¿La opo tendrá su Capriles?

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La idea me la tiró el Escriba mientras le iba contando las peripecias de mi viaje a Caracas. ¿Por qué no te escribís algo para explicar la estrategia de Capriles?. Al principio la idea no me pareció muy motivante. ¿Para qué?, ¿para avivar giles? No, me respondió mi colega y amigo, “para saber la que nos puede esperar acá… y estar preparados”

Las elecciones del domingo en Venezuela  dejaron un sabor agridulce: se ganó (como se esperaba) y por poco (como no se preveía). La diferencia de 2% entre Maduro y Capriles y las razones de la fuga de votos entre el chavismo y la oposición ya fue analizada acá y acá, y los días sucesivos que bien están detallados acá, por lo que aquí lo que me interesa analizar no es tanto lo que se viene en Venezuela, sino el impacto que puede tener, en cuanto a las estrategias opositoras, esta elección en nuestro país.

Hace un tiempo, en esta misma casa expliqué (perdón por la segunda auto-cita) lo que consideraba la muy buena estrategia del antichavismo en la elección del 7O, que le permitió por primera vez convertirse en una alternativa real al socialismo bolivariano. Mi viaje a Caracas me sirvió para afinar aún más mi hipótesis, ya que allí la mayoría de los medios de comunicación privados (todos opositores) actúan en cadena cuando se trata de darle la palabra al candidato perdedor de la elección de hace una semana, por lo que pude ver varias veces los discursos de Capriles.

La gestualidad del candidato de la derecha venezolana, su palabra caracterizada por espacios largos entre frase y frase y su vestimenta informal y llena de colores patrios son la evidencia ostensible de una estrategia muy pensada por las usinas antichavistas internas y externas. Uno observa a Capriles y todo lo remite al fundador de la Revolución Bolivariana: cuando toma en sus manos la constitución azul pequeña, cuando se arropa con gorro y camiseta venezolana, cuando hace cantar el himno, cuando llama a su Comando de Campaña Simón Bolivar, etc.  En ese sentido, Capriles no sólo intenta presentarse como la continuidad del chavismo, sino también se dice que es “la mejor opción para mantener los logros del chavismo” ya que “nosotros no somos la oposición, somos la solución”.

La mutación alrededor de la estrategia electoral del antichavismo venía avizorándose desde la parlamentaria de 2010. Las listas únicas, las internas abiertas de selección de candidatos, una propuesta más corrida hacia el centro ideológico, la valoración de las políticas sociales chavistas, fueron avances de la oposición venezolana luego de los intentos frustrados de liquidar al oficialismo por las vías del golpe cívico- militar (2002), huelga petrolera indefinida (2003), revocatoria de mandato (2004) y de la deslegitimación de la elección (2005). Dicha estrategia le permitió crecer en recursos institucionales y proyectar una imagen de responsabilidad política para presentarse como una alternativa viable al chavismo gobernante. Es decir, y aquí está lo paradójico en una sociedad tan polarizada en lo ideológico: Capriles, para tener chances de triunfo, debe tomar banderas chavistas.

A pesar de que el intento de emprolijar la propuesta de cambio a veces se va por la borda (como vimos el día posterior a la elección del domingo), el antichavismo ya encontró el mecanismo de presentar batalla. Es cierto, que dentro de la oposición anidan en su seno quienes pretenden ir por todo en lo inmediato (volviendo a las fuentes del periodo 2001- 2005) y la convivencia con el sector más moderado está en pleno procesamiento, también es claro, que de ganar la propuesta de “ir por todo”, son muchas más las chances de perder que de ganar. El chavismo no es el mismo, en términos defensivos, que el de 8 años atrás y una estrategia golpista no tiene eco en el ámbito internacional por lo que se echaría por la borda los éxitos conseguidos en esta última etapa.

Con la nueva estrategia, la oposición venezolana creció numéricamente desde 2010 (salvo la elección de gobernadores de diciembre de 2012 donde primó la abstención), pero aún no le alcanza para destronar al chavismo.  Logró, por primera vez, ganar votos del potente movimiento bolivariano en un escenario distinto caracterizado por la ausencia física del Comandante presidente. La fuga de votos a la oposición se explica por múltiples variables pero un análisis precoz indica que importantes sectores que otrora contaban entre la masa de pobres del país y hoy pasaron a formar parte de la clase media (o simplemente salieron de ella), le dieron la espalda (una vez muerto Chávez, su garante) al proyecto liberador. Este pase de opción partidaria puede también ocurrir de diversas formas y modos en países que incluyeron nuevamente en el circuito productivo a amplios segmentos del pueblo, como sucedió en la mayoría de los países de Sudamérica, según el mismísimo Banco Mundial.

Hasta la fecha, el “desafío Capriles” fue el que en mayor medida afectó a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región. Las oposiciones ecuatorianas, bolivianas, brasileras, uruguayas y argentinas, a pesar de sus esfuerzos, no han podido encontrar “el” candidato, ni “la” propuesta alternativa. Lo han intentado por otras vías (cuartelazo policial a Correa, paro indefinido a Evo, lock out patronal a CFK), pero han fallado en los intentos. Sin embargo, ahí tienen a la mano a la experiencia venezolana. Es cierto que ningún proceso político es igual a otro en sus líneas maestras, pero los parecidos en algunos aspectos son evidentes como se plantea desde dos visiones distintas acá y acá. También lo son las oposiciones.

¿Podrá la Argentina ir a una oposición en una dirección venezolana?¿Se animará el antikirchnerismo a tomar algunas banderas del gobierno y hacerlas propia? ¿Es sólo encontrar el candidato o alcanza la propuesta?¿Encontrarán las dos?¿Como debería reaccionar el kirchnerismo ante esa encrucijada? De no encontrar un Capriles ¿los 18A podrán pasar a formar parte del cotidiano político de la Argentina? Preguntas que en los próximos meses, por ahí, tendrán respuesta.

: Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM- FLACSO)