– La primera es puro autobombo. El año pasado dijimos: hay que avanzar en servicio doméstico y en regular el trabajo carcelario. Bueno acerté el primero, y al segundo le pegué en el palo. Asà que ojo, que salir en Comunidad de ArtepolÃtica, vos proyecto legislativo (?), trae suerte.
– La segunda es hija de la primera. Se me hace que en la polÃtica -si querés más definido: más en las policies que en las politics – hay mucho más consenso de lo que parece. Que las tres, cuatro polÃticas en las que nos tenemos que poner todos de acuerdo, ya están. Si yo fuera politólogo…si yo fuera un politólogo serio, agarrarÃa la base de datos del Congreso (ponele que estuviera mejor, que fuera más fácil cruzar los datos) y te probarÃa cuántos proyectos son co-firmados por bloques que electoralmente compiten entre sÃ. Si yo fuera legislador, le garparÃa a mis asesores para que hagan ese laburo. Entonces no me comprarÃa el camelo de que falta el diálogo, y reivindicarÃa mi pertenencia de clase. De clase polÃtica. Y dirÃa: nosotros dialogamos, JoaquÃn, ¿lo ve?, firmamos todos estos proyectos juntos. Si fuera yo, ojo.
Bueno eso.
El problema radica en que los apologistas de la «falta de diálogo» (opositores) se escudan en tal consideración para explicar su impotencia por la ausencia de escucha ajena, y los que presuntamente no-dialogan (oficialismo) eluden olÃmpicamente el asunto.
Tal cual. Microclima mediático, no tienen chances. La realidad se les escurre por entre los dedos. Hoy los comentarios de LN al respecto de las domésticas fue, como no podÃa ser de otra forma, vomitado por los lectores digitales del diario: ¿o por la agencia de Souto? Son lo mismo, digamos, ¿o no? Pongámonos de acuerdo en «esas 4 o 5 cositas», delen: nosotros proponemos y usetdes dicen si les gustan o no, ¿quieren?