Un país mortal

 

¿Cuánto conflicto es mucho conflicto? ¿Cuánto conflicto, cuando uno está a mitad de río del conflicto es demasiado poco conflicto? ¿Cuánto conflicto me permite polarizar (y juntar más apoyo que el que tiene el resto)? ¿Y cuánto conflicto me deja más cerca de una “minoría intensa” sobre la que otros, con algún grado de suerte y de habilidad, podrían tener poder de veto? ¿Cuánto conflicto me deja más cerca de los libros de Historia, como Eva Perón cuando nos ponemos todos tolerantes? ¿Cuánto conflicto tiende a marginarme de ellos?

Me dirán, claro, “depende de cuántos plasmas se estén vendiendo”. OK. Estoy tratando de ir un poco más allá.

“Yo estoy de acuerdo, eh, todo bien. Pero ¿para cuándo un poco de normalidad, de tranquilidad? No sé, salir de tu casa, ir a laburar, llegar a tu casa y que todo siga igual”, me decía uno el otro día.

El país normal. El Dorado de los asados del domingo. El aburrimiento de los suecos. Vivir (tranquilos) con lo nuestro.

Me acordaba de esa entrevista a Sourrouille que a siempre me resulta resulta muy interesante repasar. Sourrouille se me ocurre la corporización de aquel a quien, sin tener necesariamente malas intenciones, peor no le pudo ir. Quizás, apenas, porque no era peronista. O porque no supo, no quiso, no pudo.

Es el tipo que escribió con Richard Mallon “La política económica en una sociedad conflictiva, el caso argentino“. Libro en el que dice, por ejemplo:

La causa fundamental del semiestancamiento y la gran inestabilidad cíclica de la economía residió en que la conducción política no estuvo debidamente adaptada a las condiciones de una sociedad conflictiva… Es necesario que las políticas monetaria, fiscal y cambiaria, sean elaboradas en forma tal que permitan movilizar el apoyo de una coalición de fuerzas suficientemente poderosa como para sostener al gobierno en el poder… La formulación de políticas y la conciliación de conflictos son partes integrantes de un mismo proceso de toma de decisiones en sociedades pluralistas”.

En la entrevista en cuestión, Sourrouille dice:

Probablemente (habla del gobierno de Alfonsín) nuestro sistema de administración conflicto-recurrente en algún momento parece razonable y en otro parece no razonable e ‘inconfiable’ porque… ‘acá vamos a vivir en el conflicto perpetuo’. La verdad es que el modelo del conflicto es analíticamente útil y yo creo en él pero del otro lado, como propuesta para una sociedad, la vida en el conflicto permanente a veces no es la más atractiva, podría yo decir”.

Y agrega, pequeño detalle:

Probablemente esa haya sido nuestra falencia, no se llegó a establecer un sistema que arme una polarización suficiente como para que se mueva en esa dirección“.

Reúno estas preguntas y fragmentos desordenados y, quizás, mal extrapolados sobre el tema del conflicto y su tan compleja administración en momentos en que la presidenta Cristina Kirchner viene de cuestionar a los empresarios que integran lo que definió como “el comando en jefe de la cadena nacional del miedo y del desánimo“. Y en el marco de un claro recrudecimiento de la “batalla mediática” (no encuentro una metáfora mejor) que parece tener como fecha clave el 7 de diciembre.

Así, según parece, ya nadie se bajará de la moto del conflicto en este segundo semestre. Hemos entrado en una zona en la que el Clarín de los domingos es ilegible de punta a punta. De la fecha de la tapa hasta “lo importante”. Y en la que, en ocasiones, me parece, al Gobierno le cuesta poner en práctica esa sutil diferencia que aún existe entre ir a fondo en esta batalla final con Clarín -si es que, como se ve, ya no queda otra- y “escandalizar” el sentido común de los sectores medios urbanos. Que no es lo mismo.

Y todo esto en un contexto en el que, por ejemplo, tan solo este año se cambió la Carta Orgánica del Banco Central, se nacionalizó la mayor empresa privada del país, se declaró de interés público todo lo que hace al sector petrolero, se creó una comisión con potestad para tener injerencia sobre todas las inversiones que se realicen en el sector hidrocarburífero y, qué se yo, apenas el mes pasado se dejaron de vender dólares para atesoramiento. Boludeces.

Porque, la aventura de producir y solidificar un cambio es incomparable. Pero -para nuestros hijos, sobre todo, digo- queremos un país en el que no haya necesidad de llamar nunca a cadena nacional ¿no?

Foto.

Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).