El poskirchnerismo, desde el kirchnerismo

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Hay algunos datos, partículas en la historia, en las sucintas biografías políticas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (sucintas por faltantes o zonas grises) que a mi gusto no se charlan demasiado. Hay asuntos sobre las que a uno le gustaría saber más. Ejemplo 1: cómo formulaban exactamente la crítica que hacían ambos, de jóvenes, a la fulera radicalización montonera, más o menos para el año 74 o 75. Ejemplo 2: sus vidas en dictadura y su relación con el tema de los derechos humanos antes y durante sus gobiernos en Río Gallegos y Santa Cruz (alguna vez circuló un video en el que Néstor, a la salida de la dictadura, amaga con pedir juicio y castigo). Ejemplo 3: me interesó, de la entrevista que le hizo Hernán Brienza a Cristina, la alusión que hizo sobre su voto a la fórmula Perón-Perón desde la boleta del FIP.

Del pasado político más reciente del tándem Néstor-Cristina hay una referencia particular que hizo la Presidenta varias veces y que tiene que ver con la decisión sostenida por ambos de no romper con el PJ en los 90, como sí lo hicieron los diputados del Grupo de los 8. Cristina repitió que la idea fue resistir desde dentro del peronismo entonces oficial, incluso aunque la expulsaron del bloque parlamentario menemista. Otro elemento en potencia revelador del discurso de Cristina tiene que ver con el uso crítico de la expresión “pejotismo” versus la palabra “peronismo”. Ella subraya el énfasis sin necesariamente terminar de afinar el sentido; hay más de sobreentendidos que de explicitaciones. Volvió a hacerlo en la entrevista con Brienza (¿soy gorila si digo que me hubiera gustado escuchar también preguntas/respuestas sobre clásicos del presente: inflación, seguridad, transporte público, déficit energético, relación con diversos actores políticos y sindicales?).

Arranco con este galope de superficie sobre definiciones políticas del pasado de la Presidenta para preguntarme por la idea de un eventual poskirchnerismo… vista desde el kirchnerismo. Es decir, no sobre la idea instalada por derecha, aunque relativamente verosímil, del “fin de ciclo”, sino la pregunta acerca de qué será de la vida del kirchnerismo que hoy conocemos, Que será desde ahora mismo, que será en unas semanas tras el resultado de las próximas legislativas, que será tras las presidenciales del 2015. El “ahora mismo” refiere a algunos de los sacudones fuleros que ya estamos atravesando: de la primera declaración de Martín Insaurralde sobre la baja de la imputabilidad a la designación de Alejandro Granados como secretario de Seguridad; de las primeras o segundas fugas hacia el massismo a los dichos de Hugo Curto y la acción de gendarmes encapuchados en el conurbano. Como la toma de decisiones en el kirchnerismo no se caracterizan por ser diáfana, puede suponerse –sólo suponerse– que o bien la Presidenta “dejó hacer” a Scioli e Insaurralde otorgándoles autonomía en canje por su lealtad política; o que ambos ya se ganaron esa autonomía por pérdida de poder de la Presidenta. O, según la lectura de la derecha, que Cristina decidió abrirse de esa toma de decisiones, y acaso de la campaña, para que los costos los paguen ellos (la interpretación no parece válida: los costos de una derrota agravada en octubre los pagará el kirchnerismo en su conjunto).

Contra cierto feo aroma 1975 que emana de las figuras, prácticas y discursos de Granados o Curto, fue saludable que varios referentes kirchneristas dijeran públicamente que la idea de bajar la edad de imputabilidad no está en la agenda. O acaso mejor: no está en lo más bonito de la cultura política kirchnerista. Me pregunto si estos crujidos pueden tomarse como anticipo hipotético de lo que pudiera ser algún poskirchnerismo del kirchnerismo; la idea de un hipotético kirchnerismo futuro menos “extenso” y complejo, más breve pero transitoriamente recostado de manera más compacta en los valores y contenidos más audaces del peronismo y algunos otros venidos de otros pagos, incluyendo al (maldito) progresismo o los paquetes temáticos de los derechos humanos de tercera generación.

 

Fin de ciclo/ repliegue ordenado. La idea de “fin de ciclo” instalada por el conservadurismo es la de un fin total, definitivo. Lo que Carta Abierta llamaría el triunfo de la restauración conservadora y adiós para siempre a las alegrías que vivimos en estos diez años. Antes de la victoria electoral del 2011, en épocas todavía difíciles, en el propio kirchnerismo se discutían escenarios acerca de cómo podía darse/ordenarse, en caso de derrota, un “repliegue ordenado”. La opción Scioli ya se manejaba entonces como un escenario de resignación contenido o suavizado en un punto de optimismo: acaso Scioli Presidente pero con un Congreso más o menos hegemonizado por diputados, llamémosle así, cristinistas, más la fuerza de la calle o la construcción política. Hoy incluso ese escenario parece complicado. Y como el kirchnerismo no tiene “una orgánica” de discusión sino que es más bien un complejo sistema de fragmentos dificultosamente conducido por una (sucinta) cúpula de poder, las cosas del futuro más bien se murmuran en diálogos informales, algo temerosos. Ningún militante, ni siquiera dirigentes de primera y segunda línea, me parece a mí, tienen dónde discutir el eventual escenario de salida 2015 en caso de derrota electoral. Hay autocríticas, hay buenas y opinables respuestas oficiales tras las PASO, hay rezongos, hay primeras quejas por “no escucha” o por “los problemas de la comunicación”, asoman dolores, pero lo que llama la atención (como consecuencia previsible de la ausencia de una “orgánica”) es que no se discute, no hay dónde, lo esencial: el qué se debe hacer para preservar el complejo espacio político-cultural que contenga y sostenga lo mejor del kirchnerismo en el futuro mediato. ¿Qué será del kirchnerismo el día eventual en que no se cuente con el Estado como sistema de inclusión, contención y disciplinamiento de dirigentes, técnicos, profesionales, militantes? ¿Qué será de esos otros espacios de contención, los del “periodismo kirchnerista” sin gobierno kirchnerista?

