El stop and go, las divisas que faltan y la fuga de capitales: una novela en capítulos

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En su última participación en la comisión de economía de Carta Abierta, Mario Rapoport deslizó que cansado ya de oír teorías sobre los recurrentes ciclos de stop & go en la Argentina, una interesante forma de analizar la escasez de divisas que aletarga el crecimiento económico podría ser estudiar la plata que se fue, en lugar de la plata que es necesario ingresar.

Y la que se fue, ciertamente es mucha: El último stock de capitales fugados del que se tiene estimación corresponde a 2012 y alcanza los 374 mil millones de dólares. Lo que equivale a un 62% del PIB, pero que está fuera del sistema.

Si la ecuación fuera correcta, la Argentina al margen de su economía regular, tendría por fuera de su sistema el equivalente a toda la economía de Colombia.

Las aproximaciones surgen de cálculos relativamente moderados, que presentaron el año pasado en un informe los investigadores del Cefid-Ar Jorge Gaggero y Magdalena Rua, junto al investigador del IDAES-UNSAM Alejandro Gaggero.

 

Como un cuento

Los famosos ciclos de stop & go entonces podrían tener dos grandes vertientes desde donde analizarlos: Los causantes de la escasez de divisas (provocada por ejemplo por baja de precios internacionales, malas cosechas o déficits energéticos) y la necesidad de divisas (es decir, cuántos dólares necesita la economía para no detenerse y cómo puede conseguirlos).

Claro que el problema es mucho más complejo, pero permítaseme simplificarlo así: el crecimiento industrial es dependiente de las divisas necesarias para importar insumos, que son aportadas por el sector agroexportador a partir de su comercio con el exterior. Cuando esas divisas no alcanzan (porque se usan para otra cosa o porque el agro se desinfla), el proceso de industrialización se detiene.

  • Una forma posible de resolverlo podría ser poner un cepo a la venta de dólares, limitar las importaciones que no hacen a los núcleos neurálgicos del proceso industrial y direccionar las divisas disponibles a las necesidades básicas (¿definidas según…?).
  • La otra, devaluar: Limitar las importaciones por el tipo de cambio, promover las exportaciones por competitividad de moneda, y por tanto reincorporar divisas al sistema. Con costos altos, claro.
  • Una tercera salida podría ser endeudarse en dólares. Que entren dólares financieros a la tasa que afuera te marcan y que los pague el que viene.
  • Una cuarta opción sería vender activos del país a conglomerados extranjeros; privatizar áreas del Estado para que ingresen divisas frescas y se recorte el gasto público.
  • Y la última que aquí se me ocurre: Propiciar el ingreso de Inversión Extranjera Directa (IED) que traiga dólares y maquinarias al país para suplir las limitaciones de las importaciones.

Volvamos a la fuga

La Argentina es hoy la cuarta nación (después de Trinidad y Tobago, Venezuela y Panamá) en el ranking regional de fuga de capitales de América Latina y el Caribe. “La relación riqueza offshore/PIB de Argentina, algo superior al 62%, resulta dos veces y media superior a la de Brasil (24%) y duplica largamente la de México (40% aproximadamente)”, asegura este estudio de Gaggero.

Naturalmente, además de los depósitos y giros al exterior, otra modalidad que asume la fuga de capitales es la tenencia de divisas por fuera del sistema financiero, pero dentro del país, ya sea en cajas de seguridad o atesorado en casas particulares.

Como sea, la cauta suma para 2012 dio específicamente 373.912 millones de dólares; total al que arribaron utilizando un método residual de balanza de pagos para determinar la salida anual de capitales, incorporando su rendimiento financiero acumulado a lo largo de los años, “mediante criterios sumamente conservadores”.

 

Cruzar datos. Hacer preguntas

¿Cuántas divisas en concreto fueron las faltantes que generaron los distintos ciclos de desaceleración o recesión por detenimiento de la industria?

¿Cuánta riqueza generada en los períodos de expansión se fugó ilícitamente o se fugó lícitamente en repatriación de utilidades?

Dentro de este marco de análisis, el dinero que se fuga genera dos perjuicios. Primero, es plata que no se vuelca a profundizar el proceso de industrialización. Segundo, son divisas que financian las arcas del país, limitando el posible uso de esas mismas divisas para financiar importaciones de maquinarias o insumos necesarios para el sector industrial.

