Duda, jactancia y kirchnerismo

Porque todas las cosas importantes son peligrosas…“. (Platón, La República, 497 d. 9).

Con esa cita finalizó Martin Heidegger su discurso de toma de posesión del rectorado de la Universidad de Friburgo, el 27 de mayo de 1933. Y a continuación pronunció tres “Heil Hitler”. La polémica en torno a este tema -del que no soy experto- es enorme y continúa hoy en día.

Lo que implica esa discusión me hace acordar, de manera exagerada, a tres o cuatro preguntas que suelen asaltarme en las mañanas: ¿Qué es el kirchnerismo? ¿Qué implica apoyar determinadas políticas o el posicionamiento que el kirchnerismo adopta en el debate público? ¿Cuáles son las consecuencias de enfrentar al kirchnerismo?

1.

Para responder la primera pregunta vale la pena ampliar el foco. El kirchnerismo es la forma concreta que tomó en la Argentina la ola latinoamericana de gobiernos que actúan en base a la heterodoxia y que no cumplen de manera automática los dictados de Washington ni los de los otrora poderosos oragnismos internacionales de crédito. Nómbrelos usted.

Es además la consolidación de la forma que encontraron los dirigentes políticos profesionales argentinos -administradores del período democrático iniciado en 1983- de darle una determinada estabilidad institucional al país luego la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. Esto (hemos argumentado sobre todo aquí y aquí) implicó rupturas y continuidades con respecto al período previo a la crisis.

¿Que a mí me hubiera gustado otra salida? Ya lo creo. ¿Que “piquete y cacerola la lucha es una sola”? Sí, pero hasta ahí. ¿Que a usted y a mí no nos gustan el 78 por ciento de los dirigentes que integran el oficialismo? Comprendo. Pero la vida es así.

Para hacer más compleja todavía más la cuestión, súmele el hecho de que el kirchnerismo es una determinada expresión del peronismo. Responder entonces a la cuestión de qué es este proyecto político es por lo tanto tan complicado como que, a cada cosa que usted piensa de este gobierno -buena o mala-, yo no tenga otra posibilidad que contestar “sí, también es eso”. Se pueden armar cientos de pares: Corte Suprema independiente y sostenimiento de un patrón desigual de distribución del ingreso; mejora de los índices sociales y acuerdos con ciertos sectores empresarios; alianza con los gremios más combativos de la CGT y Ricardo Jaime; política exterior independiente y Mario Ishii.

2.

Ahí nos acercamos a la segunda pregunta. ¿Si yo apoyo, qué estoy apoyando? Por lo pronto, quiera o no, uno avala una ristra de cuestiones que han estado en la agenda de los sectores progresistas en los últimos 20 años -lea el párrafo anterior y filtre-. Traducido para el cuerpo a cuerpo de la discusión de café: el kirchnerismo es el progresismo-realmente-existente.

El tema viene a pasar por otra pregunta ¿cuánta pelusa se banca usted en el durazno? Y ahí hay para todos los gustos. En la respuesta juegan las identidades partidarias, las identidades socio-culturales hasta las historias personales. Sumado a esto, a la hora del apoyo hay un ítem que no es nada menor para el comportamiento del progresista-medio: la culpa, el temor. ¿A qué, dirá usted? Sobre todo a no quedar del lado del antiperonismo, de lo no-popular, del no-pueblo. Quedar de ese lado del mostrador le pasó a todas las fuerzas políticas que no integran el peronismo en, por lo menos, algún momento de los últimos 50 años. Y hay quien, quizás por exceso de cautela, no quiere repetir eso.

3.

Enfrentar al kirchnerismo es necesario, así se lo quiera destruir o (keyword, atenti) superar. ¿Pero cómo hacerlo sin beneficiar a los principales sectores de la derecha en la Argentina? El “síndrome del pequeño productor agropecuario” acecha. En ese caso, los que tienen pocas hectáreas se enfurecen porque son los más perjudicados por las retenciones. Y terminan haciendo piquetes para la Sociedad Rural y otras instituciones de triste trayectoria.

Dicho de otro modo y para volver a la cita del inicio -especulo- quizás Heidegger quería un “Partido” que fuera “Nacional”, “Socialista” y “de los Trabajadores” y creía de manera ferviente en dejar en el pasado el régimen liberal anterior, lo que suena bien. En teoría, claro. Como sabemos, en todo aquello había más de cuatro ingredientes horrorosos.

Los ingleses tienen usan a veces una expresión: “To throw out the baby with the bath water“. El tema es cuánta agua sucia y cuánto bebé va quedando en la bañera. Y eso no se resuelve con cada uno de nosotros sentado en casa. Se resuelve en la arena política. Engordando al bebé o pudriendo el agua. No tengo una respuesta de antemano. No sé qué pensaré de todo esto dentro de tres años. No sé qué pasará, como está tan segura Elisa Carrió, cuando miremos a nuestros hijos a los ojos dentro de algún tiempo. Pero bueno, los riesgos están planteados. Y hasta donde sé, “todas las cosas importantes son peligrosas“.

: "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).