Oposición chiche, joya, nunca taxi, se necesita urgente

El kirchnerismo comienza el año 2011 relativamente confiado. Luego de un 2008 y 2009 tormentoso (tormentoso estilo huracán grado IV, digamos) y un 2010 que se abrió con la opereta bufa del affaire Redrado, entra al 2011 con relativa paz económica y firme dominio político.

El 2010 vio los festejos del Bicentenario, la implementación de la AUH, la vuelta del consumo hot hot, y la congoja popular por la muerte inesperada de Néstor Kirchner, congoja trasuntada en una dosis importante de buena voluntad de la sociedad hacia su ahora viuda Presidenta.

En la economía, volvió el crecimiento a tasas chinas, se siguen rompiendo records de reservas, y la crisis energética sigue sin aparecer (salvo algún que otro corte de luz en el casamiento de De Vido), eso sí, ahora todo compañado de un inflación que, según dicen, estaría algo más allá del 20%. Claramente la “cuestión inflacionaria” es EL problema que, más pronto que tarde, tendrá que enfrentar el gobierno surgido de las urnas en 2011, sea quien sea.

Políticamente, entramos al 2011 con dos datos a mi parecer centrales:

Primero, que Cristina logró en muy breve tiempo constituir una imagen (o sea, una realidad efectiva) de autoridad presidencia de cara a la sociedad, luego de la muerte de Néstor Kirchner. Esto, en sí, no es poca cosa.

Segundo, que la oposición política argentina es el regalo interminable para el oficialismo. El radicalismo tiene tres candidatos, el peronismo federal cuatro, y entre todos no hacen uno. Eduardo Duhalde tilda de imbécil públicameente a Felipe Solá. Alfonsín y Sanz acuerdan hacer una interna de mentiritas que luego debería ser seguida por otra interna, en la cual Cobos tal vez participe, o tal vez no. Mauricio Macri, que al menos tiene la ventaja de ser el único candidato de su espacio, se enfrenta sin embargo a la posibilidad de perder en la Ciudad de Buenos Aires si él no se presenta a jefe de gobierno. Y Lilita Carrió se dedica a copiar la plataforma electoral del general Aramburu.

Pero debo clavar, aquí, una pica en Flandes. Esto no es una buena noticia. No, señor. Una buena oposición se necesita urgente. Una oposición con garra. Una oposición con posibilidades de ganar.

Y esto por una razón egoísta: porque este gobierno es mejor jugando contra su arco que con toda la cancha abierta.

Cuando el kirchnerismo se confía, hace agua.

Cuando el kirchnerismo se confía, cuando se cree que las tiene todas consigo, hace cosas como entrar en una absurda campaña de macarteo interno cruzado, en donde, bajo el rótulo de “peronistas contra progresistas” o viceversa todos se dedican a hacerle el trabajo de demolición del adversario, gratis, a los consultores de Macri y De Narváez.

Se hacen cosas como imaginar que el clivaje central en la política de la Ciudad de Buenos Aires es Filmus contra Budú, o los dos contra Tomada ignorando que el kirchnerista de a pie se emborracharía con champán (o cerveza, tanto da) si cualquiera de los tres le ganase a un macrismo cada día más represor y criminal.

Se hacen cosas como suponer que en provincia de Buenos Aires el kirchnerismo puede darse el lujo de exulsar a un solo voto, venga de donde venga, cuando en el 2009 y con Kirchner mismo y todos los intendentes en la cabeza de las listas se perdío por apenas dos (si, dos) puntos.

Se hacen cosas, finalmente, como intentar marcar la cancha todo al tiempo a la Presidenta, tanto por izquierda como por derecha, ignorando la primera ley del encuadramiento político, que es nunca, pero nunca, presionar públicamente al líder de un espacio con argumentos que son el equivalente funcional de “mamá, él me pegó primero”.

Si, cuando el kirchnerismo se confía, derrapa.

Así que, pilas, partidos opositores. No sólo la patria, sino el kirchnerismo mismo, los necesitan.

: Politóloga. Me interesa la teoría de la democracia y el estudio del populismo.