Capriles, la opo y vos

Desde hace un buen tiempo, y en mayor medida luego del triunfo electoral de octubre de 2011, se viene insistiendo, en los análisis mediáticos y en las marchas opositoras, con los parecidos políticos entre Argentina y Venezuela. Los editoriales de los medios antikirchneristas en la pluma de sus, enojados y cada vez menos cercanos a la realidad, periodistas estrellas, se viene atizando la existencia de un paralelo equivalente entre el gobierno argentino y el bolivariano. La calle, que la oposición política viene de copar por partida doble, también refleja esta semejanza económica y social entre ambos gobiernos. No intento en este post explicitar si esto correcto o no, aquí ya lo hicieron en extenso, sino que me gustaría apuntar un par de elementos sobre el eco que la oposición partidaria hace de este ecuación Argentina = Venezuela.

La búsqueda “de un Capriles” se ha convertido para la oposición en una estrategia que parecería contentar a la mayoría, tanto mediática, como partidaria. La idea de construir un único candidato opositor al gobierno que evite, no sólo la natural dispersión de las fuerzas de la opo “made 2011”, sino que logre aglutinar el universo antikirchnerista con la finalidad de presentar una formula competitiva para el 2015, parece ser la única coincidencia hasta hoy. Construir, entonces” “el Capriles” sonaría desde el vamos como la estrategia adecuada para el momento político. Sin embargo, daría la sensación que la oposición entendiera que esta fusión en torno al capaz de vencer al kirchnerismo sería una consecuencia feliz de una suma de antikirchneristas que lograron desprenderse de sus egos políticos y de sus diferencias ideológicas, alrededor de una idea superadora que descansaría en vencer al “autoritarismo K”. Es como sí sólo fuera la cantidad y no la calidad de una alianza lo que garantizaría el triunfo ante el oficialismo.

La experiencia que debió transitar la oposición venezolana no parece ir sólo en la dirección cuantitativa. De hecho esa fue la versión que jugó el antichavismo hasta la elección parlamentaria de septiembre de 2010 y que repitió en la última, la votación presidencial del mes pasado. Y la estrategia de los primeros años se basó, además del intento de derribar a Chávez en el 2002 y 2003, en la estrategia de la sumatoria para desalojar a lo que se acusaba de ser un líder irracional y se catalogaba de una anomalía para el sistema político venezolano. Inclusive en el año 2005 no se presentaron a la elección legislativa acusando al gobierno venezolano de orquestar un fraude masivo, como el del referendo revocatorio del 2004, paradójicamente al cual la Fundación Carter y la totalidad de los veedores internacionales certificaron como un acto electoral impecable. Ese esquema de confrontación, poco rédito le trajo a la antichavismo y una gran cosecha de derrota por goleada fue la respuesta a esa estrategia cuantitativa y deslegitimadora.

A partir de la elección de 2010, la estrategia opositora venezolana viró hacia otro esquema. La unificación de todos sus candidatos en torno a una única propuesta electoral fue acompañada de 1) candidatos únicos en todas las regiones seleccionados por internas abiertas y 2) un tímido reconocimiento de las bondades del modelo chavista. Amén del desgaste del gobierno y de no tratarse de una votación en la que participara en forma directa Chávez, el antichavismo perdió por un pelito la elección del congreso y dejó sin mayorías especiales al bolivariano. Para el año 2012, la oposición venezolana apostó aún más fuerte todavía, ya que volvió a repetir la mecánica anterior (unificación e internas) y ungió un candidato joven y con gestión de gobierno.

Henrique Capriles Radonski fue el elegido por la oposición como “el” candidato a enfrentar al imbatible Chávez (su única derrota había sido en diciembre de 2007 y en la que parte del chavismo no fue a votar). Ya conocemos que el líder bolivariano ganó la elección por más de 10%, pero fue la primera y única, hasta hoy, votación en la cual Chávez tuvo un competidor con posibilidades concretas de pelear. La pregunta sería entonces: ¿Qué tuvo de novedoso la candidatura de Capriles?. Podríamos marcar al menos tres elementos: 1) plantear una alternativa superadora (y a la vez inclusiva de los logros del gobierno) al chavismo, 2) mostrarse como una oposición anclada en los liderazgos sudamericanos y 3) dar por culminada la etapa de la deslegitimación chavista.

La combinación de estos tres conjuntos fue lo que explicó, en mi concepto, el “éxito “de la oposición en Venezuela.  Capriles no solo juntó al antichavismo, sino que se presentó como una superación de la “era Chávez”, al cual le adjudicó importantes logros en el área social (se comprometió a mantener y ampliar las Misiones Bolivarianas, a las que consideró importantes para combatir la pobreza y buscar la igualación social), se mostró como un admirador de Lula, al cual eligió como un modelo a seguir en Sudamérica (fíjense que no nombró a Piñera, ni a Santos) y culminó la etapa de deslegitimación (legal y no legal) del chavismo, al cual prometió ganarle por votos. De hecho, a horas de la derrota, reconoció el triunfo de Chávez sin enturbiar la histórica y democrática jornada del 7- O.

Mucho que aprender tendrá la oposición argentina de esta estrategia venezolana. El antichavismo no sumó sólo desde la aritmética: primero se reunión en la Mesa Democrática, luego realizó una elección interna en febrero de 2012 y de ahí seleccionó su candidato que no sólo reivindicó los logros sociales del chavismo, sino que también se mostró como una alternativa en el interior de un sistema político que le dio fin al Pacto del Punto Fijo.

Ahora: ¿podrá la oposición partidaria argentina crear un Capriles?¿Entenderá que sus chances electorales aumentarán si logra asumir públicamente lo positivo del gobierno?¿tendrá la Opo el coraje de reivindicar los logros del kirchnerismo a riesgo de “enojar” a los muchachos del 8N?¿se bancará el candidato opositor los retos de los medios hegemónico por superar conteniendo al proyecto K?

Muchas preguntas, aún, están por jugarse las respuestas.

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)