Imagínese usted si esta hipótesis tuviese cierto grado de veracidad: La fuga ilegal de capitales y la repatriación de divisas a casas matrices o filiales extranjeras representó para la industria igual o más perjuicio que la limitación de divisas generada por la caída de los precios internacionales del agro o por los déficits específicos de algunas cuentas, como por ejemplo la energética.

¿Acaso es tan difícil de comprobarlo? ¿Qué deberíamos hacer entonces, si fuese correcta la hipótesis?

 

Las islas del tesoro

Sería injusto adjudicar este fenómeno de la fuga a una realidad local, a un gen argentino, porque es parte de un sistema definitivamente globalizado.

El periodista Nicholas Shaxson publicó en 2011 el libro “Las islas del tesoro. Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo”, que este año reedito el Fondo de Cultura Económica en una edición en español. Se trata de una de las investigaciones más detalladas y minuciosas al respecto, en la que concluye que más de la mitad del comercio internacional pasa por los paraísos fiscales.

Y aunque son muchos los canales para fugar dinero, Shaxson describe extensamente una “triquiñuela común en el mundo extraterritorial”, como lo es la manipulación de los precios de referencia.

“Acomodando los precios de la transferencia interna, las multinacionales pueden trasladar las ganancias a un paraíso fiscal con bajos impuestos y los costos a los países con altos impuestos, donde los gastos pueden deducirse de la suma por la que corresponde tributar”, indica en Las islas del tesoro.

También para el caso local los investigadores Jorge y Alejandro Gaggero y Magdalena Rua advierten respecto de esta operatoria como una de las más utilizadas para sacar dinero del sistema argentino: “la sobrevaloración de las importaciones y el manejo de los precios de transferencia siguen el orden jerárquico de las maniobras usuales”.

Previamente, el estudio había detallado que “las vías de evasión y elusión de mayor importancia parecen ser las ligadas a la exportación de commodities, a saber: el ´contrabando exportador´; el fraude en la declaración acerca de la composición de las exportaciones a granel (cerealeras y mineras); la subfacturación de las exportaciones; y la “triangulación” de las operaciones a través de paraísos fiscales”.

 

Las bananas de oro

El libro de Shaxson goza de una capacidad didáctica que por momentos espanta de tan obvia.

Entre sus casi 500 páginas de investigación, el periodista cuela un ejemplo (entre muchos otros) que vale aquí reproducir textual:

 

Consideremos el ejemplo de las bananas.

Cada racimo de bananas toma por dos rutas hasta llegar a nuestra frutera. La primera ruta involucra a un trabajador hondureño, empleado por una multinacional, que recoge las bananas a ser empacadas y enviadas a Gran Bretaña. La multinacional vende las frutas a una gran cadena de supermercados, que a su vez nos la vende a nosotros.

La segunda ruta –los registros documentales de contaduría- es más indirecta. Cuando se vende una banana hondureña en Gran Bretaña, ¿Dónde se generan las ganancias finales desde el punto de vista impositivo? ¿En Honduras? ¿En el supermercado británico? ¿En la sede estadounidense de la multinacional? ¿Cuánto aportan las competencias de gestión, la marca o el seguro a las ganancias y los costos? Nadie puede decirlo con certeza, así que los contadores pueden más o menos inventarlo. Por ejemplo, podrían aconsejar a la empresa bananera que maneje su red de ventas desde las Islas Caimán y sus servicios financieros desde Luxemburgo. La multinacional podría localizar su marca empresarial en Irlanda, su brazo transportista en la Isla de Man, sus competencias de gestión en Jersey y su filial de seguros en Bermudas.

Supongamos ahora que la filial financiera de Luxemburgo le presta dinero a la filial hondureña con un interés de 20 millones anuales. La filial hondureña deduce esa suma de sus beneficios locales, y así los reduce o los elimina por completo (junto con los correspondientes impuestos). Por su parte, los 20 millones de ingresos adicionales que obtiene la filial de Luxemburgo sólo son gravados según la exigua tasa impositiva de Luxemburgo, propia de los paraísos fiscales. Con un toque de su varita mágica, el contador ha hecho desaparecer una abultada cuota tributaria y el capital se ha fugado al mundo extraterritorial.

Foto.

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