Igualdad, divino tesoro

Este post proviene de algunas discusiones y apuntes de María Esperanza Casullo y Nicolás Tereschuk.

Que en el debate público de la Argentina hayan resultado una “sorpresa” las conclusiones del informe que difundió el Banco Mundial sobre el crecimiento de la “clase media” marca importantes falencias de cómo el Gobierno y buena parte de los intelectuales argentinos han (¿hemos?)  venido interviniendo en ese debate. ¿Por qué entonces para ningún medio de prensa del mundo es una novedad que Brasil haya incorporado millones de personas a sus “clases medias” pero sí parece serlo que la Argentina lo haya hecho?

Dice el informe que la Argentina es el país de la región en donde más creció la clase media. Aseugra la gacetilla que sintetiza el informe que “para Argentina, la clase media aumentó en ese periodo de 9.3 millones a 18.6 millones. Ese aumento de más de 9.3 millones representa un 25 por ciento de la población total de Argentina, el mayor porcentaje de crecimiento de la clase media en toda la región durante la última década, seguido por Brasil con 22 por ciento y Uruguay con 20 por ciento.”

Pero claro. Se dirá seguramente que la clase media creció en toda la región y que esto es simplemente el efecto derrame de una década de crecimiento económico generalizado.

Sin embargo, si miramos en la página 5 del informe veremos un cuadro en el que el Banco Mundial desagrega el impacto del “crecimiento” y el impacto de la “redistribución” sobre los cambios de la clase media. En ese cuadro, puede verse que en Argentina el derrame del crecimiento explica alrededor de la mitad del crecimiento de la clase media, y la distribución la otra mitad. En ningún otro país parece tener tanto impacto la distribución, aunque Brasil y Uruguay están cerca de la Argentina.

Hay otro elemento interesante, que acerca también a la Argentina a los países “serios”, que es el tema de los ingresos fiscales. “El promedio de los ingresos fiscales totales en 2010 fue de 20,4% del PIB en América Latina, en comparación con 33,7% en los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OECD), por ejemplo”. El Banco Mundial separa ahí los casos de Argentina y Brasil,  donde en 2010, el total de los ingresos impositivos fue de 33,3% (en nuestro caso) y del 33,6 % en el vecino país. Así, en ese punto, la Argentina y Brasil se parece más al promedio de la OECD, específicamente a Hungría, como dice el informe, que al resto de la región.

Luego el informe se extiende en el hecho de que para el Banco, la movilidad en países como Ecuador y Perú provino de los “originalmente pobres”, en tanto que en Argentina y Uruguay, países con un ingreso per cápita inicialmente mayor, esa movilidad parece venir de los “orignalmente vulnerables”, que son individuos que tienen un ingreso per cápita de entre 4 y 10 dólares diarios.

Parece haber etonces en nuestro caso una “restitución de lo que fue” más que la creación de “nuevas” clases medias.

Dice así el informe que entre el 50 y el 60 % de la población de países como Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica se movió de un grupo a otro (pobre – vulnerable – clase media) en los últimos 15 años. Esa “movilidad” ha sido menor en Argentina, Guatemala, México, Nicaragua y Paraguay.

Entre los países con mayor movilidad (Brasil, Chile, Colombia y Costa Rica), aquellos que salen de la pobreza y pasan a ser vulnerables son más o menos la misma cantidad de los que pasan de vulnerable a clase media (dice el informe que pasar de pobre a clase media es algo que casi no ocurre en ningún lado en poco tiempo).

En contraste, seguimos citando el informe, la movilidad en países con menor movilidad total es en su mayoría de gente que entra en la clase media desde el grupo de los “vulnerables” (esto pasa en Argentina, Uruguay y Venezuela).

El “secreto a voces” de lo ocurrido en la Argentina se empieza a quebrar por otros lados. Por ejemplo, un paper coordinado por Nora Lustig y que para el caso argentino corrió por cuenta de la ex funcionaria menemista Carola Pessino (CEMA), señala que los impuestos directos y transferencias de ingresos provocaron la mayor caída de la desigualdad en la región en el caso Argentino (casi 4 puntos porcentuales) y en Brasil (algo más de tres puntos porcentuales).

“Argentina es el país que muestra la mayor reducción en pobreza extrema y moderada por ingresos. Perú es el que menos la redujo. Argentina gasta una considerable suma en transferencias directas de renta, alrededor del 90 por ciento de los indigentes y los pobbres están cubiertos y sus programas de transferencia de ingresos son bastante progresivos. Brasil es el que mayor monto gasta en transferenicas directas de fondos y la cobertura de la extrema pobreza es cercana al 70 por ciento. De todos modos, el programa más importante en términos de porcentaje del presupuesto -la Pensión de Circunstancias Especiales- no está dirigido a los pobres (es progresivo sólo en términos relativos pero no absolutos) y por lo tanto la reducción de la pobreza, aunque es la segunda entre cinco países es bastante más baja que en el caso argentino”.

El estudio dice que México gasta en su “Oportunidades” un cuarto de lo que gasta Argentina en la AUH en términos de porcentaje del PBI.

Y todo esto mientras, por ejemplo, leemos un paper (una primera versión aún no publicaa) de Andrea Repetto, de la Universidad Adolfo Ibáñez, que nos dice que la desiguadad en Chile es “alta” en términos interancionales. Chile rankea 15 si se compara el Indice de Gini entre 135 países (Banco Mundial, cerca de los puestos de  Seychelles, Paraguay, Ecuador, Lesotho y Ruanda. Entre los países de la OECD, Chile es el más desigual, 20 puntos por sobre el promedio. Y queel gato público y el sistema tributario chileno son “neutrales”: entre ambos no mueven la aguja del Gini ni un poco. Y eso por una combinación de, sí, un muy progresista gasto social (va dirigido a los pobres) pero sumado a un muy regresivo sistema impositivo que recauda poco.

No se entiende bien por qué el Gobierno no está expresando el impacto de las políticas sociales y otras políticas públicas argentinas en foros nacionales o internacionales o con mayor decisión en el debate público. No se entiende por qué no mejora la credibilidad de la totalidad de las estadísticas públicas si, al parecer, hay organismos internacionales y expertos insospechados de kirchnerismo que aún consideran que en parte son válidas y que complementándolas con otras fuentes alternativas muestran algo digno de ser mostrado. No se entiende bien por qué tenemos que sorprendernos a esta altura de este tipo de análisis que mencionamos acá. No se entiende bien por qué los intelectuales que mejor manejan estos temas tampoco sistematizan y difunden con el volumen adecuado información para contar lo que viene pasando.

No quiere decir que la gente vaya a seguir eligindo “kirchnerismo” por lo logrado. No quiere decir que los reclamos y obstáculos no se renueven. No quiere decir que estos logros no generen nuevas -o incluso mayores- tensiones, distintas a las de otros países de la región. No quiere decir -por favor- que no haya un cúmulo enorme de injusticias por desactivar en la Argentina. No quiere decir que entre los intelectuales todo esto no genere más y más fuertes debates, desacuerdos y contradicciones. Pero, al menos, digamos las cosa como son, con el volumen que corresponde.

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