primero y más grave es que, a diferencia de la botánica o la física, la historia se enseña con una intención muy marcada. Esta intencionalidad puede ser genérica, pero a veces es también específica y se relaciona con problemas políticos, tanto en el sentido más extenso de la palabra y -más noble-, como en el más estrecho y con frecuencia más mezquino. Tanto en la escuela primaria como en la secundaria la historia no se enseña como una ciencia sino como una disciplina destinada a crear, o a fortalecer, o a negar, una imagen del pasado que conviene a la orientación predominante. Y esto ha ocurrido siempre, porque la historia es la conciencia viva de la humanidad y de cada una de sus comunidades, y nadie podría prescindir de su apoyo para defender su propia imagen y su propio proyecto de vida.
La historia es comprensión, y su enseñanza debe proporcionar los elementos para alcanzarla. Con eso se modera el riesgo inevitable del maniqueísmo.”
José Luis Romero. Doctor en Historia, ex-rector de la Universidad de Buenos Aires.

Vicente Sierra respondía:
“La historia no sólo es mal enseñada, sino que lo que se enseña es mala historia. Los motivos son diversos. No se puede enseñar bien lo que se ha aprendido mal.
Si se analiza el desarrollo de la idea liberal, aparece como factor básico de la doctrina el ingrediente histórico. La historia se presenta como la sustancia de la ideología liberal. Ello determina que Historia y Doctrina se confundan. A partir de ahí, como acota Dilthey, “La lucha por la interpretación de la historia universal acompañará en adelante a todas las luchas por la determinación del futuro; éstas no podrán efectuarse sin aquélla”. Tanto en liberales como en marxistas, se advierte que las luchas ideológicas provocan el riesgo de que la verdad histórica se oscurezca por las tendencias que corresponden a las ideologías.
Durante el siglo pasado los historiadores de todos los países europeos cayeron en el mismo desliz científico, consistente en hacer de la historia un campo de ensayos y formación del régimen representativo. Esa historiografía sólo considera hechos históricos a aquellos que sirvieron para la implantación y el desarrollo de la sociedad liberal, así como, para Marx, la historia es el campo de ensayos y formación que conduce al comunismo. (…) Lo que en la escuela argentina se enseña no es Historia; apenas si es un no siempre atractivo anecdotario… y muchas veces falso.”
Vicente Sierra. Profesor fundador de la Universidad del Salvador y director de la Escuela de Historia. Doctor Honoris Causa en Historia.

 

Esa disputa por producir el relato histórico ya se produjo en el siglo XIX, cuando Mitre y su generación se apropió de la palabra e impuso su versión de la historia del país. Pero quienes denuncian al gobierno de pretender “dictar doctrina” bajo el disfraz de la historia, nunca reconocerían que eso fue lo que hicieron Mitre y sus contemporáneos y siguen haciendo hoy sus seguidores más fervientes. Como bien postula la socióloga María Pía López : “Las sociedades requieren la narrativa del pasado. Ya sea bajo la forma de memoria, de símbolos comunes, de relatos escolares o de texturas míticas. Lo sabía Mitre cuando participa de la Galería de celebridades argentinas e impulsa una suerte de santoral patriótico, destinado a una pedagogía cívica y, a la vez, a una división maniquea de lo moral y lo inmoral.
Mitre cultiva la reticencia, probablemente más efectiva. Mientras hace el ademán de sustentarse en los datos y documentos.
El revisionismo se desplegó discutiendo esa presunta relación y señalando hasta qué punto era un sendero cargado de omisiones y malinterpretaciones. La discusión acerca de la pérdida, en algún cajón del escritorio de Mitre, de la copia de un Plan de operaciones para el Río de la Plata que habría escrito Mariano Moreno, ponía en escena el procedimiento para constituir una historia ejemplar”.
Más detalles

También es necesario aclarar, como lo hace el historiador Enrique Manson : “Más allá de que está claro que no se trata de la imposición de una versión dogmática de nuestro pasado, tampoco tiene mucha seriedad la pretensión de objetividad de una interpretación desarrollada en tiempos en que se imponía –muchas veces, como en Pavón y en Cañada de Gómez− por la fuerza de los Remington, derramando la sangre de los gauchos que sólo eso tenían, para Sarmiento, de seres humanos. No fue muy objetiva la argumentación utilizada para condenar a Juan Manuel de Rosas. “Si el juicio de Rosas lo librásemos al fallo de la historia”, decía Nicolás Albarellos al fundamentar la ley que lo declaraba reo de lesa patria, “no conseguiremos que sea condenado como tirano, y sí, tal vez, que fuese en ella el más grande y glorioso de los argentinos… Juicios como estos no deben dejarse a la historia. ¿Qué se dirá, qué se podrá decir, cuando se viere que la Inglaterra le ha devuelto sus cañones y saludado su pabellón manchado con sangre inocente con la salva de 21 cañonazos?… ¿Que el valiente general Brown, el héroe de la marina de Guerra de la Independencia, era el almirante que defendió los derechos de Rosas? ¿Que el general San Martín, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso legándole su espada? ¿Se creerá dentro de 20 años, o 50, todo cuanto digamos contra el monstruo, si no lo marcamos con una sanción legislativa para que ni siquiera quede marcado por nosotros, voz del pueblo soberano? Se dirá que no ha sido un tirano; lejos de ello ha sido un gran hombre. ¡¡Ese monstruo, señor!!” (Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de Buenos Aires, año 1857, sesión del 1 de julio)
Más detalles