Incluso antes de que estallaran los grandes espacios de representación partidaria (cosa que en mi opinión comenzó a suceder bastante antes del 2001), sobran experiencias de lo que fue la dispersión del activo de las fuerzas políticas tras distintos episodios electorales: sucedió con las izquierdas, las centroizquierdas, el Frepaso, el radicalismo y los infinitos peronismos, incluyendo la renovación de los 80. No encuentro por ahora que de manera pública el extenso activo kirchnerista se prepare (o esté en condiciones de) para debatir ese mismo riesgo. Riesgo que, es cierto, puede ser menor que el conocido en experiencias anteriores (aunque puedan sobrar pálpitos sobre fugas de intendentes, gobernadores o legisladores), porque el kirchnerismo, entre otras cosas, por un tiempo interesante podrá sostener una importante fuerza parlamentaria propia.

 

Que será de Cris. Una cuestión vital y semidesconocida para afinar estas indagaciones consiste en saber qué pasará por la cabeza de la propia Presidenta acerca de este asunto. Es pura intuición sin datos, pero a veces da la sensación de que acaso ella entienda o sienta que ya demasiado dio de sí y que quizá no tenga la voluntad de seguir siendo la líder natural… de un kirchnerismo en la oposición. Suponiendo que fuera así, ¿qué sería del kirchnerismo sin ella o con menos de ella? ¿Podría darse un fenómeno virtuoso de mejor emergencia de otras figuras menos potentes pero valiosas compartiendo el liderazgo y el repliegue ordenado, en el eventual escenario de derrota en 2015? ¿El fin de la crisdependencia de estos años se trocaría en otra conformación del kirchnerismo,  en diásporas, en divisiones, en un colectivo más homogéneo? Siendo que están tan naturalizadas en el kirchnerismo la centralidad de Cristina y hasta las expresiones opinables del tipo “la Jefa”, ¿cuál es el papel del “abajo kirchnerista?

Hace hoy exactamente una semana postée en Facebook un resumen de todo esto, como tirando una botella al mar. Acompañé el post con una imagen medieval de un Arca de Noé: “Modesta proposición. Es necesario ir imaginando de qué modo lo mejorcito de la gente que se enchamigó (y aquellos a los que no se llegó o se expulsó) en estos años políticos siga cerca. En redes, en nuevos o viejos espacios, en asados, en institutos de reflexión y producción de conocimiento, resistencia y propuestas. Hablo de los mejores funcionarios y legisladores, intelectuales, blogueros, activistas sociales, periodistas, profesionales, laburantes de todos lados. No digo que venga el diluvio (el dibujo es sólo un chiste). Digo que hay que recrearse, sostenerse, no correr el triste riesgo de la dispersión”. Recibí unos cuantos like y unos pocos comentarios.

Va de nuevo: ¿no conviene ir pensando en estas cosas, o no convendría pensarlas incluso aunque cambiara a favor el escenario de los próximos dos años, en otra de esas remontadas heroicas del kirchnerismo?

Apenas veo esta discusión en público y sí un potente puñado de enigmas: ¿qué se discutirá sobre estas cosas en la reducida mesa chica del gobierno? ¿Qué rol les cabrá a unos cuántos y buenos referentes “mayores”: Tomada, Taiana, Garré, Rossi o los que quieran ustedes sumar? ¿Qué será de la vida, la perdurabilidad y el accionar de los espacios de los movimientos sociales, del Evita, la Tupac, La Cámpora, infinidad de agrupaciones kirchneristas hoy atomizadas en todo el país? ¿Qué otro “Unidos y Organizados” debería haber que supere el actual estado de cosas? ¿Qué será de la falta de trabajo político en los territorios sindicales? ¿Qué será de las decenas de blogs, de Carta Abierta, de los militantes de las villas, de los docentes y buenos pensadores que simpatizan con el kirchnerismo en las viejas y nuevas universidades? ¿El kirchnerismo 2015, en caso de derrota, será “la nueva resistencia” de la restauración conservadora? ¿La siembra cultural del ciclo kirchnerista dejará de hecho ese acumulado de resistentes futuros como para hacerle la vida difícil a la restauración conservadora? ¿Será acaso que se resistirá desde dentro el PJ, como insinúa Cristina que hizo en el pasado?

Decía al comenzar que hay algunos datos en la biografía y los dichos políticos de Cristina, partículas de historia y de definiciones, sobre los que me gustaría saber/discutir más. Cierro con esa misma secuencia, con otra apelación que solía reiterar Cristina muy pocos años atrás acerca de la necesidad de “institucionalizar” al kirchnerismo. Nunca me quedó claro si hablaba de institucionalizar las transformaciones acumuladas, el “proyecto”, el “modelo”, aspectos jurídicos del modelo, o si hablaba de institucionalizar al propio kirchnerismo como espacio de representación política. Haya mayor o menor optimismo respecto de lo que nos espere de aquí al 2015, la idea de institucionalizar al kirchnerismo, y de hacerlo no sólo desde arriba sino desde abajo, merece ser discutida. Si antes era una discusión apenas larvada, “una deuda pendiente”, ahora parecería que hay que apurar la charla.

Foto (seleccionada por los editores).