Los tiempos

Los tiempos

Todo el tiempo por delante que se va. Uno sale a la mañana de su casa para trabajar, como todos los días. Y puede no volver nunca. Un camión que te atropella en el semáforo, un balcón sobre tu cabeza, un tren que se lleva puesta una estación. Es un hecho. Y los tiempos para procesar esa circunstancia trágica son nulos: pedirle a las familias de los muertos paciencia es una intolerable falta de respeto.

El tiempo que corre. Un poco de tiempo es lo que falta a quienes ya tienen una sentencia acerca de quiénes son los responsables del choque del tren. Aventurar hipótesis, si uno pretende un mínimo de seriedad y de responsabilidad, es una berretada. Bien puede haber sido un accidente. Bien un error humano. Bien una decisión empresarial que obliga a circular un tren en malas condiciones. Eso deberá determinarse y determinarlo los que saben de esto. Pero no puede quitar, ese necesario transcurrir del tiempo, que alguien, en algún lado, debe asumir las responsabilidades que se derivan de la muerte de 50 compatriotas y centenares de heridos. Es, esto, megacianuro de golpe. Concreto.

El tiempo que se acaba. Uno sale a la mañana para el ministerio. O para la Secretaría. Y puede no volver mañana. Porque a veces hay que irse. O te tienen que ir. Como bien dijo Fede Vázquez en un tuit, la “responsabilidad” de un gobierno no es evitar las tragedias –siempre multicausales- sino que se mueva el tablero cuando las tragedias suceden.  Y el área de transporte, un núcleo central de políticas públicas de impacto directo en las sectores populares, necesita otras calidades, otro presupuesto y otra prioridad a la que tuvo desde 2003.

Vendrá un tiempo. Y vendrá y dirá que la “sintonía fina” tiene que hacerse cargo, todavía, de temas más bien gruesos.

 

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.