Sabbatella y el sendero que no se bifurca

Durante estos últimos días, en el seno del EDE (o sin más, el sabbatellismo) las aguas dejaron de estar calma. El debate que tardó más de cuatro años en desatarse irrumpió de golpe en los medios a partir de declaraciones de sus máximos dirigentes de Capital. Las posturas son claras: integración al FPV como un espacio interno o acompañamiento con autonomía desde afuera de esas filas como hasta hoy.

Poder interpretar cuales serán los pasos a seguir por el sabbatellismo en la coyuntura nos lleva a retroceder en el tiempo, para observar las huellas del camino, que parece ir sin retorno hacia la integración formal.

Con sólo 29 años Martín Sabbatella (desde acá en adelante MS) ingresaba a la intendencia de Morón acompañando el proyecto político, que allá en 1999, encarnaba la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación. MS integraba el grupo de intendentes provenientes de las filas del FrePaSo (había llegado allí luego de una primeriza experiencia en el PJ y una mayor en el PC) que habían ganado con el viento de cola delarruista, intendencias con historia peronista, como la de Avellaneda, Quilmes y Lomas de Zamora. Como se sabe la experiencia de la Alianza se fue destruyendo al compás de las renuncias, los megacanje y los corralitos y la explosión se extendió a lo local quedando los municipios aliancistas cercados por el insaciable PJ. En ese sentido, Morón no fue la excepción y el 2001 los encontró atrincherados en la intendencia defendiendo la legitimidad obtenida por los votos dos años atrás. La recomposición del sistema político a partir del interinato duhaldista, le permitió a MS enhebrar acuerdos tácticos con Felipe Solá para sortear la crisis económica de aquellos años y comenzar así su alejamiento definitivo del FrePaSo.

El 2003 representó para MS el año decisivo para su supervivencia política. Sin adherir a ninguna representación nacional conformó el espacio político Nuevo Morón, un partido local, en vista a reelegir en su distrito. Apelando al corte de boleta, su campaña electoral tuvo en la “tijera” la herramienta principal de promoción, convirtiéndose en marca registrada de la lógica moronense de hacer política. Mientras los tres distritos gobernados por frepasistas volvían a sus antiguas manos peronistas, Morón se convertía en el caso distintivo que revalidaba credenciales a partir de la mística que le imprimían sus jóvenes gobernantes. El triunfo de ese año le permitió sortear con éxito la legislativa de 2005 y la nueva reelección de 2007. Durante ese lapso intentó construir una fuerza provincial que a falta de elecciones se quedó sin nafta antes de empezar. Lo poco que se juntó sirvió para insertarlo en el interior del espacio sabbatellista que algún día iría a jugar, pero no para mantenerlo dentro de una herramienta política de construcción a futuro al carecer de la zanahoria electoral que incentiva al encuadre interno. Tanto en Capital, como en provincia, se lanzaron experimentos de ese estilo que no llegaron a la cosecha ante la ausencia de cargos a la vista.

Hasta ese momento la relación con el gobierno nacional mantuvo la distancia existente entre dos gestiones que tenían horizontes diferentes. Para MS la prioridad pasó a ser custodiar el distrito y la “tijera” como instrumento político de corte, le permitía ser votado, por las diferentes fuerzas que se presentaban a nivel nacional y provincial. Es poco lo que quedará para el recuerdo de esos cuatro primeros años en lo que hace al posicionamiento político frente al gobierno nacional, salvo los elogios a la política de derechos humanos, Corte Suprema y la política regional y sus críticas a la calidad institucional y la escasa voluntad de profundizar el “modelo”. La única salida nacional había sido el encuentro con Binner, Juez y Martínez Garbino, una entente que se disolvió a poco de empezar.

Luego del triunfo de octubre de 2007 (el último de MS en el distrito) y tras varios amagues, se decidió jugar de lleno en la arena electoral provincial. Para ello, se construyó el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE) que tuvo su eje en Bs As, Capital y Santa Fe. Sin lugar a dudas, el primero era el distrito donde el EDE ubicó toda su energía, ya que desde allí MS daría el salto hacia las grandes ligas.

En ese sentido, el posicionamiento político nacional comenzó a partir del conflicto con las entidades patronales del campo. Allí Sabbatella jugó claramente a favor de los intereses del gobierno argumentando que la legitimidad del Estado para intervenir en la economía es uno de los pilares de cualquier administración política que pretenda modificar el status quo sistémico. Sin embargo, ese apoyo venía cargado de críticas por izquierda en las que se definía al kirchnerismo como un espacio en el que “conviven el antídoto y el veneno” y de ser un gobierno que había puesto un “piso”, pero no había podido perforar el “techo” en lo que hace al conjunto de medidas económico- políticas. Desde allí que el planteo de la autonomía era la estación en la que se guarecía MS para no ingresar en el “tren fantasma”, pero tampoco para subirse a esa oposición “que quiere retroceder al pasado”. Esos fueron los principales argumentos para avanzar en un armado en vistas a la elección legislativa de 2009.

