Los senderos que, tácticamente, se bifurcan

La idea es casi menor y, tal vez, herética para algunas almas bellas que vienen acostumbradas a la tranquilidad de las buenas causas y proyectos que, vale decir, casi siempre a lo largo del kirchnerismo han “bajado” desde la cúpula a las bases.

Primera hipótesis: el Gobierno no es lo mismo que la fuerza política que le da origen.

Segunda hipótesis: el 54% de Cristina refuerza aún más –debe reforzar- esta diferencia entre gobierno y partido (o Frente, para el caso) planteada en la hipótesis anterior. A mayor porcentaje de votos, a mayor consistencia política de la fuerza, mayor obligación de dar respuestas a mayorías antes que a “minorías intensas”. ¿Implica esto,  tal como postulan algunos analistas, que el próximo gobierno que asuma en diciembre deberá correrse hacia el centro? No necesariamente, tal como postularemos en el apartado que sigue.

Tercera hipótesis: la fuerza política que da sustento al gobierno nacional es heterogénea, dispar, movimientista, fluctuante, maleable, pragmática. Todas esas cosas que repugnan a aquellos que dudan tanto de sus convicciones más íntimas que no pueden modificarlas aún ante su absoluta inutilidad. Porque macho es el que prueba cambiar, digamos, y no el que se aferra a la tranquilidad de lo conocido, a esa tranquilidad que te da la “conciencia esclarecida”. Y es esta virtud de la heterogeneidad lo que puede permitir, en esta nueva etapa, que los debates hacia el interior del frente electoral motoricen las profundizaciones del modelo que el gobierno, por lo descrito en el apartado Nro. 1 podría llegar a estar más complicado de encabezar.

(No. Alto. No se emocionen. No estoy planteando la existencia de ninguna vanguardia. Ya saben lo que pienso al respecto: las únicas vanguardias que me permito aceptar son las artísticas –por cierto, ya inexistentes también-. Para el resto, amigos, ni un paso atrás ni un paso adelante: con el pueblo, dialogando dialécticamente con él. Haciendo política, construyendo masa crítica reformista y renovadora).

Volviendo. Que debe ser hacia el interior de la fuerza política que se armen los quilombos y no hacia el interior del gobierno. Que la etapa precisa más compromiso de la militancia y de los cuadros intermedios para avanzar. Y que debemos esperar menos –y también ser más tolerantes (ya volveré sobre esto)- de nuestros funcionarios. Ellos, insisto, están para gobernar para todos. Nosotros estamos para construir ese todo y, sobre todo, las prioridades en ese todo.

Apartado: ¿por qué hay que hacer docencia política a los nuevos militantes y enseñar el “arte de la tolerancia”? Porque las nuevas generaciones son hijas del éxito. De las buenas. De los triunfos. Y, sobre todo, de las acciones que nos enorgullecen como nacanpopistas: AUH, matrimonio igualitario, jubilaciones, y lo que ya todos sabemos. Pero, caramba, quizás no siempre sea así. Quizás haya momentos en que haya que tomar medidas más difíciles de defender. Pongo un ejemplo: la reducción de subsidios a la clase media. Esta es una medida de estricta justicia distributiva y de carácter verdaderamente federal. Pero cuando a muchos de los que ahora llevan la calco de CFK le aumente la boleta de luz los quiero ver. Es ahí donde deberá estar la fuerza militante para dar el debate. En el cara a cara. Y no será fácil. Porque nunca es fácil explicarle a nadie que está bien que “le saquen” guita. Así que habrá que hamacarse y bancar. Y serán un bancar cualitativamente diferente a la comodidad de  enfrentar a la patronal campestre. Porque esos sectores de clase media que se quejarán son igual de laburantes e igual de votantes de Cristina que los militantes que deberán discutirles.

Último: mi expectativa central está puesta, en estos aspectos, en la juventud. En la organizada y en la suelta. Si hay algo que los jóvenes kirchneristas han sabido hacer hasta ahora podemos sintetizarlo en dos cosas: a) saber interpelar desde un lugar diferente, esperanzado y participativo a las nuevas generaciones, b) ocupar puestos de poder (sí, hacer política es ocupar puestos de responsabilidad y poder en el Estado como parte de un colectivo. Si no te gusta andá a Grinpís). Y el otro gran acierto, y que los diferencia de las juventudes políticas de otras fuerzas y otras décadas es el no resignarse a hacer “únicamente” política “sectorial”. Acá estábamos acostumbrados a dirigentes que usaban a los pibes para que repartan forros y organicen festivales de rock, pero que no jodieran en las grandes líneas del gobierno.

Bueno. Yo creo/quiero/deseo que la construcción juvenil del kirchnerismo está en condiciones y, también, tiene la obligación de construir una agenda en la cual concentrar su activo militante y dotarla de un sentido que exceda el marco del “acompañamiento”. Es la hora de empujar el carro, de hacerse cargo con algunos tópicos muy específicos: acceso a la primera vivienda para jóvenes, ley de alquileres y banco de hipotecas para jóvenes, despenalización del aborto y de la marihuana son algunos de los que, a vuelo, se me ocurren.

Como me decía mi vieja cada vez que me tomaba el micro en el pueblo para venir a estudiar: vos tirá, que yo empujo.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.