–         Qué tal, MartÃn?, saludó el viejo
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â …
–         Te gusta? No lo saco mucho, sólo en ocasiones especiales…
–         …esteee, sÃ… ta lindo. – Le iba a preguntar si se conocÃan, pero prefirió guardarse las inquietudes.
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â VenÃ, subite, que vamos a dar una vuelta y lo sentÃs…
–Â Â Â Â Â Â Â Â Â …nooo, tengo que ir a la oficina, volver al trabajo
–         No te preocupes. Yo les hablé. No esperan que vuelvas. Venà que la tarde está bárbara. Además tenemos cosas que hablar.
–Â Â Â Â Â Â Sabe como me llamo.
–         Y mucho más. Bastante más.
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Circundó el auto por adelante, mientras lo recorrÃa con la vista y pensaba que podrÃa ser una buena forma de sacarse el entripado de los últimos dÃas y deshacerse de este loco y de sus secuaces, quienquiera que fueran. Mientras caminaba iba cayendo rendido a los detalles del tapizado de cuero blanco en un auto rojo, los detalles en madera y baquelita, los relojes grandes. Subió. El viejo lo miraba con cierta sonrisa cómplice. -Listo? le preguntó, -ponete el cinturón, sale de abajo-.
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El semáforo estaba en rojo y esperaron sin cruzar palabra. MartÃn pensaba que nunca habÃa andado en un descapotable.
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 -Me llamo Rodolfo- soltó el viejito mientras la luz amarilla saltaba a verde y el auto empezaba a avanzar -Gracias por la confianza en subirte. No tenés obligación: cuando me lo pidas, freno y te bajás- La firmeza y la seguridad en el tono contradecÃan notablemente ese aspecto bonachón, más propio de jugador de ajedrez de plaza que de agente de contacto de un comando secreto. No necesitó ningún rodeo.
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-Esto ya tiene muchos años. Si se quiere, empezó allá por los treinta cuando el paÃs se asomaba a la industrialización. Era una sociedad heterogénea, llena de diversidad. Una sociedad en la que además de existir los habitantes ancestrales que venian cediendo sus tierras a los viejos criollos y patricios, se iba agregando paulatinamente la presencia de olas migratorias cada vez más importantes. Y no sólo desde Europa. Muchos de nosotros o de nuestros padres, en casa, hablábamos una lengua distinta de la que hablábamos en la calle. Una sociedad en la que las costumbres, las comidas, la música, cambiaban con el cambio de barrio, cambiaban con el cambio de pueblo.- Unos metros antes habÃa puesto el guiño para doblar por Combate, pero sacó el brazo, rÃgido, para reforzar su intención. HacÃa muchos años que MartÃn no veÃa algo asÃ. También quedó extrañado cuando, en esa pausa, escuchó con detalle el motor del Fiat. Era algo difÃcil de definir, pero también era cierto que el relato del viejo habÃa eclipsado lo que se escondiera abajo de aquel capot colorado.
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-Por lo tanto, nuestro paÃs, que en la época reunÃa casi todas las condiciones para convertirse en una potencia, sufrÃa un serio problema: sufrÃa la falta de una identidad común, de referencia a lo nacional. Eso dio lugar a que nos pusiéramos a trabajar para cubrir esa brecha- Su voz era suave y pausada, pero no era la voz de un viejito enclenque, reconoció.
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-Nos convocaron originalmente en el 35. Yo no conocà a aquel grupo original, era muy purrete. Cuando entré en  el 48 tuve la oportunidad de conocer a alguno y me conozco la historia porque siempre fui muy curioso y me respondÃan la mayorÃa de las preguntas.- Manejaba mostrando concentración en lo que hacÃa, pero de vez en cuando el viejo miraba a MartÃn a los ojos. A través de aquellos lentes que, aunque impecables, tenÃan toda la pinta de acompañarlo desde entonces. Unos ojos negros muy expresivos y algo tristones.
