Todo hecho es político

Algunas reflexiones sin retenciones, ahora que el conflicto entre el gobierno y “el campo” entra en una “tregua”.

Lo primero es separar la paja del trigo. Diferenciar lo que es un conflicto sectorial –“el campo”-, básicamente de origen económico, aunque no exclusivamente –“las retenciones”-, de sus consecuencias políticas y sociales posteriores.

Ya habíamos planteado hace unos cuantos días, acá, que lo que nació como un conflicto de los productores rurales había ido tornándose en el catalizador que habían encontrado diversos y heterogéneos sectores de nuestra sociedad opositores al Gobierno nacional.

Entonces podríamos ocuparnos en analizar la reacción de estos diversos sectores sociales (la clase media alta urbana, la clase media media de la pampa húmeda, los opositores políticos y una larga lista de etcéteras). Pero eso quedará para otra oportunidad.

Prefiero detenerme en hacer algunas observaciones acerca de cómo reaccionó el gobierno nacional ante este conflicto. Estimo que hay una riqueza mayor en este abordaje. Especialmente para aquellos que -aun críticamente, oscilantemente, impotentemente, las más de las veces -formamos parte de aquellos que apoyamos el rumbo general del actual gobierno nacional.

1/ Toda medida de gobierno, especialmente una “económica”, implica un bordado político previo. Un tejido político que sustente esa medida. Entonces uno se pregunta cómo no midieron eso, cómo no anunciaron en conjunto las medidas complementarias para los productores chicos, como no acompañaron eso con un “reparto” para los gobernadores y los intendentes. La Presidenta lo dijo redondamente: cuando hay que “redistribuir” siempre hay que sacar de algún lado. Bien. Falta aclarar dónde se va a poner eso que se sacó de allá.

2/ Se podría especular con que los propios éxitos del anterior gobierno (el de Néstor) sean los riesgos del actual. La brocha gorda ya no pinta. Hay que tomar el pincel finito, cambiar de etapa, afinar la gestión por áreas. La famosa sintonía fina es un sordo grito, mucho más potente que las cacerolas de Barrio Norte. Me surge esto: cuando germinan las semillas de tomate que tengo en las macetas del balcón, les pongo unos tutores chiquitos, palitos de helado. Pero cuando crecen las plantas, y se vienen los frutos, mejor que antes haya cambiado los tutores por unas varas más grandes, atadas entre sí. A eso le llamo “armado”, y si no está la planta se viene abajo.

3/ Claro, hay dicotomías que no siempre pueden ser superadas sin costo (podría decir “dialécticamente”, pero suena un tanto soberbio para un populista como Mendieta). Si fortalecés tu entramado con el PJ tradicional, se te espanta una porción imprescindible de la clase media. Si intentás guiños para esa clase media, fortalecés esa relación, los muchachos peronistas te miran mal, cuando no te juegan en contra por abajo. Y aquí entra en juego lo de los medios de comunicación, la batalla por la emisión, por la opinión pública. Yo buscaría algunas diagonales. No sé si vieron a un tal Felipe Solá en el programa de TN de antenoche, ese es el ejemplo.

4/ Todavía es temprano para afirmaciones categóricas de índole “sociológico”. La espuma debe bajar en todos nosotros. Pero me atrevo a lo siguiente: si algo surge de todos estos días de tensión es que, en términos culturales, nuestra sociedad poco ha avanzado desde el más rancio noventismo. El individualismo, el sálvese quien pueda, los falsos binarismos, el desprecio por “el otro”, la incapacidad de construir una comunidad, un país integrado e integrador siguen tan vigentes como en esos tiempos.

5/ Párrafo aparte para el rol de los medios de comunicación masivos, en especial la TV. Va siendo hora de que se construya un contrapoder de ese contrapoder. Manejan el arma más potente de nuestra Patria. Debieran ser un poco más responsables en el tratamiento de la información y de la opinión. Digo más: blanqueen su posición política, háganla pública (como hacen los medios en EEUU o Europa antes de una elección). Pero, y haciendo otra analogía superficial, ya que se quejan tanto de las organizaciones sociales o sindicales de cómo manipulan, acarrean y utilizan a sus bases, dejen de usar y acarrear a las suyas: los integrantes del Partido de los Apolíticos, ese que parece tan mayoritario en nuestro país. Salvo en las elecciones.

6/ Y en medio de tanta crítica, dos elogios: 20 días de lock-out del campo, 200 cortes de rutas, desasbastecimiento creciente de alimentos en las ciudades y bajísimo, casi inexistente, grado de violencia pública (¿la trompada de D ´elia fue un juego de niños al lado de la barra de River, no?). Así que un reconocimiento desde acá a Aníbal Fernández y la Gendarmería (tantas veces criticados) y a los punteros barriales del GBA, que aguantaron los bolazos de saqueos pateando los barrios y calmando a sus vecinos.

Para finalizar: ¿hay algo que pueda unir a esta ya larga enumeración de hechos y cuestiones? Sí. Es la política, un arte casi sin manuales.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.