 

Cada época o período histórico relee la historia, la analiza de acuerdo con su presente. Así fue cuando nuestra sociedad se libró del oprobio de la dictadura en 1983. La democracia fue vista como un nuevo valor a conservar, a profundizar, igual que los derechos humanos, y de la misma manera se releyó la historia, se resignificaron hechos y personajes de la misma, e incluso la Academia y la Universidad releyeron también la historia en consonancia con los nuevos aires, y nadie puso el grito en el cielo. Como señala el historiador Sergio Wischñevsky: “La supuesta cientificidad que se autoasigna el discurso historiográfico que se abrió paso desde 1984 y hoy es hegemónico, aunque no exclusivo, en las universidades nacionales y en el Conicet, es una vieja coartada para ocultar posturas políticas y juegos de poder interno. Es esconderse detrás de la ciencia para negarle derecho a la existencia a discursos opuestos. La abrumadora mayoría de los textos escolares que se producen para el ámbito educativo abrevan en historiadores de esta procedencia”.
Nota completa

Por eso, después del apoliticismo militante de los noventa, de la debacle del neoliberalismo, de los sucesos del 2001, de la inédita recuperación económica y social de este siglo, con la ruptura con el pensamiento único y la ortodoxia económica, más el denso presente que vive toda Latinoamérica tanto social como políticamente, la creación de nuevas organizaciones multilaterales (Mercosur, Unasur, CELAC), más nuevos paradigmas que surgen y viejos que caen, las inesperadas crisis que surgen en los países menos pensados, etc., suena lógico que la sociedad se replantee su visión de la realidad, y con ella la de su propia historia. Y por eso no debe sorprendernos que desde el Estado se promueva el debate histórico aportando una nueva herramienta (una más entre otras) como es este instituto Dorrego. Pero así también se explica la reacción virulenta y la descalificación gratuita que se enarbolan desde el establishment cultural y la intelligentzia academicista (como señaló Araceli Bellota: “las críticas no vienen de la Universidad de Buenos Aires, sino que sólo se trata de la reacción de un sector de esa casa liderado por Luis Alberto Romero”) contra un nuevo instituto que tan sólo pretende ampliar el debate sobre la historia (y por ello también sobre el presente y el futuro) que la sociedad ya está sosteniendo, y proveerla de más datos y herramientas para enriquecerlo. Lo sorprendente no es que haya habido tal reacción de la derecha liberal y los medios afines, sino que lo sorprendente hubiese sido que no haya habido reacción, sabiendo qué símbolos, relatos, panteones heróicos e ideologías hay en juego. Una cosa es que un sector de la sociedad gane las elecciones un par de veces, que abale un rumbo económico, un modelo de país o determinados representantes para que los gobiernen, pero otra distinta es que quiera releer la historia del país partiendo de este presente inédito, y mucho menos que intente reescribirla: eso para algunos “intelectuales” ya es demasiado. Es mejor que los caudillos sigan bien muertos, que el panteón nacional siga como está, que Lavalle siga siendo una calle importante de la ciudad capital y que Dorrego siga fusilado… Y si vuelve en forma de refrescante fuente de estudios históricos, se lo fusila de nuevo: no sea cosa que finalmente conozcamos a fondo lo que pensaban realmente los próceres “secundarios”, los caudillos del siglo XIX o del siglo XX, el pueblo que los seguía y los intelectuales que los explicaban, y terminemos encontrando semejanzas con los personajes del presente o con nosotros mismos…

Y si de historia y democracia hablamos, veamos ahora lo que un prestigioso personaje histórico, contemporáneo al mitrismo, decía al respecto:

Los caudillos son la democracia. Como el producto no es agradable los demócratas lo atribuyen a la democracia bárbara. ¿cuál es esta?, la democracia del pueblo más numeroso y menos instruido y rico, antítesis, de la democracia en línea, que es minoría en América más que en Europa, luego los caudillos son los representantes más naturales de la democracia de Sudamérica, como es ella es pobre, atrasada, e indigente. Solamente que ellos (Sarmiento y Mitre) quieren reemplazar a los caudillos de poncho por los caudillos de frac. Quieren reemplazar la democracia de las multitudes de las campañas por la democracia del pueblo notable y decente de las ciudades, es decir, las mayorías por las minorías populares, la democracia que es democracia por la democracia que es oligarquía.”
Juan Bautista Alberdi, del libro Grandes y pequeños hombres del Plata. Edit. Fernández Blanco. Bs. As. 1962