De liderazgos, proyectos y reelecciones

¿Es viable una reforma constitucional para eliminar la cláusula de reelección por un solo periodo?¿Está el kirchnerismo en condiciones de lograr los dos tercios necesarios para reformar la Carta Constitucional?¿Desea Cristina un tercer mandato?¿Soporta nuestro país una tercera vuelta presidencial? Y para formularlo en término del muy citado post del Escriba: ¿Cuánto conflicto traería aparejada esta reforma constitucional?¿Podrá administrarla el gobierno?

A lo largo de estas últimas décadas se ha producido en Sudamérica distintas reformas constitucionales con la finalidad de habilitar la reelección presidencial, sea por un nuevo periodo o de forma permanente. Este mecanismo institucional no constituye una novedad para estas latitudes. Durante estos últimos años se han producido varios intentos exitosos y fallidos de reformas que tuvieron por objetivo primordial la permanencia del líder de un partido o alianza de partidos al frente del gobierno.

En el interior de Sudamérica se presenta un conjunto de países que pueden alinearse en celdas excluyentes a partir de un parecido de familia en cuanto al desarrollo económico, a niveles educativos y de una emergente clase media, a la capacidad estatal, a procesos de industrialización y a una historia común ligada a la cuestión migratoria. Argentina, en ese marco, se acerca más a un cuadrante en el cual se ubican Uruguay, Chile y Brasil, que el que pueden compartir, por otro lado, el resto de los países sudamericanos quienes ofrecen un particular colorido en los términos señalados en los párrafos precedentes.

Desde esta división propuesta, por lo tanto, nuestro país tendría una afinidad mayor con los modelos brasilero, chileno y uruguayo. ¿Qué nos muestra la experiencia de esos tres países en cuento a la factibilidad reformista? Veamos: en cuanto a Brasil, el liderazgo presidencial de Lula, que tuvo su génesis en las luchas en el campo sindical y que se fortaleció luego de las 3 derrotas consecutivas presidenciales, era indiscutido a la hora del recambio presidencial en 2010. Con una imagen positiva que alcanzaba el 80% de aceptación y un liderazgo natural en el interior del PT (que le permitió ungir como candidata a una desconocida Dilma Rousseff), Lula se encontraba en condiciones de avanzar hacia un tercer mandato presidencial. Sin embargo, lejos de intentar forzar la constitución, el ex tornero paulista, eligió “que haya una especie de alternancia en el poder” para evitar convertirse, según sus palabras, en un “dictadorcito”

En cuanto al país trasandino, encontramos dos casos: el de Lagos y Bachelet. Ambos culminaban sus mandatos con muy altos niveles de aceptación (superior a 80%, e histórico el de Michelle), y en los dos casos no intentaron reformar sus constituciones. Se debe aclarar que en el caso chileno, la reelección inmediata no está permitida siendo posible luego de un periodo, por lo cual el intento reeleccionista implicaba alinearlo con la mayoría de los países de Sudamérica que tienen “la inmediata”. Sin embargo, y a pesar de tales niveles de aceptación, los dos líderes desistieron de prolongar sus mandatos en forma consecutiva.

En cuanto a Uruguay encontramos el caso de Tabaré, quien también al filo de la culminación de su mandato contaba con una adhesión popular por demás significativa. De hecho, luego de varios debates en el interior del parlamento y el Frente Amplio, el líder uruguayo, desistió de la alternativa reeleccionista y apostó a su delfín Astori quien no pudo vencer a Mujica en la interna del FA.

El denominador común de las tres experiencias es que los cuatro líderes presidenciales en condiciones de continuar (por nivel de popularidad y apoyo popular, específicamente) renunciaron a la posibilidad de reformar la constitución con la finalidad de reelegirse. Es cierto que las razones de la negativa obedecieron a diferentes causas, pero un elemento que confluye tiene que ver con la tolerancia de esas sociedad a modificar el status quo vigente (parte de ese apoyo popular se explica porque esos líderes desisten de jugar por un periodo más) en beneficio de su propio y único interés.

Volvamos a nuestro país: Durante la semana, sectores de la oposición expresaron que el año próximo el oficialismo intentará instalar el debate de la reforma constitucional con la evidente intención de lograr la reelección indefinida. La elección legislativa del 2013 marcará el termómetro político sobre la viabilidad política de la reforma. La escasa, hasta hoy, propuesta del kirchnerismo paladar negro por afuera de la de CFK, sumado a la amenazante alternativa de una candidatura como la de Scioli, prueba que el mapa político de los próximos años estará marcado por este debate.

Las condiciones, de llegar al año próximo con una sólida situación económica y manteniendo el actual nivel de adhesión, sería similares a las que transitaron los líderes de los países vecinos y estará en la presidenta la decisión de avanzar hacia un nuevo mandato o repetir la ecuación de Lula, Lagos, Bachelet y Tabaré. Esta alternativa transitada por los países señalados tuvo suerte dispar (exitosa en Lula y Lagos, mediana en Tabaré y derrota en Bachelet) y descansaría en que interior del universo del oficialismo, CFK seleccione un candidato/a a sucederla.

Los países que muestran más similitudes a la Argentina han resuelto transitar el camino de la alternancia dentro del mismo universo partidario. Es decir, no intentaron avanzar hacia la reelección y apostaron a un delfín hacia dentro de su espacio. Los líderes presidenciales de esas sociedades ahora observan a sus sucesores (menos el  caso chileno) y no han decidido volver al ruedo político (Tabaré insinúa más, Lula avisó que depende del éxito de Dilma y Bachelet y Lagos siguen de vacaciones), aun manteniendo niveles significativos de popularidad. Sus proyectos han tenido suerte dispar. Lo que se asemeja más a una continuidad tal vez lo expresa Brasil. Esto evidencia que el liderazgo no es trasladable a otra figura, ni siquiera del mismo palo político (el caso de Bachelet- Frei es antológico) y por lo tanto, un líder que se retira con un abrumador porcentaje de aprobación no necesariamente facilita la victoria de su designado sucesor.

Aquí se evidencia la relación de tensión entre los proyectos partidarios y los liderazgos. Es decir, la relación que se establece entre un proyecto económico y político y el líder que lo inspiró es, en mi concepto, una correlación difícil de escindir y más cuando la profundidad de la transformación y el cambio en esa sociedad marcó a fuego los pilares del entramado económico y social. Y de establecer si ella es una relación contingente o determinante para su perdurabilidad, resulta ser un interrogante trascendental para dar cuenta de los caminos que tienen a disposición dichos líderes.

Entonces: el interrogante capital, el que inspiró el espíritu de este post, está en responder si es posible que un proceso político tan íntimamente asociado a un liderazgo personal (y de características transformadoras) sea trascendido a la figura principal de quien lo encarna. Es decir, para plantearlo en términos de pregunta: ¿hay kirchnerismo sin conducción de CFK? ¿Hay “ismo” sin la parte que la antecede?. Si esta respuesta es negativa, la siguiente será develar si hay “soporte popular” para “bancar” una nueva reforma. ¿Dejará Argentina el cuadrante B- Ch- U y pasará al de los reelegibles indefinidos?¿Se acabará el kirchnerismo si Cristina decide no ser candidata?. En síntesis: la continuidad de CFK en el gobierno ¿es la condición necesaria y suficiente para la continuidad del proyecto kirchnerista?

 

La fotografía proviene del blog: http://chinganitaperu.blogspot.com.ar/2009/11/dream-team-presidentes-de-america-del.html

 

 

 

 

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)