A sabiendas que el novel partido no alcanzaba para disputar con pretensiones en el distrito más poblado y extenso del país, enhebró una serie de acuerdos partidarios que abarcó desde Libres del Sur hasta la CTA. El armado interno del Nuevo Encuentro determinó que el orden de la lista de la alianza sería MS, Graciela Iturraspe (por la CTA) y el “Huevo” Ceballos (por Libres). En Santa Fe se decidió jugar con Rossi (el primer acercamiento concreto al kirchnerismo) y en la Capital se resolvió no jugar (en una decisión no exenta de polémica), aduciendo la imposibilidad de un acuerdo similar al de la provincia entre Pino (en ese momento nac&pop), Heller (FpV) e Ibarra.

Durante la campaña electoral MS se mostró respetuoso de su contrincante Kirchner (“el mejor presidente desde el 83”) y le pegó duro y parejo a la oposición y a su punching ball provincial Daniel Scioli. Aquí aparecía con claridad la ecuación sabbatellista: “una cosa es el gobierno nacional y otra el provincial”. Inclusive hoy dicha ecuación tiene nombres propios.

La elección del 2009 le reportó buenos dividendos a la fuerza que obtuvo el 5,7% pudiendo colar dos diputados en el Congreso. A partir de ese año, el kirchnerismo, como se sabe, profundizó su política de inclusión democrática que había comenzado por la estatización de las AFJP y que continuó con la ley de medios, la asignación universal, el matrimonio igualitario, entre los salientes, lo que configuró un nuevo posicionamiento al interior de la fuerza. El armado del bloque en diputados respondía a esa nueva caracterización y se diferenciaba de la alianza del NE. Es decir, se sumaba por el lado del kirchnerismo “autónomo” (Heller, Rivas, Basteiro) y se restaba por el lado del progresismo blanco (Lozano, Iturraspe, CTA).

El camino hacia el kirchnerismo se encontraba en el horizonte inmediato y el acuerdo electoral con vistas a la elección de octubre de 2011 con Kirchner y, luego de la muerte de este, confirmado por Cristina abrió las puertas para un acercamiento mayor. El “antídoto” superó al “veneno” y MS jugó en forma decidida por la candidatura de CFK a la cual acompañó a nivel nacional en la totalidad de las categorías (senadores y diputados con listas comunes), manteniendo sólo la autonomía a nivel provincial y local. El 5,74% de las PASO y el 6,48% del 23/10, evidenciaron que el piso electoral es muy parecido al techo y que la autonomía esgrimida como un tercer espacio político entre el kirchnerismo y la oposición tiene réditos minúsculos.

Hoy se sabe, el EDE se encuentra inmerso en un debate sobre la conveniencia de incorporarse a las filas del FpV, como un espacio dentro del kirchnerismo o continuar ligada a esta lógica que descansa en el apoyo al gobierno con autonomía partidaria. Se debe indicar de todas maneras, que el acierto de Sabbatella fue comprender los distintos momentos  políticos y jugar en consecuencia. El olfato político le indicó cuando debía dar los pasos necesarios para posicionarse en forma correcta ante las diversas coyunturas. En eso colaboró su apertura ideológica alejada del “gorilismo tradicional” del progresismo local.

La pregunta que deberá responder el sabbatellismo es desde dónde es conveniente dar el apoyo al gobierno, es decir, desde qué espacio se robustece de mejor forma al Proyecto. A su vez, el debate sobre la identidad también será puesto sobre tablas, ya que el ingreso pleno al kirchnerismo dejaría soldados heridos. Dentro del EDE, también se encuentran los que añoran una vuelta al progresismo blanco y hacen fuerza por una autonomía que deje espacio a un posterior acuerdo con el socialismo de Binner (a quien le fue bárbaro en Morón y del que se sospecha generó un cruce de votos entre su candidatura y MS- Ghi). Convertirse en una parte de un proyecto político que contiene otras, a veces disímiles y antagónicas, será todo un desafío para una fuerza poco propensa a ser conducida. En ese sentido, el “Movimiento Evita” sería un buen espejo donde el EDE podría mirarse.

Zanjar el debate interno será la tarea que se dará el sabbatellismo en esta hora, que daría toda la sensación tiene un camino único. El dilema será: O se conduce a los buenos, pocos, pero bien definidos ideológicamente (el grupo esclarecido) o se forma parte de un proyecto nacional y popular, siendo eso, una parte de un todo no conducido, pero con una gran proyección provincial y nacional como pieza de recambio para lo que viene. . El temor a quedar encorsetado en el interior del Proyecto deberá ser otro miedo a superar ya que para empujar en una dirección de mayor profundización del modelo, hace falta mostrar credenciales de acompañamiento desde adentro. Y estaría bueno, que desde las propias filas del kirchnerismo aparezcan voces que respalden un incremento de las medidas que apunten a morderle mayores tajadas a los sectores concentrados de la economía.

Hagan sus apuestas, pero volviendo al comienzo, son pocos los caminos que da la sensación le  quedan al EDE en un sendero que parece dejar de bifurcarse.

Mariano Fraschini : Doctor en Ciencia Política y docente (UBA- UNSAM)