De eso no se habla

Afiche de la película De eso no se habla

 Este post contó con la colaboración de la Licenciada Lorena Guzzetti

 “Quiero volver a ser como antes”, pidió la niña entrerriana de 11 años a sus familiares luego de la violencia sexual sufrida, seguida de embarazo, se calcula hace dos meses.

El episodio llegó a la opinión pública esta semana luego que la niña fuera revisada en un hospital regional, tras advertirse intensos dolores abdominales. Lo que, en un primer momento, se especuló como un cuadro de apendicitis, dio lugar a la conmocionante noticia de un embarazo. El nosocomio realizó, de manual, la denuncia judicial comprobándose durante las pericias, realizadas esta vez en el Hospital Masternat de Concordia, que el abuso sexual lo cometió un joven de 17 años. La madre de la niña violentada demandó al hospital la práctica del aborto contemplada en el marco del Código Penal en su artículo 86. Dicho artículo observa el aborto no punible en los casos de violación o cuando se encuentre en peligro la vida de la mujer.

El director del hospital donde se realizaron las pericias mencionadas (el Masternat de Concordia) al mejor estilo “Poncio Pilato”, derivó el caso a la justicia, siendo esto innecesario ya que los instrumentos judiciales avalan la práctica de interrupción del embarazo. En la misma línea y desde una lógica fundamentalista y conservadora, el ministro de salud del estado provincial, Hugo Cettour expresó que la niña debería continuar con su embarazo ya que la “naturaleza es sabia”. Tal frase, que remite a los clérigos de la Edad Media y es poco feliz en el contexto actual caracterizado por el proceso de secularización acaecido en los últimos siglos, muestra un nivel de anacronismo que asusta.

Días después  de presentar el pedido de autorización judicial por intermedio de su abogada, la madre de la niña violada desistió en forma sorpresiva de dicha intervención.

Las preguntas que desde este espacio nos realizamos luego de analizar este suceso son: ¿puede una niña de 11 años no ser impactada física y emocionalmente  en su salud luego de un abuso sexual y posterior embarazo? ¿Es simplemente una niña- incubadora ? ¿Desde que principio se la protege al momento en que la niña pide volver a ser una niña? ¿Quiénes son los guardianes de su vida que no se molestaron en informarle de todos sus derechos ? ¿Los que si lo sufrieran en carne propia, en su mayoría irían corriendo al hospital privado más cercano para hacer el aborto de manera silenciosa silencioso? ¿Y el Protocolo de atención a las víctimas y la guía de los abortos no punibles, no valen para las niñas pobres? ¿Desde que lugar, principios y valores actúa el estado entrerriano?

Y aquí emerge la pregunta que más nos preocupa: ¿Por qué el silencio del Estado nacional?. Existen datos elocuentes de la posición que han tomado en estos últimos meses algunas provincias y gobernadores que han expresado su opción “pro vida” (que en el caso de esta niña es mas que discutible donde se encuentra la vida), que es alimentado, como se sabe, por sectores ajenos a la responsabilidad estatal como es el caso de la Iglesia.Pero lo que sí sorprende es la actitud del Ministro de Salud de la Nación. Su silencio, hasta que no exista una declaración en contrario, es tácitamente una aceptación de la posición de su par provincial.

Ante la evidencia de, la no utilizada en este caso, protección estatal y social amparada en las leyes anteriormente nombradas mas las dos especificas como son las leyes nacionales 26061 (de Protección Integral de los derechos de niñas, niños y adolecentes) y 26485  (de Protección Integral contra la violencia contra las mujeres), resulta al menos asombroso, que desde las más altas esferas del Estado nacional no se haya tomado una posición más clara (como sí ha tenido en innumerables situaciones) sobre el pisoteo en los derechos de las niñas pobres.

Salvo algunas excepciones este silencio oficial colisiona frente al conjunto de medidas de ampliación de derechos y garantías hacia las mujeres tomadas por este gobierno a lo largo de los últimos años. El kirchnerismo, que tiene en su haber una serie de iniciativas que le otorgó status de igualdad de género a muchas de sus decisiones, tendrá en un futuro cercano que tomar una posición respecto al tema que subyace en este y otros casos, como es el derecho al aborto. Amén (y el término es utilizado adrede) de la siempre evocada “libertad de conciencia”, un gobierno que ha hecho de la ampliación de derechos cívicos y sociales de vastos sectores de la sociedad y haber dado respuesta a los sectores más vulnerables de la misma con la AUH, su principal valuarte, debería en consecuencia, garantizar el derecho a las mujeres más pobres de la sociedad a acceder libremente a un amplio abanico de los derechos sexuales y reproductivos.

A sabiendas que es una temática compleja, esta cuestión no debería dirimirse en el terreno de las creencias personales, ni valores subjetivos, sino en el campo de la salud pública que es el marco donde hay que ubicarlo. Los datos y vivencia del sufrimiento de miles de mujeres que año a año se enfrentan en forma individual al aborto clandestino, muchas veces pagándolo inclusive con su propia vida, necesita, al menos, de un debate franco y abierto en toda la sociedad y de una legislación que acompañe la garantía de los derechos. La incansable lucha de muchas organizaciones de mujeres  y de las más pobres del país lo siguen esperando.

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)