Nosotros

Hace dos años quedaba Néstor Kirchner allá, en Santa Cruz.

Y se terminaba de consolidar la idea de un “nosotros” que había comenzado a gestarse hacía ya tiempo. Crear un “nosotros” en política es algo que debiera ocurrir seguido porque es fundamental, pero en realidad sólo pasa cada tanto. Y por eso no tiene precio.

¿Y qué es ese nosotros? Pongo un ejemplo ajeno. Cuando vos te sentís parte de un cierto “nosotros-radical”, como les pasa a algunos sectores de la UCR, te deja de desvelar, por ejemplo, lo que hacen puntualmente “bien” o “mal” cada uno de los dirigentes radicales. No se trata tampoco de compendiar un “listado de políticas públicas” donde el arco se va poniendo cada vez más lejos. “Cuando hagan ley la Asignación por Hijo, ahí te juro que…“.

Más bien decir “nosotros” se trata de recordar una primera frase, una primera mirada y considerar que todo estaba trazado desde entonces. Se trata de ir a ver a tu equipo a todas las canchas. O a la mayoría. Y de alentar y putear. A tu equipo. Desde “nuestra” tribuna.

Decir “nosotros” quiere decir hablar de algo que tiene fronteras que se podrían definir como cuando se nombra un color, pero que a la vez necesariamente deben ser porosas y cambiantes. Fronteras que, llegado el caso, puedan contraerse y hacer más compacta y opaca una superficie que “abarcamos” pero también expandirse, llenarse de aire y de cosas y de gente y de ideas y donde las paredes se hacen más claritas, y livianas, como las de un globo bien inflado y se puede ver adentro. ¿Qué había adentro?

Así, ese “nosotros” pudo convocar y agrandarse y convertirse en récord en 2011. Acercarse a “otros”. Aún manteniendo claras diferencias con “ellos”.

¿Y en 2012? En 2012 ese “nosotros” se hizo algo más pequeño y compacto. Pienso, sobre todo, en lo ocurrido con las diferencias con algunos dirigentes sindicales. Pero conservó su color. Lo hizo más intenso. Lo diferenció aún más claramente de “ellos”.

Y siempre serán necesarios nuevos equilibrios y reajustes. Porque la política, seguramente, se trata entre otras cosas de lograr ese equilibrio que va de “así somos nosotros, estos somos nosotros” hasta la frontera que queda en  “quiero tener un millón de amigos” y que no debería cruzarse. La definición del justo punto entre los dos, en cada momento, no viene en ningún libro.

Porque se puede ser kirchnerista, eh. Hay que decirlo en medio del fuerte deterioro del “debate público” que hemos experimentado en lo que va de 2012.

Justo, justo, cuando el Gobierno opta por impulsar una serie de medidas  “estructurales”  como los controles en el comercio internacional, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, las restricciones en el mercado de cambios o la nacionalización de la mayor empresa privada del país. O cuando se pone a prueba si apenas una ley puede limitar la porción del mercado sobre la que actúa uno de los Grupos Económicos de la Argentina, en ese ámbito del “debate público” nos encontramos con dos acusaciones desde la vereda de enfrente. Dos acusaciones que, me parece, buscan omitir el carácter político e ideológico de las diferencias entre “ellos” y “nosotros”.

El primero (muy en boga sobre todo en la primera mitad del año): “son ignorantes”. Hacen esto porque no saben. Protagonizan un caso de “mala praxis”.

El segundo: “son malos, son moralmente inferiores”. Si “conviven” con algo que ha sido “desacreditado”, como el dirigente X o el índice de inflación que mide el INDEC, entonces “son malos”. “Ellos son malos, ¿acaso no lo ves?”.

Y, claro, quien argumenta “son ignorantes” o “son malos” (¿otra vez regresar al casillero cero y decir, “son bárbaros”?) no hace otra cosa que decirnos lo que es “correcto” hacer o lo que “es de buena gente” hacer. Nunca nos dirá si habla desde la derecha o desde la izquierda. Si nosotros estamos a su derecha o a su izquierda. Difícilmente nos hablará desde un “nosotros”, aunque lo integre. Nos dirá tan sólo lo que “se hace” en estos casos. Lo que haría la gente “que sabe” o lo que haría la gente “buena”.

Y así es como, según parece, en la Argentina no se “puede” ser kirchnerista. Como sí se puede ser demócrata, del PSOE, del Frente Amplio o del PT. Hasta se puede ser del partido de Sarkozy o republicano. O del PSDB o del PAN. Pero no se puede ser kirchnerista. No se puede, con honestidad ideológica, ser kirchnerista.

Cada uno, con honestidad ideológica, que sea lo que quiera o lo que pueda. Que construya su “nosotros” como mejor le salga. Cada uno con su verdad. Relativa, eso sí.

“Nosotros”, mientras tanto, hagámoslo lo mejor posible.

Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).