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-Diagnosticamos un problema de identidad y, por lo tanto, le aplicamos la metodologÃa que nos pareció adecuada. Patoruzú es parte de esa metodologÃa aplicada a lo individual. El Eternauta cumplió una función similar, pero asociada a lo social. Hoy cualquiera sabe lo que es una empanada, pero te aseguro que en esa época no eran conocidas por todos- hizo una pausa -La cosa no termina en nuestra gastronomÃa, naturalmente. El héroe es el paradigma de los valores nacionales, el que en sus actos y en sus palabras representa el modelo a imitar, y lo hace con una simbologÃa propia pero al mismo tiempo colectiva, argentina.-
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Miró a MartÃn por encima de los lentes -Si, ya sé… tenés 1000 preguntas sin responder y preferirÃas estar paseando con tu novia en la plaza o incluso aburriéndote en la oficina. Pero sos un tipo paciente, que puede entrever que detrás de todo este palabrerÃo, de este viejo y de este auto, podrÃa haver algo que haga la vida más interesante.- MartÃn no respondio, pero lo miró, cauteloso. -Una vida con algunos desafÃos y cambios. La que soñabas cuando eras pibe, cuando tu imaginación no estaba anclada a tu educación.- VenÃan por Belgrano hacia el bajo. El viejo habÃa aumentado un poco la velocidad. No podÃa negarse que ese viento suave, las gotas de sol colándose entre las hojas de los árboles de la avenida y el andar suave del Fiat habÃan convertido al paseo en algo inesperadamente plácido esa tarde.
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Se dio cuenta de que, en ese momento, no tenÃa muchas ganas de hacer las preguntas que venÃa masticando desde hacÃa dÃas y de que el viejo llevaba las cosas por carriles rápidos. Estuvo a punto de soltarle una ironÃa respecto del traje que habÃa encontrado en su casa. Por el mal gusto y por lo ridÃculo de esa idea. Se contuvo. Hasta ahà el viejo no habÃa sido ofensivo y quizás no merecÃa ese destrato…todavÃa. También pensó que un comentario como ese podrÃa haber implicado algún tipo de señal mÃnima favorable y no estaba dispuesto a mantener trato con locos.
Eso sÃ, si estaban locos, hasta el momento lo venÃan disimulando bastante bien. Cerca de Paseo Colón el viejo se corrió al carril de la derecha y volvió a sacar la mano. Mientras giraban MartÃn vio a su izquierda como un taxista sin pasajeros hacÃa un esfuerzo para ponerse a la par y contemplar ese cortometraje del pasado en Technicolor. Una breve sonrisa ganó su cara.
Voy miércoles y sábados. Hasta que me canse, hasta que me aburra,hasta que las vacaciones me alejen de la computadora o… siguiendo la sugerencia de Eva Conducción, hasta que cuelgue el cartelito «Fin»
Se busca un ayudante para nuestro Superhéore. Tiene que ser petiso, mal llevado y algo tonto.
Slds.
Hola Contradicto. Te sigo a muerte. Esto se está poniendo interesante de verdad, en ésta parte me puse al rojo de ansiedad por leer lo que sigue. SeguÃla tranquilo que vamos a hacer la operación publicitaria para que nadie se pierda tu aventura literaria que nos promete y nos cumple. Miércoles y Sábados. OK.
Y no te vas a cansar. Y se te vas de vacaciones, volvés y seguÃs. Esto da para mucho. El Capitán Choripán puede vivir miles de aventuras. Ésto revive las entregas por FolletÃn. Ésto es «El FolletÃn» de Contradicto.
Coincido con la descripción del «ayudante», pero prefiero pasar…
Contradicto, qué bueno que estés. Asà nos acordamos de que esto no es sólo «… PolÃtica». También es «Arte…»
Muy interesante.
Te espero el miércoles
Coincido con el post de Eva en que la idea puede ser un golazo. Muy bueno Contradicto.
sigo firme esta historieta, ahora, en mi cuenta esta es la cuarta entrega, que pasó con la III??
o es parte del misterio?
saludos
Lindo. Cada capÃtulo hace dar ganas de que venga el próximo pronto.
resuelto el misterio
encontre la III